Mimato
Séptimo
Horóscopo
Sora salió de su clase de Historia del Arte agotadísima. El examen había sido larguísimo, y el sueño había empezado a apoderarse de ella cuando iba en la mitad. La maestra había sido paciente con ella y le había golpeado el pupitre cada vez que la había visto cabecear, y así pudo terminar de responder las preguntas del examen. La noche anterior apenas había dormido y ahora sólo quería llegar a su habitación, tirarse sobre la cama y dormir.
Al entrar en la habitación se encontró a Mimi, que estaba sobre su cama muy concentrada en la lectura de una revista.
—Hola —saludó la pelirroja.
—¿Cómo te fue? —le preguntó su amiga, sin despegar la vista de la revista.
—Creo que bien. Al menos estoy segura de que aprobaré.
—Muy bien —dijo Mimi, sin mirarla.
—¿Qué tanto lees? —le preguntó Sora con una sonrisa, curiosa, mientras dejaba sus libros sobre su escritorio.
—Leo mi horóscopo —respondió la castaña con energía. —¿Quieres saber lo que dice el tuyo?
—No creo en esas cosas…
—Vamos. Es divertido. Te sorprenderás de lo mucho que acierta.
Sora se lo pensó un momento, pero luego sonrió y fue hasta la cama de su amiga.
—Está bien —dijo, sentándose frente a Mimi.
La castaña se sentó de rodillas y buscó con la mirada el signo de su amiga: Sagitario.
—En el trabajo o estudio todo va a seguir su ritmo. No piense en los problemas cotidianos como algo difícil de resolver. Su salud no presenta ningún problema. Cuide su alimentación, haga ejercicio, blah, blah. Eso no es lo interesante.
—Sí es interesante.
—Pero tú ya haces tenis y te cuidas mucho, así que no es interesante. Esto sí es interesante —dijo la castaña con un brillo en los ojos y una sonrisa un tanto pícara. —Amor —dijo con especial énfasis. —El cariño y la estimación de las personas cercanas es un estímulo necesario. Le va a resultar imprescindible acercarse a las personas que respondan positivamente a sus necesidades de amistad o amor, sobre todo a aquellas personas que han estado a su lado por mucho tiempo. Debe poner especial atención a cierto castaño que ha estado presente en los momentos más importantes de su vida…
—¿De verdad dice eso? —exclamó la pelirroja. —Dame eso—le quitó la revista a Mimi mientras esta se partía de risa. —Muy graciosa —miró a la castaña con cara de pocos amigos. No decía nada sobre ningún castaño.
—Debiste ver tu cara —reía la castaña, secándose las lágrimas con la manga de su blusa.
—¿Y qué dice el tuyo? —Sora encontró rápidamente el signo de Mimi: Picis. —Dice que debes cuidar de tu dieta —la castaña dejó de reír y se incorporó rápidamente, mirando a Sora con el ceño fruncido. —Y que deberías empezar a planificar mejor tu futuro.
—Ya lo sé. Ya leí mi horóscopo —replicó. Hizo ademán de quitarle la revista, pero Sora no la dejó.
—Esto es interesante —dijo la pelirroja. —Su tendencia a ser abierto y tolerante con las personas que le rodean va a dar excelentes resultados. Se va a consolidar una amistad con un conocido de toda la vida y la parte sentimental de su vida se verá agitada por esta nueva oportunidad que se le presenta. ¿Quién podrá ser? —comentó Sora con un sonrisa burlona.
—No lo sé —respondió Mimi, ruborizándose levemente y levantándose de la cama con rapidez para huir de la mirada acusadora de su amiga. —Ya se me hace tarde para ir clase.
—¿Tienes clase? —preguntó.
—Historia de la música.
—¿Por qué tomas Historia de la música? —le preguntó Sora. —Creí que querías ser cocinera.
—Aún no me decido al cien por ciento —decía la castaña mientras se tomaba el cabello en una coleta. — Además que amo la música. No tiene nada malo que estudie algo de música.
—No —sonrió Sora, mientras veía como se desataba la coleta y se dejaba el cabello suelto otra vez. —En esa clase está Matt, ¿verdad?
—Pues… sí —respondió la castaña, empolvoreándose la nariz.
