Esta es una historia que publiqué hace muchos años, pero quedo sin terminar y sin pulir. Estoy publicándola una vez más en una versión corregida y junto al epílogo que nunca mostré por acá. Ocurre un año después del final de Slayers Try y omite los eventos de Revolution y Evolution-R.
Lobo Palabragris
Capítulo 11: Oscuros Rituales
Las batallas en Darkfall habían terminado, la dragón negro Kala finalmente había sido derrotada. Lina estaba realmente agotada por los conjuros que había lanzado y descansaba junto a Gourry, que había resultado herido en los combates pero había sido sanado con magia, Amelia había caído inconsciente por el uso consecutivo de barreras que le demandaban una energía extraordinaria y recién empezaba a incorporarse al lado de Zelgadis, también agotado por el uso de sus poderes para mantener ocupada la caótica mente de Kala, Filia y Xellos estaban más agotados emocional que físicamente, pero también suspiraban aliviados de que el conflicto hubiese terminado, de que los variados conflictos hubiesen terminado y quedado en el pasado.
Las tierras que alguna vez formaron uno enorme y tétrico pantano, abandonado al sur oeste de Seyruun y al que nadie se atrevía a acercarse por los impensables horrores que ahí se ocultaban, era ahora un gigantesco cráter ardiente en el medio de la nada. Quizás con el tiempo, ya sin la corrupción de Kala, la naturaleza podría limpiar el lugar de su maldad, reclamarlo, restablecerlo. Quizás hermosos árboles y aguas frescas podrían eventualmente adornar aquellas tierras. Como había ocurrido tantas veces en el pasado, era la naturaleza la que debía reparar los daños causados por criaturas que parecían empeñadas en usar sus habilidades para destruir lo que les rodeaba, las criaturas del mal y las batallas en su contra continuaban dejando sus huellas. De momento, los héroes sólo deseaban alejarse de la tierra quemada y del humo, retirarse de aquél infierno. Descansar un poco, olvidar por un momento que esa había sido sólo una batalla más y que lo peor aún estaba por venir. Restaba el líder del Triunvirato, Hound, aún más batallas se asomaban en el horizonte.
Mientras tanto, en las cámaras oscuras y frías de la fortaleza subterránea del Abismo, enterrada bajo las arenas lejanas del este, el mismo demonio Hound planeaba su ofensiva definitiva. Miles de demonios menores y bestias monstruosas acampaban en el desierto de su superficie, junto a las enormes grutas de roca que se alzaban como las fauces demoniacas de la tierra misma y que formaban las entradas al lugar. Por extensas escaleras de piedra, cientos de demonios subían hacia la superficie, criaturas invocadas a Abismo por el portal demoniaco abierto por los hechiceros oscuros. Espectros y monstruos traídos de tierras lejanas, otros traídos de dimensiones diferentes, bestias preparadas hacía siglos y que ahora eran despertadas.
El líder de la fortaleza y templo demoniaco escuchaba el reporte de un demonio humanoide de figura extremadamente alta y delgada, cubierto por una túnica negra que dejaba ver su pálido rostro y sus ojos totalmente blancos, uno de los Invocadores del Olvido, sus hechiceros más poderosos. Su grupo había estado a cargo del portal, incluso durante los intentos de Kala por usarlo para sus propios fines, y en ese momento explicaba los hallazgos y el estado del portal y de la magia que lo sostenía.
— [ Como predijo, la dragón intentó usar el portal para reunir partes de los dioses malignos ] — se escuchó la voz profunda del demonio sin que éste moviera sus labios, mientras miraba fijamente a su maestro. — [ Creemos que efectivamente intentaba invocar a La Bestia. ]
— [ Como imaginé... ] — contestó mentalmente el demonio líder, también sin mover los labios. — [ Sin embargo la subestimé, no pensé que llegaría tan cerca. ]
— [ En cualquier caso, el portal está contenido y, como pidió, conservamos las extensiones que la dragón realizó ] — continuó el hechicero demoniaco.
— [ Perfecto. Lo que realmente deseamos traer era demasiado grande para el portal original, pero con las energías mágicas que Kala reunió, podemos traerlos y comenzar nuestra marcha ] — el anciano bajo ligeramente la mirada y juntó sus manos, con una expresión casi de lástima en el rostro. — [ Pero es una lástima... esa niña era un recurso valioso. ]
De pronto se escuchó el crujido del metal oxidado cuando las pesadas puertas de la habitación del trono demoniaco se abrieron lentamente. Un acólito de ropas púrpuras, piel pálida y cabello gris entro con la mirada clavada al suelo y un paso solemne. Luego de dar unos pasos, el recién llegado se postró en el suelo y anunció que tenía un mensaje.
— Mi señor, el último grupo de demonios que esperaba ya ha llegado — explicó el mensajero con una voz algo temblorosa. — Están siendo guiados a la superficie con los demás en este momento. ¿Desea que el portal sea cerrado ahora, mi señor?
— [ ¡No! ] — retumbó la voz de Hound en la mente del recién llegado, que puso una expresión de pánico. Sabía bien que otros acólitos habían sido convertidos en cenizas con un pensamiento de su líder por importunarlo y no deseaba ser sacado con una escoba del tétrico salón. El anciano demonio se levantó de su trono y miró fijamente por unos segundos al Invocador del Olvido, que salió luego de haber recibido sus órdenes silenciosamente, luego se dirigió al mensajero hablando en voz alta. — El portal será usado una vez más. Quiero que las tropas se preparen, marcharemos pronto.
El demonio de púrpura escuchó las palabras del demonio mayor y asintió con cada frase. El largo cabello blanco de su líder se retorcía con cada una de sus palabras como si respondiera a sus emociones, y sus dedos huesudos con largas uñas golpeteaban a un lado del trono con impaciencia.
— Ve con los demás acólitos y demonios a la superficie, sólo nos quedaremos los Invocadores y yo. Preparen los artefactos de asedio, los quiero listos para partir ya. — continuó el gran demonio con un tono impaciente. — ¡Ve!
El acólito continuó escuchando con atención, pero fue apurado por su líder cuando se preparaba a responder, por lo que se levantó apresuradamente, retrocedió unos pasos mientras agachaba la cabeza atemorizado, y se retiró con rapidez para cumplir las órdenes. El líder, mientras tanto, realizó un gesto de la mano y una bola de cristal que descansaba sobre un altar a un lado del trono, se levantó y comenzó a flotar por los aires a su lado. Luego, se dirigió a la habitación del portal seguido por el artefacto cristalino.
— No puedo creer que hayas planeado invocar a la Bestia, niña. Tu muerte es casi dolorosa... — pensó el demonio en su camino al salón mágico. — Me tomó tanto tiempo prepararte, malagradecida, miserable. Podrías haber sido mucho más útil.
En el interior de la gran habitación de suelos cubiertos por runas y formaciones mágicas y con el oscuro portal al centro, rodeado ahora por un borde de flamas rojas, se encontraban reunidos los doce Invocadores del Olvido. Cada uno de los demonios hechiceros tenía su esquelético cuerpo cubierto por idénticas túnicas negras y todos con similares tonalidades pálidas, casi blancas, en la piel. Algunos permanecían con los ojos misteriosamente cerrados en todo momento, mientras otros miraban con sus globos oculares sólidamente blancos.
— [ Ha llegado el momento ] — anunció en la mente de todos los presentes el líder demoniaco.
De pronto Hound y sus invocadores sintieron un estremecimiento, alzaron las cabezas y miraron en la dirección del portal, todos al mismo tiempo, como atraídos por un llamado de ultratumba que sólo ellos pudieron escuchar. El líder se adelantó hacia el altar del que emanaban las flamas que mantenían abierta la fisura dimensional, y llamó a su hechiceros alzando las manos.
