¡Hola! Aquí les dejo otro capítulo del fic, y voy a aclarar desde este momento que contiene escenas eróticas (o lo que muchos conocen como lemon). Así que lean bajo su propio criterio.
Ahora sí, no sé cuando me será posible actualizar de nuevo. Los tres últimos capítulos (contando este) fueron excepciones, ya que por algunas razones estuve accesible de tiempo (y escribir mientras escuchaba música de Bond me resultó de maravilla), pero no tengo idea de cuánto me demoraré esta vez.
Ya no los aburro más. Solo me resta agradecerles el apoyo, en especial a:
Leiram, Ryo Tatsushiko, Blue-Bird07, Brune, Laura (a quien le dedico este capítulo con mucho cariño por ser una persona tan fuerte y admirable. ¡Gracias por el apoyo!), Hideta666, Paula Elric (si que leí el arte de amar, no me gustó, pero la opinión que expresa Ed no es enteramente mía, sino de mi gran amor platónico) y Noah Elric.
¡Gracias! ¡Nos leemos luego!
Capítulo 11- Reencontrando un sentimiento.
Winry no fue capaz de decir nada al principio. No solo le había sorprendido la historia de Edward, sino también las últimas palabras que este pronunció. No pudo evitar sonrojarse al oírlo.
Lo que el joven deseaba conseguir al narrar su pasado había resultado efectivo. La chica podía entender ahora muchas cosas con respecto a su amante. Se sentía ya muy ligada a él emocionalmente, como si de una parte de ella se tratara. El parecía un libro abierto en ese instante, y todo indicaba que así seguiría.
Edward ya no le parecía una persona tan complicada. Tal vez desde niño fuera siempre cauteloso en cuanto a lo que se refería a los sentimientos. Prefería guardarlos para sí mismo porque no deseaba sentirse débil ni expuesto ante alguien más, por eso prefería ser el chico rudo y rebelde, aunque esa imagen cambiaba estando con su hermano menor. Probablemente eso sucediera después de la muerte de su madre.
En pocas palabras, las emociones representaban para él algo peligroso. Pero aun así, no pudo evitar enamorarse como un loco. Toda su perspectiva lógica de las cosas se había desmoronado. No había nada en el mundo que pudiese justificar el sentir amor hacía alguien más, pero era un sentimiento maravilloso. Le hacía sentir pleno en muchos sentidos, por eso había decidido dejarse llevar.
Aquel apasionado romance le había hecho vivir un par de años felices en su corta existencia. Esa mujer se había convertido en lo más importante para él, pero había sido ella misma quien se encargo de destruir sus ilusiones para el futuro. Todo lo que Edward había anhelado se esfumó cuando ella lo decepcionó.
Era natural que él se encerrase en la desconfianza, que se escondiera en la falsa apatía. Había aprendido a no esperar nada de nadie, ni a dar más de lo que recibía.
Pero el amor que ahora sentía por la prometida de su hermano era tan fuerte que le había hecho recaer en el error.
Se sentía molesto con él mismo por volver a abrir su corazón, pero aquello era casi involuntario, y el saberse correspondido no ayudaba mucho a deshacerse del sentimiento.
Por eso avanzaba cuidadoso. No quería perderse en un amor desenfrenado otra vez. Sabía que terminaría más dañado en esta ocasión. Había posibilidades de que no lo superara.
Winry estaba consciente de que, gracias a su constancia y paciencia, la brecha que la separaba del verdadero Edward era casi nula. Ella adoraba aquella faceta de él: un joven noble, amable, impulsivo y hasta arrogante en ocasiones. Ella lo amaba tal como era.
Después del prolongado momento de silencio, Winry decidió que era momento de decir algo, pero no atinaba a que era adecuado.
-¿Y… que piensas ahora?- cuestionó Ed como si adivinase el deseo de ella por expresarse.
-Todo aquello fue muy difícil para ti, pero… me alegra que haya pasado así, porque pudimos encontrarnos. Soy feliz porque también te amo.
El muchacho sonrió con amargura, desconcertando a la chica.
-A veces las palabras suenan muy significativas, y puede que en realidad salgan vacías de quien las pronuncia.
-¿Desconfías de mí?- preguntó la joven en una mezcla de sorpresa y angustia.
