Capítulo 11: Y en los túneles...
"Cuando no son conocidas las elecciones absolutas (infalibles), la inteligencia corre sus riesgos con los datos limitados que posee en una arena donde los errores no sólo son posibles, sino necesarios."
Dune: Casa Capitular. Frank Herbert
Hablando en términos de extensión Tori no Kuni era pequeño, la aldea más grande era la capital del país, el resto de las poblaciones salpicaban la geografía como brotes de mala madre, alejados del centro neurálgico de la nación y como dispuestos al azar.
La Aldea del Halcón se localizaba al norte de la capital del país, casi a medio camino entre Tori y Tsuchi; consistía en un pequeño núcleo de casas alineadas en perfecto orden alrededor de una plazuela central. Al igual que en la capital, muchas de las construcciones se encontraban sobre canales de agua que lo atravesaban de lado a lado. La zona comercial se extendía tocando los bordes del lugar.
Temari agradecía la protección que el uniforme recibido le proporcionaba ya que la temperatura había disminuido varios grados apenas abandonaron la capital. Siguió a Shiba hasta la parte más recóndita de la zona. Un hombre alto y fornido, con la parte inferior del rostro cubierta con un pañuelo la miró torvamente, interponiéndose entre ellos y la callejuela.
–¿Ese ninken es tuyo? –preguntó con voz rasposa.
–¿Está probihido su acceso a esta zona?
–Ten cuidado bonita, los ninken son artículos de lujo y este es uno de Konoha.
–¿Quién lo habría pensado? Lo encontré vagando en el camino y pareció tomarme afecto.
–Ya que no clamas su propiedad te diré qué, déjame al animal y no haré preguntas.
–¿De veras? Que yo sepa no se impide el paso a clientes potenciales –replicó Temari esforzándose en mantener la calma.
–Las reglas cambian –contestó el hombre encogiendo los hombros– y este es mi reino.
–¿Y no harías una excepción por mí? –preguntó coqueta.
"Si ese humano tuviera un poco más de cerebro se daría cuenta de con quién está hablando" pensó Shiba asomando el colmillo en una sonrisa que para el hombre pasó desapercibida. El hombre era tan sólo un bravucón, ya que de ser un comerciante regular de la zona, sabría que los ninken eran una invocación, no un equipamiento más y que la joven que tenía ante él era una kunoichi élite entrenada en el arte de la seducción y el asesinato discreto. Punto y aparte, Shiba no lo había visto a lo largo de sus incursiones en el mercado negro de la aldea, su autoproclamada corona era tan sólo un farol.
Repuestos adecuados de armamento y pergaminos eran una necesidad vital para shinobis alejados de sus propias aldeas ninja, ya fueran viajeros o mercenarios. Los únicos motivos probables para que se encontraran alejados de sus lugares de origen, era que fueran nukenin o mercenarios provenientes de aldeas pequeñas que no fabricaban sus propios pertrechos. Estudiando los diseños de las etiquetas explosivas y otros artefactos que formaban parte de las diversas trampas colocadas en el perímetro del complejo, Shiba y Guruko habían localizado su procedencia, lo que los había llevado hasta Taka no Sato.
El apoyo humano que mencionara Gato en su breve conversación con Temari y Kankuro se refería a la compra de ese armamento para un examen minucioso de sus características y posibles usos.
Shiba se permitió un fugaz sentimiento de piedad hacia el omiso personaje que había tenido la mala suerte de interponerse en el camino de una kunoichi.
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Tras llegar a un acuerdo respecto a sus honorarios, Oroshi le había explicado a grandes rasgos lo que serían sus deberes, básicamente consistían en mantener el inventario, ayudar en el reparto y ordenar el almacén. Iruka comenzaría su trabajo formal a la mañana siguiente.
Habían acordado reunirse en la aldea de la Garza, localizada a un par de horas de la capital. Por lo que Iruka había podido deducir, el almacén de cualesquiera que fuesen los suministros médicos que solía distribuir su nuevo jefe, tenía como sede ese lugar. En cuanto regresó a la posada revisó un mapa; era evidente que la aldea estaba en un punto estratégico que permitía el acceso más rápido a la mayor parte de las poblaciones que rodeaban la capital. Una hábil ubicación para un negocio, independientemente del ramo.
