Capítulo 11: El comienzo de un pecado
"Yo no tuve la culpa, yo no hice nada. Pequé, pequé, pequé y pido indulgencia, por favor no me odies y dame un poco de tu compasión querida. No me mires como si fuera un asesino, no me mires como si te diera asco, como si mis manos estuvieran manchadas de sangre real..."
Las cosas no pudieron ser peores. A partir de ese día todo cambió, nada me motivaba y la culpa caía sobre mis hombros atormentándome, incluso el sueño era una palabra lejana, una sensación que temí nunca poder volver a concebir.
¿Quieres saber que pasó después de ese 15 de julio del día más lluvioso? ¿En verdad? Bien, si te apetece lo remarcaré más, el título. Si en cambio decides no leer porque es demasiado para tu corazón lo entenderé, entonces busca lo que esté más remarcado por segunda vez.
La mañana posterior, no fue nada sencilla. Desperté con una resaca, y ganas de querer vomitar. Mi cabeza parecía un tiovivo y en mi garganta la sensación de un nudo. Mi nariz adormecida y hasta el carajo de semejante olor, retiré con brusquedad ese maldito sweater menta y lo abandoné en el piso. Mi espalda nunca había dolido tanto, es como si me hubieran molido a golpes, como si un camión hubiera pasado sobre mí. Con dificultad logré ponerme de pie y caminando en zigzag logré llegar hasta la sala, donde para mi sorpresa estaban tres personas que eran bastante familiares para mí.
—¡Naruto!
Todas las voces las captaba como molestas, chillonas, y todos los colores me eran irritables, no supe si era de día, de mañana o incluso de tarde, para mí eso carecía de todo sentido.
—¿Por qué no nos dijiste nada?—Continuó, fue entonces que me percaté de su rostro, estaba desfigurado por el dolor, sus ojos que antes eran azules estaban llenos de un color rojo, hinchados—, ¡por qué!—Reclamó, herida.
—Cariño—Sai puso su mano en el hombro, parece increíble decir que él estaba todavía más pálido de lo que ya era—, Naruto está mal, no es el momento.
—¿Por qué?—Siguió llorando, eso me molestó a tal punto que comencé a refunfuñar entre dientes.
—Ino, por favor—dije en tono de súplica bastante molesto—, estoy cansado, sólo quiero dormir.
Fue entonces que la tercera persona en la sala intervino, era el más serio de todos nosotros y me miró con severidad, aquello sí causó gran impactó en mí, era nada más y nada menos que Kakashi Hatake, el "casi padre de Sakura" y mi jefe.
—Entiendo que hayas querido ocultarlo Naruto, pero ha pasado un día y medio desde la muerte de Sakura, nos enteramos por los medios locales—dijo con un tono de voz vacío—, te estuvimos buscando toda la tarde de ayer, llamamos incontables veces al teléfono celular tuyo y al de casa y nadie respondió. Fue entonces que una amable señora nos dio las llaves de la casa.
Mi corazón se paró de momento. ¿Alguien tenía acceso a la casa? ¿De qué manera?
—Chiyo—Agregó Kakashi con aburrimiento al notar mi preocupación—, ella nos dijo que había notado cosas raras, pero no comentó más.
Mis manos se pusieron heladas Sarada. Claro que sabía de la existencia de una tal Chiyo, Sakura cuidaba de esa anciana y ella a cambio le daba cierta cantidad de dinero. La señora en cuestión no tenía familia, o al menos eso decía Sakura. Desde mucho antes de que yo viviera con ustedes esa señora ya tenía cierta intimidad en la familia, que no la hubiera mencionado antes es cuestión de recuerdos e importancia.
Kakashi siguió hablando e Ino me inspeccionaba con la mirada, las cosas ya no estaban yendo por buen rumbo. Fue entonces que Sai intervino, lo cual hacía que la situación fuera un poco menos densa.
—¿Qué fue lo que pasó Naruto? lamento que hayamos venido tan de repente y hablo por los tres si llegamos a interrumpir tu paz.
