10

Propuesta

- Pobre Stomer, casi se ahoga cuando Becky le dijo que sí.

- ¿Tan colgado está por ella?

- Desde séptimo. Iban juntos al cole.

- ¿Y por qué no ha dicho nada desde entonces? Podrían llevar saliendo siglos.

- Ya, es que Stomer es más cobarde de lo que nos quiere hacer creer. Paige dice que en el fondo es un buenazo.

- Jaja, no me cuadra…

- Es que siempre anda con JC, con Poe y con los tíos más brutos del insti y te crees que son todos iguales, pero no. Stomer es un cagado para esas cosas.

- Pues que no te oiga decirlo…

Rose y Rey echaron a reír ante las palabras de Finn. Juntos, iban caminando hacia el gimnasio aquel lunes, mientras hacían estiramientos antes de la clase de Educación Física.

La verdad es que el finde había estado bien. El viernes no habían salido, pero el sábado sí que habían ido al cine y a tomar unas bebidas al Mos Eisley, donde había habido concierto.

Las hermanas Tico habían visto, muy satisfechas, cómo Rey lucía algunas de adquisiciones de la tarde de compras del otro día, con las que Rey estuvo comodísima. Era un nuevo estilo: más arreglado, mejor combinado, con prendas actuales que se salían del rollo sport desaliñado de la muchacha. Rey había estado algo apurada por vestir de aquel modo, pero Kaydel también había aplaudido su estilismo y la chica había ganado confianza para disfrutar de la noche.

Algo avergonzada, Rey había leído sus mentes y detectó que ambas se sentían doblemente en deuda con ella, porque, entre lo del accidente de coche y lo del centro comercial, ya les había sacado de un apuro en dos ocasiones. Paige era quien sentía que tenía la mayor deuda con ella. Si a Rose le llegase a pasar algo, ella jamás se lo perdonaría…

Mientras Rey sonreía para sus adentros, pensando en la agradable sensación de haber recibido ayuda y ser animada, fue sorprendida por los gritos de sorpresa de sus amigos.

Eran los primeros en llegar al gimnasio y por tanto, no había nadie para avisarles del desastre que estaban presenciando.

La fachada principal del pabellón, que justamente daba al trozo de valla metálica frente al césped del estadio, estaba decorada con inmensos grafitis de consumada maestría. El conjunto era un enorme mural que representaba a los cuervos vestidos con alguna especie de uniformes militares en negro, mientras aparecían atacando y sometiendo a los "pringados" a punta de pistola láser, entre bolas de fuego, explosiones en vivos rojos y dorados y naves espaciales en el cielo que estallaban en pedazos. Se reconocían algunos rostros en los republicanos, como el de Poe, que colgaba boca abajo de una cuerda por la parte inferior de una nave negra de alas hexagonales y que lucía su equipación de fútbol. O el de Paige Tico, a la que un cuervo, vestido con una extraña armadura blanca y el logo rojo de la Academia, disparaba balones de baloncesto desde un enorme bazoka. En medio de todo, una alta figura de negro, con un casco que Rey y Finn reconocieron muy bien, dominaba la escena de destrucción, subida a una plataforma oscura. Portaba lo que parecía una espada de luz roja y con ella tenía sometida en el suelo, a una figura cuyo rostro no se veía, pero que tenía escrita sobre su camiseta blanca la palabra "Escoria". Sobre ellos, el logo en rojo sangre de la Academia adornaba la frase "La Supremacía de la Academia jamás será aplastada". En favor del/ la artista o artistas, se podía decir que el conjunto estaba soberbiamente ejecutado con todo lujo de detalles, gran parecido en los rostros y un vibrante uso del color, lleno de brillos típicos del acabado en aerógrafo.

Por las mentes de los tres pasó la misma frase:

- Se va a liar.


- ¿Alguien sabe dónde se ha metido Poe? La jefa de estudios lo está buscando…

Paige alzó la vista de las páginas de su magazine, dando un sonoro sorbo a su refresco. Tubbs y Finn, sentados junto a ella en las escaleras, negaron con un leve gesto.

- Ni idea – respondió la capitana de baloncesto – Está muy cabreado y para mí que se ha ido a los jardines del ala sur. A su rincón de pensar.

- Mierda, pues espero que se le ocurra algo bueno – convino Kaydel, poniéndose en jarras - ¿Alguien viene conmigo?

Paige asintió y ambas echaron a andar a paso ligero por el césped.

- Oye, Kaydel…

- Dime.

- No tiene nada que ver, pero… ¿qué te parece Newby?

- ¿Finn? ¿El de la clase de tu hermana?

- Sí, ése.

- Pues me parece buen tío. Uy… - y Kaydel se cogió del brazo de Paige - ¿Es que te gusta?

La joven asiática negó expresivamente.

- Noooo… qué va…

- Menos mal. Es que ya que me lo mencionas, me gusta para tu hermana.

Paige no pudo evitarlo: se paró en seco, sin poder ocultar su sonrisa de oreja a oreja.

- ¿En serio?

- Sí, se ha hecho muy amigo de Rose, están en la misma clase… - razonó Kaydel – Y para mí que a tu hermana le gusta un poquito. ¿No sabes tú nada?

- Uf, ni idea – y Paige resopló – Rose es muy cerrada para contar esas cosas, pero hay otras que las lleva escritas en la cara. Y el caso es que… - se aferró al brazo que Kaydel le había asido - … A mí también me da esa sensación.

- Ay, a mí me encantaría… Harían buena pareja, ¿no crees?

Paige sintió que le iban a reventar los músculos faciales de tanto sonreír.

- Ya lo creo… Lo que nos faltaría sería comprobar que Finn no está pillado y que le gusta Rose.

- Eso puede sacárselo Poe. Tengo Consejo Estudiantil mañana en el recreo. O podemos comentárselo ahora, si no está muy enfadado…

- Perfecto.

Ambas se miraron intensamente unos segundos. Llevaban siendo compañeras de clase y amigas casi cinco años.

- ¡Misión Cupido al rescate! – gritaron a la vez, y se echaron a reír mientras apretaban el paso.


- Menudo descaro, venirse a pintarrajearnos las paredes… ¡Sinvergüenzas! Deberían pagar ellos el destrozo… Y a los artistas, les cortaba las manos…

Rey farfullaba para sí mientras manipulaba las herramientas con cuidado. Por muy enfadada que estuviese, el instrumental del taller de la profesora D´Acy era sagrado. Ella se había ofrecido a ayudarla a recoger la clase durante varios días, lo cual había contribuido a mejorar su opinión de ella, desde que la viese en el pasillo hablando con P.O. a deshoras…

D´Acy había salido un instante y, mientras Rey guardaba los materiales en sus cajones correspondientes, vio cómo regresaba y se quedaba hablando con alguien en el marco de la puerta. No pudo ver quién era su interlocutor.

- Apuesto a que ha sido ese Hux el que lo ha organizado. Algún día me cruzaré con él y se va a enterar.

Cerró de un golpetazo el cajón sin dejar de refunfuñar.

- ¡Malditos cuervos! ¡Y maldito seas, Kylo Ren!

- Ejem.

Rey se giró como un rayo, dándose cuenta justo antes de girarse de que ya sabía a quién iba a ver tras ella.

Leia Organa sonreía junto a la mesa del profesor. ¿Cuándo había entrado en clase?

En ese momento, D´Acy se asomó a la puerta.

- Señorita Plutt, la dejo con la directora Organa, quiere hablar un momento con usted. Cuando terminen, cierre la puerta de la clase. Dele las llaves a la directora. Hasta luego – y se alejó por el pasillo.

Rey volvió a girarse hacia la directora. Hoy llevaba puesto un elegante vestido en azul cobalto sobre el que llevaba una sobrecamisa en el mismo tono, con mangas profusamente bordadas en un elegante arabesco. Lucía su elaborado moño de siempre.

- Hola, Rey. ¿Cómo te encuentras?

La joven no pudo evitar retrotraerse a la conversación que había mantenido con la directora días atrás.


- Gracias, directora Organa – musitó Rey cuando la mujer la ayudó a incorporarse, mientras hacía gestos a algunos transeúntes cercanos de que las dejaran tranquilas y que podían retirarse. Muchos de ellos daban un ligero rodeo para evitar pisar el estropicio de cristales destrozados en el suelo.

- ¿Seguro, Rey? – y sin dejar de cogerle el brazo con suavidad, Leia la guió hasta un banco cercano.

- Sí, claro… - musitó la joven con forzada despreocupación. Pero Rey no estaba bien. Como siempre que experimentaba un subidón de poder imprevisto y descontrolado, su corazón iba a mil.

