Rosas llenas de espinas

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La universidad de Villa trolls comenzaba a ser inundada por un tono carmesí, decoraciones con corazones y cupidos risueños. San Valentín llegaría en poco tiempo, todo el mundo se preparaba para la ocasión, en especial Poppy, la festividad la tenía muy atareada, pues no sería cualquier fiesta anual, era la última de su generación, por lo que tenía que ser aún más especial que cualquier otro San Valentín de la historia; la última oportunidad para aquellos enamorados que guardaron en secreto sus sentimientos, si no era en ese festejo, sus declaraciones no tendrían ninguna oportunidad de ser correspondidas.

Por ello, la chica de cabellos rosas no se cansaba de pregonar…

-¡Pidan la ayuda de cupido si su corazón es tímido! ¡Escriban una carta, un mensaje, una canción o den un regalo a esa persona especial, nuestro cupido lo llevara por ustedes! – Gritaba con ayuda de un megáfono.

-¿Podrías ser más ruidosa?- Pregunto en forma de queja un malhumorado joven que siempre portaba una gorra gris.

-Buenos días, Ramón. – Lo saludo contenta sabiendo de antemano que el chico correspondería su alegre saludo.

-Buenos días. – dijo de forma áspera y cortante, le dio un sorbo a su café, mientras miraba absorto un corazón que giraba mecido por el viento, pregunto. - ¿Es el aniversario de la especialidad de cardiología? –

Tras escuchar semejante cuestión, Poppy soltó una sonora carcajada, Ramón alzo una ceja y la miro extrañado, no era su intensión bromear con ella, pero era claro que eso fue lo que paso, tras dejar de reír ella contesto.

-Claro que no, es San Valentín, bueno… aun no lo es, faltan casi cuatro semanas, pero será el último para nosotros, estoy organizando el correo de cupido, puedes mandar un mensaje o regalo, sería perfecto que no fuera anónimo, pero también se puede, en fin, lo recogemos y lo mandamos por ti. –

-Se cómo funciona "el correo de cupido" recuerda que yo también estudie en esta universidad, eso no es nuevo. –

-Ok, solo lo dije porque parecía que desconocías la celebración. –

-Es lógica que la conozco, ¡Dios! ¿Quién no la conoce? Cada año hacen sus estupideces. –

-Déjame adivinar, ¿Jamás la has celebrado? –

-Odio esta fecha, todo es mercadotecnia insípida y barata. –

-No seas amargado, de seguro lo dices porque nadie te ha regalado nada el día de San Valentín. –

-Nunca nadie me ha regalado nada, pero no porque no tuviera pretendientes, era porque deje en claro que detesto estas fechas. –

-¡Aja! Lo sabía, eres de las personas que dice que no quiere algo, pero que en realidad si lo quiere y se amarga porque nadie tiene la valentía de dártelo. –

Ramón la miro un tanto frustrado.

-No, soy de las personas que dejan en claro que este tipo de estupideces no le interesan y que realmente no quiero que me den nada. –

-Si, como no. –

-Cree lo que quieras, no me importa. – contesto molesto para comenzar a caminar, pero la voz de Poppy lo detuvo.

-Voy a mandarte un regalo. – afirmo feliz, Ramón por su parte lucia confundido. – Ya sabes, no de amor, sino de amistad, San Valentín no solo trata de romance. –

-Realmente odio esta festividad, si llego a ver alguno de tus patéticos regalos en el edificio de investigaciones, no me importa si es para mí o no, lo tomare como una amenaza y posible foco de contaminación y lo arrojare por la ventana. – Ramón sabia de sobre que debía de tener precaución con las cosas venidas de Poppy, no quería pasar otros 6 meses en la universidad reparando los daños.

-Entonces… ¿eso es un sí? –

-¿Qué tu no entiendes las "directas"? Es un "no" por donde lo mires. –

-Es un "si" tentativo si los ves de manera positiva. –

-¿Cuándo eras niña no te caíste por las escaleras? –

-Un par de veces ¿Por qué? –

-Todo tiene sentido en esta vida. – Contesto de manera burlona y siguió su camino bebiendo su café.

-¿Esperaras mi regalo? – Pregunto sin comprender su comentario.

-Muero de ansias por recibirlo. – Mintió.

Luego de aquella charla pasaron los días sin ningún contra tiempo. Mientras la cabeza del chico estaba completamente inmersa en tratar de ignorar a la cercana festividad, dado que su última ruptura aun le causaba tragos amargos; la chica estaba en la cuestión de cuál sería un regalo digno para él.

-Es mi última oportunidad de ser su amiga. – comentaba en las bancas que estaban cerca del edificio de investigaciones, Dj Suki bostezo.

