Hola a todas: para redimir mi tardanza, he decidido retomar rápidamente esta historia.

Espero lo disfruten y no olviden comentar.

Ya está terminando, así que, sin más, las dejo con el capítulo X de "Para que nunca me olvides". Disfrútenlo


Tomó el cigarro y le dio una pitada más, antes de observar a su presa y lanzarlo: sacó su cámara y la sucesión de tomas comenzó…

Natsumi sintió un frío recorrer su columna: se dio vuelta, pero nadie apareció en el lugar.

-¡Qué raro!: me pareció ver a alguien… ¡Qué bah!, si me estoy poniendo paranoica, es uno de los pocos males que me falta por acumular…- sin darle más importancia al asunto, caminó fuera de la clínica.

Después de verla retirarse del lugar, a una distancia prudente, el hombre tomó el celular y apretó el discado rápido.

-Bien, señor: tomé los antecedentes de Natsumi Tsujimoto…Aparentemente, está embarazada: no tengo certeza de cuánto tiempo, pero lo averiguaré…


El muchacho cortó la llamada: se llevó la mano al mentón, incapaz de poder dimensionar la atracción que tenía Natsumi en él… Ahora, que supo lo de su embarazo, tenía la sangre bullendo en su cabeza: no era posible que fuese desplazado tan rápidamente de su vida…

No, no: ella volvería, pidiéndole, suplicándole por su atención, por más.

Pero poco importaba ya. Las manillas del reloj daban las dos de la tarde, y tenía un dolor intenso en el estómago, como si algo malsano saldría de todo este complot.

Lejos de inquietarle, borró por completo su raciocinio: Natsumi era su minina, y como buena mascota, volvería donde su amo.

Así tuviese que usar la fuerza para lograrlo.


Para que nunca me olvides

X

Las manecillas del reloj indicaban las dos y media: todos estaban de vuelta en los respectivos bóxers, pero su compañera no estaba en el suyo…

Ya iba cercana a las dos semanas de su salida del departamento.

Finalmente, la gran dupla de la estación Bokutou se disolvió… No, no: en realidad, fue Miyuki quien rompió con ello.

Un simple "No me busques", la nota que encontró en la mesa del living, bastó para aclarar su mente y disponerse a enfrentar las consecuencias de sus actos sin pies ni cabeza… No era menor el que no aceptara verla, y eso le carcomía la conciencia con cada día que pasaba.


Tira la cadena, sin siquiera levantar la mirada: era imposible el concebir que ella, con mes y medio de embarazo y con la buena salud que poseía, estuviese cada dos minutos metida en un inodoro…

Bueno, a decir verdad, era debido a lo impasible del ambiente de su trabajo, el tener que ver a la cara a Miyuki, con toda la traición a cuestas, y sentir todavía resquicios de su corazón que clamaban por hacerle saber a su "amiga más cercana" la maravilla que está viviendo y lo feliz que se encontraba.

Era una estúpida: en sus narices, ¡frente a sus ojos!, confesó que quería al teniente: por poco y la bilis le salía por la boca… Era terrible el que Miyuki fuese tan descarada y que ella, a sabiendas de todo ello, le doliese tanto su lejanía.

Pero no retrocedería, ¡ni loca!: aunque estuviese mascando hiel por su orgullo, sabía que un poco de su medicina no le haría nada de mal… Miyuki rompió con su confianza: si la quería de vuelta, le iba a costar, y muy caro.


Eran las tres de la tarde: el teniente consiguió que Natsumi hablase con él, pero no llegó a más allá de ello. Cada vez que la tocaba, Natsumi se ponía a llorar o se sonrojaba: en la peor parte, iba corriendo al baño, excusándose con tener mala su digestión…

Pero eso no era lo que le estaba molestando: cuando la siguió, para saber en dónde se estaba hospedando, supo con desagrado que se estaba quedando en casa de un amigo.

De un tal Iruka, quien seguramente la estaba proveyendo de cervezas y otro tipo de licores, a lo que no les hacía asco alguno: por ello, las constantes jaquecas y vómitos que presentaba a lo largo del día.

