Los personajes no me pertenecen, son de Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos.
Esta historia es mía Prohibida la copia parcial de este fic.
Disfrútenlo.
Advertencia: Esta historia Contiene Lemmon y es para mayores de 18 años, si eres menor lees bajo tu propia Responsabilidad yo ya les advertí ok.
P.D.
Bella tiene 18 años.
Edward tiene 32 años, si mis cuantas son correctas XD.
Bajo Advertencia no hay engaño!
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Edward y Bella se observaron y respondieron al mismo tiempo.- Dinero.
¿Y ella aceptara?-Pregunto Jasper.
Claro que sí, Rene es una mujer inteligente y sabe que debe de estar de nuestro lado o saldrá perdiendo.-Contesto Edward.
Además, si no acepta el dinero extra podemos amenazarla con que Carlisle y Edward le quitaran la generosa mensualidad que le dan, si no me equivoco Edward y Carlisle hicieron un contrato de darle la mensualidad hasta que yo cumpla 18 años, y que yo sepa ya tengo esa edad desde hace un mes, eso quiere decir que el mes anterior ya no debieron haberle dado ningún centavo.-Termino de decir Bella firmemente.
Edward solo la miraba sorprendido y ¿Excitado?, se dio cuenta de que Sam y Jasper la miraban de la misma forma, normalmente su novia siempre se mostraba tímida, se sonrojaba con regularidad, también era sumamente amable con las personas, Edward sentía esa necesidad de sobreprotegerla por su forma de ser tan dulce, pero ahora su novia se mostraba toda como una mujer firme, y no es que Bella nunca fuera inteligente al contrario lo era, pero era la primera vez que la veía tan, tan, tan… Guerrera.
Edward la miraba con deseo, gesto que no pasó desapercibido por Jasper y Sam pero si para Bella.
Bella observo a su novio extrañada por como la miraba, Ella iba a decir algo pero Edward la interrumpió diciendo.- ¡Te amo!
Edward la beso tan apasionadamente que Jasper y Sam se sintieron incomodos ante el arranque de pasión de Edward, al ver que eso dos no se dejaban de besar decidieron salir de la oficina, Jasper antes de salir le puso el seguro a la puerta y le había pedido a la secretaria que si querían ver a Edward dijera que estaba en una junta y si llamaban dijera que no estaba en la oficina y que no sabía a qué hora regresaría después de eso se fue con Sam para dejar a esos tortolos atrás.
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Bella ya no supo cómo reaccionar solo sentía los besos de Edward beso que la excitaron, sin importarle quien estaba en la oficina, rodeo el cuello de Edward con sus brazos mientras sentía que Edward apretaba su cintura, también sentía la polla de Edward, por dios su novio estaba duro, Bella se sonrojo ante ese pensamiento Edward la abrazo más fuerte, apretó su culo para acercarla a él.
Bellae acercó, apoyó las manos contra su pecho y se puso de puntillas, pero sin su ayuda, si él no hubiera bajado la cabeza, eso no hubiera pasado.
Sus manos se deslizaron hacia sus hombros, una contra su cuello mientras sentía la calidez de su aliento contra los labios.
―Te amo―susurró él.
Entreabrió los labios cuando los de él los tocaron, se movieron con sus palabras.
―Y yo te amo a ti.
Sus labios cubrieron los de ella mientras la rodeaba con los brazos, acercándola más, levantándola hacia él.
Sus dedos le acunaron la nuca, echándole la cabeza hacia atrás mientras sus labios se inclinaban sobre los suyos, separándolos y el puro fuego atravesó veloz sus sentidos, su lengua se coló por sus labios, se deslizó sobre la de ella y la tentó, provocándola a que la atrapara.
Ella se la mordió.
Él gruñó.
Unos dedos fuertes se metieron en su pelo, le sujetaron la cabeza manteniéndola en la posición, levantándola con su otro brazo y apoyándola contra la pared al lado del escritorio.
Su lengua se coló por sus labios de nuevo y acarició la de ella.
Y Bella le mordió.
