-Mierda, mierda, mierda, ¡me descubrió! ¿Ahora qué hago, Faith?-preguntó casi al borde del pánico la perfecta Reina de Hogwarts, Rose Weasley, que yacía sentada en la camilla de la enfermería.

Faith la observó complicada, ellas siempre habían tenido una doble cara, solo en la intimidad de la soledad ellas dejaban ver sus temores, miedos, debilidades y afanes. Podían volver a sentir emociones, a tener nervios, miedo, pánico, alegría espontánea, preocupación. Ellas tenían una reputación que mantener, eran las reinas de ese colegio, no podían desperfilar ante los demás.

-Por cierto, ¿y Lily?-preguntó de repente la ojiazul, dejando momentáneamente su pánico para preocuparse de su prima.

-En cinco minutos más llega, tiene que zafarse de Moreira con una buena excusa, ya sabes, con lo de San Valentín...

-¿Y Frank?

Las mejillas de la rubia se tiñeron de rosa, lo que significaba que...

-¡No me diga que lo hicisteís de nuevo!-siseó preocupada la Reina de Hogwarts, aunque un toque de molestia se vislumbró en su voz.

-Yo... Nosotros... Es que no... No pudimos evitarlo...

La característica ceja alzada de la pelirroja hizo acto de presencia, congelando a Faith.

-Mira, no me importa si se andan restregando por ahí, eso es tema de ustedes-la rubia se puso más roja aún al escuchar las palabras de su amiga. Rose no tenía filtro a la hora de decir las cosas como son-, pero te recuerdo que era la última vez que te ayudaba con esto, si sales embarazada será tu culpa, yo ya te había advertido.-siseó fríamente la chica.

-Lo sé. Perdón, a veces no pienso en lo que un momento de debilidad puede arruinar, nuestro nombre y reputación es más importante que una aventura pasajera...

-¿Aventura?-la joven la miró seriamente, eso no le gustaba para nada.-Pensé que esto era serio, a pesar del tema del sexo desenfrenado.

La rubia se mordió el labio, nerviosa.

-Es que... yo nunca podría encajar con su familia y eso lo sabes, Rose.-la ojiazul se contuvo de rodar los ojos. "Otra vez va a empezar" se dijo mentalmente-. A pesar de que ambos venimos de familias puras, nosotros no somos tan conservadores como ellos... Y ellos esperan una dama de sociedad, una perfecta señorita y futura buena esposa para su hijo, una mujer que no tiene intensiones de seguir una carrera en el ministerio sino que de ocuparse de su esposo y reuniones sociales...

La slytherin bufó, exasperada por esos miedos patéticos que su amiga tenía.

-Mira Faith, si Frank te eligió y te aceptó como su novia es por algo, toma en cuenta que él es "tan conservador" como su familia y ya ves, tiene una novia que va a ser diplomática en el ministerio y una loca de patio por mejor amiga.-sonrió, no con una mueca sino una sonrisa sincera de apoyo. Faith se rió con lo último que le dijo su amiga y le dio las gracias por el apoyo.-Ahora esperemos a Lily para resolver mi gran problema con la ira y sus consecuencias, ¿ok?

Faith estuvo de acuerdo. Era mejor no pensar en idioteces que solo sacaban la vulnerabilidad de ella, una sangre pura, pero más que eso, una slytherin hecha y derecha de cabo a rabo, una de las Reinas de Hogwarts, aclamada en las fiestas cuando tocaba la guitarra eléctrica, vitoreada por los hombres de ese castillo, fuente de envidia para las demás féminas no solo en su casa, sino en las demás.

-Hola, ¿de qué me perdí?-la voz tintineante de Lily Potter la sacó de sus pensamientos para observarla, parecía feliz, demasiado feliz para su persona, era una alegría demasiado espontánea para ser la fingida que siempre ellas demostraban.

Rose al parecer percibió la misma extraña felicidad que la rubia, mientras una sonrisa ladina se asomaba por sus labios. Luego hablaría con su prima, era un tema tan jugoso como lo era de complicado el de ella.

