Nota: Esta es una traducción al español del Fic "KNOTS" (Nudos) del autor Little leaf of the Redwoods, quien amablemente me ha concedido el permiso para hacerlo. Este es seguramente el Fic de los hermanos Hansen que más me ha gustado. Aclaro que para traducir la historia, no utilizo ninguna herramienta de traducción. No soy dueña del relato, ni busco ganancia económica.
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CAPITULO 11: "UNA NUEVA VIDA"
El amanecer fue brillante y alegre. El calor del verano había desaparecido temporalmente y el domingo prometía ser un día de hermoso clima primaveral, donde los pájaros ofrecían con regocijo su canto y el aire era limpio y fresco.
Sin lugar a dudas, éste sería un día único en la historia…y lo digo porque algo especial va a suceder hoy…algo diferente para la familia Hansen…un momento en el tiempo que cada uno de ellos recordará por el resto de sus vidas.
Fue justo después del amanecer que Sig comenzó a moverse en su cama. Este joven nunca fue un dormilón y hoy también se despertó justo a la salida del sol a pesar de que el domingo era su único día de descanso. Quizá se relacionaba con el hecho de que su padre era pescador, así que esa bella madrugada, Sig abrió los ojos y miró por la ventana hacia la luz del sol naciente contemplando el aumento de rocío sobre la hierba. Él se quedó allí por un momento, disfrutando de la vista y la diversidad de sonidos que ofrecían este magnífico día.
Sig se sentía tranquilo, pero su dulce momento de paz fue aniquilado cuando un nombre en especial vino a su mente: "Edgar"…y entonces los recuerdos de la noche anterior le golpearon con fuerza…
"Oh Dios!...mi hermanito... ¿Me odiará? él me dijo que no lo haría, pero ahora que todo terminó quizá lo haga"…
¿Hice lo correcto?...Su reacción fue abrumadora y el dolor tan intenso…tan aterrador. No esperaba eso. Yo esperaba que Edgar llorara, pero no de esa manera. Quizá fui demasiado duro con él, Edgar es aún muy joven y además ha estado solo durante tanto tiempo…No sé si darle una paliza fue la mejor decisión.
Me alegro de que por fin abriera su corazón y estoy feliz de estar a su lado para apoyarle…pero…siendo honestos, la persona que debería estar aquí, es Papá. Esta es la casa de papá, todo esto es de papá y no me siento bien usurpando su lugar. Mi padre debió castigar a mi hermanito anoche y también consolarlo. Edgar, es responsabilidad de papá.
¿Cómo diablos voy a explicarle a mi padre lo que ha pasado estos días?...¿Debo contarle todo?...Tengo que hacerlo, no puedo ocultarle nada. Yo no soy un mentiroso, no es el ejemplo que quiero mostrar a mis hermanos menores. Debo decir la verdad y afrontar las consecuencias futuras que vengan.
Es muy posible que cuando papá se entere de todo, volverá a casa y me dirá que soy un inútil, que no sirvo como cabeza de ésta familia. Quizá incluso me expulse fuera de casa…Él puede hacerlo, tengo 18 años y ya no soy su responsabilidad.
No estoy seguro de lo que pasará pero igual voy a contarle la verdad…toda la verdad y aceptaré las consecuencias que mi padre crea convenientes. Mi hermanito, ese chico que está dormido en la siguiente habitación, afrontó con valentía las consecuencias de sus actos…Es el niño más fuerte y valiente que conozco y yo solo debo seguir su ejemplo y ser tan valiente como él.
Sig suspiró en su almohada… "Bueno, por lo menos vamos a disfrutar de este hermoso día…antes de que sea desterrado de esta familia y de nuestro hogar"…
Dicho esto, el hermano mayor se levantó y acomodó su cama. Se vistió con pantalones vaqueros, calcetines blancos, zapatillas sport y una de sus camisetas favoritas. Luego se dirigió al cuarto de baño.
En el camino, notó que la puerta de la habitación de Edgar seguía abierta. El niño estaba solo en su cama, acurrucado a un lado y plenamente dormido. Parecía tranquilo y Sig elevó una plegaria silenciosa suplicando que su hermanito no le guardara resentimiento.
"Lo intenté Edgar, de verdad te juro que lo intenté…hice todo lo posible para demostrarte lo mucho que te quiero y lo mucho que te necesito…Espero que algún día me entiendas"...
Sig continuó hasta el sanitario, peinó con cuidado su enredado cabello rubio y se cepilló los dientes. Llenó el fregadero con agua tibia y se afeitó la barba. Se secó la cara y las manos con una toalla limpia y salió del baño acompañado de su ropa sucia.
Cuando llegó a las escaleras, escuchó una extraña combinación de sonidos que provenían del garaje. Sonaba como si el lugar entero estuviera en guerra y los soldados tocaran los tambores para amenizar la batalla…Y quizá si había una guerra…una guerra a muerte entre Norman y un pedazo de metal que parecía una noche atrás, era una lujosa motocicleta.
Sig sonrió. "Seguramente mi hermano pasará en el garaje todo el domingo, Noruego terco y orgulloso que no se detiene hasta que consigue lo que quiere. Conociendo a Norman como lo conozco, estoy seguro que esa maldita moto quedará mejor que nueva. Ese loco es capaz de trabajar en sus proyectos durante todo el día y olvidarse de comer, de dormir e incluso de respirar".
