Disclaimer y Créditos: Rozen Maiden, así como los personajes de dicha historia, no nos pertenecen. Las 6 Partes de Alice (Wousisho, Sophie, Atashika, Ceyra, Ayra y Lio-Yang) son OCs propiedad de Nanis4816/Lio83261 (Misma autora, ¡nueva cuenta!) A quien agradezco personalmente por acceder a hacer este fic conmigo.

Notas de Autores:

- Lio83261: Lamentamos haber tardado tanto. Pero aquí estamos otra vez; espero lo disfruten (nwn)/

- VVDSelmasongs: ¡Mil gracias por su paciencia y fidelidad! :'D Disfruten del capítulo.


Tale XI

Un fuerte latido dominaba a la Quinta Maiden. Sus azules ojos estaban abiertos como si no hubiese dormido en días; y ciertamente no volvería a descansar después de aquél acontecimiento. Por su sangre corrían sentimientos de melancolía. Su pequeño cuerpo yacía tirado entre los árboles pues ya no podía seguir de pie, soportando la angustia y desconsuelo sobre sus hombros. Las punzadas en el centro de su pecho incrementaban su ímpetu, dando el augurio de que su corazón ─también la Rosa Mística que cuidaba tanto─, saldría de un solo golpe doloroso.

A su lado, de igual manera acostada encima de la húmeda tierra, se encontraba la Parte de Alice. Ésta, a diferencia de su hermana, no mostraba expresión alguna, se limitaba a mirar el horizonte mientras un viento sin fuerzas tocaba sus mejillas. Ayra parecía una estatua. No sollozaba, se mantenía quieta, era posible que quisiera esconder la culpa que le perseguía por dentro.

En medio del mutismo absoluto, Shinku empezó a irse hacia una pequeña luz, probablemente tratándose de un portal. La muñeca de cabello negruzco le volteó a ver, mas sin embargo no la detuvo ni cuestionó. A pesar de ello, la rubia no pudo partir sin decir ni siquiera algunas palabras antes, así que, aguantando su querer de manifestar impotencia, dijo:

—Ayra… —Suspiró—, volveré a casa de Jun.

—…

Al no escuchar contestación, terminó yéndose sola y sin contar con el apoyo de la alada. Ésta por el contrario de lo pensado por Shinku, no fue capaz de articular una respuesta aunque en su interior hubiera tratado muy desesperada de hacerlo. Ayra entendía a la perfección que ambas acabaron dolidas por la muerte de Suigintou; ambas fracasaron en su propósito; ambas se culpaban de lo ocurrido. No obstante, también comprendía que entre las dos existía una gran diferencia: mientras la Rozen Maiden intentaba salir adelante por su cuenta —y pocas veces con ayuda—, ella se estancaba con facilidad, necesitando a alguien más para recuperarse.

Y lamentablemente, se hallaba en esas fatídicas condiciones.

Por otra parte, bajo la lluvia que azotaba Japón por esas fechas, camino a su hogar ignorando lo sucias que estarían sus ropas rojas, iba la dueña de Hollie. Arrastrando su bastón, dejando a los autos pasar y mojarle, ya que gracias a esa agua, algunas de sus lágrimas no se distinguían.

—No puedo creer que sea la tercera vez… ¿Acaso no es posible evitar este desastre?

Cuando alzó la vista, notó a su médium correr hasta ella, tal parecía que él igual la vio. Enseguida de tomarla entre uno de sus brazos y cubrirse con el otro, la muñeca se acurrucó, pensando que por fin estaba libre de los Krieger.

― ¿Qué estabas haciendo bajo la lluvia? ―Preguntó Jun, comenzando a correr a un lugar donde pudieran permanecer secos mientras el clima aplacaba.

―No, quiero ir a casa, por favor, llévame allá. ―Pidió ella, sin expresión en su rostro y con un tono de voz neutro, ignorando la pregunta de Jun.

El joven obedeció y cambió de rumbo, teniendo cuidado de que la doncella no se cayera con el ritmo acelerado de sus pasos. Shinku tenía la mirada perdida: observaba la lluvia, el cielo grisáceo, aspiraba el aroma propio del aire en ese tiempo y sentía melancolía. Simultáneamente, una parte de su mente estaba enfocada en encontrar las palabras adecuadas para contar lo ocurrido al joven castaño y a la Parte de Alice que debía estar esperando en casa. Cuando se acercaban a su destino y la brisa soplaba con firmeza, Jun reiteró su pregunta:

― ¿Qué estabas haciendo en la calle, bajo esta lluvia?

