Salir III (ATENCIÓN, hay lemmon)

– ¿Qué haces aquí, viejo decrépito? – preguntó muy alterado Spandam, mientras se ocultaba tras sus dos subordinados.

– ¿Qué haces tú, Spandam? – le devolvió la pregunta Garp.

El ambiente viciado, ahora podía cortarse con un cuchillo debido a la tensión. Numerosos subordinados de Garp entraron en masa al despacho y comenzaron a acabar con los cadáveres andantes ante los atónitos ojos de Luffy y sus compañeros.

– A…abuelo, ¿Cómo es que estás aquí? ¿Cómo sabías dónde nos encontrábamos? – preguntó Luffy mientras acudía hacia él, apoyado en Bon-chan.

– ¡Mugiwara! ¿A caso te olvidas de aquello que hablamos? – dijo la voz de una figura que emergió de entre el polvo y el barro.

– ¡Narizotas! ¡Eres tú! Shishishi, no me acordaba ya de ti – reía Luffy bastante relajado – habéis venido el escuadrón al completo –

– ¿OTRA VEZ CON NARIZOTAS, IDIOTA DE GOMA? – le gritaba Buggy enfurecido con los ojos en blanco.

– ¡Silencio! – Dijo Garp sin mirar a ninguno de sus compañeros, pues mantenía la mirada fija en los tres agentes – ¿Cuál es la razón por la que estás aquí, Spandam? La única razón por la que se puede atacar a miembros de vuestro propio ejército es la alta traición, ¿Es ese el caso?... ¿O tenéis otros motivos que queráis compartir conmigo? –

Todos callaban ante la voz imponente del general. Eso acompañado de su figura, su semblante y su cargo, era suficiente para desestabilizar la templanza de cualquiera, pero Spandam era un hombre arrogante y cegado por el poder, y no se dejaría intimidar con facilidad, él también guardaba cartas bajo la manga.

– Digamos que… no tengo la obligación de contestarte, señor general – le respondió soberbio el agente, aún entre sus dos subordinados, bien escondido y protegido.

– Esto es serio, maldito, si no me contestas me veré en la obligación de tomar medidas drásticas – le dijo Garp mientras su rostro se volvía serio, y se remangaba la manga de su chaqueta y camisa, mostrando su poderoso brazo, en posición de atacar el cualquier momento.

– ¿De verdad? – continuaba con ese tono tan irritante y haciendo muecas con su rostro – Y… ¿Qué te parece esto? – decía mientras sacaba un papel de uno de los bolsillos de su camisa, y lo desdoblaba para dejar el contenido a la vista de todos.

– ¿Cómo tienes tú algo así? ¿Inmunidad? – intervino Usopp sorprendido por ser la primera vez que veía uno de esos documentos.

– Tsk, lo ha firmado Doflamingo-chan – dijo Bon Chan mientras fruncía su ceño de impotencia – Si no quiere hablar no podemos hacer nada, General Garp –

– Siempre os valéis de esas artimañas, desgraciados – le dijo enfadado pero sereno al agente enemigo mientras bajaba su brazo – Está bien, no puedo hacerte hablar… por ahora, pero tú tampoco puedes matar a nadie, llama al resto de tus subordinamos, sé que persiguen al resto del grupo –

Spandam miraba a Garp con tanto odio que su mirada podría traspasarlo en cualquier momento. Era cierto que el general no podía hacerle hablar, pero también era cierto que con él allí y sin una justificación de peso, no podía ponerle la mano encima a nadie, y si así lo hacía, las represalias tomadas por los altos cargos serían terribles.

– Dame esa radio, basta de tanto mensajito – le dijo a Rucci mientras tendía su mano para coger el aparato – Califa, ¿Me oyes? Se aborta la misión, nada más que añadir – dijo el oficial rápidamente sin esperar siquiera una respuesta.

El altanero agente le dio la radio de nuevo a Rucci con dejadez, y les indicó con la mano que le siguieran, dando por concluida la misión. Caminaba con lentitud y sin parar de mirar a Garp con sus soberbios ojos, pero finalmente terminó por llegar a lo que quedaba de puerta.

– Nos veremos las caras – le dijo escuetamente mientras se giraba para comunicarle aquello, y justo después continuaba por su camino, hacia la salida.


