Hola Hola! Lamento la tardanza, pero he vuelto otra vez de la playa. Lamentable en todo caso porque el verano se esta yendo demasiado rápido para mi gusto...

En fin, aquí estoy a tres capitulos del final y trabajando lo más que puedo en el próximo fic :)

Un beso a todos y gracias infinitas.

Capítulo 11

Arrebatos

Ninguno de los tres había bajado sus varitas. El señor Weasley estaba boquiabierto y también lo estaba Ron, pero Hermione lo miraba ceñuda y desconfiada. Temblaba de miedo, pero no dejaba que su posible adversario se diera cuenta de esto, y su semblante mostraba determinación dispuesta a atacar si era necesario. Era en esos momentos en los que debía actuar con valentía, y tenía el cerebro y el coraje para lograrlo.

-¿Cómo…? –Comenzó el señor Weasley, pero Hermione se le adelantó y lo apuntó más de cerca con la varita, impidiéndole avanzar, e interrumpiéndolo al instante:

-¡Silencio! –Le ordenó con determinación.

-¿Hermione, que demonios? –Le preguntó Ron con la varita abajo, intentando bajar el brazo de Hermione, pero ella no cedía.

-Rápido Ron algo que sólo tú y tu padre sepan –Le ordenó. -¡Rápido! –Le apresuró al no obtener respuesta.

-Pues, hum… -Dudó él. -¿Cuál fue mi primera palabra? –Preguntó. Hermione estaba demasiado concentrada en el invasor para mirar a Ron, pero deseaba haberlo hecho.

-Ranas de chocolate –Contestó él sin vacilar. Hermione esperó que Ron reaccionara positivamente para bajar la varita con lentitud y luego mirarlo con algo de reprobación, aunque no le sorprendía que aquella hubiese sido su primera palabra.

-¿Honestamente Ron? –Le preguntó con cierto desconcierto y él simplemente se encogió de hombros. Ahora que ya sabía que no era un mortífago quién había irrumpido en su reunión secreta, sintió alivio y volvió a respirar con tranquilidad mientras sus latidos se acompasaban nuevamente. Pero por otro lado, el hecho de haber sido descubiertos la hacía ponerse nerviosa.

-Por primera vez me veo en la obligación de ignorar tu espléndido actuar Hermione, porque me interesa mucho más saber que hacen aquí… -Dijo el señor Weasley y Hermione se ruborizó. Millones de ideas se le cruzaron por la cabeza, incluso pensó en inventar un falso romance (aunque deseaba quitar la palabra "falso" de la oración), pero eso los metería en más problemas. Por primera vez Hermione Granger no tenía respuestas. Miró a Ron en busca de apoyo, pero él estaba colorado hasta las orejas. -¿Me van a obligar a usar un hechizo en ustedes? –Inquirió él con una determinación que sólo había visto en la señora Weasley.

-¡Mamá no nos deja hablar! –Reclamó Ron sacando la voz por ella. Al menos el no había decido mentir con alguna loca idea. –No puede pretender mantenernos alejados todo el tiempo, ¡Somos amigos! –Agregó haciendo sonreír a Hermione, pero se apresuró a esconder su sonrisa.

-Lamento mucho que se haya enterado de esta manera señor Weasley –Dijo ella por primera vez.

-Supongo que de no ser así, no me hubiese enterado –Sentenció él y ninguno de los dos respondió. –Tienen suerte que haya sido yo quien los descubrió y no Molly…

-No le vayas a decir a mamá –Rogó Ron y el señor Weasley no respondió -¡papá!

-Miren –Suspiró el señor Weasley –Molly está bastante afectada con todo lo que está sucediendo, no deberían darle más motivos para abrumarla. Es peligroso que salgan de casa a estas horas…

-Lo sabemos y lo sentimos señor Weasley, pero nos vimos obligados… realmente hay cosas que debemos hablar…

-Lo entiendo. Pero estoy muy seguro de que durante el día al menos tendrán cinco minutos para hablar…

-No –Contestaron los dos al unísono. El señor Weasley chasqueó la lengua.

-Conoces a mamá –Planteó Ron

-Y por que la conozco se que se volvería loca si lo supiera… Chicos… ustedes saben por que Molly está haciendo todo esto –Dijo él y Hermione se sintió un poco culpable por haber oído su conversación hace un rato, sabiendo que la señora Weasley actuaba con la mejor de las intenciones. –Ahora está un poco alterada, pero se le pasará. Y estoy seguro de que encontrarán la manera de hablar y de pasar tiempo juntos sin que parezca sospechoso. Ya accedí a ayudarte con lo del ghoul Ron, no me pidas más. Éstas escapadas nocturnas deben terminar. –Sentenció con autoridad. Ron y Hermione se miraron sabiendo que era el fin de sus reuniones secretas. Y aunque la mayoría de ellas había sido para planear cosas, Hermione no cambiaba por nada del mundo su tiempo a solas con Ron.