Se dirigió al pequeño comedor de la posada, donde los huéspedes habituales ocupaban las diez escasas mesas disponibles. En cuanto la dueña lo vio, le sirvió su comida.
Levantó la vista de su cena para descubrir a Genma, que junto con Kôsen, habían entrado al comedor, echó un vistazo alrededor y percibió la presencia de Ōkamimaru. Genma siguió su mirada y sonrió para sí, era evidente que Lobo le había encomendado la protección de Iruka, algo predecible en alguien que no gustaba de dejar cabos sueltos.
–Genma –musitó, sin poder evitar hacer la relación automáticamente.
–Parece que las demás mesas están ocupadas, ¿le importaría compartir la suya con nosotros? –preguntó Genma con amabilidad.
–No tengo inconveniente –respondió Iruka amable, evitando mirar demasiado a ambos. Se sentaron, señalando casi al instante a la ayudante de la dueña para que les llevara los alimentos.
–¿Tiene mucho tiempo por aquí er...? –comenzó Genma.
–Umino Iruka, del País de la Ola, un par de días, en busca de trabajo –completó Iruka siguiendo la farsa– ¿y ustedes?
–Shiranui Genma y Kuroi Mujaki –respondió Genma– chūnin de Konoha, venimos sólo de paso.
–¡Ah, shinobi!
Ambos exhibieron enormes sonrisas y asintieron enérgicamente ante la exclamación de Iruka. Compartieron una agradable cena hablando de cosas triviales y datos de sus respectivas aldeas y finalmente se retiraron a sus habitaciones despidiéndose de manera visible.
Una hora después se reunieron en la habitación de Iruka, que les dijo que el lugar era seguro. No obstante, Kôsen volvió a realizar un rápido escaneo y asintió, los tres se sentaron en el tatami, Genma sacó una botella de sake y se la pasó a Iruka.
–¿Órdenes de Lobo? –preguntó Iruka esperando sus instrucciones.
–No. Está al corriente de tu avance –respondió Genma– en todo caso, si decide darte órdenes lo hará por el comunicador, o te encontrará personalmente –añadió tras pensarlo brevemente.
–¿Alguna observación adicional, Umino-san? –preguntó Kôsen.
–Creo que no está tan implicado como habríamos podido suponer –respondió Iruka– el lugar de trabajo está a dos horas de aquí.
–Tch, Iruka quita esa cara, ¿quieres? –dijo Genma, dando un trago a la botella y regresándosela a Iruka.
–Mis disculpas, es inevitable –se excusó. Genma tenía razón, lo había estado mirando con una mezcla de estupor y preocupación.
–Ōkamimaru identificó su olor como uno de los que participaron en el secuestro de los de Kumo –intervino Kôsen.
–Sí, la nota de Pakkun lo explicaba –murmuró desalentado– él es una persona agradable –agregó– hasta ahora los deberes que me ha asignado caen dentro de lo regular por el giro de su negocio.
–El tiempo lo dirá –Genma encogió los hombros–. No ha habido más incidentes, por lo que podemos asumir que si van a reclutar más personal, solamente tienen estas dos opciones –se señaló a sí mismo y a Kôsen.
Iruka asintió, tratando de seguir el tono ligero de Genma. La vida shinobi implicaba riesgos, todos lo sabían, lo que él no había esperado era que alguien cercano, al menos lateralmente, se viera involucrado. Anko podría estar muy loca, pero realmente amaba a Genma, era feliz, si algo le llegara a suceder... Advirtió la mirada de Kôsen fija en él y le sonrió amable, el joven pareció alegrarse del gesto y correspondió la sonrisa.