Sig metió su ropa sucia a la lavadora y encendió la máquina. Se dirigió a la cocina y calentó el café.
El mayor de los Hansen amaba café. Norman prefería el té caliente igual que su madre pero Sig no podía vivir sin la sacudida de la cafeína en su dieta diaria y tomaba varias tazas de café negro por las mañanas. Incluso amaba el olor y el sonido que producía el rítmico goteo en la charola de vidrio.
Después de calentar su bebida, Sig caminó hacia el garaje deseando internamente que Norman no le guardase resentimiento por castigar a Edgar.
Es probable que Norman tuviera muchas preguntas…preguntas difíciles y dolorosas, pero Sig recitó en silencio su promesa #3 mientras llegaba a garaje. Todo el lugar estaba literalmente "patas arriba"…herramientas tiradas al suelo, repuestos en todas partes, mantas llenas de aceite y grasa…Todo, absolutamente todo era un completo desastre. Sig ni siquiera reconoció la motocicleta, aunque pensó que la cosa desarmada que estaba tirada en el piso de concreto se parecía un poco.
Norman tenía la puerta del garaje abierta y su camión estacionado con orgullo justo al frente.
"Seguramente mi hermano sólo quiere tener la oportunidad de mirar de vez en cuando su camión mientras trabaja y deleitarse la vista viendo a su bebé"….Sig se rió de sus pensamientos.
Norman estaba fuera, sentado en el asfalto. Sig lo vio, se acercó y se sentó junto a él. No podía dejar de disfrutar del sol en su cara y se tiró hacia atrás apoyando su cuerpo con los codos. Luego miró a su hermano menor y vio que Norman trabajaba intensamente en una pieza luchando con una llave en su mano derecha y un par de alicates en su mano izquierda.
-"¿Qué demonios es eso?"…Preguntó con curiosidad.
-"Tú sabrías qué demonios es esto si alguna vez en la vida te ensuciaras las manos trabajando de verdad"…Norman respondió sin siquiera mirar hacia arriba.
-"Los futuros capitanes de barcos no tienen que realizar trabajos manuales. Contratamos marineros e ingenieros para ese tipo de cosas"…Sig se defendió…aunque en su interior sabía que no tenía la capacidad natural de sus hermanos menores para éste tipo de cosas. Edgar seguramente había heredado el mismo talento, es probable que incluso llegase a superar a Norman algún día.
"Ja, ja…muy gracioso Sig…pero será mejor que encuentres la manera de aprender a hacer éstas cosas por ti mismo o quizá nunca sabrás si contrataste a la persona correcta para trabajar en tu barco…¿Y qué pasaría si un día te encuentras en problemas mecánicos justo en medio del mar de Bering, sin nadie que te ayude?" Norman preguntó con inteligencia.
-"Es por eso que voy contratar a mi hermanito Norman como mi asistente" Sig respondió con una sonrisa socarrona.
-"Idiota, no podrás contratarme si yo soy dueño de una embarcación también"...Norman sonrió por un segundo antes de agregar con un tono más serio…pero no importa, de todos modos esa vida de marinero no es para mí. Amanda estaría muy triste si yo viajara todo el tiempo"…Dijo limpiando la pieza de metal, pero dando miraditas furtivas a su hermano mayor con el rabillo del ojo. Estaba ansioso por conocer la opinión de Sig e incluso, contuvo la respiración por un segundo.
Sig analizó la inesperada confesión por un par de minutos. Él siempre creyó que Norman estaría navegando a su lado. Se imaginó que pescarían juntos y comprarían su propio barco. Nunca, nunca, nunca en sus 18 años se le ocurrió la idea de que Norman no deseaba ésta línea de vida para su futuro…sin embargo, lo entendía. Ser pescador de cangrejos era un trabajo muy difícil y no cualquiera lo soportaba… "Quizá Edgar si quiera acompañarme...Oh Dios ayúdame".
-"Eh, bien…entonces, será mejor que empieces a pensar en qué universidad estudiarás, porque desde ya te aviso que tu voz de cantante es una mierda y tampoco eres lo suficientemente guapo para trabajar como actor de cine o modelo de ropa interior " Sig respondió con una mezcla de humor, tristeza y resignación.
Norman no lo demostró, pero en su interior estaba muy agradecido con su hermano por apoyarlo en ésta decisión. Hace varios años que deseaba confesarle a Sig que el sueño de "Los tres hermanos Hansen navegando hacia el ocaso en las zonas de pesca de cangrejos rojos" nunca se haría realidad. Norman guardaba la esperanza de que Edgar tampoco quisiera trabajar como pescador, pero algo en su interior le decía que su hermanito menor adoraba el mar igual que Sig. A Edgar no le gustaba la escuela y seguro se enganchaba a la vida de capitán como un pez en el agua.
-"Bueno, ya he empezado a buscar universidades y también se lo conté a papá antes de irse"…explicó en voz baja…"En cuanto a mi físico, pues no creo que éste cuerpo esté hecho para actuar en televisión. Las chicas se volverían locas con mi personalidad y mi porte atractivo"
-"Pues contáctame si necesitas referencias en tus solicitudes para la universidad"…Sig continuó con picardía: "Yo podría escribir: Norman Hansen es un tipo lo suficientemente idiota como para tratar de detener una moto en exceso de velocidad para salvar la vida de su hermano menor, En otras palabras eres una persona dedicada, confiable y leal. "
Norman puso la pieza en el suelo y finalmente miró a su hermano…pero no con diversión, si no con dureza…"Y que conste que lo haría de nuevo si fuera necesario" expresó con un tono firme y Sig supo que hablaba muy en serio. Norman rara vez hablaba en serio y esta fue una de esas ocasiones en las que su voz no titubeó.
