Disclaimer: Yuri! On Ice no me pertenece
Disturbia
Victor estaba más que sorprendido cuando le dije aquellas palabras. No era para menos. Hasta ese momento yo no había mostrado el menor interés de dejarlo salir, ni tampoco de quitarle siquiera las esposas de manera tan casual. Parecía emocionado, y el brillo de sus ojos le hizo sonreír radiante.
- ¿Es cierto, Yuuri? ¿Vamos afuera?
- Mhm - asentí con naturalidad, aunque sabía que mi lenguaje corporal podría decirle que había algo más - T-te lo dije, como mi entrenador, necesito que me enseñes algo.
- ¿Qué podría ser eso, Yuuri? Si es para ti, haré lo que sea.
- ¿Lo que sea, de verdad, Victor?
- Sí. No dudaría en ayudarte.
- Entonces, tenemos que salir ya. Está oscureciendo, y no puedo dejar que te vean, o sería un problema grande para los dos - No, en realidad sería un problema grande sólo para mí. Victor sería visto como la víctima y yo podría hundirme fácilmente, pero me gusta engañarme a mí mismo. Jugaba con mis dedos de los nervios, hasta este momento jamás había considerado lo que me planteaba hacer en ese mismo instante, y eso no pasó desapercibido para Victor, quien me abrazó cariñosamente a pesar de tener algunas heridas en los brazos.
- ¿Qué sucede, Yuuri? Te ves demasiado preocupado.
- Lo estoy. Uhm, Victor...Tú...Tú… ¿P-podrías mostrarme, c-cómo lo haces? - Esto era más difícil de lo que pensé. Bien difícil.
- ¿Hacer qué?
¿Me iba a hacer decirlo? Respiré profundamente y luego en cortas bocanadas de aire, casi podría decir que mis labios estaban temblando, pero si no terminaba la oración entonces nunca íbamos a salir de allí y terminar lo que había empezado.
- Victor. Necesito mirar mientras lo haces…Necesito…No, Victor, yo – me forcé a mirarlo a los ojos para poder seguir – Quiero entenderte un poco más, y también, quiero que me enseñes –
Silencio. Eso fue lo que recibí de él y de su atónita expresión cuando terminé de hablar. Luego poco a poco su sonrisa se fue ensanchando y sus manos tomaron las mías, sus ojos me mostraban una especie de gratitud que no había visto antes, nunca.
- Con gusto, Yuuri. Así que, ¿esta noche me dejarás jugar afuera?
- Sí…Algo así.
Su emoción no se hizo esperar. Eso confirmaba que todo lo que había hecho para castigarlo había sido en vano, pero en este momento no podía importarme menos. Yo también estaba ansioso, y para mi sorpresa, emocionado. No es lo mismo ver un cuerpo muerto que uno vivo, y tenía insana curiosidad de cómo era que hacía Victor para realizarlo todo, de principio a fin.
Lo llevé hasta el cuarto, en donde él recorrió todo con la mirada.
- No has cambiado nada del cuarto desde que…Bueno, tú sabes.
- No. Te gusta así.
- Aww, eres muy considerado.
Nos terminamos de vestir y salimos, y él me mostró paso a paso lo que hacía, no tenía vergüenza alguna en mostrarme lo erróneos que eran sus pensamientos, cómo elegía a la persona más sola del barrio más marginal posible, cómo se escondía para no dejarse ver por nadie, cómo llevaba a esa pobre alma a algún lugar desolado, y cómo terminaba con ella, conmigo de espectador. No hubo salpicaduras, y el trabajo fue impecable, justo como la última vez. Me habló de la belleza y de la pulcritud, y de cómo se sentía libre cuando finalizaba.
