Nota del autor: Saint Seiya me pertenece...Nooooo... Casi que no. ¿Qué se le va a hacer?
Capitulo 11: Caída a los infiernos
Los dos hermanos pasaron por los templos de la balanza y de la virgen sin problemas, pues estaban vacías. No les extrañó que estuviese vacía la casa de virgo, pues Shaka estaba en la Cámara del Patriarca, pero si en el caso de libra. Aun no habían visto rastro de ese Caballero, sin embargo no le dieron mayor importancia. La casa que no encontraron Vacía fue el templo del León. Allí les esperaba Aioria, El caballero de Leo.
"¡Hola¿Cómo estáis? Me alegro que halláis llegado hasta aquí." Aioria les saludo con gran entusiasmo. "Pareces muy contento…" Él les condujo hasta una sala grande, con un brazo sobre los hombros de cada uno como si fueses viejos amigos. "¡Pues claro! Gracias a vosotros se ha descubierto la verdad sobre mi hermano y el respeto y honor ha vuelto a mi familia."
"Esta prueba será muy fácil. Lo único que voy a hacer es enseñaros a luchar cuerpo a cuerpo. Muchas veces con esto es suficiente para vencer al enemigo. Saber usar tu propia energía es muy practico, así no la malgastas." Ambos asintieron, parecía lógico. El caballero de leo los miró con suspicacia "¿Debo asumir que no tenéis ni idea de lucha?"
"Nada. No nos gusta la violencia…" Dijo Andrés.
"…excepto entre nosotros,…" Continúo Andrea con un tono pícaro.
"…pero vistas las circunstancias hemos decidido intentar dejar de lado nuestro pacifismo, si podemos,… " Añadió Andrés.
"…al menos mientras duren las Guerras santas, o como se llamen." Finalizó Andrea. Los tres se quedaron sin habla. Aioria levantó una ceja y se rasco la cabeza "¿Soléis hacer eso a menudo¿Lo de terminaros la frase el uno al otro? Será cosa de gemelos…"
Los dos se miraron. "Pues no, Pero siento mas conexión entre nosotros que antes."
"Ya te digo, es como si pudiéramos sentir la…esencia del otro."
Aioria no le dio importancia y se encogió de hombros. "Da igual¡Vamos a empezar!"
De ese modo les enseñó unos cuantos movimientos de lucha. Andrés parecía ser muy diestro en esas cosas, aunque era la primera vez que daba puñetazos, patadas y llaves. Sin embargo Andrea lo tenía más difícil. Era menos ágil que su hermano y no le acababa de coger el truco tan bien como él. Aun así uniendo lo que hacía con unas cuantas ilusiones (con las que cada vez era más diestra) lo hacía bastante bien, con lo que Aioria les dio el visto bueno para pasar a la siguiente casa.
"La siguiente casa es la de Cáncer. ¿La habéis visto ya?"
"No. Tenía la mente en blanco cuando pasé por allí."
"A mí mi madre me vendó los ojos para no verla por dentro. Mencionó algo sobre la decoración…"
Aioria puso mala cara. "Será mejor que os preparéis para lo que vais a ver allí. Será desagradable." Ambos se pusieron en guardia. "¿Por qué¿Qué hay allí?"
El los miró como evaluándolos. "Lo único que os puedo decir es que vais a descubrir el porque el Caballero de Cáncer se hace llamar Mascara de la muerte." Con lo dicho se fueron. Cuando ya habían salido, Aioria salió corriendo detrás para lanzarles una última advertencia. "¡Cuidado con donde pisáis cuando estéis dentro!" Mientras continuaban Andrés meditó sobre la advertencia. Espero que el suelo no esté minado o algo así…
Al llegar a la entrada del Templo del Gran Cangrejo se detuvieron un momento, tomaron aliento y entraron. Estaba un poco oscuro pero tampoco era nada del otro mundo. Andrea estaba un poco extrañada. "Pues no se que cosa horrible tendrá este templo, yo no veo… ¡Uah!" Tropezó con algo y cayó de bruces al suelo.
"¿Estas bien¿Con que has tropezado?" Pero ella no respondió. Él vio porqué. El suelo estaba plagado de caras. Caras que se movían y gemían. Tenían expresiones de ira, tristeza o dolor.
"¡Esto es… horrible!"
"¡Espeluznante¿Qué clase de psicópata…¡Dios¿Son esos niños?"
"No se. ¡No quiero saber!" Con el estomago revuelto y el corazón en un puño recorrieron el camino teniendo cuidado de no pisarle la cara a nadie.
En una sala especialmente llena de rostros agonizantes les esperaba un Caballero de Oro. Evidentemente era el caballero de cáncer (¿Quién si no? ¬ ¬) "Habéis tardado mas de lo que esperaba, mocosos." Andrea le hizo una mueca detrás de su mascara. Andrés se limitó a mirarlo fríamente. Monstruo… Mascara de la muerte pasaba de todo. "Yo considero que un buen Caballero no debe temer a nada. Por eso os voy a hacer pasar algo de miedo, para templar vuestro carácter. Ahora que estáis aquí podrá comenzar loa prueba."
