Los personajes (a excepción de Moonlight/Midnight) son propiedad de Hasbro.
XI
Sus ojos brillaban, su corazón latía con fuerza. Había pasado ya tanto tiempo desde su destierro de su tierra natal, habían pasado ya muchas lunas desde la última vez que se había emocionado tanto. Todo su ser se estremeció. Al mirarla de cerca, pudo verla mejor. Tenía las pestañas largas, los labios rosas y las mejillas sonrojadas. Su piel parecía arder, y su cabello tenía los colores del atardecer. Había algo que brillaba dentro de aquella pequeña. Algo que sus ojos captaron, una leve y tenue luz. Una luz pálida, pero de brillo constante se abría paso en medio de la oscuridad. Tal vez esa luz podía ser su salvación.
Te extraño, y te necesito a mi lado. Sólo tu puedes salvarme de esta oscuridad. Ven por favor.
Era domingo de mañana. Los días habían pasado de prisa, entre ajetreos, tareas escolares y muchas pláticas entre amigas. Los días pasaron, a veces soleados, a veces grises, de a ratos calurosos y de a ratos frescos. Las estaciones estaban cambiando, y las hojas de los árboles cayendo. Y entre las lluvias, el agua se llevó muchas cosas; sentimientos, y pensamientos que estaban siendo atormentados por el látigo de la duda y decepción. Para dar paso a un día nuevo y soleado, lleno de oportunidades para cambiar la realidad propia.
Un domingo cualquiera, soleado y lleno de cosas pendientes como cualquier otro domingo. Era de mañana, y los rayos del sol ya pegaban con intensidad sobre la pequeña ciudad. Las personas por lo general no se quieren levantar en domingo hasta pasadas las doce, pero hoy era un día especial. Un día especial para una pareja que recién se daban una oportunidad en el romance. Ambas con experiencia, pero a la vez carente de la misma. Así que hoy, sería un gran día. Un día especial, que recordarían por muchos, muchos años a lo largo de sus vidas. Ya sea para bien o para mal.
Las cosas en la casa de Moonlight iban tranquilas. Después de la noche de la desaparición de Sonata, Adagio se mantuvo al margen con ella, mientras que Aria se mantenía indiferente como siempre. Por su parte Sonata no recordaba mucho sobre ese día. Por ahora las cosas parecían estar en su lugar.
Moonlight se comenzaba a levantar de la cama pasadas las 10, se metió a bañar para dar inicio a su día. Hoy sería un gran día. Al salir del cuarto de baño, se dirigió a su armario, donde eligió la ropa que usaría ese día. Tomó una playera blanca, con unos jeans negros ajustados, y unas botas largas negras, un conjunto sencillo. A ella no le gustaba usar cosas muy elaboradas. Según en sus propias palabras, era una persona sencilla y muy simple. No le gustaba complicarse demasiado e innecesariamente.
Se vistió, y fue al tocador, donde secó con cuidado su cabello. Llevaba su tiempo dejar en perfectas condiciones su cabello largo. Aunque no lo pareciera, le gustaba cuidar de su cabello. Mantenerlo largo y perfecto lleva su tiempo. No tenía tanta prisa después de todo. Una vez que lo hubo secado, lo recogió en una cola de caballo alta. Dándole un aspecto atractivo y salvaje a la vez. Una chica de cuidado. Se miró al espejo, y vio su propio reflejo, sus ojos carmines, su piel y su ropa. Examinó cada detalle de manera minuciosa pero rápida. Todo estaba donde debía. Se puso los últimos accesorios que consistían en: su gargantilla de cuero, su pulsera con estoperoles, sus zarcillos de siempre, y agregó unos anillos lisos de plata en cada mano. Se puso perfume para el último toque. Ahora sí estaba lista. Tomó las llaves y salió de la casa. No sin antes dejar una nota para sus otras compañeras de casa.
Las cosas entre ellas estaban un poco tensas. Adagio parecía estar un poco enojada con ella. Aria reaccionaba según Adagio, y Sonata parecía estar en un dilema estando entre ellas. Pero por ahora se mantenían bajo control, según lo calculado.
Salió de su casa, montando un monstruo metálico de color blanco, que rugía con gran potencia. Salió de casa esperando que ese día nunca llegara a su fin.
Sunset se había levantado desde hacía rato. Hoy iría con Moonlight a la tan esperada cita, que le había prometido cuando recién se volvieron a encontrar. Aunque le hacía feliz saber que hoy saldría por fin con Moonlight, no podía dejar de sentirse engañada por lo mismo. Pues esa cita había sido un truco por Moonlight, un juego de palabras que la pusieron en jaque, sin escapatoria ni opciones. Sólo el sí era permitido. Sintió como si Moonlight le había tendido una trampa. Una trampa que la estaba haciendo sentir muy feliz.
Sunset estaba sentada en la mesa que se encontraba en un extremo de la habitación. Cerró los ojos y quiso disfrutar de ese momento. Quería saber si eso se trataba de un sueño un tanto raro, si esto realmente estaba sucediendo. Se cuestionó si estaba bien sentirse tan feliz por tener una cita con Moonlight, se comenzó a preguntar si no era tonto e infantil de su parte esperar a que tocara el timbre. Se preguntó a sí misma, y si hubiera sido posible, le hubiera preguntado a cualquiera si era normal sentir esa vergüenza que ella estaba experimentado.
"¿Qué me está pasando?"
Hace sólo unas semanas atrás que no sabía nada de Moonlight. Hacía meses que habían derrotado a las sirenas. Hace meses que casi toma por completo a la escuela, y esclavizó a sus compañeros. Y ahora, estaba ahí, sentada, esperando impaciente a la llegada de Moonlight. Moonlight, siempre Moonlight. Esa chica de aspecto serio y misterioso. Esa hermosa chica de piel de pálido y larga cabellera, de ojos serenos y carmínes. Había hecho cosas extraordinarias, pero cuando se trataba de esa chica se sentía tan indefensa, tan normal y ordinaria. Se sentía tan pequeña a su lado, se sentía tan insegura. Pero esas dudas e inseguridades se borraban con la calidez de sus ojos, con el tacto de sus manos, con cada palabra que salía de sus labios. Todas esas preocupaciones se iban a un lado cada vez que se abrazaban, cada vez que le sonreía y le decía lo que quería escuchar. Sus prejuicios contra ella misma perdían fuerza y sentido cada vez que la besaba. Sentía que sus piernas perdían fuerza cada vez que le arrebataba un suspiro.