Y lo más extraño: ¿qué era aquello que le acababa de decir la directora?

- ¿Por qué me dice que tenga cuidado? Yo no he hecho nada, me he resbalado sin querer.

Ambas se sentaron en el banco y Leia se acercó a ella, bajando el tono de voz después de mirar a todos lados.

- Sé que lo has hecho sin querer. Y lo del cristal también.

Rey experimentó un vuelco al corazón.

¿Qué demonios estaba pasando? ¿Qué sabía la directora?

- ¿Qué…? Pero… cómo… ¿Cómo…?

Leia la sujetó de los hombros con aquella firmeza y suavidad característicos.

- Tranquila, Rey, cálmate. Necesitas tranquilizarte. Lo primero, respira hondo. Respira, vamos.

Rey obedeció y cerró los ojos, sintiendo la mirada de la directora clavada en ella. Mucho mejor. Abrió los ojos de nuevo y Leia habló.

- Sé que necesitas respuestas. Pero lo primero que necesitas es ayudarte a ti misma.

El corazón de Rey martilleaba fuerte. ¿En serio le estaba hablando de… sus poderes?

Increíble… ¡Hasta entonces había pensado que Kylo y ella eran los únicos!

- Me habla usted de…

- … De lo que ya sabes. El cristal. Tu energía.

Por todas las galaxias…

¡No podía ser!

Rey tenía los ojos tan abiertos que Leia tuvo que tranquilizarla de nuevo.

Alrededor de ellas, el mundo seguía girando. Los coches circulaban, la gente caminaba, los semáforos cambiaban de color, el sol lucía con fuerza…

- Escúchame Rey. Yo no tengo esa energía, pero la siento. Tengo una pequeña parte de lo que tú tienes. Por eso no te he sentido hasta hoy. No sospechaba de ti.

- Y usted…

- No sé hacer nada de lo que tú parece ser que haces. Alguna vez he sentido cosas, pero hace ya mucho de eso…

Rey se bebía sus palabras como agua de mayo. ¡Cómo había necesitado algo como aquello! ¡Y ahora no podía creerse que le estuvieran hablando así, con tanta naturalidad! Parecía un sueño…

- Directora Organa, lo siento muchísimo – y Rey señaló con la cabeza a la destrozada cristalera de más allá – Le prometo que no controlo lo que hago, y…

- Sientes miedo. ¿Verdad?

La muchacha asintió mudamente.

- Una vez me dijeron que el miedo es el peor compañero de las personas con habilidades como las nuestras. Tenemos miedo a lo desconocido y ese miedo se acrecienta cuando el desconocido habita en nuestro interior. Necesitas conocer tus habilidades. Saber hasta dónde podrías llegar.

Rey experimentó un nuevo vuelco de tripas. Eran las mismas palabras que le había dicho Kylo Ren.

- Necesitas conocerte y controlarte. No quieres provocar desastres…

¡No, directora, claro que no! – Rey negó con vehemencia – Necesito ayuda, lo sé.

- Puedo hacer algo por ti – y con aquellas palabras, Rey sintió que las pulsaciones le bajaban al fin – Pero simplemente seré una intermediaria.

- ¿Intermediaria?

Leia miró de nuevo a su alrededor y suspiró.

- Ahora no podemos seguir hablando. Seguiremos en unos días. Descansa y no te esfuerces hoy.

La directora desapareció entre la multitud, mirando por encima de su hombro como si de pronto sintiera que la seguían. Se marchó dejando a Rey sentada en el banco, aún sorprendida pero con la chispa de la esperanza prendida en su pecho.


- Estoy mejor, gracias.

- Me alegro – la directora suspiró mientras jugueteaba con las llaves del taller en sus manos – Me supo muy mal tener que dejarte allí, sabiendo lo que acababas de pasar, pero tuve que irme por una urgencia.

- No se preocupe – Rey manoteó en el aire para quitarle importancia - Le hice caso y me fui a casa.

- No tendrías grandes planes, espero.

- Me esperaba una mañana en el desguace, recopilando materiales. Podía esperar.

Leia pareció evaluar su respuesta, mientras se apoyaba en la mesa de la profesora. Rey la imitó, colocándose a su lado.

- ¿En el desguace? ¿Es por algún trabajo?

- Sí, trabajo en el taller de mi tutor legal. Así saco un dinerillo extra y además, me gusta.

- Eso está bien. Veo que los buenos informes de D´Acy sobre ti están justificados – Leia sonrió mientras hablaba y a Rey también se le encendió la sonrisa.

- ¿Buenos informes?

- Está muy contenta contigo. Está orgullosa de tener a una alumna tan adelantada. Y francamente – Leia le puso la mano en el brazo - Entre tú y yo, es una alegría verles las caras a esos hombrecitos que tienes por compañeros cada vez que publican notas en el tablón y tú estás en los puestos más altos.

El pecho de Rey se hinchó de orgullo, mientras sonreía. No estaba acostumbrada a esas palabras. Y era cierto que, con el paso de las semanas, había demostrado ya a sus otros compañeros que allí había mucho machito que decía saber de motos, pero que no sabía el nombre de la mitad de componentes de un motor desmontado. Rey les aventajaba en destreza y conocimientos y ya había callado unas cuantas bocas con su comportamiento ejemplar. Además, sabía lo que se hacía al manejar ciertas herramientas, con lo cual D´Acy prácticamente le había dado el puesto de asistente en sus clases. Rey leía perfectamente la envidia y el orgullo masculino herido en los rostros de sus compañeros, pero poco a poco iban dando paso a la admiración, al interés por conocerla mejor y a otro sentimiento con el que la joven no estaba familiarizada.

¿Morbo? ¿Les daba morbo ver a una chica manejar maquinaria como lo hacía ella? ¿Y qué era eso de que era mona? Pero si llevaba las uñas hechas un asco, comía dos veces más que cualquiera de ellos, no se maquillaba e iba en zapatillas…

Prefirió no volver a ahondar en las mentes de sus compañeros nunca más. Eran iguales a las de todos los hombres del planeta Tierra. Y además, todo aquello le revolvía las tripas y la ponía muy nerviosa.

Argh.

- Gracias, directora.

- Bien – Leia se encogió de hombros e inspiró hondo – Necesitamos acabar la conversación el otro día.

- Ah, sí, eso…

- Intermediaria. ¿Recuerdas?

- Ahá.

- Seré tu intermediaria. Te daré las señas, pero desde ahí ya no podré ayudarte. El resto dependerá de ti y de tu buen hacer.

Rey se sintió algo agobiada.

- ¿Y por qué me dice eso?

- Porque en el lugar a donde voy a enviarte probablemente no te reciban correctamente.

Rey intentó ocultar su frustración. Maldita sea, para una vez que podría encontrar respuestas, un nuevo impedimento le cortaba el camino.

- No me importa. Me las apañaré. ¿A quién tengo que ver?

- A tu profesor de Física.

La joven, completamente descolocada, no pudo evitar soltar un "¿Ein?" de lo más maleducado, del cual se disculpó al instante.

- La señorita Tico me comentó el otro día que necesitabas ayuda con la Física, ¿no es así?

Rey, aún más descolocada, asintió entre titubeos.

- Ssssí, claro…

- Pues te voy a dar las señas de alguien – Leia cogió un trozo de papel y un bolígrafo de la mesa y garabateó unas líneas - El problema es que vive un poco lejos. ¿Tienes medio de transporte propio?

- Sí, una moto.

- Menos mal. Cuando me enteré de que se había mudado allí, me dieron ganas de pegarme un tiro… Y una recomendación: no le digas que vas de mi parte.

Mientras Rey arqueaba una ceja en señal de extrañeza, Leia le alcanzó el papel escrito con su estilizada y elegante letra.

- Es un poco peculiar. Mejor que no sepa que estamos relacionados. Pero si todo va bien, acabará descubriéndolo. No te asustes. Es algo exasperante, pero es el mejor profesor de Física que conozco.

Antes de detenerse a leerlo, Rey balbució:

- Directora Organa, le agradezco que me quiera ayudar con lo de la Física, pero pensaba que usted iba a darme ayuda con lo de… - involuntariamente bajó la voz - … ya sabe, mis poderes y eso…

Leia hizo un gesto cómplice y sonrió mientras respondía.

- No te preocupes – y señaló al papel escrito – Si todo sale bien, matarás dos pájaros de un tiro.

La vista de Rey bajó al papel y, cuando leyó el nombre que había allí escrito, los ojos se le salieron de las órbitas.