– Mis piernas ¿Qué les sucede? ¡No las puedo mover! Están extrañas – gritaba Nami, que se encontraba tumbada en el suelo, incapaz de ponerse en pie

– Nami-san, ¿Te encuentras bien? ¿Qué ha sucedido? – preguntó Sanji mientras intentaba desplazarse hacia ella, pero Jabura se lo impedía.

– No… no lo sé Sanji-kun, ha empezado a hacer algo con sus manos y justo después de tocarme ya no me podía poner de pie, creo que es algo como los poderes de Robin o de Luffy – decía Nami nerviosamente mientras no paraba de frotarse sus piernas, intentando hacerlas mover de nuevo.

– En efecto, todos nuestros poderes vienen en última instancia de esas frutas, pero es acoso sexual – dijo la agente mientras se colocaba bien las gafas.

– ¿¡A QUÉ VIENE EL ACOSO SEXUAL!? – Gritó Nami tan enfurecida a la agente que a punto estuvo de partir su Clima Tact.

– Eso… es acoso sexual – le contestó la agente mientras se giraba y daba la espalda a Nami

– EN CUANTO PUEDA MOVER MIS PIERNAS TE MATO – continuó la pelirroja de manera más terrorífica.

– Nami, no te distraigas, recuerda que es una asesina de élite – le dijo Robin, quien intentaba acercarse a ella para ayudarla, pero la agente se lo impedía.

– Mantente al margen Nico Robin, o saldrás malherida – le dijo Blueno mientras aparecía de la nada ante ella, sorprendiéndola – shigan

Levantó uno de sus dedos y lo dirigió hacia Robin, con toda la intención de herirla como si una bala le atravesase.

– Ten cuidado, Nico Robin – le dijo Franky mientras se interponía entre ella y el enemigo – Yo me encargaré de este –

– Franky – dijo levemente la morena mientras relajaba su postura

La tensión se palpaba, y de un momento a otro, cualquiera comenzaría con el violento ataque. Aquello beneficiaba a los agentes, que se encontraban en condiciones más favorables que los sombrero de paja. Antes de que nadie pudiese actuar, un estruendo cercano comenzó a hacerse notar. Primero se escuchaba un sonido grave lejano, para ir dando paso a una rápida vibración que se propagaba por todos y cada uno de los rincones de la sala, haciéndose notar en los objetos.

– ¿Qué pasa ahora aquí? ¿Puede pasarnos algo más? – decía Nami asustada e irritada a partes iguales, mientras seguía frotando sus piernas entumecidas por aquel extraño ataque.

Las paredes comenzaron a agrietarse y desconcharse, dejando caer sobre sus cabezas pequeños trozos de piedra que poco a poco fueron aumentando de tamaño. Primeramente pensaron que eran refuerzos de aquellos agentes especializados en el asesinato, pero sus caras de sorpresa les indicaron que no era así, que se encontraban tan confundidos como ellos, aunque ese estado no les duró mucho tiempo. Al igual que a sus otros compañeros, una horda de zombis invadió a tropel la sala, terminándolos de sorprender a todos

– Estaba claro… que podía sucedernos algo más – dijo Nami mientras miraba a los lentos pero perseverantes zombis con sus ojos como platos.

– Esto es malo, ahora sí que tenemos que salir de aquí como sea, Nami-swan, Robin-chwan – dijo Sanji mientras se alejaba de su contrincante y se acercaba a la pelirroja.

– De aquí no se mueve nadie, nos encargaremos de vosotros primeros, sabandijas – dijo casi al instante Jabura, que salía a la persecución de Sanji

Un sonido de alarma se escuchó en la habitación, llamando la atención de Jabura y el resto, incluidos los zombis, que comenzaron a acelerar sus movimientos ante tal estímulo. Era la radio de Califa, era la llamada de Spandam. El mensaje llegó rápidamente a los oídos de todos, y nuestros compañeros lo asimilaron como un rayo de luz en medio de la noche, como un estímulo esperanzador. El gesto de los agentes fue serio, y no dejaba a la vista ningún tipo de gesto para la interpretación, simplemente dejaron su enfrentamiento y se dirigieron a la salida.

– Esta… inmunidad, no te servirá para mucho tiempo – le dijo Califa a Robin mientras se paraba y se giraba hacia ella – … es acoso sexual –

– Vamos Robin-chwan, no hay tiempo que perder – le dijo Sanji a la morena agarrándola del brazo, que más previsor que ninguno de ellos, ya cargaba con Nami a las espaldas.