—¿Es por eso que te estás arreglando tanto?
—No lo hago —chilló la castaña, ruborizada, girándose a mirar a su amiga. —Ya debo irme —dijo, tomando su bolso.
—Pero es el décimo bloque de clases, ¿no? Todas las clases del décimo bloque comienzan a las cinco y media —consultó su reloj de muñeca. —Aún tienes tiempo.
—Me gusta llegar temprano para obtener un buen asiento.
—¿O lo haces porque Matt siempre llega temprano al salón? —le dijo Sora cuando Mimi iba saliendo.
—¡No me molestes! —chilló la castaña lanzándole una mirada más que abochornada al ver cómo su amiga se reía de reía de ella, antes de cerrar la puerta.
Cuando llegó al aula ya había gente en ella, pero para fortuna de ella su lugar favorito, en el medio, estaba vacío. Entro al salón, saludó a algunos de sus compañeros y fue a sentarse. Rápidamente examinó todo el lugar con la mirada. Él aún no llegaba. Se sentó y dejó su bolso en el asiento junto a ella para que no le estorbara. Seguía un poco molesta por las burlas de Sora. Ya vería la pelirroja cuando volviera, nombraría a Taichi todas las veces posibles para fastidiar a su amiga.
.
Cuando entró en el aula ya había gente. Desde la entrada examinó el lugar y su mirada se detuvo en una espalda cubierta por una cabellera castaña. Se quedó ahí unos minutos, pensado. Lo correcto sería ir y sentarse junto a ella, pero ¿podría hacerlo? ¿Ir hasta ella, saludarla y comenzar a charlar? Claro que no. Él no era el señor encantador o social.
Suspiró. De todos modos había decidido darle una oportunidad e intentar un acercamiento. La noche del cumpleaños de Tai lo había hecho recapacitar. Todo lo que ella había dicho era cierto, nunca se había dado la oportunidad de conocerla un poco más, simplemente se había limitado a juzgarla por lo que se veía, y al final él había sido el superficial. Podía ser que ella fuese diferente de lo que él creía, mal que mal, él también era distinto de lo que gente creía. Bajó los escalones hasta el centro del aula y caminó entre las filas de asientos para ir hasta ella. No le gustaban los asientos de en medio, le gustaba más sentarse en los extremos, pero por esta vez se sentaría allí, junto a ella.
—Hola —dijo, un tanto nervioso.
Mimi no lo vio acercarse ni llegar, así que cuando lo escuchó se sobresaltó.
—Ho-hola —dijo, levemente sonrojada.
—¿Puedo sentarme? —preguntó.
Mimi al principio no creyó lo que escuchaba, pero tras varios segundos, reaccionó y quitó su bolso del asiento.
—Claro —dijo.
Matt se sentó y dejó sus libros sobre la mesilla que estaba pegada al asiento.
Se quedaron en silencio. Mirando en direcciones opuestas, un tanto abochornados por la presencia del otro, incómodos, y ansiosos por romper ese silencio, pero sin saber qué decir.
No se hablaron hasta el maestro llegó. El maestro se paró sobre una pequeña tarima que había en el frente del salón y comenzó a mostrar unas diapositivas. Mimi hurgó en su bolso para sacar una pluma y comenzar a tomar nota de lo que decía. Matt metió las manos en sus bolsillos, y no encontró su pluma. Se revisó los bolsillos de la camisa y la chaqueta, pero ni rastro de ella.
—Oye —le murmuró a Mimi. —¿Tienes una pluma extra que puedas prestarme?
Mimi lo miró y le dio la que estaba usando, un bolígrafo morado con una cosa peluda en el extremo.
Matt lo miró y arrugó el ceño.
—¿No tienes otro color?
—Tengo uno rosa —dijo, sacando de su bolso un lápiz igual al que le tendía al rubio, pero rosa.
—Me quedo con este —dijo, y lo aceptó. —Gracias.
—No hay de qué.
La clase fue larga, pero para Matt no fue aburrida. Era una de sus clases favoritas y le iba bastante bien a pesar de que el contenido era bastante pesado. En verdad no era una clase muy dinámica que digamos, no entendía porque Mimi la había tomado. Ella no parecía ser de ese tipo de chicas que disfrutaran de las cosas tediosas. En verdad ella no lo era, si era tan enérgica y chillona… Se reprendió a sí mismo por pensar de esa forma y volvió a concentrarse en la clase. Aunque algunas veces no podía evitar no quedarse mirándole.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, nerviosa al sentir la mirada de él fija en ella.
