Parece que mi añorada paz y tranquilidad de lunes se iba a quedar en una mera fantasía. Ya no eran sólo Victoria y sus huestes: en apenas dos minutos de camino que hay desde la residencia de estudiantes hasta el edificio central de la academia, todo el mundo a mi alrededor parecía más nervioso e inquieto de lo normal. No hacía falta pegar mucho la oreja a ninguna conversación para darse cuenta al momento de que la comidilla del día era la desaparición de Nathan. Aunque algún que otro estudiante se mostraba preocupado, vi que la tónica general era más bien tomárselo como una buena noticia. "Por fin ha caído ese hijoputa niño rico" oí comentar a Luke. "Se habrá metido esta vez en un lío de los gordos y se habrá visto obligado a desaparecer una temporada" cuchicheaba por otra parte Hayden. Una extraña sensación me invadió: todo esto claramente es consecuencia de mis acciones… y me sentí responsable de los pensamientos actuales de todo Arcadia Bay. Pensé que me convendría inventar una respuesta mía oficial para cuando alguien me preguntase por el caso Nathan, cuando de repente noté una palmada sobre mi espalda.
—¿Qué pasa, Max? ¡Por fin doy contigo!
Era un alegre y vivaz Warren, con una energía fuera de lo normal para las horas que eran. Vestía con su indumentaria geek de costumbre, con prendas de colores fatal combinados y su espeso pelo corto revuelto y castaño. Hace tan sólo dos días que no le veía, pero parece como si hubiera sido una eternidad.
—Hola, Warren. Pareces muy animado esta mañana.
—¿Por qué no iba a estarlo? Tengo carro nuevo, Nathan Prescott según se comenta está fuera del mapa, ¡y ahora me encuentro contigo!
—Bueno, tu coche precisamente nuevo no es… —dije con media sonrisa— he visto la foto que me pasaste y parece que tuviera treinta años.
—Treinta y cinco para ser exactos. Pero oye, ¡es un cacharro vintage, como tu Polaroid! Deberíamos dar un voltio juntos alguna vez.
—Lo sé, Warren. Y también tenemos pendiente ir al cine a hacer el mico, y mil cosas más… Pero es que créeme si te digo que he tenido unos días de locos.
—¿Y eso, Max? Si necesitas hablar, ya sabes que la consulta del Dr. Warren Graham está abierta las veinticuatro horas… —le cambió la expresión y pasó a poner un tono como de hermano protector. Qué mono.
—Pues…
Llegamos frente a la puerta de la academia y nos detuvimos el uno frente al otro. Miré un segundo a Warren: sus ojos marrones no expresaban ningún tipo de malicia. Quería confiar en él… me incomodaba el no poder ser sincera con alguien que se había portado tan amablemente conmigo desde mi ingreso en Blackwell. Pero a la vez me ocurría lo mismo que con Chloe: no quiero que nadie se preocupé de más por mí ni que le salpique la mierda de mis turbios asuntos. ¿Debería aceptar el ofrecimiento de Warren y desahogarme con él?
—Esto… Warren, tú que eres un chico de ciencias… te gustaban mucho las películas de ciencia ficción, ¿no? ¿Qué opinas sobre los viajes en el tiempo? —no era la respuesta más directa del mundo, pero de momento me servía para ir tanteando el terreno.
—Vaya… ¿y eso? Menudo cambio de tema…
—No, Warren. Mi pregunta está relacionada con lo que me ocurre, créeme.
—Pues… —el chico castaño parecía confuso— que es un subgénero cinematográfico que me fascina: Timecop, Atrapados en el Tiempo, Regreso al Futuro, Terminator… ¿Las has visto? Pero en todas estas películas el peso de la parte de ficción es mayor que el de la parte de ciencia, así que… no entiendo bien cómo te puedo ayudar, Max.
—¿Y si no fuera tan ficción como piensas? Ya sabes que sólo soy una ignorante chica de artes, pero, desde un punto de vista de la física cuántica, ¿crees que es remotamente posible viajar en el tiempo?
