Bueno, sigo por aquí… no tengo mucho tiempo así que no se si tendré ocasión de actualizar el otro fic. He contestado algún rw en Azkaban , con una pregunta. Se como quiero que continúe la historia y Narcisa Malfoy Black va a estar en ella. Y al lado de su hijo y de Harry.. La duda es ¿Lucius la acompañará? ¿Queréis a un Malfoy redimido? ¿O en el otro bando?
Respecto a este fic…bueno…la relación de los chicos parece un péndulo y aun le queda un poco para llegar a su punto de equilibrio…
MALENTENDIDOS
Era sábado, y no tenían clases formales, aunque algunos grupos de muchachos mayores estaban usando las aulas para trabajar con permiso de sus profesores. Pero la mayoría de los habitantes del castillo, estaban fuera, en el jardín, disfrutando del sol otoñal, Se mezclaron con los grupos de muggles y vampiros que deambulaban por los senderos pese al frío reinante. Los jóvenes recién llegados se apiñaban entre ellos, en varios grupos, algunos charlando con algunos vampiros, algunos de los cuales parecían realmente interesados.
Se sentaron en un banco bajo el tibio sol, y algunos jóvenes se acercaron a ellos, con aire curioso. Draco sonrió y con la excusa de ir a buscar unas capas – tan solo se alejó fuera de la vista del grupo y llamó a un elfo- se alejó de Harry para que este pudiera hablar con ellos. Romel y Heder fueron los primeros en preguntar:
-¿Cómo es?
Preguntó la castaña con aire curioso y el pelirrojo añadió intrigado y con aire un tanto disgustado:
-¿Realmente te gusta…él?
Mirando alejarse a Draco con ojos soñadores, el moreno suspiró y se giró hacia sus nuevos amigos y susurro:
-Si, Romel. No es nada raro, de veras. Es... realmente bueno conmigo. Cariñoso, considerado e intenta ser paciente…
Sus ojos verdes relucieron y enrojeció levemente, bajando los ojos al suelo.
-Todavía no sé que pude haber visto en mí…
Murmuró desazonado e inquieto. Una chica pelirroja y pecosa, de buena figura exclamó con ojos incrédulos:
-¡¿Bromeas? Si llevaras una ropa más elegante, resultarías incluso mas atractivo que bastantes de ellos, Harold!
Muchas voces airearon la misma opinión, aunque inseguro de sí mismo, el joven apenas les dio crédito. Sin embargo, cuando Draco regresó, poco después, trayéndole una de sus capas para él, el moreno no pudo de dejar de ver la expresión de admiración que su compañero lucía, matizada por una gotita de celos, quizás. Harry se despidió de los jóvenes, y paseó con Draco, cogidos de la mano, y tras un rato, notó que algunos vampiros le miraban con ojos brillantes, y su curiosidad le llevó a observar más atentamente, notando que algunos le dedicaban una sonrisa intencionada. Se turbó al notar en algunos un atisbo de deseo, aunque era más difícil discernir entre la multitud de olores procedentes de los excitados jóvenes que pululaban en el jardín, pero se aproximó aun más a Draco, buscando inconscientemente su protección. A él no le interesaban los otros vampiros, pero su gesto hizo que algunas miradas se volvieran francamente audaces, llegando a incomodarle realmente. Apretó la mano de Draco y susurró:
-¿Por qué me observan algunos vampiros?
Draco le apretó la mano sonriendo y le hizo un gesto, invitándole a sentarse en un banco, muy cerca de un pequeño grupo de vampiros que hablaban animadamente con una jovencita, visiblemente halagada ante las atenciones.
-Veras Harry…es un poco complicado, pero cuando una potencial pareja está disponible, otros vampiros interesados intentaran seducirla, demostrando que son mejores candidatos que los otros.
Harry puso cara de confusión y Draco prosiguió, apretándole suavemente la mano entre las suyas.
-Nada puede hacer cambiar de opinión a una verdadera pareja, por supuesto, dos almas gemelas como nosotros, pero si hablamos de parejas temporales…la cosa cambia.
El vampiro miró hacia la jovencita que sonreía ante las atenciones de tres vampiros, y murmuró, mientras Harry seguía su mirada:
-Si un humano elige a un vampiro, decidiendo que será su amante por algún tiempo, ¿Por qué no habría de elegir a otro? No está realmente vinculado a ninguno de ellos, así que los candidatos compiten entre ellos, cortejando a los candidatos.
El vampiro se giró y le besó en los labios, y murmuró orgulloso, dedicando una última mirada al grupito, antes de volver a besarle:
-Tú estás fuera de su alcance, pero algunos no pueden evitar exhibirse para ti. Eres realmente hermoso y me envidian por ello, Harry. Además, como eres una criatura mágica, aun eres más atractivo para cualquiera de nosotros. Tu sangre es mucho mejor que la de los magos y por supuesto que la de los muggles, más poderosa, dulce y sabrosa, mejor para ayudarnos a regenerarnos si sufrimos una herida.
Le miró con ojos brillantes y susurró besándole la nariz:
-Eres un sueño hecho realidad Cachorro mío.
Harry se mantuvo muy callado durante un rato, y su expresión se volvió poco a poco taciturna.
"¿Eso es lo que Draco ve en mí? ¿Una sangre poderosa para mantenerle alimentado?"
