Comida "familiar"

Severus Snape se levantó del sofá de la biblioteca, se había sentado a leer aquella mañana temprano y ya le dolía todo el cuerpo de lo incómodo que era aquel sillón apolillado. ¿Cuánto tiempo llevarían en aquella casa esos sillones?, ¿cincuenta?, puede que sesenta años. Si no fuera porque odiaba aquella casa, la habría remodelado entera.

Sin embargo, había alguien que no estaba en absoluto de acuerdo con el. La señorita Granger, parecía dispuesta a dar un cambio radical a aquel tenebroso lugar. Por merlín , si no la detenía de vez en cuando, convertiría aquella casa en el salón de te de madame Pudipié.

No era que tuviera mal gusto, pero esa obsesión por quitar las cortinas y dejar que la luz entrara, de cambiar los muebles de sitio, de guardar los adornos rocambolescos que habían sido la herencia de su madre. Aquellos objetos tenían mucha historia, eran las reliquias de una antigua familia de magos de sangre limpia, la herencia de su madre. No dejaría que los escondiera en armarios o baúles y los subiera al desván con los trastos.

Se asomó a la ventana. Ahora que él estaba bastante mejor y no necesitaba de sus cuidados constantemente, Granger había decidido arreglar el jardín. La zona donde se encontraba la casa estaba bien cuidada, y su jardín era el propio de la casa del terror. Snape se había mostrado reacio a que ella hiciera nada en el jardín, pero como de costumbre, le había ignorado, algo que últimamente sucedía muy a menudo.

Se había puesto manos a la obra hacía una semana, se enfundaba en unos vaqueros viejos y una camiseta y removía toda la tierra del jardín. Como si aquello funcionara, todo en aquella casa estaba podrido.

Sin embargo ella creía que podía arreglar aquel estropicio. Había podado los árboles con magia, había quitado los hierbajos y por el momento intentaba plantar algunas de las semillas de plantas muggles y algunas plantas ya florecidas que había comprado.

Snape contempló el esfuerzo que realizaba en ir de un lado para otro, dedicándose a las diferentes partes del pequeño jardín.

Se sentó en una silla cercana a al ventana y dedicó el rato que ella estuvo allí a mirarla. Alan tenía razón, era una chica muy trabajadora, siempre lo había sido, recordaba el año que pidió el giratiempo para ir a ese montón de asignaturas. ¿Realmente querría ser medimaga? Acarició la venda de su cuello, no sentía dolor alguno, de hecho, aunque se mostraba reticente a reconocerlo a herida le dolía menos cuando ella le curaba. Le había dejado un par de veces solo para que viera como era, y otro par de veces le había tocado hacerlo porque habían discutido. Pero sin duda alguna prefería que las curas las hiciera ella. Puede que tuviera que darle la razón al medimago y aceptar que tenía un don, pero eso no significaba que él fuera a dedicar su vida al futuro de ella. Ya había perdido bastante tiempo de su vida mirando por el futuro de otros: el de Lily, el de Harry… ¿ahora Granger?, ni hablar.

Cuando volvió a la realidad saliendo de su mundo de pensamientos, ella ya no estaba en el jardín.

-¿hay algo emocionante ahí fuera?

Snape se volvió y no pudo evitar una leve mueca, parecida a una sonrisa burlona, en sus finos labios. Granger tenía el pelo desarreglado bajo el pañuelo que intentaba domar los largos y rebeldes mechones castaños; sus rodilleras estaban embarradas al igual que las deportivas y la camiseta, había pasado por épocas mejores. Parecía haber librado una batalla con el barro y haber perdido.

-solo contemplaba su…actividad matutina. Veo que sigue con su intento de arreglar "el jardín"

-¿Qué quiere? ese jardín parecía el ambiente ideal para un cementerio de película de terror de clase B

-buen trabajo, ahora parece un patatal

Ella le fulminó con la mirada

-inténtelo usted si es tan listo- gruñó ella en respuesta.

Snape quiso contestar, solo por el gusto de quedar sobre ella, pero alguien al otro lado de la puerta se lo impidió.

Hermione, Que seguramente no era consciente de las pintas que llevaba, abrió la puerta.

-Hola Herms

La castaña se lanzó a los brazos de su amigo Harry. Le hacía mucha ilusión que fuera a verla, y aunque no tenía todo le tiempo que querían para pasar un rato juntos hablaban por lechuza a menudo.

-Harry que agradable sorpresa

El chico se rió y la estrechó de nuevo cariñosamente.

-¿Cómo estas aquí?

