Mordiscos de Amor © Michelle Rowen

Naruto © Masashi Kishimoto


Abottsville está a tres horas de Toronto. Tiene una población de poco más de ocho mil personas felices y alegres, que están orgullosas de su pueblo y de sus casas con valla blanca. En otras palabras, es el infierno en la Tierra.

Salí como alma que lleva el diablo de mi pueblo natal justo después de cumplir los dieciocho años para ir a la universidad de Toronto, donde me matriculé en Psicología y estudié Arte dramático. Tenía la ilusión de convertirme rápidamente en una famosa estrella de cine. Pero aparte de conseguir el papel principal en un anuncio local de compresas, mis idealistas planes fracasaron bastante rápido.

Tenía tanta prisa por marcharme de casa porque tres semanas antes del baile de graduación, mi novio del instituto me había sorprendido pidiéndome matrimonio. Su sueño era hacerse cargo de la farmacia de su familia y que yo me quedara en casa y pariera cuatro hijos antes de los veinticinco años. Para algunas chicas puede que fuera el objetivo de su vida, pero yo no era una de ellas. Allí terminó nuestra relación.

Hace poco me enteré que le había tocado la lotería y se había mudado a Hawai con una antigua modelo de Playboy. Pensar en lo que mi vida podría haber sido es un asco.

De vez en cuando volvía al pueblo para visitar a mis padres, aunque no tan a menudo como debía. Siempre me acompañaba el sentimiento de culpabilidad, pero no era tan malo como el malestar que sentía cuando pasaba el cartel que decía: BIENVENIDO A ABOTTSVILLE, EL HOGAR DE LA CALABAZA MÁS GRANDE DE ONTARIO.

Prefería vivir en la ciudad. Allí tenía todos los días las horas punta, la polución y unos capuchinos más caros de lo normal, muchas gracias.

Había alquilado un coche económico para ir hasta el pueblo, donde se iba a celebrar la boda. El lunes fue una sucesión de reuniones familiares felices y alegres, y también tuvo lugar la prueba final, sumamente desagradable, del vestido, que lo único que me comprobó es que mi nuevo "régimen" de líquidos no me había ayudado a perder ni un kilo. Que injusto.

Se suponía que el vestido de dama de honor debía ser feo, pero el que Ten-Ten había elegido me había provocado un caso grave de trastorno postraumático. Consistía en una falda corta y brillante con una pretina ancha, que destellaba, y un top de satén escotado, muy escotado. El color elegido se llamaba "pasión berenjena". Me sentía como una corista de un espectáculo sórdido de Las Vegas.

Estaba claro que mi prima se había fumado algo fuerte.

Pero al fin y al cabo era su día, y ¿quién soy yo para quejarme? Las otras dos chicas que había en la fiesta tenían peor pinta. Al menos yo lucía los zapatos más bonitos, pues había insistido en llevar mis sandalias plateadas, "sólo para ocasiones especiales".

Aparte del vestido, había tenido un día tranquilo en el pueblo de mi juventud. Me estaba demostrando a mí misma que podía pasar como humana cien por cien. Y el estúpido Sasuke quería que me olvidara de mi vida anterior… estaba demostrado que podía permitir que las cosas siguieran siendo tal y como eran sin que nadie notara la diferencia.

Me quedé mirando mi reflejo apenas visible mientras intentaba retocarme el brillo de labios en el tocador de la iglesia. Estaba mintiéndome.

El último día había sido una pesadilla en proporciones épicas. No exageraba un ápice.

Lo único que quería es que todo acabara para subirme a mi auto alquilado y marcharme del pueblo.

¿Por qué lo pasé tan mal? Estos son los motivos. En primer lugar, lo del reflejo. Es sorprendente la cantidad de superficies reflectantes que hay en el planeta. Si alguien veía que no tenía reflejo, ¿qué explicación iba a dar yo? Evitar la ocasión es lo mejor que podía hacer.

En segundo lugar, en la cena de ensayo me sentí obligada a tragar unos tallarines con salsa. Y cuando los vomité en el centro de la mesa, aprendí lo que les pasa a ciertos vampiros cuando ingieren comida sólida.

Por no mencionar que uno de mis primos se cortó el dedo con el cuchillo de la carne y casi repito con él mi incidente con Saunders. Gracias a Dios que encontré un bistec crudo para chupar. No fue nada agradable.

