¡Hola! Nuevo capítulo!
¡Arriba el shipp Cassarian!
— DÉJAME AYUDARTE A OLVIDARME —
11
Al final no era tan de noche después de todo, despuntaba el sol cuando el pintoresco grupo de cuatro salía del castillo y tratando también de calmar la prisa mortal de Rapunzel.
— ¿Quién en su sano juicio se levanta tan temprano? —se quejó Eugene viendo que a pesar de lo temprano de la hora, los pasillos del castillo estaban ya llenos de bullicio, mientras se tallaba los ojos.
— La gente que trabaja de forma honrada para ganarse el pan, pedazo de holgazán —respondió Cassandra.
— ¿Has dicho pedazo de hogaza de pan? —a Lance le brillaron los ojos— Porque no me vendría nada mal desayunar.
— Y a otros sujetos les toca la lotería si su amigo está con una princesa —se quejó Cassandra para si misma, rodando los ojos.
— Lance, seguro hay muchas cosas en las cocinas, ¿por qué no vas y desayunas, ya que se ha dado el milagro de que estás despierto? —dejó caer Eugene con la esperanza de que colase.
— ¿Y perderme saber dónde vive el chico lindo? —preguntó con retorica. En cuanto supo a que venía el ajetreo en su habitación tan temprano, no le faltó tiempo para prácticamente saltar de la cama que compartía con Eugene, haciendo que el nombrado se comiera el suelo, de paso— Ni de broma.
Fue como un resorte, Cassandra giró su cabeza y clavó sus ojos verde oscuro en el sujeto, sin parpadear. Parecía incapaz de procesar lo que acababa de oír, mientras que Eugene apretaba los dientes. Él conocía a Lance desde que ambos eran un par de bebés abandonados, más que mejores amigos eran hermanos. Por respeto a ese lazo Eugene siempre había mirado hacía otra parte cuando en la adolescencia su amigo comenzó a fijarse en su propio vestuario, más que nada porque no le importaba. Habían sido ladrones de poca monta, precisamente ellos no tenían derecho a juzgar malos vicios. Pero desde luego ni de lejos se le había ocurrido preguntarle nunca a Lance sobre que pasaba con sus "otros amigos", pasadas unas semanas de conocerlos, lo sabía muy bien: a su amigo le encantaba probar todo lo que pudiera, pero nunca se quedaba con la tarta. Y eso le molestaba bastante, demasiado, más de lo que se atrevía a admitir, sobretodo que ahora el "nuevo objetivo" era amigo suyo.
— Arnwaldo —silbó Eugene su verdadero nombre entre dientes, como el toque de atención acostumbrado. Desde que se reencontraron él más parecía un hijo rebelde que un viejo amigo.
Él entendió en seguida y cerró la boca, adelantándose a los pasos agigantados de la princesa. Era muy bella, pero sin duda si que sabía imponer respeto solo con su presencia.
— Princesa, ¿me explicas de nuevo a qué se dedica Varian?
Dicho y hecho, con solo una pregunta la princesa comenzó a cavilar, forzando su mente.
— Oh, bueno, la verdad es que no lo entiendo del todo, pero es como un científico extravagante... Construye muchas máquinas para diferentes cosas... Sí, la verdad es que no lo entiendo, pero aun así...
Mientras Rapunzel seguía divagando sobre el tema y Lance fingía escuchar, atrás de la comitiva de cuatro Cassandra se acercó a Eugene en uno de esos pocos momentos en los que estaban en son de paz.
— ¿Le gusta, Varian? —le preguntó, estupefacta— Pero, ¿gustar... gustar?
El pelicastaño medio gruñó y la miró con el ceño fruncido.
— Ojalá que fuera así —le comentó antes de apurar el paso y quedar al lado de su novia y su amigo—. De todo corazón, de verdad fuese así.
Cassandra solo le vio marcharse quedando atrás de ellos, guardando las espaldas, como le gustaría alardear más tarde, pero la verdad es que se quedaba atrás porque no era capaz de procesarlo.
— Pero si son... dos... ¿eso es siquiera posible?
Varian siempre había sido una persona mañanera en el ámbito de despertarse, ahora, para el ámbito de levantarse de la cama... Eso ya era algo más difícil. Pero incluso a pesar de las noches durmiendo a horas alarmantes el sueño le siguió evadiendo aquella noche. Era difícil dormir a pierna suelta cuando te creías incluso peor que un cero a la izquierda, sin embargo, rodar en la cama farfullando cosas inconfesables hasta el cansancio absoluto era fácil... más bien inevitable. Cuando se despertó, apenas con el sol despuntando, se arrebujo más en las mantas tapándose con ellas hasta la cabeza, mandando al mundo a la porra por esa vez, ya se levantaría cuando se le ocurriera algo productivo que hacer, ya que al parecer la alquimia no lo era para nada.