Como profesor, Iruka sabía que era un error común de los seres humanos creer que sus críos eran frágiles. A lo largo de los 62 años desde la fundación de Konoha y el establecimiento de la Academia ninja, habían surgido verdaderos prodigios entre sus filas. Pequeños niños que terminaban la preparación básica cuando los otros de su edad apenas ingresaban a la Academia; los famosos Sannin y Kakashi le venían a la mente, Asuma y Gai no se quedaban atrás, todos ellos se habían convertido en armas mortales muy rápido en su vida, el último gran genio había sido Itachi. Pero al ver a Kôsen, ANBU a los 15, se preguntaba cuántos prodigios más estarían ocultos entre las filas de Raíz.
–¿Hay alguna razón para que hiciéramos contacto de manera visible? –preguntó Iruka por fin, rechazando la botella con un movimiento de cabeza.
–Previsión de Lobo –respondió Genma en forma críptica– de hecho me dijo que preguntarías eso. Lo consideró necesario –encogió los hombros desdeñando el asunto– vamos sensei, también quería disfrutar un trago contigo –le guiñó un ojo.
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Kankuro movió la cabeza, se sentía fuera de lugar junto a un ninken; según sus propias deducciones, el perro era más que suficiente para realizar la labor que tenían asignada: los suministros. Bizuke posó su mirada en él y le señaló con la cabeza el largo listado que había extendido sobre la mesa.
–Sácame de una duda, Bizuke-san, ¿cómo le hacen para escribir? Es decir, ¡mira tus patas!
–Creo que es lo que menos debería preocuparte –respondió el ninken sin evitar sonreír, ese humano estaba loco si creía que él le revelaría los secretos de su raza.
–¿Me vas a dejar con la curiosidad?
–Sí.
–Anda pues, egoísta –refunfuñó Kankuro, extendiendo un mapa a un lado del pergamino.
Se había sentido relegado por no tener misión de campo. Él era alguien que necesitaba acción física más que intelectual; después de Gaara, Temari era quien hacía el tipo de labores que incluían clasificación y análisis de información. Estaba perdido, sin darse cuenta había confiado en la extraordinaria inteligencia de su hermano menor y la agudeza de su hermana mayor.
–No entiendo ni jota –dijo después de un rato– son demasiadas letras...
–Es sencillo, sólo hay que marcar en el mapa las rutas de los suministros y clasificarlos por frecuencia de entrega. Separar las sustancias químicas e incluirlas en ese otro listado –señaló con una pata.
–Pero eso es algo que tú puedes hacer, por lo demás mucho mejor que yo.
–También puedes hacerlo, cachorro –dijo Bizuke.
–Tch... cachorro... creo que ahora entiendo al pobre Gaara, papeleo... –murmuró Kankuro mirando con desamparo la cantidad de información– ¿Cómo saben que esto es correcto?, es decir, no han pasado tanto tiempo siguiendo esas pistas –dijo por fin.
Bisuke lo miró ponderándolo. El joven era más de lo que aparentaba. Ladeó la cabeza sin dejar de verlo haciendo que se removiera nervioso, finalmente, con lo que sería el equivalente a un suspiro de resignación abrió el hocico.
–Es correcto. En cualquier otra circunstancia te mordería un ojo. Pero estás trabajando con el jefe, así que te explicaré. Primero observamos el complejo, rastreamos los diversos olores, clasificamos y dividimos los posibles proveedores. Después la manada se reparte y verifica los negocios, se cuela en las instalaciones y roba... err confirma los registros. Por otro lado, también seguimos a corta distancia a los que hicieron entregas al complejo en las últimas setenta y dos horas, eso permite hacer una lista verificable.
–¿Estás bromeando, no?
–¿Parece que bromeo?
–Ya decía yo que un ninken no podía tener tan buena ortografía –murmuró ceñudo– pero como sea, sigo pensando que no sirvo para este trabajo –señaló su sien derecha– aunque me da cargo de conciencia después de todo lo que trabajaron.
Bizuke lo miró ponderándolo. El fuerte físico del joven apuntaba a alguien que se concentraba más en la fuerza física. No era gordo, sino macizo y fuerte, los enormes rollos de invocación de sus marionetas eran pesados, era necesario un cuerpo de esas características.
–Sólo eres perezoso, cachorro.
