Extra V
Se adentró en el vestíbulo del edificio donde la mujer que más había deseado en su vida, vivía. Las paredes pulcras y desprovistas de cualquier artilugio decorativo, componían, en conjunto con la iluminación, una entrada moderna y reluciente, propia de un alto estándar de lujo. La simpleza de lo elegante.
Arrugó el papel en el que Sakura había anotado la dirección de Tomoyo.
Había decidido confirmar la dirección de ella, utilizando la ingenuidad de la futura esposa de Shaoran, quien ni siquiera sospechó sobre sus nobles intenciones al querer entrevistarse con la mujer que ocuparía el papel de madrina de la boda, aquella mujer que constantemente aparecía en sus sueños. Aunque esto último no lo sabía Sakura.
Ni siquiera durante un instante había dudado en manipular y aprovecharse de la situación de la boda de su mejor amigo; que lo ponía en una posición estratégica para acceder a la escurridiza mujer, que había vuelto su vida patas arriba. Era lógico que el padrino y la madrina platicaran, o al menos eso diría si es que llegase a levantar suspicacias. Era perfecto, pues no tendría que inventar un plan para encontrarse con ella, sonrió aún más, la suerte estaba de su lado.
Si se dejaba guiar por la forma de actuar de Sakura, ella no sabía sobre el affaire que Tomoyo y él habían tenido. Al parecer, Tomoyo había sostenido su palabra y no se lo había contado a nadie, ni siquiera a la que se supone que era su mejor amiga. Así que Sakura tampoco tenía como prever que su intención de ver a Tomoyo tenía un doble motivo, donde el segundo de inocente no tenía nada.
Estaba expectante. Se preguntó si ella respondería a su pasión si la asaltaba sin palabras de por medio. Si al verla simplemente la tomaba y la hacía suya.
Podía hacerlo, después de todo, la misma Sakura le había dicho que ella no tenía novio, incluso se había reído como si aquello fuese un chiste. No entendió muy bien el humor de la chica de ojos verdes, pero tampoco se comió la cabeza intentándolo. Lo importante era que Tomoyo estaba soltera, por lo que podría llevar a cabo sus más sórdidos sueños con ella.
Le había dicho a Shaoran que quería conocer a la madrina de la boda, ya que quería preparar una sorpresa para aquel día. Shaoran era desconfiado por naturaleza, pero Eriol no estaba en su radar de personas de las cuales cuidarse, por lo cual aceptó esa explicación sin mayor dificultad. Además, tampoco había nada de qué sospechar. Li le dijo que le preguntara la dirección de Tomoyo a su novia, pues era finalmente ella quien debía estar de acuerdo también.
Desde luego, había sido muy sutil a la hora de preguntarle a Sakura sobre si la madrina de la boda tendría a alguien en su vida. Pues, le había asegurado, que no quería causar problemas.
Y así había conseguido hacerse con la dirección, más bien confirmarla, pues era la misma que salía en el informe que meses atrás Naoko le había dado. Y de paso, también, logró saber sobre el estatus sentimental de la mujer. Todo un mérito.
No quiso ahondar sobre la vida de Tomoyo con Sakura, pues sería sospechoso si empezaba a preguntarle sobre ella de buenas a primeras, o sea, Sakura era muy confiada, pero como toda mujer su intuición se desplegaría y podría notar algo. Tuvo que refrenarse para no indagar más, tenía que recordar que, a ojos del mundo entero, esa noche que la tuvo entre sus brazos jamás ocurrió.
Ese día en particular había sido bueno para él, en lo que respectaba al trabajo todo iba miel sobre hojuelas. Incluso había sido entrevistado para explicar la forma en que la compañía consiguió reinventarse y salvarse de una casi segura banca rota.
Es cierto que la presidencia en un comienzo, le había dado innumerables dolores de cabezas. Tuvo que asegurarle a los más ancianos del consejo de accionistas, que el único camino que les quedaba para evitar la quiebra, era arriesgarse. La empresa moriría de todas formas si seguían por el mismo camino que venían recorriendo hace años. De modo que sólo les quedaba innovar. Cambiar. Crecer. Les dio un discurso que pareció convencer a la mayoría, quienes se comprometieron a apoyarlo y así, después de arduos meses de trabajo, lo habían conseguido. Desde hace pocas semanas los mercados bursátiles comenzaron a arrojar números positivos. Los clientes empezaban a abundar y con ellos, los proyectos.
Por eso estaba contento.
La boda de Shaoran y su posible encuentro con la esquiva mujer que huyó de él meses atrás; sólo condimentaron su buen humor provocando que se hiciera del tamaño de la Tierra.
Nada podría hacer que su humor cambiara, incluso si ella se negaba a volver a acostarse con él, tenía la confianza suficiente de poder persuadirla y hacerle cambiar de opinión. Seguro que ella lo rechazaría y negaría cualquier avance, Eriol rio, sus palabras podrían negar lo evidente, pero su cuerpo, estaba seguro, sería más honesto. Pues durante aquella noche, él había sentido la forma en que éste respondía, la manera en que se estremecía cuando la tocaba. Eso no podía fingirse, esa pasión no podía inventarse.
Ya en el ascensor revisó su plan. Una vez que consiguiera que ella lo dejase pasar, simplemente dejaría que todo ocurriera. A veces el mejor plan era improvisar.
Lo calentó la idea de volver a verla y sintió un extraño vértigo al pensar en ella. No era sólo deseo. Quería volver a saber de ella. Saber los motivos de su huida. Entender el porqué de sus acciones. ¿Desde cuándo había comenzado a pensar de ese modo?
Se entretuvo imaginando diferentes escenarios, durante el trayecto de los quince pisos que duraba el viaje. Estaba seguro que ella se sorprendería.
Se posicionó frente a la puerta. Recompuso su cara en una sonrisa cordial e inocente. Y se dispuso a disfrutar la expresión de sorpresa de Tomoyo.
«Que comience el show»
Cuando ella abrió la puerta, vio sus pupilas dilatarse y su rostro perdió color. En ese momento pensó que no era la reacción que esperaba. Pareciese que ella estaba aterrada por verlo.