– Bien, dejadme esto a mi – dijo Franky mientras se ponía justo delante de los zombis – Fresh Fire! –atacó haciendo que de su boca saliera una potente llamarada de fuego, que comenzó a consumir los cadáveres que entorpecían su salida.

– Oye, espera espera espera, ¿Eso que está saliendo de su boca es fuego? Cada día es todo más surrealista – dijo la pelirroja mientras no terminaba de creerse que del interior de Franky salieran tales llamaradas – Aunque… vistas las modificaciones de su cuerpo… en fin, ya todo es posible. Vamos Sanji-kun, ¡más rápido! ¡Tú puedes! –

Robin seguía al caballeroso Sanji y a la pelirroja, sorteando las llamas y los ardientes cuerpos, pero uno de los zombis logró engancharse a su pierna, haciéndola caer de bruces. El golpe en el rostro y la cabeza la aturdió más de lo que ya se encontraba por culpa del kairouseki. Su debilidad y la fuerza del no muerto se tradujeron en un fuerte forcejeo cuya prioridad era evitar ser mordida por él. Lo intentaba separar de su cuerpo con todas sus fuerzas, de manera desesperada, pero sin saber muy bien cómo, éste se enganchaba siempre a su ropa. En una de esas, logró rasgarla la camisa, rompiéndole las tirantas, lo que hizo que el pequeño papel con toda la información que guardaba Robin, cayese en el suelo de manera ajena a ella, que se encontraba debatiéndose con la misma muerte. Por suerte, un atento Franky acudió en su ayuda, y aplastó con su puño de acero la cabeza del zombi, liberando a Robin de su tortura. La arqueóloga se levantó con dificultad, arrastrada en cierto modo por el peliazul, y como pudieron, los cuatro salieron de la sala sorteando los peligros.

Califa se había percatado de aquello, del pequeño detalle del papel caer, y acudió con curiosidad a cogerlo para echarle un rápido vistazo.

– Esto alegrará al jefe, parece ser que hemos tenido suerte después de todo –


– ¿Estáis seguros que es por aquí? – preguntaba Garp mientras seguía a su nieto, que seguía a su vez a Zoro.

– Ni idea abuelo, yo estoy siguiendo a Zoro – contestó el muchacho mientras seguía corriendo, pero se metía un dedo en la nariz que le daba un aire de retrasado.

– Ni idea Luffy, simplemente estoy corriendo – dijo Zoro mientras seguía corriendo sin siquiera pararse a entender el significado de sus palabras.

– SOIS UNOS PEDAZO DE IDIOTAS LOS DOS – dijo Garp mientras se interponía entre ambos y les asestaba uno de sus puñetazos del amor.

– D-d-da tanto miedo – dijo Usopp mientras cargaba al golpeado Zoro y ponía cara de penumbra.

– Nariz-chan… no lo sabes tú bien – dijo Bon-chan con la misma cara de su compañero, pero cargando a Luffy.

– Por aquí general Garp, este es el mapa de la salida – dijo Buggy muy orgulloso mostrándole cómo salir de aquel lugar

– Te felicito Buggy, has hecho un buen trabajo, se nota que se te da bien esto de huir de los sitios – le animó ruidosamente Garp mientras le daba unas palmaditas a la espalda.

El payaso no se terminaba de armar de valor para contestarle a Garp, después de todo era su jefe, y el ser más fuerte en aquel recinto. Se puso rojo de la ira, tanto que no se podía diferenciar su nariz, y siguió corriendo junto al resto. Por suerte, el mapa de Buggy era correcto, y a la velocidad que iban, pronto llegarían a la salida. Mientras se dedicaban a sortear los obstáculos, véase los zombis, se encontraron de repente con el grupo de Robin, ya por fin habían vuelto a juntarse de nuevo.

– Eh, ¡chicos, chicos! – Gritaba Nami desde lo alto de la espalda de Sanji – ¡Estáis todos, me alegro tanto de volver a estar juntos! – dijo alegremente, mientras se ruborizaba, pues a pesar de todo, se fijaba en Luffy más que en ningún otro.