Y una vez más, Moonlight le haría perder todas esas ansias por su ausencia, al escuchar que el timbre sonaba. Sunset se apresuró a abrir la puerta, sintiendo que de pronto su habitación se había vuelto más grande. Maldiciendo todos sus nervios y ansias por ver a la persona que estaba detrás de esa puerta, esperando a ser recibida. Dudó de sí misma, al verse tan ansiosa por aquella chica. Dudó de su propia fuerza al notar que su mano no podía quitar el cerrojo que le impedía verla. Regañó a su propio corazón por latir de esa manera, y se regañó a sí misma por sonrojarse tan torpemente.
Todo esto era tan ridículo. Tan meloso y patético. Tanta emoción por una simple y sosa cita. Su primera cita. Su primera vez. Y como siempre, era Moonlight la que se robaba su primera vez.
Abrió torpemente la puerta, y alzó sus ojos, dando una mirada más ansiosa de la que le hubiera gustado proyectar. Sus latidos hacían que le doliera el pecho, y las manos le sudaban. Sus piernas amenazaban con flaquear en cualquier momento, y su respiración era irregular.
Pero a pesar de lo ridícula que era la escena en tercera persona. Todo y cada una de las maldiciones que se produjeron en su interior. Todas esa dudas, y pensamientos vergonzosos valieron la pena, al contemplar con sus ojos aquella figura que estaba enfrente de ella. Sus ojos cían se posaron con boba y torpe admiración sobre la figura imponente que proyectaba la otra chica. Sintió un vuelco en el corazón, y sintió como si su boca estuviera abierta. Un vergonzoso y traicionero sonrojo se formó sobre sus mejillas.
Moonlight la estaba mirando de manera similar. Sus obres se posaron sobre su figura que parecía estar temblando. Sentía como Moonlight la miraba detenidamente, y de manera muy firme. Nunca apartaba su mirada de su presa. Y Sunset era su presa.
...
Los domingos en la granja Apple significaba día de limpieza. Por lo general usaban su día libre para hacer inventario del granero, limpiar y vigilar que todo estuviera en orden. Y ese día no sería la excepción. Siempre habían cosas por hacer, y siempre surgían detalles por aquí y por allá en esa vieja granja.
El día comenzaba desde temprano. Se madrugaba para aprovechar la mayor parte de luz del día. Una vez arriba, se desayunaba lo suficiente para poder aguantar el largo día de trabajo y orden. Una vez terminado su desayuno seguía la designación de tareas a lo largo del día, ese era el trabajo de Big Mac, por ser el mayor de los hermanos.
Había mucho por hacer, y mucho por acomodar, así que era mejor empezar de una vez por todas. Ninguno de ellos quería atrasarse en sus labores, pues eso implicaría tiempo extra, y a ellos no les gustaba posponer las cosas. Eran personas muy trabajadoras, puntuales y diligentes en sus responsabilidades. Desde pequeños se les inculco el trabajo, y lo sagrado que resultaba.
Ese domingo le tocaba a Applejack ordenar el granero. Un largo y tedioso le aguardaba encerrada en ese lugar. Pero en venganza por haberla arrastrado toda una tarde, Rainbow Dash le estaría ayudando ese día, ese fue el trato entre ellas.
Ambas se limitaban a hacer sus quehaceres, esperando a que llegara la hora de comer. Pero era RD quien lo esperaba con más ansias, pues era fan de la comida casera Apple. Tal vez no era comida muy elaborada, pero tenía un sabor sureño muy peculiar y con gran textura y sabor, y aparte estaban sus tan famosos postres. En parte era por la comida, y en parte, a RD le gustaba pasar tiempo en la granja. Cuando no estaba en un partido de la escuela o entrenando, le gustaba estar en esa granja ayudando con los quehaceres. Disfrutaba estar ahí, con la familia de Applejack, sentirse en ese ambiente hogareño y lleno de cariño fraternal. Ella no tenía hermanos con los cuáles reírse, pelearse, ni con quien compartir cosas o momentos. Era hija única, de unos padres con problemas entre ellos. Siempre estaba sola en casa, pues sus padres se la pasaban trabajando, tratando de ignorar sus problemas en casa, y a veces sentía que también la evitaban a ella. Deseaba que por una sola vez sus padres fueran tan siquiera la mitad de lo que era la familia Apple.
Applejack no tenía padres, pero nunca escuchó a los hermanos Apple sentirse solos por su ausencia. Claro que los extrañaban, pero era un sentimiento lejos de ser triste o vacío. Siempre habían risas, y buenos momentos entre ellos. No discutían a menudo, y si lo hacían era más referente a Applebloom y sus ocurrencias. Pero tanto Big Mac, y Applejack llevaban una amistad fraternal que RD envidiaba de buena manera. Se apoyaban entre ellos para mantener a flote la granja. Aunque eran ayudados por la demás familia, ellos hacían todo lo posible para no ser un estorbo, manteniéndose firmes e independientes. Los admiraba en secreto.
Applejack conocía la situación de RD, era la única que lo conocía. Y siendo muy discreta, nunca lo mencionó a las otras chicas, y eso lo agradecía en sobre manera la chica multicolor. No quería que sintieran pena por ella. No quería sentirse de esa manera tan miserable, y mucho menos con sus amigas.
RD se entretuvo moviendo unas tablas que estorbaban en medio del granero, pero su peso la estaban cansando. Ella era fuerte, pero una cosa era el deporte, otra cosa era el trabajo de campo. Eso sí que era pesado. Las gotas de sudor comenzaban a aparecer en su frente, y la sed comenzó a aparecer. Y como si el universo la escuchara, Applebloom apareció trayendo consigo limonada, cortesía de la abuela Smith.
-¡Hey! Granny Smith les manda esto-. Dijo Applebloom, acercándose primero a RD quién tomó sin dudar un vaso de la bandeja, después se acercó a AJ, que estaba más al fondo del granero, moviendo otras cosas.
-¡Uf! ¡Gracias Applebloom!-. Se acercó un poco más, para poder tomar un vaso. Bebió con un poco de urgencia del vaso, al igual que RD se sentía sedienta. -Gracias a ti también RD, sin ti no hubiera avanzado ni la mitad de lo que ya llevamos-. Agradeció con gran sinceridad, pues era cierto que sin ayuda extra no podría ser capaz de terminarlo ese día.
-No hay de qué, es lo mínimo por haberme ayudado a encontrar aquello-. RD se encogió de hombros -Además, también debo agradecerte que no lo comentaras con las chicas-.
-No hay de qué. Granny Smith siempre dice que no debemos meternos en donde no nos incumbe-. Hizo una breve pausa, mirando acusadoramente a Applebloom.