—Hola, señorita Daidouji —la saludó, sin poder despegar sus ojos de su rostro que de pronto parecía tan descompuesto. Aquello hizo que su propia sonrisa decayera un poco, aunque decidió seguir con la siguiente línea que llevaba preparada—. Es un placer volver a verla después de tanto tiem…—la frase quedó a medio camino, atorada en su garganta, pues sus ojos descendieron para evaluarla y se dio cuenta que su vientre parecía abultado, redondeado, ¿acaso ella…?— ¿Estás embarazada? —preguntó, su voz salió asfixiada. La pregunta abandonó sus labios de una estocada. Sin preámbulos. Tan asombrado, como estaba, no tenía tiempo para ser delicado.
Ella lo miraba y su palidez se acentuaba más. Pareciese como si se hubiese quedado tan sorprendida que no conseguía moverse. Ella pareció salir de ese trance inicial y tocó su propio rostro, Eriol notó como le temblaban las manos y la forma en que se apoyaba en la puerta. Ella cerró los ojos que parecían más angustiados a cada segundo.
—¿Te sientes bien? —le preguntó y sus brazos intentaron alcanzarla, pero ella fue deslizándose por la puerta y cayendo en cámara lenta. Eriol no supo cómo, pero consiguió hacerse con ella antes de que cayera y se golpeara alguna parte del cuerpo—. ¡Maldita sea! —gruñó, sosteniéndola en el suelo.
La acomodó lo suficiente contra él, antes de pasar su otro brazo bajo las piernas. Le llamó la atención lo liviana que era, creía que al estar embarazada pesaría mucho más. Miró en dirección al departamento e ingresó con ella para recostarla en el sofá.
Intentó despertarla.
—Tomoyo —la llamó suavemente, cerca de su oído. Acariciando su rostro.
Su reacción fue nula.
¿Qué se supone que se hacía en esos casos? Él no tenía idea.
Los segundos se sumaban uno con otro y ella no reaccionaba. Eriol notaba como su nerviosismo se apoderaba de sus acciones. Tenía que hacer algo, se dirigió a la cocina con la mayor rapidez posible, mojó un paño, que reposaba sobre el lavaplatos, con intenciones de ponérselo en la frente de la muchacha. Tan aturdido como estaba, ni siquiera analizó que un desmayo no era lo mismo que tener fiebre.
A consecuencia de sus torpes movimientos, había conseguido cargarse unos platos que estaban bajo el pañuelo que había cogido arrancándolo sin cuidado, dejando un caos de proporciones en la cocina.
—¡Diablos! —maldijo, sin detenerse a evaluar los daños.
Corrió desesperado hacia ella y depositó el género sobre su cabeza. Nada. Ella seguía con los ojos cerrados.
—¡Tomoyo, demonios! ¡No me hagas esto! —gritó alterado.
Inspiró profundo, tenía que calmarse, si entraba en pánico todo empeoraría. ¿Qué era lo más oportuno hacer?
Pareció pensar, mientras se detenía a ver si ella respiraba, soltó el aliento que retenía, al comprobar que ella lo hacía pausadamente. Entonces la respuesta vino a su mente, con ahínco buscó en su celular y marcó apresuradamente.
—Aquí Li.
—¡Shaoran! ¡Necesito hablar con Sakura! ¿Está contigo?
Tomoyo comenzó a removerse, llevó su mano a la frente, quitándose el paño que Eriol le había puesto. Abrió sus ojos lentamente, en un principio parecieron perdidos, hasta que se enfocaron en él. Nuevamente esa mirada de terror plagó los ojos de la mujer. Eriol se sentó a su lado y sintió que la mitad de su alma volvió a su cuerpo, soltando un gran suspiro de alivio. Por lo menos ella estaba reaccionando.
—Sakura está aquí, ¿por qué quieres hablarle? ¿Pasa algo? Tú voz suena extraña —indagó Shaoran.
Eriol tardó en contestar, pues su atención estaba fija en aquella dama, quien lo miraba sin expresión alguna, pues había logrado recomponer su rostro, y con ello su mirada, a un estatus de indiferencia absoluta. ¿Por qué diablos no podía leerla como a los demás? Daría cualquier cosa por saber qué estaba pensando en ese momento.
—Nada. Dame con Sakura, no seas entrometido —su vista no se despegaba de Tomoyo, quien al escuchar el nombre de Sakura, reveló un gesto de desasosiego, tratando incluso de incorporarse.
Eriol depósito una mano en el hombro de ella y eso pareció desarticular el intento de la chica por ponerse de pie. De modo que Tomoyo tocó su brazo y negó repetidamente con la cabeza.
—Por favor, no le digas nada. No quiero que se preocupe —susurró en voz baja, dándole a su timbre una cadencia pausada, sus labios titubearon y a Eriol le pareció tremendamente frágil—. Por favor —insistió.
Eriol se percató del tono débil que tenía. Así como que su temblor en las manos no cesaba.
—¡¿Entrometido?! —gruñó Shaoran, medio en serio, medio en broma. Eriol se sobresaltó, por un momento había olvidado que estaba hablando por teléfono con su amigo—. Es MI prometida y tú eres el mayor mujeriego que conozco, así que obviamente no dejaré que hable contigo sino me dices qué demonios quieres —terminó riéndose.
En otro momento Eriol le hubiese seguido el juego y hubieran multiplicado las risas. Sin embargo, en aquel instante sólo podía mirar a Tomoyo y preguntarse mil cosas. Una sensación nada familiar brotó en él. Las ganas de protegerla se dispararon al verla allí, tan asustada e insegura.
—Olvídalo. Hablaré con ella más tarde, cuando logre convencerla para que te abandone —siguió la broma, intentando fingir normalidad, soltando inclusive una risa de cortesía.
La carcajada de Shaoran se expandió.
—Eso ni lo sueñes —de pronto cesó de reír—. ¿En serio estás bien? Sakura está intentando arrebatarme el teléfono.
—No te preocupes. Era para preguntarle algo, pero ya no importa. Que descansen —sonrió—. No sé para que les deseo cosas que no van a hacer de todos modos. Adiós, par de tórtolos.
—Buenas noches, Eriol.
Al momento de cortar la llamada, Tomoyo seguía mirándolo. Mientras hablaba por teléfono los ojos de ella, no habían podido volver a su anterior estado de impasibilidad, por lo que Eriol notó que ella estaba acongojada.
—Bien. Hice lo que me pediste.