Ahora todos me trataban con prudencia, como si me faltaran dos minutos para cruzar la delgada línea entre la cordura y la locura, o algo parecido. No andaban muy desencaminados.

Lo más positivo del día fue, que gracias a una cámara digital que salió de no sé dónde en el ensayo de la boda, descubrí que me veía perfectamente en las fotos, aunque no salía muy bien, pero eso ya me lo esperaba.

— ¡Sakura! —me llamó Ten-Ten desde la otra punta de la iglesia. Me levanté de un salto y dejé mi copa de champán en el tocador antes de ir hacia el vestidor. — ¿Qué pasa?

Intenté sonar preocupada. No era la primera vez que mi prima se había puesto a llorar desde mi llegada. Estaba muy emocionada, o tal vez quería llamar un poco la atención.

Probablemente ambas cosas.

Ya éramos dos.

Ten-Ten dejó escapar un suspiro largo y tembloroso.

—No sé si hago lo correcto.

Miré por encima de mi hombro para ver si podía pasarle la batuta a alguien. Pero estábamos completamente solas en el vestidor. Bueno, salvo por las doscientas personas sentadas en la iglesia cerca de nosotras.

Incluido el repulsivo reverendo Micholby. La noche anterior se había pasado echándome miradas diabólicas. O tal vez celestiales, puesto que era un reverendo. Da igual.

—Vamos… —saqué un pañuelo de papel de una caja que había cerca y se lo di—. Todo irá bien.

— ¿Si? No lo sé. No sé si estoy preparada.

—Neji es un buen chico. Los dos van a pasar una magnifica vida juntos.

Se sorbió la nariz.

—Ya sabes que somos muy diferentes. Somos tan diferentes que hasta da un poco de miedo.

—Oye, pues… Viva la diferencia. Polos opuestos se atraen y todo eso.

—Pero, ¿y si se harta de mí cuando tenga cincuenta años, cuando sea vieja?

—No lo hará. Todo ira bien. ¿Quieres un poco de champán?

Le serví una copa. Ten-Ten la tomó y se la bebió toda de un trago. Yo di otro trago directamente de la botella. La bebida gratis estaba ayudando, aunque no tanto como lo hacía antes.

—Es un tipo genial, ¿eh? —preguntó.

Me limpié la boca intentando no quitarme el brillo de labios.

—Sí, es genial.

La verdad sea dicha, sólo había hablado con Neji, el novio, cinco minutos antes de la cena de ensayo. Era guapo, joven y con dinero. No estaba mal, pero yo no era la que se iba a casar con él.

Ten-Ten también era joven y bonita. Había conocido a Neji cuando chocó contra su Volvo azul. Sí, el amor en Abottsville nunca iba a ser más apasionado que eso.

Las primeras notas empezaron a sonar fuera del vestidor, en la iglesia. Había llegado el momento de la verdad. Era la hora de lucir ese vestido "pasión berenjena".

—Salvada de milagro —dije— ¿Lo entiendes? ¿Iglesia, milagro? —Ten-Ten se me quedó mirando sin entender nada—. No importa. Están tocando nuestra canción.

Ten-Ten se levantó y sonrió.

—Gracias por estar aquí conmigo, Sakura. Ojala vinieras más seguido al pueblo.

Me abrazó, aunque no muy fuerte para que no estropeáramos el maquillaje.

—Sí, ojala —mentí y forcé una sonrisa cuando me aparte de ella. Mi miro con el ceño fruncido

—Tienes los dientes un poco raros.

— ¿Ah si?

Me pasé la lengua por encima y noté un dolor en toda la boca. Se me cayó el alma a los pies. Allí estaban. Por fin habían salido. Como agujas diminutas, antes de lo previsto gracias a la sangre superpotente de Sasuke.

Mis colmillos, estupendo.

—Hummm —intenté hablar sin abrir mucho la boca—. No es nada, uso esas tiras blanqueadoras. Supongo que están más blancos de lo normal. Bueno, es la hora del espectáculo. Nos vemos delante.

Me escabullí justo cuando mi tío apareció para acompañar a Ten-Ten hasta el altar. Me coloqué junto a mis compañeras vestidas de berenjena, las damas de honor. Se estaban estirando los dobladillos de sus vestidos, pero cuanto más estiraban hacía abajo, mayor se hacía el escote del top.