— [ Aquí vienen ] — escucharon los pensamientos del antiguo demonio, mientras el cristal que flotaba a su lado se ubicaba sobre las flamas del altar, controlado por la fuerza espiritual de su dueño. — [ ¡Prepárense! ]
Los doce hechiceros demoniacos rodearon la formación mágica e imitaron el gesto de su líder alzando las manos, dejando que sus energías fluyeran hacia la esfera de cristal negro al centro de la formación. El objeto empezó a palpitar mientras recibía las fuerzas arcanas de los demonios, y de pronto comenzó a cambiar de color. Adquirió la misma tonalidad rojiza de los bordes del portal, y largas lenguas de flamas salieron de su interior y se dirigieron hacia la apertura sombría. Las flamas comenzaron a tirar y a extender la apertura con furia, a rasgar el espacio mismo a su alrededor, y a quemarlo con las flamas diabólicas. En segundos, el portal tenía casi tres metros de altura y se encendió con las mismas llamas que lo rodeaban, convirtiéndose en un enorme disco de flamas incandescentes.
Un rugido aterrador se escuchó desde el otro lado de la puerta dimensional, causando que las flamas escarlata bailaran. Luego una figura amenazadora extendió una larga y huesuda pierna hacia la cámara de invocaciones, seguida por el resto de un cuerpo humanoide, pero para nada humana. El individuo que salió del portal tenía más de dos metros y medio de altura, la piel amarillenta y con el aspecto de la roca, vestía una armadura metálica llena de figuras abominables, un yelmo adornado con enormes cuernos que oscurecía su rostro pero dejaba ver las flamas rojas de sus ojos, y en sus manos huesudas sostenía una espada terrible con un cráneo en el pomo. La imponente figura miró a su alrededor sin decir una palabra, luego dio unos pasos en dirección a Hound y se paró frente al anciano, con la punta de su espada descansando en el suelo y ambas manos sobre el mango.
— [ Salve Hound, futuro Amo de los Infiernos. Los Caballeros del Olvido han llegado ] — pudieron escuchar tanto los invocadores como su líder en sus mentes. — [ Condenación para todo el que se oponga. ]
Al minuto siguiente, otra figura similar salió del portal, luego otra, y otra más. Doce caballeros terribles como el primero salieron del portal y se ordenaron frente a Hound. Cuando el escuadrón acabó de formarse frente a su líder, los Invocadores del Olvido comenzaron a conjurar nuevamente para cerrar el portal. Poco a poco drenaron parte de las energías acumuladas en el cristal de su líder, que comenzó a perder su color rojo y adquirir un tono cada vez más apagado. Al mismo tiempo, las flamas del portal comenzaron a reducirse y la grieta empezó a cerrarse, dejando sin embargo pequeñas flamas largas como estrías en el aire a su alrededor. Luego de unos segundos, la puerta negra se había cerrado por completo, pero el espacio que había ocupado quedó repleto de pequeñas grietas aún visibles y que torcían ligeramente la luz mágica del lugar, señales imborrables de la magia utilizada. Luego de terminar, los invocadores se formaron un paso más atrás que los caballeros oscuros, mientras el cristal mágico volvía a flotar hacia su dueño y se mantenía levitando a su lado.
— [ Ustedes son mis bestias de combate, mis generales ] — exclamó Hound sin mover los labios y con una mirada amenazadora. — [ Secretamente se han preparado por siglos, entrenando, alimentándose de otros demonios. Ahora están listos para unirse a la lucha una vez más. ]
Los caballeros agitaron sus espadones y lanzaron gruñidos aterradores en respuesta, los invocadores asentían en silenció más atrás. Luego de unos segundos el líder alzó una palma antes de continuar hablando en las mentes de sus seguidores.
— [ Invocadores del Olvido, mis hechiceros. Caballeros del Olvido, mis guerreros y generales. El momento ha llegado para que este mundo caiga. El mundo completo nos pertenecerá, incluso los Señores Oscuros bajarán la cabeza en nuestra presencia, ¡Nadie nos detendrá! ] — exclamó Hound y, una vez más, los caballeros alzaron las espadas, los invocadores levantaron sus puños también, pero el anciano una vez más levantó una palma para hacer silencio. — [ Pero antes, queda un obstáculo más que eliminar. ]
El anciano realizó un gesto con su mano derecha y la esfera de cristal que flotaba a su lado se ubicó frente a su palma, brilló por un momento y proyectó un cono de luces fantasmales que formaron una figura en el aire. En la figura se veía un camino poco transitado entre árboles dispersos y al grupo de justicieros caminando con tranquilidad, con Lina en el centro de la escena, acercándose a las primeras casas de un pequeño poblado.
— [ Estos son los humanos que destruyeron al gran Fibrizo, los campeones más poderosos de este mundo ] — explicó Hound a sus seguidores, y sus pensamientos se oyeron agrios en sus mentes por su odio y repulsión. — [ Deben ser destruidos, todos excepto por la mujer de rojo. ]
De pronto se escuchó un breve golpe en una de los enormes portones que daban a la cámara de las invocaciones. Antes incluso de que se oyera el sonido, el anciano ya miraba fijamente hacia la puerta, que se abrió respondiendo a un sencillo movimiento de su mano. Uno de los acólitos de túnicas púrpura y rostro pálido entró a la habitación con la mirada clavada en el suelo e hizo una pequeña reverencia antes de hablar con una voz temblorosa.
— Mi señor, tenemos noticias de la legión del general Gorath que marchaba hacia aquí. ¿Desea que continúen su marcha y que se nos unan en la superficie?, ¿O prefiere que preparen un campamento de avanzada?
— No, yo mismo me comunicaré con su capitán, tengo planes para ellos — respondió Hound en voz alta. Luego extendió un largo dedo huesudo y apuntó a uno de los feroces caballeros demoniacos. — La mujer, tú la traerás hasta aquí.
— Llama a otro acólito de inmediato, ustedes dos se unirán al Caballero del Olvido en su tarea — ordenó esta vez al mensajero que acababa de entrar, que alzó la cabeza por un segundo, pero asintió al momento siguiente. — ¡Partan de inmediato!
El caballero salió de la formación con un saludo y se dirigió en compañía del acólito, casi un metro más bajo, en busca de otro demonio hechicero para partir en la tarea que su señor les había encomendado.
— [ Mis generales, es hora de partir, la ofensiva ha comenzado ] — anunció el demonio indicando hacia el portón abierto. Los once guerreros enormes comenzaron a marchar hacia la salida y en dirección de las escaleras que subían hasta la superficie. — [ Invocadores, ustedes prepararán los conjuros y los dispositivos de guerra, vayan. ]
Los doce hechiceros élite del demonio siguieron a los caballeros en una larga y tétrica fila. Mientras los demonios salían para cumplir sus órdenes, el demonio hizo levitar una vez más la esfera de cristal, esta vez frente a escasos centímetros de su rostro, y cerró los ojos para comunicarse a distancia con los capitanes de la legión que había sobrevivido a la batalla de Luna de Sangre. Planeaba una nueva estratagema para sobreponerse a la pérdida de Jun Gorath, y sus últimas tropas serían una pieza más en su tablero de juego.
En las afueras de un pequeño poblado, el grupo de Lina se acercaba a las primeras casas por un estrecho sendero en busca de un lugar para descansar esa noche. Por el momento viajaban a pie mientras recuperaban sus fuerzas, al día siguiente planeaban utilizar medios más rápidos para reunirse con las tropas de la legión blanca. Discutieron la posibilidad de confiar nuevamente en los poderes de Xellos para desplazarse por el plano astral, pero era arriesgado que los dragones que viajaban con los soldados humanos se percataran de la magia demoniaca, por lo que decidieron confiar en un conjuro de Filia que podría transportarlos hasta el lugar mismo donde se encuentren sus aliados.
— Busquemos una posada por aquí — pidió Lina apuntando hacia las casas que se agrupaban unos metros más adelante por el camino. — Descansemos esta noche y partamos mañana por la mañana.