–Deja de decirme cachorro –rezongó, sintiéndose un tanto ridículo de discutir con un perro.
–Te subestimas.
–Temari dice que el idiota de la familia soy yo –afirmó encogiendo los hombros– debe tener razón.
–Esas palabras son una muestra común de afecto entre los humanos –dijo Bisuke.
–¿Afecto? ¿No has oído eso que dicen que de tanto que te repiten que eres idiota terminas por serlo?
–Lobo no me invocó para elevar tu autoestima –gruñó Bizuke, achicando los ojos.
–Mi autoestima no necesita elevarse, tú... perro.
–No dije que no lo haría –protestó Bizuke viéndolo con malicia, podría sentirse ofendido mínimamente por que no lo llamara por su nombre, pero el genérico no estaba mal, después de todo era un perro– tal vez no lo has advertido, pero se requiere una gran agilidad mental para ser un maestro titiritero. El control de marionetas no se basa en fuerza física o el movimiento de las manos, requiere reflejos mentales para determinar qué va a hacer tu marioneta.
Kankuro lo miró boquiabierto, era algo en lo que jamás había pensado.
–Mira tus manos, son grandes y curtidas. Has cultivado tu fuerza y físico para contrarrestar la debilidad de los grandes maestros marionetistas: la lucha cuerpo a cuerpo. Un idiota sería incapaz de hacerlo –dijo Bizuke sin darle importancia.
–¡Soy genial! –exclamó Kankuro sintiéndose feliz, abrazó al ninken con fuerza y le dio varias vueltas en el aire.
–Creo que comienzo a reconsiderar mi opinión.
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Había avanzado la noche cuando por fin se reunió todo el grupo, excepto Iruka, en el improvisado cuartel. El frío seguía azotando la zona con implacable tenacidad, aunque el interior era agradable ya que el servicio de la mansión había colocado prácticas estufas de hierro para calentar las habitaciones.
–¿Has llegado a alguna conclusión? –preguntó Gato.
La voz de Lobo le respondió desde el cuarto de baño. Tanto él como Gallo habían llegado, aún mojados de su exposición al aguacero de las montañas, directo a tomar una ducha caliente y cambiarse de ropas.
–Tan sólo acercamientos. En esas instalaciones se está llevando a cabo una investigación de tipo médico, de ahí los servicios de Oroshi. Lo que no encaja es la presencia de su chakra.
–Quizá estuvo en el lugar y momento equivocados –aventuró Ardilla– Iruka piensa que es un buen hombre.
–Y rara vez se equivoca al juzgar a la gente –afirmó Gallo, repatingado en el sofá a un lado de Neji, ambos bebiendo té.
–Entonces, ¿por qué le tiene tanta manía al capitán? –preguntó Kôsen intrigado, él no lo conocía como los demás. La risa de Lobo y el encogimiento colectivo de hombros no contestaron su pregunta.
–Buen punto, Verraco –dijo Gato– supongo que eso seguirá siendo un misterio –le guiñó un ojo.
–Como su amistad con Mizuki –comenzó Ardilla– aunque eso le pasó por confiado –Gato lo miró con reproche, había querido terminar la conversación ahí, Ardilla alzó los hombros como disculpa.
–Él cree en la bondad de las personas –afirmó Neji ante el azoro de Gallo que lo miró alzando mucho las cejas– y por lo general las personas tratan de alcanzar las expectativas que se tienen de ellos. Mizuki fue una excepción.
–Hey que esto ya parece el molino de Konoha, ¿qué pensarán nuestros compañeros de Suna? –dijo Lobo saliendo del cuarto de baño, se escuchó un suspiro generalizado de alivio, había tenido algo de consideración para la presencia de Temari, pues al menos vestía un pantalón– vuelvan a la misión, gente, activen los comunicadores, Iruka tiene que escuchar la información también. Temari-san...
–Se abastecen de pergaminos, etiquetas y kunai en Taka, realicé la compra de kits para análisis, aunque en general se apegan al estándar al que estamos acostumbrados, excepto los shuriken, que son de fabricación local.