-¿Qué?-. Dejó salir un bufido Applebloom.
-Eso también te incumbe a ti-. Dijo de manera autoritaria AJ.
-Ok, ya entendí. Nos vemos luego RD-. Se marchó Applebloom, llevándose con ella los vasos vacíos.
Rainbow no pudo suprimir una risilla al ver la escena. Esas pequeñas cosas la hacían envidiar esa familia, ella también quería tener una hermana menor a la cual mandar. Según Dash, Applejack era muy materna, y en ella también encontró algo así como a una hermana mayor. Una hermana mayor molesta y preocupona, pero también una muy cariñosa (a su manera), y comprensiva.
-Lo siento, Applebloom puede ser un poco bocona con sus amigas. Mejor correrla antes de que se entere de algo que no debería, o que empiece a idear cosas que no son-.
-Je, je, je, entiendo. Esas pequeñas tienen una gran imaginación-.
-No tanto como la tuya a su edad-.
-Tienes razón. Esos días parecen tan lejanos-.
-Lo sé-.
El silencio se apoderó nuevamente del lugar. Ambas chicas se callaron tanto por el cansancio como por los recuerdos.
-¿Qué pasa contigo RD? Desde hace días que estás algo rara. Estás muy melancólica, y eso en ti ya es demasiado-.
Dash sólo la miró por el rabillo del ojo. Después volvió la mirada enfrente, con una expresión un tanto deprimida.
-Es sólo que, mis padres se están planteando el divorcio-.
Los ojos de AJ se abrieron un poco, pero intentó ser discreta. -¿En serio? ¿Cómo lo sabes? ¿Ya hablaron contigo sobre el asunto?-.
-Sí. Me enteré sin querer, ellos creían que yo dormía cuando los oí hablar sobre el asunto. Y no, no me han comentado nada al respecto. Parece ser que ya no hay vuelta atrás. Papá parece haber conocido a otra persona, y mamá pues, ella está más interesada en su trabajo que en su familia-.
-Lo siento mucho RD-. Posó su mano en el hombro de su amiga, tratando de transmitir su apoyo incondicional. -Sabes que cuentas conmigo-. Le sonrió de manera muy cariñosa. Y por esos gestos era que, Dash sentía una conexión especial con AJ. Sabía que podía contar con ella para cualquier cosa. No importaba cuánto se molestaran, ambas eran amigas inseparables. Como uña y mugre, pero más mugre que uña.
-Pero me imagino que tú tampoco la has de estar pasando bien-.
-¿Te refieres por Rarity?-. Suspiró pesadamente, tratando de limpiar un poco del sudo de su frente. -Puede que tengas razón. No ha sido nada fácil lidiar con una chica como ella. Me saca de quicio si te soy sincera-.
-Entiendo-.
El ceño de AJ se frunció. Sabía que había algo más.
-¿Pasó algo más aparte de lo tus padres?-.
-Verás. Soarin me pidió que saliéramos oficialmente-.
-¿Y luego?-.
-Acepté-.
Esta vez AJ no pudo disfrazar su expresión de sorpresa. No pudo ser discreta, la noticia la tomó por completa sorpresa. No sabía cómo reaccionar, estaba en blanco, en shock. Se sintió conmocionada, y un poco dudosa, sentía que en cualquier momento RD se soltaría a reír a todo pulmón, y le diría que todo era broma. Que todo eso era parte de una de sus bromas de mal gusto. Pero nunca llegó tal afirmación ni gesto. Dash hablaba en serio. Y eso le hizo erizar su piel por completo. Debía sentirse feliz por su amiga, después de todo estaba saliendo oficialmente por primera vez con alguien, debía felicitarla por sentar cabeza, sin embargo, no podía sino dudar si eso era lo correcto. Era su amiga, y como su amiga también significaba estar en desacuerdo por una acción que podía lastimar a su amiga.
-Dime que estás de broma Dash-.
-Mmnop, no lo estoy, voy muy en serio-.
-¡No puedes hacerte esto! ¡No le puedes hacer eso a Fluttershy!-.
-¿Fluttershy? ¿Qué tiene ella que ver en todo esto?-.
-Tu sabes muy bien a qué me refiero ¿Por qué no simplemente aceptas que la quieres?-.
-Nunca lo he negado-.
-¿Entonces por qué?-.
No hubo una respuesta inmediata. Dash estaba callada, con cara de niña regañada, haciendo un puchero. Applejack por su parte trataba de entender de mejor manera, trataba de entender porqué haría eso Dash. Trataba de encontrarle sentido a las acciones de Rainbow Dash. Pero simplemente no entendía.
-Rainbow, escucha, si haces esto en el futuro te vas a arrepentir y mucho-.
-Puede ser-.
-Y aún sabiéndolo, ¿aceptaste?-.
El silencio de Dash sólo lo confirmaba.
-¿Estás mal de la cabeza o qué?-. Dash no la volteaba a ver si quiera. -¡Te estoy hablando señorita! ¡Mírame cuando te estoy hablando!-.
Dash parecía estar siendo incordiada, había tomado una decisión difícil, y AJ no lo estaba suavizando para nada. -En estos casos deberías hacer caso de los dichos de Granny Smith, y no meterte en dónde no te incumbe-.
Los ojos de AJ se crisparon del coraje, no permitiría que su amiga cabeza hueca y testaruda cometiera tonterías, o más de las necesarias por lo menos. No dejaría que Dash hiciera tal tontería en contra de la amistad, y estaba segura que en estos casos habría una excepción para lo dicho por la abuela Smith.
AJ la agarró por el cuello de la playera, y la zarandeo un poco -¡Pero estás tonta de la cabeza, o qué! ¿Acaso necesitas que te golpee para aclararte las ideas?-.
Y se desencadenó una pelea entre las dos rufianes. No hace falta decir que AJ le ganaba por mucho a RD en fuerza, pero RD siempre tenía un truco sucio debajo que igualaba las posibilidades de ganar en esa pelea. La fuerza contra la mañana. Entre empujones, uno que otro manotazo y muchas miradas intensas, dejaron que sus puños se expresaran.
-¡No es mi culpa que Rarity no te quiera vaquera!-.
-¿Qué dijiste?-.
-¡Pues eso! ¡Te apuesto a que ni siquiera sabes que se acostó con ese tal Trenderhoof-. Sí, ese tipo de artimañas eran propias de una RD enojada, y fuera de sí. Al darse cuenta de lo dicho, ya era tarde. El daño ya estaba hecho.