Los combates del día anterior habían cobrado su cuota en los héroes, y no habían tenido la oportunidad de descansar en una verdadera cama en muchos días, sólo deseaban una pausa. Sin embargo, todos en el grupo tuvieron el presentimiento de que su descanso tendría que esperar cuando sintieron una presencia maligna acercándose, la sensación del odio y del temor. A escasos metros, el espacio mismo pareció oscurecerse y unas figuras humanoides salieron de las sombras. La silueta impresionante del Caballero del Olvido, con los enormes cuernos que coronaban su yelmo y la descomunal espada en sus manos se hizo visible, acompañado de dos figuras con proporciones humanas pero cubiertos de túnicas de un color púrpura oscuro.
— [ Ríndanse y su muerte será rápida ] — retumbó una profunda voz ajena en las mentes de Lina y sus compañeros. El enorme caballero oscuro avanzó un paso de inmediato y alzó el enorme espadón que sujetaba con ambas manos.
— ¿Qué son estos? — preguntó Lina.
— Los de los lados son demonios menores poseyendo cuerpos de hechiceros humanos fallecidos... — respondió Xellos mirando detenidamente las ascuas carmesí que formaban los ojos del caballero. — El del medio, sin duda es poderoso, pero no estoy seguro...
— Y uno que controla la telepatía, por lo menos — comentó Zelgadis mientras que, al igual que sus compañeros, se preparaba para combatir.
— [ Pero si eres Xellos, el asesino de dragones... ] — continuó el espadachín demoniaco y las flamas de sus ojos brillaron y se extendieron por fuera de su yelmo de forma amenazadora. — [ ¿Acaso no reconoces lo que soy? ]
— No puede... ser —murmuró el sacerdote demoniaco al darse cuenta de la naturaleza de su enemigo.
— ¿Qué?, Xellos, ¿Qué pasa? — preguntó Filia con cierta preocupación en el rostro al ver a su compañero retrocediendo un paso y con una expresión sorprendida.
— He escuchado rumores... de un grupo de demonios que se separó de la jerarquía hace siglos. Formarían una unidad especial que acataría las órdenes del consejo completo sin deberle su lealtad a ninguno de los reyes demonio... — explicó Xellos con los ojos bien abiertos y un tono dudoso. — Caballeros del Olvido, se dice que continúan aumentando sus poderes devorando a otros demonios hasta el día de hoy.
— Se supone que los demonios siempre sirven a la jerarquía de sus creadores, ¿Cómo es eso posible? — preguntó Lina incrédula.
— No lo se, fue un plan de Firbrizo de hace siglos, pensé que sólo eran rumores — contestó el sacerdote oscuro a su lado.
— [ Somos muy reales, pueden estar seguros ] — volvió a pronunciar en los corazones de los aventureros el enorme demonio frente a ellos. — [ Pero ya es suficiente de esto. Tú, mujer, mis órdenes son llevarte conmigo ] — dijo apuntando a Lina con un largo y huesudo dedo.
— ¿Ah?, ¿Yo?... ¿Por qué? — preguntó extrañada la hechicera con los ojos muy abiertos y un rostro de sorpresa.
— [ Xellos, si deseas unirte a nosotros puedes venir también, es tu única oportunidad de salir de aquí con vida. Los demás morirán ahora ] — continuó el rival dirigiéndose al sacerdote demoniaco sin responder a los reclamos de la joven.
— ¡Hey, tú!, sucio demonio, ¿Cómo te atreves a hablarle así a nuestros amigos?. Retráctate o serás destruido, la justicia triunfará — desafió Amelia apuntando al demonio con un enérgico dedo índice y algo de vergüenza en el rostro.
— [ Si desean pelear, está bien por mí ] — anunció el caballero demoniaco ignorando a la princesa y mirando fijamente a Lina. — [ Mis órdenes son llevarte viva, no entera. ¡Prepárense! ]
Los acólitos que acompañaban al caballero se pusieron a la defensiva y comenzaron a conjurar sin perder el tiempo. Los héroes se prepararon también, con Gourry y Xellos adelantándose mientras sus compañeros empezaban a reunir sus energías para usar sus poderes.
— Maldición — se lamentó Lina con las manos empuñadas, mientras las energías arcanas generaban pequeñas flamas a su alrededor. — Tendremos que pelear de nuevo.
La hechicera de rojo apuntó a los enemigos con las palmas de sus manos cubiertas de energías mágicas mientras conjuraba, y una ráfaga de flechas de fuego salieron disparadas hacia los enemigos. Uno de los demonios menores realizó rápidamente un movimiento de sus manos y una lluvia de proyectiles de hielo salieron al encuentro del ataque de Lina, desintegrando cada una de sus flechas y dejando una nube de vapor en su lugar. Los héroes aprovecharon la confusión para separarse y lanzarse al ataque, pero ambos demonios menores también continuaron conjurando en medio de la neblina.
— ¡Voru Ga Duga! — exclamaron con voces profundas los delgados hechiceros demoniacos y pequeños portales oscuros aparecieron entre las sombras, de los que salieron dos enormes bestias como perros monstruosos con la piel gris oscuro y el aspecto del caucho, ojos rojos y flamas saliendo de sus bocas, sabuesos infernales.
Ambos animales se lanzaron hacia los héroes, uno avanzó por un lado del camino para flanquear a los héroes mientras el otro corrió directamente hacia Lina. Gourry se interpuso de inmediato en el camino de la bestia, con la espada lista para enfrentara sus fauces. Zelgadis, que había permanecido cerca de Amelia hasta el momento, se adelantó hacia el perro que corría por un lado para detenerlo. Xellos esta vez no se mantuvo como espectador, y se lanzó sin dudarlo contra el Caballero del Olvido al centro de la formación enemiga, armado con su bastón y el aura oscura que lo rodeaba. Un poco más atrás, Amelia y Lina empezaban a recitar conjuros ofensivos mientras Filia concentraba sus energías mágicas en un aura dorada que la rodeaba y se concentraba en sus manos, lista para apoyar el ataque de sus aliados.
El choque del bastón de Xellos contra el enorme espadón del enorme demonio resonó con estruendo, el caballero mostró su ventaja sacando de balance al sacerdote, en lugar de continuar su ataque de inmediato, el guerrero demoniaco se detuvo por un segundo dándole la oportunidad de que se se recuperara para continuar con el combate.
— Eres poderoso... — comentó Xellos con la voz forzada mientras recuperaba el equilibrio. — Pero eso no será suficiente.
Inesperadamente, el sacerdote oscuro saltó hacia un lado y rodó por el suelo en lugar de continuar la lucha cuerpo a cuerpo, al tiempo que un rayo dorado era lanzado hasta su posición. Desde varios metros más atrás, Filia apuntaba con las manos y dirigía su ataque sagrado hacia el pecho del caballero. El demonio se vio envuelto en una poderosa explosión al recibir el ataque directamente, pero al segundo siguiente, el brillo rojizo de sus ojos hizo visible entre las luces y el humo. El caballero, aparentemente ileso, miró por un momento a la dragón con desprecio, para luego volver a dirigir su atención a Xellos, alzando su espadón para volver a lanzarse al ataque.
Entre tanto, Zelgadis enfrentaba uno de los perros infernales con la espada en una mano, potenciando sus movimientos con poderes espirituales. El hombre quimera intentaba insistentemente asestar una estocada exitosa, pero la bestia se movía con una agilidad impresionante y su piel tenía una dureza antinaturalmente fortalecida por la magia de los demonios. De pronto y luego de esquivar uno de los ataques de la espada, el animal retrajo la cabeza y las flamas comenzaron a asomarse en su hocico abierto, mientras se preparaba para escupir un cono de fuego.
— Ni siquiera lo pienses, bestia — dijo Zelgadis con tedio en la voz. Alzó la mano libre y apuntó a la criatura mientras concentraba sus poderes, para luego cerrar el puño con rapidez. Las fuerzas invisibles de los poderes espirituales apretaron desde todas las direcciones el cuello de la bestia, que cerro sus fauces con un gruñido ahogado antes de poder expeler sus flamas. Aún sujeto por sus fuerzas espirituales, el hombre tiró con el puño acercando a su oponente como si lo tuviese sujeto por una correa. Tan pronto estuvo a la distancia correcta, lanzó la punta de su espada en una estocada ascendente que finalmente pudo perforar el pellejo y atravesar el torso de la criatura.