— ¡Que mierda! —dijo una chica llamada Lin antes de empezar a caminar por el pasillo.

Era la primera. Yo la segunda. La dama de honor que estaba a punto de tener urticaria salió detrás de mí y luego Ten-Ten, que fue la última.

—Respira —le dije a Kimi, la tercera dama de honor—. Todo ira bien.

—Me siento como una puta foca —dijo.

No tenía respuesta, así que empecé a avanzar por el pasillo tirando bien fuerte mi ramillete de claveles rosas y blancos.

Bien, ya tenía mis colmillos de vampiro. Otra cosa más de la que preocuparme. No pasa nada.

¿A quién estaba engañando? Era una mierda. La excusa de las tiras blanqueadoras no se la tragaba nadie. Quizá no se daban cuenta. Tenía que pasar el resto de la tarde sonriendo lo más mínimo.

Eché un vistazo para ver dónde estaban sentados mis padres. Tenía que hablar con ellos. Tenía que explicarles que iba a cortar la relación y que no me verían por mucho tiempo. Que me iba a mudar a Australia por motivos de trabajo. Lo aceptarían sin hacer muchas preguntas, ¿no?

Los dos se volvieron hacía mí en su banco y me sonrieron, parecían muy contentos. Fruncí el ceño ligeramente. Estaban casi demasiado contentos. ¿Por qué estarían tan contentos justo ese día?

Cuando me moví a un ángulo desde el que los veía mejor, me detuve allí mismo, en medio del pasillo. Se me cayó el ramillete al suelo. Sentado entre mis padres y con una expresión de aburrimiento, estaba Suigetsu.

— ¡Qué demonios! —dije en voz alta, y oí un grito ahogado que recorrió toda la iglesia.

Me incline para recoger el ramillete y luego casi corrí por el resto del pasillo para llegar al altar.

La mayoría de la gente reunida se estaba recuperando del shock de oírme blasfemar en la casa de Dios. Yo me estaba recuperando de ver a un vampiro camarero sentado muslo con muslo con mi madre. A mi madre, en cambio, no parecía importarle lo más mínimo.

Un trío de músicos de un grupo del instituto empezó a tocar una versión poco ensayada de la "Marcha Nupcial" y Ten-Ten avanzó por el pasillo. No podía dejar de mirar a Suigetsu.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —le dije articulando para que me leyera los labios.

Al parecer estaba bastante ocupado, con la mirada clavada en un tapiz de Jesús me ama. Intentado ignorarme con todas sus fuerzas.

Se me pasaron un millón de cosas por la cabeza. ¿Había ocurrido algo malo en Konohagakure? ¿Quizá Sasuke había matado a Naruto en mi ausencia? ¿Sai había encontrado una personalidad? No podía esperar a que acabara la misa.

En cuanto se acabó la ceremonia, la fiesta continuó fuera para hacernos las fotos en el frío y cegador exterior antes del convite. No quería estar allí. Sólo deseaba llegar hasta Suigetsu para saber qué pasaba. Lo único que recuerdo de las fotos fue que el fotógrafo y yo nos peleamos porque quería que me quitara las gafas de sol. El perdió.

La recepción se celebro en una sala de banquetes del campo de golf de Abottsville. Fue muy incómodo estar allí de pie recibiendo a todo el mundo y estrechando manos sudorosas, mientras trataba de sonreír sin enseñar mis nuevos colmillos a doscientas personas cansadas y hambrientas. Por fin mi padre se acercó a la fila. Estaba muy elegante, si se me permite decirlo. Su traje gris y su corbata verde azulada eran impecables, aunque estaba segura de que la flor que llevaba en su solapa la había comprado en una tienda de artículos de broma más cercana. Era una de esas flores de plástico que echaban un chorro de agua para hacer reír. La miré con recelo.

—Cariño —dijo y me dio un gran abrazo—, estás fantástica. Si alguien podía conseguir que ese vestido le quedara bien ésa eras tú.

Sonreí con la boca cerrada.

—Gracias, papá.

—Creo que tu madre tiene un nuevo novio. —Me guiñó el ojo—. ¿Tengo que ponerme celoso?

Dicho esto, avanzó hacía la siguiente dama de honor.