- Sí, esto servirá… ¡Hahahaha, soy un genio! Si es que yo iba para poeta, pero se me cruzó el fútbol por medio…

Poe sacó la lengua en plena concentración mientras retocaba sus últimas líneas. Estaba sentado en el césped, a la sombra de un gran árbol, con una carpeta apoyada sobre las rodillas, mientras escribía a bolígrafo con febril rapidez. A ratos, releía y sonreía. Aquello iba como la seda…

De pronto, unas menudas manos taparon sus ojos. Poe sonrió porque olían a vainilla y solamente conocía a alguien que oliera así.

- Kaydel, ¿qué queréis?

La muchacha retiró sus manos, pero Poe las sujetó en las suyas, mientras la joven hablaba por encima de su hombro y tomaba asiento junto a él y Paige.

- Venimos a comprobar que el contraataque no te ha sorbido los sesos – por fin, Kaydel se deshizo de las manos de Poe, que sonreía encantado de la compañía - Y a avisarte de que la jefa de estudios quiere hablar contigo.

A Poe se le cayó el boli del susto.

- ¿Holdo? ¿Que quiere verme? – Poe hizo todo lo humanamente posible para evitar que se le notase el sonrojo, pero no tuvo mucho éxito. Por fortuna, las chicas estaban demasiado concentradas en otros temas.

- Sí, pásate a cuarta hora por su despacho, es el recado que me ha dado – dijo Paige – Oye, ¿cómo va el asunto?

- Casi acabado – y Poe cogió los papeles que había estado escribiendo – Me falta pasar esto a limpio y mandárselo al club de Animadores, junto con algunas instrucciones. Iré a hablar personalmente con ellos mañana.

- Eh, recuerda que tenemos Consejo Estudiantil – medió Kaydel.

- Ya, ya…

- ¿A los animadores? – inquirió Paige - ¿Qué es lo que has tramado esta vez?

- El hecho de que hayan llevado la guerra a nuestro gimnasio me ha dado ideas… ¡La próxima batalla será en el mismo lugar!


- Hey.

Finn dio un respingo, con el corazón acelerado, pero se calmó automáticamente al ver a Rey sentarse a su lado en el banco de madera. Su gesto se distendió en una sonrisa. Rey era la chica con la que más a gusto se sentía en aquel nuevo lugar. Sus charlas sobre videojuegos no tenían fin y había demostrado ser muy simpática, comentando continuamente todo lo que pasaba en clase y de modo muy divertido.

- ¿Dónde te metías?

- Quería practicar unos tiros… - respondió él, señalando con la cabeza el carrito de balones de baloncesto que había a su lado.

Rey alzó la vista hasta las canastas y vio que junto a una de ellas había varios balones en el suelo. En cuestión de segundos, leyó la mente de Finn y se hizo cargo de su estrés y sus miedos.

Ella también tenía ahora una preocupación capital entre manos, como la oferta de ayuda de la directora Organa. El papel con la dirección le ardía en el bolsillo y un extraño miedo la instaba a tirarlo a la papelera más próxima y a olvidarse de todo el asunto.

Pero aquello tendría que esperar. La necesitaban en ese momento.

- Oye, esto no es un examen – dijo ella sentándose de piernas cruzadas sobre el banco junto a Finn – No deberías estresarte tanto. Lo harás bien. Te he visto jugar. Te escogerán seguro.

- Ya, pero soy "el nuevo" – Finn hizo señales de comillas con sus dedos – No me conocen mucho y los de aquí preferirán fichar a gente que conozcan de antes, porque saben cómo juegan, cómo se comportan…

- ¡Anda ya! Lo que todo el mundo quiere es tener a los mejores en su equipo – y Rey le dio una palmada en la espalda – Y si tú eres el mejor, te querrán con ellos, seas o no nuevo. Y otra cosa – le dio unos toquecitos en el entrecejo con el índice – Métete ya en la cabeza que tú eres un alumno del Republicano. Ya lo dijo Poe el primer día. ¿Vas a contradecir al presidente del Consejo Estudiantil?

Finn tuvo que sonreír y suspiró.

- Vaaale, si te pones en ese plan…

- No me pongo en ningún plan – y Rey cambió su pose a una sentada a horcajadas sobre el banco, sacando pecho con gesto pagado de sí misma – Estoy diciendo la verdad, ni más ni menos. Deja de practicar ya y vamos a por un refresco, anda.

Finn se echó una toalla sobre los hombros y Rey se ofreció a ayudarle a recoger las pelotas.

- Se me ocurre algo – dijo Rey, mientras le pasaba los balones y Finn los cogía al vuelo para meterlos en el carrito – Si te cogen para el equipo, me tienes que dejar jugar con tu personaje la próxima vez que vaya a tu casa. Nunca tengo oportunidad de coger a Shadow.

A Finn se le mudó el gesto.

- ¡Eso ni en broma! ¡Cualquier cosa menos eso!

- En ese caso, haz todo lo posible por evitar que te seleccionen – y Rey le lanzó un balón, que Finn cogió a duras penas.

- ¡Y una mierda! – rugió el joven.

- ¡Ja! Ése es el Finn que me gusta – exclamó Rey, lanzándole otro balón, esta vez dirigido a la cara y que él volvió a coger casi de milagro.

- Vale, pero cuida ese brazo. ¿Por qué no te has apuntado a ningún deporte? Creo que se te darían bien. En Educación Física eres rápida.

- Sí, pero me quitaría tiempo de las prácticas de taller. La profe D´Acy me tiene entre los mejores de la clase y me deja usar ciertas herramientas que al resto, ni olerlas.

Finn dejó escapar un silbidito de admiración.

- Mola. Me encantaría verte un día en faena, dejando KO al resto con tu inteligencia en motores.

El carrito de balones estaba lleno al fin y juntos se encaminaron al almacén para guardarlo.

- Pues ya sabes – medió Rey – Cuando quieras, haces novillos y te pasas por la clase 35-M.

- Uau, qué mala influencia. ¿Me vas a llevar por el lado oscuro?

- Eso nunca, majadero.


- De verdad, no sé por qué está tan nervioso. Va a hacerlo genial.

Kaydel se giró hacia Rose quien, sentada en las gradas y con la mirada fija en Finn, parecía más nerviosa que el propio jugador.

- Parece que vas a hacer tú las pruebas… - comentó Kaydel con sonrisa sarcástica, acodándose sobre sus rodillas y poniendo las manos sobre su mentón.

- Es por el examen de Literatura… Lo llevo fatal – se defendió Rose, mostrándole su cuaderno de apuntes.

- Ya. Y por eso te has venido a echar la tarde a ver las pruebas de baloncesto.

Rose se puso como la grana y ya a partir de ahí no dio pie con bola, balbuciendo y revolviendo sus papeles sin darse cuenta, mientras se le caían algunos por el camino. Algunos resbalaron hasta la cancha…

- Bueno – argumentó Kaydel para salir del paso - También es cierto que, con lo empollona que eres, seguro que te basta con repasar un poco durante las otras pruebas. Y ya prestas atención cuando le toque a Newby.

- Claro que sí – respondió Rose – Por eso me he traído los deberes.

- ¡Es una gran idea! – dijo alguien cerca de ellas - ¡Yo también me los he traído!

Las chicas alzaron la cabeza y vieron a Rey, que subía las gradas cargada con su mochila y una carpeta. Venía muy sonriente e iba agachándose entre las gradas para ir recogiendo los papeles que Rose había dejado caer.

- ¡Hola! – y le alargó los papeles a Rose mientras tomaba asiento junto a ellas y Kaydel la saludaba con otra sonrisa – Ten. ¿También vas a repasar Literatura? Yo me he hecho unos esquemas, pero sigo hecha un lío…

- ¿Cómo es que has venido? – inquirió Rose.

- Bueno, creo que Finn necesita algo de apoyo moral – respondió Rey, colocando su cuaderno sobre las piernas y abriéndolo – Aunque es bueno que también hayas venido tú. Cuanta más gente, mejor.

- Tienes razón… - medió Kaydel. Y en aquel instante, Rey no pudo evitar percibir los pensamientos de la joven rubia - ¿Seguro que viene aquí solamente por animar a Finn? A ver si va a resultar que Rose tiene una rival… ¡La Operación Cupido se iría a la porra!

Rey arqueó las cejas ante las novedades, se miró a sí misma y suspiró.

- No sabía que estaba dando esa impresión. Finn es un tío genial, pasamos muchas horas juntos y creo que a él le caigo bien. Pero pobre Rose, si se piensa que voy detrás de él… Tengo que hacer algo para evitar un malentendido. No quiero que piensen mal de mí. No, si al final voy a acabar metida hasta las cejas en esa operación "comosellame"…

Entonces, el susodicho se acercó a ellas, mientras botaba su pelota. Les hizo un gesto con el brazo y Rey puso las manos en bocina:

- ¡Eeeeeeh, Finn, holaaaaa! ¡Mucha suerteeee!