Estaba claro como el agua…

Ese tipo quería hacerse el simpático con ella, acompañándola al doctor de muy vez en cuando: seguramente, para validar su "buena voluntad" y la preocupación que tenía por su salud. ¡Vaya, qué pelotudo puede ser un hombre desesperado por sexo!

Lo que no sabía él, es que el papel era inverso.

Pero ya estaba harto de esta situación, harto de ser excluido olímpicamente: con dirección en mano, tras haber salido la bruna de su turno y conversar con el capitán Kachou, quien estaba blanco de la impresión y la felicitaba a cada momento (situación que enervó sus ánimos: no tenía un buen feeling con Kachou), la siguió hasta llegar a la puerta de la casa.

Natsumi estaba por abrir, cuando sintió una mirada penetrante: se dio vuelta lentamente…

-Vamos a hablar, aquí y ahora…

-¿Shouji: tú aquí?

-No me pongas excusas: estoy harto que desvíes mis conversaciones… ¡Quiero saber con quién te estás metiendo!

La cara de Natsumi cambió de un rosado pálido a un rojo toresco: no tenía ni la más mínima pista, pero él mismo se lo había buscado.

-Si me pides sinceridad yo puedo dártela, ¡pero no vengas con papel de víctima, que bien te guardaste el secreto entre Miyuki y tú!

-¡Yo no tuve nada con ella!

-¡De eso no me fío: además, no me estoy metiendo con nadie!- estaba por sacar los exámenes del embarazo, cuando Tokairin le dice algo que la deja helada.

-Guárdatelos: no me hace falta saber que tienes los niveles de alcoholemia por las nubes… Con las juntas que frecuentas…--

Un golpe seco se escuchó en la calle: Tokairin estaba en la pared, con un moretón en la mejilla, y Natsumi con el puño alzado, indignada.

-Eres un imbécil: ¡QUIERO QUE TE VAYAS, AHORA!

La situación se le escapó de las manos: es que estaba mal, tan mal por verla vomitar, su palidez, la nula energía en cada una de sus misiones, eran las que lo mantenían pendido de un peñasco. Tokairin le ofreció su casa, para alojarse, pero al ver las circunstancias, decidió por objetar tal ofrecimiento.

Iruka se asoma por la esquina hasta llegar a su casa.

Imaginarán la escena: Natsumi echando improperios, mientras Shouji se encontraba cabizbajo… Era una escena penosa: sintió compasión por el teniente, pues entendía su posición y se notaba un hombre muy noble y sincero. Perfectamente pudo delatar a Miyuki y quedar bien, pero sabía los estragos que causaría en su novia y no quería más motivos de conflicto.

-Natsumi, detente…

De pronto, los dos se quedaron mirando al recién llegado: Tokairin vio la bolsa con botellas de alcohol y su sangre volvió a hervir.

Sin darle oportunidad de defenderse, le propinó un puñetazo que lo dejó en el piso, ante la atónita mirada de su novia.

-¡VAMOS, QUÉ ESPERAS: PÁRATE Y COMPÓRTATE COMO UN HOMBRE!

Estaba a punto de avanzar, cuando Natsumi lo toma de los brazos, alejándolo de Iruka, quien no estaba conciente de lo que ocurrió segundos atrás.

-¡Shouji, ya detente!

-¡No me pidas que pare: este desgraciado merece lo que le voy a hacer!

Un golpe mental le dijo a Natsumi que debía enseñarle insultos más fuertes a su novio. La situación estaba descontrolada y Natsumi no pudo encontrar otra salida.

-¡NO ES LO QUE PIENSAS: ESTOY EMBARAZADA!

-¡ASÍ QUE, ADEMÁS, POR TU CULPA NATSUMI ESTÁ!—

El teniente detiene su accionar: Natsumi, a sabiendas que la noticia lo dejó anonadado, lo soltó y fue a ver a su amigo, quien seguía tendido en el suelo…

-Dios, Iruka…

-Esto me lo llevo por ser buena persona…- masculló Iruka- No te preocupes, princesa: no es nada grave…

Estaba por agacharse, cuando la mano de Shouji la hizo incorporarse.

-No debes agacharte en tu estado. Déjamelo a mí: yo lo llevo…


Natsumi lo dejó en la cama, con la bolsa de hielo.

