Viktor no volvió a aparecer después de ese día. El Alfa ruso pensó en que era mejor dejar pasar algunos días para que las cosas se calmaran y la mente de Yuri se aclarara y, quizá, pudiera asimilar. Si fue la mejor o la peor decisión nadie podía juzgarlo, aunque un desastre, Viktor estaba haciendo tanto como estaba en sus manos.
Otabek, por su parte, también estaba haciendo tanto como estaba a su alcance. Reprimiendo sus propios deseos por los del afligido rubio. Si bien él solo quería abrazarlo, tenerlo entre sus brazos y prometerle que todo estaría bien, que él iba a protegerlo con su vida de ser necesario. Pero no podía hacer eso, debía limitarse tanto como podía. Lo último que quería en ese momento era agregar más sal a la herida, forzar a Yuri, confundirlo y arrastrarlo a él por despecho, aprovechándose de su situación, eso no, no era una opción en lo absoluto. Lo único que quería era mostrarle su apoyo, como un genuino amigo, con los límites que marcara el ruso.
Los primeros días, Yuri se permitió ser egoísta, porque no tenía fuerzas para mantener su orgullo, estaba usando toda la energía que tenía para mantenerse activo con sus cachorros. Otabek sabía que necesitaba ayuda, así que se ofreció silenciosamente y no fue rechazado. Yuri permitió que él estuviera cerca de sus cachorros como el primer día, jugando, arrullándolos y alimentándolos.
Y cuando caía la noche, que pensaba que era hora de ir a casa, Yuri sujetaba el extremo de su camisa y no había nada que decir, Otabek abandonaba la idea y volvía con él a la habitación para que Yuri durmiera acurrucado en su pecho, cuando el rubio caía agotado el kazajo lo dejaba descansar en la cama mientras que él iba a dormir al sofá, al menos unas horas hasta el amanecer.
Por la mañana Otabek se iba a su departamento para tomar una ducha y cambiar su ropa. Pero antes de hacerlo, se aseguraba de dejar su aroma por la habitación, de esa forma el rubio se mantendría tranquilamente dormido por unas horas más, aunque eso sembraba contrariedad en su corazón, su instinto le guiaba a hacerlo para proteger a su omega, pero Yuri no era su omega, era su amigo y tenía que recordárselo a sí mismo aunque calara en su pecho, si hacía esto era porque el rubio encontraría confort en su aroma, al menos podía usar este estúpido vinculo de esta manera.
Por la tarde el alfa de Kazajistán solía regresar con comida y algunas compras menores para la despensa de Yuri, entonces se disponía a ayudarle con los cachorros. Este ritual se mantuvo durante una semana entera hasta que Yuri dejó de pedirle que se quedara. El interior del alfa se sintió herido porque el rubio ya no lo necesitaba, pero se forzó a sonreír, a pensar que eso era una buena señal porque quería decir que estaba reponiéndose. Aun así, sus visitas no cesaron porque aún necesitaba ayuda con sus bebés.
Otabek había descuidado su entrenamiento durante todo ese tiempo, no supo si a esas alturas de la temporada sería prudente continuar, decidió hacer una arriesgada jugada y contactó con su entrenador explicando su situación y luego con Yakov pidiendo que lo dejara entrenar en la pista rusa, porque regresar a Kazajistán y dejar a Yuri en el estado en que estaba no estaba siquiera a consideración, él mismo no se lo perdonaría. Afortunadamente el anciano entrenador no solo aceptó sino que lo recibió bajo su tutela con la promesa de que fuese muy diligente.
De esa forma las visitas a Yuri se redujeron en tiempo, Otabek entrenaba arduamente por la mañana y por la tarde visitaba al rubio y a sus cachorros para que caída la noche llegara totalmente exhausto a su departamento. Esta nueva rutina se mantuvo hasta la última semana del mes, cuando un sorpresivo día, Yuri apareció en la pista de patinaje.
El rubio no tuvo que dar explicaciones, Otabek lo intuyó. Esa semana Viktor cumplió con su paternidad y se haría cargo de los cachorritos, probablemente muy a regañadientes del ruso menor y este, al perder la única razón de levantarse por las mañanas, había optado por distraerse en el patinaje.