Rose y Kaydel, también se le unieron a gritos con los saludos y deseos de buena suerte. Finn amplió su sonrisa al verlas, les hizo otro gesto de saludo y se alejó.

- Mira qué contento se ha puesto Finn al verte – comentó Rey apuradísima, deseosa de arreglar un poco las cosas y mirando a Rose con toda la intención. Su amiga se puso como una cereza y negó suavemente.

- Venga ya. Lo que pasa es que mola mucho tener un auditorio.

Kaydel, satisfecha ante el gesto de Rey, medió:

- Sí, pero hay auditorios que gustan más que otros.

Kaydel y Rey miraron a Rose y vieron que la joven estaba de nuevo muy contenta, aunque había incredulidad en ella, tal y como leyó Rey.

- Seguro que lo hace genial – dijo la muchacha, casi más para sí misma.

Rey miró fijamente a la pista, donde Finn hacía estiramientos y se dijo para sí:

- De esta semana no pasa. Necesito saber qué piensa Finn de esto.

Suspiró y recolocó sus esquemas.

- Ay, Rey, con todo lo que tienes en la cabeza ahora mismo… ¿Quién te iba a decir que ibas a acabar metida en jaleos de amoríos y desamoríos?


Finn entró, por supuesto. Era un gran corredor y tenía una magnífica puntería, de modo que su puesto en el segundo equipo estaba asegurado. Había un primer equipo, formado por los más veteranos, pero estar en el segundo era ya una garantía de oro. Días más tarde lo celebraron con unas hamburguesas, mientras revisaban las fechas de los partidos y competiciones. Igualmente comprobaron, bastante nerviosos, que la temporada arrancaba precisamente con enfrentamientos contra los cuervos…

- ¡Menudo estreno! – exclamó Poe, pasándole a Finn el brazo por encima del hombro - ¡Será el mejor pistoletazo de salida a una espléndida carrera deportiva en el Republicano!

- No podían dejar pasar un diamante en bruto como tú – medió Paige, arrebatándole la lata de refresco a Stomer – Ahora no me extraña que dijeras que en tu anterior insti eras del primer equipo.

Finn estaba abrumadísimo por el éxito, pero muy contento.

- Gracias, chicos… Estas cosas siempre me dan mucho estrés.

- Bueno, pues adiós estrés – Rey le dio una de sus palmadas en la espalda – Ahora a prepararte para el próximo partido. ¡Hay que fundir a esos cuervos!

- Yeaaaah – exclamó Tubbs, alzando un puño – Todos los del equipo de fútbol estaremos allí animando.

Finn se atragantó con una patata frita.

- ¿Cómo dices?

- ¡Y bien que hacen! – saltó Poe, acodándose en la mesa con vehemencia – necesitaremos público para la que vamos a liar…

En medio del desconcierto general (pues Poe había mantenido su maniobra en secreto) Kaydel y Paige se miraron de reojo. Rey, por su parte, exploró un poquito la mente de Poe y, cuando supo lo que tenía preparado, se llevó la mano a la frente.

- Por todos los espacios siderales…


Resopló. Le estaba costando aquel arreglo y hoy le dolía la espalda un poco más que otras veces. Estaba sentada en el suelo del garaje privado de Carl, frente a una moto Yamaha TZR 50 medio desmontada. Aún se preguntaba cómo el dueño de semejante máquina se atrevía a dejarla en aquel taller roñoso… Pero luego el dueño le había dicho que quería que solamente Rey tocara su criatura. Le habían llegado buenas referencias de ella por un tal Chewie Bankart, así que se había plantado el día anterior con su moto, pidiendo que la señorita Plutt tuviese la exclusividad de arreglar su moto, como encargo personal. Aquello había supuesto un pequeño disgusto de Carl y bastante asombro por parte de los demás trabajadores del taller…

Rey había aceptado el encargo muy complacida y halagada, así que quería hacerlo lo mejor posible.

- Tal vez debería hacer un descanso y responder a Chewie.

El hombre le había escrito por la mañana, preguntándole por sus primeras semanas de curso y proponiéndole una visita. Ya toca, reconoció Rey mientras se limpiaba la grasa de las manos y tecleaba una respuesta.

- ¿Y qué le cuento? "Hey, ¿sabes qué? He empezado a mover cosas con la mente, le leo los pensamientos a los demás y el tío más imbécil del insti rival se conecta por Skype astral conmigo. El cual es también una mala bestia con poderes como los míos, sólo que él los usa para putear al personal por pasatiempo. Aparte de eso, el nuevo insti es guay."

Suspiró y se acodó sobre su rodilla, rascándose la cabeza y recolocándose las gomas de sus moños. Hoy llevaba solamente dos, uno encima de otro en la parte trasera de la cabeza.

- Desde luego, ese larguirucho me está dando que pensar. Y no digamos ya los datos que me dio P.O… no los olvido. Pensar que tuvo que ver con ese terrible incendio, y con la muerte del marido de la directora Organa, y que el profesor Skywalker le dio clase…

Alzó la cabeza, con la mente iluminada por una idea.

- ¡Ahora lo veo claro! ¡El profe Skywalker tuvo que ser quien…!

Le sorprendió un "bip" del móvil. Era justo un mensaje de Chewie.

- "¿Qué tal, pequeña descastada?" – Chewie podía tener problemas de audición y lenguaje, pero al escribir era bastante hábil – "No sé nada de ti desde hace siglos."

Rey sonrió mientras tecleaba en la pantalla.

- "Hola, Chewie. Lo siento, sé que te he descuidado. Prometo pasarme por el local en breve"

- "Más te vale. O te olvidas de volver a coger el Halcón."

Rey se sofocó y respondió a toda prisa.

- "¡Nooooo! ¡Es el único coche con el que puedo practicar antes de sacarme el carnet de conducir! Sabes que Carl no me deja el suyo. ¡Eres mi única esperanza!" – y le añadió unos emoticonos llorones.

- "Eres una convenida."

- "No seas así. Prometo echarle un vistazo a los amortiguadores esta vez."

- "Ni hablar. Estoy harto de que me digas que no merece la pena, que están bien."

- "No, esta vez lo digo en serio. La semana que viene me paso por allí."

- "Hecho. Avisa con tiempo y te preparo unos tés de los que te gustan. Y quiero una crónica completa de tus primeros días."

La chica, muy sonriente, soltó el móvil lejos del set de herramientas que tenía desplegadas en el suelo frente a sí y dio un trago a su botella de agua. La concentración le daba sed…

Por eso, el aguijonazo de poder, frío y acerado, la pilló por sorpresa de nuevo.

- Hola, pringada.

- Hola, cuervo.

Se giró y allí estaba, el espárrago de los infiernos. Vestía, como siempre, de negro de pies a cabeza, con unos pantalones metidos dentro de unas recias botas de hebillas. Por encima de su camiseta llevaba una especie de rebeca/casaca ligera, de corte asimétrico, cuyos broches y cierres colgaban junto a los pliegues de la prenda. Tenía las mangas remangadas, dejando ver los guantes con mitones que cubrían sus pálidas y alargadas manos. Su herida de la cara estaba prácticamente curada, pero la cicatriz no se iría probablemente nunca.

Instantáneamente, a Rey le vinieron a la mente las incógnitas que le habían despertado las revelaciones de P.O. ¿Sería cierto que el chico frente a ella había sido responsable de un incendio y de la muerte de una persona?

Qué tremenda carga para soportar a una edad tan temprana como los diecisiete años…

- Me encanta mi mote, ¿sabes? – dijo él con voz neutra y una leve sonrisa - Es de lo más original que he oído en mucho tiempo.

Rey, olvidando momentáneamente la gravedad de sus dilemas mentales y asqueada por su tono de voz, bufó contrariada. Estaba claro que tendría que armarse de paciencia.

- De nada – y se dio la vuelta, decidida a pasar de él hoy.

Pero el cuervo venía con ganas de dar la brasa.

- ¿Qué haces? – preguntó en tono conversacional, metiéndose las manos en los bolsillos. Rey notó cómo andaba hacia ella, pero intentó controlar sus fuerzas para no girarse y dirigirle una mirada de desprecio y desconfianza.

