Cosas de familia
Capítulo11: Visitas inesperadas
La sacerdotisa estaba asqueada, en aquel lugar había demasiada testosterona suelta y eso no era algo que le agradara en demasía, suspiró una vez más antes de plantarse con su mochila frente al idiota del guardia
"Qué busca una preciosidad como tu en este lugar?"- quiso saber el hombre mientras realizaba un escaneo sobre su cuerpo
"Estoy buscando a Athena"- le informó- "Soy Edith, la sumo sacerdotisa de Artemisa"
"Y qué me dice que no queres matar a Athena?"- preguntó haciéndose el bravucón
"Si quisiera matarla no estaría hablando con vos idiota"- bufó la joven a punto de atacarlo con su técnica
"Se te cayo un papel- comentó otro tipo que se acercaba por detrás, tenía el cabello azul violacio y era bastante mas alto que el otro- el que te envuelve bombón"- concluyó llegando a su lado con sonrisa seductora, aquello terminó de desquiciar a la joven sacerdotisa que con dos movimientos dejó a ambos hombres noqueados
"Quien eres?"- preguntó el último poniéndose de pie, Edith sonrió desafiante
"Soy Edith, Sacerdotisa Mayor en el santuario de Artemisa"-murmuró orgullosa mientras le daba un golpe y continuaba su camino
"Mujeres"- bufó el caballero siguiéndola, tenía que detenerla
Aquella tarde la cosa estaba por demás de tranquila en es santuario, me encontraba sentada en las escaleras que conducían a la casa de Aries, conversando con Mu y Kiki, mientras percibí el conocido cosmos ardiendo en la entrada, al parecer mi amiga estaba furiosa, pude verla a la distancia, al parecer venía discutiendo con Milo, rogaba porque no hubiera intentado desplegar sus dotes seductores con ella. La verdad Edith era una joven muy hermosa, justamente por eso detestaba que los hombres se le pegaran como garrapatas, no me gustaría estar en el lugar de Milo si había intentado seducirla, como muy probablemente haya hecho, porque la sacerdotisa parecía descolocarse cuando alguien hacía eso
"Edith"- grité saliendo a la carrera y colgándome de su cuello- " qué haces aquí?"- la joven miro al caballero de escorpión que me contemplaba atónito
"La conoces?"- quiso saber
"Edith es una de mis mejores amigas"- expliqué- "Edith, el es Milo, el Santo dorado de Escorpio"-
"Dice que es sacerdotisa de Artemisa y quiere ver a Athena"- me informó el caballero con seriedad
"Pasó algo?"- pregunté preocupada, en ese instante temí por todas mis ninfas
"Como quieres que no pase algo?"- me espetó, al parecer estaba bastante enojada
"A mí no me gritas"- dije con frialdad, su expresión se relajó y suspiró
"Perdón hoy no fue el mejor de mis días"- se excusó-" podría hablar contigo a solas, y luego con Athena?"
"Claro, yo tengo la tarde libre y Milo le puede avisar a la princesa"
"Y por qué debería yo hacerle un favor a esta tipa"- bufó el escorpión con mala cara
"Milo hacelo por mi ¿si? Se buenito"- rogué
"Ta bien, ta bien, voy a hacerlo pero pura y exclusivamente porque mi amazona favorita me lo pide"- le remarcó a mi amiga antes de comenzar a subir las escaleras
"Qué clase de relación tenes con ese tipo?"- fue lo primero que preguntó una vez que nos encontramos solas
"Es el mejor amigo de mi maestro- expliqué- es muy buena persona y super divertido, pero también es un casanova incurable. Gracias a los dioses mi maestro le tiene prohibido tocarme"
"Eso es un consuelo- aceptó- por qué llevas esa máscara? Con suerte si te reconocí cuando me abrazaste"
"Los hombres no pueden ver nuestro rostro, es algo complicado, pero Saori estuvo pensando en descartarlas, aunque yo le pedí que no lo hiciera, así pudo seguir aquí de encubierto"
"De todas formas me molesta muchísimo el no poder verte la cara, podrías quitártela?"
"Nos dirigimos al refugio de las amazonas, allí ningún hombre puede entrar"- anuncié
"Algo me dice que allí sí me voy a sentir como en casa"- comentó mientras cruzábamos las puertas del recinto; caminamos un rato por el lugar, finalmente nos sentamos bajo la sombra de unos enormes árboles y me saqué la máscara
"¿Podes decirme exactamente que estas haciendo acá?"- murmuró
"Saori necesita mi ayuda"- expliqué- "Nunca tubo una vida normal, y esta aprendiendo a tenerla, y a tener en cuenta las necesidades de sus caballeros"
"Se te extraña en Efeso, las cosas parecen tristes sin vos"- comentó
"Saori me necesita, estamos en tiempos de paz y estoy segura de que vos te podes hacer cargo de todo"- la alenté
"Sí ese no era el problema, la verdad es que las chicas y yo queríamos ver como te traban"- sonreí para mis adentros
"No se preocupen, todo está bien, todo está muy bien"- le aseguré en un suspiro
Cuando Edith marchó a hablar con Saori comencé a caminar, la verdad era que nada estaba bien, aunque hacía todos los esfuerzos por evitarlo tenía que admitir que me estaba enamorando de mi maestro, y eso no era bueno.