-Lo que quise decir, es que las palabras no siempre expresan lo que en realidad sentimos. Es sencillo para los humanos caer en la falsedad.
-¿Tú me mentiste cuando me dijiste que me amabas?
-No.- respondió él de manera rápida, con un dejo de molestia.
-Entonces no tienes motivos para desconfiar de mi palabra. No quiero tener que repetirte mil veces que te amo para que lo entiendas. Te amo como a nadie, y jamás voy a hacerte daño…
-¡Por favor, Winry!- interrumpió Ed ya un poco exaltado. -No hagas promesas que no podrás cumplir después. Ella también… me hizo ese juramento.
El joven volvió a inclinarse contra la pared, cruzando los brazos. Rememorar su pasado le había afectado, no por el hecho de que sintiese aun algo por Dante, sino porque recordaba el miedo y el dolor que había sentido en aquel entonces. Sintió temor solo de suponer lo que sucedería si Winry se marchaba también. Estaba seguro de que sería su fin. No deseaba intentarlo una tercera ocasión.
La situación se había vuelto incomoda de repente. Ed no estaba dispuesto a declarar que se encontraba en uno de sus lapsos de debilidad. Aquello sería demasiado para su orgullo.
Ella lo entendió, y no pudo evitar sonreír con tristeza. Solo ella podía sacarlo de ese pozo ahora, más estaba consciente de que el no suplicaría por ayuda.
"Es tan orgulloso" pensó la chica mientras que, con un poco más de confianza, la sonrisa se ensanchaba en sus labios.
Winry también permanecía apoyada sobre la pared hasta aquel momento en que se incorporó y dio un par de pequeños pasos hacía su amante, quedando frente a él.
Tomó el rostro del muchacho con ambas manos, haciendo que la mirara, mientras ella conservaba su sonrisa cálida. Edward solo pudo percibir como su corazón se aceleraba ante ese acto, y se recriminaba a sí mismo por ceder a un gesto tan sencillo. Solo esa chica lograba alterarlo así.
Lentamente, la joven fue acercándose a Ed, quien ya no oponía resistencia de ningún tipo, hasta comenzar a rozar sus labios, trazando besos pequeños, hasta que él mismo buscó prolongar aquellas caricias, haciéndolas cada vez más profundas, hasta que la falta de aire los hizo separarse.
Durante unos instantes solo pudo escucharse las pesadas respiraciones de ambos. Edward fue el primero en recuperar el control. Dirigió su mirada a la chica, quien aun estaba algo agitada y con un intenso color rojo en las mejillas.
Ella le sonrió apenada, pero evidentemente feliz. Al parecer había logrado relajarlo.
-Siento lo de hace un rato, es solo que… a veces no encuentro explicación para algunas cosas.- dijo el muchacho, avergonzado por su actitud.
-No tienes que disculparte. Entiendo que después de lo que pasó es difícil para ti confiar.
-Es más difícil porque, de verdad no entiendo cómo puedes amar a alguien como yo. A veces siento que no te merezco.
-Tonto.- dijo Winry sonriendo, antes de volver a besarlo con suavidad. -Si no quieres palabras, entonces voy a demostrarte con actos lo mucho que te amo.
Volvieron a unir sus labios. Aquel ritual siempre comenzaba lento. Ella procuraba hacerlo siempre con delicadeza, pero al cabo de unos segundos él deseaba llevar el mando. Así que los besos se tornaban más apasionados, lo cual hacía que el aire se agotara con mayor rapidez.
Se separaron nuevamente, pero esta vez, Ed dirigió su rostro hacía el de ella, comenzando a acariciar con su nariz una de sus mejillas.
Trataba de hacer despacio su trayecto, aspirando en lo más posible el aroma de la joven. Del mismo modo, descendió, hasta llegar al cuello, donde los roces y el tibio aliento provocaron un estremecimiento en ella, mientras soltaba un involuntario gemido.
Edward sonrió al escucharla, más no se detuvo. Estaba confiado en que hacía un buen trabajo y no deseaba acabar con el momento.