-la señora Weasley esta empeñada en hacer una especia de reunión en honor a los que acabaron con Voldemort. Es una especie de comida familiar, dice que solo irán los más cercanos pero, ya la conoces. Quería enviarte una lechuza para invitarte a comer el sábado pero, como tenía tiempo libre, pensé en acercarme y decírtelo personalmente.

-Ron me comentó algo, claro que iré.- dijo la castaña arrastrándole al salón.

-creo que voy a cambiarme un segundo ¿esperas aquí Harry?

-si, si espero.

El chico se asomó a la ventana que daba la jardín trasero unos minutos, pero como no había nada que ver, paseó por el salón contemplando los escasos muebles que había, la chimenea no estaba encendida pues hacía calor, aquella casa, era muy lúgubre. Ojala Hermione no tardara mucho más

-Potter. ¿A que se debe el honor de su visita?

El chico se dio la vuelta y se encontró ante al imponente imagen de Severus Snape.

-Profesor…

-ya no soy su profesor, por si no se había dado cuenta, esto no es Hogwarts.

-si, ya…eh…ya

Severus rodó los ojos con hastío, Potter y su locuacidad.

-venía para dar un mensaje a Hermione, señor.

-ahora tiene función de lechuza.

Harry se mordió la lengua por la paz, al recordar escenas puntuales de los recuerdos de Snape, a si que, ya se había recuperado.

-Veo que ya esta mejor. Dijo Harry intentando que el rato que estuvieran solos fuera menos incómodo.

- para la desgracia de muchos. ¿no es eso lo que pone en los periódicos?

- estoy intentando aclararlo todo

-muy heroico por su parte, como siempre. No necesito su ayuda, le aseguro que he sobrevivido perfectamente los últimos diecisiete años de mi vida sin que usted me salvara. O limpiara mi nombre.

Harry y Snape mantuvieron sus ojos fijos en un duelo de miradas.

Hermione irrumpido en aquel momento en el cuarto y se encontró a los dos. A lo mejor no tenía que haberse ido.

-Bueno ¿por donde íbamos?, Harry que despiste igual te apetece tomar…

-gracias Herms, pero le prometí a Ginny que la acompañaría así que no debo tardar mucho.

La castaña le miró con los ojos como platos.

-pero…

-solo venía a darte el mensaje, y a saber tu respuesta, ¿vendrás?

-Claro, si, si.

-Profesor, también esta invitado.

-le aseguro que ni al señora weasley ni nadie que vaya a esa fiesta deseará verme. O pasar una agradable velada conmigo señor Potter

-Y yo le aseguro, que no tiene ni idea de lo que esta habando.

El silencio se instauró en la sala, Snape fulminaba a Harry con la mirada, y el joven le miraba retándole a decir algo, Hermione por su parte miraba de uno a otro como si fuera un apartida de tenis.

-Me alegra verte Hermione, profesor Snape.

La castaña vio como su amigo se dirigía a la puerta de la salida a paso ligero y cuando escuchó la puerta de la calle se volvió hacia Snape. Fulminándole con la mirada.

-¿algo que alegar en su defensa?

Pero el hombre permaneció callado y pensativo. Desde luego, aquella inesperada visita le había dado cosas en que pensar.

El sábado por la mañana amaneció un día espléndido. Hermione se sintió exultante al levantarse. Le apetecía tanto ver a sus amigos…

Y ver a Ron. Para que engañarse, él había estado comportándose muy diferente en las últimas semanas. Le había mandado cartas frecuentemente, había salido con él un par de días, era como si la estuviera conquistando . Desde que se besaron el día de la lucha con Voldemort y los Mortífagos en Hogwarts, no había pasado nada más, ni siquiera lo habían hablado. Ella no iba a dar e primer paso, ya lo dio lanzándose a sus brazos aquel día.

Sería tonto si no hiciera nada. Y había perdido las esperanzas al ver que él parecía haberlo olvidado. Pero ahora Ron había reaccionado, Y se la estaba ganando.

Mientras tanto, tenía otras cosas en la cabeza. Snape, y su cabezonería de no querer asistír a la comida. Realmente aquel hombre le levantaba dolor de cabeza.

-pero lleva sin salir siglos, le vendrá bien socializarse

-le aseguro que no siento la necesidad de juntarme con gente que me odia y que me mirará y cuchicheará de mi todo el raro Granger.

-está invitado

-eso me da el derecho a negarme.

-tiene que salir de Aquí y conocer el mundo de fuera, ahora que quien-tu-sabes ha muerto todo habrá cambiado.