–¿Algo más? –preguntó Lobo, advirtiendo la ligera vacilación en el tono de voz de ella.
–Un hombre quiso adueñarse de Shiba, por supuesto no se lo permití –respondió Temari– su presencia despertó sospechas, un genjutsu de olvido arregló el asunto.
–Buen trabajo. ¿Kankuro-san?
–¡Sí, Lobo-sama! Hay dos aldeas que mantienen registros de sustancias químicas, la de la Garza con un proveedor y la del Gorrión con dos. Aunque Bizuke insiste que hay una que no aparece registrada, posiblemente un tipo de veneno –revisó las notas– Bisuke se retiró a seguir la búsqueda de esa pista, la muestra recogida es insuficiente para su nariz. El abastecimiento de alimentos se realiza desde varias aldeas, incluyendo esta capital. En el negocio de Oroshi Hideo no se encontraron registros de entregas al complejo. De ahí podría provenir la sustancia faltante, aunque Akino no la haya detectado en el registro que hizo hoy en el almacén.
–¿Escuchaste Iruka?
–Recibido –confirmó la voz en los auriculares.
–Ardilla te proporcionará papeletas detectoras de venenos.
–Entendido.
–Shizune es perfectamente capaz de descifrar los componentes –dijo Lobo– le haremos llegar el listado –casi al momento Kankuro le entregó los mapas y el legajo de informes que habían recopilado él y Bizuke.
–Temari-san y yo nos encargaremos de la prueba de armas –dijo Gallo viendo la expresión de Ardilla, siendo el maestro de armas él era el responsable, pero su papel de cebo lo impediría.
–Bien, se han establecido las rutinas de vigilancia y las postas de guardia –comenzó Lobo– por supuesto, habrá que darles seguimiento. Tenemos confirmados cuarenta y cinco shinobis en diferentes grados de desgaste de chakra, lo que apunta a algún tipo de estudio enfocado al chakra. No podemos descartar otros experimentos, ya que Yang confirmó la presencia de una especie de tanques contenedores donde están almacenadas ocho personas, aparentemente vivas. Las trampas están colocadas de manera bastante organizada y en comparación al mapeo inicial no han variado, es posible que tengan que remplazar las explosivas por las lluvias. Hay telarañas de hilos de chakra en los bosques circundantes, parece más un sistema de alarma que una verdadera trampa, algo que tendrá que ser confirmado. Hemos señalado todo en el mapa –finalizó– te haremos llegar una copia Iruka.
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–Me considero una persona paciente –afirmó Susuki mirándolo a los ojos– pero he recibido órdenes de Toki-sama y francamente tú no me estás facilitando mi trabajo.
–Pero Saito-san –protestó– me falta gente para cubrir todos los...
–Recuerda que soy un samurai –lo interrumpió–. Sé perfectamente bien que tu gente puede cubrir tus actividades. Si hubieras asistido a la reunión diplomática de ayer, sería otra cuestión –añadió en un segundo pensamiento.
Kenshi le agradaba. No comprendía el motivo de las órdenes de su ama pero estaba supeditado a obedecerlas. Y la orden de ese día había sido contundente: impedirle la salida. Así que Susuki se apostó en un lugar estratégico y en cuanto lo identificó se le plantó enfrente, el resto del grupo salió como de costumbre en cuanto Lobo les hiciera señal de que todo estaba bien.
–Tch... esa mujer.
–Que es mi ama, solicitó tu presencia, remarcando que no quería la de un suplente. ¿Tengo que recordarte que también es tu patrona? Y no me mires así, yo no te delaté.
–Uh... eso fue golpe bajo –rezongó Lobo, pero regresó a la habitación a cambiarse la ropa, con Susuki pisándole los talones– ¿ni siquiera un poquito de privacidad?
–El pudor no es algo que pareciera afectarte.
–Mmm, ¿entonces debería cambiar eso?
–Escucha, son mis órdenes, ayúdame ¿quieres?