—Gracias —susurró ella, estremeciéndose.
—¿Te sientes mejor? —ella asintió e intentó incorporarse.
—No, no. Será mejor que te quedes un poco más recostada —Eriol tomó sus manos y las encontró muy frías—. Estás muy helada, traeré algo para abrigarte.
—No es necesario que te molestes.
—Sí lo es —sentenció—. Y más vale que te encuentre en la misma posición cuando regrese —amenazó, perdiéndose por el pasillo dónde creía que podía estar la habitación de ella.
No tardó demasiado en traer la cobija que había arrancado de la cama, ella permitió que la cubriera.
Esa familiaridad disparó las alarmas del inglés. El simple hecho de estar atendiéndola, de preocuparse por ella, hasta ese instante había sido totalmente natural para él. Sin embargo, ellos no eran amigos, no eran amantes, no eran nada. Sólo compartirían el honor de ser padrinos en la boda de sus mejores amigos. Y también, una noche olvidada en el tiempo. Nada más.
Un silencio incómodo se extendió entre ellos.
Eriol rascó su cabeza y volvió a sentarse cerca de ella. No comprendía por qué simplemente no se retiraba de ese lugar. ¿Por qué quería quedarse a saber qué le pasaba a ella? Y también quería respuesta a una pregunta, una que trataba de olvidar a cada segundo, ¿de quién era el hijo que ella llevaba en su vientre?
—¿Estás segura que te sientes mejor? —ella asintió, con una postura retraída— ¿Por qué te ocurrió eso? —cuestionó Eriol, en un menguado intento de profundizar la conversación.
—Seguro fue una hipoglucemia, ya me ha pasado otras veces —murmuró ausentemente—. Se debe a que me salté el almuerzo, me explicaron que no debía hacerlo, pero…soy un desastre para esto.
Eriol notó la oscuridad posarse sobre su mirada azul-violeta. Era evidente que la última confesión era una que le dolía asumir.
—Estás embarazada, ¿verdad? —quiso estar seguro de ello.
Ella desvió la mirada e inspiró hondo antes de responder.
—Sí.
Fue lo único que dijo. Ese monosílabo afirmativo, hundió las esperanzas de Eriol de que sólo estuviese un poco pasada de peso, lo cual hubiese sido extraño, puesto que salvo por su vientre, todo en ella era delgadez, incluso más que cuando se conocieron.
Titubeó un poco antes de hacer la siguiente pregunta, pues no estaba seguro de querer saber la respuesta. Los nervios se apoderaron de él, pues si ese bebé fuese suyo… no quería ni pensar lo que ocurriría. No quería perder su libertad. Él no sería un buen padre.
—Y… ese bebé… —dudó—. Eh… ¿cuántos meses dijiste que tenías?
Ella bufó contrariada.
—No lo dije. Si quieres preguntarme si este bebé es tuyo o no, ¿por qué no hacerlo directamente?
Ella lo atravesó con una mirada cargada de muchos sentimientos. Eriol leyó en sus ojos esperanza, ilusión, incluso cariño; aunque también creyó ver desesperación, aversión y miedo en ellos. Todo eso mezclado. ¿Por qué ahora su mirada parecía tan traslucida? ¿De qué modo ella podía parecer tan enigmática y luego tan transparente en cuestión de segundos? La situación era una locura.
—Cuando nos conocimos, me dio la impresión que la sinceridad era una de tus cualidades más aventajadas —terminó de decir ella, volviendo a su carácter reservado.
Eriol ignoró las últimas palabras. Sólo quería que ella le dijera lo que él quería escuchar.
—No lo es, ¿verdad? —indagó esperanzado—. Vamos. Sólo estuvimos juntos una noche y sólo la primera vez olvidé el preservativo. No creo que… ese niño sea mío. Además, tendrías que tener casi seis meses y tú no parecieses tener ese tiempo de gestación…
Se fijó como Tomoyo tensó la quijada. El nivel de rigidez subió en el ambiente haciéndose insostenible.
El timbre logró romper la pesada atmósfera que se había formado. Tomoyo se puso de pie, los primeros pasos fueron un poco descoordinados, pero luego pareció tomar seguridad.
La vio recibir una pizza y sonreír de forma cansada, mientras le pagaba al tipo que la había traído.
Ella se fue a la cocina, dejó la enorme caja en una encimera y frunció el ceño al descubrir los platos quebrados en el suelo. Ni siquiera se inmutó o dijo algo sobre ello. Tan sólo se dispuso a barrerlos y arrojar los restos a la basura.
—Tomoyo…
Ella ignoró por completo e Eriol y se sirvió otro vaso de jugo, bebiéndolo con lentitud.
—Tomoyo, demonios. ¿Vas a responderme?
Ella fijó su atención en él.
—¡¿Qué es lo que quieres que te diga?! —exclamó ella con rencor, perdiendo los estribos.
Eriol no soportó más, pareciese como si ella realmente disfrutara teniéndolo en ascuas.
—¡Quiero que me digas que ese bebé no es mío! ¡Sabes que no lo es! ¡Deja de jugar a hacerte la misteriosa y dímelo de una vez!
Ella se quedó paralizada y de a poco su vista bajó al suelo, se dio vuelta. Eriol la escuchó suspirar. Contó hasta veinte cuando finalmente ella habló:
—No es tu hijo —susurró—. Siento que lo pensaras en primer lugar —volvió para verlo—. Debí aclararlo de inmediato, lo siento.
Su actitud de completa calma, sorprendió realmente a Eriol. Esperaba que ella lo abofeteara o mínimo le gritara, por haberle hablado de esa manera, por haber perdido el control y comportarse de un modo tan grosero. Sin embargo, pareciese que sus palabras lograron que algo cambiara y ella se decidiera a contarle la verdad.
Y lejos de lo que esperó, esa verdad no lo había hecho feliz. No era el padre del hijo de Tomoyo. Se preguntó lo que hubiese sentido si la respuesta hubiese sido otra. Aquella que él creía que de alguna forma lo condenaría a perder su tan valiosa libertad.
¿Acaso era un comportamiento infantil, querer ser el padre de ese bebé ahora que sabía que no lo era?
Es cierto que él no tenía madera para ser padre, nunca había fantaseado con esa idea. Los niños y él no se llevaban, de forma que, el que Tomoyo no fuera a hacerlo padre, debería hacerlo feliz. Y no era eso lo que ocurría.
