Hola niñas... Aqui les dejo un nuevo capítulo para que veamos que pasa con este abogado tan guapo y la estudiante de arquitectura... Besote y espero sus comentarios.

Disfrutad!

Con amor y dedicada a todas ustedes: Cata!


Edward Pov

Las tres semanas siguientes estuvieron tranquilas, aunque había tratado de tomar todas las medidas de resguardo los más sutilmente posibles para que Bella no se sintiera perseguida. Estaba siendo quizás algo sobreprotector con ella, pero no me importaba. En verdad habíamos peleado un par de veces por eso, pero no duraban mucho. Vivir juntos tenía sus ventajas, sobre todo al momento de la reconciliación, pues eso había hecho disminuir considerablemente sus horas de sueño.

Nuevos detalles del caso del padre de Bella estaban saliendo a la luz, por lo mismo, logramos adelantar la fecha del juicio para dentro de dos días más. Tuve cita con los abogados defensores de la "Señora Sue Clearwater", quienes se veían estoicos y segurísimos, pese a que los sorprendí con algunos detalles de nuestra investigación. Leah Clearwater había sido llamada a declarar por la fiscalía, lo que me parecía fabuloso. Veamos cómo responden ante nuestras preguntas.

-Entonces Cullen, para qué nos tenemos que preparar- preguntó Rosalie

-Para aplastar a esas mujeres- contesté

-Sabes que nos espera un arduo trabajo, están flanqueadas por ese bufete de abogados, y sabes que ellos son buenos- acotó mi buena amiga

-Pues no me asustan. Quiero que esta pesadilla se acabe para Bella de una vez por todas-

-Todos lo queremos, ahora manos a la obra. ¿A qué hora llega tu amigo Jasper?- intervino Jacob

-Debe de estar por llegar...- dije, y en eso, Elizabeth golpea la puerta, avisando que precisamente Jasper había llegado. Comenzamos a reunir las pruebas y a buscar las posibles coartadas. Habían muchas cosas a nuestro favor, pero por alguna razón, yo no me sentía confiado. Recordaba una y otra vez las palabras de Seth, de que debía cuidar a Bella y su insistencia por eso. Ya bien conocía yo el mundo del narcotráfico, y de verdad nos debíamos de andar con cuidado.

-Edward, supongo que Bella está al tanto de lo que le van a preguntar en el juicio...-

-Sí, aunque está nerviosa. Le aterra volver a encontrarse con esas mujeres-

-No debe temer-

-Lo sé- asentí. Probablemente mi preocupación excesiva en este caso en particular, se debía a que la mujer que amo estaba en medio de todo. Así que debía concentrarme, por lo que seguí ojeando la información, no dejando escapar ningún detalle. "Este debe ser otro triunfo Edward, ahora no solo por ti o por tu padre, sino por la mujer que amas" me repetía, para infundirme seguridad. Y es que no permitiría que nada saliera mal. No tendría que ser así.

Bella Pov

Salí de la facultad cerca de las ocho de la noche, rumbo al que ahora era "mi casa", según Edward. y es que estaba siendo tan sobreprotector conmigo, pero entiendo que se preocupe por mi bienestar. Aunque a mí sólo me preocupa que él pueda salir dañado con todo esto.

Me dirigí hasta el estacionamiento donde aparcaba mi coche, mientras sacaba mi teléfono para hablarle a Edward. Iba a comenzar a marcar, cuando por la cintura sentí un fuerte y violento brazo que me sujetaba, alzándome del piso para sacarme de aquí, mientras con la otra mano, me tapaba la boca para que evitara gritar. Calló mi teléfono al piso, mientras el hombre me metía con muy poca delicadeza a la parte trasera de una van. Una vez allí, salió raudo rumbo a no sé qué lugar.

No tenía que pensar mucho de qué se trataba todo, pues Sue y Leah de seguro estaban detrás de eso. Maldita. Y tal como pensaba, comprobé eso cuando después de casi una hora de camino, me bajaron y me llevaron hasta donde se encontraba Sue, Leah y tres hombres más a quienes no reconocí.

-¡Ha llegado nuestra invitada!- dijo Sue, alzando los brazos de forma irónica al verme llegar -¿Te trataron bien, Bellita?- dijo, acercándose hasta mi, y acariciando mi mejilla.