Lo mismo sucedía con Zoro y Robin. La sensación de la morena al ver a Zoro correr, aunque junto a Usopp, fue indescriptible. Estaba vivo, y frente a ella. Podía ver sus ojos parpadear, su pecho subir y bajar de la fuerte respiración, su cuerpo perlado en sudor. Rezumaba vida por todos sus poros a pesar de su estado, y esa era la bocanada de aire que Robin llevaba necesitando durante todo su tiempo, el poder verlo con sus propios ojos. Por supuesto, el sentimiento era recíproco, y Zoro sintió un gran alivio al ver a Robin ilesa ante él. Su ropa se encontraba a girones, su piel cubierta de polvo y sangre reseca, pero aún así se encontraba viva, esperando por él. El grupo se terminó de fusionar con evidente alegría, Franky acudió hacia Usopp y Chopper y los tres juntaron sus brazos a la par que gritaban "Suuuuper!", Sanji bajó a Nami, y acto seguido se puso a dar vueltas como un loco alrededor de las chicas, seguido de Brook que no hacía más que decir que quería ver bragas.

Luffy, en un gesto de total inocencia, se abalanzó sobre Nami, cubriéndola con sus brazos mientras reía de su característica manera. La pelirroja agradeció la calidez del chico, pero no se encontraba preparada para tanto contacto físico, así que de puro nerviosismo comenzó a separarse del moreno.

– Shishishi, me tenías preocupado, Nami – le dijo el chico mientras agarraba su sombrero – Pero estaba seguro que podrías defenderte, eres fuerte –

Aquella confianza tan directa que depositaba Luffy sobre ella la conmovió. Estaba dispuesto a defenderla con su vida si era necesario, pero no la trataba de manera inferior, como una inútil, sino alguien muy capaz de defenderse.

– Eres un… ¡baka! – le dijo Nami nerviosa, pero sonriente – me alegro de que estés bien… de que todos estéis bien –

Zoro y Robin se miraban sin atreverse a decir nada. ¿Cómo actuar en aquella situación? Sólo se les venía a la cabeza una manera, pero no se atrevían rodeados de tanta gente. Aún así, la intensidad de sus miradas era suficiente para hacerle saber al otro la tranquilidad y felicidad del nuevo encuentro. Pero algo hizo que desconectasen, de repente, Robin cayó al suelo completamente agotada, aún llevaba puesto aquel collar de kairouseki. Zoro se movió lo más rápido que pudo hacia ella, se separó bruscamente de Usopp y corrió para evitar que se golpeara. Su cuerpo lanzaba alaridos de dolor ante aquellos bruscos movimientos, pero mayor era el grito de su corazón al ver a una mujer como Robin tan vulnerable.

– ¡Luffy! ¡Ven aquí, trae la llave del collar, rápido! – le gritó Zoro mientras sujetaba el rostro de Robin con una de sus bastas manos.

Luffy y Nami se voltearon, contemplando la escena con preocupación. Rápidamente Luffy se soltó de la pelirroja y sacó la llave de uno de sus bolsillos mientras acudía hacia Robin. Nervioso, intentó introducirla en el agujero, hasta que por fin acertó. La giró con cuidado, y todos pudieron escuchar un clic, el sonido de la liberación de la arqueóloga. El collar era zafio, pesado, y cayó emitiendo un ruido grave y seco contra el suelo. Pasaban los segundos y Robin seguía sin abrir los ojos, semiinconsciente. La preocupación de todos aumentaba, mientras miraban expectantes su pálido rostro.

– ¡Necesitamos un médico, un médico! ¿Dónde hay un médico? – chilló Chopper nervioso al ver la estática figura de la morena.

– IDIOTA TÚ ERES EL MÉDICO – le gritó Sanji mientras le propinaba una patada – COMO LE PASE ALGO A ROBIN-CHWAN, TE MATO, ASÍ QUE VE A TRATARLA –

– ¿Eh? ES CIERTO, YO SOY UN MÉDICO – dijo sorprendido Chopper mientras se frotaba un gran chichón en la cabeza – Espera Robin, ahora mismo te ayudo –

El pequeño doctor corría hacia ella, cuando para sorpresa de todos, levantó levemente una mano. La morena abrió los ojos y miró a Chopper con ternura, a la vez que le dedicaba una sonrisa.

– No será necesario que me ayudes, me encuentro mucho mejor –

– Oi, mujer ¿Cómo te vas a encontrar mejor si te acabas de desmayar? – le dijo Zoro escéptico mientras fruncía su ceño.