Nos quedamos sentados uno al otro, mirando atentamente a esa persona cuando cerró los ojos luego que no pudo soportar más la pérdida de sangre. Victor le había cortado ambas muñecas de manera transversal, y tuvo el cuidado de recoger la sangre en dos cubos diferentes. Estaba inconsciente, pero no muerta, y fue entonces cuando Victor le amarró una cuerda alrededor del cuello y la colgó del techo, y escuché el crack de su cuello, fuerte y claro.
No me inmuté. Sólo lo vi con enferma curiosidad.
- Tiene el cabello negro también – Se me escapó de la boca – Bueno, tenía.
- Lo siento, Yuuri.
- ¿Por qué te disculpas?
- Debí decírtelo hace mucho, en verdad lo siento, Yuuri - hizo una pausa en este punto y desvió la mirada, buscando la mía corto tiempo después. Parecía luchar contra las lágrimas que se agolpaban en sus ojos al hablar y a veces tartamudeaba, cosa muy extraña en el siempre seguro de sí mismo Victor Nikiforov - C-Cuando era niño, mis padres murieron en mi casa. Fueron asesinados. Los…Los ladrones…Los asesinos…Tenían pasamontañas y sombreros, así que no pude ver el rostro de ninguno, y la única cosa que recuerdo de aquel que disparó a mi madre tenía cabello negro. No tiene nada que ver contigo, es s-sólo una triste casualidad -
No reaccioné de inmediato ante eso. Es una triste historia, dramática historia. Eso podría explicar por qué ahora es así, porque le faltó mucho cariño cuando era niño, yo no sé qué haría o en qué clase de persona me habría convertido si mis padres fueran sido asesinados por alguien. He sido muy injusto con Victor, quien pensé por mucho tiempo que se había convertido en un monstruo, y que yo era víctima de todo aquello. Pero no es verdad.
Si hay un monstruo entre nosotros, ése soy yo.
Y si tengo que etiquetar una víctima, ése es él.
Me volví para ver el cuerpo inerte colgado en ese lugar, y luego me fui hasta él a abrazarlo con ganas.
- Lo siento, Victor, ¡Lo siento tanto! No debí encerrarte así, no debí castigarte, ni hacerte tantas cosas…
En algún momento mis lágrimas empezaron a salir, y yo sentí sólo su mano que me consolaba con palmadas en mi espalda. ¿Cómo podía ser tan dulce si yo me había convertido en esto?
La línea entre el bien y el mal se desdibuja en mi cabeza, y debería saber cuándo cruzarla, pero ya ese punto pasó hace mucho y en este momento, no me importa. No me importa nada de eso, ni la moralidad, nada. Solo quiero estar con Victor y que él esté conmigo.
Me dejé llevar por las lágrimas llorando en su pecho por un rato. Él no me apartó, pero se quedó conmigo.
- Shh, está bien, Yuuri – En algún momento en el tiempo en que llevábamos juntos, había aprendido a consolar personas. A mí. Y yo lo agradecía sobremanera.
Cuando me repuse, me acordé del asunto que me había llevado hasta ese punto, e iba a comentarlo cuando fue Victor quien lo recordó de primera mano.
- Yuuri, ya terminé aquí. Dime, ¿qué era lo que querías que hiciera por ti?
- ¡Ah! – Recordé – Justo iba hacia eso – me dirigí hacia él desviando un poco la mirada pero forzándome luego a mirarlo. No había marcha atrás – Victor, tú… ¿Tú harías esto por mí? - pregunté señalándole el cadáver inerte de la persona colgando en frente de nosotros. Él dudó dos segundos y yo tuve que tener una cara de inmensa tristeza porque casi de inmediato, la de Victor cambió –
- Por supuesto Yuuri. Haría cualquier cosa por ti.
Sonreí antes de que me diera cuenta.
- ¿Incluso si es alguien que conoces?
- Si es una amenaza para Yuuri, sí, lo haría.