—¡Sí!—Alegó Ino—, ¿qué pasó?
Kakashi y ella se dedicaban a mirarme, buscando en mí algún indicio de culpabilidad. Estaban furiosos, iracundos y eso solo incrementó mis nervios. No sé si Sai era muy inocente o no entendía la magnitud del asunto.
—¿Naruto?
—No me siento bien—contesté—, no me encontraron en mi mejor momento. Y a todo esto, ¿fueron capaces de dejarme en el suelo?
—Acabamos de llegar Naruto—Me respondió Sai, con cierta molesta— hedías a alcohol y supusimos que era mejor no moverte hasta que fueras capaz de reaccionar por tu propia cuenta.
—Ah, ¡tonterías!—gritó Ino con desesperación—, estamos jugando a ser niños, ya sé que Sakura murió atropellada, ¿tan difícil es confirmar eso Naruto? ¿por qué no nos dices nada?
—La pregunta aquí es, ¿por qué no metiste cargos contra el chico?—Cuestionó Kakashi—, no debía haber salido libre, además conducía a exceso de velocidad.
—¡Eso no tiene relevancia!, él no es culpable, Sakura corría y no se detuvo.
Mi cabeza dolía, empezaba a escuchar sonidos distorsionados. Lo único que deseaba es que ellos se fueran y me dejaran descansar, pero antes tenía que pensar en qué hacer con Chiyo, esa señora probablemente hubiera entrado a la casa al ver la puerta abierta. Quizá ella leyó todo. Las probabilidades estaban en mi contra.
—¿Estás culpando a Sakura de su propia muerte?—Ino apretó sus puños furiosa—, ¿estás queriéndonos decir que literalmente se aventó al carro para matarse? ¿eres consciente de lo que dices Naruto Uzumaki?
—Por favor—murmuré—, estoy cansado y no quiero saber nada por hoy.
Quise decirles "largo", pero no encontré esa fuerza para hacerlo.
—Deberías pensar que vas hacer, Sarada sigue en su curso y ella cree que todo sigue en calma. ¿Qué harás respecto a ello?
—Yo soy el padre—enfaticé—, haré lo que crea que sea mejor para ella.
—Y te recuerdo Naruto, Sarada es mi ahijada—dijo Ino—, si le llega a pasarle algo puedo tomar cartas en el asunto, ella es como mi sobrina, grábatelo bien.
Ino ya no era más la "hermana" afectuosa de Sakura, ni tampoco era la misma chicha habladora que había conocido hasta apenas unos meses antes. Se mostraba agresiva, y capaz de hacer todo por la verdad. Aquello me asustó, por que empecé a creerme el autor intelectual de la muerte de tu madre.
—Estamos todos muy alterados—Kakashi seguía en su lugar, cruzado de piernas y con el rostro severamente fruncido—, lo mejor es darle su respectivo luto a Naruto y que piense mejor las cosas. Ninguno de nosotros nos esperábamos una muerte tan repentina.
Eventualmente los tres se retiraron, sin embargo no sentí como que la relación fuera a ser fructífera. Ya no sentí la misma amabilidad que me habían brindado cuando ella estaba viva, me miraban curiosos, como queriendo encontrar cosas negativas en mí. Ya no era más el chico rubio hiperactivo, era más bien la sombra de lo que fui.
Ya no podía ver mi libro, mi adoración. Ya no podría saber si acaso esa señora leyó algo. Fruncí mis labios y solté un bufido, tenía que hacer algo, o me arrepentiría el resto de mi vida.
De hecho, no debí hacer lo que hice.
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El día después de su muerte
—¿Quién es usted?
No había luz, por lo tanto me fue fácil escabullirme de su rango de visión. Tuve que afiliar la mirada para cerciorarme de que no estuviera cometiendo un error. No debía haber error alguno, yo no era precisamente un fanático de las novelas policiacas ni de sus series que a veces ponían en televisión, no era mi estilo. Sin embargo, tenía la certeza de que la discreción debía ser parte de todo buen crimen.