"Sos una diosa virgen"- me repetí por milésima vez- "como podes exigirle eso a tus ninfas si te andas babeando por el caballero de Acuario?"
Mi cabeza estaba hecha un lío, cada vez que me sonreía algo en mi corazón parecía resquebrajarse y comenzaba a latir a la velocidad de un pura sangre en plena carrera y no encontraba forma de impedirlo, me maldije una y mil veces por recordar su rostro, sus profundos ojos y aquellos labios que día a día parecían invitarme a probarlos
Mi padre no sabía lo que había hecho al enviarme ahí, ese hombre era mi propia perdición, convivía con él día y noche, cada hora, cada segundo comenzaba a verse invadido por él, nunca había sentido algo así, eso era seguro
Mis erráticos pasos me llevaron hasta la playa, pero no a cualquier playa, sino a una que se hallaba escondida, alejado del resto del Santuario, y Saori me había asegurado que era de su uso privado, obviamente podía ir cuando quería, inclusive habíamos pasado varias tardes tiradas en la arena o jugando con las olas, esas mismas que ahora rozaban mis pies con suavidad, si bien no era el mejor de las épocas para nadar, en Grecia nunca hace frío del todo, por lo que decidí desnudarme para entrar en el agua
Camus se encontraba de guardia cuando percibió aquel movimiento con el rabillo del ojo, era una especie de sombra que aparecía y desaparecía de un lugar a otro, desplazándose a gran velocidad, comenzó a seguirla, pero sus intentos eran en vano, cada vez que llegaba a un lugar la extraña presencia se escapaba dos metros hacia delante, no sabía que era exactamente, pero su labor era clara, tenía que detenerla.
Había perdido la noción del tiempo que había seguido a esa cosa, cuando se encontró en un sector del Santuario que jamás había visitado, y no recordaba como había llegado allí, subió el montículo que se encontraba frente a él, buena sorpresa se llevó, ese lugar bajaba en acantilado a una pequeña playa, una joven estaba entrando en el mar completamente desnuda, su corazón se detuvo cuando la chica volteó a verlo; era ella, la mujer con la que había estado soñando por tantos meses se encontraba desnuda a escasos metros de él, el agua cubría hasta su cintura, la pálida luz del sol resaltaba su traslucida piel, y un rebelde mechón de cabello negro se enredaba entre los perfectos pechos de la joven.
Camus sintió como su cuerpo se tensaba en el instante en el que ella le sonreía con timidez, sus tersas mejillas se habían sonrojado, lo que le hacía ver aun más hermosa, en ese instante mil ideas se amontonaron en su cabeza, la deseaba y con locura, pero algo en su interior le dijo que todavía no era el momento, formalmente la saludo con la cabeza y se dio la media vuelta, con una complicada maraña de sentimientos decidió regresar a su casa
El agua estaba fría, tal vez helada para algunos, pero de algo me había servido el entrenamiento, porque no me molestaba para nada, comencé a sumergirme despacio, dejé que las olas acariciaran con tranquilidad primero mis pies, mis rodillas, mis muslos, en ese momento sentí una presencia observándome, mi corazón se detuvo al reconocer aquella cosmoenergía, voltee a verlo despacio, y ahí estaba mirándome fijamente, con sus profundos ojos, llevaba puesta la armadura por lo que parecía aun más un sueño que la propia realidad, parecía un espejismo en medio del desierto, mis mejillas comenzaron a arder con total independencia, cuando él me saludó con la cabeza y se alejó.
Me di cuenta que por un buen rato no había respirado, aquel tipo iba a volverme loca de seguir así, agradecí a Poseidón por hallarme sumergida en aguas frías, que sino... agua, el agua, al observarla caí en la cuenta, por todos los demonios del inframundo! Mi maestro me había visto desnuda!
