Su nombre era Hamish, pero Jack nunca le llamaba de esa manera, ni una sola vez lo había hecho, a pesar de que se conocieran hace más de una década atrás. Se trata de una relación extraña, la que se envuelve entre los dos jóvenes, en la que no sabe si lo que les une alguna especie de codependencia que se formó en algún momento sobre el tiempo o si realmente algún tipo de extraño, desconocido, sentimiento existía paseándose como un fantasma por debajo de las puertas.

"Eres un tonto." Dice Hiccup, colocando las manos en los bolsillos mientras la nieve cae a su alrededor y su aliento se congela. Su voz suena casi desdeñosa, o asi es hasta que deja escapar una risita.

Jack se levanta del suelo, donde había estado escribiendo mensajes obscenos en la nieve sobre la calzada. Una sonrisa torcida se extiende por la piel pálida de su rostro y deja escapar un bufido.

"Me amas de cualquier forma." Dice y se quita la gorra para colocarla sobre la cabeza de un muñeco de nieve abandonado a un lado del camino. "Totalmente enamorado."

"Ya quisieras tener tanta suerte." Responde el más joven, aún sentado en su lugar sobre la abandonada banquilla del parque. "Eres la escoria de la tierra."

"¡Totalmente enamorado!" Repite Jack a vos de grito, dando un salto que deja mostrar el ligero mareo que el líquido ambarino en el interior de la botella que descansa junto a Hiccup le ha otorgado, acompañado por la terrible quemazón en la garganta. El mismo líquido por el que ambos adolecentes se han escabullido de sus casas a medianoche para beber a escondidas.

A lo lejos, un perro empieza a ladrar en medio de la oscuridad de la noche, como si quisiera participar en su conversación.

"En realidad, técnicamente hablando." Responde el pelirrojo. Lleva la mirada hacia los columpios del parque de juegos, rotos y cubiertos de óxido y los recuerdos afloran, lejanos e inconclusos, adornados por la niebla brillante del alcohol. "Lo que siento por ti se parece más al asco, estoy seguro."

Jack había sido un niño aún más fastidioso de que lo era siendo un adolescente.

Ese primer dia de Octubre, en el parvulario los niños se sentaban en diminutas mesas circulares, dibujando en hojas de papel o cantando cualquier tonta canción infantil. Hiccup era básicamente igual que ahora, pequeñito y delgaducho, aunque, tal vez, su cabello fuera varias tonalidades más rojo.

Un niño de cabello castaño se sienta a su lado, le hala del cabello, se come sus galletas y rompe su figurilla de Spider-man en un siglo que no acaba por meses sin fin, hasta que le sampa una mordida en la manos al niño mayor que le molesta y afirma que son los mejores amigos.

El cabello de Jack ya no era castaño, pero seguía comiendo las galletas de Hiccup cada que podía.

Y era extraño porque ni en la mas diminuta fibra del cuerpo de Hiccup podrías encontrar la mas mínima pizca de desagrado hacia Jack.

Quizá se trata de un hongo, se encuentra a si mismo pensando más de una vez en lo que conlleva los sentimientos que posee hacia su amigo. Una relación simbiótica en la que ninguno ganaba nada, y de todas maneras, parecias poder encontrar partes de ella por todo el lugar.

Hiccup levanta la botella y le da un trago largo y profundo antes de decir, de confesar:

"Pero, a pesar de todo, te necesito conmigo" Susurra con voz rasposa, de improvisto.

Jack sonríe grande y brillante, con una risita tan borracha que no debería de ser posible, se deja caer en la banca, colocando un brazo alrededor de sus hombros y besa la mejilla de Hiccup mientras canta una vieja canción de amor cuya letra ha olvidado.

Y Hiccup solo podía encontrarse pensando, filosofando en demasía, como tenia la costumbre, en lo jodida que era la vida y lo maravilloso que es vivirla.