— [ Amelia, el demonio hechicero ] — indicó el espiritista a su compañera, apuntando con la espada al acólito que había invocado al sabueso infernal y que se preparaba para realizar algún otro conjuro.
— Ya estoy en camino — le respondió la princesa en voz alta, corriendo ya a su lado en dirección al invocador. Sus puños estaban cubiertos por la luz brillante de sus poderes mágicos, con los que se preparaba para enfrentar directamente al demonio. — [ ¡Cúbreme! ]
A unos pocos metros de distancia, Gourry hacía lo suyo contra el perro infernal al que le había bloqueado el camino, a sólo pasos de Lina. Las runas de la hoja sagrada brillaban con una luz purificadora que sin duda le permitiría atravesar al monstruo, pero la velocidad excepcional con la que saltaba de un lado a otro hacía difícil asestar golpes efectivos.
— Gourry, puedo destruir a esta criatura con un conjuro, pero necesito que lo pares por un momento — avisó Lina un poco más atrás del caballero.
— Si pudiera pararlo ya lo habría matado yo mismo — reclamó el guerrero esquivando una mordedura a una pierna con un pequeño salto y lanzando un contraataque.
Luego de un par de pasos tuvo al fin a la criatura en el ángulo y distancia correctos para lanzar una estocada, pero en ese mismo momento una pequeña esfera de flamas se acercó desde las manos del acólito que minutos antes había conjurado a la criatura. En un segundo y justo antes de alcanzar a lanzar su espada, la esfera estalló en una enorme bola de fuego que obligó al guerrero a saltar nuevamente y rodar por el suelo para evitar el área de efecto. Lina se cubrió con una pequeña e improvisada barrera mágica que evitó el daño, pero agotó su paciencia por completo. Segundos después, el insistente sabueso infernal salió de entre las flamas aparentemente sin daños y volvió a lanzarse contra Gourry.
— ¡Lanza de Hielo! — conjuró rápidamente la hechicera reuniendo una considerable masa helada en las manos y lanzándolas contra la criatura que atacaba a su compañero. El impacto no alcanzó a destruir al monstruo, pero congeló la mitad de su cuerpo dejando las patas traseras firmemente pegadas al suelo.
— ¡Ahora si! — exclamó Gourry parándose de un salto y lanzándose contra la bestia medio congelada y con flamas saliendo de su boca. Alzó la espada y la dejó caer con todas sus fuerzas a un lado de la criatura atravesándola y cortándola en dos. — Esto esta mejor.
— No hay tiempo para descansar, al hechicero, ¡Al hechicero! — lo apuró Lina adelantándose hacia el demonio que les acababa de lanzar una bola de fuego. El caballero de inmediato se lanzó a la carrera tomando ventaja, con la espada en ambas manos y la mirada fija en el hechicero demoniaco a un lado del camino.
Al centro de la batalla, Xellos continuaba intercambiando golpes con el Caballero del Olvido que balanceaba el espadón de un lado a otro y lanzaba largas estocadas que obligaban al sacerdote a moverse constantemente para evitar quedar empalado. Filia había decidido acercarse para intentar algún ataque más poderoso, dado que sus conjuros anteriores habían resultado inefectivos contra el monstruo.
— ¿Puedes detenerlo un momento? — preguntó la dragón tan pronto se acercó a unos pasos del duelo de Xellos con el caballero demoniaco.
— Puedo intentarlo pero... — respondió el sacerdote, pero se vio obligado a cortar su frase para esquivar un espadazo. — Sólo por un segundo.
— Anak, Sarum, Natak, Sakum... — comenzó a conjurar de inmediato la joven con ambas manos levantadas, mientras las energías divinas se reunían a su alrededor.
Xellos se enfocó en dar varios golpes rápidos para impedirle el avance al oponente, que luego de recibir algunos de los ataques lanzó un poderoso espadazo descendente. El sacerdote evitó el golpe usando sus poderes para dar un pequeño salto por el plano astral, desapareciendo entre sombras de su posición y reapareciendo un par de metros más atrás. Mientras el espadón de su oponente descendía hasta casi tocar el suelo, el demonio reunió sus poderes y una docena de pequeños conos hechos de sombras aparecieron a su alrededor y comenzaron a girar y a retorcerse. Con un rápido movimiento de la mano arrojó los proyectiles como un enjambre de furiosos insectos negros que volaron y comenzaron a hostigar al caballero demoniaco y lo obligaron a cubrirse para evitar el daño y agitar su espada para detener algunos de los ataques.
— ¡Desintegración Caótica! — terminó al fin de conjurar la dragón dorado mientras enormes flamas doradas salieron de sus palmas y comenzaron a rodear al enemigo sumándose al ataque del sacerdote oscuro.
La llamarada amarilla engulló en un segundo al caballero y formó un pilar de luz cegadora, que obligó a retroceder a los demonios cercanos, incluso Xellos tuvo que cubrirse el rostro y retroceder antes los poderes divinos. Luego de un momento, el poder divino comenzó a debilitarse y a apagar su resplandor, pero tanto el demonio como la dragón mostraron rostros de preocupación cuando la luz finalmente desapareció, dejando la oscura figura del Caballero del Olvido, aún de pie y sujetando firmemente su espada. Su armadura estaba dañada y una gran cantidad de humo negro salía de su cuerpo como sangre manando de las heridas, pero de pronto los ojos rojos de la criatura se encendieron con una luz más intensa, y su cuerpo comenzó a repararse. En segundos, el guerrero demoniaco dio un paso al frente y volvió a levantar su espadón, con su cuerpo y armadura restaurados.
— No es... suficiente... necesitamos algo más fuerte — comentó entrecortadamente Xellos, con los ojos bien abiertos ante el imponente rival que enfrentaban.
— Tengo una idea pero... — comenzó con la voz dudosa la sacerdotisa a su lado, pero finalmente se le acercó un par de pasos y sujetó su mano. — ¿Confías en mí?
— Por supuesto, ¿Qué estas pen... — Xellos la miró por un momento a los ojos, entendiendo su intención sin mediar palabras. Apretó la mano de su compañera y volvió a mirar al caballero demoniaco que se les acercaba. — Esta bien, intentémoslo.
Filia volvió apretar la mano de su compañero, mientras se llevaba la otra mano al pecho y cerraba los ojos. Con un largo suspiro, empezó a concentrar las energías sagradas en su propio cuerpo para servirles de conducto, sin iniciar ningún conjuro. A su lado, Xellos hizo lo mismo y comenzó a concentrar sus propias energías demoniacas, moviéndolas del plano astral al mundo físico, formando una neblina oscura a su alrededor. Con sólo unos segundos de tiempo antes de que el rival los alcanzara con su espada, la cantidad de poder que podían reunir era limitada, pero debían enfocar toda su concentración para mantener el flujo estable. La pareja alzó las manos entrelazadas entre ambos y comenzaron a dirigir sus energías hacia el punto de contacto. Poco a poco, sintieron los flujos arcanos de su compañero y comenzaron a reunir ambos poderes en una esfera de flamas negras y doradas que se arremolino en sus manos tomadas. Al fin abrieron los ojos, uno rodeado por flamas doradas y el otro cubierto por sombras, y dirigieron el poder combinado hacia adelante como un torbellino de la magia sagrada y demoniaca fusionada.