Rüdiguer no perdió tiempo en empujar las mantas con sus patitas al notar que su humano se movía.
— Ngn —se quejó, desperezándose—. Buenos días, Rüdiguer.
Vale, primera cosa productiva que hacer, darle de desayunar al mapache.
Varian ni siquiera se molestó en quitarse la ropa de dormir para bajar a la cocina.
— Lo siento amigo, no hay comida de mapaches hoy —dijo rebuscando en los cajones sin mucha premura. Así que tomó una manzana roja y jugosa del frutero, se suponía que las manzanas eran solo para él y su padre, ni siquiera los invitados las olían, pero a la porra, Rüdiguer se lo merecía. Después de todo era el único que le daba un poco de amor—. Toma chico, si papá pregunta, me la comí yo.
Sí, claro, como si Quirin fuera a preguntarle al mapache quien comió o no comió algo. Se sentía un poco mal porque en Vieja Corona subsistir ya había sido siempre suficientemente difícil antes de su nacimiento y todos los problemas que causaba... y ahora con esas rocas negras que mataban los prados y cultivos... (Otra cosa productiva que hacer: intentar salvar el mundo con su alquimia... otra vez... cruza los dedos y rezale a los dioses de todas las religiones para que nada explote), Quirin se mataba por tener algo decente que llevarse a la boca... Varian ni siquiera se atrevía a decirle que las manzanas no le hacían precisamente mucha ilusión, se tapaba la nariz, trataba de masticar lo menos posible y tragar rápido para que no se le quedara ese horrendo sabor en la boca mucho tiempo. No quedaba de otra, en su situación no podía ser caprichoso ni con la comida ni con nada. Pero debido a la situación de ayer seguía sin tener apetito, al menos así esperaba que su padre no se enterase.
Al animal le brillaron los ojos y en cuanto la tomó en sus manitas no tenía pensado soltarla por nada del mundo y salió corriendo afuera con su nueva golosina.
Entonces llamaron a la puerta.
— Ya abro —exclamó Varian extrañado, la gente solía asolar últimamente a su padre con problemas en los cultivos por culpa de las rocas, pero nunca tan temprano que ni siquiera su padre estaba despierto.
Al menos no había escuchado pasos alejándose, normalmente algunos no querían hablarle a él directamente y le huían. No les culpaba.
— ¡Gracias a Dios, estás bien! —exclamó Rapunzel, nada más él abrió la puerta.
Se quedó sin habla al ver a esos cuatro a las puertas de su casa. Otra persona no le habría importado, pero la princesa... y Cassandra... ¡y él con semejantes pintas!
— U-un momento —logró pedir ocultando el rosa que se estaba formando en sus mejillas, cerrando de nuevo la puerta en sus narices, tal vez con demasiado ímpetu.
Los cuatro se miraron unos a otros extrañados, antes de que escuchasen desde fuera al chico gritando mientras corría escaleras arriba. Discreción ante todo.
Rapunzel abrió grandes los ojos y estaba dispuesta a abrir la puerta de nuevo, pero Eugene la frenó tomándola del brazo y negando con la cabeza. Cassandra intentaba lo indecible por no reírse, aunque no podía negar que se veía lindo. Lance únicamente guardó la imagen dentro de su mente.
El bullicio dentro de la casa despertó a Quirin, quien tallándose los ojos llegó al pasillo justo a tiempo para ver a su hijo salir apurado de la habitación aun poniéndose la camisa en el pasillo. No llevaba ni sus guantes ni el mono de trabajo.
— Hijo, ¿qué...?
— Le he abierto la puerta a la princesa en pijama... —confesó susurrando, tan avergonzado de si mismo como si hubiera hecho algo terrible.
Pero en realidad eso no le importaba, Rapunzel no era precisamente una persona que le diese importancia al decoro, incluso podría dudar que supiera de la existencia de esa palabra. Era la presencia de la pelinegra lo que le hacía arder la cara de vergüenza.
— ¿La princesa está aquí? —Quirin preguntó, tal vez al aire porque Varian pasó olímpicamente de él bajando las escaleras deslizándose por el pasamanos, estornudando brevemente en cuanto tocó suelo. Había cogido algo de frío durante la noche, por alguna razón su habitación había estado congelada.
El hombre negó con la cabeza y él mismo se apresuró a verse decentemente.
— ¡Hola! ¿A qué debo la agradable visita? —Varian había vuelto a abrir la puerta tratando de verse casual y hacer como que lo sucedido no pasó, mientras les dejaba pasar.
