Capítulo 10: La revancha del comisionado Bogo
Nick debía salir de la estación lo antes posible, tarea prácticamente imposible porque el jefe Bogo había advertido a todos los policías que aún quedaban en el departamento que el zorro era un animal salvaje y debía capturarlo a toda costa. Aún así, mientras que el vulpino se abría camino hacia alguna de las salidas del complejo, varios policías se movilizaban. Con mucha cautela y sigilo, logró no ser visto, al asomarse a la puerta que daba hacia el aparcamiento de las patrullas, notó que estaba resguardada por varios oficiales con uniformes antidisturbios.
Maldijo mentalmente y regresó rápidamente pero con discreción por donde vino. Repentinamente, su oreja izquierda se levantó al oír el sonido de un gatillo unos metros detrás de él, sin pensarlo dos veces, saltó hacia el pasillo de la izquierda mientras escuchó el sonido de un arma disparada seguido del ruido de unos dardos tranquilizantes que rebotaron contra la pared.
—¡Demonios, casi le doy! Ven, ¡sígueme novato! —dijo un enorme rinoceronte quien sostenía una pistola.
—Pero sr. McCuerno —habló un carnero igual de grande— ¡debemos avisar a todos! El jefe Bogo dijo que no actuáramos solos…
—¡No hay tiempo! Además, está atrapado, saca tu arma y si intenta algo, dispárale al pecho sin dudar, ¿entendido?
Efectivamente, Nick había huido a un pasillo sin salida, y al darse la vuelta, vio enfrente de él a dos policías que le apuntaban, en un intento de intimidarlos, alzó sus patas, mostró sus garras y colmillos y rugió como un animal salvaje.
—¡GRRRAAAAAAAAA!
—¡Ríndete Wilde! Ya sabemos que está fingiendo, verdad… ¿novato?
El carnero soltó su arma y se puso detrás de McCuerno.
—¡Novato!
—Lo siento, pero esa ese gruñido y su camisa ensangrentada me da miedo señor.
—¡Es sólo catsup! Cielos, no sé cómo te aceptaron en el departamento. ¡Arriba las patas Wilde! Acércate despacio para esposarte y ponerte un bozal, no hagas esto más difícil.
Nick apretó su puño, luego respiró hondo para tranquilizarse y cambió su expresión por una de tristeza y de preocupación.
—Oficial, me temo que no puedo hacer eso —dijo mientras caminaba lentamente hacia el rinoceronte—, necesito salir enseguida de aquí y buscar a la oficial...
—¡No des un paso más o te dispararé! Causaste un pánico enorme y has puesto en ridículo al departamento sólo para buscar a Hopps.
—¡No tengo tiempo para esto, si va a disparar hágalo de una…! ¡ugh!
Sin remordimiento, McCuerno disparó un dardo tranquilizante al pecho del zorro, quien se retorció de dolor, pero siguió avanzando hacia el policía.
—¡Usted no entiende! —exclamó el cánido intentando no perder la conciencia— ¡Necesito ver a Zanahorias antes de que haga algo de lo que se arrepienta —dijo sin dejar de avanzar.
—Lo siento hijo, no me dejas otra opción, nada personal.
El rinoceronte disparó otro dardo al pecho del zorro, quien cayó de rodillas y empezaba a respirar con dificultad.
—¡Por favor! —alzó su pata suplicante— lléveme con ella… ah…
Finalmente, el cánido se desplomó por el efecto del dardo tranquilizante.
—¿Ya está inconsciente? —preguntó el carnero temeroso.
—Sí, es un tranquilizante muy potente, me sorprende que no lo haya noqueado antes. Pobre infeliz, Hopps hablaba maravillas de este zorro, no dejaba de decir lo importante que fue para resolver el caso de los mamíferos desaparecidos. No puedo creer los problemas en los que este zorro se metió solo por, meh, una chica.
El rinoceronte se acercó a revisar el cuerpo dormido de Nick, se hincó y le hizo señas a su compañero.
