Después de tanto tiempo desperdigados por cualquier parte del mundo, parecía mentira que todos hubieran podido reunirse bajo el mismo techo. Incluso los más ocupados habían podido acudir para escaparse así una noche de sus obligaciones.
Los saludos, puestas al día, presentaciones entre acompañantes y recién llegados habían ocupado gran parte de la noche, gran parte de ellas centradas en la futura novia con quién apenas habían podido tener oportunidad de hablar hasta aquella fecha tan cercana ya al gran evento. Y llegados a tal punto de la noche parecía que todo había vuelto tan a la normalidad que nadie podría decir que algunos llevaban casi una década sin verse.
Mimi apoyó la cabeza en la que había sido su mejor amiga desde que tenía recuerdos, siendo imposible no haber tenido contacto con ella, sobretodo desde que por fin parecían tener tantos intereses en común y pasar más tiempo que nadie en la misma zona horaria.
- Me tienes abandonada – dramatizó en broma por lo bajo.
- Ya… pero ya sabes que todavía me estoy instalando. Cuando esté todo listo ya me tendrás a tu disposición del todo de nuevo - la pelirroja explicó antes de alzar ligeramente más la voz para que pudiera escucharla bien Taichi quien estaba en un grupo hablando no demasiado lejos de ellas-. Además, ya vamos a empezar con los últimos detalles y tengo que tener toda mi atención al proyecto del año. Bastante tiene la pobrecilla ya con lo que tiene que aguant ¡ay! – cortó al frase a medio camino al notar como un brazo la rodeaba por los hombros tirando de ella para revolverle el pelo-. ¡No seas bruto que me has a dejar con pelos de loca!
- Mírala, preocupándose ahora por su pelo – aflojó un poco el agarre sobre ella, pero no la soltó-. Desde que se nos ha vuelto toda una señora, le preocupa despeinarse.
- Eh, eso es porque ahora pasa más tiempo conmigo que contigo – Mimi sonrió de oreja a oreja-, soy mejor influencia que tú.
- Me influencio yo solita, muchas gracias, solo necesitaba que se me pegara algo de alguno de los dos… - puso los ojos en blanco antes de empezar a reírse.
- ¿Qué tal lleváis la noche? – les preguntó el chico.
- Muy bien, aunque ahora que lo pienso bien… No me has presentado a Koemi decentemente todavía – los ojos de la chica se fijaron en algún punto no demasiado lejano por detrás de ellos, volviendo hacia sus amigos de golpe.
- ¿Cómo que no? Te la presenté según llegaste.
- No, eso no cuenta como presentación – se le colgó del brazo libre-. ¡Venga! ¡Ya estás tardando!
- Pero… - giró la cabeza para mirar hacia Sora-. ¿Vienes?
- No, no te pienso salvar de esta, por despeinarme. Tú solito te lo has buscado…
- Cría cuervos… - retiró el brazo de encima de ella y se dejó arrastrar por la otra, quien, curiosamente antes de alejarse giró la cabeza hacia la pelirroja de nuevo para guiñarle el ojo.
La miró, arqueando ligeramente una ceja en señal de no entender el gesto y decidió que quizás era buen momento de rellenarse el vaso, el cual llevaba demasiado tiempo vacío y allí comenzaba a hacer más calor de la cuenta.
Dijera lo que dijera, no lo podía evitar. Estaba en el mismo grupo que Jou y Koushiro, hablando, poniéndose al día también cuando se le habían vuelto a ir los ojos sin poder evitarlo. Por suerte, nadie se había dado cuenta, pero ni siquiera había escuchado de lo que estaban hablando los últimos minutos.
Al haber seguido con la mirada a Yagami se había vuelto a encontrar en el camino con Sora, la cual, parecía tener un imán en esas situaciones. Inicialmente no se había dado cuenta tan siquiera de hacia dónde estaba mirando hasta que su cabeza se había puesto a analizar lo que veía.
No necesitaba un cartel luminoso para darse cuenta de lo muchísimo que había cambiado desde la última vez que la había visto en persona. Ya lo había notado días atrás cuando se habían encontrado. No quedaba nada de la niña que se había despedido de él en el aeropuerto. Todo, absolutamente todo, era diferente. Incluso la forma de moverse y de comportarse. No solamente había crecido, había algo más.
Había algo más que conseguía que se quedara completamente hipnotizado sin poder evitarlo. Y quizás, el aspecto con el que se había presentado a la cena no había ayudado. No recordaba haberla visto nunca vestida de la forma en la que lo había hecho últimamente tampoco, aunque no llevara más que un simple mono negro sin tirantes, sin adornos de ningún tipo. Había algo… algo diferente.
Ni siquiera se dio cuenta de que Mimi se había dado cuenta de la jugada, estaba demasiado ocupado con la mirada fija en el punto en el que el cabello corto pelirrojo de ella rozaba con los hombros de la chica. Y de repente, se había quedado sola.
¿Por qué algo le decía en su cabeza que quizás podría acercarse a hablar con ella a la vez que un cartel luminoso le señalaba lo mala que era esa idea? Reaccionó cuando la vio moverse, llevando la mirada hacia sus dos amigos antes de hablar de nuevo.
- Creo que voy a por algo, tengo sed, ¿queréis algo?
- No gracias – dijo uno.
- Estoy bien, gracias – dijo el otro.
- Ahora vengo… disculpad.