-Malfoy me descubrió.-prefirió responder, mientras Faith le dirigía una mirada cómplice.

La cara de sorpresa que puso su prima fue tremenda, no era precisamente lo que esperaba oír... Bueno, sabía que ellos se odiaban y que la pelirroja podía salirse de sus casillas, pero siempre lo había hecho dentro de un marco de discreción, nadie debía saber de que era capaz de manejar la magia sin varita, solo de forma mental y dentro de un estado de concentración total, cosa que casi siempre tenía.

-¿Cómo?-preguntó Lily, sin poder evitar sentir curiosidad.

Rose soltó un suspiro.

-Lo lanzé contra la pared y luego le lanzé una silla. Me exasperó, ya saben cómo es, perdí el control pero de la forma en que nunca debí haberla perdido. Ahora tengo temor de que suelte la bocaza y comiencen los interrogatorios y las pruebas y cualquiera de las estupideces que hacen para determinar algo que ven con sus propios ojos. Me tendrán por un bicho raro, un fenómeno, y ustedes saben que eso no le iría precisamente bien a la reputación y al nombre que tanto tiempo me costó tener.-terminó de decir amargamente.

Las otras dos slytherins se miraron. Era obvio que la ojiazul se sintiera así, a ellas tampoco les caía en gracia que alguien las observara y les hicieran exámenes como si fueran conejillos de indias. Además tenían una reputación que mantener y en verdad, en esos momentos, una revelación de ese tipo no era muy adecuada. Sin embargo ambas estaban de acuerdo en que la capacidad nata de la chica para la magia, y es más, para la que se hacía sin varita, era todo un don y un prodigio. Dotada no solo de popularidad, también tenía un cerebro excepcional y una habilidad temeraria, como lo era la habilidad casi sobrenatural de Lily para las pociones y la invención de ellas, o la hermosura mitad veela de Faith.

-¿Y qué propones hacer?

La joven hizo una mueca, ése era el punto.

-No sé realmente, he pensado desde matarlo-sus amigas rodaron los ojos, Rose NUNCA cambiaría-, a desmemorizarlo, pero ninguna de esas ideas me convence.

-Será porque matar a una persona traería como consecuencia un pase directo a Azkaban.-dijo Faith, burlona y escéptica.

-Y porque desmemorizar a alguien puede traer graves complicaciones.-resolvió Lily que sabía de los riesgos de un obliviate mal ejecutado.

Rose asintió.

-Me quedan la amenaza y la compra de su silencio, pero ustedes saben que con cualquiera puedo entablar un soborno menos con ése.-escupió refiriéndose al ojiverde.

Oh, sí que lo odiaba.

-Bueno, yo no te recomiendo mucho la amenaza, puede ser que te salga el tiro por la culata.-la pelirroja se cruzó de brazos mientras observaba molesta los ojos miel de Lily, ella sabía muy en el fondo de lo que era capaz cuando se trataba de Scorpius Malfoy y sabía que podía írsele de las manos de nuevo la rabia. No, aunque le doliera el orgullo no era la mejor idea, si lo pensaba racional y fríamente, su mente slytherin le dictara que buscara otra opción o prefiriera el soborno. No podía manchar su nombre con el delatamiento de esa habilidad sobrenatural, no era lo mejor y más factible para ella.

-¡Maldición! no me digan que tengo que transar un soborno con ése.-exclamó molesta la joven.

La rubia y la pelirroja-castaña se miraron.

-Tienes que hacerlo.-dijeron ambas al unísono con tal voz de determinación que le dio un escalofrío a la slytherin.

Quien, por su parte, refunfuñó algo inaudible para sus dos compañeras.

-Aprovecha que tienes que estar obligatoriamente con él estas dos semanas para ofrecerle el trato. Su silencio al precio más conveniente.-aconsejó Lily

-Y será mejor que lo hagas ahora mismo, ya sabes, el tiempo corre...-siguió Faith.

-Pomfrey me matará si ve que me he ido de aquí.-se excusó la chica quien se resistía aún a llevar a cabo tan pronto aquella aberración.