—Vamos novato, acércate y aprende a sentir el pulso, tendremos que llamar una ambulancia si el zorro no respira.
El carnero se acercó con más seguridad y se inclinó a ver al depredador dormido.
—Mira novato —volteó a verlo— para revisar sus signos vitales tienes que ¿aaahhhh? ¡Argh!
—¡Arrrrrghhhhhhh!
De un rápido movimiento, Nick tomó la lengua del rinoceronte y le clavó un dardo tranquilizante, luego le clavó otro a la pata del carnero, los mismos dardos que el rinoceronte le había disparado; el oficial McCuerno gritó de dolor y se quitó el dardo lo más rápido que pudo.
—¡Maldito seas Wilde, estabas fingiendo! ¿¡Pero cómo!? ¡Yo te disparé!
El zorro se puso de pie lentamente con una gran sonrisa en su rostro, con sus patas desabotonó su camisa revelando que tenía el chaleco protector de Buenalana.
—¡Es una treta, tesoro! —dijo pellizcando la mejilla del rinoceronte— Nada personal, oficial. Si me disculpa tengo reunirme con una torpe coneja. Ciao.
—¡Malnacido! —el rinoceronte intentó lanzarle un golpe, pero reaccionó lentamente, el tranquilizante estaba haciendo efecto.
El zorro se dio la vuelta y se alejó caminando lentamente.
—Ya que la salida al estacionamiento está bloqueada —dijo el cánido en voz alta—, veo que tendré que salir de aquí por la puerta de emergencias del comedor.
El zorro volteó ambos lados del pasillo y se fue corriendo rápida pero cautelosamente.
—Atención… a todas las unidades… —decía el carnero en el piso intentando no ceder ante el tranquilizante— el… zorro... el comedor… todos… atrapen al… bastardo… en el comedor… cambio… y fue… —dijo perdiendo el conocimiento completamente.
El comedor de la policía era enorme salón aglomerado de unas docenas de mesas y cientos de sillas de distintos tamaños, encima había restos abandonados de comida, cubiertos, platos, charolas y hasta algunos líquidos derramados en el piso. Tenía un techo muy alto del que colgaban unas enormes lámparas y las paredes carecían de ventanas, el lugar parecía un antiguo comedor para presos, o hasta un calabozo por la falta de iluminación natural, ventilación y un aspecto lúgubre. Caminaba rápidamente y al no ver a nadie, aumentó la velocidad mientras se abría paso empujando cuanto objeto tenía enfrente, dispersaba las mesas y esparcía más la comida desperdiciada y algunos vasos con agua que mojaron el suelo del comedor policíaco.
La salida del recinto estaba a sólo unos cuantos pasos adelante, pero sus sentidos se agudizaron en ese momento; de un rápido movimiento tomó dos charolas y un plato hondo y se metió debajo de las mesas, un par de dardos volaron por encima del zorro mientras él se colocaba una olla de fierro como una especie de casco improvisado.
—¡Ahí está! —gritó un caballo.
—Miér...coles. —maldijo el zorro.
Antes de salir de su escondite tomó unos cuantos objetos de la mesa y se fue corriendo a dirección a la cocina, el caballo y un carnero que lo había sorprendido dispararon sin tregua hacia el zorro, su mala puntería evitó que lo alcanzaran los disparos, aunque un último tiro estuvo a punto de impactar de no ser por que Nick usó una de las bandejas como escudo. Corrió más rápido hacia el área de cocina, pero una pequeña jabalí lo sorprendió tomándole de la cola con una de sus patas.
—¡Te tengo maldito zorro!
—¡Ninguna chica toca mi cola hasta la tercera cita! —gritó el zorro picándole la pezuña con un tenedor de plástico
—¡Auch!
Al instante soltó al zorro y Nick pudo escapar como pudo de ella, volteó a ver a los otros policías que estaban cargando sus armas, y luego a la salida de emergencia, donde más y más policías entraban al recinto, después miró el acceso al comedor y la situación era menos alentadora.