La euforia se apoderó de Bella, la adrenalina corría por sus venas mientras los dedos varoniles se apartaban de su cabello y le acunaban la mandíbula y el beso se volvió más firme, más dominante y exigente.
No estaba pidiendo permiso, no había nada exploratorio en el reclamo, ningún preliminar, estaba tomándola con su beso, con su lengua y ella sabía lo que él quería.
Por lo que Bella estaba sufriendo en ese momento.
Sus labios se cerraron en torno a su lengua y se la chupó con delicada avidez mientras él la bombeaba en su boca y el sabor más singular, sutil y caliente, llenaba sus sentidos, quería más.
Un gruñido llenó el aire, un gemido susurrado a su alrededor cuando el beso de repente se volvió más caliente, más hambriento, la excitación que se había estado gestando en su interior se convirtió en una tormenta de fuego, precipitándose por ella, apretando su interior.
Esto era suyo. Él era suyo.
Eres mía, Isabela, mía y te amo.
Mientras él la levantaba por sus piernas, ella podría haber escuchado una costura que se rasgaba y realmente no le hubiera importado porque ya estaba prácticamente desnuda en sus brazos y él la estaba alzando y llevándola sobre el sillón.
Edward la ponía de espaldas y luego se erguía delante de ella.
Quiero hacerte el amor, Todo el día, Toda la noche, Posiblemente toda la jodida semana.
Una sonrisita se plasmó en los carnosos labios femeninos, la sensual curva seductora y repleta de promesas.
—¿Vas a desvestirte, mi amor? —susurró, la ronca necesidad en su voz provocando que la longitud de su polla dura como el acero latiera casi dolorosamente.
Bajó las manos hacia el cinturón de sus vaqueros, se lo habría desabrochado, pero Bella eligió ese momento para moverse. Se arrodilló, cubriendo con sus manos más pequeñas las de él y luego las apartó a un lado.
Edward observo como ella le aflojaba el cinturón con sus dedos gráciles soltando la hebilla y luego yendo hacia el cierre metálico de sus pantalones estilo comando, casi rompió su control.
Cerró con fuerza los dedos mientras se esforzaba por contenerse, para evitar tocarla.
Edward pensó que si la tocaba, no podría refrenarse en absoluto. La tomaría. La poseería y nada lo impediría.
Todo su cuerpo se tensó cuando le aflojó los pantalones. Agarrando el dobladillo de su camisa negra, se la quitó, arrojándola a un lado mientras Bella le bajaba la cinturilla de los pantalones y liberaba la gruesa longitud de su polla.
Te deseo más de lo que jamás he deseado nada en mi vida.-Dijo Edward.
Extendió las manos hacia ella. Le acunó la nuca cuando los dedos femeninos le rodearon la polla. No toda, por supuesto, su mano era demasiado pequeña, pero lo suficiente para sujetarla firme mientras que con la lengua lamía experimentalmente en torno a la corona de su pene.
Dios, quería follarle la boca. Deseaba observar esos preciosos labios carnosos encerrar la punta de su polla mientras él empujaba superficialmente dentro y fuera.
Ejerció justo la más leve cantidad de presión.
—Tómala, nena —gimió—. Abre tus labios para mí. Quiero sentir mi polla en tu boca.
El hambre estaba a punto de volverle loco. La necesidad de sentirla chupar el glande sensible hacía que todo su cuerpo se tensara hasta el punto de ruptura.
Ella abrió los labios, frotándolos sobre la punta engrosada de su carne empalmada, haciendo que su pulso se disparara y el ritmo de su corazón se desbocara. Sepultó los dedos en su cabello apretándolos y manteniéndola quieta. Ella levantó la mirada hacia él.
Entonces los labios encerraron la punta de su polla y lenta muy lentamente se deslizó hasta que el glande completo estuvo rodeado por un calor húmedo y succionador.
Un gruñido se escapó de sus labios. Intentó contenerlo. Quiso reprimirlo.
Observando sus labios estirarse en torno a su polla, apretarse sobre él, acariciarle con la lengua, azotarlo y estimular las terminaciones nerviosas que desbocaban sus sentidos.
Lo estaba empujando a un borde que ya había conocido anteriormente mientras le hacia el amor. Cada tirón de sus labios, cada movimiento de su lengua contra la parte inferior de su polla.