-¿No te aburre seguir intentando? Chica, entiende, te detesta, solo déjalo y vayamos a divertirnos. –

-No, estoy segura que él y yo podemos llegar a ser mejores amigos, solo tenemos que… -

-Un regalo no lo convencerá. –

-Claro que no, un regalo cualquiera podría arruinarlo todo, pero… - Poppy fue interrumpida por las gemelas.

-El regalo perfecto podría resolverlo. –

-Eso mismo, solo tengo que pensar que podría ser ese regalo perfecto. –

-Una almohada. – Comento Dj Suki tras otro bostezo.

-Un nuevo sombrero. – Fue más asertiva Satín.

-Quizás, lo pondré en la lista. – dijo Poppy escribiéndolo en un papel.

-¿Qué otras cosas tienes en esa lista? – preguntaron curiosas Satín y Seda.

-Pues… granos de café cubiertos de chocolate, un cupo para una sesión relajante en un spa, el sombrero y… -

-Un jarrón lleno de hermosas rosas rojas. – dijo Seda soñadoramente.

-No, eso no está en mi lista. –

-No dije que este en tu lista, lo estoy viendo y es hermoso. –

-Las demás chicas dejaron lo que hacían para mirar curiosas semejante hermosura, 15 rosas enormes, colosales que portaban dignas un color rojo sangre, gritaban pasión por donde las vieras y cada pétalo perfecto era acompañado de una seire de gotas regadas que brillaban como diamantes, luceros centellantes ente hojas, "Amor" era la palabra que a uno se le venía a la mente tras ver ese regalo, sin duda algo digno de San Valentín, si bien el ramo era imponente, el jarrón blanco con detallas de plata que las contenía no se quedaba atrás.

-¿No es algo temprano para eso? Digo, aun no estamos en San Valentín. – comento Dj Suki.

-Bueno, tu sabes, hay gente que se siente menos especial si lo hace el mismo día que todos los demás, por eso los dan antes. –

A Dj Suki todo tema que no tratara de camas, almohadas, frazadas o música le tenía sin cuidado, por lo que abandono al trio de chicas que seguían con la mirada en tan admirado obsequio. Poppy, Seda y Satín no dejaban de preguntarse para quien sería el lindo detalle.

Por otro lado, en el edificio de investigaciones de la universidad, un joven se encontraba muy atareado ordenando una pila de documentos, con el final de estancia ahí y la jubilación de la señora O 'Hare, todo debía de estar perfectamente ordenado y clasificado para quienes los fueran a sustituir en la labor. Ambos iban y venían en la oficina de extremo a extremo, sacando carpetas, revisando hojas. Inmersos en su trabajo ninguno escuchaba al mensajero que llamaba insistente a la puerta, finalmente la abrió ligeramente, se aclaró la voz para llamar su atención. Ramón y la señora O 'Hare voltearon a verlo algo desubicados.

-Disculpen que los interrumpa, solo vengo a dejar un obsequio. –

-¿Un obsequio? – pregunto la mujer arreglándose los lentes para ver mejor el hermoso jarrón lleno de flores. Ramón por su parte había perdido todo interés en el invitado sorpresa tras escuchar la palabra "obsequio" y paso de vuelta a su labor sin mirar de que se trataba.

-Debe de ser otro regalo por su jubilación. – comento sin mucho interés, pues la anciana ya tenía un rincón de la oficina lleno de chocolates, peluches, dulces, joyas y demás, deseándole lo mejor en su retiro.

-Pues lamento decirte que este regalo no es para mí. – dijo con tono burlón para Ramón.

-¿Se equivocó de dirección? – pregunto con el rostro sumergido en una carpeta.

-No, este regalo llego a donde tenía que llegar. – la anciana coloco el jarrón sobre el escritorio del joven, sonriendo de oreja a oreja, tenía una ligera sospecha de quien había enviado tan bello regalo.

Ramón vio las rosas bastante extrañado, debía de haber algún error, pero al mirar la nota de la dirección y para quien iban, no tuvo de otra más que firmar de recibido y despedir al repartidor.

-¿Rosas? ¿Para mí? ¿De quién? – el joven observaba el jarrón por todos lados, quien lo conocía sabía que odiaba las flores, sin duda un pésimo regalo para él.

-¿No tienes ninguna idea de quien podría ser la persona que te las regalo? – pregunto burlona la señora O 'Hare.

-No, mi padre no me regala flores, Nube tampoco y eso sería raro. – decía mientras admiraba las largas y filosas espinas de la rosa que sostenía en la mano.

-Pues… alguien te había amenazado con darte un regalo. - comento la mujer.

