¡Hacía mucho que no acometía tamaña hazaña con éxito! En serio, por fin actualizo a tiempo. Y tengo la impresión de que os va a gustar; cerramos un arco argumental, pero aún queda lo más interesante. Espero que de verdad os guste (y que yo me entere).


Iban a lanzarse contra el demonio pero Lestrade les retuvo un segundo y de repente era demasiado tarde. Crowley había parado de hablar y estaba a la expectativa, murmurando entre dientes.

−Vamos, ángel, ni siquiera he matado a nadie para conseguir la sangre, deberías apreciar el detalle.

Un segundo más de pesado silencio.

− Zira, hemos evitado un apocalipsis juntos, si no vuelves de algo tan patético como el purgatorio vas a quedar muy mal. - Hablaba con los dientes apretados y el aliento contenido.

Ninguno de los espectadores tenía ganas de interrumpir. Lo cierto era que aquello no sonaba como la invocación de una criatura destructora de mundos. Crowley se dejó caer de rodillas frente al símbolo y lanzó un puño contra el suelo antes de gritar:

−Escúchame estés donde estés, no me he convertido en príncipe del infierno y he removido hasta la última piedra para encontrarme ahora con que tú no has sobrevivido. ¿Me oyes?

−¿Crowley? – Sonó una voz débil

Todo el grupo se volvió hacia el mostrador, otra vez en guardia y con los cañones apuntando. En un primer vistazo, no había nadie, en un segundo vistazo había un montón de trapos y un estropajo amarillo. Que Crowley reconociese a un ángel en aquel guiñapo, saltase del suelo y corriese a ayudarle debía de significar algo.

−¿Zira? Esstáss aquí. Di... Luc... Quienssea, ha funcionado. - Crowley murmuraba con un silbido inseguro mientras cargaba con el peso del angel y le examinaba de arriba abajo buscando algo, pareció encontrarlo al llegar a sus ojos. El demonio lo hizo sentarse en un sillón que podría haber salido como una seta de ninguna parte, porque antes no estaba ahí.

−Cuando planearon… −Empezó a toser el guiñapo rubio y de la nada también apareció un vaso de agua.

−Esa parte la conozco, cuando planearon el segundo apocalipsis tus adorables hermanos decidieron que el lugar más seguro en el que colocarte era en el purgatorio. A mí me dieron un ascenso, idea de alguien listo.

−¿...y la Tierra? Querido, estamos… −Dijo mirando alrededor, no exactamente asustado, pero sí con una nota de alarma.

−Sorprendentemente, estos dos inútiles se encargaron de aquello. - Comentó con un gesto hacia los Winchester, pero sin retirar los ojos de Azirafel ni un segundo.

Azirafel pareció tranquilizarse y mirar a su alrededor de verdad por primera vez, respiró hondo cuando vio las estanterías y los libros; casi como si eso bastase para que el mundo siguiese girando.

−¿Todo vuelve a la normalidad?

−No, eso no. Parece ser que la primera vez que intenté abrir el purgatorio hubo… problemas, supongo que desde el otro lado lo notarías. Uno de tus hermanos, digamos que mordió más de lo que podía tragar y ahora los leviatanes están sueltos.

−Cielos. ¿Cuál?

−Todos - Evadió Crowley la pregunta.

−¿Qué ángel? - Azirafel le dirigió una mirada retándole a volver a ser obtuso a propósito con él.

−Castiel.

Los hermanos no fueron los únicos en notarlo, incluso para los que solo hacía unas horas que sabían de la existencia de ángeles y demonios era obvio el tono de luto de la voz de Crowley y el silencio del ángel. Algo de todo aquello no les cuadraba, aquel no se parecía ni remotamente al demonio que había estado a punto de acabar con ellos en incontables ocasiones.