-Sí señor Weasley –Contestó Hermione como si estuviese en el colegio accediendo a realizar un montón de deberes.

-Si me entero de que continúan con esto, y créanme que me enteraré, tendré que decirle a Molly y ella se encargará… -Dijo.

-Como sea –Respondió Ron rodando los ojos.

-Ahora a la cama y en silencio. Iré enseguida.

Ron y Hermione caminaron de regreso a La Madriguera en silencio, tal y como les ordenó el señor Weasley. Estaba demasiado nerviosa y abrumada como para desobedecerlo. El hecho de haber estado haciendo algo a escondidas, sabiendo que estaba rompiendo millones de reglas y además decepcionando a la señora Weasley la hacían sentir fatal.

-Supongo que ahora que tu madre está algo más relajada, podremos hablar un poco más durante el día… -Dijo ella en un susurro, en cuanto llegaron al tercer rellano. Ron se pasó una mano por el cabello en la oscuridad.

-Supongo… -Susurró él y a ella le dio la impresión de que estaba molesto y no por el haber sido descubiertos, si no por algo más.

-Te veré mañana.

-Claro –Respondió él y ahora Hermione tenía la certeza de que estaba molesto. Decidió no preguntar y ver si mañana se la pasaba. Odiaba los arrebatos silenciosos de Ron, cuando ella debía adivinar por qué demonios estaba enfadado. –Le diré a Harry que lo extrañas. –Le dijo cuando ella se había volteado. Sus palabras fueron algo duras.

-Hazlo –Le respondió ella como si estuviese contestando a una provocación. Y es que no entendía que era lo que había hecho mal y no creía que mereciera aquél trato indiferente y frío por parte de él.

-Bien –Gruñó y continuó subiendo por las escaleras.

Hermione guardó la mochila que Ron le había pasado en el armario junto a sus otras cosas y se fue a dormir con una amarga sensación en la boca del estómago. Y es que lo único que le faltaba a Hermione era que Ron comenzara con sus repentinos ataques de inmadurez.

A la mañana siguiente Hermione había olvidado por completo el extraño comportamiento de Ron, y bajó a desayunar de bastante buen humor si se tenían en cuenta las circunstancias. Bill y Fleur ya estaban desayunando, mientras hablaban sobre los asuntos que debían atender aquella mañana. Ginny le seguía somnolienta, sentándose junto a ella en la mesa y la señora Weasley se apresuró a servirles su desayuno con una amable sonrisa en el rostro, pero Hermione podía notar como su semblante había envejecido notoriamente.

-Gracias –Murmuró Hermione mirándola con algo de preocupación.

-No hay por qué –Le sonrió la señora Weasley alejándose a hacer sus deberes de lleno en la cocina.

-¿Bill me alcanzarías el profeta? –Preguntó Hermione con amabilidad mientras la pareja discutía en voz baja. Bill tomó el periódico que se encontraba a su lado y se lo extendió a Hermione.

-Ten –le ofreció

-Gracias –Contestó ella.

-Ha llegado una carta de Harry también, ¿la quieres? –Preguntó Bill. Pero Hermione no alcanzó a responder por que Ginny se le adelantó:

-Yo puedo pasársela a Ron –Se ofreció. Hermione pensó en intervenir, pero luego desistió. Tal vez hiciera feliz a Ginny tener algo de Harry con ella, y además Hermione estaba segura de que no se atrevería a abrir esa carta. Bill también dudó, pero finalmente se la entregó. Ginny observó la caligrafía descuidada que se escribía sobre el sobre sellado y Hermione estuvo segura que la escuchó suspirar.

Hermione no alcanzó ni a leer tres hojas cuando la señora Weasley las apresuró a terminar, ya que aún quedaban muchas cosas que hacer.

-Estoy segura que el profeta seguirá aquí para cuando termines, querida –Le dijo la señora Weasley con amabilidad, luego de decirle cuales serían sus tareas de ese día.