— Amigo, lo que pasó, pasó. Los deslices de uno no se pueden borrar —le aseguró Lance con una sonrisa de entendido, mientras pasaba por detrás de las damas. Le revolvió el cabello amistosamente y después añadió casi susurrándole al oído, para molestar a Eugene—. Por cierto, aun estás despeinado.
Varian se estremeció por la cercanía y se sonrojó en vergüenza, tratando de acomodarse el cabello con los dedos. Lance podría casi relamerse ante la escena y Eugene no pudo evitar fruncir el ceño hasta que le dolió. Por supuesto él no escuchó lo que dijo, así que se imaginó lo peor.
— Si te quieres un poco a ti mismo, no te dejes llevar por este —le advirtió al más joven en voz alta, a propósito, lo que dejó a Varian dudoso, pues no sabía a que se refería—. Teníamos tu edad cuando este sujeto de aquí usó mi devoción por Flynn Rider para convencerme de que escapase del orfanato con él, para ser ladrones.
Para ser un ex ladrón de poca monta, Lance realmente sabía ser avispado cuando le convenía.
— Oh, pero lo disfrutaste. Y durante bastantes años —unos buenos años... hasta que a él le pillaron, fue encarcelado y Rider se quedó solo en el pillaje, lo qué le llevó a preguntarse que demonios estaba haciendo con su vida emulando a un personaje ficticio, con más claridad—. Además ahora sales con una dama de cuna real, no te puedes quejar de que las decisiones que te hice tomar te hayan llevado por mal camino, Flynn.
— Arnwaldo.
Ambos se retaron con la mirada, casi se podían ver chispas entre ellos. Cassandra se quedó mirando a uno y luego al otro y algo hizo click en su cabeza. Estaba más que claro para cualquiera que quisiera observar que Lance estaba usando a Varian para llamar la atención de Eugene. Uy.
— Iros a tener problemas de pareja a otro lugar —se quejó Cassandra y ambos la miraron furicos con cara de "tú no te metas".
El corazón de Varian se achicó al escuchar decir de su propia boca "problemas de pareja". Si ella supiera... Hiccup estaba equivocado, sentimientos tan fuertes no podían inducir a error. En verdad la amaba, pero no era correspondido. No era correspondido.
— Varian, ¿te sientes bien? —la princesa colocó una mano en el hombro del más joven, tal y como había hecho en su pesadilla, algo temerosa de su reacción.
No, por supuesto que no se sentía bien. Solo quería morirse. Se quedó mirando a la rubia sin abrir la boca, sin saber que decir, como si ella fuese un salvavidas, su última oportunidad.
— ¿Nada de lo qué debamos hablar, como, no sé, algo que te hecho sin darme cuenta? —insistió Rapunzel ante el mutismo de él, temblando ligeramente.
Haría cualquier cosa para evitar que su pesadilla se volviese una realidad.
— No, nada —contestó él, no estando muy seguro de a que venía eso.
— Claro, por supuesto, porque iba a haber nada, todo está bien entre tú y yo y sabes que puedes decirnos cualquier cosa, ¿verdad, verdad? —hubo algo en su insistencia, el pánico más puro en sus ojos verdes, que hicieron que Varian quisiera tomar varios pasos atrás. Le estaba asustando.
— Todo está bien —aseguró y Rapunzel suspiró aliviada.
Sin embargo los tres espectadores no estaban igual de convencidos, sobretodo Cassandra quien ya había notado algo raro en Varian desde ayer y la pesadilla de Rapunzel no la ayudaba a ser precisamente indiferente al respecto.
— Buenos días, Alteza —Quirin cortó el incómodo momento bajando por las escaleras, sin embargo hizo como que Cassandra no existía y la pelinegra frunció el ceño—. Permitidme que os diga que os veis radiante.
Rapunzel se acarició el cabello visiblemente más corto y sonrió. No había renunciado a las flores que adornaban su cabello a pesar de todo, pues eran un feliz recordatorio de la primera vez que pisó Corona, de la vez que regresó a su verdadero hogar.
— Gracias, pero el mérito es todo de Varian —parecia que responder eso se iba a volver una costumbre.
Era lo mismo que les había contestado a sus padres en cuanto se volvieron a ver para la hora de la cena el día anterior y se habían quedado asombrados al ver que por primera vez su hija lucía un cabello normal y no habían podido evitar alabarlo. Pero claro, era su niña, por la que habían esperado 18 largos años, con cualquier cosa ella se vería como el ser más hermoso a ojos de Frederic y Arianna.
— Sois muy amable, Alteza, espero que mi hijo no haya sido una molestia —era sin duda triste como Quirin no era capaz de creerse una alabanza hacía su hijo sin que hubiese un "pero" de por medio.
