Disclaimer: La mayor parte de los personajes, lugares, hechizos, y, en resumidas cuentas, ese mundo mágico, pertenecen a J.K. Rowling, y no a mí, que tan sólo los cojo prestados.
Capítulo 11: El violín y la noche.
Me detuve en la puerta de la biblioteca, con la mochila que había conseguido gracias a los Griffindor, a rebosar de los libros que me habían prestado más alguno que había sacado de la biblioteca. Los Slytherin, con ese aire de frialdad, me rodearon, lo que no me gustó nada. Además ya anochecía, y por el pasillo no había demasiada gente.
- Pensamos que ya está bien de dejarte entrometerte tanto por aquí – los miré intentando tantear terreno. La verdad es que no tenía ni idea por dónde iban a salir aquella pandilla de idiotas.
- ¿Y qué me pensáis hacer? – Dije con desdén. Pero al instante me arrepentí de mi pregunta. Un brillo malicioso se perfilaba en su mirada. Sabía de sobra de que debía de ser extremadamente cuidadosa.
- Ni se te ocurra levantarnos la voz. – dijo el chaval que estaba a la derecha de Lizardo. – Sangre sucia. –Me pegué más contra la pared, pero sin dejar de lanzar miradas desafiantes, ocultando lo aterrada que estaba.
- Queremos saber dónde está tu amiguito. El Malfoy. – Arqueé una ceja, dejando entrever mi asombro.
- Creí que vosotros lo sabríais. Hace ya un día que no sé de él.
- Ni se te ocurra mentirnos. – Arrugué el ceño. ¿Qué mosca les ha picado a estos con Draco? – Nosotros lo sabemos todo. – dijo una voz femenina. Hice una mueca instintiva. Más quisieran saberlo todo. Engreídos. Le encontré un horrible parecido a Pansy, aunque esta era mucho más guapa, además de tener una larguísima melena rubia.
- Pero bueno, dejadme en paz, no sé dónde se ha podido meter. Buscadlo, andará por ahí. - Lizardo entornó los ojos, parecía que me sondeaba con la mirada.
- También queríamos advertirte. – Me quedé a cuadros. ¿Advertirme? – Queremos que te mantengas bien alejada de Draco. De mi primo.
- Pero… - intenté replicar.
- Eres un auténtico peligro para él. Me importa un rábano que hayáis venido juntos. Su cabeza está completamente en las nubes y no es capaz de concentrarse en nada de lo que hace – Me pregunto que sería aquello que quería hacer, estando en vacaciones. – Además – siguió, no dejando lugar a réplicas – queremos que se olvide de ti. Pedimos tu voluntaria colaboración para que te alejes de él por completo. O si no… No lo quieras saber. – terminó escrutándome con la mirada, y en el fondo de su frío rostro pude contemplar al fondo alguna idea retorcida. La advertencia se parecía, dolorosamente a la petición que le había hecho Godric a Salazar sobre que se alejara de su hija.. Lizardo se pegó a mí, acercando su rostro al mío, mientras yo no veía ningún tipo de escapatoria, y me susurró algo al oído que me hizo palidecer. Aunque mi rostro permaneció inescrutable.
- ¡Dejadla en paz! – Tronó una voz conocida a través del corredor. Lizardo se separó de mí, pudiendo reanudar mi proceso de respiración.
- Al fin, Draco. Nos tenías preocupado. – él los miró con una máscara de odio, que tan sólo había visto cuándo se enfrentaba a un Griffindor.
- ¿Qué se supone que estáis haciendo? – siseó con asco.
- Buscarte. – dijo la chica de pelo rubio platino.
- Pues bien. Me habéis encontrado. ¿Qué queríais? – El grupo compartió una mirada de complicidad.
- Hablaremos bajo, en las mazmorras. Aquí hay sangre corrompida que nos podría escuchar. – dijo, soltando eso, como si fuese veneno.
- No voy a ir a ninguna parte – respondió Draco, escuetamente y desafiante. Lizardo lo miró como si le hubieran lanzado una bofetada. – Dejad ir a la chica y hablamos ahora. – Aproveché la oportunidad para salir de aquel círculo de cobardes Slytherins y me fui de allí. Al pasar al lado de Draco me miró a los ojos en una extraña expresión, a la que no busqué explicación. No pude evitar mirar hacia atrás cuándo me alejé un poco más. ¿En qué lío se estaba metiendo Malfoy? Maldita sea. Se lo merece por ser tan idiota. Al fondo de mi, sentí algo que me molestó. ¿Sería preocupación por alguien tan idiota como Malfoy?
