Cuando pasas gran parte de tú vida encerrado entre cuatro paredes de una gran mansión se podría pensar que eres una persona amargada, sin una razón de vida o sin una razón para sonreír. Pero no era así.

Durante su infancia, la persona que lo inspiraba era su madre. Ella le había dado el amor que necesitaba, y algún día él juro devolverle todo el amor y todos los cuidados. Gabriel amaba a su madre, ella fue su mayor inspiración mientras crecía con un padre tan cruel e injusto, su padre era muy inflexible.

Pero su madre era un amor. Ella lo aconsejaba, le daba cuidados y todo el amor que había en su ser. Gracias a ella empezó a amar el piano, gracias a ella su amor por la música clásica aumentó. La ópera lo llenaba, ¿por qué? Porque ella lo ayudó mucho con eso. Mientras él era obligado a tocar aquél instrumento (que al principio odiaba, por verlo como una obligación), su madre cantaba. Ella intentaba pasar mucho tiempo con él.

También lo ayudó a enamorarse de la moda, del estilo y todo lo relacionado con el tema. Su madre le abrió los ojos.

—Coser te será muy útil en la vida, diseñar puede ser un gran trabajo, pero al mismo tiempo es algo que sí realmente te gusta, te hará feliz a ti y a otras personas también.

—¿Y cómo podrá hacer felices a otras personas?

—Porque lo que a ti te gusta, también le puede gustar a cientos de personas. Ya lo verás —sonrió su madre.

Al principio pensaba que solo eran palabras vacías, pero cuando comenzó a diseñar, se enamoró por completo del oficio. Dibujar bocetos era algo asombroso, pero era aún mejor ver tus diseños hechos realidad. ¡Era una sensación única!

Aparte del dinero, una de las mejores sensaciones era ver a personas utilizando lo que tú habías diseñado con tanto esmero. La verdad, Gabriel se sentía como todo un profesional.

—Todo esto es gracias a ti, madre —dijo cuando comenzó a hacerse conocido, frente a las cenizas de su madre —. De no ser por ti jamás habría sido capaz de crear diseños, de creer en mí y de ser valiente. Gracias por todo, te amo —y se permitió llorar.

Cuando era joven, cada vez que se sentía solo se acercaba a las cenizas de su madre y les hablaba con cariño. Conversaba con ella, a pesar de que estaba entre los muertos, él sentía que de algún modo ella podía escucharlo y eso lo llenaba de paz, de felicidad y quizás... de algún modo podía sentirla cerca de él. ¿Quién sabe? La muerte es un tema bastante complicado.

Una vez que creció un poco, su inspiración se convirtió en Emilie. Aquella mujer más hermosa que el mísmisimo sol lo animaba a ser una mejor versión de sí mismo.

Ella era simplemente maravillosa. Era valiente, era atrevida. No solo era una mujer hermosa físicamente, sino que por dentro también lo era. Y no se quedaba callada, si algo le molestaba ella te lo decía, aunque eso pudiera crear una discusión, ella no tenía pelos en la lengua.

Cuando se casaron fue el hombre más feliz del mundo. Cuando se convirtieron en padres, ambos tenían miedo, pero aún así... entre ellos se inspiraban, entre ambos se fortalecían.

Y ahora que ella había desaparecido...

Era irónico y un tanto retorcido pensar en esto, pero:

A veces, la persona que amas te puede hacer sentir más valiente, más fuerte. Te puede inspirar para hacer el bien.

Pero cuando esa persona desaparece de la noche a la mañana, puede provocar todo un enredo en tus sentimientos. Hoy en día, Emilie seguía siendo su inspiración, solo que de otro modo. Él solo añoraba con encontrarla y de ese modo, volver a tener la familia perfecta.

Según su criterio, actuaba del modo correcto. Quería cosas buenas. Pero para todos los demás, él era un villano.

Ese pensamiento incluso podía hacerlo temblar, porque... ¿qué pensaría ella de todo esto? ¿pensaría que es un villano, tendría miedo? ¿o su amor también era tan profundo que comprendería sus razones?

Definitivamente, la mente, los corazones, los pensamientos y todo lo relacionado a los seres humanos era algo muy complejo, algo que no se puede analizar con solo unos minutos.