— Es bueno volver a verte en el hielo, Yuri — Otabek saludó ofreciendo una reconfortante sonrisa.
— Sólo estaré esta semana. Nikolai y Yulia están con Viktor — respondió sin mucho interés tomando su botella de agua, el moreno asintió.
— Me gustaría que fuera más — Yuri frunció el ceño y rápidamente Otabek agregó — tú, volviendo a patinar, quise decir — se maldijo internamente porque sus palabras habían sonado tan mal, estaba nervioso, con Yuri, con la situación, con todo — ¿Puedo invitarte algo de comer ahora al medio día? — el rubio suspiró.
— Escucha Altin. Te agradezco lo que has hecho por nosotros estas semanas, de verdad. Pero lo nuestro no va a suceder, podrás ser mi alma gemela, pero el vínculo por mis hijos todavía es más fuerte — "por suerte" Yuri no lo dijo.
— Lo sé, Yuri. Solo quiero ayudar. No mentía cuando te he asegurado que quiero apoyarte como un amigo.
— ¿Amistad? — La palabra sonó rara en su boca — No te engañes, Otabek. Ambos sabemos que eso no existe entre nosotros — sentenció estrujando la botella vacía en sus manos y dándole la espalda al mayor, finalizando de esta manera la conversación.
El alfa no sintió nada más que puro dolor, las palabras habían sido tan hirientes, era obvio que Yuri quería alejarlo de él. Apretó las manos en puños, enterrando las uñas en su piel, la tensión puesta en su mandíbula, sentía impotencia, rabia por sí mismo, por su naturaleza porque él no había deseado que esto sucediera.
Maldición, él amaba a Yuri Plisetsky, desde que lo había visto en aquel campamento de verano, se había enamorado tan profundamente de él que no sintió nada más que dicha el día que se enteró que era un omega, coincidiendo con su naturaleza alfa, él sabía que eran soulmates y absurdamente había pensado que tenían todo el tiempo del mundo porque estaban destinados el uno al otro, pensó, estúpidamente, que Yuri lo esperaría y no podía culparlo ¿Cómo ibas a esperar a alguien de quien no sabías su existencia?
La noticia de su compromiso con Viktor le cayó como un balde de agua fría. Fue como un desgarre directo a su alma, la amargura brotó desde lo más profundo de su corazón. El Soulmate es el mayor anhelo de alfas y omegas, el vínculo más profundo y primordial, tan raro de que suceda que es casi un milagro, un cuento de hadas dulce y perfecto que se le cuenta a los cachorros antes de dormir para que ellos puedan soñar con tenerlo algún día, él creyó en esas historias, creyó y vivió por ello cuando se percató de que eso existía entre Yuri y él, pero no era como pensó, en vez de felicidad sólo le había traído dolor y peor aún, dolor a la persona que más amaba en el mundo. No era perfecto, no era maravilloso ni hermoso, era una maldición, una horrible pesadilla que nunca debió suceder.
— Regresaré a Kazajistán — Otabek dijo lo suficientemente alto para que Yuri pudiera escucharlo, el rubio detuvo su marcha y se quedó quieto, sin volverse para enfrentar su mirada con la del alfa — Originalmente... solo iba a buscar algunas de mis cosas para volver, porque había venido a Rusia sin prepararme pero... si me lo pides, no voy a volver… pero necesito escucharlo, Yuri — dijo reuniendo todo el valor que pudo, lo haría, por supuesto que lo haría si el rubio así lo quería.
— No vuelvas — Respondió el ruso sin siquiera mirarlo y el corazón del alfa se quebró muy lentamente — No puedo alimentar a mis cachorros mientras estoy en supresores — el ruso retomó entonces su andar.
Estaba hecho. Después de todo, era el final.
No, no es el final no se preocupen, pero les recomiendo tener la cajita de pañuelos cerca, Yuri está en camino a su punto de quiebre.
Gracias a todos quienes leen esta pequeña historia :) ¡Nos seguimos leyendo muy pronto!