-No

A castaña se desesperó, se sentía tan frustrada, enfadada, y deseaba estrangularle por su testarudez.

-muy bien, es lo que quiere, pues vale, no iremos. Me quedaré aquí, sin ver a mis amigos y todo porque usted no quiere venir. – Snape la miró como quien mira un bicho de especie desconocida. ¿De que estaba hablando?- No, ni siquiera lo insinúe- continuó la castaña- no voy a dejarle solo, la última vez que salí de casa y le dejé solo al volver estaba medio moribundo en la cama con fiebre altísima. Es mi paciente, si se va a morir, al menos estaré presente.

Severus frunció el ceño. Maldita Granger y sus estúpidas ideas. Le daba igual lo que dijera, no iba a ceder.

-No iré y es mi última palabra.

No podía creer que hubiera caído al final en las sucias artimañas de esa maldita Bruja sabelotodo. Tenía que haberse quedado en su casa, a solas, No era su problema si ella se quedaba también por su cabezonería.

Pero no.

Su sentido…su falta de sentido común le había arrastrado hasta esa estúpida comida en la casa de los Weasley.

Hermione llamó a la puerta y esperaron a que les abrieran. Mientras contempló el aspecto de su acompañante, llevaba las mismas estúpidas ropas negras e siempre, túnicas, con mil botones, largas e incómodas para aquel caluroso día de finales de agosto. Se fijó en un par de de botones que estaban desabrochados y sin pensar en el gesto, los abrochó deslizando sus pequeñas manos por la pechera del hombre que la miró sorprendido.

Aquello era…extraño, actuaban como una pareja, discutiendo enfurruñados y atusándose la ropa. Aquel pequeño gesto, natural y espontáneo le resultaba demasiado íntimo.

La joven recolocó el cuello y soltó un par de botones de arriba para dejar que la piel de su cuello recibiera la agradable luz solar y la herida respirara.

-deja que se te vea un poco el vendaje, sabrán lo que hiciste por la guerra, además, contrasta con esas horrendas ropas negras.

¿Sería posible que ella se mordiera la lengua alguna vez y dejara sus comentarios hirientes? No, claro que no, no era posible, se envenenaría sola.

Las manos de la castaña rozaron su piel y sintió el cálido y suave toque de su piel a contra la suya. Por un segundo, contuvo al respiración, para después reprenderse a si mismo por esa estúpia reacción. ¡Por Merlín!, solo era un roce accidental y se comportaba como un adolescente. Ya iban dos veces que hacía eso en a penas unos días. Comenzaba a ser preocupante.

-¿Va a dejar ya de sobar mis ropas Granger?, a este paso las arrugarlas

Los ojos castaños rodaron con fastidio, y tras recolocar un poco más el cuello le soltó

-Cambie esa cara y sonría un poco, parecerá que le cuido mal.

La ceja derecha de Snape se alzó en un gesto irónico, pero una vez más, la puerta se abrió y Potter le quitó la oportunidad de responder.

La cara del chico quedó petrificada en un gesto de incredulidad al ver a Severus Snape al lado de su amiga en al madriguera.

-Vaya…que…sorpresa

-¿le sorprende que los invitados asistan a la comida Potter? – preguntó ácidamente Snape mientras entraba a la casa después de Hermione que ya se encontraba saludando a todo el mundo.

No perdía Tiempo había mucha gente. Estaban todos los hermanos de Ron, saludó a Felur y a Bill, a Charlie, a George, a Percy que estaba al lado del nievo ministro de magia kingsley shacklebolt, Ginny la estrechó con fuerza y la señora Weasley e plantó dos enormes besos en las mejilla y se cansó a pulular a su alrededor preocupada por lo delgada que se había quedado hasta que su marido el señor Wesley la sacó de allí hasta el jardín donde había aún más gente, de los cuales algunos no conocía y otros si. Se encontraba Luna y su padre, Algunos profesores de Hogwarts y algún trabajador del ministerio que conocía de oídas. Había al menos cuarenta personas invadiendo la madriguera.

-Esto es un lío tremendo- dijo Ginny a su lado sonriendo

-si, lo es, suerte que solo es una comida familiar.

- hemos estado toda la mañana cocinando, y los chicos han tenido que montar todas esas mesas.

-podríais haberme avisado, hubiera venido a ayudar.

-ya es igual.

La mirada de Hermione recorrió todo el ajetreo de gente hasta parar justo ante el robusto cuerpo de Ron, que intentaba mover una enorme mesa de madera con la ayuda de Bill, haciendo que sus poderosos músculos se marcaran a través de la camiseta azul. No le recordaba tan guapo.