El cono de sombras y luces doradas se extendió y alcanzó al Caballero del Olvido que, sin tiempo para evitar la sorpresiva explosión mágica, llevó su espada al frente para intentar frenar el ataque que lo rodeó y comenzó a carcomer rápidamente su armadura. La pareja continuó haciendo fluir sus poderes mágico y se concentraron al máximo para mantener el torbellino estable, pero lentamente sus cuerpos comenzaron a ceder ante la presión de la fusión. De pronto un hombro del sacerdote demoniaco crujió con fuerza y una lengua de sombras pareció brotar de su interior rompiendo parte de su forma y causándole una expresión de dolor. A su lado, la luz dorada que salía de los ojos de la dragón comenzaron a temblar de forma irregular. Un fuerte dolor se apoderó de Filia mientras sentía que la sangre empezaba a brotar como lágrimas y a caer por su rostro, el dolor de su pecho se hacía cada vez más fuerte, hasta que finalmente se retorció con una fuerte tos y la sangre brotó también de su boca. Viéndose obligados a detener el flujo de poder, la pareja cesó su ataque y el tornado de poderes combinado se disipó. Tanto Xellos como Filia cayeron de rodillas, una con sangre cayendo por su rostro y el otro manado un líquido negro y espeso por varias grietas pequeñas en el cuerpo.
— ¿Estas bien? — preguntó exhausto el sacerdote oscuro intentando ponerse de pie. La dragón asintió en silencio mientras se limpiaba la sangre de la boca.
— Tenemos... que practicar esto — respondió al fin la joven luego de recuperar el aliento. Frente a ellos, el demonio monstruoso aún continuaba con vida, pero había caído al fin de rodillas, su casco y su armadura severamente dañadas, su espada hecha trizas en el suelo.
Unos metros a un lado del camino, Amelia casi había llegado hasta el delgado demonio de túnica púrpura que la miraba con ojos furiosos mientras conjuraba. A escasos pasos de su blanco, sintió una presencia peligrosa justo al frente al tiempo que escuchaba la voz alarmada de Zelgadis en su mente.
— [ Cuidado, esta terminando otra invocación, ¡Aparecerán ahora! ]
— ¡Necro Vood! — terminó de conjurar el acólito un segundo después de la advertencia del espiritista mientras lanzaba un puñado de cenizas al frente.
Tan pronto el polvo tocó el suelo a los pies de la princesa, un círculo de sombras se formó a su alrededor del que comenzaron a salir media docena de esqueletos. La joven alcanzó a reaccionar saltando hacia un lado para evitar ser atrapada por las manos esqueléticas que salían del suelo ennegrecido, y sólo segundos después las seis figuras humanoides estaban de pie y listas para el combate.
— Detengan a la humana, ¡Mátenla! — ordenó el invocador con una voz rasposa y apuntando con un dedo a la joven. Sus muertos vivientes se lanzaron sin dudas al ataque dando zarpazos de un lado a otro mientras caminaban con pasos lentos, pero formando un semicírculo a su alrededor intentando rodearla.
— [ Los detendré un momento para que los destruyas ] — le dijo mentalmente Zelgadis que ya estaba concentrando su poder espiritual para manifestarlo en el mundo físico.
— [ Pero el hechicero... ]— reclamó la joven intentando mantener a raya a los esqueletos con golpes de sus puños cubiertos de magia blanca.
— [ No te preocupes por él, tan pronto te encargues de los esqueletos lo detendré también ] — respondió su compañero iniciando su ataque. Apuntó con ambas manos hacia las criaturas que atacaban a la princesa e imaginó una docena de cadenas saliendo del suelo y rodeando a las criaturas, atándolas al suelo mismo, mientras su energía espiritual fluía en su dirección. Con un brusco movimiento empuño ambas manos, y sus energías se convirtieron en fuerzas invisibles que retuvieron las piernas huesudas de los enemigos y les impidieron caminar. Mientras los muertos vivientes intentaban inútilmente tironear para liberarse y avanzar hacia su blando, Amelia se alejó de un salto y disipó el conjuro que cubría sus manos para preparar un hechizo más poderoso.
— Vagabundos eternos que no son de este mundo, pobres criaturas retorcidas... — comenzó a recitar la princesa con las palmas juntas frente a su pecho como si rezara, mientras las energías arcanas se reunían a su alrededor y comenzaban a brillar con una cálida luz blanca. —- ...Por la luz purificadora, les ordeno que se marchen al nexo de este mundo con el otro, ¡Bendición Sagrada!
Al terminar su conjuro, la joven apuntó con ambas palmas hacia adelante y la luz que se había reunido a su alrededor se extendió cubriendo una amplia porción del suelo, y luego estalló en un enorme pilar de luz. Los esqueletos aún atrapados por los poderes espirituales de Zelgadis fueron vaporizados al instante, y el acólito demoniaco se vio obligado a retroceder cubriéndose los ojos, cegado por la luz y debilitado por el conjuro. En su mejor estado, Amelia podría haber cubierto una ciudad completa con tal conjuro y ahuyentar incluso a los hechiceros demoniacos, pero los combates consecutivos que habían enfrentado últimamente había mermado sus fuerzas y a penas pudo afectar un área de poco más de una decena de metros de diámetro.
— [ No te preocupes por el invocador, ya lo tengo ] — dijo en la mente de la princesa Zelgadis, sintiendo la preocupación de la joven por sus limitadas energías. Él mismo sentía también el desgaste de los combates anteriores y temía que sus poderes pudieran ser insuficientes para un combate extendido, pero confiaba en su capacidad de bloquear mentalmente a un acólito demoniaco sin demasiados problemas. Concentró sus poderes y se extendió en el plano astral para iniciar un combate espiritual con el fin de detener, con un poco de suerte controlar, al invocador demoniaco.
En el flanco opuesto del camino, Gourry y Lina corrían hacia el segundo hechicero demoniaco, que ya había lanzado una serie de delgados rayos de sombras para intentar detener a los héroes. La hechicera se detuvo a unos metros de distancia para comenzar a conjurar mientras su compañero continuaba la carrera, saltando y lanzando espadazos para evitar o detener los conjuros ofensivos. Una ráfaga de flechas de fuego lanzadas por la joven de rojo obligó al demonio a detener sus ataques para defenderse, y le dio la oportunidad al espadachín de acercarse para pasar a la ofensiva, pero antes de que su sablazo diera en el blanco, el demonio encapuchado dio un salto y se elevó por los aires por la magia de la levitación.
— No es tan fácil humanos... — advirtió el hechicero con una voz espectral, mientras empuñaba una mano y reunía en ella una neblina de energía oscura. — ¡Garra Oscura! — conjuró apuntando bruscamente a Gourry con la palma y lanzando una docena de pequeñas esferas de oscuridad que salieron disparadas con una velocidad extraordinaria en su dirección.
El caballero reaccionó con reflejos felinos para evitar varios de los ataques y usó su espada para golpear una de las esferas mágicas frente a su rostro. Cada ataque mágico que impactó el suelo dejó un agujero semicircular de varios centímetros de radio de materia desintegrada. Incluso una de las hombreras del hombre fue impactada y parte de la armadura desapareció en una pequeña nube de vapor, pero gracias a sus ágiles movimientos pudo evitar un golpe directo. La ráfaga obligó al espadachín a retroceder una vez más, sin embargo, y dejó al hechicero demoniaco flotando a varios metros del suelo.
— Que molesto es — reclamó Lina acercándose una vez más a su compañero. De pronto el hechicero alzó las manos y sus ojos comenzaron a brillar con una luz celeste, y al segundo siguiente los apunto con ambas manos. Una serie de delgados relámpagos salieron de sus dedos y comenzaron a asediar a la pareja, que una vez tuvo que saltar de un lado a otro para evitar el ataque. — Es suficiente, necesito que lo distraigas un momento.
— Haré lo que pueda — respondió su compañero antes de salir corriendo entre saltos para acercarse al demonio desde el suelo. La maniobra tuvo éxito en atraer la atención del enemigo, que concentró su lluvia de rayos en el espadachín que se le acercaba, dándole a la hechicera de rojo un momento para conjurar.
— Tú que duermes en la tierra profunda, Señor de alma congelada... — comenzó a conjurar la joven mientras corría acercándose por un flanco al demonio volador, con una neblina blanquecina formándose a su alrededor. Cuando estuvo cerca de su posición, lo apuntó con sus palmas mientras las energías arcanas comenzaban a ser dirigidas antes de terminar su conjuro. — ...concédeme tu furia helada, ¡Aliento de Dynast!