El sol brillaba anunciando el mediodía, cuando Hermione sudaba en el jardín limpiando las ventanas por fuera. Luego sería el turno de limpiarlas por dentro. No había visto la cabellera pelirroja que tanto deseaba ver, y luego recordó que Ron había actuado extraño la noche anterior. Su orgullo fue más grande que las ganas de verlo, y se aguantó hasta que se lo topara por casualidad. Le desanimaba el saber que ya no tendrían sus "citas" privadas por la noche, pero esperaba con todo su corazón que la señora Weasley se ablandara un poco y los dejara al menos charlar de cosas banales de vez en cuando.

Hermione tenía el brazo agarrotado mientras sostenía su varita en alto, tal y como le había mostrado la señora Weasley hace horas, mientras en el aire flotaba el líquido de limpieza y el paño que limpiaban las ventanas del último rellano de La Madriguera. Estaba exhausta y era sólo el mediodía, así que cuando decidió que ya estaban todos limpios, atrapó con gracia los utensilios en el aire y entró a la casa dispuesta a tomar una ducha. Ya se estaba haciendo costumbre tener que ducharse al menos tres veces por día. Pero al pasar por la sala, el mismo diario el profeta que había dejado inconcluso, llamó su atención. Dejó aquél frasco lleno de líquido limpia-vidrios y el sucio paño sobre la pequeña mesa de centro y tomó el periódico. La mitad de la plana estaba cubierta por una fotografía de una de las personas más desagradables que Hermione conoció en su vida: Rita Skeeter, mientras que más abajo el titular decía: "Los secretos que Rita Skeeter revelará en su próximo Best seller"

Hermione no sabía que le enojaba más. Sí el hecho de que Skeeter cumpliera su palabra de escribir el maldito libro, o el que calificaran su obra de best seller. Hermione sabía muy bien lo que era un best seller y los escritos de Rita Skeeter jamás calificarían como tales.

Hermione apretó el diario entre sus puños, sintiéndose furiosa y no quiso leer nada más, pero al voltear la página se encontró con otra desagradable sorpresa:

"El departamento de seguridad mágica desmiente la desaparición de una profesora de Hogwarts"

Un desafortunado rumor se ha expandido durante la última jornada en el mundo mágico. Se ha dicho que la profesora Charity Burbage, quién enseñaba hasta hace poco estudios muggles en el reconocido colegio Hogwarts de magia y hechicería, ha desaparecido. La información ha sido rectificada como FALSA, según los propios encargados del departamento de seguridad mágica.

Tal ha sido la conmoción que ha generado aquél falso rumor, que el mismo ministro de magia Rufus Scrimgeour se ha referido ante el hecho: "Como ministerio nos sorprende que este tipo de rumores se expanda tan rápidamente y nos hemos visto en la obligación de intervenir. La profesora Charity Burbage no ha desaparecido, pero sí ha demitido al cargo de profesora de estudios muggles en el colegio Hogwarts de magia y hechicería. Lamentamos que una información de éste tipo circule de esa manera, pues pone en riesgo varias reputaciones. Se les ruega no creer rumores de esta categoría, pues recordemos que la tragedia de la muerte de Albus Dumbledore, director del mismo establecimiento aún es muy reciente y no queremos generar otro tipo de escándalo" Tales han sido las palabras del ministro, por lo que sólo nos queda creer en las informaciones oficiales que se entregan, informaciones que por supuesto, el profeta les entregará.

Hermione terminó de leer más enfadada de lo que ya estaba. No podía creer como el propio ministerio estaba siendo corrompido, otra vez. Ella sabía que a Scrimgeour no le agradaba Harry, pero tampoco pensaba que se iba a rebajar de tal manera.

Justo a tiempo Hermione logró divisar a Ron, subiendo por las escaleras rápidamente. Ella olvidó su orgullo y lo siguió con el Profeta entre las manos. Irrumpió en su cuarto justo cuando Ron había cerrado la puerta y le plantó el profeta ante sus ojos.

-¿¡Puedes creerlo! –Le preguntó ella con enfado.

-¿Qué? –Preguntó el con despreocupación, volteándose sin prestarle atención.

-¡Ron esto es importante! –Se quejó ella sorprendida de la actitud de Ron.

-¿Ah si? –Preguntó él tirándose sobre su cama.

-¡Sí! –Afirmó ella ofuscada –Han desmentido la desaparición de la profesora Burbage y como si eso fuera poco la estúpida de Rita Skeeter hablaba en serio con lo del libro.

-¿Y que podemos hacer? –Preguntó él sin real interés. Hermione abrió los ojos con sorpresa y por unos segundos no supo que contestar.

-¿¡Se puede saber que te pasa!