Cerró la puerta y fue al living, donde sacó un jarro con jugo y le sirvió a Tokairin, sentándose en el mismo sofá: después de servirse un poco, la muchacha cortó el silencio.

Era obvio que no esperaba vivacidad en su rostro después de la noticia, pero esperaba algo más de entusiasmo.

-Vamos, Shouji: no espero esta reacción por lo que te he dicho…

-¿Cuánto tiempo?

-Dos meses, pero no es la mejor parte de la sorpresa…

El teniente se le queda mirando fijamente, a lo que Natsumi responde con un tinte en las mejillas:

-Son gemelos…

El tic tac del reloj se escuchaba claramente: Shouji mira hacia el frente, con la mirada fija…

-Gemelos, gemelos: seré padre, y me darás dos hijos…- la sonrisa del teniente se ensancha cada vez más- ¡Seremos padres, Natsumi: tendré una familia contigo, preciosa! ¡Ahg, Natsumi, Natsumi!- la tomó y la sentó entre sus piernas, ante la mirada impresionada de la aludida- Dímelo de nuevo: quiero escucharlo nuevamente de tus labios…

-Estás loco…¡Y ni siquiera te he perdonado por lo que has hecho!- le dijo Natsumi, ya preocupada de ese estallido de felicidad, pero incapaz de volver a fingir enojo nuevamente: sus hijos no ameritaban eso- … Y me estás asustando: ya te dije, fortachón… Seremos papás: doblemente papás…

-¡Ahhh, gracias, mi amor! Te tengo, al fin te tengo: me has hecho el hombre más feliz de la tierra…

Y allí estaba: abrazado a ella, diciéndole una sarta de cursilerías que le llegaba a dar pena, pero que despertaron en ella un reconfortante alivio…

Ese chico, más joven que ella, mucho más querido y afortunado que ella, la tenía entre sus fuertes brazos, agradecido por ser tan amado por ese alguien a quien pidió una oportunidad de ser uno.

-Yo también te lo agradezco, mi amor…


No había acabado de conversar, cuando se vio arreglando su cabello: estaba crecido y le llegaba un poco más abajo que los omóplatos. Se hizo una cola media y salió con ropa metalera, sin que por ello Tokairin dejara de mirarla, sino todo lo contrario…

Pero le era incómodo recibir tanta atención de parte del teniente.

No quisieron hacer nada en especial: solo salir un rato, tomados de la mano y caminar, sin rumbo fijo…

Su relación ha estado tan manoseada por otros que se debían un momento de tranquilidad, de mirarse a los ojos y de sentirse más unidos que nunca: no tenían ningún plan, ni siquiera se inmutaron por gastos, acontecimientos futuros…

Estaban uno al lado del otro: se tenían, y era algo plenamente maravilloso…

Natsumi vio sus tiendas de deportes y gimnasio, pero no pudo evitar dar un vistazo por una tienda maternal.

Shouji veía sus gestos, se embebía de la plenitud que mostraba la muchacha en su rostro: en un instante, se sintió tonto por ese lapso de tiempo en el que Natsumi estuvo sola con esa noticia, guardándola por temor a su comportamiento anterior…

Pero tan pronto como apareció, murió en el mismo instante: estaban juntos, y ningún hecho podría empañar esa felicidad… Aunque la suerte cambiara la cara, cuando le viniese en gana…

Y esa cara estaba a metros de ambos, vigilándolos y preparando un zarpazo que ni esa mismísima felicidad era capaz de frenar…


Estuvo equivocada todo este tiempo, pero ya no más…

Tenía que sobrellevar la pena con la que cargaba: tenía un gran temor, pero no podía seguir evitando su responsabilidad… Estaba por perder a Natsumi, quien siempre prestó su hombro cuando ella más lo necesitaba: cegada por recuperar un ápice de lo que poseía antes, cuando el mundo entero se le presentaba nuevamente…

… Pero, antes de ello, tenía que renunciar a algo…

Tenía miedo, mucho miedo: no quería ni pensar en lo que iba a hacer, pero era el recoger las piezas esparcidas de lo que no se concretó y dejarlo atrás… Tiempo atrás, pensaría que era darle la espalda a la memoria de Nakayima, pero era necesario: para poder reformarse y dar vuelta a la página…

Tomó su chaqueta, su bolso y caminó en dirección a su mueble: se agachó y sacó una cajita con llave. Metió su mano dentro de la polera y sacó el relicario, al que se quedó viendo por un rato: tomó la llave de su interior y abrió su joyero… De ella, sacó una cajita color azul…

-Kobayakawa, ¿quieres ser mi novia?