Vagabundeé por Hogwarts, yo sola, sumida en un mar de pensamientos. Anochecía demasiado rápido. Y no tenía ningún lugar dónde quisiera estar. Los pasillos lóbregos de Hogwarts se habían convertido en un hogar oscuro. Eran demasiados problemas, demasiada confusión, demasiado miedo. Demasiado en lo que pensar. Me mordí el labio, todavía algo aturdida. ¿Por qué me había aparecido Draco en el momento más crucial? Estúpidos. ¿Cómo me podía alejar de él? Los pasillos se cernían sobre mí, con su frío, con su igualdad. A través de las ventanas tan sólo la siniestra noche. Y nadie más.
En mi mente de nuevo apareció ese acertijo. Era tan corto que me lo sabía de memoria. Más allá del tiempo y del espacio… ¿Se referiría a viajar a través del tiempo? En todo caso, nada tenía que ver con lo siguiente. En las garras del león encuentras tu destino… ¿Qué puede encontrar una en las garras de un león? ¿Pezuñas? Aunque si bien, se podía interpretar de otra manera si contamos que las garras del león son los brazos de ía que ver con Salazar, y nada que ver con Nikel. Y bajo el frío mármol también está tu salvación… Parecía demasiado sencillo, porque entonces fue cuando el mármol del aseo cedió y… bueno, pasó lo demás. Nada podía cuadrar. La salvación, debajo del frío mármol… Aunque también… debajo del material como lo es el mármol se empleaba mucho para las más adineradas lápidas. Estúpido acertijo. Ninguno se me ha resistido tano, maldita sea.
No tengo ni idea cuánto tiempo pasó ante mi nublada cabeza, hasta que ascendí unas escaleras y me metí en un pasillo que jamás recuerdo haber pisado. Cada vez estaba más cansada. Y algo interrumpió mis pensamientos de golpe. Porque una melodía había llegado a mis oídos. Una melodía, que retumbaba a través del pasillo, y era capaz de desgarrar el alma más serena. ¿De dónde demonios provenía esa melodía? En Hogwarts, que yo supiera, no había ningún músico. Cada vez más interesada por esa preciosa canción, hipnótica, brillante, melancólica y triste, dejé que los pies guiaran mis pasos, seguidos por los latidos de mi corazón. Se trataba de un violín, sin lugar a dudas. ¿Pero quién era capaz de interpretar esa música? ¿Quizás un profesor?
Sin darme apenas cuenta me situé delante de una puerta robusta. De allí procedía aquel sonido, que parecía haber sido creada por los astros. Parecía una música de las estrellas. Aunque rematadamente triste. No pude hacer otra cosa que tentar mi suerte y abrir la puerta con el mayor sigilo posible. No quería quebrar la magia creada por aquel prodigioso instrumento. Me quedé apoyada en el marco de la puerta, conteniendo el aliento, y anulando el resto de mis sentidos, al comprobar que había una persona de espaldas, con un violín.
Y que esa persona era Draco Malfoy. Se me heló la sangre y me dieron súbitas ganas de coger ese estúpido violín y tirarlo por la ventana. No se dio cuenta de mi intrusión, y siguió tocando, no podía creer lo que veía y escuchaba. Pensé que producir música era algo delicado, algo demasiado íntimo para alguien cómo él. La melodía seguía repiqueteando en mis oídos. Perforaba mi alma a cada nota, y el violinista parecía que la vida le llevaba en eso. En producir la obra. En seguir tocando. En no romper aquel maravilloso embrujo, aquel triste embrujo en que me tenía sumida. Nada tenía sentido. Sin lugar a dudas. La melodía, cómo todo en esta vida, dio a su fin. Dejó el arco encima de una mesa que había en esa habitación, que más bien parecía un antiguo despacho, o algo así. Sus ojos al observarme allí, pasmada, sin más dilación, sin la capacidad de moverme, se sobresaltaron un instante para preguntar:
- ¿Qué se supone que estás haciendo aquí? – me dijo, con su habitual siseo, enfadado.
- ¿Desde cuándo sabes TÚ tocar el violín? – le dije, también molesta. Su semblante se relajó, aunque todavía seguía alerta. Entrecerró sus ojos. No parecía querer contestar a eso.
- No entiendo cómo has podido llegar hasta aquí. – dijo, sin más.
