Sé que ahora mismo habrá mucho odio hacia mi persona, las que lean mis otros fics sabrán por qué he tardado tanto, y para las que no:acabo de empezar la universidad, en una ciudad a 200 km de la mía, todo se me está poniendo muy difícil, casi no tengo tiempo. Tengo 6 fics en progreso, lo que me dificulta sacar tiempo para todos y me apena mucho que este haya sido el último en actualizar, pero os prometo que la historia continuará, aunque tarde un poco más de tiempo, ninguno de mis fics quedará inconcluso, lo prometo, soy la primero que odia que eso ocurra, por lo que nunca lo haré yo.
Bueno este capítulo es algo que ya tenía en mente, como habeis visto aquí Emmett es un personaje muy complejo y muy importante por lo que he decidido darle un momentito para él y que os explique cómo ha sido la vida de los Swan desde su punto de vista, espero que os guste.^^
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer, a mí solo me pertenece la historia.
Emmett POV
El destino era tan cruel con nosotros. Todo lo bueno que nos había dado había sido a un alto precio, demasiado alto.
Primero nos abandonó mi madre, pero recibimos a Esme como compensación, fue como un milagro para mi padre, Bella y para mí. Aún recuerdo cuando la conocí el primer día de clase…
Los días se hacían difíciles en casa, papá trabajaba mucho y Bella era muy pequeña, había mucho que hacer, pero yo no permitiría que esta familia se estancase, saldríamos adelante. Iba a comenzar un nuevo curso en la escuela, ya tenía 10 años, pronto comenzaría el instituto, en parte me apenaba, pues vería menos a Bella.
Una nueva profesora nos daría clase, se llamaba Esme Platt, era tan guapa, en cuanto comenzó a hablar nos enamoró a todos con su dulzura. A otros muchos profesores se les notaba cansados, y que el único motivo por el que seguían acudiendo allí era el dinero, pero con ella no, se notaba su vocación, su cariño hacia los niños, parecía como una madre.
Hablaba mucho con nosotros, se preocupaba por sus alumnos, pero hablaba sobre todo conmigo, eso me gustaba, sabía que papá se preocupaba por mí, pero cuando ella me preguntaba era como si tuviese una mamá, una familia completa.
-Hola Emmett, ¿qué tal todo por casa ayer?-me preguntó Esme mientras el resto de mis compañeros salían al recreo.
-Bien, ayer a Bella se le cayó un diente, estaba muy emocionada porque viniera el ratoncito Pérez (no sé como es en otros países, pero en España la tradición para los niños es que cuando pierden un diente de leche, lo ponen bajo la almohada y viene el ratoncito Pérez por la noche a dejarle dinero a cambio del diente). Papá estaba muy cansado y se olvidó, pero yo lo recordé, así que cogí algunas monedas de mi hucha y se las puse bajo la almohada.
Ella me miró asombrada, se agachó para mirarme directamente a los ojos.
-Emmett, ¿tú ya sabes que el ratoncito Pérez no existe?-me preguntó perpleja.
-Claro que sí seño Esme, soy un niño mayor, hace mucho tiempo que sé que ni el ratoncito, ni Santa Claus ni los reyes mayos existen. Yo suelo ayudar a papá para que Bella no lo descubra, ella aún es pequeña.
-Eres todo un hombre ya, por lo que veo.-me dijo acariciándome la mejilla.-Me gustaría hablar con tu papá, Emmett.
-¿Por qué?¿Hice algo malo?-le pregunté preocupado.
-No, Emmett, solo quiero felicitarle por tener un hijo tan encantador.-yo solo pude sonreír y sonrojarme.
Aquel día ellos se conocieron, y Esme entró definitivamente en nuestras vidas, éramos tan felices, pero después el destino se volvió contra nosotros, arrebatándonos a nuestro padre.
Nos habían llamado para avisarnos que nuestro padre había sido tiroteado. Esme, Bella y yo esperábamos impacientes en el pasillo del hospital a que alguien viniese a decirnos algo.
Un doctor salió y se acercó a nosotros, su expresión no auguraba buenas noticias.
-¿Son los familiares de Charlie Swan?-preguntó.
-Sí, somos nosotros.-contestó mi madre entrecortadamente.
-Lo siento mucho, pero no hemos podido hacer nada.
Bella y Esme comenzaron a sollozar desconsoladas, yo las abracé a ambas contra mi pecho, mientras silenciosas lágrimas se escapaban por mis mejillas.
-No, no puede ser, papá no nos puede dejar.-sollozaba Bella.
-Saldremos adelante Bells, te lo prometo.-le aseguré a mi hermana pequeña.
-Primero mamá, ahora papá, ¿por qué todo nos pasa a nosotros? Ahora estamos solos.-lloraba mi pequeña.
-No estamos solos.-gritó Esme.-Nos tenemos los tres, porque pase lo que pase soy vuestra madre, vosotros sois mis hijos.
Comenzábamos a superarlo, volvíamos a ser una familia, una nueva familia, Bella incluso salía con un chico llamado Jacob, yo tenía aventurillas pero nada serio, y mi madre lo sobrellevaba como podía, no quiso salir con nadie, aunque yo no se lo hubiera reprochado, no podía estar toda la vida llorando a mi padre.
Pero la alegría no podía durar en la casa Swan.
Bella, extrañamente, había salido a una fiesta con los chicos de su instituto, no me preocupaba, sabía que no se emborracharía, Bella era demasiado sensata.
Pero cuando las horas fueron pasando los nervios fueron creciendo entre mi madre y yo.