Los hermanos flipaban. "¿Pero tu de que vas, tío¿Es que el pasar por caras agonizantes no es suficiente terror?"
MM (abreviación de Mascara de la muerte) les miró extrañado unos minutos sin decir nada. Finalmente cayó en la cuenta. "¡Ah¿Os referís a mis trofeos? Solo son las almas atrapadas de aquellos a los que he matado. Nada de importancia…"
Andrea estalló. "¡¿CÓMO QUE NADA MALDITO HIJOP…?!" Pero Andrés la calmó antes de que se le lanzara al cuello. MM seguía impasible a sus reacciones. "Preparaos, vamos de viaje al infierno. Y no es una metáfora. Os hablo del infierno real. Un paseo por el pozo de la muerte y ya nada os impresionará. Si sobrevivís, claro…"
Andrea rió. "Es un farol. Solo los muertos pueden ir al mundo de los muertos."
"Eso es una redundancia, hermanita."
"¡Ya vale! La entrada al infierno será suficiente." MM había perdido la paciencia, les apuntó con un dedo y una luz púrpura los envolvió. Segundos después el templo estaba vacío.
Al instante se encontraban en una amplia habitación sombríamente iluminada. Dos figuras idénticas miraban sorprendidas a los tres recién llegados. Por primera vez los dos hermanos vieron terror en la cara de MM. "¡Me han interferido! Esto no es el pozo de la muerte… ¿Dónde…?"
Uno de los extraños se adelantó. "Los mortales vivos no tienen cabida aquí. ¡Muere!" Acto seguido un rayo fulminó a MM. Nada quedó de él.
Andrés cogió a Andrea del brazo. "¡Corre!" Y la arrastró hacia unas escaleras. Sin embargo, tropezó y se golpeó la cabeza con los escalones. Eso lo dejó desorientado un instante. Buscando una ruta de escape Andrea miró hacia arriba y vio un trono en el que había sentado un joven de pelo castaño envuelto en hábitos negros. El hecho de acercarse al joven enfureció a los dos extraños, que se acercaron rápidamente. "¿Cómo os atrevéis a molestar al Gran Hades?" Previendo su final, Andrea se agarró a su hermano cerró los ojos y deseó con gran fervor salir de allí.
Al abrir los ojos comprobó que estaban de vuelta en el Templo del Gran Cangrejo. Andrés sacudió la cabeza y miró a su alrededor. "¡Hemos vuelto¿Cómo lo has hecho?"
"¿Yo¡Habrás sido tú!"
Él se rascó la cabeza. "Quizás hallamos sido ambos… ¡Oye¿Qué ha pasado aquí?" Las caras habían desaparecido de las paredes, el techo y el suelo.
"No es el único cambio en la decoración." Andrea miraba una figura dorada con forma de cangrejo formada por la armadura del Caballero de Cáncer.
El joven en el trono miraba a sus dos emisarios. "Esta intromisión por parte de los Caballeros de Atenea se ha pasado de la raya. Aseguraos de que Pandora esté preparada para romper el sello."
"Si mi señor, después de abrir la caja no debería ser difícil." Dijo uno de ellos incando una rodilla.
"Sin embargo es mejor esperar a la alineación planetaria para una victoria completa." Añadió el otro. Aquello pareció complacerle. "Muy bien, No creo que unos días marquen mucha diferencia."
En otro lugar una joven se reía. Un hombre se le acercó. "¿Qué es tan gracioso, hermana?"
"Nada. Simplemente un jugador nuevo entra en el juego en el momento oportuno. ¡Es tan fácil manipular el destino de los viajes de los mortales!"
"¿Como? Cada vez entiendo menos lo que dices."
Ella interrumpió su risa y lo miró fríamente. "En vez de molestarme, deberías hacer tu cometido. Las guerras no se fabrican solas¿sabes? Ya estoy cansada de hacer tu trabajo." Mientras dijo esto último desapareció de la vista dejándolo rojo de ira. Después de soltar unos tacos contra ella, también él desapareció, dejando la estancia aparentemente vacía.
Cerca de allí un chico con alas les observaba. Tras esperar un poco salió corriendo. "¡Es suficiente! Tenemos que avisarla. Y yo se muy bien como hacerlo."
Cuando se había perdido ya de vista, la mujer apareció de nuevo y miró en su dirección sonriendo malignamente, pues sabía en todo momento que la estaba espiando. "¡Tonto! No hay nada que tú puedas hacer ya. Sin embargo a madre le encantará saber de ti. Le estás dando una excusa perfecta contra vosotros tres…" Dicho esto, se marcho dejando tras de si los ecos de sus carcajadas. (Ya sabéis, de esas de villano¡Mwahahahaha!)