-…se ha atrevido? , ¿Hermione?- la pelirroja se volvió a su amiga que parecía distraída. -¿me estabas escuchando?

-eh , perdona estaba pensando,¿ podrías repetir?

-decía que no se como has conseguido arrastrar a Snape hasta aquí?

- yo no le he arrastrado- dijo sonriente.

-si que lo has hecho, no hay más que ver su cara.

Hermione se volvió hacia donde residía la mirada de su amiga pelirroja. Severus estaba asomado desde la ventana de la cocina, donde sin duda no habría nadie que le molestara. Apostaba que casi nadie le había visto llegar y que solo unos pocos de los Weasley sabía que había ido. Se levantó de la silla decidida.

-si me disculpas, vengo en un momento

Ginny asintió distraída y fue a buscar conversación con Lunna, mientras Hermione se dirigía hacia donde se encontraba Snape.

Se chocó contra algo duro al intentar entrar por la puerta.

-Lo siento- la voz grave de ron, la sorprendió- no te había visto…

-si, es normal cada vez estas más alto, y no ves so que estamos entre tus rodillas- bromeó ella.

El pelirrojo la dejó pasar pero la reclamó una vez más antes de que desapareciera en el interior de la casa.

-hey Mione, estas muy guapa.

La castaña solo le devolvió la sonrisa. Y entró en el cuarto donde estaba Severus Snape.

El hombre alzó sus ojos oscuros hacia la puerta cuando apareció la castaña con el revuelo de los volantes de su vestido veraniego. Así que Weasley no era tan estúpido como parecía, había escuchado su halago hacia Granger. Y al entrar ella conservaba el rubor en las mejillas.

Lo cierto es que estaba bonita con ese vestido veraniego floreado y el enmarañado pelo recogido en una trenza.

-ocurre algo con mi vestido?- preguntó ella

Snape volvió a la realidad, y se dio cuenta que tení su mirada clavada en la chica.

-¿solo me preguntaba que encuentra de bonito Weasley en ese vestido?- comentó mordaz haciendo que ella se sonrojara.

-al menos no parezco un murciélago toda de negro.

La ceja de snape se alzó en tono burlón. Granger estaba de lo más respondona últimamente, era como si hubiera perdido la autoridad que ejercía sobre ella, según actuaba el recordaba a alguien , así dando órdenes, bromeando de vez en cuando e incluso criticando o ignorando lo que el decía. Ella no el veía como su profesor, le veía como a un igual, y había descubierto que bajo es apariencia de empollona, había una chica de carácter desenfadado, con mucho genio, y de sonrisa fácil.

- ¿Qué hace aquí?

-admirar las vistas al mar- ironizó el

-vamos, no ha venido aquí para estar encerrado solo, vamos fuera.

La voz de la señora Weasley llamando a comer a la gente atravesó el silencio de la sala donde estaban.

-me debe una por esta Granger.

-oh no se preocupe, seguro que ya encontrará la manera de cobrársela- respondió ella sonriendo mientras salían al jardín.

Al salir al jardín, Hermione notó como muchos de los presentes se volvían hacia Snape, y cuchicheaban entre ellos. Le pareció de muy mal gusto, sin embargo era de esperar. Se habían dicho tantas cosas de el en los últimos meses, que la gente no sabía que creer.

Sintió el cuerpo de Snape tenso a su lado , sin embargo ella actuó con la máxima naturalidad y decidió sentarse frente a é para servirle de apoyo. Por fortuna fueron kingsley shacklebolt y MacGonagall, quienes se sentaron al otro lado suyo, a castaña les conocía y sabía que estaban al corriente de la nueva situación de Snape, así que no habría problemas de comentarios indebidos.

Durante la comida la charla fue agradable, se oían las risas y el buen ambiente que había en general, incluso Snape entabló una conversación más o menos fluida con el ministro de magia. La gente aún le miraba con recelo o con curiosidad, pero el sabía hacer callar los murmullos con esa típica mirada de Severus-que –te – jodan Snape

Snape, hababa con kingsley y McGonagall de a situación de Hogwarts y el mundo mágico, un tema que le interesaba pues necesitaba ponerse al día. Sin embargo la conversación, a pesar de ser fluida no hacia que se sintiera a gusto. Estaba un poco incomodo entre tanta gente, tras el impacto de verle aparecer en el jardín, parecían haberse acostumbrado y ahora solo de vez en cuando algunas molestas miradas que intentaba ignorar.