―Necesitaba pasear, despejar la mente, aclarar los pensamientos, no estaba consciente del tiempo.

― ¿Pasa algo? ¿Por qué hablas de esa forma? ―Preguntó, parándose frente a la puerta de su hogar. Shinku guardó silencio y él posteriormente insistió― ¡Shinku!

―Entremos, por favor, preferiría hablar de eso en tu habitación. ―Contestó ella, sin dejar de lado su inexpresividad.

Jun refunfuñó e hizo caso. Nori no se encontraba en casa, quizá afortunadamente para Shinku quien no tendría que molestarse en contarle lo ocurrido ni tendría que lidiar con la sensibilidad de la chica saliendo a flote a causa de lo acontecido. Entraron a la habitación, Jun salió para dar oportunidad a la Maiden de colocarse prendas secas, luego volvió a entrar y se encontró con la Maiden sentada en la silla frente a su computadora, dando la espalda al aparato y mirándolo fijamente, además de una Atashika dormida como un tronco sobre su cama. Tras un silencio incómodo, el joven se impacientó:

― ¿Y bien, vas a decirme por qué estabas duchándote allá afuera? ―Exclamó.

Shinku cerró los ojos y suspiró. ―Esa no es forma de tratar a una dama, no seas maleducado, no estoy de humor para tolerar malos tratos.

Jun se llevó ambas manos a la cara y se tapó los ojos con ella, haciendo una mueca que reflejaba perfectamente su estado de ánimo. Respiró hondo y replanteó la pregunta:

― ¿Qué ha ocurrido que te tiene de este modo, Shinku?

Repentinamente, el castaño tuvo una retrospección en fracciones de segundo que le recordó el enfrentamiento que hubo en el Campo N contra los Krieger y el motivo por el que todos se habían dispersado, Shinku se había marchado con Ayra y Atashika se había quedado con él. Vislumbró la imagen de Suigintou siendo cargada en los brazos de un muñeco que posteriormente atravesaría un portal, llevándosela. Jun comenzó a sudar y tomó aire:

― ¡No me digas que-…!

―Hemos vuelto sin Suigintou, Ayra y yo buscamos y no pudimos encontrarla, no sabemos dónde pueda estar y eso me tiene muy preocupada, estoy así porque me siento culpable por haber abandonado la búsqueda. ―Mintió, y luego miró a su médium a los ojos.

Simultáneamente, Atashika despertó de golpe y Jun dejó escapar un suspiro.

― ¿Crees que siga con vida? ―Preguntó el joven.

Shinku titubeó y cerró los ojos, frunciendo el ceño. ―Realmente no, es poco probable, ha transcurrido mucho tiempo así que…

―La perdimos. ―Dijo Atashika en un tono serio, quien ya se había incorporado.

Las miradas en la habitación se fijaron en la recién despertada muñeca que, al igual que su hermana presente, se mostraba inexpresiva. Sin embargo, tras algunos instantes en los que asimilaba la noticia, Atashika no dudó en exteriorizar su estado de impresión y de tristeza, manifestándolos con una cara de incredulidad y lágrimas, respectivamente. Jun no sabía qué hacer, sabía que por un lado, la rubia ojiazul estaba derrumbándose por dentro, mientras por el otro podía notar a simple vista lo preocupada que estaba la muñeca de ojos de oro. Resolvió abrazar primero a su Maiden, pero ésta le detuvo:

―Está bien, no te preocupes por mí, deberías abrazar a Atashika, ella apenas está enterándose de esto al igual que tú.

Jun resopló, pero obedeció sin rechistar y abrazó fuertemente a la Parte de Alice.

― ¿Zen sabe sobre esto? ―Preguntó la de cabellos rojo sangre.

―No lo sé, quizá lo presienta, pero de todos modos debemos avisarle a él y al resto de nuestras hermanas.

―Vale, déjame a mí avisarle a Zen.

Shinku lo pensó unos instantes. ―De acuerdo, ve con él. Jun y yo avisaremos a Sophie y Hinaichigo para que estén alerta.

