Capítulo 11: Pastelitos gratis
L se encontraba frente a uno de los dilemas más grandes de su vida. Tenía un trozo de papel con una frase demasiado tentadora como para dejarla pasar. Había pasado varias horas revisando aquella hoja, si se trataba de una trampa era de las más elaboradas que había visto en su vida, demasiado tentadora como para ignorarla.
Habían pasado varios días desde que Light Yagami se había unido a la investigación del caso Kira y hasta el momento no había intentado nada en su contra pero no por ello dejaba de sospechar pues en las instalaciones del cuartel todos sabían que de morir él sería el principal sospechoso.
De momento solo tenía un motivo para sospechar, aparte del perfil psicológico estaba lo de Misa Amane, tenía fuertes sospechas de que ella era la segunda Kira y no se creía en lo más mínimo el que fue amor a primera vista.
No tenía pruebas concretas, de tenerlas ambos ya habrían sido juzgados, pero estaban las fechas, el comportamiento del Kira falso y las cintas que se recibieron en Sakura Tv que estaban siendo analizadas. Pero ese trozo de papel lo cambiaba todo. No tenía idea alguna de su origen y eso lo hacía más sospechoso. Pocos conocían su verdadera identidad pero miles los que deseaban verlo muerto por lo que debía actuar con especial cautela.
Si era una trampa y él escribía su verdadero nombre estaría dándole a Kira la clave para vencerlo. Su rostro no sería tan sencillo de ver pero no imposible, Light Yagami lo había visto y él estaba un noventa por ciento seguro de que él era el responsable de todas esas misteriosas muertes. Además llevaba más de diez minutos seguidos observándolo, atento a cualquier movimiento que hiciera, eso lo hacía más sospechoso aún.
Si no era una trampa estaría perdiendo una valiosa oportunidad. Un pastelito gratis no es algo que se pueda conseguir todos los días. Podría ser de chocolate o de fresas, era algo que nunca podría saber si no escribía su nombre. Era probable que Light Yagami no estuviera involucrado, él no fue quien le entregó la hoja, la había encontrado en su asiento.
Pudo ser Watari. Ese hombre siempre cuidaba de él, lo había hecho desde pequeño y le debía tanto. Era también la única persona en la que podía confiar plenamente. Su actitud podría estar rayando en lo paranoico al desconfiar en un trozo de papel… O podía estar bien encaminada pues Kira no era un asesino normal. Podía matar sin estar presente. Provocar un infarto en sus víctimas sin que estas tuvieran antecedentes de dicha enfermedad e incluso controlarlas.
Si conociera la forma en la que procedía podría estar más seguro. De momento solo sabía que necesitaba de un rostro y un nombre para asesinar pero no cómo lo hacía aun sin la necesidad de estar presente. Ninguna precaución estaba demás pero era difícil ser precavido cuando había un pastelito de por medio, ese era su punto débil, algo que, afortunadamente, pocos sabían, él mismo se había encargado de ello.
Su estómago gruñó, era normal que lo hiciera pues no había comido nada en dos horas. Su cuerpo pedía azúcar y ese papelito prácticamente le estaba gritando que tenía la respuesta a su problema.
Pero no podía firmar. Su nombre era uno de sus más grandes secretos, solo Watari lo conocía y no planeaba cambiarlo, aun por un pastelito, dulce y delicioso. Podría pedir que le llevaran varios pastelitos, no sería ningún problema pero eso no borraría la curiosidad que ese postre le generara, era demasiado atrayente como para poder ignorarlo.
—Light —le llamó L, había algo que quería probar primero. No haría ningún movimiento en vano hasta que todas sus dudas se aclararan —. ¿Hay algo que te incomode?
—De hecho sí, no he visto a Misa en días y quisiera que me autorizaras a salir del edificio.
—¿Sabes que estás aquí por tu propia voluntad?
—¿Entonces pudo salir?
—Entiendo que quieran tener otro tipo de encuentros pero no, no puedes salir, tenemos mucho trabajo pendiente. Misa puede venir siempre y cuando no sea una distracción para el trabajo del equipo.
L continuó trabajando, o al menos lo intentó. No podía dejar de pensar en aquel pastelito, hacr teorías de cómo sería y en la oportunidad que podría estar perdiendo. Las posibilidades de estar en lo correcto o de estar equivocado eran parecidas y por primera vez en su vida deseaba estar en un error.
—Si no tenemos otra alternativa —agregó el castaño antes de retirarse.
Si decía la verdad eso podría explicar el motivo por el que minutos antes lo había mirado de esa forma tan insistente pero no lo convencía. Ese hombre nunca se había demostrado tan interesado en la joven modelo por lo que de pronto lo hiciera solo lo hacía más sospechoso.
Y si a eso se le sumaba la nota que encontró en su estación de trabajo el estar en alerta se volvía una necesidad. En la situación en la que se encontraba cualquier error le podría costar la vida y morir en vano era algo que no estaba en sus planes. Odiaba perder.
El menor de los Yagami se retiró y L no hiso nada para detenerlo. Dijo que haría una llamada, no era algo que debiera preocuparle pues todos los teléfonos estaban intervenidos y eso él lo sabía. Kira no se arriesgaría de una forma tan evidente.