-Nada… -Dijo él encogiéndose de hombros

-Realmente no estoy de humor para uno de tus inmaduros arrebatos Ronald, esto es serio. ¿Tienes idea de cómo debe estar sintiéndose Harry con todo esto?

-No, pero averigüémoslo –Dijo sacando una carta de su bolsillo y abriéndola con total naturalidad. Hermione estaba sorprendida y demasiado enfadada. –Encontré a Ginny llorando en el jardín aferrada a esto. Espero que tenga algo importante que decir. –Hermione cerró los ojos. Había sido una pésima idea dejar a Ginny con una carta de Harry, aunque pareciese un detalle insignificante, para Ginny significaba mucho.

-¿Ginny está bien? –Preguntó ella calmándose un poco.

-Mamá se la llevó a la cocina. –Contestó mientras leía la carta con rapidez. –A Harry no parece preocuparle nada de eso Hermione… yo creo que eres la única que se preocupa tanto.

-No puedes saberlo… Harry no puede mencionar ese tipo de cosas en sus cartas, Ron.

-Si estás tan preocupada ve a verlo. Dile a Tonks que te lleve…

-¿¡Honestamente Ronald que demonios pasa contigo! –Le gritó ella lanzándole el periódico en el rostro a Ron. Éste esquivo el proyectil con mucha facilidad y luego la miró con seriedad.

-Ya te dije que nada.

-No te creo.

-Ese es tú problema… ¿Algún otro recado para Harry? Por que yo tengo varias cosas que decirle… entre ellas que lo espero con un gran puñetazo en el rostro por hacer llorar a mi hermana. -Y entonces una demente idea cruzó por la cabeza de Hermione: ¿y si Ron estaba celoso? Porque no se había enfadado sólo por el asunto de Ginny, si no que había estado extraño desde la noche anterior, noche en la que estaban hablando justamente de… Harry… Hermione luchó por esconder la sonrisa que quería dibujarse en su rostro. Si Ron estaba realmente celoso, era por que debía sentir algo por ella, ¿cierto?

-No seas infantil. Es un asunto que deben resolver ellos. –Dijo ella mordiéndose la lengua para no lanzar algún comentario referente con los celos de Ron. –Y sea lo que sea que te suceda, déjalo. Hay cosas más importantes. –Ron no contestó. Se quedó mirándola de una manera que Hermione no supo descifrar, pero la hizo dudar de su anterior conjetura. Tal vez Ron no estaba celoso y era todo una invención de su mente para querer creer que Ron la quería de una forma especial. Pero había algo de dolor en sus ojos, algo que Hermione no podía reconocer. –D-Dile a Harry que esté tranquilo –Tartamudeó cuando logró liberarse de aquellos enigmáticos ojos azules. En cierto modo quería ver la reacción de Ron ante aquella insinuación. Sabía que no debía jugar así con él, pero necesitaba una señal.

-Lo haré –Murmuró él endureciendo su mirada, congelando el azul de sus ojos. Hermione sintió ganas de llorar, sin saber muy bien por qué. Le dolía que Ron la mirase de aquella manera, sin fundamentos.

-Y lo que sea que te haya hecho… -Comenzó ella en un intento desesperado de borrar esa fría mirada de su mente.

-No me has hecho nada –Contestó el con dureza.

-¿Entonces por qué me tratas así? –Intentó ella.

-No te trato de ninguna forma –Aclaró él mirando por la ventana. Hermione sacó fuerzas de donde no las tenía para poder mirar a Ron con reprobación y enfado. Y prefirió entonces encararlo y aunque le costara caro más tarde, se arriesgaría de todas formas. Lo peor que podría pasarle al preguntarle si es que acaso estaba celoso, era que él se lo tomara mal y descubriera que ella se moría por él. Y honestamente, Hermione ya había pasado por tanto, que incluso creía que podría lidiar con algo así.

-No entiendo como puedes ser tan infantil Ron, ¿Acaso no estarás…? -Pero su pregunta fue oportunamente interrumpida por una desanimada Ginny. No sabía si agradecerle o qué, pero había sido salvada de actuar bajo la influencia del cólera.

-Mamá dice que el almuerzo está listo –Murmuró ella con los ojos enrojecidos y salió de la habitación. Hermione suspiró y luego de darle una dura mirada a Ron salió tras Ginny.