-¡Maldita sea Sue, dime qué demonios quieres!-

-Bien Bella, ya veo que no te gustan los rodeos. Verás, estoy un poco aburrida con todo esto, y tu noviecito me tiene igual un poco harta. Tuve que traer a unos abogados de Londres, que me costaron muy pero muy caros, y quienes se desligaron de mi caso, pues las pruebas en mi contra son concretas, incluso creo que le temen a tu abogadito y su buena fama. Así que pensé que me podías ayudar, claro, si quieres que tu buen Edward siga con vida...-

-¡Con Edward no! ¡No te metas con él!- grité desesperada ahora, negándome a la idea de que él pudiese salir dañado con todo esto

-Muy romántica, niñita. Verás, lo hicimos seguir, conocemos su itinerario diario- me dijo, enseñándome unas fotos de él, de distintos días –Incluso tenemos sus teléfonos, en fin. Digamos que lo conocemos bien, al igual que a su colega Rosalie y a tu amiguita Ángela...-

-¡Basta Sue! Aléjate de ellos, dime que demonios quieres-

-Quiero tres favores por tu parte, para evitar que "la muerte" se ensañe con estas tres personas. Verás, las personas que están siguiendo a tus amiguitos están comenzando a cobrar más caro, y no tengo mucho dinero... por ahora. Entonces si no me ayudas, pues tendremos que matarlos...-

-¡Dí ya lo que quieres!- grité desesperada, y es que sabía lo que ella quería.

-Tres cartas: la primera es una carta en donde retiras tu denuncia en contra mía, poniéndole fin al proceso de investigación en mi contra y los hechos que "injustamente" se me imputan. La segunda cartita, será un cesión de herencia, en donde traspasas a mi nombre la herencia que el maldito de tu padre dejó para ti, y espero que no le hayas metido mano a esas cuentas, pues tengo muchos gastos que cubrir. Y la tercera, es una cartita de despedida para Edward. Y debes ser convincente Bella, porque si él, a pesar de todo, sigue con la investigación, dalo por muerto...-

-¡Él no creerá lo que le digo!-

-¡Pues ingéniatelas!- gritó Sue. Luego respiró y continuó –Verás que soy considerada contigo. Las dos primeras cartas están listas, y tú solo tienes que firmarlas, para entregarlas mañana en donde sea correspondiente hacerlas. Tengo un "notario amigo" que me hará el favor de legalizar esto en tiempo record. Así que sólo tendrás que redactar una sola minuta, mi queridita. Por supuesto, luego, desaparecerás de aquí... yo me encargaré de eso- dijo, sonriendo, mientras uno de los hombres, traía una carpeta en donde se encontraban dos cartas con sus respectivas copias. Ni siquiera me di el tiempo de leer, firmé pensando en que este sacrificio salvaría a Ángela, Rosalie y... a Edward, aunque tuviese que alejarme de él.

Un hombre me condujo hasta una cuarto pequeño, en donde había un escritorio, lápiz y papel, y me indicó con la cabeza que me sentara, y que comenzara con la tarea.

Mis ojos se comenzaron a nublar, producto de las lágrimas, y es que me mataba separarme del hombre que me había ayudado a ser más llevadero todo el pesar por la muerte de mi padre. El mismo hombre de quien me enamoré.

"Edward:

Sé que te desconcierta todo lo que he hecho, quizás pienses que estoy tirando por la borda lo que tu padre y tú hicieron por mí y por mi padre, quizás estás desesperadamente sacando conclusiones, y te suplico que no lo hagas. No tuve valor para decírtelo personalmente, y es que sí, soy una cobarde. Te usé Edward, esperé que me sacaras de la cárcel, abusé de tu confianza y del amor que dices sentir por mí. Pero me aburrí. No quiero saber nada más de lo que me ate a mi pasado, quiero comenzar a vivir desde cero, sola, lejos de lo que traiga de regreso lo mal que lo pasé, y eso te incluye. Si alguna vez pensé estar enamorada de ti, pues me confundí, y siento haberte lastimado. No te amo, Edward. Amo a otro hombre quien me espera lejos de aquí, y con quien comenzaré a vivir una nueva vida. Así que te ruego que te olvides de todo, no me busques, no hagas nada, el caso Swan está cerrado, porque yo lo quise así.

Sigue adelante con tu vida, pues es lo que yo haré desde ahora, y procura que sea como si yo no hubiese existido, pues yo procuraré lo mismo. Como si nunca hubieses existido.

No me busques, no quiero volver a verte. Y perdona por todo el tiempo que te hice perder.

Adiós: Bella"

Mi llanto estaba en un punto de descontrol, pues sentía que mi corazón se desgarraría. Dejé caer mi cabeza sobre el papel recién escrito, dejando que mis lágrimas se secaran sobre el papel y le hablaran a Edward sobre la verdad de lo que sucedía.