Acto seguido, Atashika se separó de Jun y salió de la habitación, rumbo al cuarto del espejo el cual no tardó en atravesar. Lo que no sabía era que algo en la penumbra del sitio había observado todos sus movimientos y atravesó el portal al Campo N momentos después de que ella lo hizo. Mientras tanto, Jun y Shinku se miraban fijamente el uno al otro en un silencio que parecía fúnebre.

Jun desvió la mirada a la ventana, donde llovía tenuemente. ― ¿En verdad crees que Suigintou ya no se encuentre entre nosotros? ―Preguntó, decidido a romper el silencio.

Pero la quinta Maiden no le hizo caso, ella permaneció callada. Se sentía extraña por haber mentido hasta cierto punto a su médium y a su hermana. Shinku no acostumbraba a mentir ni a hacer modificaciones a la verdad, inclusive reprochaba y corregía a la pequeña Hinaichigo diciéndole que aunque fueran blancas, las mentiras eran malas y de patas cortas. Pero ante la presión de la situación no encontró un mejor modo de contar lo ocurrido más que cubriendo a Ayra y afirmando que habían dado por culminada la búsqueda por ser infructífera. Se sentía incorrecta, e imploraba desde sus adentros que no se enterasen de la verdad por completo, y si lo llegaban a hacer, que ello no trajese consigo consecuencias. Jun volvió a mirar a Shinku:

―Sé que te sientes triste, yo también lo estoy, pero eh, ¡No hay que decaer! No debemos bajar la guardia, si lo hacemos podríamos perder a alguien más y las muertes de Suigintou y Wousisho habrán sido en vano. ¡Debemos ser positivos, fuertes y tratar de acabar con esto! Todo por ustedes, y por ellas… ―Dibujó una media sonrisa en su rostro― Así que no estés así, Shinku, vamos a casa de Tomoe a decirle, y a Sophie y Hinaichigo. ―Le tendió la mano.

Aquellas palabras, a pesar de ser intencionadas para causar aliento y consuelo, sirvieron también para acrecentar la culpabilidad que sentía la Maiden ojiazul en su interior. Ella esbozó una sonrisa que simulaba determinación pero que en realidad expresaba tristeza y tomó de la mano a Jun.

El joven y la Maiden se encaminaron al hogar de Tomoe. Al llegar, fueron cálidamente recibidos por ella y las muñecas a su cuidado. Sin embargo, era notorio el hecho de que de todas ellas la que estaba más desanimada era Sophie, quien continuaba con la dolencia de la partida de su hermana mayor. Y no era para menos, ya que tenía el doble de motivos para sentirse así: No solo falleció, sino que también le confió su Rosa Mística a Souseiseki y no a ella. Lo primero la tenía triste y la hacía sentir sola mientras lo segundo la cargaba pensativa y a la vez decepcionada. La negatividad de estos sentimientos se reflejaba en el semblante de la parte de Alice que, a pesar de haber saludado con una sonrisa, se podía vislumbrar la estela casi reciente de lágrimas que dejó rodar por su rostro. Fue por esto que Shinku la abrazó incluso primero que a su hermanita menor, porque entendía casi a la perfección cómo se sentía; la abrazaba para darle consuelo incluso cuando ella misma sentía admiración por la fortaleza que tenía Sophie para no ocultar sus sentimientos mientras ella, en parte, sí lo hacía.

Tomoe, Jun y Shinku se sentaron en la sala, a petición de la última, para hablar de lo ocurrido. Sophie, aun queriendo escuchar también la plática, fue obligada por Hinaichigo a continuar jugando, pero esta vez sólo cerca de los humanos y doncella.

La tensión se acumuló en cuanto las miradas de todos se concentraban en la Quinta Maiden. Nuevamente, ella no sabía cómo explicar el asunto sin causar tanto revuelto. No obstante, la delegada era lista, tan astuta que con mirar la expresión que les dirigía Shinku, supo con exactitud sus pensamientos.

—Entonces… ¿Todos peligramos? —Su vista no se apartaba de Hinaichigo.
Sorprendida de la inteligencia de la chica, la rubia, aún seria, dijo:

—Sí. No sabemos dónde ni cuándo terminará la pesadilla —continuó luego de suspirar—, por lo cual hay que procurar el permanecer juntos.