Logró alcanzarla antes de que llegaran a la cocina y le dio un profundo abrazo. También le estaba sirviendo de terapia a ella, por que por más que intentaba aún no lograba comprender del todo la mente de Ron. Y en todo caso, si es que hubiese estado celoso, ella no tenía por que adivinarlo y si el fuera más valiente nada de eso estaría pasando. Así que abrazó a Ginny con fuerzas, ayudándola a ella y ayudándose a si misma. Ginny le dedicó una mirada de agradecimiento cuando se separaron.

-¿Qué estaba pasando allá arriba? –Preguntó Ginny. –Sonabas enfadada. –Hermione se ruborizó al pensar que la señora Weasley la había escuchado.

-Ron y sus actitudes que no comprendo –Contestó ella.

-¿Qué paso ahora? –Preguntó Ginny rodando los ojos. Hermione ignoró el gesto.

-Pasa que a tu hermano se le olvida que hay personas que no saben legeremancia y cree que actuando con rudeza voy a adivinar que demonios le molesta…

-No se por qué no me sorprende… -Comentó Ginny y Hermione la fulminó con la mirada. –Será mejor que vayamos a comer –Agregó Ginny frotándole el hombro a Hermione –Y no te preocupes por Ron ya se le pasará…

-Ese es el problema, siempre tengo que esperar a que se le pase… -Reclamó Hermione y se dirigieron hacia la cocina.

Hermione decidió olvidar el tema de Ron por un rato, despejar la mente y al menos agradecía el hecho de que la señora Weasley no los interrumpió al escuchar los gritos.

El almuerzo transcurrió tranquilo, aunque le fue muy difícil a Hermione el poder borrar de su mente aquél asunto con Ron. Como deseaba que fueran celos, pero ¿y si no?... Hermione no pudo evitar echarle varias miradas furtivas a Ron desde su puesto, y varias veces sorprendió a Ron devolviéndole la mirada. Ahora era distinta, ya no había rastro de dureza ni frialdad, si no que se parecía más a una mirada algo melancólica y ahora si que Hermione no entendía absolutamente nada. Se pasaron mirando furtivamente durante todo el almuerzo, primero Hermione lo estudiaba con la mirada mientras masticaba, luego Ron se encontraba con sus ojos durante unos segundos y finalmente Hermione desviaba la mirada ruborizándose levemente.

Definitivamente hablaría con él luego del almuerzo, sólo si es que lograba escabullirse de la limpieza interior de vidrios.

-Hermione, querida –Le dijo la señora Weasley justo cuando ya todos comenzaban a levantarse de la mesa, momento en el que Hermione pretendía dirigirse hacia Ron. Maldijo internamente por el inoportuno llamado de la señora Weasley –Me gustaría que subieras a mi habitación un momento, te he arreglado el vestido, necesito que te lo pruebes. –Hermione asintió sin ganas, lo último que quería era tener que probarse su túnica.

-Que magavilloso Molly –Comentó Fleur cogiendo la mano de Bill. -lástima que no pueda quedagme paga veg el gesultado. –Agregó ella. Aunque sinceramente a Hermione no le importaba la opinión de Fleur.

-No te preocupes, de seguro tendré que hacerle otros arreglos. Y aún falta el vestido de Ginny. –Dijo la señora Weasley.

-Vamos Fleur, no queremos llegar tarde –Dijo Bill tirando de su mano con suavidad, para luego pasar su mano por la delgada espalda de la rubia.

-Tengan cuidado por favor –Les rogó la señora Weasley –Los espero para la cena –Agregó y Bill le asintió con amabilidad para salir de allí. –Espérame en mi habitación por favor Hermione, querida. Subiré de inmediato. –Hermione le hizo caso, no sin antes lanzarle una mirada significativa a Ron. Ya no estaba enfadada con él, había algo en aquellas débiles y tristes miradas que él le daba, que la hacían desarmarse. Había algo que Ron no le estaba diciendo, algo que la hacía sentirse nerviosa, pero a la vez confundida y probablemente nunca sabría que era aquello. Pero sí sabía que no quería desperdiciar estos últimos días de "soledad", estando enfadada con él.

Hermione nunca antes había estado en la habitación de la señora Weasley, nunca, en los ya casi cuatro años que estaba pasando los veranos allí. Era una habitación bastante agradable a la vista, y muy humilde, como todo en aquella acogedora casa. Las paredes lucían su color madera natural, y en medio de la habitación se ubicaba una cama matrimonial con un cubrecama de color blanco. Junto a la ventana, una cómoda caoba, y encima una gran cantidad de fotografías móviles. Al fondo, un espejo de cuerpo entero junto a un armario, ocupaban la pared sur, mientras que una puerta pequeña se ubicaba junto al armario. Hermione supuso que era un baño. Mientras esperaba, se atrevió a echarle un vistazo a las fotografías, y es que desde la última vez que se había encontrado con las fotografías de los Weasley, había querido ver más.

