Capítulo Undécimo: Cake of unknown people

Gregory cerró los ojos y trató de vaciar su mente. Si ese era el final, no había razón para centrarse en ese preciso momento, o en pensar en qué se sentiría morir. Si él iba a morir significaba que quizás Loui también estaría pasando por lo mismo. Demonios pensó el arquero mordiéndose el labio inferior.

Eso era lo que más le dolería, saber que sería su culpa. Saber que de haberse negado en el momento adecuado ambos estarían a salvo, no en la casa del árbol, pero si juntos y lejos tanto de los zombis como de aquellos dos sujetos a los que habían en mala hora salvado.

Luego se escuchó la saeta atravesando el aire, y como si fuera su último respiro llenó sus pulmones con todo el aire que pudo y cerró sus ojos con mucha fuerza.

Daryl permaneció con la ballesta en alto por unos segundos y en total silencio, esperando oír algo más de lo que temer y a lo que disparar. Luego giró sobre sus talones aun apuntando con el arma y comenzó a verificar. El único pensó. Luego dio unos pasos en dirección al muchacho, que aún mantenía los ojos cerrados. Podía oír su respiración agitada, que hacía que su pecho se inflase y desinflase entrecortadamente, como si no se atreviese a respirar de un solo intento todo lo que podía.

Había de alguna forma asustado al muchacho sin desearlo, cosa que le recordó que debería haberle advertido antes de haber disparado. Se sintió idiota por un momento, ese era el tipo de reacción que hacía que a primer encuentro la gente no confiase en él.

Una gota de sudor rodó por la mejilla del muchacho, quien por lo visto había perdido la noción del tiempo y por ello aun esperaba sentir la saeta atravesándolo. Y a pesar de ello el joven se mantenía tan estático como si no estuviese pensando en la realidad que lo rodeaba.

El cazador tragó un poco de saliva, no entendía muy bien qué podía estar pasando por la mente del otro, pero le sorprendía, y quizás envidiaba un poco, la valentía con la que este parecía estar esperando que la muerte lo abrazase. En su lugar Daryl no sabía que hubiese hecho, pero él no estaría dispuesto a morir tan fácilmente, hubiese luchado, hubiese pedido ayuda, pero al igual que el joven su orgullo no le permitiría rogar por su vida, la muerte antes que eso.

Daryl se le acercó y le zarandeó el hombro.

–¿Estás bien? –le pregunto a pesar de saber que no lo estaba, pero evitando reflejar en su mirada que había percibido el miedo del muchacho, no valía la pena avergonzarlo. Quizás el joven pensaría que solo habían pasado segundos, pero en realidad hacía unos minutos que se mantenía a la espera.

Al sentir que lo sujetaban del hombro abrió los ojos, y aliviado dejó escapar el poco aire que sus pulmones habían encerrado en su interior. Daryl pasó de él y se agachó a recoger la saeta que se había clavado en la cabeza del caminante que los había estado siguiendo.


–Entonces –la voz del anciano le llamó desde el otro lado de la mesa–, ¿Quién eres?

Loui se encontró con unos ojos grises al levantar su cabeza. Su voz era suave, pero el tono le indicaba que era una pregunta que pretendía no ser eludida. Él no sabía si al final iba a terminar quedándose con ellos, por lo que no sentía la necesidad de responder, aun así algo le decía que debía evitar enemistarse con aquella gente, por su bien y el de Gregory.

Al devolverle la mirada le respondió – Por ahora, piensen que soy un nadie –dijo lentamente. La mandíbula del anciano se endureció, y una expresión de enojo se percibió en las blancas y pobladas cejas del granjero. Pero fue algo breve porque una falsa sonrisa apareció en sus labios.

–Ya veo –Dijo, volviendo a erguirse en su asiento–, no vas a hablar –e intercambió miradas con el del extraño bigote. Loui se puso alerta al ver que este último parecía estar a punto de levantarse de su asiento.

Pero en ese preciso instante apareció por la reja Rick, lo que hizo que tanto el anciano como el de los bigotes se relajaran en sus asientos.

–Nos vamos –dijo en voz alta, pero solo tras unos segundos Loui entendió que solo se dirigía a él. Loui giró sobre su asiento y se levantó para seguir al líder del grupo. Antes de salir por la otra reja Rick volvió la mirada y como un escáner analiza papel, los fríos ojos azules del ex policía analizaron a Loui. Este sintió un escalofrió pero luego se tranquilizó al ver como aquellos ojos volvían a girarse y desaparecían en dirección al patio.

Quizás no sabía que era lo que el líder de aquel grupo estaba a punto de hacer, pero si sabía que no iba a quedarse sentado esperando a que las cosas se solucionasen solas. Ambos salieron del lugar, atrás podían oír las muletas del anciano siguiéndolos.