Siguió su recorrido, en tanto, sus manos se aferraban ya a la cintura de Winry, acercándola a él. Ella, por su parte, arqueaba un poco su cuerpo, permitiendo a Ed recorrer su cuello con facilidad, y un poco más abajo.
La chica suspiraba con pesadez, disfrutando de las caricias. Sus manos se sostenían en los antebrazos de su amante para permitirle su trabajo.
Ella casi gritó al sentir que Edward comenzaba a usar también la lengua. La joven no pudo evitar tensarse al sentir la cálida y húmeda saliva con la que él la marcaba. Estaba excitándola tanto que sus piernas comenzaban a perder fuerzas, amenazando con hacerla caer.
Ed se dio cuenta de aquello, y decidió retroceder un poco, haciendo que ella se topara con el escritorio, donde él terminó sentándola.
Sus cuerpos se habían separado un poco, pero el muchacho aun no deseaba terminar con lo que hacía minutos atrás.
Continuó besando el cuello de Winry, mientras sus manos, ahora libres, comenzaban a desabotonar su blusa, para luego deslizarla hacia abajo con el fin de dejar más piel expuesta para degustar.
La chica se sonrojó al darse cuenta de lo que él hacía, pero no le impidió nada. Deseaba dejarse llevar.
Edward descendió hasta uno de los hombros de su amante, succionando cuidadosamente la piel. Lo hacía con lentitud, tomándose el tiempo necesario. Después de todo, tenía ese fin de semana para disfrutarla.
Distraída en su goce, la joven solo atinaba a acariciar el cabello y la espalda de Ed.
Winry respiraba con algo de dificultad, dejando escapar jadeos constantes. Sabía que ninguno de los dos podría reprimir su deseo esta vez. Ocurriría, estaba segura.
Aquel pensamiento le lleno de miedo, pero entre tanto placer estaba lejos de demostrarlo.
La chica comenzaba a pensar más de la cuenta, más su razón se nublo de nuevo al darse cuenta de que Edward acariciaba ahora sus senos por encima de la tela del sostén. Gimió con fuerza ante ese acto.
El aún conservaba su sonrisa. Le deleitaba descubrir los "puntos débiles" de esa mujer, a la que pronto le entregaría su cuerpo.
Ed continuaba acariciándola, incitado al saber lo mucho que ella lo disfrutaba, pero en realidad no sabía que comenzaba a desesperarse.
-Solo… quita la maldita tela… de una vez.- ordenó la joven entre suspiros, refiriéndose al sujetador que todavía traía puesto.
Edward soltó una pequeña carajada ante la petición. La exasperación de ella le resultaba divertida. Aun así, se apresuró a obedecer.
Con la maestría de un amante experto desabrochó el sostén, resbalándolo con lentitud. Al concluir, no pudo evitar maravillarse por la vista, y sin dudarlo un momento, dirigió sus manos hacía aquellos redondos y bien proporcionados pechos.
Los presionó durante varios minutos. Le resultaba demasiado agradable al tacto, tanto que hasta él mismo había cerrado ya los ojos y comenzaba a emitir leves gemidos. Después, sus pulgares continuaron el trabajo, acariciando los pezones de la chica.
Winry estaba a punto de perder el control, pero trataba de contenerse mordiéndose el labio inferior para no gritar.
Ed se dio cuenta, así que detuvo un poco su tarea para permitir que ella recobrara un poco el aliento, más no transcurrieron ni un par de minutos cuando el recargaba sus codos sobre el escritorio, de manera que los senos de su amante quedaron a la altura de su rostro, para luego comenzar a succionar uno de ellos.
La joven se aferró tanto como pudo a la cabellera de Edward, hundiendo sus dedos en ella. Esta vez los jadeos resultaron más sonoros.
El rubio continuaba entretenido con los suaves pechos de la chica, alternando su atención de uno a otro, mientras una de sus manos comenzaba a viajar discretamente entre las piernas de ella, situándose en su intimidad.
No pudo evitar el sobresalto. Era la primera vez que un hombre acariciaba aquella zona, y aun a pesar del placer que experimentó, el miedo la hizo actuar.
Winry empujó con rapidez a Ed, desconcertándolo. La chica sabía que debía comenzar con su explicación al notar algo de molestia en el.
-Edward… yo… Alphonse y yo aun no…- intentó declarar la joven, con evidente nerviosismo.