Cerró los ojos, tratando de hacerse a la idea de sacar valor.

Terminó por arreglarse y partió hacia la casa de los Nakayima.

Era tiempo de confrontar: no podía huir más…


-Vaya, pequeña: me alegro que hayas decidido venir a vernos…- La joven Sena le ofrece un té, a lo que Miyuki hace una pequeña reverencia - Gracias, preciosa- le dijo Daimaru Nakayima, a lo que la joven asiente con una sonrisa: deja la tetera a un lado y se sienta junto a él- He recibido visitas de todo el equipo de policías, pero me preocupaba verte más repuesta…

-Lamento haberme tardado tanto tiempo: he querido estar más estable, antes de venir a saludarlos. No ha sido fácil lidiar con su ausencia- da una pausa, porque ve una hermosa foto de Ken, en un improvisado altar en su memoria- … Supongo que está demás el decirlo.

-No es fácil, como dices: fue un hijo excelente, capaz de soportar mucha de mis excentricidades… A veces, me he sentido tan bendecido que me pregunto si es que coarté sus alas: no sabes lo que daría porque estuviese en mi lugar…

Reinó un silencio respetuoso: Sena tomó sus manos, con unas lágrimas en sus ojos. Miyuki los vio a los dos, apoyándose el uno con el otro…

En verdad, es un hombre muy afortunado.

-… Pero existen otras formas de estar presente- las palabras de Daimaru la despertaron de su meditación- El luto va a ir pasando, hasta que quede en mi memoria: lo he sentido muy presente y no quiero angustiarle más… Era su tiempo de partir y no lo amarraré a este mundo para que sufra…

De pronto y sin mayor escándalo, las lágrimas de Miyuki brotaron…

… Era necesario limpiarse: ese hombre, el que estaba frente a ella, el que se mantiene tan erguido, vio a su hijo llegar a este mundo, con los ojos nuevos y con la fragilidad y ternura que posee,… para luego verlo irreconocible: esa tarea de sufrir lo insufrible con tal que su retoño fuese feliz se obstruyó.

Bastó con un simple error de cálculos, para perder en un segundo lo que le había costado y lo que había amado por más de media vida.

… Pero el hombre seguía de pie: todo y destrozado por dentro, tomó todo su pesar y su duelo y partió de la mano con su esposa, caminando por un sendero oscuro para seguir su luz.

-¿Se puede hacer?- preguntó Miyuki, quebrándose en un llanto más desolador, apretando su falda por el desespero…

-La vida continúa, Miyuki: usted, siendo tan joven y con tanto amor por dar, puede hacerlo. Siga adelante…

El hombre se levantó y fue donde Miyuki.

Tomó sus hombros e instó a que se pusiera en pie.

-Traicioné a Natsumi: quebré lo único bueno que poseía…

-Ella es una buena muchacha: lo comprenderá… Si usted da el paso y se arrepiente, puede recuperarlo…

Sena y Daimaru la abrazan, consolándola y dándole el soporte que necesitaba para hacer un cambio radical…

Era el tiempo: debía dejarlo ir…


Yo no te quiero ver pasar las tardes
Conservando entre tus manos el calor
De una taza que se enfría
Mientras las horas se hacen días
Esperándole


Ni quiero ver tu rostro reflejado
En el cristal de la ventana
A la que estás siempre pegada
Mientras miras confundirse
Las gotas de la lluvia
Con las que empañan tu mirada

Ya no estará allí sentado
No volverá a estar al otro lado de la mesa
Donde aún guardas esa silla en su rincón

Por favor levántate y camina
Vete a casa y de una vez olvida
Que las horas se hacen días
Que su silla está vacía
Y que todos tus recuerdos
Te acercan más a él

¿No lo ves?