Se retiró, ignorando sus intentos de sujetarle, de apretar los labios sobre la punta demasiado sensible de su polla.
Acunando su rostro en las manos, Edward se inclinó, cubriéndole los labios con los suyos, presionando la lengua entre ellos, contra ellos, exigente, desesperado.
Ella apretó los labios sobre la lengua masculina.
Lamiendo, acariciando, placer y hambre se fusionaron para enviarlos en barrena a un placer frenético, ardiente y abrasador que se apoderó de sus sentidos.
Acostándola de espaldas, Edward dejó que sus labios bajaran recorriendo su cuello hasta las curvas llenas de sus pechos mientras ella se arqueaba hacia él. Le pasó los pulgares por los pezones, observando cómo se contraían y se hinchaban más duros mientras un suave gemido de placer abandonaba los labios femeninos inflamados por sus besos.
Su mujer, su prometida.
Se levantaba hacia él, se arqueaba contra él, necesitada y ansiosa de su contacto.
Y él no quería nada más que dárselo.
Ella se lo quedó mirando, deslumbrada, el placer que había sentido antes, sin más que la caricia más breve, aumentaba, haciéndose más profundo, convirtiéndose en algo más vinculante.
La sensación de su boca caliente chupándola, tironeando de su pezón era casi un placer doloroso. El calor afloró en el pezón sensible, irradiando hacia fuera y precipitándose hacia su coño, dónde el clítoris latía con violenta exigencia.
Restregó la lengua contra el sitio sensible, luego con unas rápidas y fuertes lamidas dio golpecitos sobre él, azotándolo mientras una oleada de placer y excitación enviaba dardos de sensaciones eléctricas a través de ella, contrayendo la matriz y derramando sus jugos entre los muslos.
Estaba tan húmeda. Tan caliente. Podía notar la prueba resbaladiza de sus ansias por él mientras se deslizaba por sus muslos e hinchaba los pliegues de su coño por la expectativa.
Yendo de un pecho al otro, sus labios jugaron con minucioso detalle con la pequeña protuberancia prieta. Edward Chupó y lamió, pasando rápidamente la lengua, y aquello adictivo que ella había probado en su beso le sensibilizó los pezones todavía más.
Bella cerró con fuerza los dedos en su pelo cuando él le soltó el pezón, solo para desperdigar sus besos por su torso mientras que con las manos le acariciaba los muslos y los abría muy despacio.
Contra la parte externa de su pierna, Bella podía notar la anchura gruesa y pesada de la polla y casi pudo sentir el temor que quería alzarse en su interior. Pero no hubo lugar para las inhibiciones cuando él arrastró los dedos más arriba, deslizándolos a través de la resbaladiza esencia de su hambre y luego acarició los rizos que le ocultaban la carne henchida.
Movió los labios hacia el hueso de su cadera, luego hacia el otro antes de dispersar los besos en el sensible montículo de su coño. Metió los dedos en su hendidura mientras ella se arqueaba para acercarse más a él, desesperada ahora por sentir su beso y su contacto en cada parte del cuerpo.
—Edward —gimió, el tono oscuro y sexual de su voz casi la sorprendió.
Movió los dedos lentamente bajando por el estrecho surco entre los pliegues de su coño para encontrar la entrada oculta donde sus jugos se reunían con un calor sedoso.
Giró los dedos cuando se movió más abajo, descansando entre sus muslos, su respiración susurrando sobre el clítoris inflamado.
Bella reaccionó ante aquella diminuta caricia, como una brisa tibia soplando sobre su muy sensible nudo de nervios, se encontró moviéndose bruscamente, con las manos plantadas en el sillón.
Él bajó la cabeza.
Bella observaba, extasiada, como la lengua sobresalía un poquito y lamía sobre el diminuto punto de placer con resultados devastadores.
—Por Dios, Edward —gritó, doblando las rodillas y levantándolas, abriendo las piernas aún más mientras él atraía el clítoris a su boca empezando a succionar con tranquila y ansiosa gula.