-"Él se sintió muy culpable por eso" Sig añadió refiriéndose a Edgar.
Norman bajó la mirada y comenzó a trabajar de nuevo… "Lo sé, él me lo dijo."
-"¿En serio?¿Cuándo?"...Sig estaba seguro de que Edgar aún dormía.
-"Ayer por la noche, después de que llegué a casa. Yo no podía dormir, así que vine al garaje a trabajar un rato. Creo que hice mucho ruido porque cuando subí a su habitación, él estaba despierto"…Norman explicó tranquilamente.
-"¿Por qué subiste a su habitación? ¿Querías saber si todavía respiraba?..Oh Norman, no te culpo…Mierda, yo también quería estar a su lado, pero me sentía tan cansado"…. Sig pensó con remordimiento…"Pero me alegro que Edgar tuviera a alguien cuidándolo".
-"Y…¿Cómo estaba?"…Sig trató de que su tono de voz no delatara su preocupación…pero no sonó muy convincente de todos modos.
El hermano menor sonrió en sus adentros… "Ahh tipo duro, no me engañas, tú lo amas y no puedes ocultar tu preocupación ni medio segundo"…Norman suspiró: "Él me dijo que estaba bien"
El cerebro de Sig se llenó de dudas y dirigió su mirada hacia la calle desierta. Norman optó por ignorar la lucha mental de su hermano mayor.
Sig comenzó a retorcerse las manos con nerviosismo y Norman lo observaba con atención esperando que soltara la pregunta definitiva… realmente deseaba responder a la interrogante que estaba por estallar de la boca de Sig.
Siendo sinceros, Norman había esperado toda la bendita mañana para poder hablar con su hermano mayor… "No voy a dejar que te hundas en el abismo de la culpa Sig, así que pregunta de una maldita vez idiota"
Después de varios minutos, Sig se aclaró la garganta y tomó valor…"¿Te dijo algo de mí?"… preguntó con voz vacilante y la vista aún clavada en la calle de enfrente.
-"Bingo!...justo lo que deseaba oír!"…Norman habló lento y claro…"Me dijo que lo amas y que él también te ama a ti. Me dijo que le explicaste que es una parte importante de ésta familia y que no vamos a permitir que se aleje de nosotros. Que tiene los mejores hermanos del mundo y que entendía por qué tuviste que castigarlo"…Norman terminó su discurso con sencillez y absoluta sinceridad.
-"¿Estaba...enojado...conmigo?"…Sig respiró como si se hubiese quedado sin aire… "Oh Dios sueno como un mocoso de cinco años!"
-"No lo creo"…Norman sonaba honesto.
"Quizá ayer no, pero quién sabe si hoy se despierte de malas"…Por último, Sig hizo una pregunta más…"¿Estaba…muy…adolorido?"
El corazón de Norman se encogió al percibir la agonía profunda en la en la voz de Sig y hubo momento en el que deseaba mentirle…pero esta nueva regla de "honestidad absoluta entre hermanos" que Edgar y Sig habían decidido obedecer, era buena, así que él no sería el primero en romper ese pacto.
-"Eh…si, creo que él estaba un poco… incómodo"…Norman seleccionó con cuidado cada palabra de su respuesta pero Sig se estremeció de todos modos.
Norman se apresuró a añadir: "Pero me quedé con él, toda la noche, así que no estuvo solo."
Al escuchar ese comentario, Sig sintió que hoy amaba más al joven que estaba sentado a su lado. Dirigió sus ojos azul cobalto hacia su hermano menor y le dijo en un agónico susurro…"Me siento tan mal Norman. Peor de lo que me he sentido en mi vida."
Después de esa confesión, Sig intentó levantarse pero Norman le tomó del brazo y lo jaló de nuevo hacia abajo. Le miró fijamente y notó que la culpa estaba rompiendo el corazón de Sig en pedacitos…"Escúchame con mucho cuidado. Hiciste lo correcto, así que deja de pensar en esto porque todo ha terminado."
Sig escuchó las palabras de su hermano…esas eran las palabras que necesitaba oír…pero de la boca de Edgar y de la boca de su padre. Aunque dudaba que tuviera la suerte de escuchar alguna frase de apoyo esta tarde, sobretodo de la persona que estaría en el otro extremo de la línea telefónica… "Sin embargo…te lo agradezco Norman, me alegraste un poco el día"
-"A partir de hoy, las cosas van a cambiar"… Sig reflexionó con firmeza.
-"Si, lo sé"…Norman respondió con simpleza y siguió trabajando.
-"¿Tienes que trabajar hoy?"
-"Nop"
-"Yo tampoco, así que vamos a quedarnos en casa todo el día"…Sig dijo como si tuviera en mente algún plan.
-" ¡Hey que mierda!... Norman reclamó con falso resentimiento y una media sonrisa en el rostro…Pero si yo me he portado bien…¿Por qué diablos estoy castigado?"
-"Cuida tu lengua y tu actitud si no quieres que te castigue de verdad"… Sig sonaba medio serio pero igual sonreía de oreja a oreja.
