Muchas gracias por sus review! me animaron~ jeje :D sigo agradeciendo a Guest por sus hermosos review y a Nearly in the dark, a HinaHitsugaya y a los demás~ ¡Muchas gracias! y espero seguir contando con sus review en los próximos capítulos.

Sin más: ¡READING WAS SAID!

*Soul eater y esta historia no me pertenecen


*Capítulo 11

Maka guardó el vestido en el armario y se puso una camiseta roja y los pantalones cortos del pijama. Después se lavó la cara. Eran poco más de las diez y su padre ya estaba durmiendo.

Se sentó en el borde de la cama y llamó a Seattle para hablar con su hijo. En el estado de Washington eran sólo las ocho de la noche; estaba segura de que Nathan no se habría ido a dormir todavía.

Estaba en lo cierto.

-Hola, madalenita-dijo cuando Nathan respondió al otro lado de la línea tras cuatro tonos.

-Ah, mamá...

De acuerdo, no era un gran principio para una conversación, pero era estupendo escuchar su voz.

-¿Cómo va todo?

-Estupendamente.

-Te echo de menos.

-Entonces vuelve a casa.

-Estaré ahí dentro de poco más de una semana.

-Mamá, no quiero quedarme aquí una semana más.

Había mantenido la misma conversación con su hijo justo antes de marcharse. Liz no era su pariente favorita. No es que le pareciera horrible, pero simplemente ella y su marido eran aburridos. Especialmente para un chico de quince años.

-Vamos, no puede ser tan malo.

-¿Cómo lo sabes? ¿algunas vez has vivido con la lía Liz y Oliver el sabelotodo?

-Nathan, ¡van a oírte!

-No pueden oírme. No están aquí. Me han dejado a Michael y a Richie para que les haga de carguro.

Maka aguantó el teléfono entre el hombro y la cabeza.

-Michael sólo tiene un año menos que tú.

-Lo sé, y es como un grano en el trasero. Me sigue a todas partes y no deja de preguntarme tonterías.

-Lo que creo es que ella está enamorada de ti.

-¡Oh, Dios mío!, eso sería horrible, mamá.-Respondió Nathan indignado.-¿Cómo puedes decir eso?, es mi prima!

-Esas cosas pasan.-Dijo Maka molestándolo.

-¡Pero si no sabe ni atarse los zapatos!

Maka se echó a reír y la conversación se centró en la escuela. Sólo faltaban cinco días para las vacaciones de verano. Había cumplido quince años en Diciembre y estaba contando los días que le quedaban para poder aprender a conducir. Todavía le faltaba un año, pero ya había elegido su futuro coche.

-Tendré un Nova Super Sport. Y también un cuatro por cuatro. Nada de esos trastos con tres marchas. ¿Para qué, si no puedes quemar los neumáticos?. Será genial.-Maka ni siquiera fingió saber de qué estaba hablando. Era un fanático de los coches. De eso no había duda. Su madre suponía que lo llevaba inscrito en el ADN.

-¿De qué color?- le preguntó, no porque creyese que iba a conducir un Nova SS o quemar neumáticos. Nathan no trabajaba.

-Amarillo con la capota negra.

-¿Como un abejorro?

-Nathan esperó unos segundos antes de contestar:

-Blanco con la capota negra.

Hablaron durante unos cuantos minutos más, acerca de dónde irían de vacaciones cuando ella regresase. Nathan acababa de ver una de esas películas eróticas de adolescentes, así que pensó que Ford Lauderdale estaría bien. O tal vez Hawai.

Para cuando colgaron el teléfono, Maka se untó los brazos con un poco de loción con aroma a almendras. En el dedo anular de la mano izquierda, donde había llevado el anillo de casada durante quince años, le había quedado una pequeña marca blanca. Había metido las dos alianzas en el bolsillo del traje con el que enterraron a Kid. Pensó que lo más apropiado era que descansasen junto a su corazón.

Se puso en pie, fue hasta el armario y lo abrió. No había en él más que unos cuantos vestidos que había llevado en bailes de graduación del instituto, un par de viejas botas vaqueras con corazoncitos blancos y una enorme caja que llevaba su nombre escrito en letras negras. Arrastró la caja hasta dejarla junto a la cama, se sentó y se quedó mirándola durante un buen rato. Sabía lo que iba a encontrar allí dentro. Retazos de su vida, recuerdos que había mantenido encerrados durante mucho tiempo. Retiró la cinta y abrió la caja.