- Me dejé guiar por los pies. – Me miró, pareció querer replicar algo, pero al parecer se lo pensó mejor, porque cerró la boca. Lo observé con desdén e hice la pregunta más obvia, paseando mi mirada la estancia donde me encontraba, con los brazos cruzados. – ¿Has estado aquí todo este tiempo?
- Si tuvieras que dormir con esa pandilla de imbéciles también estarías aquí. – Dijo, guardando apresuradamente el violín, y sin dejar de mirarme con desconfianza. Yo fruncí los labios hasta que se convirtieron en una fina línea. La habitación estaba cada vez más oscura. Era una de las habitaciones más altas de todo el colegio, porque estábamos en una torre. Al otro lado del ventanal había una pequeña terraza, y a través de ella se contemplaba parte del colegio, y un cielo estrellado con una luna llena presidiendo la noche. Draco se sentó en una butaca y dejó que la lechuza que había estado allí desde el principio, al lado de la ventana, escuchando su melodía, se posase sobre su hombro. – ¿Qué es lo que quieres? ¿Para qué has venido? – Me preguntó ásperamente.
- Me preguntaba dónde demonios te habías metido, creo que todavía me debes una explicación más. – Parecía que mi presencia era le hacía sentir incómodo. Apreté los labios y dije – Desde que te peleaste con Nikel…
- ¿Nikel? – Bramó, repleto de una furia que no podía comprender. – Ah, supongo que es el estúpido ese. El enclenque…
- No has aparecido ni para comer ni para nada. – Dije, con voz firme y serena. – Tus… compañeros también estaban preocupados. Me han llegado hasta amenazar. – dije, quitándole hierro al asunto. – en ese punto estaban antes, ya sabes. – Él hizo una mueca, entrecerró sus ojos y arrugó la nariz. Imbécil.
- He estado aquí todo el tiempo. – contestó como si estuviera escupiendo cada palabra. Me percaté de que evitaba mirarme demasiado. Para ello miraba con suspicacia la lechuza que tenía, y parecía que estaba hablando con ella en lugar de conmigo.
- ¿Tocando tu violín? – levanté las cejas, también con algo de furia. Me apetecía pegarle un puñetazo, a ver si se hacía consciente de una vez de lo que estaba pasando. Pero la violencia por violencia, bien sabía que no llevaba a nada. Él arrugó el ceño, cada vez más enfadado. Aún así, con otra mueca, le pregunté – ¿De dónde demonios lo has sacado?
- En el desván hay muchas más cosas que trapitos para hacerse vestidos. – contestó, haciendo una mueca y lanzándome una fugaz mirada. – Tampoco es que yo me esperaba encontrarme con este Stradivarius del siglo XVII. – afirmó, con cierto desdén, muy propio de él, como haciéndose de entendido.
- ¿Y has aprendido a tocar eso por efecto secundario del viaje al pasado, o ya sabías de antes?– le dije, con cierta aspereza.
- Eso qué importa ahora. – dijo, bajando la mirada. El búho gris ululó suavemente. Arrugó el ceño, y él apretó la mandíbula. Sabía de sobra que lo que más deseaba en ese momento es que desapareciera de su vista. Si no me había mandado a la mierda ya era porque su conciencia no andaba muy tranquila.
- Apuesto a que ni tu Crabbe ni tu Goyle te habían escuchado. – Dije, cruelmente.
- Hay muchas cosas que no sabes de mí, Granger. – dijo enigmáticamente, verdaderamente molesto de tener que hablar de eso.
- ¿Qué traman contigo tus familiares? – pregunté, súbitamente, mientras me sentía completamente idiota allí, de pie al lado de la puerta. Hice de mis ojos dos rendijas.
- Qué más da. – dijo en voz de queda, con suma impaciencia.
- Llamas mucho la atención aquí arriba tú solo. Tendrás que bajar algún día.
- Tenía la esperanza de poder volver antes de volver a ver a cualquiera de ellos. Pero no, no creo que sea fácil eso de volver – respondió. Yo me mordí el labio, reprimiendo ganas de gritarle cuatro cosas a la cara. – He caído en la trampa de… -se interrumpió.
- ¡¿Trampa?! – Grité, con una voz agudísima, y dando un paso hacia el lado.