- ¿Te importa mucho? – Rey intentó concentrarse en las llaves y destornilladores, decidiendo qué hacía con las piezas que había sacado. El siguiente paso…

- Vamos, estoy intentando ser educado – se quejó Ren. Y ciertamente, su voz era bastante contenida. No lo veía tan tranquilo desde el primer encuentro, cuando estuvieron charlando sobre lo que veían en el móvil.

Las vibraciones de Kylo tampoco presagiaban nada siniestro. Eran oscuras y frías, sí, pero era una atmósfera sorprendentemente soportable. Ningún pico de ira, ningún tumulto… Estaba decididamente tranquilo.

¡Pero eso no sería suficiente para hacer que ella le respondiese de modo civilizado!

- No sé cómo puedes ser educado cuando tú orquestaste la obra de arte de nuestro gimnasio – refunfuñó Rey, sin alzar la vista de las herramientas.

- Ah, no, yo no fui el responsable. Solamente di instrucciones y Hux fue el ejecutor. Creo que no te lo he presentado…

- Ni falta que hace – replicó ella, ceñuda, intentando con todas sus fuerzas no alzar la cabeza. Veía de reojo los ropajes negros de Kylo a su derecha.

- ¿Y bien? ¿Os habéis hecho muchas fotos con nuestra aportación decorativa? No me negarás que ahora luce mucho mejor… La pared estaba sosísima.

- Pues ya lo hemos borrado.

- ¿Ah, sí? No me digas. Os habrá costado un pastón. Imagino que habréis gastado el dinero de la indemnización que ha pagado el director Snoke a vuestro insti…

Rey concentró su poder para no mirarlo. Le había llegado algo sobre eso… Una denuncia por vandalismo, que no había prosperado más allá del pago de indemnización correspondiente por parte de la Academia.

- Pues hemos ahorrado el dinero. ¿Y sabes por qué? – ya no pudo evitarlo y le miró con fuego en los ojos – Porque muchos alumnos hemos colaborado voluntariamente para limpiarlo en recreos o por las tardes. Hemos hecho turnos para dejarlo como nuevo. A nosotros nos importa nuestro insti.

- Oh, qué entrañable – y Kylo se arrodilló, poniéndose de cuclillas junto a ella, acodándose sobre su rodilla y poniendo la mano bajo su mentón – La familia que limpia unida, se mantiene unida…

Rey no soportó el frío de sus ojos. Tan fijos y oscuros…

Y sin embargo, ahora que lo tenía tan cerca, detectó algo. Una especie de tumulto en su interior. No supo qué era exactamente, pero bajo aquella atmósfera de seguridad y desprecio, había algo agitándose dentro de él.

Como si aquella oscuridad fuese impostada, forzada, doblegada por una voluntad de hierro.

Había algo más detrás de aquel océano de sombras.

Y de repente pensó en la imagen de un león enfurecido, contenido en una jaula de metal demasiado pequeña.

- Al menos nosotros nos portamos como un equipo, no como una unidad militar – siseó Rey - Lo vuestro da repelús.

Kylo pareció algo reflexivo.

- Ya, pero al menos se mantiene la disciplina.

- Hummmmpppf.

Rey intentó volver a lo suyo. Destornilladores, tuercas…

- ¿Qué haces?

- Trabajar, a diferencia de niños de papá como tú.

- No tienes ni idea de lo que hablas. Así que yo me daría un punto en la boca(*)

Ella no contestó y por fin pudo seleccionar la herramienta adecuada: un destornillador de estrella.

- ¡Hey! ¿Qué ha sido eso?

Rey se giró como un rayo, detectando el asombro en la voz de Ren y vio que el joven no apartaba la mirada del destornillador en su mano. Rey lo contempló, extrañada.

- ¿Y ahora qué pasa?

- Antes no había ningún destornillador y de repente lo he visto en tu mano.

Ambos se quedaron observando la herramienta en silencio durante unos segundos como dos idiotas.

- ¿Cómo lo has hecho?

- ¿Hacer el qué?

- Hacer que aparezca de repente. Te recuerdo que no puedo ver absolutamente nada de tus alrededores. Para mí, ahora mismo estás en medio de mi sala de estar.

- Y tú en medio de mi taller.

- Vale, hagamos algo.

- ¿Qué? – e instintivamente, Rey se apartó un poco.

- Suelta el destornillador un instante.

Ella era toda desconfianza.

- ¿Por qué tengo que hacerlo?

- Vamos, anda, hazlo – pidió Kylo, genuinamente interesado – Hazme caso. Quiero comprobar algo.

Rey farfulló una maldición y Kylo alzó sus manos.

- Prometo no hacer ningún truco.

Ella lo fulminó con la mirada.

- Por favor.

La muchacha abrió los ojos como platos. Ostras, esto sí que era una novedad. El cuervo estaba siendo educado…

Sin apartar la vista de él, Rey depositó el destornillador en el suelo. Automáticamente, él musitó:

- Fascinante.

- ¿Qué?

- Ya no veo el destornillador, porque tu mano ya no hace contacto con él. Sí, debe de ser eso – murmuró Kylo con tono pensativo – Vale, coge otra herramienta.

- ¿Me piensas dar muchas instrucciones? Tengo curro, ¿sabes?

- Vamos, no me irás a negar que no estás deseando experimentar. ¿O soy aquí el único que se pregunta por esta mierda que nos pasa?

Ella lo observó sintiéndose identificada y su gesto se relajó.

- Vale, pero sin trampas. Estoy preparada para cualquier truquito.

Kylo negó lentamente con la cabeza.

- Sabes que no puedo hacerte daño aquí. Ni tengo el menor interés en este momento.

La joven arqueó las cejas, repentinamente segura de sus intenciones. Las vibraciones de Kylo estaban sumamente tranquilas. El joven parecía decididamente concentrado y sereno. Y el hecho de que ella confiase en él vino con la rapidez de un rayo.

¿Por qué? ¿Por qué de pronto pasaba eso? Eran rivales, eran archienemigos, él era algo así como su némesis…

- A la mierda todo. Necesito respuestas.

Sin cuestionarse nada más, cogió un puñado de tuercas rápidamente. Se las mostró y algunas cayeron al suelo con un suave tintineo.

- Tuercas. ¡Las veo! – y Rey vio por primera vez en el rostro de Kylo algo parecido a la ilusión de un niño por un juguete nuevo – Increíble… Las que se te han caído las he perdido de vista…

Rey se sintió algo cohibida, pues Kylo la miraba como a un sujeto de experimentos, presa de la admiración. Leyó sus vibraciones y se sorprendió al detectar un pico de poder, pero esta vez no había nada de oscuridad, sino claridad.

¡Luz!

¡Había algo de luz!

¡Luz en Kylo Ren!

¡Impensable!

Era como una bruma difusa, oculta entre nubarrones de tormenta, pero estaba ahí.

Cálida, como una pequeña burbuja de ¿esperanza? ¿Alegría?

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso aquellos descubrimientos lo hacían feliz como a un niño en la mañana de Navidad?

Y tan rápidamente como había llegado, se esfumó.

Un espejismo.

Kylo Ren era solamente un científico observando un raro espécimen al que analizar.

De pronto, el joven se incorporó y alargó la mano hacia el vacío. En su dimensión debía de haber algún mueble, porque al instante vio aparecer un libro en su mano.

- ¿Lo ves? – y se lo mostró.

- Física 3. Editorial Nilson - leyó la joven - Es violeta y blanco, muy grueso.

- Fantástico – Ren abrió la mano y al punto, el libro desapareció - ¿Y ahora?

- ¿Lo has dejado caer al suelo?

- En efecto. ¿No has oído el golpe?

- No – y la joven negó con la cabeza, genuinamente interesada. Y al punto, ella también estiró la mano hacia la moto con la que trabajaba, posando su mano sobre el sillín.

Kylo enarcó mucho las cejas y a Rey le sorprendió descubrir en ese instante una extraña intensidad en ellos. No había ira, ni maldad. Tan sólo…

Una fuerza inconmensurable.

Una fijeza que casi asustaba.

- Impresionante… - murmuró Kylo - Funciona con objetos grandes también…

- Sí… - Rey parecía igual de absorta que él.

No podía evitarlo, ella también había caído presa en aquel juego de fascinación mutua. Probablemente era la primera vez en la historia de la humanidad en que dos personas lograban algo así…

- Prueba con algún objeto mayor – pidió, con voz medio ausente.

Rey no lo supo, pero en ese momento, Kylo Ren obedeció a un mortal más rápido que nunca en toda su vida. Corrió hacia el otro extremo de la sala (atravesando un banco de trabajo en su camino como si fuera un fantasma de las películas) y estiró la mano hasta que Rey vio un enorme sofá de tres plazas en gris marengo.