Por su parte, el aludido quedó estático. No hacía falta utilizar su genialidad para darse cuenta de lo que la rubia trataba de decir.
Tragó saliva con discreción y frunció el ceño. La situación resultaba embarazosa.
Sin duda podía presumir de ser un magnífico amante. Después de Dante habían sido bastantes las mujeres con las que compartió la cama, más no le había arrebatado la virginidad a ninguna de ellas.
Por un momento dudó en continuar. Sabía de antemano por otras personas que la primera vez podía resultar muy dolorosa y el no deseaba hacerle daño, y aun así, rogaba en su interior porque ella no deseara detenerse. Resultaba todo un dilema.
El semblante de Ed no pasó desapercibido para Winry. Sabía que lo había perturbado, pero no había sido esa su intención. Lo único que ella quería, eran las consideraciones que ameritaba la ocasión. Había deseado dejar en claro ese punto a sabiendas de que Edward era un amante sumamente apasionado, y podría resultarle fácil dejarse llevar. La situación le asustaba un poco.
Más, ahora la chica se había dado cuenta del efecto que sus palabras habían tenido, por lo que decidió incitarlo a continuar.
Tomó al muchacho por los hombros y lo acercó a ella para volver a besarlo. Aquel acto lo sorprendió, pero resolvió a no cuestionar nada y corresponder a la caricia de sus labios.
La joven volvió a alejarse, aunque fueron pocos centímetros.
-Solo… ten cuidado.- pidió ella, a lo que Ed solo asintió, para luego dirigirse de nuevo a su cuello. Comenzaría lento otra vez. No quería volver a incomodarla.
Mientras la boca de Edward se mantenía ocupada succionando la piel de la chica, sus manos volvían a vagar. Ahora solo se limitaba a acariciarle las caderas, subiendo y bajando suavemente, deleitándola.
Hacía ya algunos minutos que Winry se había dado cuenta de lo injusto de las circunstancias: él permanecía totalmente vestido aun.
Con la poca consciencia que le quedaba, comenzó a palpar el pecho del rubio, buscando los botones de su camisa. Al sentirlos, se dio a la tarea de desabrocharlos. Lo hizo con algo de torpeza, tal vez debido al nerviosismo, lo que provocó otra pequeña risa en Ed.
La chica iba a protestar algo, pero él no le dio tiempo de nada, ya que rápidamente volvía a besarla.
Edward movía su boca con maestría, presionando delicadamente los labios de la joven, dificultándole la respiración. Pocos segundos más tarde él estaba rozándola con su lengua, pidiéndole con sutileza que le permitiera la entrada. Y así lo hizo.
Las lenguas de ambos comenzaban a acariciarse, aunque resultaba más que obvio que él terminaba por someterla.
Winry sentía como el calor se desprendía de su cuerpo con mayor facilidad. Sin duda él sabía cómo volverla loca de placer.
En medio de su distracción, volvió a percatarse de que no era la única que necesitaba ser acariciada, y sin perder más tiempo, dirigió sus manos al pecho de Ed, sintiendo sus pectorales perfectamente marcados, firmes.
La chica movía sus manos de arriba abajo, enfatizando en hacer más presión en sus pezones, provocando un estremecimiento en Edward, seguido de un leve suspiro. Aquello la llenó de confianza, por lo que siguió con sus movimientos, procurando hacerlo un poco más rápido.
Finalmente, ella le deslizó por los hombros la camisa, para luego, apresurarse a abrazarlo, acariciándole la espalda mientras él le besaba la mejilla izquierda.
Ambos se besaban nuevamente, mientras se hacían mutuas caricias. Winry recorría con suavidad la espalda del muchacho al tiempo que lo abrazaba. Aquel movimiento había causado que los senos de la chica se rozaran con el pecho de Ed, logrando con eso que la ansiedad de los dos por poseerse creciera.
El rubio por su parte, se había hecho espacio ya entre las piernas de la joven, aminorando el espacio existente entre ellos. Ahora se dedicaba a acariciarle los glúteos, en tanto que acercaba la cadera de ella a la propia. Al hacer eso provocó que Winry se percatara de su estado. Él estaba más que listo, tanto que su erección ya comenzaba a molestarle dentro de la ropa.