– No me he desmayado, simplemente colapsé por el collar, pero ahora que ya no lo tengo me estoy recuperando rápidamente – dijo la chica mientras se volteaba para mirar directamente a Zoro – Luffy, gracias por coger esa llave por mí para salvarme –

– Shishishi, eso no ha sido nada, sólo he tenido que patearle el trasero a ese wani idiota –

– Chicos… todos… gracias, gracias de verdad – les decía Robin visiblemente emocionada – prometo que les contaré todo lo que sé una vez que estemos a salvo, gracias… gracias por confiar en mí –

Sus compañeros no dijeron nada, simplemente le sonrieron de manera confidente, porque eso era suficiente para que todos ellos se entendieran. Sintió unas manos levantarla, unas manos que se ceñían fuertemente a su cintura. Elevó sus ojos y pudo ver el rostro duro y serio del espadachín.

– No, Zoro, para – dijo la morena un tanto sorprendida mientras apretaba las manos alrededor, por detrás de su cuello – Mira cómo estás, no puedes ni sostenerte a tu mismo, bájame –

– Silencio, puedo con esto y más, ¿estás dudando de que pueda hacerlo? – le contestó Zoro cortante mientras le dedicaba una intensa mirada.

– Claro que no, ¿Es que quieres estar más cerca de mi? – le susurró Robin al oído mientras todos se ponía de camino a la salida.

– Sólo mantente en silencio, maldita mujer – le contestó un avergonzado Zoro, pues la morena había acertado de lleno en sus intenciones.

Luffy observaba aquello mientras corría. Su cara de bobalicón respecto a la situación llamó la atención de Nami, que preguntó sin saber dónde se estaba metiendo.

– ¿Qué te pasa, Luffy? –

– Yo también puedo cargarte como hace Zoro con Robin – le contestó el chico mientras enrollaba varias veces su brazo de goma en la cintura de la chica y la atraía hacia él.

– Ba-ba-ba-ba-BAKA, ¡puedo ir por mi misma! – le dijo apurada la pelirroja mientras hacía amago de soltarse, porque a decir verdad, le gustaba bastante aquello. Ya era capaz de caminar con libertad, pues esa técnica extraña que la asesina había utilizado, sin darse cuenta, había desaparecido.

– Vamos chicos, ¡la salida está cerca! Shishishishi – gritó Luffy mientras elevaba su brazo y apuntaba a la puerta que se encontraba al fondo del último pasillo que debía recorrer en aquel lugar.

Se encontraban exhaustos, pero sólo bastaba con un último empujón. Lograron cruzar la puerta, y de nuevo se encontraron en aquellos garajes, dispuestos a coger la furgoneta con la que llegaron al lugar, pero cuál fue su sorpresa, que cuando llegaron encontraron algo que les hizo alegrarse aún más. Allí se encontraba su tanque, alguien se había molestado en dejarlo allí para que pudieran montarse y partir al instante.

– Oh, veo que te encuentras bien pequeño – dijo Franky mientras se acercaba corriendo a él.

– Pero… ¿Cómo ha llegado sólo hasta aquí? – preguntó Nami mientras se paraba en los detalles de alrededor, llamándole la atención la gran cantidad de no muertos que allí se encontraban, pero con sus cabezas cortadas, aplastadas, en resumidas cuentas, derrotados – Tiene que ser obra de alguien –

– Oh… ya veo – le contestó Luffy quien para sorpresa de todos, parecía entender perfectamente la situación – es un tanque misterioso –

No pudieron evitar caer al suelo ante aquella afirmación. Demasiado bonito que Luffy lo entendiese todo.

– Baka, ha debido ser alguien – le dijo Usopp – Seguro que alguno de mis 100.000 soldados –

– ¿¡100.000!? SUKEEE – gritaron al unísono Luffy y Chopper mientras comenzaban a girar alrededor de Usopp, adorándolo.

– Ya estamos de nuevo… – dijo Nami con voz quejumbrosa mientras botaba, pues aún estaba cogida por Luffy.

Repentinamente, la escotilla del tanque se abrió, y dejó a la vista de todos una nueva figura, conocida para algunos, pero no tanto para otros.

– Mugiwara-ya, no es tiempo de estar tan tranquilos – dijo la figura mientras salía del agujero y se lanzaba hacia el suelo, frente al grupo.