Los dedos que frotaban suavemente la entrada de su vagina empezaron a empujar dentro de ella.
Sus labios y lengua le estaban torturando el clítoris con placer y mientras Edward empezaba a empujar los dedos en su interior, ella sintió como se derretía.
Dos largos dedos entraron, girando ligeramente y separándose, estirándola para abrirla.
Los notó rozar las sensibles terminaciones nerviosas internas y enviar impulsos de puro placer recorriéndola de prisa.
Cada célula vibraba con la carga de sensaciones. Bella pudo notarlas fusionándose, tensándose, amenazando con explosionar dentro de ella cuando Edward empezó a empujar los dedos superficialmente dentro de la ceñida abertura.
—Edward —gimió cuando él deslizó una de sus manos debajo de su trasero, arqueándola más alto para sus labios y para el dedo que penetraba su sexo—. Es tan bueno. Se siente tan bien. —No podía dejarlo salir. Lo necesitaba tanto. Necesitaba cada contacto posible con cada fibra de su ser.
Le succionó el clítoris más profundo en su boca con la lengua frotando contra éste mientras dedos pujantes empezaban a moverse dentro de ella con mayor exigencia, enviando desgarradoras sensaciones, veloces como un rayo, a través de la matriz, del clítoris, del coño.
—¡Fóllame! —gritó las palabras, la desesperación enlazada con la exigencia, pero ella no tenía ni idea de dónde provenían—. Por Dios, Edward, te necesito amor.
Un gruñido retumbó contra su sexo.
Apretó el coño sobre los dedos invasores cuando salieron de ella, luego la cabeza de Edward descendió, levantándola más cerca con las manos.
Empujó la lengua dentro de la empapada entrada saturada de jugos de su coño.
Como un fuego erótico, con su lengua tan caliente y tan perversamente ansiosa, Edward empezó a lamer y a acariciar, follándola con movimientos rápidos y duros mientras Bella sentía su cuerpo tensarse, se sentía al borde de la inconsciencia.
Una repentina explosión que le llegó hasta el alma precipitó un grito más allá de sus labios mientras su orgasmo le convulsionaba la matriz y la hacía gritar en un éxtasis delirante.
Bella no podía parar los estremecimientos o las fuertes y atroces contracciones de sus músculos mientras las sensaciones parecían seguir y seguir.
Entonces Edward se levantó de golpe entre sus muslos. Cuando se puso sobre ella, sintió la punta de la polla meterse entre los pliegues de su coño. Justo entonces presionó contra su entrada, la polla latía y notó un fuerte chorro caliente de lo que tenía que ser líquido pre-seminal entrando en ella.
Pero el líquido pre-seminal no salía a chorros.
Abrió los ojos. Mirándole, Bella lo notó de nuevo, luego sintió una ráfaga como un hormigueo de sensaciones que empezó a invadir los delicados tejidos.
Antes ya había estado cachonda por él.
Esto no era simple excitación.
Cuando soltó otro chorro caliente dentro de la inflamada abertura, Bella sintió nuevas sensaciones empezando a florecer al contacto con la carne.
Se habría derretido en el suelo si no hubiera estado acostada.
El placer se multiplicó por cien y cuando empezó a llenarla con su erección, a estirar los tejidos sensibles hasta casi una tirantez insoportable.
Un gruñido, un gemido de pura ansia frustrada salió de sus labios cuando notó que sus caderas empujaban hacia delante, los apretados, apretados músculos comprimieron su polla, se dilataron y tensaron sobre la punta mientras él apretaba los dientes, . Porque sabía que ahora no tenía ni la más mínima posibilidad de detenerse.
Bella se arqueó con un grito cuando sintió como un placer que la desgarraba, envolviendo sus sentidos y tensando su cuerpo con un éxtasis increíble.
Sus sensibles tejidos internos estaban atenazados sobre el intruso que la penetraba, la punta engrosada latía furiosa cuando ella notó salir otro chorro fuerte y caliente de fluido en su interior.
Sus músculos se tensaron aún más cuando las terminaciones nerviosas volvieron a la vida con entusiasmo.