Real. Sin fallos.
Ella encendió la luz e iluminó toda la habitación, su mano derecha estaba junto al teléfono y con la otra sostenía un jarrón de vidrio.
—¡Salga de donde quiera que esté!
Ordenó, hubiera querido que su voz no sonara tan triste, casi sin fuerzas. No tenía la culpa de lo que iba a pasar, no quería hacerlo Sarada pero yo no estaba bien en ese momento, pude sentir como mi sangre estaba helada y en mi cabeza no había más que la escena de tu madre muerta sobre el pavimento y como sus ojos jade se cristalizaron mostrando una triste imagen de lo que era la muerte y cómo la vida se va en un instante. Era la toma perfecta de una muerte repentina y trágica.
Pero, volviendo a ese punto, yo no era un temerario. Así que mi pecho dolió al escuchar esa voz tan rota.
Salí de mi escondite y me vio. Abrió sus ojos como dos platos y su boca casi soltó un grito. Tuve que abalanzarme sobre ella, era evidente que no podía hacerme nada ya que yo era mucho más corpulento y fuerte.
Chiyo, la abuela Chiyo se me quedó viendo con una decepción tan grande que tuve que hacerme el valiente y el "sin sentimientos". Chiyo, aquella anciana de piel arrugada y cabello gris comenzó a temblar.
Su mano izquierda soltó el jarrón y todas las piezas de vidrio colorido se desplomaron por la alfombra, al menos no generó demasiado sonido. La mano libre de ella también provocó que el teléfono rodara sobre los pedacitos de vidrio.
—¿Na-Naruto?
Asentí, ¡claro que soy Naruto!
—Responda a mis preguntas—Imploré—, no haga esto más difícil.
—Oh hijo…
—¿Entró a la casa de mi esposa después de que salí corriendo?
Chiyo intentó empujarme, lo intentó de verdad. La tenía acorralada en una pared, su respiración me preocupaba, ¿por cuánto tiempo más podía sobrevivir?
—Naruto, quítese. ¡Por favor!
Apreté más sus muñecas, a tal grado que pude sentir sus huesos.
—Responda…
—¡Ya sé todo!—dijo en un resoplo—, leí una de las páginas, apenas y me la creí. Tuve que regresar tan pronto como pude, ellos me preguntaron y yo…
—¿Qué más?
—Les, les… di las llaves.
Suspiré cansado y derrotado. Si ella hubiera mostrado inocencia y me hubiera dicho que no vio nada, tal vez yo…
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Su muerte
Nadie llamó. Por un momento existió una ligera calma en todo mi cuerpo. Me dediqué a leer el periódico y ensuciarme de tinta por dos días. Únicamente dos días, mientras recordaba la noche de ese viernes…
Sus ojos se cerraron y yo sostuve su mano mientras observaba los pedazos rotos de lo que quedó de aquel jarrón. Sobre la mesita de noche aún quedan rastros de flores silvestres, eran hermosas. Sentí culpabilidad y pensé que todo lo que tocaba se moría, ¿alguna vez escuchaste la historia del hombre que todo lo que tocaba se volvía oro? Bueno, pues yo era como ese hombre, solo que en vez de oro provocaba dolor y muerte.
Solté una risotada para después dar paso a las lágrimas, saladas y tristes. No tenía el don de resucitar a la gente ni de retroceder el tiempo, y ahora yo ya era más que un estúpido pedófilo. Era más que eso Sarada. Y ya debes de intuirlo, esta parte de la historia pretende no ser tan cruel —si es que no leíste lo anterior—, su propósito es que pongas a volar tu imaginación y te recrees el momento preciso en el que dejé de ser una persona sana —mentalmente—, empezaba a volverme un loco. Un demente.