Yo no te quiero ver pasar las tardes
Conservando entre tus manos el calor
De una taza que se enfría
Mientras las horas se hacen días
Esperándole

Ni quiero ver tu rostro reflejado
En el cristal de la ventana
A la que estás siempre pegada
Mientras miras confundirse
Las gotas de la lluvia
Con las que empañan tu mirada

Por favor levántate y camina
Vete a casa y de una vez olvida
Que las horas se hacen días
Que su silla está vacía
Y que todos tus recuerdos
Te acercan más a él.

Yo no te quiero ver pasar las tardes
Conservando entre tus manos el calor.

"Levántate y olvida", Miguel Bosé.


Año y medio ya pasados: aferrándose a él como si fuese su tabla de salvación en el tormentoso océano de un olvido al que se empecinaba por aceptar…

Era cierto: a cada paso que Miyuki hacía, otros de alguien la acompañaban… Estaba acostumbrada a ello y la hacía sentir más segura…

Pero ¡a qué costo llegó a obtenerlo!

No era tiempo de vendarse los ojos: ya tenía un mundo que le esperaba, amigos a los que recuperar, un trabajo en el que ascender…

Un corazón, deseoso por volver a amar limpiamente.

Se acuclilló enfrente de la tumba, sin ningún ritual…

Se quedó en silencio: llevó su mano al bolso, encontrando la cajita aterciopelada…

El anillo de compromiso que le entregó, a minutos de salir en la misión de la que no regresó con vida.

-Tú me diste la dicha más grande en ese instante: cambiaste el transcurso de mi vida y de mis planes… Me hiciste valer oro con tus palabras y ensalzarme como jamás nadie pudo: me diste un pedacito de cielo,… y hoy vengo a retribuirlo…

Abrió la cajita y sacó el anillo, observándolo con detenimiento…

-Sabes,… ni siquiera lo vi tan detenidamente: me cegó la alegría del momento y te di el sí.

Sus lágrimas volvieron, pero en otra disposición.

-Ken Nakayima, temo que no podré aceptar su proposición de matrimonio: lo lamento, pero no puedo casarme contigo…

Hizo a un lado las hojas secas y puso la cajita enfrente a su retrato.

Acto seguido, tomó la foto y depositó un beso en ella

-Eres libre ahora: vete al cielo… Te amo, precioso…

Sin más, el pesar la abandonó de golpe y la presencia desapareció: un viento suave meció sus cabellos, sacándole una sonrisa.

Lo dejó ir y ella, en su honor, viviría feliz de haberlo tenido.

Feliz de haber sido y de poder ser tan amada como lo fue, con un motociclista llamado Ken Nakayima, quien la quiso y la amó por lo que era, por lo que es y por lo que será…


Natsumi fue a buscar algunas cosas, pero se extrañó de no verle en casa a esas horas: le trajo un pastelito, a sabiendas de su gusto por los dulces…

¡A quién quería engañar!: deseaba borrar esa experiencia y tenía certeza que Miyuki no tenía intenciones con el teniente… Estaba deseosa por contarle de su embarazo, de compartirlo con ella y poder celebrar ambas de este júbilo de un par de angelitos en camino…

Sin poder esperarla ni un minuto más, puesto que tenía un desayuno con Tokairin, le escribió un mensaje y lo dejó al lado del pastel, en la mesa de la cocina.

Se armó de su chaqueta y cosas y cerró el departamento. Caminó hasta llegar a recepción y fue en busca de su moto.

-Vaya… El estacionamiento no tiene luz…

Iba en camino a la recepción, a decirle al conserje que prendiera las luces: llegó al lugar y la silla del conserje estaba dada vuelta…

-Disculpe, señor: las luces del estacionamiento— Señor, ¿señor?- dio vuelta la silla: cuando observó que el hombre estaba muerto, con un disparo en la cabeza…

Natsumi iba a gritar, cuando una mano tapó su boca y la redujo hasta un rincón, del cual seguía observando al hombre. La muchacha trataba de moverse, de defenderse, pero tenía en cuenta que estaba embarazada y que no podía exponerse al peligro.

-Vaya, vaya, gatita: tiempo sin vernos, ¿eh?

De pronto, todas sus dudas se disiparon al instante…

Tokki la había encontrado.

-Oh, vamos primor: ¿es que no estás alegre de verme?