-"¡Oh Dios mío!... Norman rodó los ojos pero no dijo nada…"Parece que alguien se despertó borracho de poder esta mañana, no quiero ni imaginarme lo dictador que serás cuando te conviertas en capitán".
Sig estrechó los ojos y Norman se echó a reír a carcajadas con las manos en alto en señal de derrota…"Ok, ok…ya entendí. Usted mi querido hermano mayor tiene las riendas del hogar este verano, así que voy a obedecerte en todo…todo lo que me seaposible…de todas maneras, me iba a quedar en casa hoy. No hay lugar como nuestro dulce hogar…¿no?"
-"Así es, bien dicho hermanito"…Sig continuaba riendo… "Voy a cocinar panqueques para el desayuno, ¿Cuántos quieres?"
El estómago de Norman se quedó en estado de shock absoluto… "Sig hace los panqueques más ricos de todo el mundo, son mejores que los de McDonalds...e incluso, son mejores que los de mamá. Pero cada vez que los prepara, deja la cocina como zona de guerra…por eso casi nunca los hace, es más, yo diría que mi hermano mayor odia con toda su alma preparar panqueques. Recuerdo que cuando mi madre cocinaba, ella no derramaba ni una sola gota de jarabe en el mostrador, pero cuando Sig era el encargado de cocinar los panqueques, la mesa terminaba cubierta de miel, las paredes de huevo y el techo lleno de grumos de masa. Parecía como si una máquina industrial de harina hubiese explotado en el lugar. Pero el desastre valía la pena, o quizá ese era el secreto porque los panqueques siempre sabían extremadamente deliciosos".
Norman entendió que la culpa de su hermano mayor era inmensa…no existía otra explicación para que Sig se ofreciera voluntariamente a cocinar panqueques en su día de descanso… "Mierda, debería pedirle a Sig que azotara a Edgar más seguido, así yo desayunaría panqueques todos los días...Eh…solo estoy bromeando"..
-"Cocina muchos porque voy a comerme todos los que hagas amigo, nunca me cansaría de tus panqueques!" …La boca de Norman ya empezaba a saborearlos.
Sig rió y le dio un ligero empujón. Se levantó y caminando entre los tristes restos de la moto, se dirigió hacia la cocina.
….
Edgar se despertó por el molesto tintineo de ollas y sartenes. Suspiró hondo y se quedó muy quieto en su cama preguntándose qué demonios pasaba en la cocina. Obviamente con tanto ruido, sus esperanzas de dormir un rato más ese domingo, desaparecieron por completo…aunque, siendo honestos, no le importaba, incluso le gustaba porque cada sonido era un aviso de que no estaba solo, que hoy no tendría que desayunar solo en una casa completamente vacía.
El niño ya había perdido la cuenta de cuantas veces había desayunado, almorzado y cenado completamente solo en los últimos meses.
"Mhmmm…Desayuno, esa palabra me suena tan bien en este momento"
Estaba acostado boca abajo y de inmediato se volteó para levantarse de la cama. El brusco movimiento provocó una avalancha de recuerdos en su mente, sobre todo al sentir la fuerte quemazón en su trasero. Su cuerpo completo se estremeció un poco pero lo ignoró y brincó fuera de la cama tan rápido como pudo.
Miró sus jeans vaqueros colgando sobre la silla y pensó… "Uhmm creo que hoy no es un buen día para usarlos"… Así que escogió un par de pantalones deportivos suaves y cómodos, una camiseta (que años atrás perteneció a Sig) y se vistió en silencio.
Entró al cuarto de baño, se cepilló sus dientes, el cabello y se lavó la cara…Luego se tomó algo de tiempo para mirarse al espejo…el demacrado reflejo de la noche anterior había desaparecido… "Este tipo se parece más al Edgar que conozco"…pensó notando que ya no tenía círculos negros debajo de sus ojos y su piel había vuelto a la normalidad. Podía decir con plena seguridad que no solo se veía mejor, si no, que también se sentía mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.
Regresó a su habitación e hizo su cama, guardó su ropa y se aseguró de que toda la habitación quedara en orden. Al salir, tomó el vaso de vidrio que estaba sobre la mesita de noche y de inmediato notó algo más…El anillo graduación de su hermano mayor todavía estaba allí, brillando con el resplandor de la luz del sol.
Edgar alargó con cuidado su mano y lo tomó. Por un momento, tuvo la tentación de ponerlo en su propio dedo, aún sabiendo que no encajaría…pero deseaba saber lo que se siente poseer un anillo tan valioso como ese. Casi podía imaginar el frío del metal contra su piel, el peso sobre su dedo, el brillo del oro suave y la sensación de orgullo que vienen con él.
Meneó la cabeza con rapidez…" ¡No lo hagas!...Este no es tu anillo, es de Sig y no tienes derecho a usarlo ni siquiera por un minuto"…Edgar consideraba que sería una falta de respeto hacia el dueño.
Con un suspiro, cerró su mano en un puño alrededor del anillo, tomó el vaso vacío con su mano libre y se dirigió hacia la cocina.
A mitad de la escalera, su nariz percibió un conocido aroma y se detuvo en seco…"¡Panqueques!". Era un olor inconfundible, definitivamente alguien estaba preparando panqueques y la sola idea le hizo agua la boca.
Sólo para asegurarse, Edgar bajó lentamente por las escaleras y se asomó por la esquina, dando un discreto vistazo hacia la cocina. Su hermano mayor estaba de espaldas frente a la estufa, cocinando sus panqueques de fama mundial…todo el lugar era un completo desorden.