¿Qué diantres ocurría con él?
—¿Y quién es el padre? —el tinte de celos se escapó impulsivamente, antes de que pudiese controlarlo.
Pareció que ella pasó por alto ese desliz. De todas formas, no tenía como saberlo, pues Tomoyo había vuelto a su careta de indiferencia, esa que tanto le reventaba su paciencia.
—Eso no es asunto tuyo —ella contestó tranquilamente, aunque su voz salió extraña como si hablara con el filo de un cuchillo—. Ahora, ¿podrías aclararme los motivos que te hicieron venir hasta acá?
Eriol casi se ahogó al oír la pregunta de Tomoyo. Ahora que ella estaba embarazada, era lógico que no querría tener una aventura con él. De modo que su fantástico plan de seducirla sería una lucha perdida. Recurrió a su explicación B, la que era políticamente correcta.
—Eres la madrina de la boda de Shaoran, yo seré el padrino…—ella lo miraba con atención, estrechando los ojos en una mueca de desconfianza muy notoria, que ni siquiera se molestó en ocultar—. Creí que podríamos preparar una linda sorpresa para los futuros esposos.
Tomoyo se apoyó en la mesa.
—Eriol, no lo sé… Sería extraño.
El inglés sabía que ella tenía razón, pero quería seguir viéndose con Tomoyo. El que estuviera embarazada no hacía que dejara de desearla. Aunque estaba seguro que ella no aceptaría mantener una relación física con él, por lo menos quería ser su amigo. Se conformaba con hablar con ella, con ser de alguna manera su apoyo. Y quizás, con el tiempo su relación podría mutar y él dejaría de anhelar estar con ella.
—No veo porqué. Sé que quieres mucho a Sakura, ¿No sería genial si preparamos algo para el día más importante de ella?
Eso pareció ablandar su rictus. Eriol anotó mentalmente que uno de los puntos débiles de Tomoyo era su prima.
—Lo pensaré. Te llamaré sea cual sea mi respuesta —murmuró ella—. Ahora debes irte.
Había transcurrido una semana con dos días desde que la vio. Simplemente ella no se había comunicado, lo cual, si pensaba con positivismo, no era complemente malo, pues tampoco le había negado la posibilidad de estar juntos.
«Estar juntos para preparar algo para la boda de Shaoran y Sakura. No lo olvides», resopló su consciencia.
Quería verla de nuevo. Se había pasado los nueve días un tanto preocupado por ella, pues al irse de su departamento, Tomoyo no dejaba de tener ese aspecto frágil que le tiraba una fibra de protección que desconocía tener. Aunque, aplaudía los intentos de ella por parecer estoica, era una lástima que él fuera tan astuto y hubiese visto la verdad a través de sus vagos esfuerzos por fingir una fortaleza que seguro no sentía.
Contrario a lo que creyó en un comienzo, si él hubiese sido el padre del bebé de Tomoyo, podría estar con ella, cuidarla, aunque ella se opusiera. Tendría derechos a preservar el bienestar de la criatura y con ello, podría atender las necesidades de Tomoyo.
Simplemente no había tenido suerte.
El trabajo había sido una buena forma de no pensar en esa mujer, que por momentos le parecía más y más inalcanzable. No obstante, ese día no tenía que trabajar, no encontraba la manera de escapar de esos pensamientos. Por lo que estaba en su departamento intentando centrar su atención en el interesante programa sobre los delfines, que daban en la televisión por cable. Después de más de quince minutos de intentarlo se rindió. Su cerebro parecía mandarse solo, no quería saber sobre los delfines, sólo quería pensar en ella, volviendo a repasar con inusitada claridad todos los recuerdos que tenían su sello. Estaba perdido en una obsesión llamada Tomoyo.
—¡Maldita sea!
Necesitaba un trago.
De camino a cualquier parte donde le dieran de beber, lo interrumpió la llamada de Shaoran, por lo que quedaron de juntarse en la casa de Li.
—¿Estás solo? —indagó el inglés, al atravesar la puerta del departamento de Shaoran.
—Sí —respondió mientras sacaba dos cervezas del refrigerador.
—¿Y Sakura?
Ante la mención de la señorita Kinomoto, Shaoran sonrió. Eriol quiso burlarse de su sonrisita de idiota, pero por primera vez no tuvo ganas de hacerlo, incluso su evidente enamoramiento le dio un poco de envidia. Pues, desde que Shaoran había iniciado la relación con Sakura, se veía más contento, sonreía con mayor facilidad, incluso su mal humor, que tanto le divertía hacer explotar, parecía cada vez menos evidente. En resumen, se le veía feliz. Shaoran era feliz.
Se odió a sí mismo por la punzada de celos que lo atravesó. De pronto, él mismo deseó sentirse de ese modo.
—Tomoyo la raptó esta mañana —contestó pasándole una de las cervezas a Eriol—. Los preparativos de la boda la tienen bastante atareada. Pese a que tenemos un organizador, ella quiere saber cada detalle; por eso su amiga la convenció para que se tomara un descanso —Shaoran elevó las comisuras de su boca—. Logró lo que intenté por varios días, en unos cuantos minutos. No sé cómo Tomoyo siempre logra salirse con la suya. Siempre ha sido un enigma para mí.
—Oh, sí, me entrevisté con ella hace unos días. Es una mujer muy…
«Lista, sexy, inteligente, atractiva. ¿Por qué no se lo dices a Shaoran, cobarde?», le decía su consciencia.
—Ella es especial —completó Shaoran, al notar que Eriol se quedó trabado.
—Sí, lo es. Y está embarazada. Eso me sorprendió pues Sakura dijo que no tenía pareja —lanzó Eriol, esperando que su amigo mordiera el anzuelo.
«Vamos, Shaoran. Suelta la sopa. Dime todo lo que sepas de ella»
—Es verdad, ella no tiene novio. Nadie sabe quién es el padre de ese bebé. Ella no se lo ha dicho a nadie, ni siquiera a Sakura —comentó Li, con un dejo de preocupación en su rostro.
Eriol frunció el ceño.
—¿Y por qué ocultarlo? —indagó levantando una ceja, develando la curiosidad que todo eso le generaba.
Shaoran sonrió.