—¡Es tu fin! —exclamó un puercoespín uniformado de azul extendiendo sus patas con intención de inmovilizarlo.
Sin pensarlo dos veces, saltó encima de una de las mesas, luego hacia uno de los estantes y finalmente dio un gran salto y se colgó de una de las enormes lámparas del recinto y se balanceó casi al instante. La ráfaga de dardos no se hizo esperar, pero por el movimiento circular, variable e impredecible que provocaba la lámpara, casi ninguna impactó al zorro, salvo una pequeña aguja que estuvo a punto de darle en la cabeza, de no ser por el cazo de metal que usaba como casco. Nick comenzó a balancearse, saltar y colgarse entre otros cables de las lámparas hasta quedar justo en medio de la habitación.
—¡Disparen! —gritó un rinoceronte.
Varios dardos volvieron a volar, pero varios tiros perdidos rebotaron o fallaron su objetivo y cayeron al piso, clavándose en algunos de los oficiales como daño colateral.
—¡Ay!
—¡Argh, mi cola!
—¡Pedazo de animal! ¡Le diste a mi compañero!
—¡Ash, tenías que ser hembra!
—10-31, tenemos dos, no, tres, no cinco ¡¿siete?! Oficiales desmayados por fuego amigo, estos idiotas no saben usar un... ¡AGH! ¿Quién fue la bestia que me dio en mi piecito? 10-31 y 10-92, cancelen el juego de Póker de la tarde… ugh… no me siento bien… cambio… —se desmayó un hipopótamo uniformado.
La excesiva cantidad de animales con armas no era capaz de darle a un simple zorro, y ningún oficial era lo suficientemente ágil o alto para capturar al cánido desde las alturas, Nick tenía la ventaja colgado en el techo y en esa posición central, aunque no era tiempo para celebrar, sabía que era cuestión de tiempo para que lo bajaran por la fuerza.
—¡ALTO! —gritó una elefante desde un megáfono— ¡ALTO AL FUEGO!
Los disparos errados empezaron a detenerse en poco menos de un minuto. Al ver que la situación se ponía menos caótica, el zorro dejó de balancear la lámpara central de la que estaba colgado.
—Señor Nicholas Wilde. Soy la oficial Francine Pennington —continuó hablando desde el altoparlante.—, lamento los inconvenientes en los que ha tenido que pasar, pero debe aceptar que esto ha ido demasiado lejos, ha puesto en ridículo a este departamento y a sus policías además de cometer crímenes por los que pasará un buen tiempo en prisión, no lo haga más difícil y por favor, entréguese pacíficamente.
—Ah… —suspiró el zorro desde arriba— creo que tiene razón, tal vez deba entregarme.
El vulpino dejó caer una de las charolas al piso y en seguido, varios oficiales empezaron a disparar, el cánido pudo evitar los dardos a duras penas.
—¡ALTO AL FUEGO MALDICIÓN O LES JURO QUE YO MISMA LES METERÉ UN DARDO POR LA COLA! —gritó Francine furiosa.
Los disparos cesaron casi al instante.
—Feh, policías, jamás confíes en ellos —dijo el vulpino dando un gran suspiro de alivio.
—Lo lamento sr. Wilde, no volverá a pasar, sería tan amable de entregarse por…
—¡Un momento! Antes de entregarme, tengo que mostrarles un truco de magia.
—¿Qué? —comentaron varios oficiales entre sí.
—Sr, Wilde, le recuerdo que no está en posición de negociar y menos por algo tan absurdo…
—A mi no me engañan, bajando de aquí van a hacer una alfombra de zorro conmigo…
—Vaya, ¿qué comes que adivinas? —dijo Higgins sarcásticamente, el hipopótamo se había recuperado del susto y estaba listo para desquitarse con el zorro.
—… así que dejen que haga mi gracia, después hagan de mí lo que quieran y sigan con sus vidas, esas donas no se comerán solas —comentó burlonamente.
—Hijo de… —el oficial Higgins apuntó con su arma.
