Aquí la continuación.-mira a otro lado- me vais a odiar por escribir esto.

BETTER FOR YOU

(esto es lo mejor para ti, creeme)

Se encontraba tumbado en algún lugar, su cabeza reposaba sobre algo blando mientras una mano le acariciaba los cabellos con suavidad, reconoció en el aire el aroma a mar que caracterizaba a su hermano mayor.

-¿estoy muerto?-preguntó sin abrir los ojos

-No, solo estás soñando-respondió la voz de Paulo- te desmayaste por el dolor

-¿Y Gilbert?

-Está bien, tranquilo, tú descansa- los labios del mayor se posaron en su frente

-No puedo descansar, tengo que despertar e ir a ayudar a mi gente.

-Si te despiertas no te gustará lo que hay en la realidad-le avisó- quédate aquí un rato más.

-No Pau-dijo empezando a abrir los ojos- tengo que irme

Abrió los ojos encontrándose con el techo de piedra de lo que identificó como una prisión, se incorporó un poco y escuchó el sonido de unas cadenas moverse, se palpó el cuello descubriendo el extremo de una cadena que le ataba a la pared. Miró a su alrededor, estaba en una pequeña celda, la única ventana estaba rejada con barrotes de metal, había una puerta con una mirilla que se situaba en el frente de la cama en la cual estaba sentado.

-¿Dónde estoy?- se preguntó mientras se levantaba tocando con los pies descalzos el frío suelo-¿dónde está Gilbo?

Se miró el pecho al notar una fuerte punzada, descubriendo que estaba totalmente vendado, tubo miedo y empezó a palparse el vientre tratando de notar si le había pasado algo o no a su hijo, suspiró de alivio al darse cuanta de que no era así.

Se acercó a la puerta y puso la oreja en ella para tratar de oír algo del otro lado, escuchó un par de pasos que se acercaban y se detenían delante de la puerta. Se alejó de ella con rapidez, volviéndose a tumbar en la cama agarrando disimuladamente la cadena, si el que entraba por la puerta era un alemán le estrangularía.

La puerta se abrió y en ese momento España dejó de respirar, soltando la cadena por el asombro, no podía creerlo, mejor dicho, no quería creer que esa persona estuviese ahí, ese hombre que había ayudado a dar origen a su guerra, el último diligente de los sublevados se erguía ante él con superioridad.

-Tú-dijo con odió al hombre que vestía un uniforme militar español-

-Hola España.

-Franco-escupió su nombre-¿Qué haces aquí?

-Visitar a la nación que dirijo para ver si despertaba, pero veo que ya lo has hecho.

-¿Cómo que la nación que diriges?-preguntó anonadado- tú no mandas en mi, es Dolores quien lo hace.

Franco rió de manera estridente ante las palabras dichas por la nación.

-Desde hace dos semanas te dirijo yo- dijo seriamente- bombardeamos España y la invadimos, el magnífico füther me dio el poder y las demás naciones aceptaron. Soy tu jefe España, como siempre debió ser.

-¡Me niego!-gritó-¡Tú no puedes ser mi jefe!, yo no quiero de jefe a un bastardo fascista como tú.

El sonido de un golpe resonó en la celda, Francisco Franco le acababa de dar una bofetada a su nación.

-A mi me tratas con más respeto-le dijo- bastardo comunista, deberías estarme agradecido por librarte de esos apestosos bárbaros.

-Yo quería estar con ellos-le dijo- yo quiero estar con Rusia- una nueva bofetada le fue dada.

-¿Con ese comunista?, por favor, España, no me hagas reír, ese chico no te quiere, si no ¿dónde está ahora?, ¿porqué no ha venido a por ti?-inquirió haciéndole mucho daño con sus palabras- Hace días que se sabe de mi gobierno por todo el mundo y Rusia ni se ha movido, ¿sabes por qué?-se acercó a el y le susurró- por que no te quiere, solo te ha utilizado.

-Mentira-murmuró- mientes, estás mintiendo, él me quiere, va a venir a por mi-dijo seguro.

-No vendrá-le contradijo- estás solo España, nadie te quiere, solo me tienes a mi.

-Él vendrá-dijo tocándose el crecido vientre- el vendrá y me librará de ti bastardo.

Un fuerte golpe le fue dado, tan fuerte que le tiró de la cama haciéndole caer al frío suelo le golpeó varias veces, haciendo que el de ojos jade se mordiese los labios para evitar soltar algún grito de dolor, no quería darle placer a su agresor.

-No dejare que vuelvas con el comunista-dijo sacando una botellita del bolsillo del uniforme, Antonio reconoció el líquido y trató de alejarse, pero Franco tiró de la cadena reteniéndole, ahogándole.- cortaré todos los lazos que te unen a él, empezando por lo que llevas dentro de ti.

Antonio cerró los labios con fuerza, no iba a beber ese líquido, aunque le costase todo no lo bebería, no mataría a la personita que le daría la felicidad junto a Iván.

Franco trató por todos los medios que Antonio bebiese ese líquido, pero la nación era muy terca. Salazar, el dictador portugués, le había dicho que Portugal era exactamente igual, sería cosa de familia.

Al final tras medio matar a su nación a golpes logró que este abriese la boca y sin perder tiempo derramo el liquido en su boca para luego tapársela junto a la nariz para que tragase. Antonio Luchaba para no tragar, no debía tragar ni una sola gota de ese líquido, aunque se asfixiase no tragaría, pero siempre los impulsos vitales ganan a los deseos de no querer realizar alguna acción y Antonio acabó tragando aquel líquido, tras eso Franco le soltó y el de ojos verdes comenzó a dar bocanadas de aire mientras las lágrimas salían de sus ojos y recorrían sus mejillas hasta chocar contra el suelo mojándolo.

-Hijo de puta-murmuró

-Si vuelves a desobedecerme será peor-dijo dándose la vuelta dispuesto a irse- y no te preocupes yo me encargaré de esos comunistas, aniquilaré ese virus y serás feliz.

-¿aniquilaras?-preguntó deseando que lo que había pensado solo fuese un pensamiento.

-Si-sonrió- ya sabes que a los virus hay que matarlos.

-No serás capaz.

-Mi querido España, yo con estos temas no bromeo, por cierto, en unas horas nos iremos a casa, espero que para entonces sepas respetarme.

Franco abandonó la celda y en ese momento Antonio notó un dolor muy fuerte en las entrañas, como si le estuviesen desgarrando por dentro, notaba la sangre bajar por sus piernas, el líquido que le habían dado estaba haciendo efecto, empezó a retorcerse de dolor, arañando el suelo mientras las lágrimas salían de sus ojos, estaba perdiendo su bebe.

No se dio cuenta de que desde la mirilla era observado por unos ojos azules que le miraban retorcerse de dolor, su dueño quería entrar y ayudarle, dejar que se abrazase a él hasta que el dolor pasara. Cerr´´o los ojos y se alejó de allí, lo sentía por España pero era mejor así.

-Esto es lo mejor para él- trató de convencerse Ludwing mientras se dirigía a hablar con su jefe- lo mejor