Encima de todo vio un ramillete de flores secas, el bonete de su graduación y unas cuantas etiquetas que rezaban HOLA, MI NOMBRE ES MAKA. No recordaba el motivo por el que había guardado todas esas etiquetas, pero sí reconoció el ramillete. Tocó los capullos secos y amarillentos que en su momento habían sido rosáceos y blancos. Se lo acercó a la nariz y aspiró profundamente. Olían a polvo y a viejos recuerdos. Lo dejó sobre la cama, a su lado; sacó entonces de la caja una mantita de bebé y la toga bautismal. Lo siguiente fue los anuarios del instituto. Buscó el del décimo curso y lo abrió. Fue pasando páginas y se detuvo al ver una fotografía en la que aparecían los profesores frente a la puerta principal. Esa foto la había tomado ella durante su primer curso de fotografía.

Llegó a las instantáneas del equipo de animadoras, en la que aparecía con Jacqueline. Iban con sus uniformes dorados y azules, y estaban dando saltos y volteretas. Pasó unas cuantas páginas hasta llegar a las hileras de fotos de alumnos. Se detuvo a contemplar la de Kid. La rozó con sus dedos y sonrió. Maka tuvo que pasar unas cuantas páginas más hasta llegar a la foto de Soul. Al contrario de Kid, Soul siempre estaba serio. No es que fuese más serio que Kid, simplemente no deseaba gastar energía sonriendo como un estúpido en las fotos. Ese año, Soul dejó el equipo de fútbol americano porque su padre lo desaprobaba. Soul había sido el quarterback titular del equipo hasta el último año de instituto. Cuando lo dejó, Kid ocupó su posición. Por lo que podía recordar, Soul nunca había sentido celos de Kid; sólo le entristecía no poder seguir jugando.

Ése fue el año en que ella se enamoró de Soul. Siempre había sentido algo por él, en el mismo sentido en que lo había sentido por Kid, pero de repente empezó a mirarlo de un modo distinto.

El día en que todo cambió, Soul estaba esperando a que Kid acabase su entreno sentado en la parte de atrás de la vieja camioneta de su padre. Maka se había quedado en el instituto después de clases para hacer los carteles del reciente baile y al salir lo vio en el aparcamiento, contemplando a sus compañeros en lugar de entrenar con ellos.

-Qué tal-Le dijo Soul mientras le indicaba que se sentara a su lado.

-¿Qué estas haciendo?-le preguntó tras sentarse. Apoyó los libros en su regazo y miró hacia el campo.

-Estoy esperando a Kid.

-¿Echas de menos jugar, Soul?

-Qué va, lo que echo de menos son las chicas bonitas.-Era cierto que los jugadores acostumbraban salir con las chicas más guapas.

-Ahora tienes que conformarte con las chicas feas.- Dijo burlándose de él.

-Maka, ¿acaso no sabes que no hay chicas feas en Death City?- él siempre insistía en eso.

-¿Quién te lo ha dicho?

Soul se encogió de hombros.

-Es un hecho.-Le tomó la mano y le acarició los nudillos mientras examinaba sus dedos.- Además, tú seguirás viéndote conmigo, ¿verdad?.

Ella volvió la cabeza y lo miró fijamente. Estuvo a punto de darle una respuesta ingeniosa, pero cuando se encontró con sus ojos rojos algo la detuvo. Por un instante, el modo como la miró le hizo pensar que la respuesta era importante para él. Como si se sintiese inseguro. Le sorprendió apreciar en el interior de Soul algo en lo que nunca se había fijado. Quizá finalmente había cosas que le afectaban, quizá tenía sentimientos como todo el mundo.

Pero entonce sonrió y todo volvió a la normalidad.

-Por supuesto, Soul. Seguiré viéndome contigo.

-Sabía que podía contar contigo, florecita.-Por primera vez, su voz le llegó al corazón y la emocionó. Pero era algo imposible. No podía enamorarse de Soul. Era su amigo, y no quería perderlo. Y aún cuando no hubiese su amigo, abría sido una idiotez permitir que ocurriese.

Él le apretó la mano y se puso en pie.

-¿Quieres que te lleve a casa?