-¿Para qué crees que existe la transformación humana?-preguntó Faith, que había atajado al vuelo las intenciones de su amiga.-Tú conviértete en mí y yo en tí y así vas y hablas con Malfoy.-propuso.

Pero la slytherin negó, horrorizada.

-NO, porque si me encuentro con Frank creerá que soy tú y me atracará con uno de esos besos que te da a tí y no quiero realmente traumarme más de lo que ya estoy. Lily, tú te quedas aquí y yo voy donde Malfoy, es más fácil ser la hermana de Albus que la "loca de patio Weasley" según ese subnormal que tiene por mejor amigo.

Lily quiso protestar pero calló al instante, más le valía no delatarse, aún le daba algo de vergüenza recordar ciertas cosas.

Cinco minutos después una pelirroja media castaña salía de la enfermería con rumbo a la torre de Gryffindor donde intuía, se hallaba Scorpius Malfoy. Caminaba y sonreía con naturalidad, aunque tenía que morderse el labio para no dejar escapar un gemido de dolor que aumentaba con cada paso que daba. Aliviada, llegó a la sala común de los leones, luego de decir la contraseña, y comenzó a buscar a su primo. Si él estaba ahí, Malfoy también lo estaba. Y lo encontró, sentado en uno de los sofas jugando snap explosivo con algunos de sus compañeros, entre ellos el ojigris. Se acercó a ellos, tratando de aguantar el odio que aún bailaba en sus pupilas por su enemigo, era Lily Potter, no Rose Weasley, tenía que relajar un poco el semblante e imitar su tono de voz.

-¡Al!-dijo con una sonrisa inocente, mientras su hermano mellizo se volteaba y le dirigía otra sonrisa. Varios de los gryffindors voltearon a verlas entre ellos Kent Moreira, quién se puso automáticamente de color rojo, lo que confirmaba las sospechas de la slytherin. Evitó mirarlo para que no se diera cuenta de que era ella, y en cambio prefirió abrazar a su hermano y contestarle las preguntas rutinarias.

Scorpius se acercó a saludarla de forma muy diferente a como siempre saludaba a Rose Weasley, si bien mantenía la distancia, le sonrió cortésmente, casi, de forma familiar. Cosa que le sorprendió aunque supo disimularlo muy bien.

-Scorpius-dijo con voz algo amable, tratando de aplacar en su mayor parte el tono imperativo y el desprecio-¿Puedo hablar contigo?

El chico la observó una milésima de segundo, antes de asentir.

Subieron a la habitación de los chicos, y la pelirroja no pudo evitar acordarse de la seuda pelea que había tenido con el ojigris a principio de curso. El chico le invitó a sentarse en una de las camas, más específicamente en la de su primo, y una vez que ambos estuvieron frente a frente, le ofreció si quería algo para tomar. La rabia le subió a borbotones, con las demás era amable y cortés y con ella se comportaba como un bruto, con razón lo odiaba tanto.

-Vengo a ofrecerte un trato.-habló después de rechazar el ofrecimiento de whisky de fuego que Scorpius hizo.

Éste la miró confundido.

-¿Trato? A ver, ¿qué te traes en manos Lily Potter?-preguntó con un tinte burlón, aunque no sonó como cuando hablaba con Rose Weasley. No. Sonó, casi, casi, cariñoso.

Y eso, fue en escencia, la gota que derramó el vaso.

La sonrisa del rubio fue desapareciendo cuando el cabello lacio pelirrojo-castaño de la chica se volvió ondulado y rojo como el fuego. Cuando el rostro demasiado inocente y un tanto aniñado de la slytherin adquirió las facciones aristocráticas y desdeñosas que había heredado de sus padres y de su casa. Cuando su mirada miel y pícara se volvió azul y enigmática, cuando las curvas de ese cuerpo endemoniadamente sexy aparecieron, cuando la sonrisa de Lily Potter desapareció para dar lugar a la mueca burlona y la ceja alzada que caracterizaba a Rose Weasley. Boqueó, desconcertado, burlado, avergonzado y molesto, mientras su mirada se ensombrecía y la sonrisa que antes dirigía a Lily se borraba.

-Tú...