Mil ideas atravesaron la cabeza de Camus esa tarde, ella era real, sus amigos no le habían mentido, estaba cerca, en el mismísimo santuario, suspiró resignado, debería esperar para volver a verla, aunque aquella imagen quedara guardada en su retina por el resto de su vida, cerró los ojos y volvió a contemplarla sumergiéndose en el agua, para contrarrestar esa otra imagen invadió su mente, la de Luinil durante las interminables noches en las que se quedaban contemplando las estrellas, su alborotado cabello negro contrastando con la plateada máscara que parecía brillar más aun bajo la luna
Estaba hecho un lío, y uno muy grande, aceptó mientras se sentaba en el mismo lugar que utilizaba para aquellas clases de astronomía; una era su aprendiz, su discípula y la otra una imagen de sus sueños que aparecía como invitado especial en la vida real, solo para demostrarle que parece estar aun más lejos que antes, porque al menos antes era un sueño, una bella fantasía que allí podía quedarse, pero ahora estaba allí y él no podía tenerla, el destino le había dado un pequeño adelanto, solo para atormentarlo
"Pasa algo Camus?"- quiso saber Saori acercándose
"Nada grave princesa"- explicó este poniéndose de pie y haciendo una reverencia
"No seas payaso – le espetó la joven diosa entre risas- mi nombre es Saori, y odio con toda mi alma las reverencias"- confesó, el caballero de Acuario la miró sorprendido, era cierto que la princesa estaba cambiada, aunque nunca creyó que llegara a tanto
"Disculpa Saori"- murmuró con seriedad
"No podes negarme que algo te pasa"- advirtió la diosa- "no quiero parecer intrometida, respeto tu vida personal, pero si necesitas algo, sabé que podes contar conmigo"- una idea se formó en su cabeza, después de todo, Milo y los demás la habían visto a su lado
"Estoy enamorado de dos mujeres- anunció, se maldijo a sí mismo por idiota, aquello se le había escapado de los labios, no era lo que quería decir, ahora le tocaría decirle todo, con probabilidades de que alejaran a la aprendiz de su lado, aunque tal vez eso era lo que necesitaba para aclararse- y una de ellas es Luinil"- Camus esperaba que la pequeña diosa se escandalizara, se alterara o algo, pero ella solo sonreía al escucharlo- "No se bien como pasó, pero no puedo sacarla de mi mente, y no puedo controlarlo, me encuentro pensando en ella en cada momento, en cada instante, por más que intente impedirlo, no puedo"
"Cuando uno esta enamorado nunca puede evitarlo- sentenció Saori- Luinil es una buena chica, si a mí me lo preguntas creo que harían una muy bonita pareja, pero me dijiste que también estas enamorado de otra"
"Se que puede sonar ridículo- explicó con seriedad mientras tomaba aquel papel en sus manos- pero hace cerca de un año comencé a soñar con una mujer, primero sus ojos, luego su rostro y su cuerpo, me enamoré de ella desde el primer instante y no he parado de buscarla"
"Eso es muy hermoso"- anunció Saori, le gustaba ver que esa ternura podía nacer en uno de sus santos
"El problema es que hoy la vi, dentro del mismo santuario- murmuró, con nostalgia- me encontraba persiguiendo a una extraña sombra que parecía moverse a toda velocidad por el lugar hasta que llegué a una pequeña playa, nunca había estado en ese lugar, por lo que no tenía idea de cómo regresar, allí estaba ella, bañándose desnuda, solo fueron unos segundos, pero cuando nuestras miradas se encontraron sentí que un rayo me atravesaba por la columna"- un nudo llegó a la garganta de la joven diosa, sabía a que playa se refería, y solo había una persona además de ella que sabía de su existencia- "Este es un retrato que hice algún tiempo atrás- explicó el caballero tendiéndole la hoja- ¿puedes decirme quien es?"
"Ay Camus- suspiró al contemplar la imagen de su hermana en aquel trozo de papel- si la conozco, y muy bien- anunció, sintió pena por el pobre caballero- pero yo no puedo rebelarte su identidad si ella misma no lo hace, aunque prometo ayudarte a que lo haga"- una sombría sonrisa nació en los labios del caballero de acuario
"Gracias de todas formas, necesitaba hablarlo con alguien, no puedo decirle a Milo lo de Luinil porque se tornaría inaguantable"- aseguró Camus, en verdad le había ayudado todo aquello- "podría pedirte que"
"No te preocupes- le aseguró su diosa poniéndose de pie- me lo llevaré a la tumba"
Aca les dejo otro capi, espero que les guste tanto como a mí, sean buenitos y dejen sus reviews, por fis si????
Shadir:me alegra que te haya gustado el capi, en cuanto a Saori, creo que sobre gustos... no se si lo sabías, pero existe un manga de Kurumada en el que se narra la historia de amor de Saori y Seiya, inclusive, según lo que leí en los avances de la nueva peli (que ya se estrenó en japon) Saori le entrega todo su dominio sobre la tierra para salvar la vida de Seiya, y despues se siente culpable por su egoismo por dejar a la humanidad a la deriva por conservar a Seiya, osea, la idea de esta pareja no es solo de los fics
Lady Grayson: que bueno que te haya gustado este capi, a mi tambien me encantó la idea de poner a esas dos borrachas, creo que de otra forma no hubieran tocado el tema de Seiya nunca, en cuanto a complicar la historia, la verdad es que esto solo es el marco para narrar algo más complicado que viene despues