Mi madre iba agarrada del brazo de Suigetsu cuando se acercaron para saludarme. Él parecía querer estar en cualquier otro sitio menos allí.

Ya éramos dos.

—Mira a quién me he encontrado —dijo mi madre con una sonrisa alegre en el rostro—, a Suigetsu.

Lancé a Suigetsu una mirada asesina, aunque algo burlona.

— ¿Y cómo es que conoces a Suigetsu? —le pregunté a mi madre.

—No lo conozco, tonta. —Le dio unos golpecitos afectuosos en el brazo—. Al menos no lo conocía hasta hoy. Supongo que esto explica tu comportamiento extraño y tu carácter avinagrado que has tenido desde que llegaste aquí.

— ¿El carácter avinagrado?

—Los dos tortolitos tuvieron una pelea, y él ha venido hasta aquí para pedir perdón, nos lo hemos encontrado merodeando por fuera de la iglesia. Ni siquiera me habías contado que estabas saliendo con alguien.

"Así que tortolitos, ¿eh?" pensé.

—Mamá, siempre has sido muy perspicaz —dije.

—Es un don, cielo. No te preocupes, tu padre y yo le encontraremos un sitio en nuestra mesa.

Siguió avanzando para hablar con Kimi, que estaba incómoda a mi lado. Fulminé a Suigetsu con la mirada.

— ¿Y bien?

— ¿Y bien qué? —Sonrió como si para él fuera la cosa más natural del mundo estar delante de mí en la boda de mi prima—. ¿Puedo decirte que estás fantástica? Ese vestido está para morirse.

—Tú si que vas a morir si no me dices que estás haciendo aquí.

Miró a su alrededor.

—Sólo he venido a pedirle perdón a mi pastelito por la desagradable discusión que tuvimos. Eso es todo. Cariño, por favor, olvida lo que te dije.

Le tomé la mano y le clavé las uñas hasta que le dolió.

—Hablaremos más tarde, mi vida. Y será mejor que me vengas con algo un poco más decente que eso.

Enseñó sus colmillos con una sonrisa que era más una mueca y siguió caminando.

Ah, bien. Lo hablaríamos más tarde. Sasuke estaba detrás de aquello. Lo sabía. Había enviado a Suigetsu para espiarme. No había otra explicación.

No podía soportarlo. Mis dos vidas, la normal y la vampírica, se estaban desmoronando.

Ya nada tenía sentido. No podía seguir viviendo así, al límite y preocupada todo el tiempo porque algo horrible llegara a suceder.

Cuando sirvieron la cena, el olor de mi pollo cordon bleu intacto me estaba poniendo enferma. Aparté el plato de mí lo máximo que pude y recorrí con la vista la sala en busca de Suigetsu. Había una silla vacía en la mesa de mis padres, allí debería estar él.

Necesitaba aire fresco, estar a solas un rato donde no me rodearan personas normales que, con su propia presencia, me recordaban que ahora yo era muy diferente.

Fuera, me apoyé en la pared de la sala de fiestas e intenté respirar. Olisqueé el aire, fruncí el entrecejo y me volví hacía mi izquierda.

Kimi, una de las damas de honor, había encendido un cigarrillo cerca, al lado de la entrada de la cocina.

— ¿Quieres?

Señaló el paquete de tabaco.

—Sabes que eso te perjudica, ¿no?

—Que va. —Dio una buena calada y luego soltó unos cuantos aros de humo hacía el frío aire de la noche—. No lo había oído nunca. Bueno, nadie vive eternamente, ¿no?

Me mordí el labio inferior.

—Yo antes también pensaba así.

—Tu novio está muy bueno.

Abrí la boca para protestar, pero luego la cerré.

—Gracias, él opina lo mismo.

— ¿Puedes creerte lo de estos vestidos? —Kimi negó con la cabeza—. Han quedado inmortalizados para siempre en esas malditas fotos. Me voy a tener que emborrachar mucho para superarlo.

—La noche es joven. Y hay barra libre.

—Amén.

—No digas amén. Podrías atraer al reverendo Micholby. Por cierto, ¿qué le pasa a ese hombre?

Kimi volvió a dar otra buena calada al cigarrillo.

