Dedicado a: Cristiel
Con infinito amor.
First Kiss
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~KT & HJ~
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Hace un día precioso afuera, el cielo está despejado, el sol irradia su energía sin preocupaciones, los parajillos trinan y los niños ríen. Sí, sin duda es un día maravilloso, y aunque puedes admirarlo desde el amplio ventanal de esa inmaculada habitación, tienes que admitir que… te deprime, tan sólo un poco —casi nada— pero lo hace. Eres paciente, por supuesto, y siempre te has destacado por encontrar la luz en la penetrante oscuridad, la calma en la tormenta, el lado bueno de las cosas y las situaciones, pero honestamente, ¿qué puede haber de bueno que estés allí, enclaustrado, inmóvil… solo?
Nada. No hay nada bueno en ello.
O bien, quizá lo sea el que tu estadía en el hospital es para una pronta recuperación. Es por tu salud y el bien de tu futuro, aunque hayas tenido que sacrificar algo valiosísimo para ti. Es por eso. Te consta. Y te lo recuerdas frecuentemente. Pero hoy es un lindo día y no tienes ganas de mostrarte optimista, tampoco vas a caer en el fatalismo, pero sencillamente hoy no quieres pensar ni controlarte de más. Sólo quieres dejarlo fluir.
Riko no ha podido venir a verte pues está ocupada organizando nuevos menús de entrenamiento para el equipo, el señor que compartía habitación contigo se ha ido, a casa, afortunadamente. Te alegras por él pero el lugar ahora está sumido en un insoportable silencio. La enfermera apenas unos minutos atrás ha venido a chequearte y dejarte un aperitivo. No hay nada más que hacer. Sólo mirar por la ventana, escuchar el leve ajetreo de los pasillos, pensar y suspirar.
Suspirar, una y otra vez.
Te preguntas qué estará haciendo el equipo, si están bien tus abuelos, si Hyuuga aparecerá mágicamente en la puerta, con esa expresión endurecida y falsamente desinteresada. Pero lo dudas. Reprimes una nueva pesada exhalación.
— Luces como un anciano solitario.
Te dicen, a los pies de la cama. Dejas de ver el exterior y te concentras sorprendido en el moreno que te observa, precisamente con la expresión endurecida y falsamente desinteresada por la que pedías hace nada. Sonríes por primera vez en el día y la fuerza de positivismo resurge desde lo más hondo de tu interior.
— Hyuuga.
Dices susurrante, toda la atmósfera alrededor cambia con sólo verle allí, contigo.
— ¿A qué se debe esa sonrisa bobalicona?
Cuestiona, enarcando una ceja, como dudando si es inteligente acercarse más.
— ¿Cuál sonrisa?
Sabes perfectamente a qué gesto se refiere, pero quieres hacer el tonto tan sólo un ratito, te sientes feliz después de todo. Curvas aún más tus labios, y Hyuuga sólo suspira con resignación. Camina hacia ti y se sienta en el banquillo a tu lado, ya no te mira directamente a los ojos y puedes notar el nerviosismo en él, se rasca ansioso la nuca y mira a cualquier otra parte que no seas tú. Es una manía evidente y fácil de interpretar, pero de cualquier forma a ti sólo puede parecerte adorable. Como lo es todo en tu compañero.
— ¿Cómo te sientes?
Pregunta, aún sin mirarte. Por fin ha decidido que el libro que permanece abandonado a lado de tu cama es la cosa más entretenida del mundo.
— Estoy bien, ya no me duele.
Y es verdad, pero al menos por el momento. Será por la noche cuando los tendones y ligamentos se quejen y te den batalla antes de permitirte dormir.
— No seas idiota, no me refiero a eso… ¿Cómo estás… ya sabes, de ánimo?
Con cierto esfuerzo vuelve a posar sus orbes en ti, con el ceño considerablemente fruncido. Él jamás alardeará sobre ello, pero sabe que es quien mejor te conoce y por ende no puedes irte por la tangente. No con Hyuuga. Por la exigencia en sus ojos te percatas que ha estado observándote lo suficiente antes de anunciar su llegada. ¿Cuántos suspiros habrá visto que soltaste? A saber. Pero lo agradeces, das gracias a que esté tan pendiente de ti. E inevitablemente vuelves a sonreír, ahora un poco avergonzado al ser descubierto en un instante de debilidad.
— Sinceramente, he estado mejor. Sé que no es imposible, pero los días pasan y pasan y yo continúo aquí. Entonces me pregunto, ¿podré regresar a tiempo? ¿Y si ni siquiera puedo regresar? Es… duro. A momentos me siento ajeno a mí mismo, Hyuuga.
La confesión sale por sí sola, pero no te preocupas. Puedes hablar francamente, sin omitir algunos detalles en su presencia. Porque te inspira confianza, te abraza la seguridad nada más teniéndolo junto a ti.
— Eres un grandísimo idiota.
Te está reprendiendo. Lo estás siendo sí, y en realidad no es necesario que te lo remarque. No agrega nada, ni tú tampoco. Te quedas viendo fijamente la rodilla bajo las sábanas, medianamente extraviado. Lo escuchas resoplar, quizá ya lo has vuelto a enfadar y ahora miras de nueva cuenta por la ventana.
Entonces las preguntas y la incertidumbre vuelven a ti. Sientes el colchón hundirse a un costado tuyo, ligeramente y una mano temblorosa recostarse sobre la tuya.
— ¡Y-ya deja de pensar puras estupideces!
Grita alto, torpe. Quieres verle y al momento de girarte la punta de tu nariz rosa sutilmente con la suya. Su rostro está así de cerca del tuyo, el entrecejo sigue arrugado, delatando su hastío, pero sus mejillas y toda su piel hasta las orejas está tinturado de rojo brillante, los labios le tiemblan y respira densamente. Tu corazón se estrella terco dentro del tórax, tu pulso se acelera a causa de la química que un loco enamorado padece cada vez que el objeto de su deseo y la razón de sus torpezas y ensueños está próximo.
— Hyuu-
Y entonces se sucede. Es un gesto torpe e inexperto, levemente doloroso por el impacto repentino. Pero ha hecho que todo el cuerpo te cosquillee, te electrifica. Junpei ha, literalmente, estampado sus labios contra los tuyos. Es un beso primerizo, casto pero firme y se ha detenido allí, con los ojos fuertemente cerrados y el rubor hasta el cuello; es absolutamente fascinante. Le imitas para poder disfrutar la sensación como es debido. Al poco tiempo lo sientes alejarse sólo lo necesario para oírle decir:
— Seremos el mejor equipo de Japón el año siguiente, fue lo que prometiste. Más te vale cumplirlo, Kiyoshi.
Ríes, te provoca reír. No es burla, no es mofa, ¿cómo podría serlo? Es simplemente que Hyuuga sabe qué decirte sin importar la situación, sin sutileza, porque no la necesitas. Porque te encanta que sea directo y burdo. Entonces, lo abrazas infantilmente y le agradeces con la sonrisa boba y auténtica que te gusta mostrar. Ese beso y sus palabras penetran en ti como un bálsamo, te alivian y te fortalecen. Dudas, miedos e inseguridades se pierden en un punto incierto. Hyuuga es tu medicina y la fuerza que te impulsa y levanta. Desde siempre y en adelante.
R.H: Es la primera vez que escribo de esta pareja a pesar de que ya les tomé cariño, omg, jaja. Ojalá les haya gustado, y creo que con ésta llego a la mitad de las parejas que tengo enlistadas, ¡santa madre! Gracias por leer, besos~ -se muere de sueño-