—No es posible viajar en el tiempo libremente tal y como nos muestra Hollywood, Max. La teoría de la relatividad de Einstein dice que podemos experimentar una especie de "viaje temporal" en el cual percibimos el tiempo más lentamente si nuestra velocidad de desplazamiento se aproxima a la de la luz. ¿Has visto Interstellar? En esa peli explican muy bien ese concepto —Warren cogió carrerilla. La verdad es que a veces impacta todo lo que sabe este chico para su corta edad—. Pero no hay evidencia alguna de que alguien haya podido viajar atrás en el tiempo. Stephen Hawking decía que no hay mayor prueba de que la humanidad no podrá viajar al pasado que la ausencia de turistas del futuro. Molaría, pero me temo que es algo que se quedará exclusivamente para la gran pantalla…
—Puede que no molase tanto. Seguramente una persona que tuviera el poder de volver atrás en el tiempo y modificar acciones, también tendría el poder de cargarla continuamente con todo a su alrededor.
—¿Eh? Pero, ¿qué dices? ¡Si tiene que ser la leche! ¡Imagínate todo lo que podrías llegar a hacer! De momento, si quieres, te puedo prestar mi pendrive: allí tengo una exquisita selección cinematográfica, y entre ellas hay algunas de las películas que te he mencionado antes. No sé si eso te ayudará a encontrar las respuestas que buscas, Max…
—Te lo agradezco de verdad, Warren, pero sinceramente, no creo que tenga tiempo para verlas. Verás… no te puedo contar todo ahora mismo, pero… me han pasado muchas cosas jodidas últimamente, y puede que durante los próximos días haga o diga cosas raras. No me lo tengas en cuenta, porfa. ¿Vale?
—Claro, Max… —Warren, sin perder la sonrisa, puso una cara de ligera decepción. Creo que deseaba que hubiera confiado más en él— Para cualquier cosa que necesites, por chorra que sea, tú pégame un silbido. Te prometo que allí estaré.
—Gracias, Warren. Me voy a mover a clase con el resto de frikis bohemios de las fotos como yo. Cuídate, y suerte con tus clases de ciencias.
—¡Claro…! ¡Paz, hermana!
Me alejé de allí mientras el chico castaño se despedía haciendo el gesto de la uve con el índice y el corazón. Pasados unos segundos miré disimuladamente hacia atrás para descubrir que se marchaba en dirección contraria con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos. ¿Qué pasaría por su cabeza para tal cambio de actitud?
De verdad que no es por menospreciar al buenazo de Warren, pero ya me siento bastante agobiada sabiendo que Chloe y Rachel conocen mis secretos, y no creo que sea lo más inteligente del mundo el ir hablando por ahí sobre mis poderes a cualquiera que me pregunte. Aun así, me sentí un poco culpable de haber tenido una actitud tan cortante… Si en algún momento me veía con la posibilidad de hacerlo, trataría de compensar al pobre Warren quedando un rato con él, viendo alguna peli juntos o lo que fuera. De momento, me adentré en la academia por el pasillo derecho que salía del hall, pasando por las taquillas y varios tablones de anuncios que se empezaban a petar de parafernalia relacionada con Halloween, hasta llegar al aula de fotografía: ahora tenía clase con el señor Jefferson. Ya de por sí me cuesta concentrarme en su clase porque me suelo quedar mirándole, babeando y suspirando por sus huesos; con que hoy encima, con todos los marrones que tengo por resolver, garantizo que no me voy a enterar ni del nodo.
Entré al aula. Recuerdo que los primeros días me abrumaba el estar rodeada de material tan caro y puntero: cámaras, pantallas, proyectores… pero ya me empezaba a acostumbrar y me dirigí directamente a mi pupitre con el piloto automático. Todavía faltaban unos minutos para que llegara el señor Jefferson y diera comienzo la clase. El ambiente era igual de agitado que afuera en el campus: absolutamente todo el mundo estaba hablando ruidosamente entre sí, incluso el introvertido Daniel conversaba con Stella, presumiblemente sobre la desaparición de Nathan. Aunque lo más llamativo era que Victoria y sus hordas se encontraban rodeando el pupitre de Kate, la cual se encontraba sentada con gesto compungido. ¿Ya la están liando otra vez? Dejad en paz a Kate, que bastante ha pasado ya.