—No lo sé. Ella es muy testaruda y pragmática cuando quiere. La semana pasada, Sakura intentó que ella se lo dijera por milésima vez. Le preocupa que esté sola y que algo le pase.
Eriol tragó grueso al recordar lo que ella dijo sobre su desvanecimiento: "…ya me ha pasado otras veces".
Shaoran siguió con su plática, ignorando totalmente el curso de los pensamientos de su amigo:
—Pero en esta ocasión le dijo que ella criaría sola a ese hijo, que sólo era suyo. Eso le sorprendió a Sakura, ya que su postura anterior era que debía decírselo primero al padre antes que a ella. Sakura no sabe qué le hizo cambiar de idea —su mano cubrió los ojos. Ambos se quedaron callados y sólo se escuchaba la melodía de una canción antigua y nostálgica—. ¿Te confieso algo? —le preguntó Shaoran a Eriol, el inglés asintió, intentando analizar las palabras anteriores de su amigo—. La primera vez que hablé con Tomoyo creí que era una bruja —le contó, a grandes rasgos, su primer encuentro y cómo eso desencadenó que fuese al departamento de Sakura—. Pero es gracias a ella que lo mío con Sakura tomó el camino que recorremos hoy juntos. Le estoy muy agradecido.
—¿Sabes de cuánto tiempo está?
Eriol todavía no se enteraba por qué era tan importante para él esa respuesta, pero era la misma pregunta que le había hecho a Tomoyo, quien no la había respondido y quizás la había evadido con esa capacidad tan suya de despistar su atención.
—No tengo ni idea —respondió Shaoran—. Sólo sé que hace mes y medio se destapó la noticia.
—¿Mes y medio? —susurró Eriol haciendo sus cálculos—. No debe tener mucho tiempo realmente. Por lo general, las mujeres se dan cuenta cuando no tienen el período, ¿o no?
Tomoyo no pudo haberse tardado cuatro meses y medio en darse cuenta que estaba embarazada. Además, ella misma le había dicho que el bebé no era suyo. ¿Por qué seguía intentando ver la quinta pata al gato donde no la había?
Intempestivamente, Eriol se intimidó al recibir un golpe de un almohadón del sofá, al mirar a su alrededor buscando al culpable de tal agresión, Shaoran lo miraba recelosamente, con una ceja arqueada.
—¿Qué te tiene tan concentrado, Eriol? Son varias las veces en los últimos días que te he notado distraído. ¿Me vas a contar qué pasa?
Diablos, Shaoran había encendido su detector de mentiras. Eriol conocía a la perfección que cuando se ponía en esa actitud, no se le pasaba nada. Trató de elucubrar algo, aunque el río de sus pensamientos se vio interrumpido cuando el móvil de Shaoran comenzó a sonar.
Shaoran le dirigió una mirada de advertencia. Esa conversación no había acabado.
El chino contestó el teléfono sin despegar la mirada penetrante de su amigo.
—Aquí Li. ¿Tomoyo? —Shaoran guardó silencio—. ¿Dónde la llevaron? —escuchó nuevamente, arrugó el ceño y se puso pálido—. Salgo ahora mismo para allá.
—¿Qué ocurrió? —preguntó al ver como Shaoran se hacía con las llaves de su automóvil.
—Sakura se desmayó —murmuró con voz densa—. Tomoyo no sabe qué le pasó. Se la llevaron a urgencias —habló ausentemente.
Eriol le quitó las llaves a Shaoran.
—Será mejor que yo conduzca. Vámonos.
Eriol había conducido en el más absoluto silencio. Shaoran tenía la manía de no decir absolutamente nada cuando algo le preocupaba. Y entendía perfectamente que no quisiera hablarle.
Al momento en que detuvo el automóvil en las puertas de urgencias, Shaoran se bajó y corrió al interior del edificio.
Eriol buscó donde estacionarse, para luego seguir los pasos de su amigo. Al ingresar, su mirada, como si se tratara de un imán, se encontró con la de Tomoyo, sus ojos angustiados le revolvieron las entrañas. Se dirigió hacia la mujer y se sentó junto con ella. Observó alrededor, no había rastros de Shaoran.
—Shaoran entró a ver a Sakura —murmuró Tomoyo.
Eriol se permitió verla detenidamente. Ella parecía asustada y con ahínco arrugaba la falda de su vestido.
—Ven aquí —Eriol la abrazó—. Estoy contigo.
Se fijó que su barbilla tiritaba y que sus ojos estaban anegados en lágrimas. Le sorprendió que ella no opusiera resistencia, sino que se apoyara en él. Tomoyo se agarró de su camisa y sus hombros se convulsionaron.
—Ya —le susurró, mientras ella se deshacía en su pecho—. Verás que ella estará bien, Tomoyo.
—No reaccionaba. Jamás he sentido tanto miedo. Ni siquiera cuando supe que estaba embarazada me sentí tan asustada —sollozó ella.
Eriol acarició su cabeza y la arrulló; abrazándola con toda la fuerza que tenía. Brindándole todo el apoyo del que era capaz. Pasado los minutos ella se calmó lo suficiente y se alejó de Eriol.
—Gracias —musitó ella.
Se mantuvieron en silencio unos instantes.
—He estado esperando tu llamada —confesó Eriol.
Durante un minuto completo ella no contestó, ya Eriol comenzaba a creer que no lo haría, hasta que la escuchó hablar:
—Le he dado vueltas al asunto —comentó, desviando su mirada por el ventanal de la sala de espera—. Creo que es una buena idea —hizo otra pausa—. Tengo el plan perfecto.
Eriol centró la atención completamente en ella.
—Hay una canción que cantaba cuando era pequeña, a Sakura le gustaba muchísimo…
Ella de pronto se sonrojó.
—¿Qué? ¿Por qué te quedas callada de repente? —indagó él, revelando la confusión que sentía.
—Porque… —ella pareció pensar—. Olvídalo. La cuestión es que esta canción se acompaña con el piano. De modo que podemos preparar una presentación para el día de la boda. Los dos. Como si fuésemos un dúo.
—Me parece genial, tenemos que ensayar lo suficiente para que nos salga perfectamente —expuso Eriol, intentando que su entusiasmo se mantuviese en los niveles adecuados. Lo último que quería era que ella tuviese la certeza de cuán contento lo ponía esa situación.