Edgar estaba sorprendido…"Sig odia hacer panqueques y menos en su día de descanso, esto significa que…
El niño se dio la vuelta y se apoyó en el último escalón con la mirada fija en el anillo que llevaba en su mano derecha…"Oh Sig, tú no tienes que sentirte mal por mí. Por favor, no te sientas culpable. Estoy bien…de hecho, me siento mejor que bien".
Por primera vez desde que se despertó esta mañana, Edgar comenzó a preocuparse sobre cómo debía actuar frente a su hermano mayor. Habían hablado y compartido más secretos en una noche, de lo que nunca tuvieron en el transcurso de sus años de vida.
Muchas cosas profundas y dolorosas habían salido a flote, malos recuerdos, emociones y miedos. Inconscientemente, Edgar sintió vergüenza. No le preocupaba que Sig pensara mal de él, pero quizá todas las cosas malas que había confesado estarían presentes en la mente de su hermano cada vez que lo viera a la cara.
Edgar no sabía cómo acercarse y menos que decirle… ¿Qué puedes decirle a alguien después de derramar todas tus emociones sobre su pecho?...Las manos de Edgar comenzaron a temblar y el anillo se deslizaba entre ellas…estaba sudando a mares.
"Ok, voy a tener que devolver este anillo a su dueño algún día ¿verdad?...así que mejor lo hago ahora mismo"… Respiró profundo y con un soplo de coraje, Edgar dobló la esquina y se dirigió a la cocina. Pasó en medio de la catástrofe de masa, huevos, ollas, cucharones y sartenes, haciendo caso omiso de la harina pegada en las paredes y los cuatro tazones sucios que reposaban en el mostrador.
Con cautela, pero con una importante misión en mente, Edgar se acercó a su hermano que seguía de espaldas y aún no se había percatado de su presencia…seguramente porque Sig estaba en guerra contra los dos sartenes ardiendo en la estufa.
Edgar dejó el vaso vacío en el fregadero y sin decir palabra se quedó al lado de Sig lo suficientemente cerca como para que su hermano lo notase, pero lo suficientemente lejos como para salir huyendo en caso de emergencia, luego extendió su mano derecha frente a Sig con la palma de la mano abierta, mostrando el hermoso anillo.
Sig captó el movimiento con el rabillo del ojo y se volteó. Dio una mirada hacia el anillo y luego hacia la cara de su hermanito. Edgar estaba con la cabeza gacha y los ojos clavados al suelo.
"Bien, no parece enojado"… Sig pensó… "En realidad, parece un poco triste".
El joven colocó la espátula sobre el mostrador y tomó el anillo ofrecido, pero no lo colocó en su dedo, si no al lado de la espátula. Edgar bajó su mano y dio media vuelta para alejarse, aunque Sig tenía otros planes. Sin previo aviso, el mayor dio un paso al frente, jaló a Edgar del codo y le dio un abrazo de oso gigante, envolviendo ambos brazos alrededor del niño con fuerza y levantándolo del suelo.
Edgar no dudó ni un segundo en devolver el abrazo, se aferró como un mono del cuello de su hermano con los dos brazos. Este no era un simple abrazo, sino más bien, una firme muestra de cariño y por más avergonzado que Edgar se sintiera jamás iba a rechazarlo.
Sig apretó al niño contra su cuerpo… "Te quiero mucho"…le susurró al oído, frotando su nariz contra la frente de su hermanito.
Edgar apretó más el cuello de Sig…"Lo sé y nunca volveré a olvidarlo. Yo también te quiero mucho"… respondió apoyando su barbilla en el hombro de su hermano mayor.
Justo en ese instante, Norman llegó a la cocina y se quedó inmóvil en la puerta. Él no movió ni un músculo y se mantuvo en completo silencio. Sus hermanos no lo habían oído entrar.
Norman no recordaba haber visto una escena como ésta antes...Nunca. Obviamente, entre ellos se daban golpes (a millares) y ligeros apretones de mano al momento de cumplir años o en navidad…pero…se notaba que este abrazo era lago…diferente, un gesto cargado de un cariño tan grande que traspasaba las fronteras de la cocina e incluso él lo sentía desde el otro lado de la puerta.
De inmediato, Norman cerró los ojos comprometiéndose a guardar esta escena en su memoria por el resto de su existencia en esta tierra. Este fue el momento en la vida de los Hansen que Norman nunca olvidaría, que no deseaba olvidar, porque a pesar de los problemas y las constantes peleas entre ellos (principalmente por cosas estúpidas como quien dirigirá el barco, o dónde viajaran para la pesca, o quién conduce el auto ese día, etc, etc, etc) Norman tuvo la plena certeza de que su familia jamás volvería a desintegrarse. Ellos siempre encontrarían la manera de resolver sus problemas recordando que no importa cuánto se hubiesen lastimado entres sí, porque se amaban un millón de veces más que eso.
Sig bajó a su hermanito de nuevo hasta el suelo, pero continuó abrazándole y después de unos minutos, susurró al oído de Edgar una pregunta…"¿Todavía te sientes...incómodo?"… decidió usar la misma palabra que Norman, esperando que Edgar entendiera lo que realmente deseaba saber.
Lógicamente el niño captó la intención de la pregunta en el aire, pero no quiso contestar, Edgar no deseaba alimentar la culpa de Sig…y tampoco deseaba mentirle…ya que esa parte específica de su anatomía, de verdad se sentía…muy incómoda.
