EL SUEÑO DE RANMA
Una empapada chica pelirroja no cabía en sí de la impresión.
-¡No puede ser! ¡No puede ser!- repetía ensimismada.
Akane se le acercó y la tomó de los hombros.
-¡Ranma! ¿Qué pasa?- le cuestionó con auténtica preocupación.
-¡No te me acerques!¡¿Acaso no ves que soy un fenómeno?! ¡Estoy maldito! Y ya no funciona, no funciona- dijo totalmente desesperanzada.
-¿De qué hablas? No te entiendo, explícate- le decía frustrada la chica Tendo.
-Ya no funciona, el agua caliente, ya no funciona. No puedo volver a ser hombre- contestó la de ojos azules comenzando a llorar – Ya no puedo ser tu prometido.
La chica de cabello rojo se levantó con la intención de irse, pero la mano de Akane la detuvo, girándola hasta quedar ambas chicas de frente. La chica Tendo tomó entre sus manos el lloroso rostro y depositó en sus labios un dulce beso que le transmitió calidez a ese roto corazón.
-Nunca me ha importado tu maldición, yo te amo a ti, Ranma Saotome, seas hombre o mujer, siempre serás Ranma- dijo separando sus labios la chica de cortos cabellos.
-Akane, yo… yo…- pero no pudo terminar la frase, la dulce chica continuó besándola, subiendo la intensidad, ahondando en su boca, haciéndolo sentir amado.
Ranma correspondió al beso y comenzó a acariciarla, tentando con sus manos los pechos de su compañera, recorriendo la anatomía femenina subiendo por las piernas; llegó al centro femenino con delicadeza, lo tomó con sumo cuidado y lo estimuló rozándolo con sus yemas.
-Ranma…- se escuchaban los jadeos de la mujer de oscuros ojos.
-Akane…- gimió él.
La chica de corta melena se separó de la de cabellos rojizos, la miró con profundidad y la invitó a seguirla.
Llegaron a una cama, Akane se sentó e invitó a Ranma a imitarla; una vez sentadas una al lado de la otra, la mujer de ojos café continuó besando a la pelirroja, primero en las comisuras de su boca, luego adueñándose de la cavidad introduciendo su lengua, explorando. Con suavidad, tomó sus hombros y comenzó a recostarla sin dejar de besarla. Ranma se dejaba hacer sin chistar, estaba gozando las caricias.
Una vez recostada la chica de azules ojos, la otra mujer abandonó la boca para trazar un camino de húmeda saliva en dirección a los pechos de su compañera; atrapó una de las cimas entre sus labios mientras que la otra era sujetada con pericia entre los dedos de su amante; el chico convertido en chica no había tenido antes estás sensaciones, se dio cuenta que sus pezones femeninos eran aún más sensibles que los masculinos, lo que lo llevaba a experimentar con mayor intensidad. Abandonó los turgentes pechos y continuó su recorrido a la entrepierna, una vez ahí comenzó a lamer con delicadeza la brecha femenina, provocando que Ranma diera un respingo y reaccionará intentando cerrar las piernas.
-Calma- dijo con su dulce voz- sigues siendo Ranma- y comenzó a acariciar los muslos mientras reiniciaba las caricias linguales.
El joven se dejaba llevar por el mar de emociones nuevas, era un placer que ni como hombre y mucho menos como mujer había tenido el gusto de disfrutar. Akane introducía su lengua en su cavidad con maestría, tocando puntos que desconocía brindaban ese disfrute. Repentinamente la sensación cambió, sentía que también el movimiento de la chica era diferente, subiendo y bajando la cabeza, introduciendo en su totalidad su ahora miembro viril en la boca.
-Te dije que seguías siendo Ranma- externó la peliazul entre caricias.
Ella regresó sobre sus pasos hacia el masculino rostro y le dio un apasionado beso, restregando su cuerpo desnudo sobre el de él. El muchacho se giró para quedar en la posición dominante, se deleitó en los femeninos pechos, sabiendo donde y cómo acariciar debido a la pasada experiencia, lentamente se puso ente las piernas de Akane y con la mirada pidió aprobación para invadirla; sin palabras, el permiso había sido otorgado.
El muchacho entró con facilidad en la húmeda brecha de la mujer, su miembro entraba y salía de la chica al principio con timidez, deleitándose con la estrechez que invadía, para luego ir aumentando la velocidad y la intensidad. Su boca succionaba la piel del cuello femenino, marcando más profundamente mientras más cercano estaba el clímax. Ella jadeaba de placer mientras con las piernas aprisionaba las caderas de Ranma, suspirando entrecortadamente:
-Ranma, siempre Ranma, solo Ranma-