Edward soltó un leve gruñido. Deseaba deshacerse de los malditos pantalones.
Inconscientemente, la chica miró hacia abajo, como si algún instinto le hubiese indicado la razón de la incomodidad de su amante, lo que la hizo darse cuenta del bulto en el pantalón de él.
Desvió rápido la mirada, ruborizada, más el conocer la causa de la molestia de Ed le incito a actuar a pesar de la vergüenza que sentía.
-¿Necesitas que te ayude?- preguntó la joven aun con sus ojos mirando en otra dirección.
-Dudo que puedas hacer mucho en el estado en el que estas. Mejor lo haré solo.
Dicho aquello, el muchacho desabotonó la prenda, para luego bajar el cierre. Hasta el momento eso era más que suficiente para liberar un poco de presión.
Ya más cómodo, volvieron con el juego de besos y caricias. Edward decidió aventurarse a explorar de nuevo la intimidad de ella. Considero el ir lento, a pesar de que ya estaba impaciente, y es que no deseaba asustarla otra vez.
Rozaba las piernas de Winry cuidadosamente, apenas usando las yemas de los dedos, causándole un cosquilleo. Subió lo más lento que su ansiedad se lo permitió, hasta que logró posarse en la entrepierna de la rubia sin que ella lo advirtiese.
Volvió a tomarla por sorpresa, solo que en esa ocasión ella estaba ya tan excitada que le resultaba imposible siquiera tratar de oponerse. La chica se relajó un poco, dispuesta a disfrutar de las caricias, sin preocuparse de los sonoros jadeos que emitía.
Ed continúo. Dos de sus dedos se deslizaban de arriba abajo por la vagina de la joven, quien ya se hallaba recostada completamente en el escritorio, retorciéndose de placer. Él repitió el proceso hasta sentir que la humedad que se concentraba en sus dedos era suficiente. Durante ese lapso, Winry ya había experimentado un par de orgasmos, pero nada que se comparara con el momento del clímax. Entonces el muchacho se detuvo. Ya había tenido suficientes preliminares y deseaba actuar de una vez por todas.
La chica trató de incorporarse, por lo que se recargó sobre sus codos. Quería que él continuara, iba a pedírselo, pero calló al ver que Edward la desprendía de las últimas prendas que la cubrían, y bajaba un poco su pantalón. Lo hizo de prisa, y enseguida retomaba su posición entre las piernas de la rubia, para luego ayudarla a sentarse completamente.
Ella lo abrazó, casi por instinto. El temor volvía a invadirla, pero sabía que debía confiar en él. Cerró los ojos y suspiró. Era la señal de que estaba lista.
Ed guió su miembro hacia la vagina de Winry, posicionándose. Luego comenzó a empujar lento, logrando adentrarse un poco. La joven contuvo la respiración. Sentía un leve ardor al momento en que sus paredes internas se separaban, pero estaba decidida a no dar muestras de su malestar.
En tanto, Edward gemía casi silencioso. Ella era tan estrecha y cálida que le daba la impresión de que lo haría terminar pronto, más no iba a permitirse eso, así que apretó su mandíbula con fuerza. Eso le ayudaría a contenerse.
El muchacho continúo adentrándose en ella, hasta que sintió un obstáculo. Retrocedió, casi saliendo por completo, solo para volver a introducirse. Lo hacía lento, suave, esperando que la fricción de sus sexos envolviera de placer a la chica. No pasó mucho tiempo para que ella comenzara a suspirar. Era una buena señal.
El pene de Ed continuaba con su ir y venir, hasta que, después de varios minutos, lo empujó todo hacia el interior, acabando con lo que le impedía seguir su recorrido.
Winry gritó de dolor al sentir que algo dentro suyo se había desgarrado, luego mordió inconsciente el hombro izquierdo de Edward, tratando de mitigar su sufrimiento.
Él se sobresaltó al escucharla. Iba a detenerse y a salir del cuerpo de la joven, pero ella se le aferró con tal fuerza que le fue imposible.
-Lo siento… perdóname, será mejor que…
-Si te detienes ahora… haré que te arrepientas por el resto de tu vida.- le interrumpió la chica con dificultad.