AJ paró en seco, con una expresión difícil de describir. -¿Qué fue lo que dijiste malnacida?-. Se acercó de manera intímidante hacía Dash, que nunca la había visto de esa manera. -¿Qué fue lo que dijiste sobre Rarity y ese pelado?-. Volvió a exigir, pero con más fuerza, Dash de pronto comenzó a sentir un miedo que nunca antes había sentido. No conocía ese lado de la calmada granjera. Ahora veía porqué todos en la granja la respetaban, y procuraban no hacer enojar, ni siquiera Big Mac.
-Oh vamos vaquerita, ¡sólo bromeaba!-. Mentía. Y AJ lo sabía, podía percibir ese cambio en las vibraciones de la voz al mentir. Y sabía que Rainbow Dash mentía con algo que sin duda, la había lastimado y mucho.
-Mientes-. Sentenció AJ, agudizando la mirada. Y sin darse cuenta, tomó con más fuerza de lo normal los brazos de Dash.
Al sentir la opresión de las fuertes manos de AJ sobre sus brazos, Dash se quejó, pero esas quejas no fueron escuchadas, es más, hasta sintió que el agarre tomó más fuerza. -E-espera AJ, tranquila. Es sólo un rumor-. Intentó zafarse del lío en el que se había metido. Había metido la pata, y muy feo. En un momento de poco discernimiento soltó algo que no debía.
-¿Dónde lo escuchaste? -. Los ojos verdes de AJ se comenzaron a nublar de la ira, se comenzaron a tornar más oscuros de lo normal. El dolor de la ignorancia la estaba matando por dentro. -¡RESPONDE DE UNA VEZ RAINBOW DASH!-.
Rainbow sólo desvió la mirada, no podía responder a eso. No podía si quiera mirar a su amiga a los ojos. La había lastimado, de una manera que no se merecía, no después de darle cobijo en su ambiente familiar. Sentía vergüenza de sí misma. Sabía que era una idiota natural, sabía que le hacía daño a las personas de su al rededor, pero esto había ido demasiado lejos. Le había roto sin querer el corazón a AJ y de la manera más cruel que podía haber sido. Se maldijo a sí misma por ser tan idiota e impertinente. Odió en ese momento su manera de ser. Por lo general creía que por ser cool la desligaba de la responsabilidad de sus palabras, se sentía exenta a las reglas de cortesía y empatía. Sentía que a alguien como ella no le iban las buenas maneras ni la discreción. Pero en esos momentos odió esa manera tan tonta de ser suya. Se odiaba. Y por lo mismo, ya no quería hacer más daño del que ya había hecho.
Dash no hablaría por más golpes que le diera AJ, no hablaría por más que le gritara. Y ese silencio sólo podía significar una cosa.
"¡No puede ser!".
El agarre de las manos de AJ comenzaron a perder su fuerza inicial, así que Dash aprovechó para zafarse por completo antes de que le arrancara los brazos. Una vez libre se comenzó a sobar sus brazos, estaba segura que después se le harían unos moretones en esas zonas adoloradas por la presión ejercida. Por su parte, AJ estaba inmersa en su mundo que comenzaba a perder brillo, y comenzaba a partirse en mil pedazos.
-Tu silencio sólo significa una cosa-. Pausa dolorosa. -Que no es un simple rumor, ¿no es así?-.
Nuevamente el silencio por parte de Dash le confirmaba los hechos a AJ, sintiendo como su mundo se venía abajo, junto con sus ilusiones de adolescente.
Aunque parecía una tontería todo esto. Aunque sabía que en el fondo era tan absurdo pender del amor de Rarity. Aunque sabía que el tiempo lo cura todo. Aunque sabía que tarde o temprano esto llegaría, aún así quería guardar la leve esperanza de poder entrar a ese mundo donde estaba Rarity, y poder probar un poco del placer propinado por parte de la adicta a la moda.
Aún era muy joven cómo para llamar a eso una tragedia amorosa. Pero sus hormonas, y emociones a flor de piel le hacían sentir un enorme dolor en el pecho. Una opresión odiosa, que dolía como si se estuviera acabando el mundo. El mundo no acabaría, pero sí sus ilusiones ingenuas, junto a su mundo inocente. Su inocencia llegaría a su fin ese domingo. Y tal vez, ya era hora de ir olvidando su amor de juventud que tanto le había hecho daño.
...
Los ojos carmínes estaban completamente inmersos sobre la figura de Sunset. La miraba de manera descarada, sin importarle poco si estaba incomodando a la otra chica. Siempre había encontrado de bello parecer la persona de Sunset, pero hoy se veía totalmente diferente. Se veía realmente hermosa.
Sunset llevaba puesto un conjunto que la hacía ver linda y hermosa a la vez. Llevaba un vestido corto turquesa con un cinturón holgado negro. Encima llevaba puesta la chaqueta de cuero de siempre, y llevaba una mascada bufanda, y llevaba suelto el cabello. Se veía linda y muy hermosa. Moonlight le dio una última mirada llena de cariño, y le sonrió de manera dulce.
-Buenos días Sunset. Hoy te ves realmente hermosa-. Le dijo de manera calmada, sin siquiera intentar ocultar el sonrojo de sus mejillas. Acarició la mejilla izquierda de Sunset que sí estaba sonrojada. Esto le dio mucha ternura, y sin poder contener más le dio un dulce beso en los labios. Ya nada se lo impedía, ahora eran pareja, y podía besarla cuando ella quisiera, pero hoy, hoy se lo había ganado.
El sonrojo se hizo más evidente en Sunset al sentir esos labios en los suyos, pero no quiso terminar con aquel momento que tanto había esperado. Odiaba admitirlo, pero amaba cuando Moonlight le mostraba ese afecto. El beso no duró mucho, apenas y unos segundos antes de que se separaran.
-Tú también te ves hermosa, Moonlight-. La voz de Sunset salió un poco tímida, algo contraste con la anterior agresividad de Sunset.
El corazón de Moonlight se encontraba en un gran dilema, Sunset era demasiado linda que no podía evitar querer abrazar y besar en cualquier momento, en cualquier parte. Había esperado tanto para estar con alguien, con ella. Había pasado demasiadas lunas solas es ese mundo varada, sin que nadie la notara. Pero ahora los ojos cían le dedicaban una mirada llena de ternura, que le devolvía la compasión, la bondad y la luz. Sentía cómo poco a poco iba cambiando su mundo, llenándolo de vida y esperanza. Sentía que Sunset era a quién tanto había estado esperando. Que era ella a la que había llamado tantas veces desde su celda solitaria. Sentía como de a poco sus heridas iban sanando con cada risa, con cada sonrisa, con cada mirada, caricia y besos. Sentía que ya era hora de soltar el dolor y seguir adelante, tomando la mano de Sunset, y caminar hacía la luz que ella le brindaba. La amaba. Siempre lo hizo.