Lobo aceptó su derrota con elegancia. Movió la cabeza, el samurai sabía jugar sus cartas. Se decidió en contra de hacerle una jugarreta para escaparse. No por nada era un guerrero; dentro de la expresión tan común detectó el código de honor que mantenía la precaria confianza entre ninja y samurai. Suzuki les había brindado su apoyo en muchas cosas, era momento de retribuirle.
–Gallo, cubre mi zona –ordenó. La voz acusó el recibo al momento.
Susuki sentía cierta simpatía hacia el trabajo ninja. A pesar de los prejuicios que compartían la mayoría de los samuráis, él tenía una opinión diferente ya que era bastante realista: comprendía que para un shinobi el estricto código de honor samurai podría pasar por hipocresía o lamentables excusas para evadirse de hacer el trabajo sucio, algo que él mismo había llegado a pensar. Y Kenshi le inspiraba respeto. La devoción que sus hombres le profesaban era algo que él había visto pocas veces, podría atribuirlo al gran carisma que poseía, pero sabía que era por otras causas. A pesar de su apariencia delicada, el aura de peligro latente que lo rodeaba era alerta suficiente para saber que tenía que manejarlo con inteligencia y no perderlo de vista.
Lobo había protestado a manera de broma ante Tsunade por tener que funcionar con doble personalidad, sin embargo, era algo que se había convertido en realidad. La presencia de Toki había resultado una manera efectiva de devolverle su persona regular, sonrió pensando que tal vez ella había considerado eso desde un principio al proponerlo para la misión.
Susuki lo acompañó hasta los aposentos de Toki y cerró la puerta, permaneciendo de guardia. Sonrió al verla sentada tras un pequeño escritorio estampando su sello en un rimero de papeles. Se acercó a ella y se quedó en posición de firmes, aguardando que terminara.
–¿Hay algún motivo para que recortes mi correa? –preguntó en cuanto Toki alzó la vista.
–¿Debería de haberlo?
–Entonces reconoces que lo estás haciendo –dijo fingiéndose ofendido.
–¿Desde cuándo eso resulta contigo?
–Uh... creo que aprendiste demasiado bien –rió con suavidad.
Risa cristalina llenó la habitación. Toki se veía realmente hermosa cuando reía abiertamente, no era una visión común y él se sintió feliz de compartir ese momento.
–Siéntate –señaló la silla.
–Susuki insistió en que tenía que venir en persona. Me pescaste, supongo.
–Cualquier excusa que me des es irrelevante.
–No planeaba hacerlo –respondió encogiendo los hombros.
–Lo sé, es parte de tu misión. Sé que no dispones de apoyo adicional, y es posible que estén sobrecargados de actividades.
–Te escucho.
–Por como se están desarrollando las cosas, debo suponer que pronto establecerán su cuartel fuera de la mansión. Es comprensible. Sin embargo, la fachada que se acordó con tu Hokage, se verá seriamente afectada. Supongo que ya habrás considerado un plan.
–Estableceremos turnos para que siempre se encuentre uno o dos en la mansión y cubra las ausencias de los demás.
–Mi padre construyó una red de túneles para estar en contacto con la gente.
–Lo recuerdo.
–Recorre prácticamente toda la capital, e incluso llega a las aldeas más cercanas. Las entradas están conectadas a la mansión.
–Y tu deseo es...
–Lo que te propongo es que la utilices para la comunicación entre la mansión y su nuevo cuartel. Eso evitará comprometer su fachada, mi credibilidad y facilitar el traslado.
–Desde luego eso requerirá que se verifique la estabilidad y seguridad de la red –infirió Lobo.
–En efecto.
–Debo admitir que eso facilitaría mucho las cosas. Entonces mi presencia aquí se debe a que quieres que sea yo quien realice esa inspección.
Toki asintió, deseando en silencio que no la interrogara, sabía que no duraría mucho en encontrar el fondo de todo si seguía atando cabos. Lo miró con cariño, agradecida de que al menos eso no tenía que fingirlo.
–Como sabrás, están conectados a la mansión, aunque se mantienen guardias armados... –se interrumpió– me vendría muy bien estar en contacto con mi gente... y contigo.