La oficial Francine le dio un fuerte golpe en la nuca del hipopótamo.
—Contrólate Higgins, ¿y qué te hace pensar que te dejaremos…?
—Pffff… ¿Y qué podría hacer? Sólo soy un torpe zorro atrapado en una lámpara a 5 metros en el aire, rodeado y claramente desarmado, ¿qué podrían perder?
—Bien zorro, lo haremos a tu manera, ¡pero que sea rápido, y no intentes nada o procederemos a las negociaciones hostiles! —dijo sacando un arma paralizante de su funda.
—¡Gracias oficial! —Nick aclaró su voz y puso su pata en la bolsa de su camisa— ¡Damas y caballos, niñas y ni-ñus, digan las palabras mágicas junto con el tío Nick! —dijo el zorro casi cantando y bailando a un ritmo que sólo él conocía— ¡Abra Kadabra, patas de cabra, Hocus-Pocus, Chin Pum Pan Tortillas Papas! ¡Gazelle, Gazelle, ra, ra, ra! —alzó una de sus patas y la agitó con una gran sonrisa mientras que la otra aún se aferraba al cable de la lámpara.
Pero nada pasó. Toda la estación se quedó extrañada, no sabían qué decir, hacer o esperar después de las palabras del zorro, varios pensaron que ya se había vuelto loco.
—Aaaahhhh, vamos no me hagas esto ahora —dijo Nick preocupado.
—Sr. Wilde…
—Un momento sra. Jumbo… —volvió a tocar la bolsa de su camisa— ejem, dije: ¡Abra Kadabra, patas de cabra, Hocus-Pocus, Chin Pum Pan Tortillas Papas! ¡Gazelle, Gazelle, ra, ra, ra!
No volvió a pasar nada, un animal tosió y los demás empezaban a impacientarse.
—¡Señor Wilde!
—Argh ¡con un demonio! —Nick presionó su pecho desesperado— ¿Hola? Dije: ¡Gazelle, Gazelle, maldita sea, GAZELLE! —gritó con desesperación
—Se volvió loco, ya me harte —dijo Higgins— ¡Olviden las formalidades, fuego!
—¡GAZELLE!
—¡NO! —gritó Francine.
—¡Al diablo con esto, plan B!
En ese momento Nick se soltó de la lámpara y se dejó caer al suelo mientras que Francine se acercó corriendo para intentar atraparlo, al mismo tiempo que una lluvia de dardos pasaba por encima de ambos pero sin rozarlos, pero justo en ese momento, todo el lugar se oscureció en un instante.
—¿Qué, qué está pasando?
—¿Quién apagó la luz?
—¡No veo nada!
—¡Ow! ¿¡Quién demonios volvió a lanzar dardos!?
Como por arte de magia, todas las luces del comedor se habían apagado y toda la habitación estaba en completa oscuridad. Nick logró caer encima de la cabeza de un enorme jabalí e inmediatamente saltó al suelo para aterrizar a salvo.
—¡Maldita sea Gar…! Emmm, es decir, ¡Donadicto16! Tardaste mucho… casi no la cuento, pero gracias… gracias —dijo el zorro hablándole al radio del bolsillo de su camisa.
—¡Lo siento Ni… diga, Zorrejo13, estaba un poco… ocupado, buena suerte y, ¡ve por ella, tigre!
—Gracias.
Ahora todo el comedor de la policía era un caos, ningún animal en la sala podía ver, todos excepto un astuto y cínico zorro que podía ver perfectamente en la noche y claro, en una habitación muy, muy oscura.
—¡Se escapa! —gritó Francine— ¡No dejen que salga de aquí! ¡Auch! —dijo la elefante al chocar con una mesa.
—Pero no veo ni mi cuerno. —dijo un rinoceronte.
—¡Ow! —chilló un caballo al resbalarse con agua y caer al piso.
—¡Argh! ¿quién me pisó?
—¡Quítate!
—¡No, tú quítate!
—¡Hey, se piden por favor!