—Se marchó del pueblo durante un tiempo. Se rumorea que tuvo una crisis nerviosa o algo así. Ésta es la primera boda que oficia después de su vuelta. Aunque no me preocuparía, quizá actúa de un modo extraño por los vestidos. Le ofenden moralmente.

Asentí.

—Seguro que es eso. Bueno, sí a mí me ofenden moralmente, ¿por qué no iba a parle lo mismo a él?

Nos reímos un rato y empecé a sentirme un poco mejor. Al menos hasta que Kimi empezó a ahogarse con su última calada. Le di unas palmaditas en la espalda justo cuando una camioneta se paró a nuestro lado con un chirrido. Un tipo con pinta de agobiado saltó del asiento del conductor, salió disparado hacia la parte trasera, abrió las puertas y sacó con esfuerzo un barril mediano, plateado. Lo llevó rodando hacia la puerta de la cocina.

—Perdón por llegar tarde —nos dijo—. No sabía que este pueblo estaba tan lejos de la ciudad. Tenía que haber llegado hace horas.

—Ah, no importa —dije—. ¿Qué traes? ¿Cerveza?

—Sí. —se rió un poco—. Es cerveza, guapa. ¿Puedes hacerme el favor de firmar esto por favor? Tengo mucha prisa.

Me encogí de hombros.

—Sí. ¿Por qué no?

Acabó de llevar el barril hasta la puerta, luego volvió junto a mí y me puso un sujetapapeles en la mano. Había un bolígrafo barato sujeto con una cinta negra. Me señaló la última línea para que firmara y yo coloqué el bolígrafo sobre el papel.

Entonces me quede helada.

¿Por qué estaba teniendo un extraño deja vu? Levanté la vista para mirar al chico. Me resultaba muy familiar. Miré el logo que había en la parte superior del formulario.

LOS CHICOS DEL REPARTO DE SANGRE. ¿NECESITAS SANGRE? LA ENTREGAMOS A DOMICILIO.

— ¿Ocurre algo? —Preguntó Kimi—. No tienes buen aspecto.

Garabateé mi firma en el formulario y se lo devolví al chico. Él me sonrió, y la luz de la luna se reflejó en sus colmillos. Me dio las gracias, luego subió a su camioneta y se marchó. Me sentí débil.

—Creo que voy a volver adentro.

—Sí, yo también. —Kimi tiró la colilla del cigarro en un árbol que había al lado—. Me apetece una cerveza.

Volví a sentarme en la mesa principal, estresada perdida, y me bebí de un trago una copa de vino, pero no me hizo sentir mejor. ¿Qué pasaba? ¿Por qué están aquí Los Chicos del Reparto de Sangre? ¿Era por Suigetsu? ¿Los había llamado él? ¿O alguien me estaba haciendo una broma? Si así lo era, no lo encontraba para nada gracioso. Ni lo más mínimo.

Eché un vistazo a la mesa de mis padres. Aún no había rastro de Suigetsu. ¿Dónde demonios estaba?

La cena llegó a su fin y sirvieron el postre, un pastel de chocolate con muy buena pinta.

Me encantaba el chocolate, pero no quería repetir la experiencia de la noche anterior, así que no me moleste en probarlo. En su lugar, me tomé otra copa de vino. Con la cantidad de alcohol que había ingerido, tendría que estar ya como una cuba; sin embargo, me sentía como si en toda la noche no hubiera bebido más que agua del grifo.

Después de los discursos, el Dj empezó a poner música, entonces Ten-Ten y Neji tuvieron su primer baile. Con el rabillo del ojo vi que Suigetsu entraba en la sala de fiestas y se dirigía a la mesa de mis padres para sentarse. Fui directamente hacía él y levantó las manos como si esperaba que fuera a pegarle. Lo agarré de la muñeca y lo levanté de su asiento. El reverendo Micholby estaba sentado en la mesa de mis padres y se me quedó mirando con una expresión fría.

— ¡Sakura! —Mi madre puso mala cara—. Tal vez ese comportamiento agresivo fue lo que lo ahuyentó.

La ignoré y saqué a Suigetsu del salón, tan lejos como pude de aquella música tan alta.

— ¿Dónde has estado toda la noche?

Di a Suigetsu un golpe en el pecho.

—Ay. Por ahí, echando un vistazo por el pueblo a ver si había algo interesante para hacer. —Se encogió de hombros—. Pero estaba vacío.