-Al grano Malfoy, tu silencio al precio que quieras, no tienes opción porque sabes que si haces otra cosa te mato así que piensa rapidito qué quieres para poder irme tranquila.-lo cortó rápido, sin darle tiempo de decir nada más.

-Espera, espera-dijo el ojigris, sin entender mucho.-¿Me estás ofreciendo una especie de soborno a mí? ¿A mí? ¿A Scorpius Malfoy? Vaya, qué bajo has caído, Weasley.-se burló, creyendo que con eso iba a poder descubrir lo que en verdad tramaba la pelirroja.

Ésta, reprimió un gruñido, tratando de controlarse para no caer en la mala costumbre de lanzarle un hechizo.

-Déjate de estupideces, Malfoy, que esto es serio.-el otro la miró tratando de encontrar algo detrás de las palabras y la mirada, pero eran tan sinceras que su escepitismo se quebró al comprobar que pasaban los minutos y ella seguía tan seria como antes.

¿Enserio era tan importante que nadie supiera sobre su "habilidad especial"? ¿Es que acaso no quería presumirlo ante todo el mundo como pasaba siempre? ¿No quería hacer alarde de lo especial que era por ser Rose Weasley, por pertenecer a slytherin, por ser la más popular, la Reina de Hogwarts, por ser la primera de la generación, por ser la vocalista de "Las Problemáticas? ¿Qué le pasaba? ¿Acaso era una nueva estrategia para agarrarlo volando bajo y vengarse quizás de qué cosa de él?

-¿No quieres que todo el mundo sepa que puedes hacer magia sin la varita?-preguntó, entre irónico e intrigado.

Rose lo miró.

-No.-dijo.

-¿Porqué?

-Eso no te incumbe.-siseó la chica.

Sin embargo, aunque el tono y la forma en que lo miraba dictaba que no se metiera donde no lo llamaban, algo en su mirada le decía que estaba triste y frustrada. Ese tinte ensombrecido carecía del brillo enigmático que la destacaba y eso, ciertamente, era suficiente para preocuparlo y alarmarlo.

-Vamos Weasley, tengo derecho a saberlo-la ojiazul le lanzó una mirada asesina, irritada por el descaro del joven- si quieres que me calle y no divulgue a los cuatro vientos tu jugoso secretito, mi precio es que me respondas porqué no quieres que se sepa.

La slytherin abrió la boca, dispuesta a decirle que ni por todo el oro del mundo le diría la verdadera razón de porqué no quería que su secreto se supiera. Ni a Faith ni a Lily les había dicho la razón principal, no por una cosa de que no confiara en ellas, sino por orgullo. Sí, era verdad que no quería que su reputación se manchara y la consideraran un exótico fenómeno. Pero no era la principal. La verdad... le daba vergüenza no ser igual que los demás, no ser una bruja "normal" sino diferente. Siempre le había avergonzado no ser como cualquier chica en el colegio muggle, en el mundo mágico, en Hogwarts. Siempre siendo diferente por ser hija de Ron Weasley y Hermione Granger, por ser la mejor de su generación, por tener que darle lustre al apellido Weasley, por tener que ser la mejor en el quidditch, por ser la mejor duelista de su generación. Para cualquiera esto hubiera sido sensacional, cualquiera quisiera ser hijo de dos Héroes Mágicos, tener intelecto, habilidades para el quidditch, ser un o una Weasley o Potter. Vergüenza. Esa era la razón principal.

Sin embargo, se dio cuenta que estaba entre la espada y la pared, y que su destino... dependía de Malfoy. Y eso, ciertamente, le frustraba.

-¿No querrías reconsiderar tu oferta?-preguntó entre dientes, tratando de que su tono de voz fuera amable.

Cosa que ciertamente divertía al gryffindor.

Cosa que irritaba aún más a la slytherin.

-No.-respondió el ojigris luego de unos minutos de silencio, cuando la morena ya estaba a punto de estallar. Y en un impulso netamente absurdo, se acercó hacia la pelirroja, quien retrocedió entre espantada y asqueada-o eso trataba de pensar y actuar ella-, hasta que su espalda chocó con el mullido colchón de la cama de su primo.