- En ese caso, necesito que hagas algo por mí. Por favor, Victor-
Nuestro plan era simple. Bueno, decirle "nuestro" sería quitarle todo el crédito a Beka, porque él fue quien trazó todo de principio a fin. Todo se resumía en esperar un momento del día en que el cerdo estuviera fuera de su casa e irrumpir en ella de alguna manera para buscar pistas, porque seguramente las había.
Esperamos varios días a que eso sucediera, pero no habíamos tenido suerte. Él era un hombre de casa y rara vez salía a beber solo, como lo solía hacer Victor. Sin embargo, el día llegó, cuando le dije si podíamos salir esa noche a que me acompañara al supermercado y se negó diciendo que saldría esa noche. No me dijo a dónde ni con quién, pero por esa vez no insistí. Me sentí feliz de poder tener al fin una oportunidad y esa noche me dirigí allá con sigilo.
La otra parte era la cerradura, porque nada hacía al frente de la casa si no podía entrar en ella. De eso se encargó Beka, me enseñó una forma que él denominó "para principiantes", y dijo que la cerradura de esa casa no era tan difícil de solucionar si tenías la técnica correcta. Y vaya que la tenía, porque la puerta cedió justo al segundo intento de yo aplicarla.
Bien, estaba adentro. No perdí tiempo y le di una mirada general a la sala, el comedor, la cocina, el pasillo. No había nada inusual en realidad, así que me aventuré a entrar en el cuarto principal. Tuve que alejar la mirada varias veces mientras revisaba los cajones y trataba de dejar todo tal y como estaba. Era muy difícil no dejar todo tirado, pero si lo hacía, el cerdo sabría que habían irrumpido en su casa. Era increíble la cantidad de cosas cursis que tenían esos dos ¿cómo un par de personas pueden ser tan melosas? Aparte de uno que otro juguete de extraña procedencia y uso, no vi nada raro.
Salí del cuarto principal y fui al auxiliar. Al abrirlo me encontré con Makkachin. Estaba ¿dormido? Sentí alivio al saber que estaba vivo, porque por mucho que me fastidiara, el perro me agradaba mucho. Pero era raro, no hacía ningún sonido incluso mientras estaba dormido. Tenía una correa alrededor de su cuello y a su lado estaba su plato de comida y agua. Me acerqué suficiente como para tocarlo y noté que tenía algo en su pata derecha. Una pequeña aguja metida en su pelaje que conectaba a una bolsa igualmente pequeña.
No estaba dormido, estaba drogado de alguna manera. Tomé fotos con mi celular, porque ahora sí que estaba seguro de que el cerdo ocultaba cosas, cosas nada buenas.
Con cuidado le quité la aguja a Makkachin y le acaricié un poco, mirándole los ojos. Despertaría pronto, con suerte. ¿Por qué tendría sedado al perro? Antes dijo que era hostil con todos, pero esto es una medida muy drástica para un problema así. Habría sido suficiente con amarrarlo.
A pesar de todo, no quiero pensar mal de él. No quiero pensar que esa cara dulce alberga secretos oscuros, por lo que le estaba dando el beneficio de la duda, aunque puede que eso suene hipócrita sabiendo dónde estoy en este momento y qué estoy haciendo.
Debería dejar de engañarme a mí mismo. ¡Despierta, Yuri Plisetsky! Estás aquí para buscar evidencia.
Seguí por el pasillo hasta el tercer cuarto que tenían, un estudio. No había nada allí que valiera la pena, sólo libros en la mesa de estar y todo lo demás en su lugar. Salí de ahí sin detenerme mucho, y continué, quedándome en el pasillo.
¿Dónde más podría buscar? Ya había revisado todo lo que podría haber revisado y lo único realmente raro había sido lo del perro.
Repasé las puertas, y entonces caí en cuenta de que me faltaba una, la que daba al sótano. Hasta donde sabía, jamás usaban ese espacio, el mismo cerdo lo había dicho una vez, pero ya necesitaba más respuestas y no sabía dónde ir. Abrí la puerta y tanteé con la palma de la mano algún interruptor de luz, y al poco rato lo encontré.