Un enorme cono de aire congelado salió despedido de las manos de la hechicera como un tornado congelante que rodeó al demonio distraído en el ataque de Gourry. El hechicero alcanzó a mirar hacia abajo en dirección a la joven con una mirada furiosa mientras el viento helado lo rodeaba y la escarcha comenzaba a formarse en su túnica. El conjuro congelante continuó soplando por varios segundos, mientras el cuerpo del demonio se cubría de nieve y escarcha y finalmente lo rodeaba por una capa de hielo. Finalmente, un enorme cristal de hielo conteniendo al demonio prisionero y moribundo cayó al suelo con un estruendo pesado.
Gourry se le acercó unos pasos al enorme cristal de hielo, en el que podía verse la sombra humanoide del demonio en su interior. Llevaba la espada lista para darle el golpe de gracia, pero de pronto una nube negra se extendió desde el centro del campo de batalla y se le adelantó al cristal. El joven evitó con un salto la sombra que creció en linea recta hasta el interior del cristal, y luego brilló con una luz rojiza apagada. Como un sifón demoniaco, la sombra extrajo alguna clase de energía desde el interior y haciendo desaparecer el cuerpo del demonio congelado por completo. En un abrir y cerrar de ojos, el cristal vacío estalló dejando caer solo polvo negro. A unos metros de distancia, el Caballero del Olvido comenzaba a ponerse de pie, sus heridas empezaban a cerrarse lentamente y a repararse su armadura mientras absorbía las energías del demonio menor. Ante la sorpresa de Lina y Gourry, y también de Filia y Xellos que observaban la escena preparándose para continuar el combate, el enorme demonio alzó una mano y lanzó otra nube negra y rojiza en la dirección opuesta del camino. Esta vez su presencia se extendió hasta el otro acólito que permanecía paralizado por el ataque espiritual de Zelgadis y le robó la oportunidad a Amelia que se encontraba a su lado con los puños cubiertos de luz, lista para darle el golpe de gracia, pues también comenzó a absorberlo con rapidez. El espiritista se vio obligado a cortar bruscamente el enlace con el que atacaba al hechicero al sentir la presencia monstruosa del caballero que devoraba a su propio compañero. Nuevamente en segundos, el demonio terminó su maniobra dejando sólo polvo negro en el suelo que pisaba el acólito, esta vez las energías se concentraron en las manos del caballero negro, recreando su espadón. El imponente rival miró de un lado a otro, observando a los seis héroes con un rostro satisfecho, nuevamente ileso.
— [ Esto no es necesario ] — dijo finalmente el demonio con su voz de ultratumba en los corazones de los justicieros. — [ No necesitan morir aquí. Sólo te quiero a ti, hechicera ] — continuó apuntando a Lina con la mano libre.
— No... nunca, ¡No dejaré que mates a mis compañeros! — exclamó la joven de rojo negando enérgicamente con la cabeza y acercándose a Gourry.
— [ ¿Por qué te importan estas criaturas? ]
— ¿Cómo puedes preguntar eso? — respondió Lina con una voz indignada. — Justamente por eso nunca iría contigo, por que eres un demonio maligno que no entiende a los humanos.
— [ Tú eres Lina Inverse, ¿No? ] — preguntó una vez más el demonio mirando fijamente a la hechicera. — [ Invocaste al Señor de las Pesadillas, tú ya no perteneces a éste lugar ni a estos humanos. ]
— ¡Cómo te atreves a tratar así a nuestra amiga! — gritó Amelia con una voz tan indignada como su compañera. — Déjanos en paz, o por todo lo que es justo, ¡Te destruiremos!
— Así es... estos son mis amigos... yo... — continuó Lina con una voz ligeramente temblorosa, por miedo o por dudas. — Yo soy humana y por eso mismo no dejaré a mis compañeros.
— [ Entiendo, entonces te ofrezco dejarlos. Ven conmigo y no les haré daño. Te lo prometo. ]
— ¿Los... dejarás? — dijo la hechicera esta vez con más dudas en la voz. — ¿Cómo podría estar segura de que no mientes?, ¿Cómo puedo saber si realmente los dejaras ir?
— [ Sólo te queremos a ti, es más fácil si nos acompañas voluntariamente ] — continuó con su oferta el caballero demoniaco. — [ No queremos hacerte daño, al contrario. Tienes el poder de trascender los límites humanos, deseamos enseñarte aún más ] — el demonio podía sentir las dudas en la mente de la hechicera, también su interés en los poderes ocultos y demoniacos. — [ Viste como devoré a los demonios menores, podemos enseñarte a hacer eso, ser uno de nosotros. Con sangre de demonio en tus venas tendrás poderes que no puedes imaginar. ]
Lina no pudo evitar considerar la oferta del demonio frente a ella, aunque fuese sólo por evaluar sus palabras y la situación actual. Ya habían combatido a un demoniac y su poder había sido impresionante, también habían conocido un par de híbridos antes. ¿Sería posible conservar la cordura y al mismo tiempo tener esos poderes?, se preguntaba en su interior, usarlo para destruir al mal. Incluso si pensaba engañarlo y huir luego, entregarse voluntariamente podría darles la oportunidad a sus compañeros de recuperar sus fuerzas y combatir en una mejor situación.
— Lina, ¡Lina! — le dijo luego de unos segundos Gourry, poniéndole una mano en el hombro. — ¿Por qué tardas tanto en decirle que no a este villano?, nunca has necesitado pensarlo tanto antes.
— Este villano... es cierto, este es un villano, un demonio maligno — pensó la hechicera suspirando profundamente. — Nunca he necesitado pensarlo tanto, nunca he necesitado nada. Hasta ahora siempre he podido hacer lo necesario yo sola, no necesito la ayuda de un demonio para aprender magia.
— ¿Estas bien? — preguntó el espadachín con una mirada preocupada, pero la hechicera simplemente dio otro suspiro y asintió.
— Si, tienes razón — respondió al fin la joven y volvió a mirar al demonio a los ojos, apuntándolo con un dedo. — No hay trato, demonio. Mis compañeros y yo lucharemos.
— [ Aún no lo entiendes ] — respondió el Caballero del Olvido negando con la cabeza cubierta por su siniestro yelmo, sin embargo, luego hizo descender la punta de su espadón hasta el suelo y dejó que ambas manos huesudas descansaran sobre el pomo. — [ Te necesitamos con vida, y si me enfrentan en este estado deplorable todos morirán aquí. Los dejaré ir por el momento, pero piensa en mi oferta. ]
— Sólo tienes miedo, demonio, debes estar más agotado que nosotros — exclamó la princesa con una voz desafiante, pero el demonio se limitó a mirar por un momento en su dirección antes de devolver la mirada a los ojos de Lina.
— [ No se alegren demasiado, pues doce como yo hemos venido a este mundo, no tienen forma de derrotarnos ] — terminó el caballero demoniaco en la mente de los héroes, antes de bajar la mirada y desaparecer entre las sombras.
— Quizás Amelia tenga razón — comentó Zelgadis acercándose a sus compañeros. — Quizás se retiró porque estaba cansado, no lo se. Pero sentí su presencia en el plano astral y aún guardaba muchísimas fuerzas.
— En cualquier caso... doce caballeros oscuros — se sorprendió Xellos luego de concentrarse por unos segundos y reparar los daños de su cuerpo físico. — Son bastantes.
— ¡Son demasiados! — recalcó Filia a su lado, sanando sus heridas con su propia magia curadora. — Lo atacamos con todo lo que teníamos y a penas pudimos herirlo.
— Lo sé, doce de esos monstruos son... un problema — la apoyó Lina con la voz preocupada, pensando en alguna contra medida.
— No te preocupes, lo haremos de alguna forma — respondió Gourry a su lado, envainando su espada y acercándose a la joven.
— El señor Gourry tiene razón, ¡Lo haremos! — trató de subirles el ánimo la princesa con el puño levantado. — Sólo debemos descansar un poco.