Tomoyo asintió y le sonrió. Era la primera sonrisa que le daba así de brillante. Era la primera vez que ella le sonreía porque se sentía feliz. El nudo de su estómago se hizo evidente.
—Vamos a la cafetería a comer algo, pareces demasiado pálida —la invitó agarrándola de la mano. Ella intentó zafarse, pero él no le permitió.
—No, Eriol, no tengo hambre —se quejó Tomoyo.
—Me importa muy poco, o vas por las buenas, o te llevaré en brazos —la amenazó—. Hazlo por el bebé, recuerda que no debes saltarte ninguna comida.
Esa frase minó sus objeciones y ella se dejó llevar.
—Bien, iré —murmuró—, pero puedo caminar sola —indicó mirando el agarre de sus manos.
—Lo sé, pero no quiero arriesgarme a que salgas corriendo.
Su intención al llevarla a comer, tenía un segundo propósito, quería que ella dejara esa mueca preocupada. De manera que se dio a la tarea de hacerla reír, hacer que ella olvidara su aprensión.
Eriol percibió que Tomoyo era muy divertida cuando lograba olvidarse de su coraza, eso ya lo sabía, por lo que reafirmó lo vívido cuando se conocieron.
Había notado, además, que en varias ocasiones en las que ella estaba riéndose con él, de cualquier tontería, de pronto se ponía seria, como si quisiera interponer barreras entre ellos. Eriol fingía no darse cuenta y de algún modo lograba que ella volviese a bajar la guardia.
Tomoyo y Eriol vieron que Shaoran venía empujando una silla de ruedas en la que venía montada Sakura. La muchacha venía discutiendo con Shaoran.
—Puedo caminar por mi cuenta, Shaoran.
—¿No quieres la silla? —el chino sonrió.
—No, esto es ridículo. Ya me siento bien.
—Bien, entonces diremos no a la silla —informó con voz neutral, dejó de empujar la silla, se posicionó al lado de ésta y tomó a su prometida en brazos—. Esto es mejor.
—¡Shaoran, bájame! ¡Estás loco! —ella trataba de sonar molesta, pero su sonrisa traicionaba la seriedad de su discurso.
Al percatarse que sus amigos lo miraban interrogadoramente, ambos se sonrojaron, sin embargo, Shaoran no la bajó de sus brazos.
Tomoyo se acercó a la pareja.
—¿Cómo estás Sakurita?
Sakura, forzó para que Shaoran la dejara en el suelo, quien accedió reticentemente, y abrazó a su amiga.
—Estoy embarazada, Tomoyo —confesó con la emoción protagonizando cada palabra.
Tomoyo abrió los ojos desmesuradamente, la sorpresa fue tanto para Eriol como para ella.
—¡Qué hermosa noticia! —dijo Tomoyo, regalándole a la castaña una mirada llena de sueños, y también de promesas—. ¡Estoy muy contenta! Sakura… serás una gran mamá —suspiró sin soltarla de ese abrazo apretado—. Estoy segura de ello.
Eriol miró a Shaoran quien observaba con devoción a la que sería la madre de su hijo. Y se acercó para abrazarlo y mostrarle de ese modo su apoyo.
—¿No se supone que era anemia? —cuestionó Tomoyo, quien se había emocionado igual que Sakura.
—Tengo un par de semanas, el médico dijo que posiblemente por eso salió un falso negativo en el examen de hace unos días. Era muy pequeño —sonrió tocando su vientre.
Shaoran la tiró delicadamente hacia su cuerpo y le besó la cabeza.
—Te amo —le susurró cerca de su oído, aunque sus amigos se enteraron de todos modos.
Sakura lo miró con la misma intensidad.
—Eriol y yo tenemos que ir a hacer cosas de padrinos, ¿verdad? —preguntó Tomoyo al inglés, dándole un leve golpe en el estómago con el codo.
—Sí, sí —afirmó, no había que ser muy inteligente para entender que ellos necesitaban estar a solas—. Me llevaré a Tomoyo.
Los dos castaños, casi ni se enteraron que sus amigos se marchaban, asintieron de manera ausente cuando se despidieron, estaban demasiado concentrados el uno en el otro, como para notar lo que pasaba a su alrededor.
Los dos caminaron hasta el frontis del hospital, se quedaron parados uno al lado del otro. Eriol quería decir algo para que ella no se fuera.
Se sentía nostálgico y feliz. La última mirada que habían compartido sus amigos fue tan bonita, que misteriosamente anheló experimentar aquello alguna vez. Y no tenía la explicación del porqué la presencia de la mujer, que estaba a su lado, de pronto era tan relevante.
—¿Cuándo nos reuniremos a ensayar? —preguntó Tomoyo, lo cual provocó que Eriol reaccionara con desconcierto, pues estaba demasiado enfocado en sus propios pensamientos
—En mi casa una de las habitaciones está insonorizada, tengo un piano y podríamos utilizarla como sala de ensayo —propuso el inglés.
La vacilación pobló el semblante de Tomoyo. Era como si estuviese debatiendo con ella misma los pros y los contras de aquella oferta. Al final ella asintió.
—Te enviaré la partitura. Una vez que domines la melodía a la perfección, podremos añadir la voz —indicó—. Tenemos menos de tres semanas. No sé qué tan bien nos vaya a salir…
—Nos saldrá genial si ensayamos todos los días.
—¿Todos los días? —ella pareció horrorizada por su sugerencia.
—Quieres que salga perfecto para Sakura, ¿no? —la picó, siendo consciente de su inescrupulosa manera de manipularla.
Quería verla. No importaba lo tramposo que tuviese que ser para conseguirlo.
—De acuerdo —farfulló ella con derrota—, tendría que ser después del trabajo. Me pasaré por tu departamento.
En un principio, las reuniones fueron incómodas, pues Tomoyo se negaba a cantar. Habían discutido sobre la importancia de aprenderse de memoria la melodía, antes de que ensayaran con ella cantando. Eriol no entendía su negación, pero le causaba curiosidad. Su teoría era que a Tomoyo le avergonzaba cantar frente a él. Seguro estaba estirando la situación porque cantaba pésimo.