Kashiwaba dejó su taza en la mesa, acto seguido cruzó los brazos y frunció el ceño. Los presentes pudieron notar que se había puesto seria; y no era de extrañarse, ya que si se trataba de proteger a la sexta Maiden, lo haría a costa de cualquier cosa. Prontamente, llamó a las demás para discutir lo que Shinku planeaba.

—Primero que nada, hay que mantenernos juntas. Esto incluye también a Lio-Yang.

— ¡¿Estás hablando de Lio-Yang?! — Se escandalizó Sophie—. ¡Te has debido dar un golpe en la cabeza! ¿Acaso no recuerdas lo que ocurrió? Nos destrozó cruelmente a todas, nos hizo pelear. Si no hubiese sido por Suigintou y tú…

Suigintou. Suigintou. Suigintou. Acordarse de los hechos la mataba poco a poco.

—Suigintou por el momento no se encuentra con nosotros, está perdida…pero a salvo —se apresuró a volver a mentir.

— ¿¡Y lo dices así!? ¡Sin Suigintou todo empeora! ¡Y no me digas que me calme! Lio-Yang es peligrosa, lo sabes muy bien, no podemos quedarnos cerca de ella.

—Sí, es peligrosa. No lo niego. Pero el ser la que menos duda de luchar les da más seguridad para continuar viviendo, ¿no? —Alegó Jun.

El argumento del muchacho incluso hizo dudar a Tomoe. Por muy cruel que sonara, podían utilizar a su favor las habilidades de la sexta parte, en lugar de tenerla como enemiga. Además, Shinku recordaba las palabras que ella le había dicho en su último encuentro: si la muñeca arcoíris les ayudaba en esto, quizá volviera a recuperar el cariño de sus hermanas.

Pero su cavilación les robó tiempo importante, tiempo que una de sus adversarios aprovechó para intimidarlas de nueva cuenta.

—Aun así, ¿cómo la encontrarán?

La primera guerrera del prisma mantenía de rodillas y amarrados con un aparente listón de luz, a Hinaichigo y los humanos. Enseguida la señorita de cabello escarlata atacó con relámpagos, los cuales fueron fácilmente manipulados y se fueron en su contra. La Maiden, después de lo sucedido en el Campo N de la Krieger, pensaba que pelear sería inútil. Aunque tampoco otra acción serviría.

—La supuesta Lio-Yang fue quien te salvó una vez, y en la segunda no tendrá oportunidad. Ya no puede protegerte.

La Segunda Parte de Alice se levantó y causó un caos en la habitación entera: con cuchillas cargadas de electricidad rompió los lazos que mantenían quietos a sus compañeros; también se encargaba de desviar o mandar por los aires todos los ataques de su rival. Ésta última contaba con buenas defensas que le permitían sobrevivir a los golpes recibidos, aparte de continuar animada lo suficiente para agredir cuantas veces quisiese. Al parecer disfrutaba de los enfrentamientos, puesto que no estaba cansándose, al contrario, cada segundo la llenaba de más vigor.

Sophie no se rindió. Ahora rodeaba a Illumina con vientos y truenos violentos, como si de una tormenta se tratase. La Guerrera de Luz se guardaba muchos trucos bajo la manga; uno de ellos fue tomar ventaja de la iluminación en la casa, rompiendo las lámparas y contraatacando bruscamente. Luego, se dispuso a materializar una daga blanca y se colocó al lado de la herida, amenazando con perforar su pecho y sacar la Rosa mística sin ninguna delicadeza.

De repente, un mechón difería de los otros rubios y largos. Un pétalo de rosa se encargó de cortar la melena de Illumina, quien hasta hacía poco demostraba estar fogosa en la batalla. Inclusive la expresión de satisfacción de la misma se transformaba de forma paulatina en una de desesperación. No era para menos, la madre de los Krieger se esmeró bastante en esos detalles para que terminaran cayendo como mera basura.

— ¡No te atre…! —Gritó Shinku antes de ser estampada contra la pared —que acabó casi por derrumbarse— varias veces.

— ¿A quién le arrebataré la vida para recuperarme? ¿Quién tendrá el honor?

Justo cuando la doncella de vestimenta blanca pensaba que obtuvo la victoria, vio a la penúltima Rozen Maiden de pie, dispuesta a enfrentársele. Sólo existían dos finales: Hinaichigo perdería y no volvería jamás, o, inesperadamente, ganaría y salvaría a sus queridas hermanas.

CONTINUARÁ...