-Te amo Edward, te amo... nunca te olvidaré- lloraba sobre la hoja.

-¡Has demorado mucho- dijo Sue, entrando a la oficina. Tomó la hoja que llevaba escrita la carta a Edward, la leyó y la guardó dentro de un sobre.

-Mañana estará sobre su escritorio, a la misma hora que tú estarás montada sobre un avión, para ir lejos, muy lejos de aquí, Bellita...- le dijo, mientras Bella seguía llorando sobre el escritorio, pensando en que por más lejos que a ella la pudiesen llevar, su alma y su corazón permanecerían en donde Edward estuviera. Además, se consolaba sabiendo que cargaba en ella el fruto del amor que ella y él se tuvieron.

Pov Edward

Esto no me podía estar pasando. Ya casi era media noche y Bella no aparecía. Eso podría no haber sido tan terrible, pero ni su teléfono contestaba, ni Ángela sabía en donde se había metido..me estaba negando a tomarle importancia a un sentimiento extraño que me estaba invadiendo, como si hubiese algo dentro de mí que me avisaba que las cosas no iban bien. No quería que ese sentimiento me bloqueara, por lo que seguí intentando marcarle a ella y a sus conocidos.

-¡Me voy!- dije, tomando las llaves de mi coche para salir en busca de Bella

-¡¿A dónde vas?Quizás a Bella sólo se le pasó el tiempo y olvidó avisar-

-Ella no haría eso, sabiendo todo lo que está pasando- enseguida salí, sin esperar una respuesta por parte de Emmett o Rosalie. Me dirigí rumbo a la universidad, entré a la facultad, busqué allí y nada. De regreso a mi coche, volví a marcarle a Bella, y de lejos oí el repique tan característico de su teléfono cuando tenía una llamada entrante:

-"¡¿Sabes que te quita seriedad tener ese rington, no?"- le dije burlonamente

-"Pues no me importa. Me trae buenos recuerdos, no lo quitaré"-

-"Nadie más puede pensar en tener una canción de su infancia en su teléfono"-

-"Pues mejor, me hace única y especial"-

-"Pues lo eres..."-

Recordé ese diálogo, mientras no dejaba de repicar para dirigirme hacia donde me llevaba el sonido. Quizás estaba tirada en el piso, quizás le había pasado algo y nadie la había visto. Cuando el sonido se hizo más fuerte, me acerqué, y sólo vi su teléfono tirado en el piso. Lo levanté, con la sensación extraña esa que me perseguía, ahora calando más fuerte y más hondo.

-Bella...- susurré desesperado. Me puse en marcha al departamento, sin antes revisar los números que habían sido discados desde el teléfono. El último había sido el mío.

-Encontré su teléfono tirado en el aparcamiento...-

-Ok, movámonos. Llamaremos a la policía, a los investigadores que siguieron la pista de las Clearwater. No perdamos más el tiempo- dijo Jacob, quien había llegado cuando Rosalie le dijo lo que sucedía. Yo estaba inmóvil, y mi hermano se percató de mi estado:

-La encontraremos Edward...- me prometió. Yo sólo asentí.

Hasta las ocho de la mañana estuvimos moviendo nuestros contactos. Incluso Jasper había llegado a ayudarnos. Media hora después, Elizabeth me llama desde la oficina:

-¿Edward? Debes venir ya..-

-¡¿Bella está ahí? ¿Se trata de ella?-

-No está aquí, pero si se trata de ella. No puedo adelantarte nada, pero quizás logres atar cabos-

-Voy para allá- le avisé, y colgué. Los demás hicieron lo mismo, y al llegar allá, Elizabeth nos esperaba en mi oficina

-¿Qué sucede Elizabeth?-

-Te llegó esto de la fiscalía- dijo, entregándome un sobre. Al abrirlo quedé pasmado: Bella había retirado los cargos en contra de Sue y Leah Clearwater, quedando cerrado el proceso de investigación. "Por supuesto", pensé, pues no podía ser nadie más que estuviese detrás de esto, pensando en que ellas habían amenazado a Bella. Pero saber eso no arreglaba nada. Bella podía haber retirado cargos, pero yo continuaría con la investigación, pues tenía las suficientes pruebas para mandar a la cárcel a esas mujeres. ¿Pero dónde estaba, dónde estaba Bella, dónde la tenían esas mujeres?