Salvo esos pequeños inconvenientes, disfrutaba mucho el reunirse con ella. Era lo que más esperaba en su día. De manera extraña, había caído una especie de rutina. Al tener que practicar en la tarde, cenaban juntos. Eriol la llamaba antes para preguntarle que se le antojaba cenar y luego pasaba a comprar los alimentos.
La convivencia se hizo más y más íntima. Al pasar los días, dividieron el ensayo en dos partes, pues no era fácil llevar el ritmo cuando en el día tenían que trabajar. En el interludio que se daban para descansar, no era extraño que vieran alguna película, o más de una, y que se acomodaran en el sofá de la sala. Un par de veces, ella se había quedado dormida en su hombro. Eriol sentía que aquello era tan correcto que trataba de no moverse. Era chocante que verla dormir le reportara esa sensación de paz, que creía haber olvidado hace mucho.
A la llamada de la tarde para ver qué cenarían, se le sumó una en la noche. Pues había habido ocasiones en las cuales ella se había retirado en extremo tarde a su propio departamento, por lo que el inglés la había coaccionado para que lo llamase al llegar a su destino, de otro modo tendría que ir a dejarla él mismo.
Y con el pasar de los días Eriol comenzó a llamarla también en la mañana, se inventaba cualquier excusa por ridícula que fuera. Quería saber cómo había dormido y de a poco todo se hizo más y más confuso. No sabía cómo sentirse al respecto, pues ella se le estaba metiendo bien duro en el corazón. Y aunque lo pensara, no quería detener lo que estaba pasando. Se estaba enamorando de ella, pese a que esperaba el hijo de otro hombre, sus sentimientos cada día se hacían más profundos.
Los ensayos eran cada vez menos ensayo y más estar juntos. Más películas, más cenas, más conversaciones en susurros, entre las escenas de lo que fuese que estaban viendo.
Faltaba menos de una semana para la boda de Shaoran y él todavía no había ensayado ni siquiera una vez con Tomoyo. Se sabía la canción a la perfección, ni siquiera era necesaria la partitura.
Al llegar esa tarde a casa, Tomoyo lo esperaba en la puerta. Parecía perturbada y se notaba que había llorado. Eriol decidió hacer como si no ocurriera nada. En las semanas que llevaba con Tomoyo, sabía que preguntarle por algo era la peor manera de intentar que ella se abriera, lo mejor era esperar a que ella quisiera confiarle, lo que sea que pasara.
—Me he aprendido la melodía de la canción, así que deberíamos ensayar juntos —informó con voz alegre.
—Bien, quiero oírte tocar —murmuró ella, recomponiendo su semblante.
Eriol tocó la melodía, sin apuros, sacando el máximo provecho a cada nota. Le gustó la tesitura y el ritmo íntimo que logró con la pieza. Al terminar ella pareció quedar conforme del mismo modo.
—Intentémoslo ahora con voz —sugirió él.
Tomoyo asintió, respiró hondo.
El inglés comenzó la melodía y en el momento indicado la oyó cantar. Su voz era increíblemente hermosa, su propio corazón se aceleró.
Ella cerró los ojos, concentrándose en no desafinar y logrando la perfección. La pieza terminó demasiado pronto y Eriol quedó extasiado con la maravillosa voz de ella.
—Quizás no necesitaremos tantos ensayos —la oyó decir, sus mejillas estaban un poco coloradas. Le sonrió con tanta dulzura.
Eriol se paró del taburete del piano y fue hasta ella. Ya no lo soportaba más.
—Tendremos que ocupar ese tiempo disponible en otras cosas —ella lo miró sin enterarse de qué hablaba.
—¿Qué otras cosas? —cuestionó, poniendo otra vez las barreras que Eriol ya conocía de memoria.
—Me refiero, por ejemplo, a esto —Eriol la amarró en un abrazo y la besó desesperadamente. Tomoyo respondió a aquel asalto con arrebato. Eriol pensó que tal vez, ella también deseaba que eso pasara—. Y tengo varias otras cosas en mente.
Notas de la autora: !Hola! Quiero dar las gracias por leer hasta aquí.
También contarles lo emocionada que estoy por todos los comentarios o mensajes que me han enviado para que continúe escribiendo esta historia, que como bien saben los que la siguen desde un principio, no era larga en lo más mínimo. Incluso se encontraba concluida. Lo de los extras fue fortuito, y por lo mismo, me ha sorprendido la llegada que han tenido. Jamás lo esperé. Por eso, les reitero mi agradecimiento.
Respecto al capítulo, no mentiré: ¡Me costó un parto escribirlo!
Escribir desde la perspectiva de Eriol me desesperaba pues quería saber más de Tomoyo, qué sentía, cómo se tomó aquel encuentro. ¿Cómo diablos se enteró de su embarazo? ¿Qué pasó en ese momento? No terminaba de ponerme de acuerdo conmigo misma, de modo que me quedé varios días en blanco. Cambié algunas cosas y agregue otras, para finalmente lograr lo que ustedes leyeron. Siendo honesta no quise que Tomoyo se lo contara de inmediato (me refiero a lo del bebé) y que Eriol lo aceptara así sin más, sin conflictos...
Quería evolución en su relación, no algo que fuera tan de golpe. Espero haberlo logrado.
Espero traer la actualización pronto. Será el último capítulo.
Ahora que tengo tiempo (y no estoy muriendo de sueño) me permitiré responder los reviews del capítulo 9 y 10.
Capítulo 9
patty81medina: Concuerdo con que es frustrante esperar la actualización, di las explicaciones de mi atraso en la misma, que por lo demás fue un caso puntual. Pero te seré honesta, jamás escribiría un capítulo desde un celular o una tablet, no puedes darle el formato adecuado. Y para actualizar algo inentendible, mejor no lo hago. Si ese es tu estilo, es respetable, sin embargo no es el mío. Agradezco que te tomes el tiempo de comentar.
Elanie: Es cierto que Tomoyo caló profundamente en Eriol, tanto que ya pudimos ver las consecuencias. Gracias por seguir contando con tu lectura y tu comentario.
Sul Ad Astral: ¡Sí paso de todo! (se sonroja). Es cierto que Tomoyo tenía su tema anterior, dicen que las personas somos el productos de nuestras experiencias. ¿No crees? Gracias por tu comentario.
Cata06: ¿Te gustó la escena del motel? Mi lado pervert salió a gobernar durante esa narración. Gracias a ti por comentar.