No era la mejor de las ideas y posiblemente acabase con algún cabezazo de su parte, un tirón de orejas de Takeru y una colleja de Taichi como se diera cuenta, pero… tampoco lo podía evitar. Se acercó a la barra como si fuera la más total y absoluta de las casualidades, intentando llegar primero para que no pensara que la había seguido, colocándose más o menos en la dirección en la que ella parecía ir.
Por suerte para él, nadie, ni siquiera la chica, se dio cuenta de la jugada. Y por eso puso cara de sorpresa cuando se lo encontró allí.
- No te había visto – dijo ella, haciendo el esfuerzo de mantener las reacciones a raya-. Debo de estar quedándome ciega o algo…
- Habría gente delante…
- Sí… será eso – lo observó unos segundos.
No entraba dentro de sus planes reaccionar como lo había hecho el otro día, pero tampoco entraba dentro de ellos ponerse a hablar tan tranquilamente con él como si nada. Sin embargo, sabía que era lo que tenía que hacer si quería aparentar normalidad… No, no quería aparentar normalidad, porque no había nada que no estuviera normal. Esa idea la idea. Acabó por sonréir.
- ¿Qué tal la noche? ¿Todos bien? – quizás fuera el que más perdido del grupo hubiera estado.
- Sí… Pensé que la cosa iba a estar algo más tensa pero por mucho que me empeñe en alejarme de todos no va a ser tan fácil – dirigió la mirada hacia el grupo quién no se había dado cuenta todavía de que faltaban, volviendo a mirar hacia ella-. ¿Y tú?
- Bueno… creo que me conoces de sobra como para poner en duda que no haya mantenido el contacto con todos ellos costara lo que costara – le hizo un gesto al camarero para que se acercara.
- Yo llevo sin saber de ti prácticamente desde que me fui – dejó caer sin poder evitarlo, aunque quizás hubiera sido mejor no decir nada.
- Perdón, se me olvidó decir que mantuve el contacto con aquellos que quisieron – quizás esa no fuera la mejor norma de actuar con normalidad, pero, por suerte para ambos, el camarero por fin les hizo caso.
- He estado muy ocupado, ya lo sabes.
- Sí, como todos. Pero bueno, supongo que en la vida de un importante astronauta no había tiempo para sus amigos, fuera el que fuera. Está bien, cada uno tienes sus prioridades, solo que las mías son diferentes de las tuyas – cogió lo que el camarero le tendía, señalándole la zona en la que estaban para que lo tuviera en cuenta a la hora de añadirlo a la cuenta-. Aunque creo que eso ya lo sabes de sobra.
No tenía demasiada intención de esperar por él, cierto era. No le apetecía seguir con aquella conversación, aunque ella sola fuera la que hubiera caído en ella. Fue a despedirse para volver con el resto cuando lo vio observarla unos segundos antes de abrir la boca.
- Tienes razón, lo siento – se giró él también su vaso.
- Da igual, no te preocupes – dijo antes de dar unos pasos hacia dónde estaba antes.
Observó la jugada, pensando si quizás lo mejor fuera dejarla irse a dónde quisiera y no volver a cruzar más palabras con ella que la justas. Pero…
- Espera, ¿podemos hablar un momento?
- ¿De qué? – estaba segura de que poco tenían que hablar a esas alturas.
- Por favor – le dijo poniéndose serio y acercándose para recortar la distancia que ella había puestos entre ambos.
Aunque hizo por evitar el contacto visual con él durante todo aquel rato las dos últimas palabras la hicieron levantar la vista hacia él, fijándose, por primera vez desde hacía bastante tiempo en esa expresión que tan bien le conocía. No fue la mejor de sus acciones, porque también tuvo que reconocerse a sí misma que se había quedado mirando más tiempo de la cuenta hacia los azules ojos de Yamato antes de asentir casi sin darse cuenta.
No quería hablar con él, o al menos de eso estaba convencida también, y había acabado asintiendo. Quizás porque en el fondo seguía siendo demasiado amable con todo el mundo… o quizás porque en el fondo sí que quería hacerlo.
Le hizo un gesto para perderse un poco de la vista de los demás, saliendo fuera para poder escucharse sin tener que estar gritando por encima del ruido y las conversaciones de los demás. También en parte porque si alguien se daba cuenta de que ellos dos estaban hablando quizás fuera a meterse para evitar que alguien dijera algo que no debía.
Mimi, quien había estado pendiente de toda la jugada sonrió, divertida, antes de seguir distrayendo a Taichi. Para eso seguía siendo la mejor…
A: ¡Pero bueno! ¡Que habían pasado cosa de 15 minutos desde que subí la historia! ❤❤❤❤ ¡Eres genial! Jajaja De verdad, que a mí estas cosas me hacen mucha ilu y luego me pico a avanzar más o peor, a querer subir más capis del tirón y no puedo que sino acabo en nada con el ff jajajaja. Millones de gracias por la constancia que tienes conmigo, de verdad :3
Me alegro un montón de que te haya gustado, principalmente porque va a ser otra de las grandes constantes en la historia. De tener a alguien en modo sobreprotector y más preocupado por Sora de todos sus amigos, tiene que ser él. No podía ser absolutamente nadie más. Al igual... que como se puede ver aquí, de tener que meter alguien las narices en todo para acelerarlas un poco... ¡tenía que ser Mimi! ¿No decías que querías ver cómo sus amigos daban empujoncitos? Pues... por alguna parte había que empezar.
¡Mañana más!