Azirafel suspiró como si con eso quisiese alejar el mal ánimo que había caido sobre todos; se puso de pie y extendió una mano hacia Sam. El efecto que tuvo aquel pequeño gesto fue el de lograr que cinco hombres hechos y derechos diesen un respingo. Crowley alzó una ceja como si se lo estuviese pasando maravillosamente. Sam se repuso y le dio la mano al ángel, aunque solo fuera por borrarle la sonrisa de la cara al demonio.

−Os doy las gracias. – Articuló Azirafel.

−¿Por qué? –Preguntó Sam perplejo. – La verdad es que no hemos hecho nada para... ayudarte, más bien intentábamos impedir que Crowley te… ya sabes. - Terminó la frase elocuentemente.

−Por evitar el apocalipsis. Nadie le da nunca las gracias a uno por eso. –Y procedió a estrecharle la mano a Dean también. – Creo que a vosotros no os conozco.

John y Sebastian se presentaron con la docilidad de niños de colegio. No estaban seguros de cómo reaccionar ante alguien genuinamente amable, hacía mucho que no experimentaban algo así.

−Y tú eres ¿Gregory?

−Greg, sí… ¿Te acuerdas de mí?- Preguntó con una sonrisa sorprendida al estrecharle la mano.

−¿Por qué no iba a acordarme?

−Y ¿Bien? – Interrumpió Crowley dando un paso al frente y colocándose entre ellos y el ángel. En una milésima de segundo había recobrado toda la animosidad que parecía haber olvidado en un rincón desde que apareciera Azirafel. Ningún humano en la sala hubiese podido negar que era el príncipe del infierno; estaba en su voz, estaba en su gesto y estaba en su mirada, seca y oscura como pólvora– ¿vais a devolver al monstruo al purgatorio?

Sus palabras podían haber destilado un veneno que aniquilase elefantes y los cazadores podían haberse ahogado en confusión con los últimos acontecimientos. Probablemente por eso el primero en responder fue el ángel, que estaba recuperando un color sonrosado en las mejillas con cada minuto que pasaba. Puso una mano en el hombro del demonio y tiró de él ligeramente; más para hacerse notar que para moverle.

−¡Querido! Solo hacían su trabajo, seguro que podemos arreglarlo hablando ¿té para todos? – Hizo un gesto y sobre el mismo mostrador aparecieron sendas tazas humeantes. Un esfuerzo que Lestrade estaba seguro de que no era bueno para alguien que acababa de salir del purgatorio.

−Lo siento, Zira, pero creo que nuestros invitados se iban ya.

Parte de los humanos afirmaron vehementemente tomándose la frase como la amenaza que era mientras Azirafel parecía entristecerse ligeramente.

−¿Sí? Qué lástima, me hubiese gustado saber cómo hicieron lo del apocalipsis. Podrían pasarse por aquí un día de estos. ¿No crees?

Y si no hubiesen estado seguros de que era imposible, hubiesen jurado que el inocente comentario iba dirigido específicamente a contradecir a Crowley y, lo más sorprendente de todo, que funcionaba.

−Hmmm… Son de América, ángel, no creo que vuelen a la otra punta del mundo por hacer una visita de cortesía.

−Entonces tenéis que pasaros por aquí antes de iros.

−Pensábamos… irnos cuanto antes. Hoy, por ejemplo. –Dijo Dean con la sensación de que todos ellos querían salir de allí, no hoy, sino ya mismo.

−Yo creo que no. – A pesar de que el ángel tenía buen aspecto, teniendo en cuenta el tiempo que había pasado encerrado, aquella frase rompió la máscara de normalidad. A Dean le recoraba a sí mismo cuando volvió del infierno. Crowley le puso una mano en el hombro, le obligó a volver a sentarse y buscó los ojos de Azirafel como si ahí fuera a estar escrito lo que le pasaba por la cabeza. – En el purgatorio se oyen cosas. Los leviatanes que mueren vuelven allí y no son discretos; no tienen por qué serlo cuando nada les amenaza. -Azirafel dejó caer la mirada al suelo y se le apagó la voz - Aún tenéis cosas que hacer aquí, cazadores. Os tienen miedo, espero que no sea infundado; espero sinceramente que no dejéis ninguno vivo.