Sin preverlo, sin ser siquiera su primera intención, no pudo reprimir el deseo de su propio cuerpo al querer un poco de esa calidez que salía del cuerpo de Sunset. Rodeándola con sus brazos la atrajo hacía ella misma, entrando por completo a la habitación y cerrando la puerta detrás de ella. Tanto fue la necesidad de abrazarla que la levantó del suelo, mostrando un poco de su fuerza. Moonlight la abrazaba con fuerza, pero no con tanta para no lastimarla. Más que el deseo de poseer el cuerpo de su ahora novia, necesitaba sentir algo más profundo y puro que el deseo carnal. Lo que ella deseaba alcanzar en ese gesto era más bien espiritual, intentando llenar el vacío que hacía mucho existía en su interior. Sunset por su parte, le rodeo el cuello con sus brazos, intentando dar su calor a Moonlight. Su cuerpo instintivamente sintió la necesidad de su amada, y le quiso proteger de cualquier cosa que le estuviera molestando, de cualquier cosa que la estuviera lastimando. Quería a Moonlight, y la quería proteger. No conocía nada de su pasado, pero poco le importaba, pues ella misma había renunciado al suyo mismo, para comenzar de nuevo. Y tenía la sensación de que con Moonlight pasaba algo similar. Lo presentía.
Aún con Sunset en brazos, Moonlight levantó la mirada, para encontrar la de Sunset, intentando decir algo que le aquejaba el alma, pero al ver los dulces ojos de Sunset, su determinación flaqueo, no quería lastimarla. No quería que Sunset la odiara. No quería perderla.
Sus miradas se encontraron de manera tierna, pero intensa. El estar pegadas de esa manera, en cierto modo, las excitaba. La fuerza combinada con la delicadeza chocaban en un mar de sensaciones y pensamientos que les nublaban la razón. Moonlight la bajó un poco para poder besarla, y Sunset a su tiempo la tomó más fuerte del cuello, intentando quitar toda barrera entre ellas. Sus labios se movían de manera provocativa, de manera sensual y coordinada. De vez en cuando había una que otra mordida. Sus lenguas se tocaban de manera gentil. Y sus respiraciones se agitaban al son de sus labios. Y aunque había mucha química entre esos labios, les esperaba todo un día para ellas dos. Un día dónde irían a pasear, y hacer esas cosas que hacen todas las parejas. Tenían una cita a la cual ir.
El beso se cortó, y las respiraciones volvieron a la normalidad. Pero el sonrojo seguía en sus caras, y sus labios también estaban rojos de tanto besarse. Y el deseo aún existía entre ambos pares de ojos, que miraban con expectativa y ansia a la otra. Sus manos se tomaron, y se sonrieron de manera amigable. Era momento de salir, habían esperado mucho tiempo para poder tener esta cita.
Salieron del departamento de Sunset, y se dirigieron a donde había estacionado el carro Moonlight. Como ya era costumbre, Moonlight le abrió la puerta a Sunset, y ésta entró de manera inmediata. No importaba cuántas veces le abriera la puerta, siempre se sentía feliz ante el acto, como si fuera la primera vez. Seguido de esto, Moonlight tomó su asiento frente al volante y dio marcha hacía su cita. Prendió la maquina que las llevaría a un viaje que duraría sólo un día. ¿Su destino? Un pueblo cerca de dónde se encontraban. No querían encontrarse con nadie, y aunque no querían excluir a sus amigas, querían tener un día por completo para ellas, donde nadie las conociera y nadie las molestara. Querían tener tiempo de calidad, como en los viejos tiempos antes de la partida de Moonlight. Querían recuperar el tiempo que habían perdido. Y tal vez, si así lo quisiera el destino, y si el momento era el adecuado, romper una que otra norma y salirse del buen camino, disfrutando del camino del deseo y la carnalidad. Si así se disponía, no dudarían en abrir esa puerta y entrar a ese cuarto, donde sólo estarían ellas, sin nadie que las detengan.
El camino comenzó. De manera tranquila, comenzaron a dirigirse hacía ese lugar. Pero primero pasarían a comer algo ligero, pues no era lindo comenzar el día sin desayunar algo. Pasarían al café al que fueron la primera vez hacía semanas. Sunset no pudo reprimir ese sentimiento de celos, pues ahí era dónde trabajaba la ex de Moonlight, Bitta Luck. No quiso comentar nada, no quería que su novia la creyera celópata, pero aún así no le agradaba mucho la idea.
Se estacionaron donde la última vez, y se adentraron nuevamente en el recinto. Al entrar las recibió otra chica que no era Bitta, cosa que agradeció en sobre manera Sunset, pero aún no estaba del todo feliz. Se sentaron en una mesa al rincón, donde pudieran tener toda la intimidad posible. La mesera, que también era de buen parecer, les trajo el menú y se retiró. Ambas tomaron el menú y observaron lo que estaba disponible de desayuno, aunque una de ellas ya sabía que iba a pedir. La otra aún discutía internamente que quería.
Pasó un rato, y pronto llegó la mesera para tomar la orden las dos chicas. Ambas ordenaron lo que querían, y la joven mesera se retiró con el encargo.
El corazón de Sunset aún tenía esa espinita, aún no estaba del todo convencida de ir a ese lugar. De todos los lugares al que podían haber ido, ¿por qué tenía que ser ese precisamente?, a ese lugar donde trabaja precisamente Bitta. Los pensamientos de Sunset se iban desbordando y desviando hacía una dirección que no le estaba gustando. Esos odiosos celos que de nada le servían. Tal vez a Moonlight le gustaba mucho ese lugar, y no había truco en esa invitación. Tal vez, sólo tal vez, se encontrarían con Bitta, y Moonlight se limitaría a ignorarla, o tal vez se pondrían a hablar de sus momentos, de sus preciados recuerdos. Tal vez, sólo tal vez…
-Bitta no trabaja hoy-. Moonlight interrumpió el suceso de pensamientos desbocados de Sunset, que al verse descubierta sintió tanta vergüenza de sí misma por permitirse pensar tantas barbaridades.