Trataba de huir, se removía entre sus brazos, hasta que sintió algo frío apuntando a su estómago: entonces toda su angustia y temor salió a flote…

-¿Creías que, por estar un ratito desaparecida, no ibas a volver a verme? T, t, t- musitó, con el arma negando la respuesta- ¡Qué ingenua te has vuelto, princesa! Sabes que con Tokki nadie juega…

Su respiración se volvió irregular y las lágrimas de acopaban en sus ojos, incapaces de sostenerlas.

-Oh, vamos: sabes que me vuelves loco cuando te emocionas así… Este encuentro debe quedar grabado en tu cabecita, ¿no lo crees? Ah, mi minina: ¡no sabes cuánto he extrañado tu precioso cuerpo!- una de sus manos se paseó desde sus pechos, hasta llegar a su entrepierna, a lo que Natsumi emitió un gemido de desesperación- Ah, ah, ah: no seas impaciente, gatita… Antes de entretenernos, quiero que me expliques esto.

Dio un puntapie a una bolsa marrón, colocándola en su campo visual.

-Bien: quiero que la recojas. Ahora.

Sin poder escapar, decidió ir lentamente por la bolsa, de la cual sacó un par de zapatitos de bebés, provocando en ella un gemido audible de espanto…

Tokki ya lo sabía.

-¿Creías en serio que te dejaría ir, maldita puta?- Asió de sus cabellos, provocando más desesperación en la muchacha- ¡¿Creías que ibas a salirte con la tuya, después de abrirle las piernas a un marica, ah, AH?! ¡RESPÓNDEME!- le gritó, mientras tiraba aún más de sus cabellos.

-¡P-por favor, Tokki! Yo no soy nadie… Déjame ir: mis pequeños. No valgo nada para ti: por favor- suplicó Natsumi, sin tener salida a nada.

-En eso tienes razón…- acercó su cabeza a él y le lamió la oreja, musitándole lentamente- No vales nada…

La soltó y cayó al piso, sollozando con más fuerza.

-Bien, gatita: ahora vas a acompañarme a dar un pequeño paseo… Has cometido un error grave, pero estamos a tiempo de remediarlo- Vio a Matsuda y asintió: el tipo fue y alzó a Natsumi de los hombros- Vas a llevarla donde el médico que te mencioné: tomarás la ruta más fácil y después… te desharás de ellos y la traerás a mi cama…

Con los ojos abiertos de la impresión y el espanto, trató de escapar de los brazos del guardián de Tokki, pero el tipo puso un paño con cloroformo en su boca.

De a poco, fue perdiendo sus fuerzas, pataleando más lentamente y dejando que las lágrimas fluyeran sin pudor.

Era su final…


-El teléfono al que llama está fuera de la cobertura de servicio: insista en otro momento. Por su comprensión, gracias.

Cortó y volvió a llamar, teniendo el mismo resultado anterior.

Era imposible: cerca de las ocho de la mañana y con hora ya de retraso… Tenía su traje más formal y un regalo en forma de anillo en el bolsillo del corazón del traje: el champán estaba tibio de esperarle y tenía en mano el tercer vaso de whisky.

-¿Desea algo más, señor?

-Sí, por favor: traiga más hielo para la botella y me trae uno de estos- mostrando el vaso vacío.

-Por supuesto, señor.

Se llevó el champán y fue en busca del cuatro whisky.

Era imperdonable: tercera vez que tiene que aguantar uno de sus famosos retrasos… Aunque, esta vez traía a tres invitados al desayuno.

Debía de estar contentísimo, pero algo le molestaba: además del incidente con Miyuki y de desear su pronta reconciliación, era el que su teléfono estuviese fuera de cobertura… Era conciente de la tecnología japonesa: no era posible que estuviese fuera de cobertura…

A no ser de estar fuera de Tokio, lo que le parecía ridículo de siquiera pensarlo…

Replicaba los dedos, intranquilo, girando su punto de observación en las manecillas del reloj.

Presentimiento o no, sentía que iba a ser un largo día…

Continuará…


El karma que se repite: ahhhh, quedé cargada emocionalmente ^^

Muchas gracias a todas por seguir mi historia, especialmente a Lorena.

No se salgan de la sintonía, que en unos días más estará listo el penúltimo capítulo de esta historia.

Cuídense y nos vemos. Adieu.