- Uau… - soltaron ambos a la vez, hasta que se dieron cuenta y carraspearon, algo incómodos.

- Bueno, ¿y ahora qué? ¿Qué sacamos de esto? – inquirió Rey. Aún seguía sentada en el suelo, mientras Kylo volvía a su lado.

- No lo sé. Al menos nos ha servido para comprobar que solamente depende de nuestra energía y que, realmente, no vemos más que lo que tocamos.

Entonces, su vista se desplazó hasta la mano de Rey, que volvía a estar sobre su regazo.

- Toca la moto de nuevo. Quiero comprobar algo.

Rey hizo caso y Kylo reprimió una exclamación de asombro.

- ¿Es eso una Yamaha TZR?

Ella intentó no hacerse la sorprendida.

- Sí. TZR 50. No me digas que tú también sabes de motos – y volvió a su trabajo.

- Ya has visto mi BMW. Algo de idea tengo. Vuelve a tocarla – y se arrodilló a su lado, mientras Rey volvía a colocar su mano sobre una rueda – Así que también trabajas con motos de alta gama… Pensaba que el tuyo era un taller mierder…

- No es mi taller. Pero sí que es un sitio mierder – y Rey cabeceó enérgicamente.

Kylo la miró estupefacto.

- ¿Estás de acuerdo conmigo en algo?

Rey, intentando obviar la última frase, revisó una llave inglesa y la introdujo en los engranajes de la moto, para ajustar un par de tornillos.

- Pues sí. Es un taller mierder, pero no es mi culpa. Mi patrón es un impresentable.

- ¿Y la gente te trae estas bellezas a este mierdi-taller? ¿Se fían de vosotros?

- Se fían de mí.

Kylo volvió a arquear las cejas, en un elocuente gesto que decía "bueno, si tú lo dices, será". Después, volvió a examinar la moto, mientras Rey, con sus manos expertas, manipulaba tuercas y cadenas.

- ¿Y qué le pasa a esta preciosidad?

Rey fue explicando, completamente absorta en su discurso, mientras trabajaba rápidamente. Francamente, las cosas estaban mejor si ella no se concentraba demasiado en su presencia. Mientras ignorase a Kylo para hablar con él lo estrictamente necesario, ella podría enfocarse en su trabajo sin tener problemas con sus barreras de poder.

- Le daba problemas en plena conducción. Sin cambiar de marcha ni nada, al cliente le saltaba una especie de punto muerto. Y la moto se revolucionaba, se ponía a mil.

- Seguramente fuese por el selector del cambio… – como Rey no dejaba de manipular la moto, Kylo seguía observando la máquina atentamente - O tal vez por el fiador de la estrella…

- No, la he abierto y resulta que las horquillas del cambio estaban desgastadas. No llega a desplazar lo suficiente los piñones…

- … Y por eso le acaban saltando las marchas – finalizó Kylo, contemplando sus manos trabajar con destreza.

De pronto se hizo el silencio entre ambos y se miraron de hito en hito. El silencio era una losa que cayó en medio de ambos, pero en ese instante los arrasó la intensidad de sus poderes.

Bueno, la no-intensidad.

Porque por primera vez, habían dejado de notar fiereza en sus barreras protectoras frente al otro.

¿Qué narices estaba pasando ahí?

¿Por qué las vibraciones de Kylo eran ahora calmadas y no tan frías? ¿Por qué parecía que se amoldaban a las suyas?

No había otra palabra para designar aquello. No había nada en sus vibraciones que chocara. Eran dos atmósferas que coexistían, formadas por partículas de luz y oscuridad que, extrañamente, habían dejado de colisionar hacía unos instantes. Toda violencia había desaparecido.

Incluso Kylo acusó aquel cambio de energía e involuntariamente, se alejó un poco de Rey, sin dejar de traspasarla con la mirada, pero sorprendido por la inusitada calma que los había invadido.

Fue Rey quien rompió aquel instante, alzando las manos al cielo.

- ¡Argh! ¡No me lo puedo creer! ¡Estoy confraternizando con el príncipe de los cuervos frente a una moto desmontada!

Kylo la miró con el fastidio pintado en el rostro.

- ¿Y tienes algún problema con esto?

Rey lo fulminó con la mirada. Tuvo que alzar bastante la cabeza… Incluso arrodillado a su lado, era muy alto…

- ¿Es que se supone que no debería tener problema? ¿Se supone que esto es normal?

Kylo se cruzó de brazos.

- Me refería a que estábamos teniendo una conversación civilizada por una vez en la vida. ¿No te has dado cuenta de que tus vibraciones y las mías, por una vez, no han chocado?

Ella lo miró frunciendo el ceño. Era cierto, las vibraciones de Ren estaban más tranquilas que nunca. Y las suyas, también.

Algo dentro de ella relampagueó inquieto. No le gustó. Era cálido y burbujeante y frío y punzante a la vez.

- Puede ser – y la chica se levantó del suelo, echando a andar por el taller - ¿Pero dónde nos deja esto? ¿Va a ser siempre así o el próximo día intentarás, no sé… reventarme las ruedas de la moto o colgar mis zapatillas de los cables de la torre de radio más cercana?

Kylo no pudo evitar una sonrisa mientras se levantaba también y a Rey se le revolvieron las tripas.

- ¿Qué? ¿Es que no tengo razón? ¿Es que a ti no te importa que esto siga, o que vaya a más? ¿De verdad que no hay ningún modo de parar estos "Skype astrales" o como se llamen?

Kylo interrumpió bruscamente su paseo alrededor de la sala para mirarla de hito en hito, mientras Rey seguía parloteando.

- Porque, desde luego, son de lo más incómodo que te puedes echar a la cara…

- ¿Qué es lo que has dicho?

Rey cesó en su verborrea y lo miró de nuevo.

- ¿Cómo?

Kylo, con las manos en los bolsillos, avanzó hacia ella y se inclinó levemente en su dirección, mirándola con extrañeza.

- ¿Cómo narices has llamado a esto?

Rey alzó mucho la cabeza para poder mirarle a los ojos, un tanto turbada. Ella no era bajita, en absoluto. Prácticamente llegaba al uno setenta, pero él era… Altísimo.

Un espárrago.

Vestido de negro.

Un espárrago de los infiernos.

Y además, se notaba a la legua que hacía bastante deporte. La anchura de su torso y espaldas contribuían al aspecto intimidante de su figura.

- "Skype astrales" – replicó la chica rápidamente - ¿Algún problema?

Y entonces ocurrió.

Kylo Ren, presidente de la Academia de la Primera Orden, resplandecía.

En su rostro no se operó cambio alguno, pero Rey sintió algo cálido dentro de él, unas vibraciones que le eran desconocidas.

Lo miró estupefacta.

- ¿Y ahora qué pasa?

- Nada, nada – musitó Kylo - Sólo que "Eres Rara de Narices 4.0.".

Y se desvaneció, dejando a Rey muy pensativa.


En su habitación, Kylo permaneció mirando al vacío unos segundos, mientras murmuraba:

- Skype astral…

Y, arqueando las cejas, dejó que una media sonrisa aflorase a su cara.

Por supuesto que Kylo Ren sabía sonreír.

Pero sonrisas de aquel calibre no aparecían desde hacía mucho tiempo.

Por eso, en ese instante, en cuanto notó sus músculos faciales distenderse, sintió un miedo atroz y el rostro le mudó a un rictus de horror.


Las pruebas deportivas habían comenzado hacía ya unos días y los del Republicano se volcaban en animar a sus respectivos equipos. Pero el baloncesto despertaba especial emoción siempre… Sobre todo, si se enfrentaban contra los cuervos.

- Mierda, esto está lleno… Mierda, esto está lleno… Mierda, esto está lleno… - masculló Finn entre dientes, sudando frío, mientras clavaba sin querer las uñas en el balón de baloncesto entre sus manos. Miró en derredor y de pronto se sintió agobiadísimo por toda la gente congregada allí.

- Vamos, cálmate, ya sabes lo que es pasar por aquí, señor alero – le regañó Poe, apareciendo detrás de él y arrebatándole el balón – Lo harás de maravilla. Has entrenado con el equipo. ¡Y haremos miles de fotos para el anuario!

Ah, sí, el anuario. Otra de las mil movidas en las que estaba metido Poe.

- Tío, esto es diferente… Los cuervos van a ir a por mí.

- Más razón para que los fundas – siseó Poe a dos centímetros de él, pasándole un brazo por encima del hombro – Cómetelos. Todos en el equipo se la tienen jurada. ¡Vamos tío!