Por el contrario Granger, parecía encantada de todo aquello, no paraba de parlotear con Ginny y Harry y de vez en cuando veía como su mirada se cruzaba con la del idiota-Weasley. Tenía calor, y la herida le daba pinchazos. Maldijo su mala cabeza, había dejado la poción para el dolor en su habitación y no podría tomarla. Pasó su mano distraídamente por el cuello acariciando al zona más dolorida esperando que no fuera a mas.

Vio como Granger removía algo entre sus cosas en el bolso que llevaba e inmediatamente después, su pequeña mano, dejaba junto a su copa un frasco oscuro cuyo contenido conocía muy bien. El hombre miró a la castaña pero ella seguía centrada en una absurda conversación con Luna y Harry. Cogió el frasco y lo miró. Rápidamente volvió a su mente la voz de Alan el día anterior.

Y al alzar la mirada, sus ojos se cruzaron con aquellos ojos miel le miraban con suficiencia y divertidos.

Granger sería una estupenda Medimaga.

Durante el postre, el señor Weasley, se levantó de su asiento y reclamó la atención.

-por favor, Quiero agradecer a todos que hayáis venido. La razón de esta comida era, Brindar por Aquellos que más participación activa han tenido en la caída de quien vosotros sabéis, y ¿Qué mejor manera que hacerlo entre amigos? Propongo un brindis, por todos aquellos que no han llegado a este día, porque han entregado su vida para que nosotros continuemos con la nuestra, luchando con todas sus fuerzas. No solo los que cayeron hace dieciséis años sino so que se han ido ahora, porque gracias a ellos, hoy estamos Aquí. :la gente comenzó a tomar sus copas pero Arthur levantó la mano para indicar que se esperaran- sería justo mencionar también a todo el equipo de aurores y del ministerio que apoyóa ala orden cuando nadie lo hacía, y al nuevo ministro de magia que está sabiendo llevar la situación muy bien. Pero, debo decir, que hay alguien que se lo merece más que nadie: Harry Potter. Aún recuerdo cuando, recogimos a Harry en primer año en el anden 9 y 3/4, solo era un crío despistado que no lograba llegar al andén del tren correcto. No sabía nada de magia ni de magos, y sin embargo, ha sido el único capaz de hacer frente por dos veces al mago que ha aterrorizado nuestra comunidad en los últimos veinte años dos veces. Por eso pienso que deberíamos brindar por él porque gracias a su ayuda somos libres de nuevo. – el señor Weasley cogió la copa de la mesa y todos le imitaron. – por Harry Potter, el niño que vivió, dos veces.

Las risas se extendieron por la mesa y as copas se alzaron de una vez. en honor al chico que les habían otorgado al esperanza de un nuevo futuro.

-Salud.

Hermione vio frente a ella el gesto vacilante de Snape que tan solo tomó un ligero sorbo antes de dejar rápidamente la copa en la mes. Rodó sus ojos con disgusto y suspiró casi imperceptiblemente, en fin, no se podía pedir mucho más, teniendo en cuenta que le odiaba desde siempre.

Los comensales volvieron a sentarse y dejaron las copas sobre la mesa, sin embargo al voz de Molly Weasley atrajo al atención de todos de nuevo.

-Bueno, se que esto no tiene mucho que ver , pero me siento tan orgullosa que quiero compartirlo con todos. Mi Ronald ha recibido una carta de admisión para jugar con los Cuddley Cannons.

Las voces de la gente se alzaron de alegría , los más cercanos a él estrechaban la mano del chico que tenía las orejas como remolachas pero sonreía más feliz que nadie. Aquellos que estaban más lejos le felicitaban y sonreían.

Snape permaneció en su asiento a penas sin moverse contemplando el espectáculo. Típico de Molly Weasley, convertir algo serio en un cotilleo de poca importancia, estaba más inflada que un pavo por el orgullo. En fin , su hijo acabaría como había predicho siete años atrás, jugando con una pelota, para lo único que daba el pequeño cerebro que hibernaba 365 dias del año bajo esa mata de pelo rojo.

Sus ojos oscuros recorrieron la larga mesa contemplando a la gente, hasta parar en la única cara que no sonreía en absoluto.

Hermione Granger, parecía a punto de echarse a llorar.


Antes de nada Lo :( he tenido una serie de problemas que no me han permitido subir la historia hasta ahora

en serio sorry, se que alguna sya estarías mandándome vuestras maldiciones :S pero de verdad que no ha podido ser antes.

este capitulo es un poco de transición, espero que os guste de todos modos

intentaré que el próximo sea pronto y que tenga más acción!

un besazo, y ya sabeis si os gusta o si no , donde podéis criticarme ^^