-Los domingos no trabaja. Nunca lo hace, no importa en dónde trabaja, así es ella-. Explicó de manera calmada Moonlight, mirándola directamente a los ojos. -Así que no tienes de qué preocuparte-. Lo finalizó guiñándole un ojo, tal vez para molestarla, tal vez para hacerla sentir un poco mejor, o tal vez la estaba seduciendo, no le quedó muy claro. Pero sea cual fuera la intención real de Moonlight, había logrado que su corazón se calmara, y pudiera disfrutar del lugar, sin pensar en esa tal Bitta. En esa tal ex de Moonlight.
Celos.
El ambiente se aligeró para Sunset, que ahora sí que estaba disfrutando del lugar. Pudo por fin relajarse en su asiento, y esperar ansiosamente por su desayuno, comenzaba a sentir hambre, y la mesera no se apuraba en traer sus órdenes. Por su parte, Moonlight se mantenía recta sobre su silla, con una cara de serenidad completa. Casi que parecía una santa en esa posición. Una santa vestida de manera rockera. Muy curioso.
La música de fondo mezclándose con el ruido del tráfico. El sonido del aire acondicionado, las risas y los murmullos. El sonido de unos pasos, seguidos de esa esperada voz diciendo que por fin su desayuno ha llegado. El tranquilo sonido del comer, y la silenciosa plática entre dos corazones hambrientos de dos cosas diferentes, pero con un mismo fin. El éxtasis de la armonía palpitante, esos roces juguetones, esas miradas indiscretas, y esas sonrisas acarameladas, cargadas de enigmátismo. Esos murmullos y susurros sin fin. El comer, el descansar, y el poder gozar de es momento, era algo que habían olvidado ya. Habían olvidado lo bien que se siente comer, a lado de alguien que se preocupa por ellas, el compartir un momento tan importante con alguien que le regala miles de razones para vivir y volverse a encontrar. El estar sentadas, compartiendo de su tiempo y de su espacio con una persona que le regala mimos, y un cariño incondicional, un cariño que no lo podían conseguir con nadie más. Ese sentimiento tenía nombre y olor, tenía una fragancia dulce y ácida a la vez. Una fragancia tierna y suave, pero lo suficiente penetrante para aliviar el corazón. Amor.
Durante el desayuno no hubieron pláticas largas, sólo uno que otro comentario sobre la comida, y sobre sus planes para el día, no hubieron palabras cariñosa, ni mimos exagerados. Las dos eran personas reservadas a su manera, y el ser tan evidentes no iban con sus formas de ser. Lo suyo era ser delicadas, astutas y precisas. Sabían esperar, y hacerse desear por mientras. Eran peligrosas y sensuales. Tal para cual.
Una vez saciado su apetito matutino emprendieron su viaje, que duraría poco más de la hora, pero en compañía de ambas eso sería sólo un suspiro. Una vez salieron de la ciudad, las cosas para ambas cambiaron un poco. Sunset se mostraba un poco ansiosa, y Moonlight no lo dejó pasar.
-¿Sucede algo?-.
-Es sólo que..-. Sunset se rascó un poco la barbilla mostrando un poco de timidez, mostrando que sentía un poco de vergüenza. -Es sólo que nunca había salido antes de aquel lugar-. Dijo finalmente, sintiendo una gran vergüenza y pena de sí misma. Se sentía un poco fuera de lugar ahora. Si antes se sentía emocionada, ahora sentía una gran incomodidad.
Moonlight sólo dejó salir una especie de risita entre un suspiro. No era que se estuviera burlando o algo por el estilo, sólo le parecía tierna aquella afirmación. Sin dudarlo, tomó la mano de Sunset, transmitiéndole esa calidez que siempre le transmitió. La sujetó firme y decididamente.
-Entonces deja que te enseñe, deja que te guíe. Te prometo no te arrepentirás-. Y depositó un beso suave sobre la mano de Sunset.
Los ojos de Sunset se abrieron un poco por la sorpresa. Pero pronto se relajó, dejando que Moonlight tomara las riendas de ese pequeño viaje. Dejó salir una pequeña risita, y sintió como al hacerlo su corazón también dejó a un lado la indecisión, y duda, comenzando a disfrutar del viaje que sólo acababa de empezar.
-¿Qué sucede?-. La confusión golpeó de pronto a Moonlight, al escuchar aquella risilla por parte de su acompañante y amante.
-Es sólo que es como antes, tú siempre me enseñas nuevas cosas. Contigo siempre estoy en continuo aprendizaje. Me recuerdas a alguien-.
-¿A alguien?-.
-Sí, una antigua tutora-.
"¡Celestia!"
-Ya veo-.
El camino siguió de manera calmada. La música se escuchaba dentro del carro. Las risas ahogadas, los comentarios y las miles insinuaciones que hicieron del viaje, algo realmente divertido. Parecían dos amigas que siempre se metían en problemas, y que reían por cómo siempre se salían con la suya. Un par de pillas que siempre saben salirse con la suya, llevándose lo mejor del acto. Sólo ellas dos, protagonistas de miles de historias, y no importaba si era de vaqueros, o de prófugas de la ley, ellas eran las mejores. Entre bromas y risas sin parar, llegaron por fin a su destino. El día a penas comenzaba, y ellas ya querían aprovecharlo por completo. No querían perder más tiempo.
...
-¡Hey Applebloom! ¿Necesitas ayuda con eso?-. Se acercó Rainbow hacia la menor de los hermanos Apple.
-Oh, hey Rainbow Dash, ¡seguro!, aunque ¿sabe mi hermana que estás conmigo?-.
-Ella me mandó-. Mentira.
Rainbow comenzó a ayudar a Applebloom en sus labores. Mientras que en otro lugar se encontraba Applejack sollozando quedamente en una esquina del granero. No quería seguir pensando en ello, pero no podía alejar sus pensamientos de las palabras de Rainbow. Estaba ahora enojada con esa chica problemática, así que, prácticamente la había echado a patadas del lugar para poder pensar con serenidad. Le tomaría un poco de tiempo sanar esa herida, pero pensándolo bien, esa herida ya había sangrado lo suficiente, entre desplantes y discusiones por cosas sin sentido, era momento de sanar.
Ya no quería seguirse atormentándose por eso más tiempo. Quería sanar lo más pronto posible, y no lo lograría si se quedaba ahí lloriqueando.
Ya había tenido suficiente con la semana pasada. Durante toda la semana que estuvo ahí ese tal Trenderhoof, Rarity no hizo más nada que seguirlo a todas partes, a lado de Photo Finish y Suri Polomare. Cada día se la pasaba hablando de lo hermoso que era y esas cosas, y es cuando se ponía a hablar de ello, ¿qué hombre debe verse hermoso? Ella era una chica de campo, y según su entorno un hombre "hermoso" no servía de nada. Un hombre debía ser viril, fuerte y sin miedo a que su gel se escurra de su cabello. No entendía qué era lo que veía en ese afeminado Rarity. Pero ese era la realidad.