— Si, creo que tienes razón, busquemos un lugar donde descansar — suspiró finalmente la hechicera de rojo, pero no lograba despejar su cabeza y una serie de ideas daban vueltas en el fondo de su mente. — Doce de esos monstruos, magia de los demonios, sangre de demonio... sangre de demonio.
Exhaustos y tratando de calmar sus preocupaciones, los héroes continuaron caminando por el camino hacia el poblado. Afortunadamente, su batalla no había generado daños a gran escala y ningún civil resultó herido, si se hubieran visto obligados a usar Drag Slave u otro conjuro similar en ese lugar, no habrían podido evitar los daños. Luego de uno rato, con la oscuridad de la noche y las primeras estrellas altas en el cielo, hallaron una posada apropiada para comer algo y descansar esa noche. Hacía bastante que no dormían en una cama cómoda y tranquila, las constantes batallas sin duda habían cobrado su cuota y necesitaban desesperadamente recuperar sus fuerzas, tanto físicas como mágicas.
— Cómo pelear contra doce de esas cosas... — las ideas aún daban vueltas en la cabeza de la hechicera mientras ella y sus compañeros buscaban una mesa apropiada en el comedor de la posada. — Sangre de demonio.
Sin energías para discutir su situación con el estómago vacío, los viajeros atrajeron la atención de una mesera y comenzaron a pedir algo de comer, bastante, ligeramente más que demasiado. Luego de ordenar plato tras plato, asegurándose de cubrir toda las opciones ofrecidas por la cocina, y una variedad no menor de bebidas, pudieron relajarse al fin para comer algo y discutir sus próximos pasos.
— Como les estaba diciendo, esos demonios son extremadamente poderosos, como todos pudieron ver — explicó Xellos luego de que todos hubieron tenido la oportunidad de comer una cantidad generosa. — Por lo que tengo entendido, se especializan en el combate cuerpo a cuerpo.
— Si no tienen magia, entonces al menos tenemos una ventaja — comentó Amelia.
— No es que no tengan, pueden manifestar poderes como cualquier demonio poderoso, pero sus energías están más afinadas con el mundo material por lo que son más efectivos en la lucha — continuó el sacerdote. — Eso los hace extremadamente resistentes, creo que eso ya era obvio.
— Cuando sentí su presencia en el plano astral, tuve una sensación de orden y disciplina. No sé qué tan capaces sean, pero me parece que tienen alguna clase de dominio del espíritu — acotó Zelgadis, lo que causó un rostro de preocupación en la princesa, sentada a su lado.
— Eso no lo sé, pero es posible. Hay rumores de que Hound tiene alguna clase de poder espiritual, pero no se si sea real — respondió el demonio.
— De esa parte tengo certeza, mis maestros me... nos contaron... que Hound es hábil en el espíritu — confirmó las sospechas el hombre quimera, mirando ligeramente a Amelia.
— Sangre de demonio... — la hechicera se había mantenido relativamente en silencio, salvo por alguna pelea con Gourry por un plato de comida. Continuaba pensando en esas palabras, pero finalmente miró a sus compañeros y se decidió a hablar. — Yo... creo que tengo una idea.
— ¿De qué se trata? — preguntaron sus compañeros.
— Sangre de demonio... — volvió a pensar en silencio la hechicera por un momento. — Bueno, es acerca de los amuletos, los Sangre de Demonio. Guardan cierta parte de la esencia de los dioses malignos, ¿No?
— Así es — respondió Xellos levantando un dedo índice mientras empezaba su explicación. — De ahí sus nombres: Niebla Mortal, Estrella Oscura, Azul Caótico y Ojos de Rubí. Fueron hechos con verdadera sangre de demonios, su nombre no es una metáfora.
— Bueno entonces, ¿Qué tal si usáramos esa esencia de forma más... pura?
— ¿A qué te refieres? — preguntó Amelia sintiendo una preocupación que le causó un ligero nudo en el pecho.
— Por ejemplo... si yo absorbiera sus poderes directamente y los usara para aumentar mi magia — concluyó Lina bajando el tono de voz, pero con una mirada seria.
— No puedes estar hablando en serio — comentó incrédulo el hombre quimera.
— Lina, si absorbieras el poder de los amuletos te convertirías en un demonio, tendrías la esencia de los dioses malignos dentro de ti — explicó el sacerdote oscuro con un rostro sorprendido. — No creo que un humano pueda sobrevivir eso y aunque fuera posible, perderías la razón y acabarías convertida en un monstruo.
— Pero mis poderes sin duda aumentarían así.
— Por ningún motivo, de ninguna forma — objetaron al unísono Amelia y Filia, negando con la cabeza.
— ¿Te quieres convertir en un demonio? — preguntó Gourry, que hasta ahora había continuado comiendo en silencio, con un tono alarmado. — Yo no quiero que te conviertas en uno.
— Así es amiga Lina, ¿En qué estas pensando?, el poder no tiene nada que ver, no dejaré que te conviertas en una criatura despreciable como un demonio — dijo con tono decidido y cruzando los brazos la princesa, pero luego miró por un momento a Xellos con una mirada desconcertada. — Sin ofender.
— Además, no es tan distinto de lo que quería hacer esa dragón negro — comentó Zelgadis, con la misma mirada de reproche que sus compañeros.
— Exacto, reunir las esencias de los dioses malignos es muy peligros en cualquier escenario. Absorberlos, en el mejor de los casos, te convertiría en una criatura similar a la Bestia, que Kala intentaba invocar — lo apoyó Xellos.
— Sé que es peligroso pero... — Lina continuaba evaluando la posibilidad, las palabras del Caballero del olvido habían dejado su huella en sus pensamientos. — Filia y Xellos combatieron al monstruo con todo su poder — pensó en silencio la joven. — Aunque en un espacio más reducido, el poder destructivo de su magia combinada es, al menos, similar al de Drag Slave. Aún amplificado por los amuletos, no creo que sea suficiente para destruir una de esas cosas, mucho menos a doce. Lo único más poderoso que eso es Giga Slave, pero no planeo hacer eso de nuevo, no volveré a poner al mundo entero en riesgo.
— Sé que es peligroso, pero aún me parece un plan razonable — finalmente continuó hablando con la voz más decidida. — No pueden negar el control que siempre he mostrado sobra la magia, creo que puedo hacerlo.
— Nadie niega tus capacidades, pero debemos encontrar otra forma — trató de calmarla la sacerdotisa dragón, acercándole una tasa de té.
— Una que no implique convertirte en un monstruo — continuó Zel en voz baja.
— Yo sólo sé que no quiero que te conviertas en un demonio — reclamó también Gourry.
— Todos estamos cansados, por qué no mejor descansamos por ahora y lo pensamos mejor mañana — terminó con una voz suave Filia, sus compañeros estuvieron de acuerdo. Decidieron dejar el tema por la noche e ir a sus habitaciones para dormir algunas horas.
Amelia y Zelgadis intercambiaron miradas, comunicándose en silencio como ya era su costumbre, y partieron a la habitación que compartían. Filia tomó unos papeles y un libro que había sacado de su mochila y le pidió a Xellos que la acompañara a su habitación llevando una tetera con agua caliente y unas tazas. Lina y Gourry permanecieron unos minutos más en la mesa, terminando de beber el vino de una botella en silencio antes de irse a dormir, la mente de la hechicera aún ponderando sus posibilidades.
Esa noche, mientras todos sus compañeros dormían, la hechicera roja seguía pensando en su plan, incapaz de cerrar los ojos. Luego de intentarlo por minutos que le parecieron horas, decidió finalmente levantarse en silencio y estudiar uno de sus libros de conjuros en un escritorio ligeramente iluminado, enfocarse y pensarlo con los datos en la mano. A escasos pasos, Gourry dormía profundamente sin enterarse de lo que Lina planeaba hacer en secreto. Luego de estudiar los conjuros y formaciones mágicas, observando profundamente sus amuletos, decidió tomar su mochila en silencio y salir furtivamente de la posada, haciendo caso omiso a las advertencias de sus amigos. Se dirigió a las afueras del pueblo, entre callejuelas estrechas y luego entre árboles sombríos para no ser vista. En la mochila llevaba un par de libros con anotaciones mágicas, algunos ingredientes arcanos, y por supuesto los amuletos Sangre de Demonio.