Ed sonrió con algo de tristeza, más ella no lo notó al estar abrazada fuertemente a él. Le parecía increíble que Winry tratara de tomar las cosas con algo de humor a pesar del dolor que sentía en ese momento.
Sabía que lo que ella menos necesitaba en ese instante era que le tuviera pena, pero la preocupación no le dejaba estar tranquilo.
Sacó su miembro unos cuantos centímetros, alarmándose un poco ante lo que vio.
-Estas sangrando, ¿segura que no quieres que me detenga?
-Sabía que sucedería, y lo acepte. No quiero que pares.
Edward ya no cuestionó nada más. La joven había hablado con tanta seguridad que lo convenció. Suspiró un poco antes de volver a embestirla con lentitud. Se movía de una forma delicada, tratando de no lastimarla más.
En tanto, Winry mantenía los ojos cerrados y la mandíbula apretada, luchando por no proferir sonidos que denotaran su malestar.
Al pasar de los minutos, las pulsaciones de dolor se aminoraban, aun eran notorias, pero la molestia era ya soportable.
El muchacho pudo notar que ella comenzaba a relajarse, ya que la presión que hacían las uñas de la chica en su espalda había disminuido. Así que aceleró su ritmo.
Arremetió con controlada fuerza contra las caderas de ellas, una vez tras otra. La rubia empezaba a sentir una nueva sensación, parecida a la que había experimentado cuando Ed acariciaba su cuerpo desnudo, solo que más intensa.
Gemía agradada de nuevo. Los movimientos de Edward estaban logrando su cometido.
Ella aun sentía algo de dolor, pero era mínimo, y solo se presentaba cuando su amante llegaba hasta sus profundidades, y era mitigado por el roce de sus sexos, que resultaba bastante placentero.
El calor en los cuerpos de ambos los hacía sudar. El cabello de Winry comenzaba a pegársele al rostro debido a la transpiración. Ed se los apartó con una caricia cargada de dulzura, para luego besarla con desesperación.
-Te amo… te amo Winry.- dijo el muchacho con voz ronca, suspirando de gozo segundos después.
La aludida solo fue capaz de responder con el nombre de su amante entre jadeos. Deseaba constatarle que le correspondía, aunque asumía que él ya confiaba en sus palabras debido a su entrega.
Continuaron con las embestidas. Estaban aproximándose a su límite.
La joven suspiraba cerca del oído de Edward, cada vez con más dificultad. No faltaba mucho para que todo terminara.
Ed enfatizó más en los últimos empujes, entonces la sintió tensarse y emitir un grito de placer, señal de que había alcanzado el clímax. Él tuvo que arremeter un par de ocasiones más para derramarse dentro de la chica.
Ambos se detuvieron. Permanecían abrazados, esforzándose por recuperar el aliento.
Poco a poco comenzaron a reponerse, y mientras eso sucedía, los jóvenes volvían a regalarse caricias.
Una de las manos de Edward se deslizaba por el largo cabello de Winry, y la otra se mantenía firme, sosteniendo su cintura. Ella por su parte, recorría la espalda de su hombre con las yemas de sus dedos.
Después de eternos minutos, el muchacho decidió salir cuidadosamente de ella.
Ahora estaban cara a cara, y Ed podía ver el leve sonrojo en las mejillas de la rubia, por lo que le sonrió con algo de ternura.
-Tal vez esto no sea suficiente para ti, pero es la única manera con la que puedo demostrarte por ahora que te amo.- dijo Winry finalmente.
-No seas tonta. Fue la mejor manera de hacerme comprender. Jamás… imagine que me permitieras ser el primero.
-Serás el único.- concluyó la joven antes de atraer de nuevo al muchacho hacia ella y compartir otro beso.
Luego, se acurrucó contra el pecho de Edward, quien aún permanecía de pie. Suspiró cansada antes de cerrar los ojos. Comenzaba a relajarse cuando sintió que Ed la levantaba en brazos y caminaba hacia las escaleras.
-¿Qué haces?- cuestionó la chica.
-Solo me dirijo a un lugar más cómodo. Estás muy equivocada si crees que esto se acabo por hoy.
Winry tragó saliva. Le esperaba una larga noche.