Poe se despidió de él con un puñetazo en el brazo y se alejó corriendo a la parte donde el equipo de animadores calentaba ya. Finn vio cómo charlaba con ellos y después volvía a las gradas, a una zona ocupada por todo el equipo de fútbol al completo. Muchos llevaban sudaderas blancas y naranjas con el escudo del insti y llevaban la cara pintada con los colores del emblema. Algunos agitaban pancartas, como la que tan primorosamente le había preparado Rose. Decía "¡Adelante Finn, el más valiente!", pintada con esmero y a Finn le entró un hormigueo en las tripas.

Rose tenía mucha fé en él e iba diciendo por todos lados que había apostado a que marcaría no menos de 20 puntos para su equipo. La muchacha estaba más sonriente que nunca y a Finn le entraron de pronto muchas ganas de hacer algo grande, como salir volando hacia la canasta y meter treinta puntos o algo así…

Rey también estaba por allí, contemplando todo con la intensidad de alguien que no está acostumbrado a esos eventos. Aquella mañana parecía algo más tensa…

Probablemente fuese por el hecho de que los cuervos estaban en las gradas de enfrente. Ambos institutos habían tomado el acuerdo tácito de no mezclar jamás a sus aficiones, bajo pena de castigo durante un mínimo de una semana. Siempre había incidentes, piques y malentendidos y se había decidido mantener las distancias. Así, la otra grada estaba ocupada por una nube negra que se revolvía en medio de gritos soeces, burlas, agitación de pancartas con bromas pesadas y cánticos desmoralizantes. Muchos cuervos llevaban la cazadora negra que le habían proporcionado a Finn el primer día, junto con la camiseta de la calavera blanca. A Finn se le revolvieron las tripas de pensar en lo que había sido ser uno de ellos… Estaba incluso el mismísimo Kylo Ren, sentado en la parte superior de las gradas, en el centro. Estaba cruzado de brazos y observaba todo con una mueca de absoluto desinterés, como si hubiese venido obligado a allí. Estaba escoltado por Phasma, quien, mascando su chicle, había fijado su mirada azul hielo en él y le lanzaba rayos por los ojos sin parar. La había visto vocalizar la frase "Vas a enterarte, traidor" leyéndole los labios y no pudo evitar un nudo de inquietud en las tripas. Había algo en Anya Phasma que intimidaba, se pusiera uno como se pusiera.

Intentando ignorar el estruendo, logró concentrarse y ver a la jefa de estudios Holdo, al profesor Ackbar e incluso a los conserjes P.O y Arthur, todos animándole y haciendo señas con los pulgares arriba. Starck, Tubbs y los del equipo de fútbol, todos luciendo sus cazadoras naranjas y blancas, aullaban consignas a coro.

Todos estaban allí para apoyarle a él y a su equipo. Él era un miembro del Republicano. Su sitio era aquél y lo iba a defender con uñas y dientes.

Por megafonía, desde donde retransmitían algunas canciones de moda para caldear el ambiente, anunciaron que los equipos de animadores iban a hacer sus actuaciones antes del inicio de partido. Pero antes, había que dar paso al maestro de ceremonias…

Hux apareció en la cabina de megafonía, micro en mano, vestido con su camisa negra mejor planchada y el pelo más engominado que nunca. Parecía que le habían recortado las patillas con escuadra y cartabón, de tan rectas las llevaba. Se daba muchos aires de importancia y escogió el tono de voz más pomposo de la historia.

- Buenas tardes. Agradecemos la amable invitación de la directiva del instituto Republicano a sus humildes instalaciones (hubo un abucheo generalizado y silbidos) para celebrar este primer partido de temporada de baloncesto del presente curso escolar.

- ¡Come mierda, Huax! – se oyó gritar desde las gradas.

- ¿Dónde has estado de veraneo, Hugs? ¿En Laponia?

Holdo ya alzaba la cabeza para lograr localizar las voces anónimas.

- ¡Vienes con moreno acelga!

- ¡Que alguien le compre una camisa nueva!

Se oyeron violentos "sssshhhhh" desde varios puntos y por megafonía, sin muchas ganas, los comentaristas llamaron al orden. Hux, conteniéndose y manteniendo la dignidad, inspiró hondo y prosiguió:

- Hoy, como manda la tradición, inauguramos la temporada con el consabido enfrentamiento entre nuestro magnífico equipo de valientes alumnos de la Academia, fantásticamente entrenados para la victoria y la gloria eterna…

Hubo una salva de aplausos y los jugadores del republicano, vestidos de negro y rojo, alzaban los brazos, saludando a la concurrencia.

- … Y los del Republicano – concluyó con tono monocorde.

Los jugadores del republicano saludaron brevemente y le dirigieron cortes de manga a la torre de Hux. Holdo se llevó la mano a la frente, abochornada. Ackbar hizo ademán de levantarse, pero Holdo lo contuvo, cogiéndole el brazo.

- Os deseamos la mejor de las suertes en este enfrentamiento, aunque probablemente los del republicano la necesiten un poco más…

Nuevos abucheos y gritos.

- … Y esperemos que gane el mejor, el más preparado, el más aventajado…

A ese punto, toda la grada de la Academia se puso en pie, rugiendo como una sola masa animal, alzando los brazos y pancartas. Ni las protestas del Republicano pudieron silenciarlos en un rato.

- Solamente el mejor podrá seguir compitiendo por ganar el primer puesto en el campeonato local y así llegar a los estatales…

- ¡Anda Huags, déjate de cháchara y haz algo de deporte, o te oxidarás y te pondrás del color de tu pelo!

- ¡Soso! ¡Vete ya a tu sitio!

- ¡Cansino! ¡Aburres hasta a las piedras!

- ¡Fueraaa!

Y entonces se oyó un sonido singular…

Los bips de una llamada de teléfono en espera.

Hicieron eco por toda la sala, mientras los seguía una voz conocida por todos…

- ¿Huags? ¿Es usted el señor Huags?

Armitage, congestionado por la ira y con las aletas de la nariz hinchadas, gritó:

- ¿Qué? ¿Y ahora quién es? ¡Están interrumpiendo el discurso! ¿Cómo lo están haciendo?

Las risas se esparcieron por el gimnasio.

- ¿Hablo con el vicepresidente Huags?

Muchos alumnos del Republicano buscaron al dueño de la voz por las gradas pero fue en vano…

- ¡No soy Huags! ¡Soy Hux! ¡Y si esto es una estúpida broma del Republicano, haré que la directiva de vuestro centro tome las medidas pertinentes para que os expulsen y…!

- ¿No hablo con el vicepresidente Huags?

- ¡Qué incorrección, venir con estas triquiñuelas en un evento oficial! ¡Haced que se calle!

- ¿Entonces no estoy hablando con Huags?

- ¡Cállate! ¡Claro que soy yo!

Las carcajadas se hicieron más sonoras, mientras los de la Academia ya se levantaban a la cabina de megafonía a meter gresca. Pero allí estaban solamente Hux y los responsables de la retransmisión de radio, que se encogían de hombros, genuinamente desconocedores de dónde venía la otra voz…

- No se oye… ¿Es el vicepresidente Huags?

- ¡Te repito que te calles ya! ¡Y si eres quien me parece que eres, te reto a salir aquí y dar la cara como un hombre! ¡Menudo escándalo! ¡Y encima te lo permiten!

- Vale, me quedo en espera.

Más risas. Algunos alumnos del Republicano lloraban sin evitarlo. Hasta Rey se tuvo que secar las lágrimas. Por si acaso, escaneó la mente de Ren y no pudo detectar nada más que una furia contenida. El resto era opaco.

- ¡Eres un insolente y te vas a enterar de lo que vale un…!

- Aaaaaah, vaya, ya parece que me cogen la llamada…

Hux estaba rojo de ira ya.

- ¡Dameron, te van a coger y vas a enterarte de lo que es…!

- Mira Huags, es que tengo un recado urgente…

Se hizo el silencio. Hasta Hux se calló.

- Es un recado para tu madre…

Una nueva oleada de gritos de los de la Academia intentó acallar la nube de abucheos, pero esta vez fue la voz de Amilyn Holdo quien los silenció. Nadie se había dado cuenta, pero la jefa de estudios hablaba desde megafonía, donde se había colado inadvertidamente.

- Lamentamos este desagradable incidente, que será debidamente castigado. Señor Hux, gracias por sus amables y consideradas palabras. Demos paso a las actuaciones de los animadores. Posteriormente, daremos comienzo al partido.

La megafonía quedó en silencio al fin, sin más voces extrañas que viniesen a interrumpir, pero muchos del Republicano quedaron cuchicheando acerca de la jugada.