Se le revolvió el estómago, y el corazón se le encogió, sintiéndose poco más que un filete en un plato en la mesa del vampiro. Su malestar llegó a ser tan evidente, que le vampiro se percató de la tensión y la angustia que emanaban del muchacho. Aunque lo intentó, el joven no se involucró de nuevo en la conversación, y tan solo respondía con forzados monosílabos, evitando sus ojos.
Inquieto, sin saber qué hacer, Draco le llevó a los establos y le enseñó su caballo. Harry acarició ausentemente al animal, deslizándose al otro costado, interponiendo más de 800 kg de hueso y carne entre ambos, apartándose del vampiro, con evidente dolor. Incapaz de soportar la tensión por más tiempo, desacostumbrado a estas interacciones, el joven vampiro estalló, aparentemente calmado aunque reprimiendo su ansiedad:
-Harry ¿Qué ocurre?
-Nada…
Murmuró casi inaudiblemente el moreno, mirando hacia otro lado obstinadamente.
Draco le miró con fijeza y exclamó, perdiendo un tanto la calma:
-Oh vamos Harry! De repente, me rehúyes, no me contestas y estas…tenso y cabizbajo. Soy un vampiro, no un estúpido, sabes?
Tras un suspiro desesperado, y con voz más dulce, intentando retener su mano de nuevo entre las suyas, tras haber rodeado al semental, el joven murmuró, intentando hacerle abrirse de nuevo a él:
-Dime que te ocurre Cachorro…
Harry se enojó súbitamente, saliendo de su apatía, las lágrimas a punto de correr por sus mejillas y se apartó con brusquedad, exclamando:
-¡No me llames así! ¡No finjas más!
Draco le siguió hasta el extremo de la cuadra, sorprendido por su exabrupto, y continuó hablando su espalda, sin intentar tocarle de nuevo, dolido y angustiado, percibiendo que su amado estaba realmente muy alterado:
-Por favor Harry…por favor…dime que está mal…
"Por eso no te importó lo que me pasó, no te importó que él…"El moreno comenzó a llorar en silencio, lágrimas amargas y densas que rompieron su corazón cuando murmuró, mirando tercamente al suelo:
-Tú no me amas…solo soy…comida y una puta para ti…
Un sollozo le ahogo y sus hombros temblaron. Harry se alejó aun más y apoyó la frente en la pared de madera, tratando de no llorar más, de no humillarse a sí mismo de esa manera delante de Draco. "¡Duele! ¡Duele tanto saber que tú no sientes lo mismo que yo siento!" El joven mestizo respiró lentamente, tratando de calmar su llanto por unos momentos y cuando creyó que su voz no le traicionaría, murmuró, aunque su voz sonó tensa y dolorida cuando añadió:
-Pero no te preocupes, ya sé lo que esperar…y tendrás lo que quieres de mí.
El moreno se calló abruptamente, y Draco olió de nuevo sus lágrimas y su dolor. Quería abrazarlo y convencerlo de que su amor era verdadero, de que era real, pese a sus dudas, pero no estaba seguro de que el muchacho aceptase su contacto en esos momentos, y él se sentía demasiado ansioso, tanto como para dejarse llevar por sus propios instintos… Podía ver que su Cachorro estaba herido, porque sus sentimientos hacia él eran muy intensos, aunque al parecer, Harry no era capaz de ver realmente los suyos. "¡No, eso no! Le perdería para siempre si me dejo llevar…" Se contuvo, poniendo bajo férreas riendas la tentación, y musitó con voz lo más calmada que pudo lograr, aunque en ella traslucía su propio dolor, mezclado sutilmente con su cariño:
-Voy a dejarte solo por ahora, porque sinceramente, creo que es lo mejor que puedo hacer en este momento Harry. Tan solo te pido, te suplico una cosa: que regreses a mí cundo estés listo.
El rubio vampiro se acercó un poco, vacilante, y ante su inmovilidad, se acercó un poco más, y suspirando con frustración casi en su oído, hasta que su aliento erizó ligeramente la piel de la nuca del moreno, murmuró:
-Mi mayor deseo es que tú seas feliz, Harry.
El vampiro se marchó en silencio, dejando a un confundido muchacho en el establo, antes perder el control y dejarse llevar por el instinto. Cuando el joven escuchó perderse sus pasos, se dejó caer el fragante heno, sollozando una vez más. Quería creerle, de veras que quería, pero se sentía tan poca cosa!
Harry no reapareció durante el resto del día, y pese a la inquietud del joven vampiro y las miradas preocupadas de sus padres y su Sire, Draco se abstuvo de buscarle. Tras el almuerzo, el joven se sentó en su despacho a escribir una larga carta al duende encargado de su cuenta en Gringotts. En ella se interesaba por el estado financiero y las cuentas de la familia de Harry. Quería saber cómo, cuándo y en que, habían gastado y gastaban cada galeón, cada knut. Además, le encargó estar pendiente de la familia, y en el caso de que tuviesen un crédito, él personalmente compraba la deuda. Si solicitaban un préstamo, Draco les avalaba anónimamente, sin límite. Los vampiros son pacientes, muy vengativos pero pacientes, y pueden esperar toda una vida para tomar revancha.
-Van a pagar con sangre lo que te han hecho, Harry. ¡Lo juro!
Murmuró entre dientes el vampiro, atando la carta a la pata de su halcón favorito, una hembra, la más veloz de sus mensajeros y llevándola en el puño hasta la ventana, acariciando el dorso negruzco del ave, y esta emitió un característico grito, lanzándose al vacío y perdiéndose con rapidez en el cielo.