Un joven y sonriente señor Weasley (bastante parecido a Bill), abrazaba por la cintura a una copia idéntica de Ginny, quién debía ser la señora Weasley. Sonreían y saludaban a la cámara como dos jóvenes realmente enamorados. En otro cuadro se podía observar una mujer de avanzada edad, con el rostro cansado y bastante malhumorado, y sobre su cabeza se posaba un enorme sombrero con unas horribles plumas. Hermione supuso que debía ser tía Muriel, y definitivamente Ron no estaba exagerando cuando la describió. Una mujer así no podía ser agradable.

Y luego de observar a dos pelirrojos idénticos de unos cinco años, peleándose por acaparar la atención de la cámara, y de un portarretratos familiar bastante reciente, dio con una fotografía que la hizo suspirar. Junto a diversas fotos individuales de cada uno de los siete hermanos Weasley, Hermione se atrevió a tomar el portarretratos de Ron. Lo observó con una estúpida, pero imborrable sonrisa en el rostro, muy parecida a la que puso cuando encontró la primera foto de Ron de bebé, hace ya varias noches.

Pero en ésta, había algo que hacía que Hermione confirmara por millonésima vez que estaba enamorada de su pelirrojo mejor amigo. Allí estaba un Ron de a penas un año, sentado en la mesa de la cocina, con una cantidad exorbitante de papeles de ranas de chocolate a su alrededor. Su rostro, estaba cubierto de ésta misma golosina. Se movía con torpeza, metiendo sus manitos achocolatadas dentro de su boca y luego sonreía, moviendo sus bracitos como un colibrí. Ron podía ser un tonto cuando quería, un chico infantil y lleno de arrebatos, podía hacer que Hermione se enfadara con solo una palabra, o hacerla sentir miserable con una sola mirada. Pero cada vez que Hermione descubría algo nuevo de él, caía rendida. Por que le gustara o no, ya había caído inevitablemente bajo los encantos de Ron. Por que Ron también tenía encantos, y cuando quería ser amable, gentil y caballeroso lo era. También la hacía reír hasta llorar. Y tal vez era esa mezcla de sensaciones la que la habían hecho enamorarse, y a pesar de todo lo que había pasado, no se arrepentía. Claro que no.

-Era muy adorable cuando pequeño, ¿no? –Comentó una voz a sus espaldas. Hermione se sintió avergonzada y luego de devolver la foto a su lugar, se volteó ruborizada, para encontrarse con una señora Weasley de rostro amable.

-Lo siento, no quise…

-No te preocupes… de todos modos no se por qué no se me ocurrió mostrarte estas fotografías antes. Y es una lástima que hayas conocido a Ron en su peor etapa –Se burló ella y Hermione sonrió.

-No ha sido tan terrible –Contestó ella.

-Ah por favor querida, no tienes para que ser amable. Tú y yo conocemos a Ron muy bien… -Expuso ella y no sabía si estaba siendo acusada de algo o qué. –Bueno no quiero aburrirte con todos mis recuerdos del pasado, que ya estoy muy vieja y me pongo melancólica. –Se burló la señora Weasley y luego se volteó para sacar del armario el vestido lila de Hermione. –Toma, vamos a ver como te queda. –Hermione tomó el vestido entre sus manos y aparentemente no tenía ningún cambio. Pero estaba equivocada, porque bastó que se lo pusiera para que se sorprendiera frente al espejo. Había estado tan preocupada el día de las compras, que no se había dado cuenta realmente de que era lo que había comprado. Pero ahora, viéndose frente al espejo realmente pensó que se veía bien, y eso para ella era un gran avance en su autoestima. La tela lila se ceñía con gracia en su cintura, para luego caer con mucha elegancia hasta sus rodillas. No era la gran cosa, pero desde el baile de navidad que no se sentía bien con ella misma. –Creo que ha quedado perfecto –Sonrió la señora Weasley con suficiencia.

-Gracias –Murmuró Hermione ruborizándose levemente.

-Tal vez podría afinar algunos detalles por aquí… -Dijo la señora Weasley tomando unos trozos de tela –Y por acá… -Continuó mientras con su otra mano agitaba su varita, y desde uno de los cajones un par de alfileres flotaron hasta dejar indicados los lugares para arreglar. –Creo que con eso será suficiente –Dijo estudiando con cuidado la imagen de Hermione en el espejo.