Noir: Tú y tu fascinación por los ExT me animan a ponerle el máximo empeño posible. Y como pudiste notar se dieron bastantes cosas entre ellos dos, la cosa es que se aclaren las dudas ¡y se amen de una buena vez!
Sylvia Ocytko: Confieso que tu comentario me hizo ahogar una carcajada. ¿Zorra digna? Me hizo gracia ese calificativo. Estoy de acuerdo que casi siempre la gente merece segundas oportunidades. Ahora, ¿qué tanto aguantaran estos dos? No tengo idea.
Lunabsc: ¡Gracias! Me alegro que la escena tórrida de ellos dos te haya gustado. Y nuevamente le acertaste y ¡Vaya consecuencias!
Paranoid: Tus sospechas eran correctas, aunque quizás no fueron las consecuencias que creías :)
Neon Synthesis: Sí, había una explicación para el comportamiento de Tomoyo. Y aunque ella tuvo sus dudas, finalmente aclaró sus tendencias sexuales. Una mala experiencia no puede definirte de manera alguna. Aunque no te niego que en un momento pensé en darle a ella la personalidad más cercana al canon y hacer que estuviese enamorada de Sakura, pero desistí. Gracias infinitas por comentar, tu comentario me dio varias ideas.
Capítulo 10
Cata06: Siento haberlo dejado así. ¿Te digo algo? Ese no era el plan inicial. Si quería que estuviese embarazada, pero no quería que se enterara de ese modo. Fue cosa de las musas el que se me ocurriera que Eriol fuera a por Tomoyo. ¿Qué opinas de comportamiento de Eriol? Yo no creo que tuvo la mejor de las reacciones en el inicio, pero después... bueno ya me lo dirás. Gracias por tu apoyo. Traté de demorarme lo menos posible.
mbar625: Muchas gracias, espero que este también te haya gustado. Agradezco tu comentario.
Lunabsc: Confieso que también me gustó como quedó ese capítulo, ¿Y el final? tan OMG es culpa de las musas, no mía. Publiqué lo antes posible. ¿Cómo viste el avance de esos dos? Gracias por gastar tu tiempo en dejar un review.
Sul Ad Astral: Yo también me sentí de ese modo por Tomoyis, es tan roca por fuera que uno no espera que guarde ese tipo de dolores. Fue una pasada que cuando al fin se digno a ir por Eriol, éste estuviese ya con otra chica. Y no, no estaba subida de peso, era un lindo bebé. Y tienes razón, hay mujeres que se ponen de parto sin saber que estaban embarazadas. Todas amamos a Eriol-kun, ojalá apareciera en nuestras puertas. Espero que te haya gustado este capítulo también, te prometo que hice todo lo posible para tenerlo arriba cuanto antes.
Sylvia Ocytko: En mi defensa he de decir que fueron las musas que dejaron ese final tan "bomba". Yo también me conecté con los sentimientos de Tomoyo y de cierta forma entendí su proceder. ¡Tuviste razón! Era un bebé. ¿Qué piensas sobre la reacción de Eriol? Me costó harto decidirme por esa postura, sobre todo, porque no quería que se viera falsa, ni forzada. Gracias por tu review.
Haro Adranne: ¡Gracias! Aquí está el siguiente. ¿Te pareció bueno?
Lizy-Michaellis: Gracias. Yo creo que si existe la "fanaticada" de los ExT. Créeme que tampoco vi venir ese final, se me ocurrió justo cuando iba a actualizar. La idea siempre fue que Tomoyo quedara embarazada, incluso dejé algunas pistas, pero nada muy evidente por si cambiaba de idea xD. Espero no haber tardado tanto que te quedaras sin uñas u.u ¿Qué crees sobre la reacción de ese sensual inglés? Gracias por comentar.
AkiraOicor: ¡Gracias! Ojalá también te gustara este capítulo.
Noir: Como siempre, tienes razón. Ahora ella sí sabía, pero tardó en darse cuenta justamente por lo que dices en tu review. ¿Eriol fue un cabrón? Su reacción no fue la mejor, convengamos. Gracias por tu apoyo. Traté de demorarme lo menos posible.
Cyna: Me halaga que sea la primera vez que un ExT te guste. A mí, en lo personal sí me agradan juntos, es una pena que no sean una pareja cannon :(. ¿Te gustó este capítulo? Gracias por comentar.
Elanie: Eriol-kun es un amor...cuando quiere. Es evidente que Tomoyo entregó mucho en aquel primer encuentro, todos sus miedos estuvieron ahí y supo enfrentarlos junto a él. Y sí, lo del embarazo no fue fácil, para Eriol es evidente que no, pero algo se anduvo arrepintiendo. Queda pendiente el modo en que Tomoyo reaccionó con eso (próximo capítulo). Siento haber tardado tanto en actualizar, pues estuve algunos días realmente trabada...eran tantos los caminos. Ojalá te haya gustado este capítulo y haya estado a la altura que esperaba :) Gracias por comentar.
Katty romero: Hay que agarrar mejor el celular xD Ya sabes que los finales inesperados están en directa relación con las caídas, y no habló sólo de celulares je je. Espero que te haya gustado este capítulo.
dianaestefany2013: Aquí esta la actualización. Traté de demorarme lo menos posible. ¿Qué piensas sobre la reacción de Eriol?
RIP-MODE: No me culpes, esos finales son productos de la falta de sueño xD Intenté tener la actualización lo antes posible, créeme que fue duro escribirlo... No sé si lo del bebé genere DEMASIADOS problemas, más bien son por esa falta de sinceridad por parte de los dos. Todo sería más fácil si pensaran menos y sintieran más. Ya nos acercamos al punto de no retorno. ¿Crees que la reacción de Eriol fue la adecuada? Gracias por tu apoyo y comentario.
Gregor Samsa: Tomoyo se vio fuera de su zona de confort y no tuvo más remedio que conectarse con sus sentimientos. Y no, no era gordura. Espero que te haya gustado el capítulo. ¿Qué crees que pasará ahora? Dame tus hipótesis.
Vmc: ¡Gracias! Aquí está la actualización. Ojalá también te haya gustado este capítulo.
Elanie: ¡Recibí tu último review cuando estaba respondiendo reviews! ¡Así que aquí te va!