— Que estoy haciendo... esto es arriesgado — pensó la joven en su camino en busca de algún lugar aislado. — No quiero perder mi alma ni nada por el estilo, tampoco es mi intención imitar lo que intentaba esa dragón negro, pero ¿Qué más puedo hacer? — continuando preguntándose a sí misma en silencio. Se detuvo por un momento al lado de un árbol, había un pequeño claro iluminado por la luz de las estrellas más adelante. — Es cierto, hay riesgos, podría perderlo todo, pero hay algo más grande en juego: el mundo entero.
— Es el momento, es todo o nada — dijo en voz alta dando un paso decidido hacia el pequeño claro. Se había alejado lo suficiente del pueblo y el lugar despejado y amplio, apropiado para lo que intentaba. Dejó su mochila en el suelo, despejó ligeramente el lugar y comenzó a sacar algunos objetos de la mochila, se preparaba para invocar los poderes más oscuros que jamás había pensado conjurar, estaba decidida a realizar un oscuro ritual.
Dibujó una gran formación mágica en el suelo con una daga, con los símbolos del Señor de las Pesadillas en un extremo, y los dibujos que representaban a los cuatro dioses malignos formando un rombo en el otro. Agregó escritura arcana al lado de cada una de las cuatro figuras siniestras, y luego roció un polvo blanco de una pequeña bolsa sobre los dibujos. Sacó cuatro platos metálicos de su mochila y los colocó sobre las formaciones de cada uno de los cuatro dioses, y cada uno de los amuletos sobre el plato correspondiente. Luego se preparó para comenzar a conjurar con la daga en una mano, levantada hacia el cielo oscuro de la noche.
— Señor oscuro de otro mundo, blanca maldad que llama a la muerte, con mi sangre pido este pacto contigo, ¡Niebla Mortal! — recitó Lina, cortando levemente su muñeca al terminar y derramando su sangre sobre el amuleto de Niebla Mortal. El cielo se nubló levemente, un vapor extraño se formo y comenzó a emanar del plato que contenía el amuleto cubierto de sangre. Luego Lina vendó el corte de su muñeca apretándolo firmemente para evitar que la sangre siguiera fluyendo.
— Señor oscuro de otro mundo, estrella de la oscuridad que todo llevas a su final, con mi sangre pido este pacto contigo, ¡Estrella Oscura! — luego de recitar el encantamiento, la hechicera cortó a un lado del corte anterior en su antebrazo, volvió a derramar la sangre sobre el amuleto adecuado, y volvió a terminar el proceso vendando la herida. El cielo se oscureció ligeramente y una oscuridad siniestra comenzó a salir del plato, como si una nube negra tragara la luz del lugar.
— Señor oscuro de otro mundo, tú que eres más rojo que la sangre, con mi sangre pido este pacto contigo, ¡Ojos de Rubí! — esta vez el cielo se torno levemente rojo y un fuego carmesí se formó en el plato correspondiente mientras la hechicera repetía el proceso.
— Señor oscuro de otro mundo, caos azul que lo regresas todo a su origen, con mi sangre pido este pacto contigo, ¡Azul Caótico! — el cielo tomó un color azul muy oscuro y un rayo igualmente azulado salió del plato elevándose al cielo tan pronto terminó su conjuro y bañó al amuleto de sangre. Terminando de vendar el último corte de su brazo y con las esencias de los dioses malignos presentes en cada extremo de la formación, Lina estaba lista para continuar con el ritual. La hechicera se paró sobre la formación del Señor de las Pesadillas, frente a las cuatro presencias demoniacas y comenzó a conjurar nuevamente.
— Más oscuro y profundo que la más negra noche, Señor de las Pesadillas y los Cuatro Mundos, trae tu fuerza y la de tus hijos antes esta sierva humilde... — Lina alzó su daga y las nubes giraron en el cielo, y un resplandor comenzó a formarse en lo alto de la oscuridad.
— Por tu poder y el mío, reclamo lo que me pertenece por derecho, ¡Ante mi Sangre de Demonio! — un rayo bajó del cielo hasta su daga, cubriéndola con una luz dorada que rápidamente se oscureció y finalmente dejó la hoja del cuchillo tan negra como la noche.
La hechicera sintió como la energía de la daga comenzaba a fluir por su cuerpo, que emanó una ligera aura dorada. Sintió un calor y una presión que casi la dejó sin aliento y la obligó a detenerse por unos segundos, pero finalmente se decidió a continuar. Otra vez volvió acercarse a los platos, quitándose las vendas con las que había cubierto las heridas de su brazo. Tomó el amuleto de Niebla Mortal, cubierto con su propia sangre, y lo perforó con la daga oscura. La punta del puñal entró en el cristal sin ninguna dificultad, lo agrietó, y en un segundo lo convirtió en polvo que cayó sobre el plato. Luego tomó el recipiente metálico y vertió el contenido que fluyó mágicamente como un espeso líquido negro sobre una de las heridas de su brazo. La sangre negra invocada por la hechicera entró en su cuerpo por el corte, marcando sus venas con un color oscuro y provocándole un intenso dolor. Al fin, el liquido dejo de caer del plato y una de sus heridas se cerró mágicamente. La joven sintió algo extraño, una sensación de frío y calor simultáneos, algo que inundaba sus sentidos, le aceleraba el corazón, y la hacía desear más.
Luego de dar un largo suspiro, la hechicera continuó con el ritual repitiendo el mismo proceso, apuñalando los amuletos y convirtiéndolos en un líquido negro que luego era absorbido por cada una de sus heridas abiertas. El frío dolor que sentía cada vez que la sangre negra entraba por sus venas era poco en comparación a la aceleración placentera que sentía cada vez que las heridas se cerraban, cada vez que la esencia demoniaca recorría su cuerpo, hasta que finalmente terminó el ritual. En medio de la oscuridad de la noche, la hechicera vestida de rojo, con las venas oscurecidas y marcadas por todo su cuerpo y los ojos iluminados por la magia, terminaba de invocar las fuerzas más oscuras, terminaba un ritual prohibido para los de su especie.
A la mañana siguiente, los héroes se despertaron apresurados por los golpes en sus puertas de parte de Gourry, que preguntaba frenético por Lina. La joven se había marchado durante la noche y no había vuelto, lo que preocupó a sus compañeros por las potenciales implicaciones, especialmente al caballero. Se alistaron rápidamente para salir a buscarla, pero tan pronto estuvieron listos para partir, la hechicera entró a la posada dejándolos sorprendidos y boquiabiertos. Su apariencia había cambiado, no era la del día anterior, ni siquiera parecía humana. Su piel se había vuelto completamente roja como la sangre, sus cabellos eran de un color negro como el azabache y bailaban como una flama incesante, sus ojos también se habían vuelto de un color sólidamente negro y brillante. Los aventureros pudieron sentir un aura extraña a su alrededor, una como jamás habían sentido, antinatural y más fuerte mientras más se le acercaban.
— ¿Qué ocurre?... ¿Me buscaban? — preguntó Lina, con aspecto demoniaco pero una voz despreocupada, un ligero humo gris como el de una fogata salía de su boca con cada palabra.
Continuará.
Avance del próximo capítulo: Contra el Mal
Lina ha intentado lo imposible y ha sobrevivido pero, ¿Sigue siendo ella misma?
Con sangre de demonio corriendo por sus venas, la hechicera espera combatir el mal.
La última batalla ha llegado, Hound y los Caballeros del Olvido, el ejercito de la oscuridad muestran su verdadero rostro.
Un nuevo Amo de los Infiernos se alzará si el corazón de los héroes falla.
El fin se asoma en el horizonte.