-Y supongo que Fleur querrá aprobarlo… -Comentó ella sin muchas ganas.

-Ah no te preocupes por Fleur, tiene tantas cosas en la cabeza que de seguro le agradará… -Respondió ella. –Ya puedes quitártelo si quieres, lo arreglaré cuanto antes. –Hermione asintió y comenzó a quitarse el vestido. –A tus padres les habría encantado verte así de hermosa… -Comentó de pronto la señora Weasley haciendo que Hermione se quedara estática y prácticamente dejara de respirar. Agradeció el estar de espaldas a la señora Weasley, así ella no podía ver la lastimera expresión de su rostro. –Lo siento querida, no quise ser impertinente… -Se apresuró a aclarar ella.

-E-Está b-bien –Contestó Hermione entre tartamudeos, y temblorosa continuó con sus labores para vestirse. Sabía que las intenciones de la señora Weasley no eran malas, pero su comentario la había descolocado.

-¿No quieres hablar de ello querida? –Le preguntó con suavidad

-No lo sé –Murmuró Hermione. Estaba algo confundida. Sólo había hablado de aquello con Ron y no se sentía lo suficientemente fuerte como para comentar sobre aquella situación.

-Ay, querida… -Se lamentó la señora Weasley y pronto Hermione sintió las cálidas manos de ella sobre sus hombros, y luego depositó un beso sobre su cabeza. –Sé que es duro para ti… y se que es muy injusto… -Hermione solo pudo asentir y se volteó con cautela, moderando su expresión de tristeza. –No se metan en problemas y vuelvan a Hogwarts –Dijo la señora Weasley en tono de súplica y a Hermione se le rompió el corazón. Entendía a la perfección aquél sentimiento de frustración y desesperación cuando quieres proteger a alguien.

-Lo siento… -Respondió Hermione dándole a entender a la señora Weasley que ella no cambiaría de parecer –Señora Weasley lo siento mucho, pero le di mi palabra a Harry y también a Dumbledore. –La señora Weasley la miró derrotada.

-Hermione eres aún tan joven y tan inteligente… Harry piensa que sabe lo que hace, pero no es así…

-Con todo respeto, creo que Harry nunca había tenido tan claro algo… él confiaba ciegamente en Dumbledore.

-Todos confiábamos ciegamente en Dumbledore querida –Replicó de inmediato la señora Weasley –Pero por esa misma razón analizábamos cada paso antes de cumplir sus indicaciones… En Hogwarts estarán a salvo, lo saben…

-No realmente –Dijo Hermione con un nudo enorme en la garganta. Odiaba hacerle daño a la señora Weasley. Ella chasqueó la lengua en frustración y Hermione la miró como suplicándole para que dejara de intentar detenerlos.

-Bueno… -Suspiró la señora Weasley –Aún me queda algo de tiempo –Sonrió con una determinación que Hermione sencillamente admiró. –Ahora vete a terminar tus quehaceres, ¿sí? –Le dijo con amabilidad –Y recuérdame darte una copia de la foto de Ron –Concluyó y Hermione sólo asintió. Salió de la habitación con una sensación extraña en el corazón y tuvo que enjuagarse una lágrima. Sólo rogaba para pasara lo que pasara, Ron pudiese volver sano y salvo a casa.

-Te tardaste –Le dijo una voz desde las escaleras. Era Ron, como siempre salvándola en sus momentos de debilidad. Hermione no dudó un segundo y se acercó para abrazarlo con fuerzas. Pudo sentir como el cuerpo de Ron se tensaba al recibir aquél abrazo, pero luego se relajaba mientras envolvía la espalda de Hermione con sus reconfortantes brazos. –Ummm…

-Tenías razón –Susurró Hermione –Tu madre habló conmigo… Odio hacerle esto Ron, lo odio… -Sollozó apretando entre sus puños la camiseta de Ron.

-Tranquila… tranquila… va a estar bien –Le dijo con una voz demasiado tranquilizadora. Hermione se separó de él y la humedad de sus ojos desapareció. A veces sentía que iba a explotar y otras veces se sentía llena de fuerzas y energía.

-Eso espero –Deseó con fuerzas. –Ahora será mejor que baje a terminar mis quehaceres o tu madre se molestará –Agregó soltando a regañadientes su abrazo, y comenzó a bajar las escaleras con lentitud.