-Emmett, ¿por qué no vas a buscarla?-me preguntó mi madre mientras yo me ponía la chaqueta.
-Eso estaba a punto de hacer.-le dije antes de salir por la puerta.
Conduje hasta el lugar donde sabía que era la fiesta. Entré y la busqué entre la gente, pregunté a algunas chicas pero nadie tenía idea. Solo me quedaba la planta de arriba por mirar, todo el mundo sabe qué ocurre en los dormitorios durante las fiesta, mi pequeña Bells no era así. Pero no me quedaba otra, así que subí a mirar. Abrí una a una las puertas, hasta que la encontré.
Había un tipo sobre ella, intentando estrangularla, ella parecía casi inconsciente, su falda y su ropa interior estaban en el suelo destrozadas y ese capullo tenía los pantalones bajados. Me lancé sobre él sin pensarlo, comencé a golpearlo con toda mi furia, hasta que por un golpe demasiado fuerte atravesó la ventana cayendo al exterior y muriendo al instante.
Me giré hacia Bella, ella parecía ajena al resto del mundo, como drogada.
Bella no recordaba nada de aquella noche, parecía como un milagro que ella no pudiera recordarlo, pero después el golpe se nos devolvió, al no tener el testimonio de Bella, las pruebas no fueron suficientes para evitarme el veredicto de culpable. Pero lo preferí, debía cuidar de mi hermanita.
Y la cosa aún podía ir más allá.
Llevaba algunas semanas en prisión, Bella y Esme venían a visitarme todos los domingos, pero aquel domingo era diferente, el rostro de Bella estaba demacrado y la expresión de mi madre no era mucho mejor.
-¿Qué ocurre?-les pregunté. Bella comenzó a sollozar y mi madre le pasó un brazo por los hombros.
-Em, estoy embarazada.-la noticia me dejó pretificado, la noticia de un bebé suele ser algo bueno, salvo en algunos casos.
-¿Has pensado que vas a hacer?-inquirí pasandome la mano por los ojos, cansado.
-Voy a tenerlo, no puedo abortar, Emmett, no soy capaz.-sollozó mi hermana. De repente su cara se descompuso y echó a correr hacia el servicio.
Me quedé solo con mi madre que me miraba con expresión indescifrable.
-¿Crees que es buena idea que lo tenga?-le pregunté.
-Mi opinión de poco importa, Emmett, es su decisión, y ella quiere tenerlo. Pero necesita saber que la apoyas, eres la persona más importante para ella, y ahora te necesita más que nunca.
-Entonces me tendrá.-le aseguré.
Desde entonces cada vez que Bella venía a visitarme le preguntaba por su embarazo, ella fue cambiando, no solo su vientre cambió, en su rostro también se reflejaba el embarazo, ella se veía más hermosa, incluso más feliz.
Pero un domingo no solo eso cambió, mi madre y mi hermana no vinieron solas, un muchacho las acompañaba, y además traían nuevas noticias. Al principio no me fié de Edward, ¿qué quereis cuando os dicen que un adolescente borracho ha chocado su coche contra tu hermanita pequeña y casi la mata? Pero luego vi que era un buen chico, solo que un poco perdido. Se notaba que se preocupaba por Bella, y puede que no solo eso. Esme y Bella habían conseguido una familia, por fin algo bueno, ¿cuánto duraría?
No pasó mucho tiempo cuando las malas noticias llegaron de nuevo. Victoria había enviado a un tal Laurent para acabar con Bella, no la había matado, pero sí sus esperanzas, había perdido al pequeño.
Y las malas nuevas nos llevaron hacía algo bueno, el intento de asesinato de mi hermana había sido prueba suficiente para absolverme, por lo que quedaría libre.
Iba montado en el coche del doctor Cullen camino a su casa, mamá me contaba que Bella estaba muy mal, que casi no comía ni hablaba, que solo Edward conseguía calmarla. Cuando llegamos todos estaban de acuerdo en que debía ser yo el primero en ir a ver a Bella. Ella estaba de espaldas a mí, Edward la tenía abrazada por detrás, él sí se dio cuenta de mi presencia, me hizo una señal para que me acercara a ellos, se levantó de la cama y me dejó a solas con ella.
Me acosté tras ella tal y como había hecho Edward, enroscándola con mi brazo.
-Lo siento mucho cielo.-le dije abrazándola.
Ella se giró al oírme, sus ojos estaban ojerosos y vidriosos, me pareció más mayor y frágil que nunca. Pasó su mano por mi mejilla, inesperadamente se abrazó a mí y comenzó a llorar. Yo la estreché entre mis brazos hasta que poco a poco comenzó a calmarse.
-Emmett, ¿no te habrás escapado?-me preguntó, no sabría decir si en broma o no.
-No, cariño, me han soltado, soy libre.-le contesté pasando mis manos por su pelo.
-Entonces, ¿ya no me abandonarás más?-sollozó.
-Bells, yo nunca te he abandonado y nunca lo haré, siempre estaré contigo.-le prometí besando su frente.
-Te echado tanto de menos.-susurró.
-Y yo a ti pequeña, pero no era esto lo que esperaba encontrar cuando regresara.-repuse.-Bella, no puedes quedarte aquí para siempre.
-Y, ¿qué quieres que haga?-me preguntó mirandome a los ojos.
-Quiero que bajes y comas con tu familia.
Espero que os haya gustado, esta historia está recibiendo muchos reviews y os aseguro que me alegra muchísimo, así que si este capítulo recibe los mismos que los anteriores me hareis la persona más dichosa.