No siguió hablando, pero se notaba que no estaba bien. Alguien que daba la impresión de ser tan gentil, tan educado, tan dado a conceder segundas oportunidades... era obvio que hacía falta algo muy grande para hacer que alguien así desease la muerte de toda una especie. Ninguno sabía cómo era el purgatorio, pero tenían la suficiente imaginación y experiencia como para que les recorriese un escalofrío con solo pensar en lo que le harían a un ángel tan indefenso como parecía Azirafel a primera vista en un lugar como el que estaban imaginando.

Después se dieron cuenta de que dicho ángel había sobrevivido años allí encerrado y se replantearon la parte de indefenso.

−Zira, has salido, se acabó. ¿Me oyes? Ya está. Solo tienes que descansar y podrás volver a rescatar incunables del mercadillo o lo que quiera que hagas cuando no estás siendo inefable y todo eso. – Crowley sacudió suavemente al ángel como intentando sacarle aquellas imágenes de la cabeza con una media sonrisa de ánimo.

Azirafel le devolvió la sonrisa, o al menos lo intentó.

−Un momento, si te hiciste príncipe del infierno para sacar aquí al ángel desharrapado del purgatorio. ¿Significa eso que ahora vas a dejar la silla grande en el infierno? – Se atrevió a preguntar Sam.

Crowley se limitó a levantar una ceja y estirarse el traje.

Sin previo aviso, Azirafel rodeó el torso del demonio con ambos brazos y lo sujetó como si lo necesitase para confirmar que, efectivamente, había salido del purgatorio. Crowley no estaba seguro de dónde poner las manos y miraba incómodo a Azirafel, que murmuraba un "gracias" muy leve.

−Ángel, estás cometiendo un homicidio contra mi reputación.

Azirafel no hizo amago de moverse de su posición pero volvió a murmurar.

−Yo nunca haría algo así, querido.

Al levantar la vista, los dos estaban solos en la tienda. Crowley sonrió y se permitió pasar un brazo por encima de los hombros de Azirafel.

−¿Puedo preguntar dónde los has mandado? ¿y por qué?

−No lo sé, a algún lugar seguro. Y porque estaban tardando mucho en marcharse.

Hubo un corto silencio.

−¿sabes? – Dijo Azirafel con voz cansada. – Puede que por fin entienda tu afición por dormir.

Crowley dejó las apariencias aparte y sostuvo a Azirafel con ambos brazos sin decir nada, enterró la cara en los rizos, sucios pero dorados bajo la capa de polvo y barro, mientras respiraba lentamente. Solo entonces se permitió pensar que era verdad, que había recuperado a su ángel, estaba ahí, seguía vivo, después de tanto tiempo.

Estaba tentado de llamarlo un milagro.


Para el que quiera, este es tan buen sitio para dejar la historia como cualquier otro, se podría decir que esto es el interludo y aquí empieza la segunda parte.

Claro, que si os fueseis os perderíais todo lo que está por venir.

(Cuidado, sploilers) Lestrade va a ser inesperadamente útil y todos van a estar a punto de tirar la toalla tras enterarse de las malas noticias. Va a haber que preparar un asalto. A Sebastian le van a gustar los hermanos, y sus métodos, pero no va a decirlo en voz alta. A John le van a hacer una oferta que no podrá rechazar. La organización de los Leviatanes es más compleja de lo que parece, necesitarán ayuda. Alguien tiene que morir, pero John no quiere que muera. Aparecerá el personaje que os ha faltado desde el principio junto con alguno más. Será dificil perdonar. Será muy dificil organizarse. ¿Será imposible que acabe bien?

Espero haberos dado razones para que os quedéis.

En cualquier caso, me encantaría ver algún comentario en mi bandeja de entrada ;) ¡Nos vemos!