Tenía unas ganas de subir este capitulo, que no me he podido esperar.

Tenía pensado subirlo más adelante, para que en las vacaciones me diese tiempo a actualizar, pero es que, ¡Me encanta!

Espero que os guste como a mí.

No me matéis, todo tiene un significado, y un porqué. Con sus consecuencias.

A partir de este capitulo, todo empieza a descontrolarse, y hay mucha más… ¿"acción"?

Gracias a todos los que visitaron la historia, los que dejaron sus opiniones, y me ayudaron, y quien pusieron mi historia y a Al. Smith. Cullen. como una de sus favoritas autoras. GRACIAS.

No las entretengo más. Muchos besos,

Al.


No tengo la culpa de no amarle. O de no amarle ahora, al menos.

— Alice… Edward… Edward es…— no podía continuar. Las lágrimas me impedían el habla.

— Bella… Le has roto el corazón, de nuevo.

— Alice, como pretendes que ame a una persona que no…

— ¿qué no es humana? — me gritó enfadada— Tu no eres humana, Bella… Y tú lo que eres, es lo mejor que ha pasado para Edward, y ahora no sabe ni lo que hacer.

— Alice…— dije asombrada. — Alice…— volví a decir ahora, triste—

No me dejó acabar.

— No, Alice, no. Bella…. ¿recuerdas lo que pasó? — me preguntó.

— Sí, ahora sí. Él me dijo que era más parecido a mí que a un humano de lo que yo sabía.

— Exacto, igual que nosotros…— dijo señalándose a ella misma, diciendo que toda su familia era lo mismo.

— Alice, quiero una vida normal, con unos amigos normales, con un novio normal, con un…

— Pero debes saber que tú no eres normal.

— ¿y qué? — le insté, con lágrimas de ira— ¿no puede ser lo más humanamente posible? ¿No puedo ser normal?

— Puedes aparentar ser normal. Como lo hacemos nosotros…

— Alice, no… déjame… No voy a estar con Edward. Desde que os conocí, todo ha sido un lío. Intentaré ser lo más normal que pueda. Y si tengo que enamorarme de Mike, pues lo haré.

— ¿a dónde vas, Bella?

— Al colegio. — le espeté.

— Es domingo, Bella, y estás en mi casa.

… Mmm…

— Pues me iré a… a…. a cazar.

— No hay nada bueno por aquí…— me dijo ella poniendo los ojos en blanco.

— ¿Y tu como sabes eso? — le fulminé con la mirada.

— Soy un vamp…

Sabía que debía salir corriendo de esa casa lo más rápido que pudiera. No me podía creer nada de esto. Odiaba cazar, pero al menos, mi lado… animal, era mi salvación.

— No te lo creas, si no quieres…

Salí corriendo, mas bien, como un relámpago, de la habitación Alice, chocándome con Emmett por el camino, resbalándome en los dos últimos escalones de las escaleras, y comiéndome la puerta.

La abrí de un sopetón, y me metí hacía el bosque.

Ahora, con más tranquilidad, pude pensar en todo, estuve corriendo más de una hora, y no sé ni donde me hallaba.

La única persona que se me ocurría pensar era en Edward, y no me permitía pensar en él.

Me caí de rodillas, y no paré de llorar hasta que mis ojos se cansaron, y se mecieron en una totalidad de oscuridad, deseando fervientemente, por un lado, que Edward estuviese aquí, para amarme, y por otro lado, que me muriese, para no poder seguir con esta vida.

Mi estomago gruño al cabo del tiempo, despertándome. De seguida, mi instinto salió. La supervivencia era lo que rebosaba en un animal, cerré los ojos, y analicé los olores que podían servirme de alimento.

Un ciervo, un ciervo macho. Un alce, pequeño…. Mmm…. Herbívoros. Y un carnívoro. Un expectante carnívoro.

Corrí sumergida en ese olor, hasta que me paré a unos diez metros. No se había dado cuenta, ya que él también se hallaba de caza.