Sig esperó la respuesta, pero al pasar del tiempo se cansó y finalmente apretó con más fuerza a su hermano…"Sé honesto por favor"…Más que una petición, fue una orden directa. Edgar no respondió verbalmente pero asistió con la cabeza y Sig percibió el sutil movimiento contra su pecho.
"Por supuesto que está adolorido estúpido, ¿Qué esperabas?...que estuviera riéndose y contando chistes?...Oh Dios, me voy a sentir culpable por esto por el resto de mi vida, lo sé"… Sig dio un profundo suspiro, miró el anillo que acababa de poner sobre el mostrador y tuvo una idea.
Soltó el abrazo de Edgar, tomó su anillo de graduación y lo colocó en el dedo índice de su hermanito…"Ponte esto, úsalo por un rato, me lo devolverás de nuevo hasta que te sientas completamente…cómodo. Así evitarás que te pregunte lo mismo un centenar de veces y quizá, este simple anillo te ayude a recordar que no soy tan malo… yo solo quiero lo mejor para ti"…Sig dijo con su voz baja y llena de tristeza.
Edgar contempló absorto el anillo en su dedo, sin poder creer lo que estaba viendo. Fue un momento increíble para él. El anillo…el codiciado y valioso anillo de graduación de su hermano mayor, estaba en SU dedo!...y con el permiso total del propietario!...Eso significaba mucho para Edgar porque era una manera de decir que Sig confiaba en él lo suficiente como para dejarlo usar su anillo…aunque fuera solo por un rato.
Después del shock, Edgar rápidamente dijo: "Yo no creo que eres una malo, es más pienso que eres el mejor hermano mayor que un niño podría desear"
Sig respondió con una gran sonrisa y justo en ese instante, una voz interrumpió la conmovedora escena.
-"Ah, no me digas!. ¿Sig es el mejor hermano mayor?... já es bueno saber que a mí no me toman en cuenta por estos rumbos"
Norman, que había escuchado toda la conversación y que se mantuvo calladito pensando ¿De verdad, este par de dulces tortolitos son mis hermanos?... no pudo mantener su boca cerrada al darse cuenta que todos se habían olvidado de él, así que entró a la cocina azotando la puerta como si acabara de llegar.
Edgar miró a Sig y rodó los ojos…"Uhmmm creo que alguien está celoso."
-"No podemos permitirlo"…respondió Sig al oído de Edgar…"Quizá…deberías darle un abrazo también…¿Qué te parece?"
Edgar se rió y Sig le revolvió el cabello antes de volver a sus quehaceres de experto cocinero.
-"¿Y dónde están los malditos panqueques?...Ya deberían estar en la mesa, me muero de hambre"…Norman gruñó mientras caminaba a la nevera y sacaba mantequilla, leche y jugo de naranja. Luego se lavó bien las manos y comenzó a colocar los platos y vasos sobre la mesa. También le dio un fuerte empujón a su hermano mayor que le estorbaba en su camino hacia la tetera. El joven le devolvió el empujón pero Norman lo ignoró y Sig tuvo que seguir cocinando antes de que los panqueques se quemaran.
Sig había formado una enorme pila de deliciosos panqueques y tomando el plato se dirigió hasta la mesa y colocó la torre frente a Norman…
-"Aquí los tienes hermano, ¿Ya te sientes feliz?" le preguntó sonriendo mientras terminaba de freír en la sartén hirviendo, la última tortita de masa.
-"Claro que si!...Oh Dios Panqueques, hechos por el mismo gran chef de panqueques!"…Norman prácticamente corrió a la despensa para buscar el jarabe de arce, tomó el jarabe de chocolate también y los puso al lado de la leche.
Mientras tanto, Edgar terminó de lavar su vaso en el fregadero. Luego sacó los tenedores y cuchillos del armario y los colocó sobre la mesa. También tomó un plato con cuatro panqueques grandes rociando una generosa cantidad de jarabe sobre ellos, se sirvió un vaso de jugo de naranja fresco y estaba dispuesto a acomodarse en el comedor junto a Norman cuando se quedó completamente inmóvil con el plato en las manos…."Ohhh malditas sillas"
Las sillas del comedor no tenían cojines para cubrir la madera y Edgar decidió que hoy había adquirido una nueva y misteriosa habilidad…comer panqueques de pie!.
Realmente no deseaba hacer la situación de su trasero más incómoda. Agarró su tenedor y se acercó al mostrador que era mucho más alto, ideal para comer de pie. Él esperaba que sus hermanos no se dieran cuenta, seguro que Norman comenzaría a burlarse…así que no dijo nada, les dio la espalda y comenzó a comer.
Desde su "comedor" improvisado, Edgar escuchó el silbido de la tetera, claramente oyó como Sig apagó la estufa, colocó las sartenes calientes en el fregadero, se sirvió una taza de café y añadió jarabe de chocolate a sus panqueques. Norman revolvió su té y un par de minutos después, sus dos hermanos se acercaron a él, Sig a su izquierda y Norman a su derecha.
Ambos tenían sus platos, panqueques, tazas y cubiertos en sus manos. Sin decir una palabra, los dos jóvenes mayores pusieron su comida en el mostrador y empezaron a comer de pie como si fuese algo cotidiano entre ellos.