Había un par de cadenas en la pared y una jarra de agua en una mesa, junto con un vaso. En el suelo, al acercarme más, vi gotas de sangre seca. ¿Qué era todo esto? Parecía como si hubiera habido alguien aquí, encerrado, a juzgar por las cadenas de la pared terminadas en esposas de policía.
Me seguía negando a mí mismo a pesar de encontrar semejantes cosas en su apartamento. Pero entonces, ¿de verdad lo habría matado? ¿Y si sólo lo escondió? ¿Y si ese era el caso, dónde estaba ahora?
Tenía demasiadas preguntas, ahora más que cuando había llegado aquí. Saqué mi teléfono para tomar una foto de eso también, y luego llamé a Beka. Tenía que calmarme, nada de esto me daba buena espina.
- Yuri –
¡Me contestó!
- ¿Beka?
- Sí, ¿cómo fue todo?
- Sigo aquí. Hay un par de cosas bastante sospechosas, pero no creo que sea suficiente evidencia.
- ¿No? ¿Buscaste en todos lados?
- Sí, en la sala, comedor, cuartos, cocina, incluso en el sótano. ¡Hay cadenas en el sótano! ¿Puedes creerlo? -
- Sí, claro que te creo. ¿Algo de eso lo podrías usar para llevar a la policía e inculparlo de asesinato?
Pensé un momento.
- No, definitivamente no. Podrían confundirlo con algún fetiche extraño.
- Entonces no has buscado bien. ¿Has ido a la alacena?
- ¿Por qué guardaría algo en la alacena?
- No lo sé, es solo una sugerencia.
Salí del sótano y miré el refrigerador. Nada raro excepto que la cantidad de carne era excesiva para una sola persona. Supongo que el cerdo no come tanta cantidad como Victor y por eso se queda acumulada allí.
- ¿Ya estás allí?
- Estoy revisando.
- ¿Algo? –
- No, nada aún - no le dije nada sobre la nevera, no era importante.
Entonces fui a la alacena y tras ver varios frascos de comida, cereales, iba a rendirme. Hasta que vi los cajones de arriba, que solo alcanzaría con una silla. Así que rodé una de las de la mesita de la cocina y me subí en ella para ver. Busqué hasta el fondo, y entonces una cosa me llamó la atención, y casi me caigo de la silla de la impresión. Solté el frasco apenas al tocarlo cuando me di cuenta de lo que tenía adentro.
- ¿Beka? ¿Sigues ahí? – No me di cuenta de lo asustada que sonaba mi voz hasta ese momento –
- Aquí estoy, ¿qué ocurre? –
- Hay un frasco lleno de ojos en la alacena, ¡de ojos! Ojos de personas…
- Calma, Yuri. ¿Quieres que vaya?
- Un momento – entre la impresión, tomé un momento para usar mi teléfono y tomar foto de la evidencia, eso era una muestra clara de que Yuuri Katsuki tenía mucho que explicar. Bajé de la silla queriendo correr, sintiendo el corazón a mil y me puse el teléfono en el oído otra vez - ¿Puedes venir por mí? No sé cuánto tiempo más tenga antes de que él regrese –
- Sí, estoy cerca, puedo llegar en unos diez min- ¡Agh!
En este punto escuché un sonido seco del otro lado.
- ¿Beka? ¿Qué ocurrió?
…
Silencio.
- ¿Beka? ¿Estás bien? ¡Beka!
Y la llamada se desconectó.
Hi~ Gracias por leer si llegaste hasta aquí y si no pues, ¡también! Aquí la primera voz es de Yuuri Katsuki y la segunda la de Yuri Plisetsky.
Gracias por los reviews y las lecturas ustedes, me hacen feliz =D ¿Preguntas? Ya falta poco caps para termirar esta historia y tengo que darle las gracias en especial a Noire Rigel por eso.
¡Buen día!