Si me atrapaba antes, podría él acabar con mi vida, y si yo lo atrapaba antes, me serviría como comida, durante mí angustiada soledad.

Pero ni lo que mi presa, ni la presa de mi presa ni yo habíamos sentido, hasta aquel momento, es que alguien nos… espiaba. Un ruido de una ramita cuando se rompía nos paralizó. La presa de mi presa salió escopeteada, y mi felino carnívoro, intentó huir. Pero no se lo podría tan fácilmente.

Dí un paso para atrás, y me agazapé. Yo era audaz, y ágil, y tenía una gran velocidad. Preví el movimiento de salvación de aquel bicho, y salté encima de él.

No se dio ni cuenta de que pensaba atacarle, hasta que algo me atacó a mí, lanzándome contra el suelo a más de cinco metros de mi presa, mucho más de cinco metros, seguro.

Mi caza se dio cuenta, por el ruido, y salió disparado en la otra dirección, mientras yo permanecía inmovilizada, cara al suelo, con un brazo por encima de mi cabeza, y el otro en mi espalda. Si hacía más fuerza, sería capaz de arrancármelos. Un pequeño siseo salió de mi garganta ante la impotencia de defenderme.

Sabía que tendría la agudeza y agilidad, para escaparme de…. Mi cazador.

Impotencia de que ahora era yo la presa.

Pero lo peor fue, cuando conseguí darme la vuelta, saltar encima de mi cazador, aspirar una gran bocanada de aire, y abrir los ojos ante lo que estaba viendo.

— ¿qué mierda estas haciendo aquí?

— Cazando. Y mira con que me encuentro, con la presa que más me gusta.

— PRIMERO, yo no soy tu presa. SEGUNDO, ese— dije señalando por donde se había ido el felino asustado— era mío, y tercero, déjame marcharm…

Unos labios con un riquísimo sabor a sangre, me acallaron. Me hizo girar, quedándome de nuevo inmóvil, con una llave para que no me moviera. Él siguió besándome y yo no pude contenerme, ya que su boca me daba más ganas de seguir con ese beso.

Descendí como pude por su mandíbula, mientras le hacía soltar pequeños gemidos a mí… acompañante. Él, como un tonto enloquecido por el deseo, me soltó las manos para poder descender más aún.

Le agarré el cuello e hinqué mis dientes, sorbiendo la sangre riquísima de mí…

— Ah… Bell… Bella…. Me haces…— dijo mi cazador, convertido en cazado.

Volví a removerme antes de que sus manos consiguieran atraparme de nuevo, y ahora la que le tenía inmovilizado era yo, mientras bebía de su cuello.

Sentía como las fuerzas le desvanecían, y cuando mi ansia de sangre y rabia iba desvaneciendo, noté qué estaba haciendo, a quién y el por qué.

Unas manos heladas, sin fuerzas, se quejaron, hasta que estuve a punto de matarle.

Me alejé lentamente, viendo como la luz de los ojos de Edward, se desvanecía.

— Nunca vuelvas a… atacarme, mientras estoy de caza. Yo NUNCA seré tuya, ni como novia, ni como persona, ni como animal, y mucho menos, como una PRESA.

— Bell…

— Shh. — dije, mirándole cariñosamente y con una sonrisa malvada en el rostro. — deberías saber que cuando sale mi… lado animal… no soy Bella… soy más bien… un… VAMPIRO. ¿Verdad, Edward?

— No te…— dijo él, gimiendo de dolor, cuando le retorcí la muñeca, en su intento por acariciarme.

— ¿De verdad, que no lo entiendes? — pregunté, tocándole la nariz con la mía. — ¿sientes el dolor, la rabia y la inseguridad… la impotencia y la manera en como se desbanden las fuerzas… cuando eres una presa débil? Ah… Sí, te quiero, pero ahora mismo no sé lo que soy, ni lo que haré. Hasta que la normalidad vuelva hacia mí.