—No te hagas la tonta conmigo, mojigata —dijo Victoria con tono intimidatorio—. Todos vimos en el club cómo se la chupabas a Logan.
—¡Eso, eso! —el séquito de Victoria animaban a ésta acompañando con patéticas risitas.
—Yo no soy responsable de nada de lo que sucediera ahí. Sí que existen unos responsables claros, y pagarán por sus pecados —a pesar de que se la notaba claramente afectada, Kate estaba demostrando una fortaleza encomiable: mantenía un tono de voz firme y miraba fijamente a los ojos a Victoria mientras la contestaba.
—¿Te crees tocada por una mano divina o qué? —Victoria se inclinó hacia Kate con los brazos en jarra— Ya veremos qué opinas cuando todo Blackwell vea a la santurrona de Kate Marsh abierta de piernas dándolo todo.
Esta última frase sí logró perturbar más a Kate, quien de la sorpresa frunció el ceño, abrió la boca sorprendida y se echó ligeramente para atrás sobre su silla.
—No eres capaz de hacer eso, Victoria. No lo vas a hacer —Kate negaba con la cabeza según hablaba.
Esto se estaba desmadrando demasiado. Me estaba planteando intervenir, cuando Victoria, satisfecha por sus crueles acciones, se sentó en una silla cercana frente a Kate, se cruzó de piernas y brazos, y continuó escupiendo mierda por la boca:
—¡Bua, bua, pobrecita! ¿No te gusta que los demás vean lo guarra que eres en realidad? ¡Pues no haber ido al Club Vortex! ¡Ahora, te jodes! ¿Verdad, chicas?
—¡Sí! ¡Eres la puta ama, Victoria!
Taylor y Courtney… ¿realmente habrían nacido con personalidad propia? ¿O serían robots programados por Victoria para bailar a su son las veinticuatro horas del día? Era demasiado para Kate: la pobre no pudo seguir siendo fuerte y rompió a llorar con los codos apoyados en su pupitre y las palmas de las manos cubriendo por completo su cara. No podía soportarlo: tenía que hacer algo, o reventaría. Después de unos segundos discurriendo un plan de acción, me dispuse a rebobinar toda la bronca de Victoria, hasta un punto en el que ella todavía no había hecho acto de presencia en el aula. Entonces me dirigí a mi menuda compañera de gafas que se sentaba un poco más adelante.
—¡Hola, Stella! Tú que eres una manitas, ¿me podrías prestar un destornillador un momento, porfa?
—¡Uy, hola, Max, no te había visto entrar! —di un pequeño susto a Stella. Supongo que es inevitable porque a sus ojos era como si me hubiera teletransportado— Claro, aquí mismo sobre mi mesa tengo uno que uso para arreglar cámaras… ¿te vale?
Me pasó un pequeño destornillador de punta plana.
—Esperemos que sí… ¡Gracias, Stella!
Me tenía que dar prisa y terminar esto antes de que Victoria hiciera su estelar aparición en el aula: cogí la silla donde sabía de antemano que se iba a sentar la prepotente niña pija durante su sesión de bullying, la volteé y me puse a desatornillar el asiento.
—¡Buenos días, Max! ¿Por qué estás desmontando la silla? ¿Se ha roto? —me saludó una Kate todavía risueña.
Pues estoy desmontándola para que puedas mantener siempre esa preciosa sonrisa, Kate. Tú déjalo de mi parte y disfruta del show.
Sin darme tiempo a devolver el saludo, Victoria irrumpió en el aula al mismo tiempo que yo colocaba la silla desatornillada en el mismo sitio de donde la cogí. Tuve que aguantar otra vez desde el principio toda la insufrible escena de Victoria acosando a Kate, pero merecerá la pena. Comencé a frotarme las manos según se acercaba el momento.
—No eres capaz de hacer eso, Victoria. No lo vas a hacer —según el guion, esta era la última frase de Kate antes de que Victoria se tuviera que sentar.
Contuve la respiración. Victoria, confiada e ignorante de todo, se dejó caer sobre la silla. Cataplof.
Menuda hostia, colega.