Él se adelantó y casi hombro a hombro con el ex policía le preguntó– ¿Cuál es el plan?

–No hay ningún plan, muchacho –le respondió sin muchas ganas, y esa era la verdad. Era estúpido actuar sin un plan, él lo sabía y también se imaginaba que Daryl en esa situación le hubiese dicho cuan tonto era no planear algo. Era siempre el cazador el de las repentinas y magníficas ideas, no él. Él solo era un policía más de lo que seguían órdenes, no era exactamente el estratega que uno esperaría del líder de aquel grupo.

–Pues necesitan uno –le interrumpió la voz del anciano a sus espaldas. Se detuvo ignorando lo dicho y se dirigió a Loui.

–Vamos a rescatarlos –le dijo guardando las distancias – A tu amigo y al mío, ¿Eso… eso es lo que interesa, cierto? –le preguntó, la mirada decidida del joven le decía que por ahora podía confiar en él. Luego continuó caminando en dirección a los autos estacionados en la zona.

–Espera –le detuvo el joven –aún podemos usar a Hipona.

Rick se detuvo al oír el extraño nombre que el joven había pronunciado – ¿Quién? –le preguntó sin poder evitar levantar una de sus cejas. Loui sonrió ante el gesto y dirigió su mirada hacia el campo enrejado. Rick siguió su mirada y pudo ver a un caballo blanco como la nieve pastando tranquilo.

–Ella es Hipona, la yegua –dijo el joven en un intento de explicar a quien se refería – Sería mejor ir en ella, nos ahorraría tiempo, y si lo notaste al venir, hace menos ruido que un carro… –el joven dejo de hablar al darse cuenta que Rick ya no lo oía, en cambio parecía darle toda su atención a la yegua, o así parecía.

Rick volteó a mirar a los otros tres hombres, luego de unos segundos y cuando vio lo que buscaba se acercó a Alex – Préstame los binoculares –le apresuró y este se los dio. Al mirar por ellos vio a través de las rejas a un grupo de caminantes que por alguna extraña razón comenzaba a rodear uno de ellos.

El fuerte sonido de un rifle, y luego de otro inundo la prisión. Rick dio otra ojeada para darse cuenta que el caminante al que rodeaban no era exactamente un caminante.


Rick y Oscar llevaron a la mujer hasta una de las bancas largas del patio. Casi todos los del grupo venían detrás de ellos dos, incluidos Loui. La voz de Hershel se hizo oír detrás de ambos.

–¡Adentro! ¡Llévenla adentro! –exclamaba, los dos hombres se miraron y volvieron a levantar a la mujer.

Rick iba adelante, por lo que con su cuerpo empujo la reja y todos entraron, en el interior recostaron a la mujer en una banca igual de larga a la del patio, luego Hershel, quien había desaparecido tras la reja que daba a las celdas reapareció con Carol a su espalda, quien llevaba en sus brazos una serie de medicamentos y cajitas con otros instrumentos.

Carol dejó todo en la mesa y acercó una silla a la mujer, en la que se sentó Hershel, este dio una mirada a todos los curiosos, quienes al instante se voltearon para alejarse y darle espació al veterinario.

Pasados unos minutos Hershel habló – Y aquí –dijo levantando unas pinzas ensangrentadas – está la bala.

Rick se acercó y miró la pequeña bolita que debajo de la sangre se veía de un color broncíneo – ¿Ha sido mordida? –preguntó sin poder evitarlo. Sentía varios ojos clavándose en su espalda, que le indicaban cuan poco delicado era preguntar aquello, pero no les hizo caso y solo le dirigió la mirada al veterinario.

–No, ella no lo está –obtuvo como respuesta, y se notaba el enojo del veterinario en ella –, pero si queremos que de algo valga la pena que la acabásemos de salvar, diría que deberíamos dejarla quedarse con nosotros unos días hasta que se recupere.

Rick mantuvo su mirada en los ojos grises del granjero hasta que estos le obligaron a no hacerlo, por lo que volteó a mirar a la joven ahí recostada. Unos días pensó, y luego dirigió su mirada al joven de cabellos negros que se recostaba en una de las paredes, una vaina y una espada aun colgaban de su cintura.

–En cuanto ella se recupere, ustedes dos y tu amigo se van –dijo en voz alta, obteniendo la atención del joven. Este abrió la boca para responder, pero no pronunció palabra alguna.

Loui dejó la pared en la que se había recostado y se dirigió a la reja que daba al patio, pero antes de que pudiese abrirla para salir otra mano la abrió del otro lado, un hombre de cabello castaño le devolvió la mirada, luego de mirarse nerviosamente Loui volteó a su izquierda y vio a Gregory.