—Está bien Suigetsu, habla.

Sonrió.

— ¿Te he dicho que estás fantástica?

— ¿Qué estás haciendo aquí?

— ¿Acaso está mal que quiera apoyar a Ten-Ten y a Neji en la nueva vida que van a comenzar juntos? —Me miró con los ojos entrecerrados y una gran sonrisa se dibujó en su cara—. ¿Ya tienes colmillos? Felicidades.

Lo ignoré. No me parecía correcto advertir los colmillos de una mujer en público.

— ¿Te ha mandado Sasuke?

Se sentó en un sofá de aspecto rústico y suspiró profundamente.

— ¿De verdad crees que estaría aquí si no lo hubiera hecho?

—Me dijo que no quería volver a verme nunca más.

—Es un hombre difícil de comprender. Pero ya sabes lo que dicen, que los hombres difíciles son los buenos.

Sonrió abiertamente. Estaba intentando tener paciencia. De verdad que si.

—Pero en vez de venir, te ha enviado a ti para que me espíes.

—Estaba muy ocupado. Han atacado otro de sus locales.

— ¿Los cazadores?

Levanté las cejas. Suigetsu asintió, triste.

—Por lo general sólo atacan a los vampiros al aire libre, pero este año están encontrando todos nuestros escondites. No sé cómo.

— ¿Sasuke te ha enviado para que me eches un ojo, para que te asegures que estoy bien? —pregunté con suspicacia.

—Sí, le gustas.

—Todo el mundo insiste en decirme lo mismo. Pues tiene un modo muy curioso de demostrarlo. —Respiré muy hondo, temblando levemente, y lo miré—. Lo he pasado muy mal aquí, Suigetsu. Siento como si mi vida entera se estuviera desmoronando. No se lo digas a Sasuke, pero creo que tenía razón. No puedo fingir que soy normal. Bueno, al menos no soy como antes.

— ¿Por qué hay que ser normal? Lo normal es aburrido.

Alcé la vista cuando unos de los padrinos de Neji salió de la sala de fiestas. Me sonrió y se dirigió a la cocina.

—Oye Suigetsu, tú por casualidad no habrás hecho que te traigan un barril de sangre, ¿no?

—No.

—Enserio, puedes decírmelo si lo has hecho. Ya he firmado el recibo de entrega.

Negó con la cabeza.

—Enserio no he sido yo.

Me recosté en el sofá.

—Pues no lo entiendo. ¿Por qué han hecho un reparto aquí?

—Me figuro que por el novio —contestó Suigetsu. Me incorporé enseguida.

— ¿¡Disculpa?

—Por el novio. Es uno de los nuestros. ¿No le has visto los colmillos?

—No voy examinando la boca de todas las personas con las que me cruzo, ¿sabes? Además, los colmillos son pequeños, apenas se notan a menos que estés muy cerca. —Sacudí tan fuerte la cabeza que me mareé—. No puede ser. No es un vampiro. No puede ser. Es imposible.

Justo en ese instante el padrino apareció arrastrando el barril plateado detrás de él.

Despareció del vestíbulo con una gran sonrisa. Mientras lo observaba, me quedé con la boca tan abierta que algún niño pequeño podría haberse visto tentado a tirarme cosas adentro. Me volví hacia Suigetsu.

—Y sus amigos también —dijo.


¡Holaaaaaaa! ¿Y bien? ¿Qué les ha parecido este capitulo? Traté de no tardarme tanto tiempo como la vez pasada :D

Al parecer Ten-Ten ha tenido la suerte de casarse con un vampiro sexy*-* Qué envidia, ¿no? u.u

A que no se esperaban que Suigetsu llegara a la boda xD seguro que la mayoría pensó que iba a ir Naruto o Sasuke; pero no xD

Gracias por sus hermosos reviews. Siempre me ponen contenta :D

Bueno en fin, no hay muchos comentarios para hacer el día de hoy. Sólo que espero que hayan disfrutado leer este capitulo, ¡& no desesperen! Que nuestro amado Sasuke-sexy-kun hará aparición in the next chapter:D (Ya sé; mi inglés apesta u.u)

No tardaré en actualizar, enserio :D

¡Nos leemos en el próximo capitulo!

¿Quieres galletas & un Sasuke calientes?

Púchale aquí abajito :D