- Sólo se puede volver con la ayuda de cualquier fundador, o al menos eso creo, pues ellos son los únicos con el suficiente poder. Ahora bien, ¿quién de ellos se va prestar voluntario sin antes no asarnos a preguntas o algo peor? – concluyó deprisa y con cierta mueca de asco. Sin querer, crucé con él una mirada siniestra. Yo fruncí más el ceño.
- ¿Qué era exactamente lo que te pidió que cambiaras? – Pregunté, exasperada.
- Debo… debía matar al antecesor de Potter. – respiré hondo. Pareció no percatarse de mi terror. – Me dijo que lo encontraría en este siglo, pero no me indicó nada más. De todas formas no tengo ni la menor idea de cuál de los alumnos o profesores puede ser. – dijo con desgana. – Bastante Potter he tenido ya durante toda mi vida para intentar buscar a su antecesor.
- ¿Eso… era? – No sé cómo no se me había ocurrido antes. Seré estúpida. Me miró incrédulo.
- Sí – dijo entrelazando sus perfectas manos blanquecinas, con ese afán de superioridad que lo caracterizaba.
- Pero… ¿Sabes que no debemos cambiar nada, no? Cualquier cambio… - dije, demasiado precipitada, con ganas de volver a pegarle un buen cachete por haber sido tan idiota de traerme hasta aquí. Él levantó el labio en una mueca.
- Vamos, vamos. Ese es el mínimo de todos nuestros problemas. Si lograra encontrar al antecesor de Potter, ¿Lo podría matar? Puede que sea alguien poderoso.
- Por la misma regla de tres, podríamos acabar con la vida de Salazar. – dije, orgullosa. – Se acabaría la profecía, Tom Riddle, el terror de años… Se acabarían esos años malditos, perdidos como en un agujero negro. – Me miró sorprendido, y a la vez aterrado, como si se me hubiera ido la cabeza y fuera una maníaca loca a punto de suicidarse.
- ¿Asesinar a Slytherin? – Bramó, poniéndose súbitamente de pie. Me sobresalté. – Antes de que se te pase por la cabeza él ya sabría tus intenciones y no dudaría ni un solo instante en acabar con tu existencia. Vamos, creía que eras la primera de la clase. Me decepcionas. – Dijo, haciendo una horrible mueca. Yo retrocedía unos pasos, indignada.
- Algo debemos hacer – dije yo, cada vez más indignada. – Algo debemos hacer para volver. No nos podemos quedar con los brazos cruzados.
- Pues ya me dirás, Granger. – dijo, arrastrando cada palabra, como si hubiera contado el mejor chiste de la semana.
- Sólo con uno de los fundadores nos basta para ayudarnos a volver, ¿no? – Malfoy asintió aunque con un pasotismo normal surcando su rostro. – Pues quizás podamos llegar al más poderoso. A Salazar. Galiana y él… –Me observó con incredulidad, y yo me maldije por haber hablado demasiado en voz alta.
- Salazar es peligroso. – dijo, denotando esa alta superioridad. – De hecho, es el más peligroso de los cuatro.
- ¿Y qué más da ahora?
- Atrevido, peligroso, arriesgado…. – pareció meditar – brillante, Granger. Y aún me preguntas por qué te traje a ti y no a ninguna otra. – Pero al instante se arrepintió de sus palabras, y parpadeó varias veces – Quiero decir…
- Se muy bien lo que querías decir – le dije lo más fría que pude. – Te gusta eso de utilizar a la gente. Como te utilizan a ti. Mejor dicho, como siempre han hecho contigo. – Me puse tensa y lo miré, totalmente indignada y fuera de mí. – Escúchame bien. En cuanto dejes de ver a los seres como objetos, para descubrir que hay algo más debajo de ellas, me avisas. – lo miré, sombría – Si hacemos un plan para poder regresar, deberá ser como iguales, dejando atrás todo lo demás. – Estaba ya alcanzando la puerta cuando me retuvo de nuevo. – ¡Suéltame, Malfoy! Ya te lo dije una vez… No me hagas repetirlo –Le pegué un empujón, furiosa y no dudé en sacar mi varita.