Toda la clase miró a Victoria, quien se retorcía en el suelo clavándose el asiento y los hierros de la silla en varias partes de su anatomía. La verdad es que había sido bastante más aparatoso incluso de lo que me esperaba... La cara de dolor que ponía era tan dramática para ella como divertida para el resto. Varias personas de clase, incluyendo Hayden y Evan se empezaron a partir el culo de risa, mientras que Taylor y Courtney se miraban con cara de circunstancias y encogiéndose de hombros. Yo no me reí en voz alta, pero sentí una sensación orgásmica al ver a Victoria de esa guisa delante de todo el mundo. Y date con un canto en los dientes, nena: me parece poco escarmiento para que el realmente os merecéis tú y tus amiguitas. Cuidado con Max, zorritas.
—¿A qué coño esperáis? —dijo Victoria como pudo entre quejidos de dolor— ¡Llevadme a la enfermería!
Taylor y Courtney se volvieron a mirar con cara de apuro.
—¡Va… vamos, rápido!
Cada una de un extremo de su cuerpo, cogieron a Victoria y se fueron del aula a toda leche.
Toda la clase nos continuamos descojonando aun con las tres ya ausentes. Incluso Daniel se mofaba, y Kate se puso colorada, riéndose mientras se tapaba la boca con la mano. Estaba mona a rabiar: me daban ganas de engancharla de los mofletes y achucharla. Ya sólo por esto había merecido la pena urdir mi plan.
—¡Ja, ja, ja! Max… te has pasado un poco, pero… ¡gracias!
Las amables palabras de Kate me alegraron el día. Ahora que lo pienso, creo que esta es la primera vez que me comporto como una verdadera superheroína desde que puedo hacer uso de este poder. No estaría nada mal si pudiera ser así siempre: Supermax, el azote de los acosadores de Blackwell. Mola.
—No ha sido nada, Kate. Por ti, lo que haga falta. ¿Qué tal estás?
—Estoy bien. Trato de ser fuerte, pero… tengo miedo —el rostro de Kate se ensombreció ligeramente—. No recuerdo con claridad que es lo que ocurrió en la fiesta el sábado, pero pinta muy mal, y me da pánico pensar que toda la ciudad piense cosas que no son…
—Descuida, Kate: eso no ocurrirá. Hay muchas cosas que yo tampoco sé, pero te puedo garantizar que Victoria no tiene material del sábado para difamar o hacerte chantaje, así que al menos respecto a eso puedes respirar tranquila.
Por mucho que ahora las tres pijitas se tiren el pisto con que van a distribuir material de Kate del sábado por la academia, ellas mismas en las duchas reconocieron que era un farol. De hecho, seguramente este numerito sea producto únicamente de las frustraciones de Victoria por no poder cumplir su deleznable plan. Que la den.
—Menos mal —Kate agachó la cabeza en señal de alivio—. Si hay algo que tengo claro, Max, es que yo no soy responsable de lo que fuera que ocurriera en la fiesta. Si el responsable realmente ha sido Nathan, es posible que ya esté pagando por ello… hay rumores de que está desaparecido.
—Me encargaré personalmente de no salgas perjudicada, Kate. Ni tú ni nadie volverá a pasar por un trago similar en Arcadia Bay.
Kate sonrió tímidamente.
—Eres demasiado buena, Max… No te extralimites: ya estás haciendo demasiado —Kate de repente desvió la mirada—. Esto… dime una cosa.
—Dime, Kate —me sorprendió el repentino cambio de tono.
—Cuando me encontraste en aquel granero… me viste desnuda, ¿verdad? —la voz de Kate apenas se volvió un hilillo, y era incapaz de mirarme mientras hablaba.
—Esto… sí.
Así que había recordado… o bien lo sabía desde el principio pero no se atrevía a decirlo. No creo que mentir a Kate fuera la mejor opción. En cualquier caso, me preparé por si acaso reaccionaba mal y tuviera que rebobinar. Por lo pronto, Kate permaneció en silencio un rato, todavía desviando la mirada.
—¿Y… te gustó lo que viste?
Se notaba que hizo un esfuerzo por ello, pero Kate finalmente me miró a los ojos. Estaba rojísima y… ¿es una expresión juguetona la que me está poniendo? ¿Kate…?
