No me importa si este camino me lleva al infierno, no me importa si en este camino yo me pierdo, no me importa….

De cuando el amor es tal que se llama devoción.

Las horas pasaban para Daring sin mayor demora, después de todo el baile era algo importante, cualquier baile, cualquier fiesta.

E iría con Apple White, nada podía ir mal, aunque sus dudas siguieran carcomiéndole el corazón cual dagas perfectamente afiladas, afiladas con una intención fatal.

Para Daring, para quién el amor verdadero, el futuro brillante, y la razón de su existencia se resumían en una sola persona era algo difícil expresar sus dudas, nunca le habían explicado que ocurriría si por algún azar se decidía a dudar, a pensar, a dolerle, estaba seguro, auqnue fuese un pensamiento muy femenino, que el amor no debía de doler, ni ser incomodo, ni nada por el estilo.

¿Entonces qué pasaba?

Por algún azar ¿No había posibilidad de amarla? ¡Era su destino por el mismo cielo de escarcha de los cuentos de hadas!

Las campanas del reloj tocan hoy un corazón, un llamado… mi amor, cuéntame que callas hoy.

El silencio de Daring al respecto lo lastimaba más de lo que él mismo pensaba, puesto que callaba tercamente sus dudas, dispuesto a creer que sin duda era él quién estaba en un error, cuando llegara el momento, él la amaría, estaba seguro, elevaría una espada perfecta de fuego envenado, lucharía contra la búsqueda incansable y entonces, cuando la manzana envenenada tocara sus labios rojos como la sangre…

Yo creí más de una vez, que te amaría solo a ti, y aun no siendo así, te miré tan solo a ti.

Cuando aquel sueño de muerte cayera contra ella, él la buscaría incansable, o quizás no tanto, los viajes a lomos de un caballo sufriendo privaciones no era algo que le atrajera, pero si al final estaba su destino, el futuro brillante, ella… estaba seguro de que haría lo que fuera por ir con ella, que haría lo que fuera por seguirla y amarla más que a la misma vida.

Pero… pero ¿y si el beso no funcionaba? ¿Y si el amor no existía? ¿Y si, por algún error en el destino, en él, no lo lograba?

Las campanas del reloj, tocan hoy tu corazón, un llamado… el amor, cuéntame que callas hoy.

A lo lejos oyó el nuevo pasar de las horas, campanadas que parecían cantar, aun no sabía que le ocurría, paseaba inquieto, con la mente agitada apenas caía en la cuenta de cómo podía funcionar aquello del amor, se detuvo a los pies de una torre y bajo el espejo de su rostro, definitivamente no se veía tan bien aquel día.

Sonrió turbado, recordando cuantas veces casi sin querer había salvado a alguna princesa en peligro, cayendo de la torre y la había sostenido en sus brazos sin mayor esfuerzo que aquel, el de hacerlo.

Nuevas campanadas tocaron de vuelta y se topó con que quizás el tiempo se hubiera terminado para él, pero no aún quedaban un par de horas para ir a vestirse, a recoger a Apple, admirar su tez de porcelana, sus ojos como gemas, sus labios rojos, sus largos cabellos rubios… ¿rubios? Se detuvo y miro congelado al frente… Bueno, era algo que siempre había notado… ¿A que venía pensar en eso ahora?

Las campanas del reloj, tocan hoy mi corazón, un llamado… es tu amor, cuéntame que callas hoy.

¿Qué debía hacer? Se preguntó, caminando de vuelta, definitivamente no podía ir a expresar sus dudas a nadie, sería una locura, algo inadecuado de su parte, por supuesto.

¿Preguntarle a Apple? ¿Qué podía preguntarle? ¿Si tenía sus mismas dudas? ¿Si su destino le causaba las mismas dudas? No, por supuesto que no, ella ya sufría suficiente con Raven para que él le causara semejantes pesares.

Él podía cumplir su destino, si solo actuar fuese suficiente, si no hubiese ese trasfondo terrible, de no saber que pasa o que no pasa.

¿Qué pensaba de Apple? Era maravillosa, dulce, encantadora, virtuosa, un tanto vanidosa y egoísta, como él, pero era lo propio de la nobleza, era como esperaba que fuera ella.

¿Él era como ella esperaba? Sin duda, nunca la había oído quejarse al respecto, era encantador, maravilloso, guapo, valiente, osado…

Frunció el ceño, al pensarlo bien, era como un príncipe de libro… Saco hoja y lápiz y comenzó a hacer un marco de dudas, quemaría la hoja, lo juraba.

Descubrí en tu mirar, mil palabras que decir, y creí tan solo así, que me amarías solo a mí.

Llego a su habitación, estaba solo, vistiéndose tranquilo con el traje, la máscara era de negro y gris, apenas un antifaz, los rasgos del dragón eran bajos, solo ocultaban la mitad de su cara y sus ojos eran claros bajo ella, no se escondería demasiado, su sonrisa tendría el mismo efecto de antes.

Sobreviviría.