- ¡Escucha, sólo un instante, estúpida! – jadeó. La mirada que me dedicó con sus ojos escarcha, a la luz de la luna plateada me atravesó de arriba abajo. Puse una disfrazada expresión desafiante. La oscuridad se cernía sobre nosotros. Oscuridad. Estábamos allí, uno frente al otro. Esos ojos eran como esa melodía hipnótica que producía con su violín. Ridículo violín. Ese era mi punto débil. Esos malditos ojos que jamás en mi vida había sido capaz de observar. Se acercó un poco más a mí y yo retrocedí, alarmada. Apreté la varita con más fuerza, pero no me atreví a retroceder más. Escuchaba su respiración, y vislumbraba la imponente mirada. Un arduo deseo surgió muy al fondo de mi alma, pero no debía salir, debía reprimirlo. ¿Qué demonios estaba pasando? Un fuego extraño brilló en su mirada. Se acercó todavía más a mí si podía, aunque dudoso. Abrí desmesuradamente los ojos. Una vocecilla en mi cabeza, dijo agritos algo así como No es real. No puede ser este instante real. Es repugnante. Huye. Huye. Aléjate. Corre. Sangre sucia. Mi respiración se entrecortaba. Mis sentidos estaban bloqueados. Olor a ese perfume. Demasiado frío. Veneno. Malfoy.
- La Muerte – dije sin darme cuenta en voz alta. Abrí la puerta que tenía justo detrás de mí y salí al estrecho pasillo y a las escaleras, precipitadamente, cómo sin en ello me llevara la vida. Y salí corriendo escaleras abajo, con la varita todavía en la mano. Malfoy se mantuvo en las sombras de la habitación, con la silueta que dejaba entrever su revuelto pelo rubio platino, batiéndose en su propia batalla interna. Pero una sonrisa surcó mi rostro, mientras volví agitadamente a mi sala común. Porque había encontrado la solución al acertijo.
* * *
- ¡No entiendo nada de lo que pone en este pergamino! – dijo, pegando un gruñido, Elisabeth, la chica rubia de ojos claros.
- A ver… - a veces había que tener mucha paciencia. Estaba haciendo los deberes con el resto de chicas. Y la verdad es que no podía entender cómo podían aprobar ellas todas las asignaturas. No se les veía muy interesadas por el estudio.
- Es fácil – en seguida me sorprendió a ver a sus compañeras prestarme atención, porque al parecer ellas tampoco lo entendían. – Estas runas no se leen de izquierda a derecha, sino al contrario, ya que son de procedencia árabe.
- ¿Cómo…?
- Porque este símbolo – dije señalando a uno de la esquina – Es con el cuál identifican a su Dios, Alá. Seguramente este fragmento esté sacado de El Corán. – Me miraron sin comprender. - ¡El libro sagrado del Islam! – exasperé, con la mirada desorbitada.
- Jamás se me habría ocurrido. – Levanté las cejas y gruñí por lo bajo. Y en seguida se pusieron a tratar de entender el fragmento en un lenguaje que no era el árabe, sino algo mucho más ancestral, arcano. El idioma de la magia. Yo ya lo tenía traducido y ahora me centraba en transformaciones. Sumirme en los libro era lo único que me despejaba, que me hacía centrar mi vida en algo. Y olvidar todo lo demás. Era de nuevo por la tarde, y todavía no había visto a Galiana. Estúpido enfado.
- La verdad es que no me gusta esto de estudiar – suspiró Evelyn, recostándose en su asiento.
- A mí tampoco – aprovechó para decir Elisabeth. – Es algo tan… inútil.
- ¿Y qué si se puede saber, consideras tú útil? – pregunté, enfadada, alzando de nuevo mi cabeza de la teoría de transformaciones. Desde luego era mucho mejor irse a la biblioteca para estudiar sola y en silencio que estar con estos.
- Pues… casarme, por supuesto. – contuve el iniciar una estruendosa risa.
- Encontrar a un chico guapo, que cuide de una, y yo a cuidar de la casa – completó el cuadro Evelyn, conteniendo una emoción que no comprendía en la mirada.
- ¿Y si un día ese chico taaaan apuesto deja de estar a tu lado qué, eh? ¿Qué será de tu vida? – Me seguían mirando sin comprender – ¿Vas a depender de un hombre toda tu vida? – Mis oídos se estaban quedando un poco perplejos. - ¿A eso se limita tu existencia? ¿En casarte y tener hijos?
- Con eso se puede ser feliz. – replicó Elisabeth. – Yo me conformaría con eso.
- El saber de generaciones de magos y de historia está dentro de estos libros – Dije, acariciando el que tenía entre mis manos, sin comprender sus rostros asombrados. – Es imposible ignorarlo. Para mí es imposible.