— ¡Todo lo contrario! —Rapunzel negó vividamente con la cabeza— De hecho...
Miró a Varian durante unos segundos y después sus ojos verdes volvieron a posarse en el herrero. Esa era su oportunidad, en el día de ayer tras descubrir quien era realmente el chico lo había comenzado a pensar fuertemente, después la pesadilla... Era como un mensaje que la incitaba a no perder el tiempo y que era mejor tenerle cerca el mayor tiempo posible.
— Me gustaría mucho que Varian fuese mi mayordomo real.
Un silencio de lo más espeso se instaló en la humilde casa. Eugene, Lance y Cassandra abrieron los ojos como platos y rezaron por haber oído mal, sin duda Rapunzel no tenía idea de la magnitud de lo que acababa de decir. Del shock por lo escuchado Quirin tomó asiento lo más rápido posible, no fuera a ser que cayese redondo al suelo. No tenía esa sensación de tener el corazón en la garganta desde el día en el que Varian fue casi condenado a muerte. Mientras el nombrado tenía problemas para procesar lo que acababa de suceder y su temperatura corporal poco a poco se iba helando. No podía ser... ¡Rapunzel no podía hacerle eso tan horrible!
Eugene acarició ligeramente el brazo de Rapunzel.
— Rubita, ¿estás segura de lo que dices?
Cassandra reaccionó negando con la cabeza una y otra vez en dirección a su mejor amiga, pero la princesa no captó el mensaje.
— Completamente —aseguró, mirando al pelinegro—. Pero solo si tú quieres.
¿Qué si él quería...? ¡¿Estaba de broma?! Primero le pregunta que si está bien y luego le apuñala de esa manera, ¡cómo si estuviera en sus manos elegir!
— ¿Que-queréis que mi hijo sea vuestro mayordomo? —era un puesto mucho más alto de lo que siempre creyó que Varian llegaría a conseguir nunca y ya era hora de que su hijo comenzase a hacer su vida lejos del nido... a su vez, el precio a pagar era altísimo.
Rapunzel asintió tranquilamente sin tener idea de lo que acababa de desencadenar.
— Y-yo deseo hablar a solas con mi hijo —pidió.
Todos los que no vivían en el lugar salieron en procesión dejando a padre e hijo solos.
— ¡Papá, no puedes dejar que me lleven! —exclamó Varian, temblando de impotencia.
— Hijo, escucha...
— ¡No, no voy a dejarte!
Quirin se acercó a él y lo atrapó entre sus brazos.
— Escúchame, no hay opción. Se trata de tu futuro, Varian, es una oportunidad de oro.
Sí, una oportunidad para un futuro que no deseaba en lo más mínimo.
— ¿Y qué pasa con mi vida?
— Si te quedas aquí puede que no tengas vida —confesó Quirin y Varian se quedó mudo—. Siempre ha sido difícil para mi el manteneros a ti y a tu madre. Primero fue ella con su enfermedad, luego fuiste tú con... bueno y ahora esas rocas están matando nuestros cultivos...
— ¡Yo puedo pararlas! —prometió— Solo necesito investigar...
— No, Varian, no más alquimia, por favor, no más alquimia —Quirin parecía un condenado a muerte diciendo eso—. Vivirás en el castillo, no te faltará de nada.
— ¡Me faltaras tú! —desde la muerte de su madre solo lo había tenido a él y si perdía a su padre, estaba seguro de que se volvería loco.
— Está bien, si no lo haces por ti, entonces por mi —pidió el hombre—. Hijo, piensa. Eres joven y estás sano, pagaran un precio muy elevado por ti —y Dios sabía que necesitaba ese dinero.
Varian se atragantó. A eso lo estaba obligando Rapunzel, a ser una propiedad Real, un objeto que se usaba y luego se vendía o se regalaba cuando ya no era útil, le estaba privando totalmente de su libertad. Pero su padre tenía razón, estaban pasando por estrecheces agónicas y los reyes sin duda le darán a su padre un buen dinero por un adolescente de buena salud, más si el chico estaba dispuesto a realizar cualquier trabajo.
Era una decisión que no quería tomar, pero no le quedaba de otra. Por su padre haría cualquier cosa, cualquiera. También Quirin haría cualquier cosa por asegurarle a Varian un buen futuro, aunque eso significase renunciar a él para siempre.
— Por ti —concedió el chico con voz estrangulada.
Quien sabe, tal vez en un futuro miraría atras y se daría cuenta que esa decisión había sido totalmente la correcta.
Pero ahora solo podía ver negro.
¡Toma giro de los acontecimientos! XD
Rapunzel queriendo hacer algo bueno y ventajoso mete la pata hasta el fondo, y ahora Varian y Cassandra van a vivir bajo el mismo techo.