Recordó cómo hizo corajes la noche de viernes de banda, cuando Rarity se excusó porque por fin había logrado tener una cita con ese arrogante (según ella) joven de ciudad. Ahora sabía qué había pasado esa noche. Cerró con fuerzas, dejando salir unas cuantas lágrimas más. Ya no quería seguir sintiendo eso.
...
Por fin llegaron al tan ansiado lugar. Después de más de una hora de viaje, por fin habían llegado al lugar, y se dirigieron a un parque de atracciones de lugar. ¿Por qué todas las primeras citas tienen que ser en parques de diversiones? ¿Qué tenía la gente para elegir siempre eso? Simple, así no tenían que estarse preguntando a dónde ir, dónde comer y esas cosas, aparte de que tenían todo tipo de atractivo para visitar, y miles de excusas para agarrarse ya sea en la casa de los espantos, o en la montaña rusa. Sonaba a cliché, pero uno que siempre funcionaba, y les ahorraba mucho.
Pagaron las entradas, y se adentraron a su nueva aventura. Miraron el mapa del lugar y fueron sorteando los lugares que querían visitar. Sunset parecía una pequeña niña, era su primera vez visitando uno. Por muy sorprendente que sonara, era su primera vez en un lugar así. En Equestria no existen este tipo de parques, sí hay ferias, pero no hay juegos mecánicos ni nada por el estilo. Y la otra razón era muy simple, no tenía con quién ir. Había pasado poco tiempo relativamente como para atreverse a sugerir algo así entre amigas, suficiente había logrado con el viernes de amigas. Quería ir de poco a poco. Pero con Moonlight a lado, la calma de podía ir mucho al carajo. Las reglas y restricciones no tenían mucho sentido, teniendo a lado a esa chica rompe reglas.
Lo primero que probarían serían al jet coaster, elección de Moonlight, Sunset tenía sus dudas, pero no se echaría atrás, por fin estaba en el lugar y no desaprovecharía ninguna atracción. Por ser la primera vez de Sunset, optaron por el básico, que sólo se limita a grandes velocidades y curvas estrepitosas. Aún así, era una gran aventura para la chica bronceada.
Una vez arriba del carro, la determinación de Sunset se vio un poco afectada, lo suficiente como para sudar, y sentir todo un escalofrío recorrer su ser. Se comenzaba a arrepentir de hacerle caso a la otra que sí estaba acostumbrada a los cambios de velocidades, sus manos temblaban y sudaban. En medio de sus sufrimiento interno, sintió algo notablemente cálido sobre su mano. La mano de Moonlight, tocaba la suya con suavidad, transmitiendo tranquilidad al contacto. Sunset volteó a verla, y se topó con los ojos carmínes de Moonlight, sintiendo un gran alivio de tenerla justo a ella en ese momento. Y no era porque se trataba de su novia que se sentía ahora tranquila, sino que no estaba segura de mostrarles esa faceta a sus demás amigas. Ellas la habían conocido mala, arrogante y segura de sí misma, y sentía como si debía seguir manteniendo de alguna manera esa imagen, quitando lo malo claro. No quería que la vieran frágil y susceptible, eso sólo lo conocía Moonlight, y sabía que con ella su secreto estaría a salvo.
El carrito donde iban comenzó a moverse, dando a entender que pronto comenzaría el viaje. Sunset se lo imaginaba de una manera, pero la sensación real al ver como el carrito subía hasta lo más alto, y al ver la caída que le esperaba empezó a darse cuenta que tal vez no estaba preparada para ello todavía. Pero ya no había vuelta atrás, y no porque ya estaba arriba, sino más bien, porque ahora bajaban a toda velocidad. Ese vértigo, que la hacía sentir que todas sus entrañas se revolvían, esa adrenalina mezclada con el miedo era completamente nuevo para ella. Escuchar sus propios gritos tan agudos, algo que no se imaginaba de ella misma. Sentir cómo sus manos se agarraban de la agarradera, como si su vida dependiera de ello, y sentir cómo de vez en cuando se levantaba del asiento, ¿estaría bien puesto el cinturón?, es lo que pensaba a menudo. La idea de salir volando no le llamaba para nada la atención. Era un poni convertida en humana, no en pájaro.
El viaje sólo duró unos cuantos instantes. Pero la sensación constante de que iba a salir volando, lo había hecho el peor paseo a alta velocidad que jamás había sentido. Sunset se sentía totalmente afectada, y sus energías se vieron mermadas entre gritos y casi lágrimas que salían de vez en cuando. No quería volver a subirse en una cosa así jamás.
Moonlight por su parte tenía el semblante como siempre, su cabello apenas y se alborotó. No había rastro de sudor ni nada que la delatara, estaba tan fresca como siempre.
Se tomaron un descanso en una de las bancas del parque. No había empezado ni bien la diversión, y Sunset se sentía exhausta. Moonlight le compró un helado para que se animara, como si se tratara de una niña. Sin embargo, la otra chica no se negó a esa cremosa y fría sensación sabor a fresa.
Durante las siguientes dos horas se concentraron en otras atracciones que no incluía ir a alta velocidad. Se perdieron en la casa de los espejos, y aprovecharon en la casa embrujada para abrazarse de manera descarada. Hasta que llegó la hora de la comida. Se dirigieron a su paso a un restaurante que había visto por ahí.
Al entrar al lugar, una mesera las guió hacía su mesa, y les dejó un menú de lo que podía ofrecer el lugar. Miraron rápidamente la lista, y se apresuraron a pedir su orden, tenían hambre.
Al salir del local se dirigieron a un área para descansar, y disfrutar tranquilamente del lugar a la sombra de una sombrilla. Se sentaron en unas sillas, mirándose de frente. Podrían estar así, calladas y poder
comunicarse con las miradas. Pero el estómago de Moonlight era especial, así que se levantó por algo de tomar, no podía estar sentada a la mesa y no consumir algo, o eso decía. La gente normal lo llamaba glotonería. Y lo que comenzó como una simple bebida, terminó en una orden de nachos especiales y refrescos. Sunset no podía entender cómo podía comer tanto, y de hecho, había notado que el apetito de Moonlight era mayor que el de hace tres años, pero ahora parecía como si no tuviera suficiente ingreso y buscara en exceso.
-Le gustas a esa chica-. Comentó de manera más casual Sunset.