- Ya, Hermione, pero es que tú eres… como Leonard o cualquiera de los otros chicos. Eres curiosa y te gusta saberlo todo. Pero, te daré un consejillo – yo la miraba con horror – A los hombres no les gusta que sepas más que ellos, porque si no… Nunca te casas. –Arrugué el ceño, dispuesta a replicar. Pero entonces volví a cerrar la boca. ¿De verdad merecía la pena convencer a aquellas muchachas?
- ¿Y Rowena o Helga? Ellas están ahí en la cima del poder.
- Ambas solteronas – radicalizó Evelyn. Yo sonreí al haber visto el día anterior a Rowena y al profesor. Llevé a la práctica el encantamiento y me sentí orgullosa al ver transformarse un cirio en un gorrión, hábil y libre. Revoloteó por toda la habitación, mientras unos chavales de primero trataban de darle caza, jugando divertidos a su alrededor. Unas manos lo apresaron, deteniendo su vuelo, yo observé a mi creación frustrada.
Alcé la vista para reencontrarme con los ojos miel y ojos tierra que tenían ese aire de príncipe, de caballero. Soltó de nuevo al gorrión que tan poco le había costado cazar y se posó en mi hombro, como si fuera un fiel amigo.
- Hola Nikel – saludé yo, sin más reparo. Solté una sonrisa maliciosa. – Tengo tu solución a tu enigma – Me miró sorprendido - ¡Hablo del acertijo!
- ¡Ah! ¡Claro! Espérame un momento que ahora bajo. – Y subió precipitadamente a las habitaciones de los chicos. En ese momento entró allí Galiana. La miré seriamente. Ella evitó mi mirada y se acercó a mí.
- ¿Puedes venir un momento conmigo? – murmuró tan rápido que casi no la entendí.
- Claro. – Me levanté justo cuando era Leonard, que había estado callado todo el tiempo el que se dirigió hacia mí.
- La raíz de Mandrágora y unas gotas de juncos Crung triturados no harían una buena mezcla, ¿verdad? - me preguntó poniendo cara de asco.
- Si sales vivo de la explosión, puede que sí. – eso provocó la risa de unos cuantos. Salí de la sala común que resonaban las risotadas de varios, y me encontré con el serio semblante de una de mis mejores amigas.
- Quería disculparme. No tuve razón para ponerme a gritar de esa manera.
- No hace falta que te disculpes. – Ella sonrió. – La verdad es que jugar a las cartas no fue la mejor idea. No fui muy considerada. Soy yo la que debe disculparse. ¿Cómo estás tú? – bajó la mirada.
- He estado hablando con mi padre - Me puse algo tensa. Sabía que él sabía cosas. ¿Qué le podía haber dicho? – pero no me ha dicho nada importante. Creo que ha habido algo entre Salazar y él. No sé qué. Creo que han discutido… otra vez. – Me moría por contarle algo de lo que sabía. Pero no podía. No debía. – Ahora te tengo que pedir un favor, Hermione…
- ¡Hermana! – Nikel había aparecido por detrás del retrato de la cantante de ópera, interrumpiendo la conversación – ¿Sabes que ha resuelto un acertijo en tan sólo una noche? – dijo señalándome a mí.
- Vaya. ¿Has visto que chica tan lista te traje? – él arrugó el entrecejo suavemente.
- Me alegro de que hayan solucionado las cosas entre vosotras dos. – murmuró por lo bajo.
Hubo un silencio incómodo entre los tres.
- ¿Me queréis acompañar a la biblioteca? – les pregunté. – Es que allí no me concentro del todo bien. Y todavía me queda alcanzar el nivel de transformaciones, y alguna cosa más. – Ellos asintieron. Cogí las cosas que había dejado dentro.
- Tendré que salir a comprarme libros. Estos son de Leonard.
- Si quieres… – comenzó a decir Nikel.
- No, no… Recuerda, resolví el acertijo.
- Aún me lo tienes que decir, no vayas tan deprisa. – dijo, entrando en el juego. Yo seguía mirando a Galiana, muerta de curiosidad ¿Cuál era el favor que me quería pedir? A veces me sorprendo en cómo puedo pensar en varias cosas al mismo tiempo.
- ¿De qué acertijo se trata? – preguntó Galiana.
- De uno que encontré hace unos días. – respondió su hermano.
- ¡Yo también quiero probar! – dijo con cierto entusiasmo. – A ver, decidme cómo es. – Nikel le recitó esos tediosos versos que ya me conocía tan bien. Y yo callé mi respuesta para más tarde. Doblamos una esquina para encontrarnos de nuevo con unos Slytherin. Mejor dicho LOS Slytherin, que, para mi desgracia se volvieron a dirigirse hacia nosotros.