Estuvo a punto de destruir el motivo de sus dudas en las últimas horas cuando una voz excesivamente chillona lo detuvo. Light le había tomado la palabra y Misa Misa estaba de visita, tenía dos teorías para ello, o Misa se había arreglado rápidamente (algo que dudaba de la modelo debido a su naturaleza vanidosa) o estaba esperando la llamada desde hace horas.
A partir de ese punto fue difícil seguir trabajando. La modelo japonesa era demasiado ruidosa, desde el momento en que llegó no dejaba de insistir por algo de la atención de su novio. Eso era fastidioso pero la entendía, pocas veces podía pasar algo de tiempo con su novio. Al que no entendía era a Light Yagami, el que la ignorara después de todo lo que había hecho para conseguir esa cita, aún en esas condiciones solo lo hacía más sospechoso.
—¿Qué tienes ahí? — preguntó el hijo de Soichiro Yagami y pudo notar auténtica sorpresa en su pregunta.
—Una factura de la pastelería.
—Con tantos dulces que comes no quiero imaginar que tan alta será —agregó Yagami. Si conocía el contenido de aquel papel debía tratarse de uno de los más grandes mentirosos del mundo, alguien con altas probabilidades de ser Kira.
—Puedo cubrirlos —fueron las últimas palabras del detective de las ojeras antes de seguir con el trabajo.
—Si sigues así será la diabetes lo que te matará y no Kira.
—Puedes tomar algunos dulces si tienes hambre.
—No te estoy pidiendo dulces —respondió Light algo confundido por las palabras de Ryuzaki pero tratando de disimularlo, si había aprendido algo trabajando con el mejor detective del mundo es que era tan inteligente como excéntrico —. Solo me preocupo por el trabajo en equipo y cómo este puede afectar la investigación del caso Kira.
—No te preocupes por eso, sé controlarlo —respondió L con calma.
Aquella breve conversación había hecho que las sospechas que tenía sobre ese trozo de papel disminuyeran más no las que tenía sobre Light, él continuaba siendo igual de sospechoso que antes.
Pasaron varias horas y ellos continuaron trabajando. Misa se mantuvo tranquila, le llegó un mensaje diciendo que le habían conseguido un nuevo papel protagónico para una película por lo que inmediatamente comenzó a repasar el texto. Por primera vez desde que había comenzado a investigar a la modelo la veía haciendo algo digno de admiración. La rubia podía ser tonta, superficial e inmadura pero se tomaba con seriedad todo lo relacionado a su trabajo.
—Hoy nos iremos temprano —le dijo Soichiro Yagami —. Ayer pedí permiso, es el cumpleaños de mi hijo y no me gustaría faltar por el trabajo.
—Pueden salir con confianza —respondió L mientras revisaba algunos informes —, pero mañana se presentan temprano al trabajo.
— ¿Por qué no pude salir antes? —preguntó el Yagami menor en tono acusador.
—Porque él no es sospechoso de ser Kira —respondió L inexpresivo como siempre.
Aquellas palabras bastaron para provocar un gesto molesto en la rubia y estuvo a punto de armar uno de los berrinches más grandes de su vida cuando fue detenida por el padre de su novio. La había invitado a la fiesta de cumpleaños de Light y eso la hacía feliz, realmente feliz. Compartir tiempo con la familia de su novio la hacía sentir más cercana a él, como si fuera parte de su vida.
El resto de los detectives se retiraron poco después y él se quedó sumergido en el dilema del papel y el pastelito. Más cuando vio un buzón en la ventana sus dudas se disiparon. No había salido en mucho tiempo y no era extraño el que las pastelerías hicieran ese tipo de promociones.
Tomó un lapicero y comenzó a escribir su nombre. Estaba solo y nadie podía acceder a las cámaras de seguridad sin su autorización por lo que nadie vería su nombre.
Escribió la primera letra cuando se detuvo. La letra ele que había escrito permanecía solitaria a la espera de las otras letras que darían forma a su nombre. Una sola pregunta rondaba por su mente ¿Estaba dispuesto a continuar?
Continuó escribiendo pero esta vez no era su nombre. Había analizado todas las opciones y consideró que la única forma en que lo asesinaran era que ese trozo de papel formara parte de un cuaderno asesino con el que esa persona a la que llamaban Kira jugaba a ser dios. Idea que rechazó al instante, el considerarla era como considerar la existencia de los shinigamis.
No escribió su nombre y esa fue su salvación porque efectivamente era un trozo de la Death Note y este pertenecía a una persona de la que había sospechado pero que no llegó a considerar como la mente criminal responsable de un ataque tan directo a su persona. Hizo bien en sospechar de Light, él no deseaba ver a su novia, al menos no tener una salida romántica como la rubia lo deseaba. Ella le había prometido acabar con la vida del detective ese mismo día y casi lo logra con la trampa del pastelito pero algo salió mal.
L no escribió su nombre sino el de alguien más. Quiso entregarle ese pastelito a Light Yagami sin saber que lo condenaba a la muerte. No tenía malas intenciones, nunca supo que asesino a Kira con su propia arma ni que estaba en lo correcto con sus sospechas desde el principio.
Misa lo siguió poco después, no podía creer que su brillante plan terminara con la muerte de su amado. A Ryuk no le afectó lo sucedido, extrañaría las manzanas pero había logrado su principal objetivo, evitar el aburrimiento. El caso Kira nunca se resolvió pero el tiempo se encargó de convertirlo en un mito. Los asesinatos se detuvieron y el grupo se disolvió. Una historia más había llegado a su fin.