La fuerza policíaca más imponente de Zootopia estaba siendo puesta en ridículo nuevamente por un simple mamífero y todo era un completo espectáculo a ciegas, mientras que un pícaro zorro se alejó corriendo sin poder ser visto, el vulpino golpeaba, arañaba, mordía y empujaba a todo animal a su paso para confundirlos aún más en las penumbras. Casi antes de irse, observó a dos mamíferos que estaban espalda a espalda, una cerdita y un caribú policía; Nick pasó junto a la chica de piel rosada, tomó su cola enrollada y la estiró haciendo gemir de sorpresa a la pobre cerdita no sin antes correr a la dirección opuesta.
—¡Ah! —chilló la oficial Swinton— ¡Degenerado!
La oficial Swinton se volteó y le dio una fuerte bofetada al caribú que estaba detrás de ella, derribándolo. El zorro se cubrió el hocico con su pata para evitar que su risa lo delatara. Mientras se dirigía hacia la salida a toda velocidad, el resto de los policías intentaba no matarse entre sí como un montón de animales salvajes, víctimas de la oscuridad, el caos, la confusión y el desastre inminente que se había creado en el comedor de la policía.
—¡Maldito seas Wilde, todo fue una trampa! El desgraciado nos puso a todos justo donde quería, ¡desde el principio! El comedor sin ventanas, las mesas para evitar movernos con libertad, la comida y agua regada, fingir que estaba acorralado, ¡pensó en todo el bastardo! Cuando le ponga la trompa encima a ese… a ese… —maldijo la elefanta, quién le gritaba furiosa a una pared— ¡Astuto zorro!
—¡Al fin! Por fin salí de este maldito infierno.
Gritó de felicidad el vulpino que salía del Departamento de Policía de Zootopia por el acceso del estacionamiento. No le importaba hablar en voz alta, su plan había resultado y toda la policía estaba muy entretenida jugando a los invidentes. Rápidamente corrió hacia el aparcamiento de la jefatura, buscó el lugar de estacionamiento G7, se acercó a la puerta de una enorme e impresionante patrulla, sacó unas llaves de su bolsillo e intentó abrir el enorme automóvil todoterreno, pero la llave era demasiado pequeña para la cerradura del monstruoso vehículo.
—¿Qué? Garraza me dijo estas llaves eran del coche patrulla de Zanahorias, en el lugar G7… un momento…
Nick se bajó del auto y revisó debajo de este.
—¡Debe ser una maldita broma!
Justo abajo de la enorme camioneta estaba el carrito de parquímetros con el que Judy y él recorrieron las calles de toda Zootopia para resolver el caso de los animales desaparecidos.
—¡Por los pelos de mi cola! Bueno, peor es nada, ¡en marcha!
Nick se subió al vehículo, lo arrancó, y salió a toda velocidad debajo de la enorme patrulla, sin embargo, antes de dejar el estacionamiento el auto dejó de avanzar. Confundido, el zorro pisó el pedal a fondo, pero en vez de ir hacia adelante, el auto se elevó.
—¿Qué cara…?
—Hola… Wilde —dijo una voz muy gruesa a la derecha del zorro.
—¡Jefe Bogo! —tragó saliva.
El enorme mamífero sostenía la pequeña patrulla y a su pasajero a unos metros en el aire con una sola pata.
—Vaya, al fin dice mi nombre correctamente, sr. Wilde.
—Espere un momento, ¿quiere decir que "Jefe" es su verdadero nombre? ¡lo siento mucho, Jefe!
—No creo que estés en posición de bromear, ¡al menos tómate esto más en serio!
El búfalo de pelaje azul intentó agarrar al zorro con su pata libre, sin embargo Nick lo evadió y saltó rápidamente fuera de la mini patrulla. Al tocar tierra, se fue corriendo lo más rápido que pudo, mientras que el jefe Bogo lanzó el carrito como si fuera una juguete hacia el vulpino. Nick se detuvo de golpe cuando el auto cayó delante de él, pues estuvo a casi nada de caerle encima. La distracción fue suficiente para que el jefe Bogo alcanzará a Nick y con una sola pata atrapó al zorro de ambas muñecas, alzándolo y sosteniéndolo dos metros sobre el suelo.