–¿Me estás coqueteando? –le preguntó sonriendo.
–¿Lo tengo prohibido?
–En absoluto.
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Lobo le ordenó a Temari que hiciera pareja con el cebo para cubrir la ausencia de Mujaki, que 'había sido asignado a otras actividades'. Sin hacer preguntas la joven aceptó y abandonó la cabaña dirigiéndose sigilosa a la posada para encontrarse con Genma, que había dejado abierta la ventana de la habitación para permitirle la entrada.
–Shiranui-san –saludó Temari– volvemos a encontrarnos.
–A tiempo para mantener la mentira –respondió Genma sonriéndole– ¿familiarizada con bunshin o henge? Lo que más te acomode –dijo él– pero comprenderás que tendré que verificar la precisión, el contacto con Mujaki no fue... precisamente largo.
Temari asintió, la interacción había sido muy poca y el joven tenía un aura oculta, algo evasivo que no lograba descifrar. Todos ellos lo tenían, al principio había creído que era un genjutsu, pero su técnica de disipación no funcionó, así que lo archivó en su interior para meditarlo más tarde si tenía la oportunidad.
Realizó el henge y Genma le hizo pocas observaciones, la joven era muy talentosa. Unos minutos después abandonaron la posada adoptando la característica conducta de los días anteriores.
–Podría solicitar refuerzos –murmuró Temari discreta, viendo el evidente cansancio en el rostro de su compañero.
–Lo agradezco pero –respondió en voz baja– el día de mañana recibiremos las órdenes de Toki-sama, ya no podremos disfrutar más de este hermoso lugar –agregó elevando un poco la voz, algunos lugareños sonrieron halagados.
–Entiendo.
–Alegra esa cara Mujaki-kun, pronto estaremos de vuelta en Konoha y podrás ver a tu novia.
– ¡Oich! Tengo que comprarle un souvenir... lo había olvidado –exclamó siguiéndole el juego. Se dirigieron hacia una tienda y se pusieron a examinar la mercancía.
Ella había comprendido en su respuesta que ya no había tiempo para pedir apoyo, al día siguiente los cebos serían expuestos a la vista del depredador. La sola idea de a lo que podrían arriesgarse, según las conclusiones expresadas por Lobo, envió un escalofrío sobre su cuerpo. A pesar de estar conciente de que eran shinobis experimentados que habían pasado por situaciones similares con anterioridad, no dejaba de sentir la aprensión que cualquier ser humano siente al ver amenazados a sus compañeros. Se recordó que, precisamente, eran otros seres humanos quienes estaban adoptando el papel de verdugos.
Entendió que el plan había sido ideado para tener un margen de maniobra que les permitiera observar el modus operandi y seguirlos a distancia razonable sin delatarse. No era un panorama halagador, tenerlos ubicados era lo único que podían hacer y después acelerar el desenlace para evitar pérdidas.
El 'espectáculo' como le llamara alegremente Genma, duraba poco, circular un rato, tontear, comprar souvenirs y reafirmar la creencia generalizada de que eran simples ninja esperando órdenes. Tendrían libre buena parte del día. Se prometió a sí misma que daría lo mejor de sí para terminar el análisis de las armas.
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Suzuki lo condujo a una de las tres entradas de la mansión que conducían al sistema de túneles y le entregó un encendedor.
–En las paredes hay antorchas, esto te ayudará –explicó al ver la mirada interrogante de Kenshi.
–Por lo que deduzco que ustedes ya han realizado la inspección. La pregunta es, Tenke-san ¿hay algo que deba saber?
–Otra cosa aparte de que son órdenes...
–Entiendo. Bien, haré pruebas entonces –dijo Lobo descendiendo la escalinata.
Las antorchas se encontraban colocadas en nichos en la pared cada diez metros. No le veía el caso a encenderlas todas, en vez de eso, se retiró el lente que cubría y a la vez camuflaba su sharingan. A la velocidad normal que solía utilizar cuando nadie lo veía, avanzó en la oscuridad haciendo un rápido escaneo y tomando nota mental de la solidez y distribución de los túneles. Eran grandes y sólidos, las piedras estaban pegadas entre sí con argamasa de la rica tierra negra del país, dándoles el aspecto de catacumbas ante la palpitante luz de las ocasionales antorchas que encendía.