-¿Cuál?-. Moonlight dirigió la mirada hacia donde apuntaba el dedo de Sunset, y divisó a la misma chica que le había tomado la orden anteriormente. Era una chica linda y pequeña, y daba la sensación de querer protegerla por lo delicada que se veía.
-¿Cómo lo sabes?-.
-Por sus ojos-.
-¿Por qué por sus ojos? ¿Qué tienen de especial?-.
-Te miran de manera especial-.
Moonlight levantó su mirada de sus nachos, y confrontó la mirada de Sunset.
-¿Cómo sabes eso?-. Sí sabía, sólo quería molestar a la chica más joven.
Sunset la miró entre cerrando los ojos, ya había captado el juego de Moonlight, y no le daría el gusto al responderle eso. Era vergonzoso hablar de sus propias reacciones que tenía al verla. Y es que hoy Moonlight lucía de manera espectacular.
-A ti también te están mirando Sunset-.
-¿Quiénes?-.
-Sorprendí a unos cuantos hombres volteándote a ver-.
-Y seguramente los crucificaste con la mirada-.
-Tal vez. Puede ser-.
La plática siguió tranquila y casual. Entre risas y bromas, unos que otros besos cortos que hacían que muchas ilusiones se rompieran, dejando en claro que ya se pertenecían mutuamente, y que no querían a nadie molestando con sus insinuaciones molestas.
El resto del día se la pasaron en atracciones igual de tranquilas. Se subieron a los carritos chocones, y se divirtieron zarandeándose de manera violenta en esos artefactos. Y Sunset aprovechó para chocar a todos y todas esas personas que vieron de manera indiscreta a su novia. Era celosa y no lo iba a negar. Así que pisó a fondo el acelerador y dejó en claro quién era dueña de aquélla chica provocativa.
Su última atracción fue la clásica. La clásica rueda giratoria en medio de ese gran parque. La altura era considerable, pero no irían a gran velocidad. Tomaron asiento, una a lado de la otra, tomándose de la mano y mirándose de vez en cuando por el rabillo del ojo.
El artefacto dio comienzo, y las comenzó a levantar de apoco, dejando ver por completo aquél parque. La vista era impresionante, podían ver parte de la ciudad, y el atardecer que comenzaba a bajar para dar paso al manto nocturno.
Moonlight atrajo con su brazo a Sunset, para pegarla más hacia su cuerpo, y abrazarla de manera dulce y cariñosa, tal y como lo hacen las parejas enamoradas. Estuvieron acurrucadas en el asiento de esa manera, sin decir nada, y sólo disfrutando del bello paisaje, hasta que el paseo terminó y con ello también el día y la cita.
Un poco decepcionadas, y con ganas de más, se dirigieron al auto estacionado, se subieron y dieron marcha de vuelta a su vida rutinaria.
En el camino, Sunset se había quedado dormida. Tantas emociones que vivió la dejaron agotada, y sólo se dejó caer en el asiento del copiloto, y Moolight le dedicaba de vez en cuando una mirada furtiva. Miraba esos labios a los que era adicta, esa piel que era tan suave y tentadora, ese cabello largo y sedoso, esas manos suaves y delicadas. Todo de Sunset le gusta, todo lo quería, y su propio auto control se estaba perdiendo. Se sentía un poco fuera de sí, sintiendo como un calor casi olvidado la inundaba. El calor llamado deseo y tentación. Era algo que había olvidado podía sentir. Con las sirenas era diferente, ella sólo les proporcionaba energía, no había sentimientos románticos hacía ellas.
Pero con Sunset era completamente distinto. A ella la quería, y quería ver cada una de sus facetas, quería escucharla reír, quería verla ser feliz, pero también quería sentir ese cuerpo, y ver cómo se estremecía entre sus dedos. Sus pensamientos se comenzaban a desbordar en una oleada confusa de emoción por el momento, y sentimientos reprimidos.
Moonlight cerró fuertemente los ojos por unos instantes, ignorando todo deseo, enterrando todo sentimiento impuro que manchara a Sunset. No quería ensuciarla, pues ella misma se sentía muy sucia, y no quería que Sunset la viera de esa manera. Aunque lo deseaba con fuerzas, al mismo tiempo deseaba que ese momento jamás llegara. No quería ofrecer un cuerpo que ya estaba manchado.
Cuando abrió los ojos Sunset, vio que ya estaba cerca de casa, pues reconoció unos cruces que quedaban cerca y la avenida que la atravesaba. Se estiró y retorció un poco en el asiento, levantando sus brazos y estirando sus piernas.
Pronto llegaron a casa, y su cita estaría oficialmente terminada. Pero había algo que le decía a Sunset que no dejara ir a Moonlight, que tenía que entretenerla.
-¿Quieres pasar un rato?-.
Moonlight la miró sorprendida, tanto por la propuesta como por la espontaneidad de la misma. Pensó por unos momentos, y terminó cediendo ante la petición de su novia, no había nada malo en ello, en pasar más tiempo con su novia, después de todo no había toque de queda ni nadie que les impidiera estar juntas por más tiempo.
Subieron calladamente las escaleras hacía el departamento de la susodicha, cada una en sus propios pensamientos. Cada una tenía en mente una idea diferente de cómo pasar el tiempo juntas, pues estar en una alcoba solas era muy distinto a estar en público, ahí estarían completamente solas, sin límites aparentes.
Cada una sabía el riesgo que corrían si se quedaban juntas de esa manera, encerradas y a solas con las emisiones a flor de piel. Cuando salieron de sus pensamientos respectivamente, ya se encontraban en frente de la puerta del hogar de Sunset, y ella sacó las llaves del bolso que llevaba y abrió la puerta, permitiendo la entrada primero a Moonlight, después ella entró y se aseguró de cerrar con seguro esa puerta.
Lo próximo que supo es que estaba aferrada de Moonlight, besándola de manera impaciente, y muy posesiva. No sabía en qué momento Moonlight la había levantando y cargado hasta la cama sin romper el beso.
Y otra vez, como un deja vu, se volvió a repetir esa escena, esa en dónde Moonlight la tenía a su merced debajo de ella en su propia cama, con ojos llenos de deseo. Pero a diferencia de esa ocasión, ella sentía lo mismo. Sentía el mismo deseo, y lo transmitía a través de su mirar caótico. Su respiración se aceleró de manera estrepitosa al sentir como las manos de su amante se deslizaban con maestría sobre su cuerpo, haciéndola sentir deseada. Sintió su propio deseo recorrer todo su cuerpo, como una energía reprimida, y que ni siquiera sabía que existía.
-M-Mooonlight-. Logró susurrar en medio de gemidos, besos y caricias.
Continuará…