- Vaya… ¿Pero qué tenemos aquí? A Nikelius, su hermanita y la asquerosa sangre sucia. – Arrastraba las palabras cómo un auténtico Malfoy. Hiriendo por dónde pasaba. El cabecilla del grupo, Lizardo, parecía querer volver a la carga conmigo.
- Ni se te ocurra insultarla, serpiente – dijo Nikel a modo despreciativo.
- Uy, uy, - Dio, muy lentamente, y dándose importancia. - El hijito de Griffindor parece que saca las uñitas. – se mofó. – ¿No te ha contado tu amiguita que la encontramos por aquí ayer por la noche? Creo que se llevó un grato recuerdo de nosotros – dijo, tan retorcido como siempre, mientras la furia atenazaba nuestros rostros, y un montón de risas estúpidas seguían el juego. Y entre ellos estaba Draco. Me enfurecí y me mordí el labio. Comprendí que había bajado de su escondite, porque sabía que cuanto antes se acostumbrara mucho mejor.
- Vamos chicas. No merecen la pena. – seguimos nuestro camino, pero aún me dio tiempo al ver cómo Draco y la chica de un lejano parecido a Pansy, con la melena rubia estaba hablando con él muy animadamente. La muchacha no debía superar los quince años. Era la única chica en el grupo de Slytherin.
- ¿Quién es ella? – pregunté.
- Se llama Jane Ronch– me contestó Galiana. – Y, aunque jamás lo admitirá, es la hermana de Elisabeth.
- ¿Elisabeth la que va con nosotras?
- Ajá.
- Pero… Si ella va a Griffindor. – dije, algo sorprendida. Cuándo tuve ocasión volví a mirar a Jane. Llegamos a la puerta de la biblioteca, y allí nos despedimos.
- Una cosa… ¿Tú tienes mezcla de… sangre muggle? – me preguntó Nikel. La mera pregunta me hirió en lo más hondo, aunque preferí poner cara de póker.
- Sí.
- Creí que tú… - lo miré fijamente, mientras Galiana no nos interrumpía.
- ¿Qué?
- Nada.
- No, ¿Qué querías decir? ¿Sorprendido? – dije con la voz marcada por el sarcasmo.
- No lo sabía.
- ¿Y qué más da?
- Nada en absoluto – que conversación más extraña.
- La Muerte – solté. – Es esa la solución. – Me erguí, orgullosa y desafiante – Estoy orgullosa de mi procedencia, mi importa un bledo lo que piensen esos. Los magos no se clasifican por su sangre.
- Bien. – me dijo fríamente Nikel. – Si nos vemos después te daré el libro. – Se dio la vuelta y se marchó. No debía de haberme comportado tan a la defensiva. Y aún me preguntaba cómo demonios esos Slytherin se habían enterado de que no venía de sangre de magos. El único que se lo pudo haber dicho era él. Maldita sea.
- Vaya… ¿La muerte era la solución? Pues que acertijo más raro. – interrumpió Galiana mis pensamientos. – Yo no le veo muy bien el sentido.
- La muerte es atemporal – respondí, porque creo que Galiana necesitaba una argumentación sobre la solución del acertijo – no existe el tiempo, y el espacio, ya ves, el cadáver suele desintegrarse. Si te encuentras con un león, eso es lo que intentará hacer con sus garras, y debajo del mármol…
- Es dónde te entierran – completó ella. – Sigue siendo muy raro.
- Lo sé. – me despedí de ella y me interné en la biblioteca, esperando que esta vez nadie me molestase.
***.
¡Hola! Pues aquí me tenéis otra vez. Con más.
Sin más, mil gracias a la gente que me lee y que, sobre todo, me deja review animándome a seguir, o bien, haciéndome saber los fallos del fic.
Os dejo con la contestación de los últimos reviews, correspondientes al capítulo 10. ¡Gracias de nuevo!
Pily-sofy: ¡Hola otra vez! Pues no pude en una semana, lo lamento… Llámame lenta si quieres. Pero bueno, espero que lo sigas aunque esta vez haya tardado tres semanas. ¡Un beso!
Dayis: ¡Me encanta tu review! Me alegro mucho de que te enganchara y espero que aunque estés muy ocupada siempre tengas un rato para leerme. ¡Gracias!