Por protocolo, le cedieron la primera actuación al equipo invitado. Los animadores de la Academia, también vestidos de negro con complementos en blanco y rojo, hicieron una fantástica coreografía con música techno y toques dubstep y trap, con movimientos sincronizados como los de un reloj y acrobacias que quitaban el hipo. Todos aplaudieron, hasta algunos del republicano, que no tenían fuerzas ni para abuchear…

Llegó el momento de los Republicanos y esta vez habían escogido un remix de música actual latina. Los pasos eran ciertamente geniales, ejecutados con gracia y precisión por los chicos y chicas del equipo. Pero muy pronto todo el mundo empezó a prestarle más atención a las letras que a los movimientos, bajo los acordes de un conocidísimo tema de música que había causado furor el verano anterior.

Des-pa-cito,

estos cuervos corren súper despacito

no marcan ni un punto y no tienen tino

y lo que no saben es que están hundidos

Un rugido de descontento se esparció por las gradas de los cuervos, que empezaron a gritar y a quejarse a voces, mientras los del Republicano, encantados, aplaudían las letras modificadas al ritmo de los bailarines del equipo. Y se oía de nuevo a la voz que había hecho la llamada, superpuesta por encima de las de los vocalistas originales.

Todo el mundo miraba de un lado a otro, pero en megafonía ya no había nadie salvo Holdo y Kylo Ren, que había sacado a Hux casi a tirones de allí y que observaba todo el instrumental como un poseso, buscando el modo de apagar aquella transmisión pirata.

Des-pa-cito,

Quieren acabar el juego despacito

Y que no se note que ya están rendidos

Por querer ganarnos yendo a pasitos

Des-pa-cito

La canción avanzaba y las letras eran cada vez peores, dirigidas a veces a jugadores específicos de la Academia. Su enfado crecía y no podían hacer nada desde su grada, como por ejemplo atravesar la cancha y emprenderla a golpes con los animadores del Republicano… Algunos profesores de la Academia habían bajado a los pies de las gradas e intentaban calmar a alumnado…

Aunque muchos de ellos, como el neurótico profesor Palpatine Jr., no podían evitar miradas de odio eterno a los de la grada de enfrente…

Pasito a pasito, suave suavecito

Os vamos ganando poquito a poquito

Y cuando os marcamos con esa destreza

Ven que lo aceptáis con gran delicadeza

Dentro de la cabina de megafonía, Holdo y Ren discutían e intentaban hablar por el micrófono, pero misteriosamente, la cabina de megafonía estaba completamente inactiva… De pronto, se vio cómo Ren decía algo a Holdo que motivó que la profesora saliera de la cabina a paso decidido, camino a la puerta de salida. Ren salió instantes después, con una sonrisa satisfecha en la cara, y volvió a su sitio, mientras ignoraba a sus compañeros de insti, que lo cosieron a preguntas en cuanto se sentó en las gradas. La música proseguía y los bailarines del Republicano estaban dando el espectáculo del siglo, dejándose oír muy por encima del estruendo de la Academia.

Pasito a pasito, suave suavecito

Os vamos ganando, poquito a poquito

Que vuestro cerebro es un rompecabezas

Y para montarlo aún os faltan piezas

De pronto se oyó por los altavoces unos desagradables clics y ruidos como de estática y se hizo el silencio. El gimnasio entero permaneció a la espera unos instantes, hasta que por la puerta lateral del recinto apareció la cabeza de Holdo, que hizo una seña al profesor Ackbar (que había quedado de guardia). El anciano profesor de ojos saltones hizo un gesto al árbitro con un grito:

- ¡Que empiece el partido!

Entre gritos de alivio y aplausos, por fin terminó el incidente y los jugadores se prepararon mientras los animadores despejaban la cancha.

Tan sólo una persona estaba furiosa entre la multitud, mientras miraba a la puerta de cristales por la que había desaparecido Holdo. Nadie más se había molestado en mirar allí, salvo Rey…

Nadie más se había dado cuenta de que otra cabecita asomaba por el cristal, tras el enfadado semblante de Amilyn Holdo, de cabello oscuro y revuelto y atractivo rostro sumido en la frustración y el fastidio…

- Pobre Poe… - Rey suspiró – Apuesto a que le esperan unos cuantos días de expulsión. Espero que no lo echen del Consejo…

- Se merece que lo echen – la voz de Kylo irrumpió en su mente con la misma facilidad con que un cuchillo corta mantequilla, de tan desprevenida la cogió – Deberías aprender a estar alerta, pringada. Sólo así puedes coger al enemigo por sorpresa y chafarle la maniobra. No estaba muy lejos. Ha sido fácil detectar sus pensamientos, localizar su ubicación y darle el chivatazo a tu profesora.

Rey alzó la vista y vio a Kylo, cruzado de brazos y serio como un ajo, fulminándola con la mirada desde el otro lado de la cancha.

- Cuervos 3, pringados 2.


A la directora Organa, que había estado ausente del partido la tarde anterior, se le amargó la victoria obtenida por los Republicanos cuando Amilyn Holdo entró en su despacho, casi trayendo a rastras a un muy sonrojado Poe. El muchacho casi agradeció más tener que vérselas con el fuerte carácter de Leia Organa y cualquier castigo que ella pudiera tenerle preparado, que seguir aguantando por mucho rato más la visión de su amor plutónico en su despacho, aunque le acabase de echar el rapapolvos más grande de la historia.

- ¡Dameron! ¿Qué vamos a hacer con usted? – exclamó Leia en cuanto Holdo acabó de relatarle los hechos y mostrarle el parte de incidencias graves que se le acababa de firmar.

Poe suspiró.


Por más rato que permaneciese mirando al letrero de la entrada, las ideas no se le iban a aclarar más. De hecho, estaba aún más confusa que antes. ¿A santo de qué venía la idea de acercarse a aquella cafetería, en plena debacle sobre si ir o no a ver al que podría ser su nuevo profesor de Física?

- ¡Rey! Qué agradable sorpresa…

La joven dio un saltito y se giró para encontrarse con Maz, la propietaria del establecimiento, que le sonreía con sus mismas pintas del día en que la conoció, semanas atrás: metro cuarenta, delantal enorme, gafas de culo de vaso, piel muy tostada y arrugada y una bandeja llena de platos vacíos en la mano izquierda.

- Hola… Buenas tardes.

- ¿Vienes a tomar algo? Me alegra que vengas a visitar. Pensaba que nunca regresarías.

- Claro que no. Soy del Republicano… Éste es nuestro punto de encuentro.

Maz rió lentamente y a gusto.

- Por supuesto, chiquilla. Anda, entra. Te prepararé ese chocolate en un periquete – y le puso la mano tras la espalda para guiarla hacia la puerta.

- ¿Cómo sabe…? ¿Cómo sabes que iba a pedir un chocolate?

Maz se detuvo en el umbral y la miró fijamente desde sus lentes gruesas.

- Querida niña, ¿es que no te bastó con lo que hablamos el día en que nos conocimos?

Rey tragó saliva.

- Tienes razón – y la chica siguió a la encargada al interior.


(*)Darse un punto en la boca: en castellano, "dar un punto" significa "dar una puntada, coser". Darse un punto significa metafóricamente, coserse la boca con una puntada. Y en el contexto de la frase, significa callarse para no fastidiarla ^_^U

N.A.: ¿Qué tal os ha parecido Poe como letrista? Yo le veo futuro, la verdad. El problema viene cuando llega Holdo tocando la corneta y poniéndolo firme. Pobre muchacho…

¿Y Finn? Menudo susto llevaba en el cuerpo… Suerte que tenía buena compañía animándole. Estaba segura de que lo haría bien... ¿Alguien echa de menos algún trozo de escena del partido? No os estreséis, que tengo "interludios" preparados (Phasma le tiene muuuuchas ganas a Finn, pero démosle tiempo)

Pobre Paige, la Misión Cupido parece hacer aguas… ¡Esperemos que no desfallezca y que siga adelante!

Lo de Hux ha sido divertidísimo escribirlo. Es una de mis escenas favoritas en Los últimos jedi y necesitaba expandirla un poquito más. ¡Qué bien me lo he pasado!

Tenía muchas ganas de traer de vuelta a Maz. Le va a venir bien a Rey tenerla cerca.

Avances para el siguiente capítulo: Unas tortitas con helado pueden venir muy bien contra la ansiedad, Kylo no se aclara con la meteorología (¿llueve o no llueve?), tenemos regreso de otro personaje con zambullida en el pasado incluida y Rey se va a echar la tarde a la playa. ¿Qué se le habrá perdido por allí?