Daryl pasó del muchacho sin dirigirle la palabra y entró en la habitación para encontrarse a casi todo el grupo reunido. Todos estaban centrados en alguien que estaba recostado en una banca larga casi al centro de la habitación. Nadie le prestó atención hasta que un suave gritito hizo a todos girar en dirección a Carol, quien a su vez miraba a Daryl y luego se dirigía apresurada a él.

La mujer se colgó de su cuello mientras todos voltearon mirarle, él la abrazó solo con uno de sus brazos, no muy atento a los gimoteos que ella hacía en su hombro, pero si a los ojos azules que lo miraban desde el otro lado de la habitación.

Pasaron unos segundos durante los cuales solo se escuchaba a Carol – Es bueno verte a salvo –dijo de pronto Rick, Daryl asintió ante el comentario, y sin desearlo le sonrió tontamente al ex policía.

Pero en ese momento el arquero irrumpió en la habitación. Este se había quedado afuera junto con Loui y era más que seguro que debían de haber estado conversando.

–Esto… –dijo el joven dirigiéndose a Daryl, pero llamando la atención de todos, luego bajó la voz –, esto no es lo que dijiste.

Daryl miró al joven sin entender a lo que se refería, pero la mirada de Gregory le decía que por algún motivo el joven hacía un gran esfuerzo para mantenerse calmado.

–No… no se a lo que te refieres –Dijo con sinceridad.

–Dijiste que si deseábamos podríamos quedarnos con ustedes… –Daryl escuchó eso y no entendió que tenía de malo aquello, excepto cuando Rick interrumpió al muchacho.

–Tu les dijiste qué –preguntó el ex policía dirigiéndose al cazador.

Daryl no entendía mucho lo que estaba sucediendo, miró primero a Rick y luego a Gregory y tras unos segundos una chispa se encendió en un lugar profundo de su cerebro.

–¿Qué le has dicho, Rick? –le preguntó el cazador en referencia Loui. Pero Rick estaba por alguna razón enojado y no le respondió. Daryl dio un paso hacia atrás y luego se dirigió a la reja de las celdas, pero volteó para asegurarse de que Rick lo seguía, y efectivamente así lo hacía.

Cuando estuvieron lo suficientemente lejos como para ser oídos por todos los demás, habló.

–¿Qué le has dicho a Loui? –le preguntó Daryl.

–¿Qué les has dicho tu a ellos? –le cortó Rick y ambos se centraron en los ojos del otros de forma dominante.

–Les dije que podían quedarse con nosotros –cedió Daryl.

–Pero… ¿Por qué? –le preguntó Rick con una extraña voz aguda, aún así intentaba calmarse y esperaba con sinceridad escuchar una razón para no volver a enojarse.

–Ellos… –Daryl se detuvo a pensar su respuesta y luego continuó –, dime un motivo para no dejarlos unírsenos –le preguntó a Rick, quien por un segundo pareció a punto de estallar, pero luego le respondió.

–No podemos defendernos nosotros mismos, ¿Cómo piensas ayudarlos si no podemos ayudarnos nosotros mismos? –le respondió, llevándose una mano a la sien como si fuera obvio que ellos no podían cuidar a más gente.

–¡Ellos fueron quienes nos salvaron en el bosque! –espetó Daryl, totalmente convencido de que Rick ya debía saber la historia, pero este lo miró sorprendido – ¿No te lo ha dicho? –preguntó.

–Por favor Daryl, si no son más que niños –Rick le respondió aunque sabía a la perfección que los dos jóvenes en nada parecían niños. Daryl lo miró y sonrió, si Rick había dicho eso era porque no tenía más con que contradecir su lógica.

–¡Niños! –exclamó Daryl, y comenzó a reír. Cuando volvió a mirar a Rick, vio que este también sonreía – Rick, confía en mí, nos van a ayudar… mucho –y antes de que este pudiese dar alguna otra razón lo detuvo, acercándose lo suficiente como para poder susurrar –, te aseguro que pagarías por ver a esos niños usando el arco y la espada.

Rick lo quedó mirando por unos segundos, y luego alzó los hombros – Está bien –dijo quietamente, pero igual Daryl sonrió, luego volteó en dirección a la otra habitación donde Gregory y Loui esperaban en una de las esquinas, y a donde casi todos miraban.

En ese momento apareció Carl con una canasta, lo que hizo que incluso Daryl se detuviese. El niño entró corriendo, su rostro expresaba mucha preocupación, y luego mirando a su papá habló.

–Las cosas… son las que Maggie y Glenn fueron a traer –dijo dejando la canasta en la mesa y luego dándole a su padre un papel que no podía ser otro que la lista.