Edgar casi no lo podía creer, sus hermanos no se burlaron de él, incluso decidieron acompañarlo para que no se sintiera solo. El niño pensaba que los panqueques eran de ese tipo de comida que nunca debes comer de pie, no son como los perros calientes o las papas fritas, no, definitivamente, los panqueques estaba hechos para comerlos sentado sobre una cómoda silla...Pero contra toda regla, los tres estaban allí en la cocina, comiendo sus panqueques sobre el mostrador. Creo que si alguien les hubiese visto en ese momento, seguro diría que estaban locos…pero a los ojos de Edgar, este fue un gesto que atesoraría por siempre en su memoria.
Después de todo lo que había pasado en los últimos días, este sería un momento que Edgar nunca olvidaría. Fue como si estuvieran atados por un lazo silencioso que dijera "Tú no puedes sentarte a comer, pues nosotros tampoco nos sentamos a comer, Si sufres, sufrimos junto contigo, eso es lo que se llama FAMILIA y siempre vamos a apoyarte"…Edgar no creía que le fuera posible amar a sus hermanos más de lo que los amó desde ese instante.
Pasó un largo tiempo y los tres Hansen comieron en silencio…buen excepto por Norman que hacía ruiditos de puro placer con cada bocado.. Era como si estuviera teniendo un orgasmo.
Cuando Norman terminó de tragar el último panqueque de su plato dijo con la boca llena de masa…"Woooow Sig, de verdad que haces los mejores panqueques del planeta!"
-"Oh Gracias, hermanito, ahoraaaaa…¿Quién me ayudará a limpiar este desastre?" Sig preguntó señalando la cocina mientras bebía su tercera taza de café.
-"Oh, no. Ya sabes la regla. "Usted ensucia, usted limpia"…Norman murmuró, señalando a su hermano mayor con su tenedor.
Sig se cruzó de brazos soltó un par de maldiciones e incluso y frunció escandalosamente el ceño, sabiendo que Norman tenía razón…este era uno de esos escasos momentos es que odiaba que sus hermanos fueran tan respetuosos de las reglas. "Quien ensucie será el responsable de limpiar"…Esa era una regla impuesta por su madre, simple y clara.
Edgar sonrió ante el berrinche de su hermano mayor y le dio un leve empujón: "Yo te ayudaré con gusto, agradezco lo mucho que te has esforzado para prepararnos el desayuno esta mañana"… El niño expresó con sinceridad ignorando las miradas de enojo que le lanzaba Norman.
Al final, los tres juntos limpiaron la cocina en un tiempo récord y mientras Norman lavaba los platos y Edgar los secaba, Sig salió de la cocina hacia el garaje.
Regresó unos minutos más tarde con un balón de fútbol en la mano y esperó a que sus hermanos terminaran el trabajo de limpieza. Sig se apoyó contra el marco de la puerta trasera con la pelota bajo el brazo.
Edgar levantó la cabeza y al mirarlo notó que parecía más joven y mas….feliz. En su corazón, Edgar estaba emocionado de ver a Sig tan relajado, no quedaba rastro del torturado hermano mayor que lo castigó anoche y que parecía llevar el mundo sobre sus hombros.
-"Todos a jugar!"…fue la orden de Sig mientras rebotaba la pelota de fútbol en su rodilla. Como un perrito al que le muestran un jugoso hueso, Edgar atravesó la puerta tan rápido que casi rompe un par de platos. Norman, por su parte, trató de caminar al garaje para continuar con las reparaciones, pero su hermano mayor prácticamente lo arrastró hacia el patio trasero.
Los tres chicos jugaron afuera por más de una hora. Sig aún tenía todas las habilidades de un buen futbolista y al principio derrotó a sus hermanos con facilidad, así que los más jóvenes finalmente se unieron en su contra y lograron dejarlo sin aire. Sig reconoció su derrota, sobretodo porque el hábito de fumar empezaba a hacer mella en sus pulmones.
De más está decir que Edgar se encontraba feliz de experimentar esta nueva etapa en la vida de los Hansen, así que jugó con mucho entusiasmo y disfrutó de sus hermanos al máximo.
Después de un tiempo, Norman se cansó y volvió al garaje. Sentía como si la moto lo estuviera llamando y suplicando a gritos "Repárame por favor!"
Sig y Edgar se quedaron divirtiéndose y pateando la pelota entre ellos. Cuando se cansaron de eso, Edgar se tiró de espaldas sobre la acera y Sig se recostó junto al jardín de flores. Su madre había plantado muchas de estas flores el verano justo pasado antes de morir. Algunos tallos ya se habían marchitado, pero otros lograron sobrevivir milagrosamente.
Sig comenzó a trabajar en el pequeño jardín quitando la maleza con cuidado. Muy pocas plantas habían soportado el mal tiempo y el joven se maravilló de la resistencia que tenían las flores, así que dedicó su mejor esfuerzo en conservarlas siempre limpias y buen cuidadas…tal y como a su madre le gustaba.
Edgar limpió la acera y los alrededores de la casa y del garaje. Observó que Norman progresaba de manera increíble en la reparación de su moto, es más ya casi parecía una moto o través!.
Norman se puso en pie y dio un vistazo crítico a su trabajo, estaba inspeccionando cuidadosamente sus labores de mecánico cuando sintió que un par de brazos pequeños se enrollaban en su estómago y que una la nariz puntiaguda le presionaba la espalda. Él sonrió y apretó con fuerzas las pequeñas manos, jalando al niño más cerca. Cerró los ojos por unos minutos y disfrutó del espontáneo y sincero abrazo, también agradeció a lo que fuera que salvó la vida de su hermanito anoche.