Me mordí las uñas estando sentado en ese pequeño cuarto, apreté más y más su mano regordeta y suave. Me aseguré de que no sintiera dolor, quise que todo saliera perfecto. Y casi lo logré. Tuve que apartarme de su lado para recoger los últimos pedazos de vidrio y depositarlos como relleno de una almohada. Misma almohada que usé para mi pequeño pecado.
Chiyo no sonreía, ni lo haría nunca más. Rompí una parte de la almohada y la fui rellenando con todos esos pedazos para no levantar sospechas. Pronto, la ambulancia llegaría y tendría que seguir llorando como niño pequeño, tendría que seguir la historia que me recreé en la mente. La almohada la guardé en uno de los closet, y me decidí a que regresaría por ella en algún momento. Las flores las dejé donde estaban y ya estaban perdiendo su color, me estaba quedando en las tinieblas.
Fue entonces que, después de veinte minutos de tensión decidí llamar.
—Una ambulancia, hay una emergencia…
Colgué, esa pudo haber sido su muerte real. Fui sigiloso, la almohada escondida y nada desacomodado. Nadie sospecharía que entré por su ventana, nadie sospecharía que un sujeto como yo asesinó a esa abuelita.
No, yo no la maté…yo…
Chiyo, la abuelita de piel arrugada había muerto. ¿Su muerte? Me había llamado hacia diez minutos diciendo que no se sentía bien, se sentía sudorosa y su corazón latía muy rápido, la pobre anciana necesitaba a su doctor de confianza, pero ella olvidó que mi esposa no estaba más en el mundo de los mortales. Dejó su puerta abierta y entonces yo llamé desde el teléfono de su habitación a urgencias.
¡Demonios! ¡Sí, la maté y usé su almohada para asfixiarla!
La asesiné…
"Se dice que la muerte por asfixia ocurre en un lapso de tiempo de entre tres a cinco minutos. En los dos primeros ocurre un desmayo, se produce una pérdida respiratoria y después si no hay oxigenación se presenta una parada cardio-respiratoria alrededor de cinco minutos, lo cual se considera muerte clínica. Todo esto se debe a la hipoxia, que es la falta de suministro necesario de oxígeno a los tejidos y al cerebro. Las células sanguíneas, desoxigenadas, pierden su color rojizo y adquieren un tono morado que se refleja en la piel. La persona en cuestión primero se desespera, pierde la conciencia…"
—¿Puedes creerlo? Debe ser de las peores muertes, querer sobrevivir y al final… No poder hacerlo.
—¿Te ha tocado que alguien muera de ese modo, Sakura-chan?
—No quisiera hablar de eso.
—Lo siento."
—¿Señor?
Alguien en ese momento me miró, era una mujer de ojos miel y piel morena.
—Ella, ella ha muerto, llegué muy tarde señorita, mi esposa le tenía gran afecto era su médico yo…
La mujer me miró con compasión y llamó a su otro compañero. Lo demás, son detalles que en este momento me perturban y que no quiero recordar. No me siento bien, recordar mi primer asesinato me hace sentir mal. No quiero tocarte y que pierdas el color de tu piel, ¡no quiero que mueras!
N/A Hola, aquí reportandome de nuevo. Sé que dije que las publicaciones de Cartas a Sarada las haría los días domingos (en mi página lo puse), pero puede que lo haga en sábado o domingo. Así que bueno.
Por otra parte, agradezco mucho sus visitas, me agradaría saber que piensan de este fic, si les gusta, sus teorías, todo. Me gusta leerlos, ¡en serio! Y bueno, quiero decir que este capítulo ha sido uno de los mejores que he escrito en fanfiction por lo cual es y será muy especial. ¿Por qué? Bueno, me dejó una sensación de escalofríos y bueno, la inspiración llegó por sí sola, creo me acomodo muy bien narrando desde el punto de vista de Naruto a pesar de nunca haber trabajado con este personaje (quién ha leído mis demás historias lo sabe). Así que, sin más me retiro, esperando leer más de ustedes y que dejen un review que seguro me animara muchísimo más. Un abrazo enorme y nos leemos la siguiente semana con el capítulo 12.
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