—¡Suélteme! —decía Nick quien no podía mover sus patas superiores y movía el resto de su cuerpo con desesperación.
—No tienes idea de la cantidad de problemas que le has ocasionado a todo el departamento, ¡ya ríndete! —le gritó a la cara— Es inútil, todo terminó. ¿Por qué te metiste en tantos problemas? ¿En verdad vale la pena poner a todo la policía de cabeza y tantos animales en tu contra? ¿Crees que todo el tiempo que pasarás en prisión lo vale? ¿Para qué? ¿Sólo por una coneja? —acercó su rostro al del zorro y lo miró con ojos llenos de ira.
Nick dejó de oponer resistencia, se calmó y miró al enorme mamífero a los ojos.
—No lo sé —confesó el zorro cabizbajo—, no sé si haber hecho tantas locuras haya sido lo correcto, y realmente no sé si es bueno o malo querer volver a ver a Zanahorias, pero, si de algo estoy seguro, es que si se volviera a presentar la oportunidad… ¡Lo volvería a hacer!
El zorro giró sus patas trasera bruscamente dándole una patada doble lo suficientemente fuerte en la cara para que el búfalo lo soltará, Nick volvió a tocar el suelo y rápidamente se dirigió hacia el carro de parquímetros, intentó voltearlo pero era más pesado de lo que imaginaba.
—¡Deja que te dé una pata!
—¡Arghhh!
El líder de la fuerza policíaca de Zootopia dio una tremenda bofetada que alejó al zorro unos metros atrás, Nick sintió un terrible dolor en la mandíbula y escupió un poco de saliva, intentó pararse para correr, pero el jefe Bogo estaba enfrente de él, sosteniendo unas esposas y un bozal entre sus patas.
—Intenté ser amable contigo pese a todo, pero veo que no me dejas otra opción, tendré mi revancha contra ti aquí y ahora.
Bogo tomó a Nick del brazo, pero este lo mordió.
—¡Agh! ¡Ya quédate quieto!
El búfalo pateó al cánido en el estómago, sacándole el aire y Nick sólo pudo toser de dolor y se agarró el vientre con ambas patas.
—Argh… cof… cof… —tosió el vulpino intentando recuperar el aliento.
—¡Ya ríndete Wilde! La diferencia de tamaño y fuerza es abismal ¡Nunca podrás ganarme en una pelea cuerpo a cuerpo, por muy sucio que pelees!
—Ah… Ah... ¡Cállate, maldita sabandija!
Nick se lanzó colérico contra el enorme mamífero, Bogo intentó volver a capturarlo pero el cánido logró evadirlo, se deslizó por debajo de sus piernas y luego se colgó a su cuerpo. El experimentado oficial intentó atrapar al zorro con ambas patas pero era muy escurridizo, el cánido se balanceó por su cintura y le arrebató las esposas y el bozal, luego saltó a su espalda y de ahí hasta su cabeza, tomando literalmente al toro por los cuernos para no caerse, lo cual también advirtió a Bogo de su posición.
—¡Basta, te tengo! —gritó el búfalo.
En ese momento Bogo logró pescar al zorro y lo arrojó con fuerza contra el carrito de parquímetros que aún estaba volcado. La espalda y nuca de Nick impactaron fuertemente contra la estructura de acero del vehículo, mientras su cuerpo caía al piso con su hocico abajo. El búfalo respiraba con dificultad, se dejó llevar y pensó que había lanzado al zorro con más energía de la necesaria, pensó que lo había dejado inconsciente; pero inmediatamente vio sorprendido como el vulpino se movía, levantaba su cabeza desafiantemente y se apoyaba de su pata izquierda con dificultad, sin embargo el golpe que le había propinado el animal bovino le había nublado la visión, y la pata le temblaba, aún así, el zorro mostró una cínica sonrisa e intentó fingir superioridad.