Después de un tiempo, volvió la cabeza ligeramente hacia un lado y suspiró: "Tenemos que ir de compras hoy. Odio ir al supermercado o a la tienda con Sig porque se pone histérico cuando hay mucha fila."
"Uhmmm…si es cierto, pero no te preocupes que yo me encargo de Sig" Edgar respondió confiadamente y salió del garaje para avisar a su hermano mayor que iban rumbo al supermercado…otra de sus actividades menos favoritas.
Norman subió corriendo a tomar una ducha mientras el par de chicos lavaban sus manos en el fregadero de la cocina. Lamentablemente, esta pequeña actividad, se convirtió en una pelea de agua donde ambos terminaron completamente mojados. Sig y Edgar reían mientras Norman gritaba desde la ducha preguntando quién demonios era el idiota que estaba jugando con el agua.
Cuando sus hermanos estaban listos, Sig tomó su billetera y les informó que manejaría su coche. Norman casi tuvo un ataque al corazón, pero Sig le susurró tres palabras al oído: "Hazlo por Edgar"…
Obviamente Sig pensaban que "alguien" se sentiría más cómodo, recostado boca abajo en el asiento trasero de su coche, así que aunque Norman pataleara por manejar su camioneta, hoy no cedería.
Sig poseía un vehículo Tran-Am color azul (un regalo de graduación obsequiado a sí mismo después de trabajar medio tiempo por cuatro años). El día que Sig compró el auto, Norman se quejó diciendo que ese no era vehículo para un hombre de verdad y que esperaba que sus amigos nunca lo vieran conducir un coche tan…"fuera de onda".
Sig puso la radio con música pop pero Norman cambió a una estación de música country, murmurando algo como "por lo menos déjame escuchar música de verdad mientras estoy atorado en este estúpido coche"... Sig puso los ojos en blanco pero no dijo nada, sino que dedicó su atención al pequeño pasajero que traía en el asiento de atrás.
Edgar se había quedado dormido acurrucado boca abajo.
Cuando llegaron a la tienda, decidieron cenar carne asada esa noche, así que repartieron la lista de lo necesario para la semana y llenaron el carrito lo más rápido posible.
Casi media hora después, se reunieron en la parte delantera de la tienda. Sig se dirigió a otra sección del supermercado, Norman y Edgar se quedaron parados preguntándose a dónde diablos iba su hermano mayor.
Sig caminó hacia la sección de flores y seleccionó cuidadosamente tres rosas blancas. Ahora, Norman ya sabía exactamente lo que su hermano tenía en mente.
-"Ohhh no, yo no quiero ir y no puedes obligarme"…Norman le gritó con voz firme.
"Si puedo obligarte hermanito…pero no lo haré, así que si no quieres ir, nos esperas en el auto con la boca cerrada"…Sig respondió con una voz más firme que la de su hermano menor mientras pedía a una dependienta que envolviera las flores en un papel decorado.
Sig tomó las rosas de nuevo y caminó hacia la caja…que por cierto, estaba abarrotada. Mientras hacían la cola, notó un pequeño estantes con varios libros y revistas. Le dio un codazo a su hermanito menor para llamar su atención y señaló los libros, pero Edgar lo miró sin comprender lo que deseaba… "Ve a buscar un libro…o dos…o los que desees leer este verano"…leexplicó con una sonrisa.
Edgar miró los estantes y luego volvió a mirar a su hermano mayor como si lo acabara de condenar a la cámara de gas…."Ah…este…yo…yo no soy un gran lector Sig"… Edgar trataba de excusarse, en pocas palabras, quería explicarle respetuosamente a su hermano mayor, que él, la lectura era una mierda.
-"Pues vas leer mínimo dos libros este verano, así que o los escoges tú o lo hago yo"…la voz de Sig contenía un tono de autoridad inconfundible, era una orden y Edgar debía obedecer. Así que, como un condenado a muerte, el niño se acercó a las repisas y tomó un par de libros que en su opinión, quizá no lo matarían de aburrimiento. Uno ellos era la novela de S.E. Hinton "The Outsiders".
Edgar regresó con los libros en la mano, los colocó en el carro y se paró detrás de Sig mientras notaba que Norman evitaba a su hermano mayor como la peste. Norman estaba enojado, atrapado y más furioso cada minuto, se sentía como un niño traicionado y no podía evitarlo…no quería visitar ese lugar y ahora Sig lo obligaría a ir en cuanto salieran del supermercado.
Después de un tiempo, Sig comenzó sentirse inquieto y desesperado porque la cola avanzaba lentamente. El joven comenzó a retorcer las manos, a mover escandalosamente sus pies y a suspirar en voz alta.
Edgar notó las señales de estrés y con su índice derecho, escribió: "H-O-L-A"… seguido por el signo "!" en la espalda de su hermano mayor.
Inmediatamente Sig estalló en carcajadas mientras se volteaba para hacerle cosquillas a Edgar que ría histérico. Norman siguió enojado y no les hizo caso pensando que sus dos hermanos se habían vuelto locos.
Después de salir de la tienda y poner los alimentos en el baúl, Sig colocó con reverencia las rosas blancas en el tablero coche. Ahora los tres Hansen se dirigían a un lugar muy especial…al cementerio local.