Sin darme tiempo a contestar, el señor Jefferson hizo su aparición dentro del aula y cerró la puerta. No sé si son imaginaciones mías, pero su semblante también parecía algo alterado, de forma similar a sus alumnos. Kate, como estudiante modélica que es, dio por zanjada la conversación por el momento y miró hacía el frente.
—Buenos días, chicos. Volvamos cada uno a nuestro sitio y empecemos.
Creo que todos los amantes de la fotografía aquí admirábamos por igual al señor Jefferson. No es tan sólo que las chicas babeáramos por él: su talento fotográfico es reconocido por toda América y es especialmente valorado como profesor por su forma de dar clase, tan cercana, y a la vez tan profesional. A pesar de que con frecuencia me repite que "tengo un don" para la fotografía, ya me gustaría ser la cuarta parte de buena que él. Físicamente se aproxima bastante al arquetipo hípster: barba, gafas de pasta, peinado corto hacia un lado. Solía venir a clase con camisa vagamente abotonada, una chaqueta que le da su aura de reputado profesor y sin corbata.
Costó un poco más de lo normal, pero tras un rato al final todo el mundo se sentó en su sitio en silencio y pudo dar comienzo la clase.
—¿Dónde están Victoria, Taylor y Courtney? Hoy somos muy pocos —definitivamente, vi algo raro en la expresión de Jefferson.
—Nada, que Victoria ha tenido un… pequeño accidente —respondió Hayden. Apenas podía contener la risa— y sus amigas la han llevado a la enfermería. Ya vendrá.
—Ajá. Bueno, de todas formas, la de hoy no va a ser una clase normal. Como todo el mundo a estas alturas me imagino que sabe, parece ser que nuestro compañero Nathan Prescott se encuentra en paradero desconocido —hizo una breve pausa en la que nadie dijo ni mu, para luego continuar con su cálido tono de voz—. Nuestro director Raymond Wells, así como la misma familia Prescott, me han pedido expresamente que el día de hoy lo empleemos exclusivamente al solidario apoyo mutuo, y yo por mi parte tendré una pequeña charla con vosotros individualmente. ¿Sí, Hayden?
El juerguista miembro de los Bigfoots tenía la mano alzada.
—Si psicológicamente me encuentro de puta madre, ¿me puedo saltar la clase?
—Me temo que no. De hecho, si alguno de vosotros se le ocurre irse ahora, tiene la evaluación automáticamente suspensa.
¿Lo dices en sirio, Jefferson? Se escuchó un murmullo de desaprobación general. Y con razón: esto es una puta mierda. Si la persona desaparecida hubiera sido Kate, o yo misma, no me cabe ninguna duda de que nadie hubiera dado un duro por nosotras, y las clases transcurrirían de forma normal. ¿Tanto poder tiene el señorito Nathan sobre esta academia? Esto huele a chamusquina y a mierda de la familia Prescott hasta atrás. ¿Charla individual de apoyo? Una polla como una olla. Aun así, me sigue resultando muy raro: si están tan desesperados por encontrar a su hijo que incluso manipulan al director y a los profesores de la academia para tratar de obtener pistas, entonces, ¿quién diablos puso la trampa en el granero y se deshizo del cadáver de Nathan? El padrastro de Chloe tampoco ha podido ser porque lo hubiera utilizado en nuestra contra… Tío, esto es una locura.
—¡Silencio! —Jefferson trató de continuar, sereno pero a la vez contundente— Vamos a empezar por orden alfabético: Caulfield, Maxine. El resto, por favor, abandonad el aula hasta que os avise. Os iré llamando.
Me recorrió una sensación extraña cuando pronunció mi nombre. Esto va a ser raro de pelotas… ¿En serio voy a estar hablando a solas con el señor Jefferson sobre la vida y milagros de Nathan? Espera, que sí, te voy a confesar ahora mismo que yo le maté… De verdad, me parece muy triste que los Prescott hayan tenido que recurrir al pobre señor Jefferson para hacer este paripé barato. Prepara tus poderes, Max: los vas a necesitar.