—Me preguntaba por qué tomas esta clase —dijo con sinceridad.
—Lo hago porque me gusta la música —respondió ella.
¿Qué le gustaba la música? Bueno, él sabía que ella cantaba bien, bastante bien a decir verdad. Siempre había participado en todo tipo de concursos de canto y siempre salía entre los primeros lugares. Le gustaba bailar, eso también tendría que ver con la música, ¿no? Pero él no creía que a ella le gustara la música como a él le gustaba… O tal vez sí. Tal vez ella sí sentía una pasión por la música, como él, como para soportar una aburrida clase como esa. Y entonces la recordó en el concierto, aunque ya había pasado cerca de un mes desde aquella vez. Recordaba haberla visto corear todas sus canciones con entusiasmo…
Cuando la clase acabó, los dos se quedaron sentados hasta que la mayoría abandonó el salón.
—Gracias —dijo, regresándole la pluma.
—De nada —replicó ella.
—Y… ¿cómo está Sora? —preguntó.
—Cansada. Anoche se quedó estudiando hasta muy tarde porque hoy tenía examen de Historia del arte, pero dijo que había aprobado, así que todo el sacrificio valió la pena.
—Ya veo. ¿Qué harán esta noche?
—Pues… Yo pensaba en llevarme a Sora al billar, pero como está cansada…
—Claro. Supongo que no será buena idea ir verla ahora.
—Pues… no creo que tenga nada de malo. Tal vez si vas, me ayudes a convencerla de que salgamos esta noche. Es viernes. No puedo quedarme encerrada un viernes por la noche.
—Seguro —comentó Matt. Y ambos se levantaron de sus asientos.
Durante el camino a la habitación de las chicas, no hablaron, pero fueron conscientes de que más de alguien se les quedaba mirando. Por supuesto, era inusual verlos a los dos solos, la chica más cotizada, el guapísimo rockero.
Llegaron y Mimi abrió puerta y fueron recibidos por fuertes carcajadas. Sora y Tai estaban sobre la cama de ella, muertos de risa por algún motivo, con un montón de cartas desparramadas sobre la colcha.
—Parece que no estás tan cansada —dijo Mimi.
—¿Quieren jugar? —dijo Tai.
—¿A qué juegan? —preguntó el rubio, mirándolos con una ceja alzada.
—Jugamos "Uno".
—Pero yo quiero ir al billar —dijo Mimi.
—Yo también —dijo Matt.
—Pero el "Uno" es más divertido —dijo Tai.
—Pero… —comenzaron a decir la castaña y el rubio.
—Si tanto quieren ir, vayan ustedes —sonrió Sora con malicia, y Mimi se sonrojó al instante.
—¿Qué quieres decir?
—Si van, ¿podrían traernos una pizza? —dijo Tai.
—¿Con qué la quieres? —preguntó Matt, y Mimi lo miró como si no lo pudiera creer. ¿En serio qué irían al billar? ¿Juntos?
—Quiero una con salsa blanca, anchoas y mozarella, y con piña.
—Qué asco Tai —rió Sora. —Yo quiero una normal. Con salsa de tomate, con tomate, queso… lo normal.
—Bien. ¿Vamos? —él la miró.
Mimi se le quedó viendo con el rostro un poco desencajado por unos segundos, pero la risa "maligna" de Sora la hizo reaccionar.
—Claro.
Perdónenme todos los errores que pueda haber DxxD.
Obviamente, esto no es una continuación directa de la Saga "El Cumpleaños de Tai", pero es lo mejor que pude hacer para seguir más o menos el hilo de la historia x3.
En un principio iba a ser Taiora, pero de pronto tuve una idea genialísima sobre cómo podía usar esto del Horóscopo, y les digo desde ya que este no será el único capítulo que tenga que ver con los signos zodiacales ;D.
En fin, qué les pareció? Yo sé que tengo a mis lectores constantes, los adoro (L).
Gracias por leer TuT
Lyls
Espero que esto les guste.