Liale: Pues sí, a ver cuándo podemos charlar por el msn! Y espero que tus dudas se vayan disipando poco a poco. Sobre todo que todavía sigas el fic. Espero saber nuevas tuyas pronto. ¡Un abrazo!
Sealiah: ¡Sí! Era sobre Draco de lo que querían hablar Lizardo y el resto con Hermione. Espero que te haya gustado también este capi. ¡Muchos besos!
Draki: Ola! Quan lliges aquest capi significarà que ja estic a Elda. Encara que probablement ja hem parlat pel msn… A la fi, que he continuat amb el fic, encara de la cara que se'm va quedar en la teua casa al saver el de'ls mals fics… jejej Molts besets xicona! I espere que tu mateixa continúes amb "Vidas futuras" a veure com continueix aquell embolic amb Romualdo boníssim! Bo xicona que ja falta menys per l'universitat! B7s!
Ninfa Moira: ¡Yei! ¡Cuánto tiempo! ¡Me alegro de saber de ti! Pues en cuando pueda me pasaré a leerlo, eso sin dudarlo, y te dejaré review. ¡Me gusta mucho tu manera de escribir! En fin, espero que también te haya gustado este capi. ¡Un abrazo muy fuerte! ¡Cuídate!
Araceli: La verdad es que "Cien años de soledad" no lo he leído, pero como lo planteas tú, no tiene mala pinta, además tus reflexiones filosóficas me gustan mucho, jeje. Con respecto a mi fic, pues la verdad es que el personaje de Nikel será más amigable, lo que pasa es que es muy tímido, por ello al principio parecía más misterioso. Tus teorías sobre el por qué sabían que Hermione era sangre sucia me gustaron, aunque yo tengo una tercera teoría, pero que no puedo revelar todavía jajaja. ¡Muchos besos!
Selina: ¡Me alegro de que hayas dejado review! ¡Y de que te caiga tan bien Nikel! Siento haber tardado tanto en actualizar, pero bueno creo que mis razones andan expuestas un poco más arriba. ¡Espero que lo sigas leyendo y espero conocer tus comentarios! ¡Suerte y besos!
Tormenta oscura: ¡Muchas gracias por el review! Como ves, al final la continué. ¡Besos!
Keyleigh More: Bueno, pues ya te di las gracias con anterioridad por hacerme saber que me habían metido en el foro, y por el interés demostrado para que mejore. No hace falta que diga que cuando empecé a escribir estefic no tenía ni idea de lo que era un OoC o que debía ser tan escrupulosa con la gramática y ortografía. Pero, sin duda, estas dos últimas son cosas que intentaré mejorar. Lo peor que llevo es lo del OoC; me resulta muy difícil cambiarlo ahora. Lo único que puedo prometer es que intentaré llevar más cuidado en lo que eso respecta. ¡Besos y suerte!
Keila: ¡Me gustó lo de los exámenes de admisión! Sin duda es una buena idea para hacer callar a Salazar. Bueno,¡Espero tu opinión sobre este cap! ¡Saludos mágicos también de mi parte!
Adri G. Cullen: ¡Tú por aquí! ¡Qué sorpresa! Pues me alegro mucho de que a ti también te guste el fic. A ver si la próxima vez que entro a internet podemos ya charlar, que hace ya demasiado tiempo que no charlamos. Espero que te haya llegado mi correo. ¡Un besazo Adri!
Pau tanamachi Malfoy: ¡Hola de nuevo! No quiero ser curiosa… pero ¿Qué es eso de la prepa? Por como lo dices no debe ser algo muy agradable. Bueno, que estoy muy contenta de que hayas escogido mi fic para seguir leyendo. Pero creo que nada te debería de quitar tiempo (si es eso) para escribir, si te gusta, claro. ¡Venga, un beso muy fuerte!
Eli Granger de Malfoy: ¡Uy! ¡Espero que no estés muerta! Jajaja Muchas gracias por tus ánimos, aunque haya tardado tres semanas en actualizar. ¡De verdad que lo siento! Ya me cuentas que te ha parecido este capi. ¡Un abrazo!
Ariadna: ¡Hola! Pues gracias por leerme y escribirme el review. Un beso.
Bueno, pues terminé por esta vez.
Espero que todavía tengáis ganas para, una vez más, adentraros en los mágicos confines de un Hogwarts de 1837. Para continuar con el misterio.
MAGHIKA