Ramón dejo la rosa en el jarrón y se quedó en shock un momento. "Poppy" pensó, y tendría que serlo, el obsequio no se veía barato, sin duda algo digno de la hija de un alcalde que usa la tarjeta de crédito de papá. Sin darse cuenta en su rostro se pintó una gran sonrisa, sus ojos se iluminaron y las mejillas se le tiñeron de un agradable color rojizo. El latir tan ruidoso de su corazón no lo dejaba escuchar las palabras que la señora O 'Hare destinaba para él, ¿y que le podría importar? Toda su atención estaba en tratar de descifrar cada detalle, giraba alrededor del arreglo tratando de entender "¿Es este acaso un regalo de amistad? No, es demasiado perfecto, ¿Quién regala flores a un amigo para San Valentín? No, ella quiere algo más, si, eso debe ser…" pensaba. La dicha de Ramón no tenía fin e iba en aumento cada que su mirada cambiaba de rosa a rosa. Al fin escucho la voz de la señora O 'Hare.

-Tiene una nota. – dijo sosteniéndola enfrente de él.

"¡Una nota! ¡De Poppy!" el joven no podía ocultar su felicidad, la chica que ahora dominaba sus sueños le había enviado un regalo que desbordaba pasiones, que entre pétalos y gotas de rocío tan brillantes como diamantes, un "te amo" casi se podía leer. Las manos le temblaban a la hora en que tomo el pequeño sobre, todo su cuerpo se sacudía en un frenesí de excitación. "¿Qué hare después de esto?" se preguntaba. "¡Dios, me encanta! ¡La adoro!" Lo primero que se le venía a la cabeza era salir corriendo, encontrarla y llevarla al asiento trasero de su auto. "¿En el estacionamiento de la universidad? No, alguien podría vernos." Su mente ya navegaba en el futuro mientras sacaba la nota y la desdoblaba, boda, matrimonio, hijos. "Sin duda dos o tres hijos sería lo ideal" Las ansias eran tal que no podía leer con claridad.

-¿Y qué dice? – Cuestiono curiosa la señora O 'Hare.

-Pues… dice… "Lamento todo lo que sucedió… - Ramón atino que era por el incidente de la brillantina. – "Espero que puedas perdonarme…" – Sin duda debía de ser eso, pero con ese regalo, como no perdonarla. – "Te amo" – Ramón no podía creer lo que había leído "te amo", sentía que el alma se le escapaba del cuerpo de felicidad, finalmente leyó la última parte. – "…De Antony" –

-¡Santos cielos! – Comento la anciana cubriéndose la boca. – Lo lamento muchacho, yo creí que era de… -

Ramón estaba mudo, sentía como si le hubieran echado un balde de agua fría, todo sentimiento positivo abandono su cuerpo, se sintió vacío, con un hueco en el estómago, una ira descontrolada lleno todo ese espacio de nada y con dos grandes zancadas llego a las ventanas de la oficina, las abrió en par y tan veloz como un rayo arrojo el florero por el ventanal.

-¡RAMON, NO! – se escuchó gritar a la señora O 'Hare.

Aquella exclamación llamo la atención de Poppy, Seda y Satín que seguían su charla sobre el regalo. Parecía cámara lenta ver como las flores caían desde lo alto hasta el suelo. El jarrón impactándose contra el pavimento, rompiéndose en mil pedazos. Las tres jóvenes no podían creerlo, en especial Poppy que nunca pensó que las amenazas de Ramón fueran ciertas. Sin esperar un segundo se lanzó por ellas, las rosas aún estaban intactas, podría tomarlas y buscar a la dueña. Por otro lado, Ramón también había notado que las flores seguían tal cual, por lo que aun lleno de ira, salió corriendo de la oficina bajando con gran velocidad las escaleras y saliendo del edificio para encontrar a Poppy de rodillas levantando como si de un bebé se tratara, cada rosa, poniéndolas en su regazo, la última estaba cerca de él y la joven ya casi la tomaba. Ramón alcanzo a pisar el tallo mientras ella cogía la base de la flor.

-Estas rosas tienen un destino. – dijo Poppy sin levantar la cabeza, sabia quien le obstaculizaba su acción. – Interferir con el correo es un delito federal. – Menciono al fin mirándolo a la defensiva.

-No me digas, en ese caso será todo un escándalo que la gente se entere que te arrestaron por eso, la hija del gran y querido alcalde acusada por robar un ramo de estúpidas rosas. –

-Cierto, no son mías, pero a diferencia de ti que solo quieres destruirlas, yo quiero que le lleguen a su dueña. –

-Pues no te tomes tantas molestias, te facilito las cosas, dame las rosas. –

-¡No! – Grito tomando al fin la última y poniéndose de pie.

-Dame las malditas rosas. –

-¡No son tuyas! Son de alguien más, este ramo tiene una importante misión y no dejare que tú te interpongas. –

-¿Misión? Son solo un puñado de estúpidas flores. –