-¡Edward!- dijo Jasper desde su ordenador personal –Han hecho movimientos en las cuentas bancarias de Bella-

-¿Las que le heredó Charly?-

-Si. Están en cero, como si hubiesen retirado todo el dinero de las cuentas—

-¿En dónde se hizo el traspaso?-

-Debes darme tiempo para averiguarlo...- me pidió Jasper. Quizás Bella había decidido por fin echarle mano a esas cuentas las que se negaba a ocupar. Quizás decidió huir, o pagarles para que se fueran...

-Edward, te llegó este sobre...- dijo Elizabeth, extendiendo un sobre pequeño para mí. Cuando saqué la hoja y la desdoblé, supe enseguida de qué se trataba. Era la letra de Bella. Me fui a otra ofician, quería estar solo para leer lo que ella quería decirme. Cuando así fue, y cuando comencé la lectura, mi corazón se paralizó, pues no podía creer lo que estaba leyendo. Ella me decía que me había usado, que nunca me amó, y que se va lejos dejando atrás el pasado. Y que yo era parte del pasado que ella quería olvidar.

-¡No, no, no!- grité. Si cree que me voy a tragar esa mentira, pues está equivocada, pensé con rabia, golpeando la base del escritorio con ira. Pero la ira se iba convirtiendo poco a poco en pena absoluta, a medida que iba leyendo una y otra vez esa carta –Bella, mi amor, en dónde estás...- dije, mientras aferraba a mi pecho esa carta. ¿Qué debo hacer? Esta es la letra de Bella, pero seguro la están extorsionando, ¿pero y si no, y si en verdad era real todo lo que decía? Un agujero en mi pecho comenzó a hacerse paso al pensar en esa posibilidad. No era posible, ella no podía haber mentido tan bien durante este tiempo, haciéndome creer que me amaba.

Después de quince días en los que seguíamos con la investigación, recibí un sobre con tres fotos, las que me hicieron ponerle fin a todo, pues eran la prueba de lo que decía la carta. En las fotos, se veía a Bella en algún lugar, besándose con otro hombre, de forma muy apasionada. Las fotografías tenían fecha del día anterior.

Sentí como se quebró mi alma, mi corazón. Dejé caer las fotos en el escritorio, tomé mi chaqueta, y en ese momento entró Rosalie:

-Encontramos algo...- comenzó a decirme, pero se detuvo al ver mi rostro

-Se acabó Rosalie. La investigación de las mujeres Clearwater se acabó. Lo que decía Bella en la carta que me dejó era verdad...-

-¿Qué demonios estás diciendo?-

-Lo que oyes- le dije, tirando más cerca de ella las fotos que me habían llegado

-¿Quién te mandó estas fotografías?-

-No lo sé, ni me interesa ya. Me largo. Encárgate de mis casos-

-¡Edward, no te puedes rendir así! Quizás sea una trampa...-

-No lo creo. Ella se ve feliz, mientras yo vivo en un purgatorio. No le importo Rosalie-

-Edward-

-¡Basta! Dije que hasta aquí llega la investigación- grité antes de salir. Me fui rumbo a mi departamento, quería estar solo, llorar en silencio, embriagarme para poder olvidar.

Cuando llegue a mi casa, abrí una botella de fuerte licor, sin siquiera darme el trabajo de vertirlo en una copa. Mientras bebía, leía una y otra vez esa carta que cargaba siempre en mi bolsillo, pues esperaba que tras sus letras hubiese algún mensaje escondido que ella me haya querido dejar...

-¡Mensaje escondido...ja!- me dije con ironía. Repasé lo que había sido mi vida junto a ella, porque quizás no había sido más de un año, pero para mí era como la vida completa: recordé la primera vez que la vi en la cárcel, cuando la miré a los ojos y me perdí al instante en ellos. Recordé su manera de sonrojarse, o como se comprometió con su trabajo en el bufete para ayudarnos. Recordé nuestro viaje, cuando la vi ebria y cuando me besó. Recordé cuando me cobré del beso y pensé que ese sería el inicio de mi vida junto a ella. Me quemaba de dolor recordar la primera vez que hice el amor con ella, y todo lo que sentí. El dolor era potente, por pensar que podría haber sido así por siempre, y saber que la cruda realidad es otra: que está con otro, feliz, sin la menor consideración por mi sufrimiento, por el sufrimientos de los que quedamos aquí. De seguro pasar por la muerte era más llevadero que cargar con este dolor.

Seguí bebiendo, hasta que la conciencia no pudo con el alcohol, haciéndome caer en un estado de profunda inconciencia, ebrio, solo, derrotado, prácticamente muerto en vida.

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