Volvió a pensar en Apple, y las palabras le resultaron cortas para describirla, era hermosa en cierto modo, dulce como pocas, grácil como un lirio, cortes como un fruto de la realeza, frágil en apariencia… Encantadora.

¿El soñaba con ella en su destino? Bueno, siempre había estado seguro de que la tendría…

Apretó la máscara con fuerza, por tres segundos, dejando caer la máscara en el suelo tras ello.

Las campanas del reloj, tocan hoy un corazón, un llamado… el amor, cuéntame que callas hoy.

¡Pero qué tontería! ¡Por supuesto que la quería en su destino! … Era absurdo pensar que no la quería, estaba seguro de que sería feliz con ella, cuando la veía aparecer frente a él se calmaba, y luego empezaban las guerras internas, las dudas, el temor.

No sabía que era el amor, no lo sabía, si debía ser sincero, sincero por completo.

El amor que creía conocer era el de los libros y nadie entendería aquello.

Porque era claro que el amor de los libros era elevado hasta el cielo, pero si fuera real, real como tal, sin duda… entonces no debería tener esas dudas él.

Era imposible que él estuviese errado.

Termino de arreglar su aspecto con un gesto de frustración.

Saliendo de su habitación, diez minutos para ver a Apple.

Diez minutos, tiempo suficiente, el carruaje abajo, lo esperaban como debía ser.

Las campanas del reloj, tocan hoy tu corazón, un llamado… es mi amor, cuéntame que callas hoy.

Estaba hermosa, como siempre, el traje de golpe bajo era blanco, como la nieve, l amascara era gris y blanca, a la vez, a su lado, él que vestía de negro y gris, podía ser al igual que ella, el señor de los muertos, ella, la señora de la vida, nadie entendería la alegoría, él no lo haría, porque nunca se fijaba en los demás.

Pero su vanidad sería satisfecha sin dudas, Apple sonrió ante él y el realizo una reverencia perfecta, y su corazón latió con lentitud.

-Querida princesa –comento con tono alegre y galante, mirándola a través de sus ojos perfectos, sus labios enmarcando una sonrisa deliberada, educada, galante, mientras tomaba su mano y depositaba un beso perfecto.

-Oh Daring –dijo ella, con las mejillas ligeramente encendidas, los ojos brillando alegres, incluso más que siempre, parecía… Extrañamente diferente, no la había visto tan hermosa nunca antes.

-¿Nos vamos? El baile nos espera –comento.

Si, un baile de la nobleza, abierto al público, en el gran teatro del Ever After High, se verían magníficos entre ellos, muestras claras de la realeza perfecta.

Apple sonrió y fue con él, cuando la ayudo a subir al interior del carruaje observo que los brazos de ella eran blancos bajo las amplias mangas del vestido, el peinado recargado enmarcaba su rostro como un cuadro perfecto, su perfil era precioso, dulce.

Subió tras ella, sonriendo, cada uno llevaba espejos a mano, pero cuando se vieron uno frente al otro ella sonrió extrañamente.

-Te ves muy bien Daring –comento suavemente en un halago delicado, él la miro no con la sonrisa pagada de si misma que siempre llevaba, estaba sorprendido, pero logro sonreír más tranquilamente y agradeció, con demasiada sinceridad.

Abandone en tus besos yo, un amor y el corazón si el destino no es el amor, nuestro destino no murió.

La conversación que sostuvieron fue como las de antes, esas claras, perfectas, sin mayor insinuación personal, Daring había entendido al verla con el vestido blanco, y Apple había sonreído sin poderlo evitar.

Era tan claro como el agua, aunque ninguno de los dos vieran realmente como eran en verdad las cosas, él era feliz con solo verla, aunque sus dudas se refirieran solo a si ella sentirá algún día lo mismo, ella, más clara no podía ser, sentía mucho más de lo que ella misma esperaba, por eso le hablaba, por eso le extendió su regalo mucho antes.

Por eso él leía del libro que ella le había extendido, con una frase marcada.

La historia no la conocía, aunque parecía hermosa, por la frase.

"Las campanas del reloj, tocan hoy un corazón, un llamado, el amor, cuéntame que callas hoy.

Si mil mundos te entregue, si mi amor por ti no se fue, a que temer el paso del tiempo, mi amor no morirá aun si yo muero"

Detuvo su lectura y elevo la mirada hasta ella, que lo miraba tranquila y pacífica, al verla tan tranquila y suave, ¿ella lo sabía? ¿Cómo?

Sonrió, ella era especial, después de todo, infantil, posiblemente, terca, quizás, pero era evidente…

-Si hubiese sido así, oh amada mía, te habría ofrecido mil veces disculpas veladas, es mi amor solo tuyo, si mi corazón late es por vos… te he amado la vida entera, te he querido mi destino, y si por algún azar… no lo hubieses sido

Apple le miro, y aunque sonreía dulcemente, su mirada se asustó, ¿Qué quería decir él?

-Te hubiere amado igual.

Fue inevitable, los ojos de ambos brillaron y fue, por unos segundos perfecto.