-¿Necesitas ayuda con esas ventanas? –Le preguntó Ron a sus espaldas. Hermione detuvo el caminar por un segundo y luego siguió avanzando con una sonrisa de tranquilidad en el rostro. Agradecía que Ron volviera a ser el mismo.

-Gracias, pero no se si valga la pena si tu madre nos separará de inmediato… -Expuso en cuanto llegó abajo.

-No creo que lo haga –Dijo él llegando a su lado –No después de su conversación, tal vez mañana siga con eso así que mejor lo aprovechamos –Sonrió y Hermione no pudo evitar imitarlo. Caminó unos pasos hasta donde había dejado los productos de limpieza aquella mañana y le ofreció una segunda botella a Ron.

-¿Traes tu varita? –Preguntó ella extendiéndole el brazo.

-Siempre –Sonrió él y cogió aquél frasco. –Hiciste un estupendo trabajo con las ventanas afuera Hermione, si no fuese porque las mías están hechas un asco por dentro, podría al fin ver con claridad…

-Gracias –Murmuró ella y se dispuso a trabajar. Si había algo que le gustaba de las peleas con Ron, eran sin duda las reconciliaciones y mucho más en aquél momento porque Ron estaba haciéndole cumplidos.

Recorrieron la casa entera limpiando los vidrios, hablando de banalidades y riendo por alguna broma que Ron hacía. La señora Weasley los había sorprendido al rato riendo mientras limpiaban en la cocina, pero luego de hacer una mueca de disgusto se marchó susurrando cosas para ella misma. Ron había llenado de cumplidos a Hermione de una manera sorprendente, tanto que Hermione no entendía muy bien de donde venía ese afán, pero debía aceptar que le agradaba bastante.

No se dieron cuenta cuando había atardecido, pero ya estaban a punto de terminar limpiando la habitación que los padres de Fleur utilizarían dentro de unas semanas.

-¿Cómo va tu plan del ghoul? –Preguntó Hermione quién ya harta de usar su varita, frotaba con un paño los vidrios.

-En proceso…-Respondió Ron imitándola –Fred y George están experimentando con ello en la tienda.

-Entiendo –Dijo ella –Bien, creo que ya hemos terminado –Sonrió alejándose un poco de la ventana para poder observar el resultado. Afuera la luz del crepúsculo atenuaba los colores de los árboles, mientras que la brisa jugaba con las hojas. Hermione inhaló con fuerzas como si pudiese sentir ella también la brisa colándose por sus cabellos.

-Ha quedado bien –Comentó él junto a Hermione, tirando el paño al suelo luego de haberse frotado las manos con el.

-¿Crees que mis padres tendrán una vista tan linda como esta? –Preguntó ella sin esperar una respuesta. Es que el tema de sus padres le había quedado dando vueltas en la cabeza luego de que la señora Weasley lo sacó a colación, volviendo a sentir ese torbellino de emociones que la mataba lentamente, condenándola por sus actos.

-Yo creo que más –Contestó él con dulzura –Tal vez estén mirando el mar… dime por favor que en Australia hay mar… -Dijo y Hermione sonrió.

-Sí Ron, hay mar. Aunque no en todas partes claro, es un gran país… aunque a ellos les gustaba el mar así que probablemente estén disfrutando de un paisaje marino… -Y Hermione sonrió ante el pensamiento de sus padres abrazados en una adorable casa a las orillas del mar, bebiendo café caliente, observando como la lluvia se mezclaba con el mar, mientras Crookshanks paseaba por la casa con aire despreocupado. Deseaba con todas sus fuerzas que fuese así.

-Hermione, sobre hace un rato yo… -Comenzó Ron muy bajito, haciendo que Hermione volviese a la realidad. Ella lo miró con dulzura y sonrió antes de interrumpirlo:

-No te preocupes, ya estoy acostumbrada a tus arrebatos –Le dijo cogiendo sus utensilios dispuesta a salir de la habitación.

-Oye, ¿Qué quieres decir con eso de arrebatos? –Inquirió él frunciendo el ceño y Hermione lo miró divertida ubicándose en el umbral de la puerta.

-Será mejor que bajemos, hemos abusado lo suficiente de la paciencia de tu madre por hoy –Sonrió y salió de la habitación.

-¡Espera! –Escuchó a sus espaldas -¡Enserio dime a que te refieres! –Y con una sonrisa enorme, con el corazón latiéndole con fuerzas y bastante más animada, continuó caminando hacia la cocina, sabiendo con certeza que Ron podría ser el tonto más tonto del mundo si quería, pero el tonto del cuál estaba enamorada y como le gustaba estar enamorada de él en momentos como esos.