Maldijo el día y la hora en que por una vez escuchó los consejos de Faith y Lily, y se rebajó a ir a "pedirle" de forma "amable" al rubio que callara lo que había viso. Si lo hubiera amenazado, por lo menos no tendría las mejillas a punto de ebullir, no sentiría su cuerpo tenso, ni esa interminable corriente eléctrica recorriendo su espina dorzal. Tampoco sentiría las manos sudorosas ni la respiración agitada, y mucho menos sentiría... unas locas ganas de besar al gryffindor hasta perder el razocinio. Porque sí, su impulsividad cursi y débil-como llamaba a lo que sentía por Malfoy hasta la vez en que enterró su corazón- había vuelto a despertar con mayor fuerza que antes, con mayor anhelo, con mayor viveza. Y esa misma impulsividad ahora peleaba cara a cara y frente a frente con su cordura y lógica, con esa mente fría y calculadora de la que siempre se había sentido orgullosa. Su parte gryffindor luchaba contra su parte slytherin, quien había estado dominando y actuando por más de dos años. Y eso le aterraba ¡oh, cuánto le aterraba! Ser víctima, revivir otra vez ese calvario, ese martirio que era estar enamorada de Scorpius Malfoy...¡No quería pasar de nuevo por lo mismo! ¡Claro que no! Sería demasiado para ella ser rechazada por segunda vez por la misma persona, la misma que años atrás le arruinó la vida. No, no lo soportaría, ni siquiera soportaba la idea de sentir otra vez algo por él. Sólo eran sus malditas hormonas, nada más...

Por otro lado, Scorpius estaba igual o tal vez peor que la slytherin, pues, cuando se dio cuenta de que estaba en una posición completamente comprometedora con ni más ni menos que su declarada enemiga, no hizo más que quedársela mirando embobado, idiotizado e hipnotizado por esos dos pozos hondos y profundos como el mar azul, que eran bañados por aquella luz que irradiaba un sin fin de sentimientos y emociones. Se quedó mirando aquellas imperceptibles pecas que adornaban su rostro, su perfilada nariz, sus largas y abundantes pestañas que otorgaban mayor expresividad a su mirada, sus cejas arqueadas, sus facciones aristocráticas. Pero cuando llegó a sus labios, un deseo emergió como lava hirviendo desde sus entrañas quemándole el estómago, el pecho y la garganta a su paso, hasta que se materializó en sus labios y le dio a conocer qué quería en ese preciso momento. Y no era precisamente insultarla, gritarle o hacerle un gesto despreciativo o despectivo. Hacía unas horas atrás se había dado cuenta de qué sentía realmente por ese demonio pelirrojo y alborotado, y eso, obviamente, le aterraba. ¡Era absurdo! ¡Inverosímil! ¡Hasta la sola idea era descabellada!

Y sin embargo, aunque sabía que no debía hacerlo, que no debía nisiquiera pensarlo, ni siquiera reconsiderarlo, lo hizo. Fue solo un roce, casi imperceptible, suave, lento, aunque fue lo suficiente como para que ambos temblaran de pies a cabezas, entre tanto que ella se separaba de él. Sin embargo, no estaba con la guardia alta como para actuar cuando el ojigris, inclinándose levemente, juntó sus labios con los de ella de nuevo, moviéndolos lentamente sobre los suyos. Su respiración estaba ligeramente alterada y sintió un calor invadir sus entrañas. Scorpius, al ver que ella no lo apartaba, profundizó aún más el beso.

Sin embargo, una lucecita de cordura se asomó en la mente de la slytherin, suficiente como para darse cuenta que su declarado enemigo, el indeseable Scorpius Malfoy, estaba sobre ella, y ambos en la cama de SU primo, en una posición demasiado comprometedora para su gusto. Y, con una fuerza que hasta ahora no creía que podía tener,empujó al gryffindor al tiempo que éste caía al suelo, desconcertado. Se encontró solo en la habitación de los chicos de séptimo, sintiendo un dolor horrible en su entrepierna.

Genial. Ahora sí que estaba jodido.