—No te levantes Wilde —se acercó lentamente al zorro, recogiendo las esposas y el bozal que Nick le había arrebatado hace unos segundos—... Última advertencia… —dijo el jefe Bogo con un tono bastante lúgubre.
—Ja… ja, ja, ja. —rió el zorro a carcajadas.
—¡¿Qué es tan gracio...!? No, no… —miró la funda de su arma— ¡No!
Nick sostenía en su pata derecha la pistola paralizadora de Bogo que le había arrebatado sin que se diera cuenta, apuntándole con esta. El jefe Bogo miró con rabia e impotencia al zorro, sabía que la descarga de su arma podría noquearlo o al menos retenerlo lo suficiente para que el vulpino escapara, además de que no tenía forma de protegerse.
—¿Imposible, eh? Jaja, Buenas noches, Jefe —disparó sin chistar—… Jejeje… ¿¡Qué!?
El zorro había disparado la única carga del táser, pero falló, los cables del arma paralizante salieron disparados a dirección opuesta del búfalo, sin siquiera rozarlo.
—Maldita sea... No… ¡Argg! ¡Ahhhh! ¡Brrrrrr! ¡Brrrrrr! ¡Brrrrrrrrrrr! ¡BBBBRRRUUUUUU!
El jefe Bogo no dudó y rápidamente corrió a esposar al zorro y le colocó el bozal en el hocico, lo que enloqueció a Nick al instante al recordar esa experiencia traumática de su infancia y por la cólera que sentía de haber sido capturado. El búfalo presionó su pata trasera en la espalda del zorro para inmovilizarlo, pero el cánido continuó resistiéndose, jadeando e intentando inútilmente liberarse mientras que el jefe Bogo esperó unos momentos a que se tranquilizara. Al cabo de unos minutos, el zorro dejó de oponer resistencia y se rindió. Estaba derrotado.
—Debo admitir que me costó más trabajo de lo esperado, admiro tu determinación y tu tenacidad, pero debes saber cuando hay que rendirse. Lo siento Wilde, lamento haber tenido que someterte tan brutalmente, pero no me dejaste salida. Sígueme, daremos un paseo.
El búfalo tomó al humillado zorro de la camisa y lo llevó colgando de su pata hasta llegar a una enorme patrulla. Colocó al zorro en el asiento del copiloto y luego se sentó, cerró la puerta y puso en marcha el vehículo.
—Atención a todas las unidades —habló el búfalo por el radio—. Jefe Bogo al habla. El sospechoso ha sido capturado. Departamento de sistemas, por favor, reactiven todos los servidores de la estación. Amenaza neutralizada. Cambio.
El jefe Bogo condujo el auto y salió del estacionamiento, alejándose del Departamento de Policía de Zootopia.
—También tengo un aviso importante que anunciarles a todos… —dijo el jefe Bogo viendo fijamente al zorro.
Por su parte Nick ya no prestaba atención, estaba destrozado física y emocionalmente, el cuerpo le dolía, pero no tanto como saber que después de haber pasado por tanto, su mundo se venía abajo, y lo peor, esa sensación de impotencia y el saber que no podría ver a Judy nunca más.
Notas del autor:
Y bien, ¿qué les pareció? ¿Les gustó, lo odiaron? Espero que compartan conmigo lo que piensan de este capítulo. Ahora, como suele ser costumbre pasamos a las malas noticias. Ya estamos casi en la recta final de esta historia, pues los próximos tres capítulos serán los últimos de Torpe Zorro. También, sobre la próxima actualización, pues creo que esta tardará un poco más, este mes de noviembre se me juntan varios pendientes y trabajos finales, por lo que voy a estar un poco ocupado, no quiero dar fechas exactas, pero espero tener listo la siguiente parte dentro de 3-4 semanas. Agradezco de antemano su paciencia. ¡Gracias por leer, hasta la próxima!