Utilizando su sentido de orientación, siguió una bifurcación que esperaba al menos se acercara a la cabaña. Si tenía que verificar la seguridad de los túneles para el uso de Toki, al menos comenzaría por alguno que lo conectara con el cuartel. Una nueva bifurcación se encontraba obstruida parcialmente por unas tablas que mostraban las huellas de la edad, miró hacia el túnel y vio que terminaba una docena de metros adelante.
–Gato, necesito tu ayuda.
–Dame tu ubicación –respondió la voz en el auricular.
–A quinientos metros al este del cuartel, aproximadamente a cincuenta metros bajo tierra.
–¿Repite?
–Mmm, podría usar un dotón y tal vez un katón para salir –pensó en voz alta.
–¡No, espera! Se podría dañar la instalación subterránea, ya te alcanzo.
–Pensaba salir hacia arriba, no me regañes –se quejó, escuchó las risas ahogadas del resto del equipo.
–Aguanta, quédate donde estás, ahora te saco.
Lobo desactivó el transmisor y se dedicó a pulverizar los apolillados tablones con precisos golpes de taijutsu en espera de que llegara Gato. La actividad física del entrenamiento diario era algo que echaba de menos estando lejos de Konoha, por supuesto, nadie lo veía durante esas sesiones, su campo de entrenamiento sólo era utilizado durante los exámenes chūnin.
–¿Qué rayos haces? –preguntó Gato mirándolo enojado, un segundo después desactivó su transmisor.
–¿Uh? ¿Aserrín? –encogió los hombros.
–¡Creí que habías tenido problemas y que estabas en fuga! –tronó– ¿qué demonios es esto?, ¿qué haces aquí?, ¿para qué quieres aserrín?
–Maa Tenzô –puso cara de conflicto– son demasiadas preguntas.
Gato abrió mucho los ojos, Lobo en modo Kakashi era algo raro de ver. Una multitud de expresiones de variado rango, pasando por sorpresa, duda, diversión y extrañeza cruzaron su rostro. Abrió y cerró la boca varias veces. Finalmente lo miró y su aspecto polvoroso lo hizo soltar una carcajada poco característica de él. Lobo no dijo nada y cruzó los brazos en espera de que se calmara.
–Senpai, me metiste un susto de los mil diablos –dijo cuando recuperó el aliento.
–Calma mami, Toki me 'autorizó' a hacer uso de los túneles. Este estaba bloqueado y tú eres el experto, en lo que llegabas decidí sacar del camino esas tablitas –señaló con la cabeza el montón de madera pulverizada.
–Túneles, podría habernos dicho antes –pensó en voz alta– traes aserrín en la cara y el pelo –agregó– y en todas partes.
–Bueno, considerando que no sabe dónde ubicamos el cuartel, fue generoso de su parte darnos la opción. Deben haber parado la construcción de este por la dureza de la montaña –tocó con los nudillos la masa compacta–. ¿Por qué no ordenas 'tierra ábrete' y lo conectas a la instalación subterránea del cuartel?
–Muy gracioso, toma cubre tu sharingan –le tendió un pañuelo.
–Gracias –le sonrió, ajustando el pañuelo en su cabeza– creo que eres el único shinobi que usa uno, además de Asuma. También estás empolvado.
–Usé un doton para llegar hasta tu señal. Menos mal que ahora sí tragaste las semillas.
–¡¿Te diste cuenta?¡
–¿Acaso esperas un premio? –tocó la pared de la montaña– por favor debilita la roca con tu raikiri, a veinticinco grados ascendentes y usa un dotón, separaré la roca y apuntalaré. ¿Cómo anda tu chakra?
–Despreocúpate, usé taijutsu para jugar con las tablitas. Ah, y Tenzô...
–¿Sí senpai?
–Tú no necesitas pedirme nada por favor.