Él me miró, antes de intentar zafarse de mí y de mis manos como garras.

— No, no, no, no, no… — dije moviendo lentamente la cabeza en signo de negación— Así no se hacen las cosas. Ahora deberás estar aquí hasta que te tranquilices, pero antes de irme…

Le dí un pequeño mordisco en el pecho, mientras dejaba salir sangre de la herida.

— ¿Lo sientes? Es la sangre de un animal… ¿Quieres saborearla?

Absorbí un poco, mientras me ponía encima de él, con las piernas a cada lado de su cuerpo y cambiaba mis manos, por mis rodillas. Deje que la sangre que estaba en mi boca, se derramara por mi comisura, hasta llegar a mi mandíbula, y dejar que descendiera hasta mi cuello. Me quité el pelo, y me lo puse para el otro lado.

Acaricié su pecho sensualmente, y me acerqué a él, poniendo mis manos, en su semblante, impidiendo que girara la cara.

— ¿qué sientes? — pregunté atractivamente— mira, sangre, en mi cuello… ¿no te sientes atraído por mí? Muérdeme… saboréame. — me acerqué a él, y él intentó girar la cabeza.

— Claro, quizá sea que tu sangre no es de tu gusto. — le susurré en los labios, descendí mis manos, hasta su pecho, acariciándolo, mientras mis manos, se iba ensangrentado de la herida. Bajé hasta su abdomen, y noté como se estremecía ante mi contacto. Todo quedó manchado de rojo.

— Sé que me deseas, Edward… Toma— dije, arañándome con una uña, el cuello, y dejando que su sangre se mezclara con la mía. — bebe…

Él no pudo oprimir las ganas de sorberme.

— Lo sabía, sigues siendo un estúpido vampiro, que solo desea sangre. — dije, escupiéndole su propia sangre en su cara.

Le besé en los labios, o eso es lo que creyó, por que cuando iba a acercarme y él elevó la cabeza para tocar mis labios con los suyos, me alejé, sonriendo.

— Adiós, Edward, encantada de que te dejaste alimentarme de ti. Me encantó. Un poquito más…

Él se quejó, cuando mis rodillas le hicieron más daño.

— Já… lo peor esta por venir….

— Edward, estas delirando, mejor acabaré contigo…

— mi ponzoña corre por tus venas.

Fue cuando noté que mis labios dejaron de sorber su sangre, viendo como la voz se le quebraba, y como empezaba anotar como dentro de mí, mi lado normal, mi lado salvaje, y ahora la sangre de Edward, combatían por quien saldrían ganado.

— ¡No! — grité, dándole un puñetazo en la tierra, y luego a Edward. — ¡Mientes!

Eso era lo que quería un momento de distracción, mientras sus hermanos me cogían y empezaban a patalearme, mientras me tiraban al suelo.

— No…— intentó decir Edward— no la matéis.

— ¡Dejadme! — me cogieron por los brazos, mientras el grandullón, me propinada otra patada en el estomago, y me hacía vomitar toda la sangre de Edward. — Todo es por tu culpa— le dije, escupiendo todo lo lejos su sangre— Deberías morir… no te mereces la vida, y menos a mi lado. Te odio, Edward Cullen.

— ¡Esta loca! — dijo Emmett.

— No— aclaró Carlisle— este es su lado animal, y todo lo que ha estado reprimiendo desde que se… convirtió en lo que es ahora, lo ha soltado ahora.

— Carlisle… siempre fuiste lo mejor para mi.

— ¡NO, No Edward! — gritó Esme, mientras corría hasta su lado.

— Por fin, mi presa ha muerto.


¡No me maten! ¡No todo es lo que parece! Espero que os haya gustado (A).

¿Qué creéis que pasará?

¿Quién ha… muerto?

¿Cuál es vuestra TEORIA?

Os espero en el próximo capitulo. Gracias por llegar hasta aquí.

Al.