Obligándose a abrir los ojos, ahora lo miró, observando los rasgos salvajes de su rostro mientras su expresión se retorcía por el remordimiento.
—Tan bueno. —Tuvo que obligar a salir las palabras cuando una sensación atormentó su carne interna nuevamente—. Dios mío, Edward, es tan bueno.
Cerró con fuerza las manos en las caderas femeninas, sus labios se abalanzaron sobre los de ella y cuando se echó para atrás, Bella supo que al final había cedido a la necesidad que los desgarraba a ambos.
Empezó a mover las caderas. Su lengua bombeaba en su boca mientras su polla comenzaba a bombear entre los muslos, penetrando los delicados tejidos internos de su coño mientras éste empezaba a moverse y contraerse para mantenerla en su interior.
Rodeándole las caderas con las piernas, Bella inclinó y levantó las suyas más alto, orientando su cuerpo hacia el de él.
Era como estar perdida en una vorágine de sensaciones eróticas y exóticas. Truenos y rayos retumbaban y chocaban en el interior de su cuerpo. Dedos de ráfagas de sensaciones, calientes y extremas, la recorrieron, le rodearon el clítoris y le estremecieron la matriz.
Cada caricia dentro de las profundidades de su cuerpo la enviaba a volar más alto mientras el sabor del fuego de invierno y la tormenta de verano la embriagaban más aún. La ponían más hambrienta.
Apartando la boca de la de ella, gruñó otra vez mientras sepultaba sus labios contra la curva de su cuello. De repente, sus caderas se movían más rápido, la carrera por el orgasmo los consumió y se intensificó en ambos.
Bella gritó su nombre, le rogó, le exigió. Su vagina se apretaba convulsivamente, su matriz se tensaba mientras el clítoris le ardía y latía con cada roce de su pelvis.
Cada caricia avivaba los fuegos sensuales que ya ardían fuera de control. Clavó las uñas en los hombros de Edward cuando notó sus dientes arañando contra la piel sensible entre el cuello y el hombro.
La follaba con masculina avidez y la intención sensual de darle placer. Mientras se movía con furia en su interior, as sensaciones eran un tormento, el éxtasis en aumento se amotinaba a través de ella hasta que sintió su cuerpo empezando a explotar de dentro a fuera.
Era como estar inmersa en una nube de puro éxtasis. Como si el éxtasis mismo la hubiera envuelto, cubriendo cada centímetro y cada célula, reduciéndola a cenizas, gritó.
Se oyó gritar.
Entonces, con un empuje final ella notó su orgasmo y el primer chorro fuerte de semen.
Abrió los ojos mientras gritos estrangulados de otro orgasmo escapaban de su garganta.
El segundo chorro de su semen sacudió el cuerpo masculino.
Bella y Edward respiraban agitadamente, ambos se apretaban el uno al otro sin querer soltarse, entonces Edward le pasó la lengua por el cuello, y puso su cabeza sobre el pecho de Bella.
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Jamás pensé que terminaría haciéndote el amor en mi oficina.-Decía Edward recostado en la alfombra de su oficina, acariciando la desnuda espalda de Bella quien estaba recosteada sobre su pecho.
Bella acariciaba los bellos del fuerte pecho de Edward, sonriendo, ronroneando como una gatita, -Jamás pensé que me atrevería hacer el amor en tu oficina.-Dijo Bella con una sonrisa en los labios,- Creo que empezare a portarme mal si asi van hacer tus castigos.-Dijo Bella riéndose.
Edward soltó una carcajada, -Amor mío, la próxima vez mandare hacer una habitación y traeré una cama a mi oficina, así cuando vengas tu y yo estaremos dentro durante mucho tiempo.
Bella volvió a reír.
De repente sintió el balde de agua fría, se levantó de golpe, al verla levantarse Edward se extrañó.- ¿Pasa algo pequeña?
Edward, hicimos el amor, sin importarnos si Jasper y Sam estuvieran aquí.- Termino de decir Bella sonrojada.
Edward soltó una carcajada, lo siento amor estaba tan excitado que ni cuenta me di en qué momento se fueron.
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Un capi para el final!.
Espero que les guste, no olviden dejar reviews.
Saludos.