Maka levantó la mirada y lo vio allí, delante de ella, con las manos metidas en sus bolsillos. Asintió. Soul Evans tenía muchas cualidades, pero la fidelidad no era una de ellas. Le rompería el corazón como si fuese un cristal. Y si eso ocurría no podrían seguir siendo amigos. Y ella le echaría mucho de menos.

En ese momento, Kid salió del vestuario con el pelo húmedo peinado hacia atrás y Maka se dijo a sí misma que no cedería al impulso de enamorarse de Soul.

-Hola, Maka.- Dijo Kid mientras se acercaba.- ¿Qué haces aquí tan tarde?

-Estaba preparando los carteles del baile. ¿Irás al baile?

-Sí. Había pensado en pedirle a Kim que fuese conmigo. ¿Crees que aceptará?- Kid sonrió. No había duda alguna de que Kim aceptaría.

Maka se encogió de hombros.

-¿Tú vas a ir, Soul?- le preguntó, aunque estaba casi segura de cual sería la respuesta.

-Para nada. Ya sabes que sólo me pongo traje cuando mi madre me obliga a ir a la iglesia o si voy a algún funeral.- Cerró la parte de atrás de la camioneta y se dirigió al asiento del conductor.- Además, no me gusta bailar.

Maka sospechaba que no se trataba tanto de que no le gustara, como de que no sabía. Era de ese tipo de personas que cuando no saben hacer algo, no se atreven a probarlo.

-Podrías ponerte simplemente una camisa bonita y una corbata.-Le dijo ella. Pero, por alguna razón, el hecho de que Soul no llevase a ninguna chica al baile le agradó más de lo que debería.

-Ni hablar.- Montaron todos en la camioneta y Soul arrancó.

-¿Y a ti ya te lo ha pedido alguien?-preguntó Soul a Maka.

-Sí.

-¿Quién?-preguntó Kid.

Ante el silencio de Maka, Kid alzó una ceja.

-Vamos, Maka Albarn. ¿Quién te lo ha pedido?

-Kilik.

-¿Vas a ir con el Negro?

-Ya no le gusta que lo llamen así.

Soul miró a Kid por encima de la cabeza de Maka.

-¿Qué tiene de malo el Negro...quiero decir, Kilik?- Maka levantó la mano antes de que tuvieran tiempo para responder.- Retiro la pregunta. No me importa lo que pienses los dos. Me gusta Kilik.

-No para de salir con una y con otra.

-No es el chico adecuado para ti.- Añadió Soul.

Maka se cruzó de brazos y permaneció en silencio hasta que llegaron a su casa. Maka se pasó el resto del curso saliendo con chicos que ni Kid y ni Soul aprobaban, pero a ella no le importaba. Como la mayoría de las muchachas de su edad, no tardó en aprender lo que le gustaba a los chicos. Y lo que era aún más importante, aprendió a parar las cosas antes de llegar demasiado lejos. Como resultado, se ganó cierta reputación de chica fácil, aunque ella opinaba que era del todo injusto. Los muchachos la besaban. Ella también los besaba.

Aquel verano dejó que un compañero con quién salía le tocase los pechos por encima de la camiseta. La cosa llegó a oídos de Kid y Soul, que no tardaron en presentarse en su casa para hablar con ella. Maka se puso hecha una furia y les cerró la puerta en las narices.

Menudos hipócritas.

Se hizo animadora universitaria en el último año de instituto. El cabello le llegaba hasta los hombros. Kid seguía jugando al baloncesto y a fútbol americano. Soul recorría con su moto las llanas carreteras de la Ciudad y Maka seguía diciéndose a sí misma que no se sentía atraída por él, que lo quería pero que no estaba enamorada. Que el corazón no le dolía cuando veía pasar a Soul en su coche acompañado de alguna chica. Era su amigo, como siempre lo había sido. Y ella no iba a permitirse el lujo de sentir otra cosa por él.


¿Qué tal?

Este capítulo resultó ser un poco más largo que los demás.

Como pudieron apreciar, Maka al ver el álbum de fotografías, comenzó a recordar situaciones y momentos que vivió junto a sus mejores amigos, Kid y Soul, mucho antes de que pasara lo que pasó... el sexo. jajaja

Espero les haya gustado el capítulo :D

Recuerden dejarme sus review~ ya saben, aquí o por mi página en facebook. ¡Donde ustedes quieran! jeje

LyTha Shinigami...