– Chico-trafal, ¡qué sorpresa verte de nuevo! Shishishi – dijo Luffy mientras paraba de dar vueltas y acudía hacia él – me has ayudado otra vez, gracias de nuevo –

– Ya tendremos tiempo para eso en la base, el resto de mi escuadrón se ha encargado de limpiar el camino, si no salimos ya hacia la base, todo nuestro trabajo habrá sido en vano – le dijo mientras se subía de nuevo al tanque, para ir con el grupo de Luffy.

– Ya lo sabéis, ¡directos a la base chicos! – zanjó el sombrero de paja mientras seguía los pasos de Law, todavía con Nami cargada.

Todos sus compañeros asintieron y los imitaron. Además de los mugiwaras, Bon-chan y Law, también subió Garp al tanque, quien comenzó a hablar con Chopper, Usopp y Nami de todo lo ocurrido desde que se encontraron todos en la plaza Marineford, incluso Nami comentó de manera superficial lo que habían planeado antes y sus movimientos, para que el general se hiciera a la idea de lo que tratarían con más profundidad. Los últimos en entrar fueron Zoro y Robin. Chopper en cuanto le vio, acudió a ayudarle, pero Robin le persuadió de que se quedara explicándole al general, que ella sería suficiente para unos primeros auxilios. A pesar de ser nueva en el tanque, fue capaz de encontrar todos los utensilios para la cura, y tumbó a Zoro en la cama donde antes ya había estado, aunque de eso ella no era consciente.

Empezó por retirarle los restos de topa de su torso, en silencio, pues además de que aún se encontraba preocupada, no sabía muy bien qué decir ante aquello, tenía demasiadas cosas de las que hablar tanto con él como con todos, pero las palabras simplemente no venían a sus labios. Zoro por su parte, la miraba con seriedad, imitando su silencio. Cuando el torso del espadachín se encontró despejado, la chica comenzó a limpiarlo con una toalla empapada, pues se encontraba cubierto de suciedad y sangre reseca, que entorpecía la cura. Por suerte, las heridas habían dejado de sangrar, y eso le permitió ver que no habían sido tan aparatosas como en un principio parecía, aunque sí era cierto que iba a necesitar una trasfusión y algo más que un par de puntos. Ahora era el turno del agua oxigenada para hacer su efecto. Robin no era simplemente una arqueóloga, poseía algunos conocimientos de primeros auxilios, y sabía que por la naturaleza de las heridas y cómo habían sido hechas, el agua oxigenada era mejor para combatir a las bacterias que podían haber penetrado en el cuerpo de Zoro. Los cortes burbujeaban y soltaban espuma, lo que era símbolo de que todo estaba sucediendo como debía suceder.

– Lo siento de nuevo – dijo Robin sin previo aviso, mientras seguía con su tarea.

– ¿Y ahora cuál es el motivo? – le preguntó irritado Zoro, pues no soportaba ver a una mujer de semejante porte y temple así de embajonada e indefensa.

– Todo es el motivo – continuó apagadamente mientras terminaba de limpiar las heridas de sus brazos y comenzaba a vendarlas – No debí ir contigo, no sé por qué cedí la segunda vez –

– ¿Tú no eras la que creía en el destino? Seguro que fue ese destino el que hizo que nos encontráramos esa segunda vez – intentó decirle Zoro en un tono amable, pero casi sin poder controlarlo, le quedó un poco rudo.

– Al menos debería haber sido sincera con vosotros, que me acogisteis sin problemas – le contestó fruñendo su centro y elevando su rostro, mirando directamente a los ojos del espadachín – Nunca pensé que pudieran encontrarme en esta situación, y por supuesto nunca pensé que tuvieran alguna relación con los zombis… –

– ¿Por qué te complicas tanto? Ya estamos juntos de nuevo, iremos a esa base, y simplemente nos organizaremos para patearles el trasero – le interrumpió Zoro mientras se levantaba de la cama, quedando sentaba en ella.

– Eso… significa que confías en mi, ¿Zoro? – le preguntó una intimidada Robin, que esperaba con ansias la respuesta a su pregunta.

– Eres más lista que yo, así que seguro que ya sabes la respuesta – le dijo Zoro con una media sonrisa mientras se terminaba de levantar, y acudía a comer algo de lo que Sanji estaba preparando.

Definitivamente eso significaba un sí, y el alivio que sintió Robin llegó hasta todas las células de su cuerpo. Finalmente podía sentirse tranquila, al menos por el momento. El camino hacia la base duró varias horas, aunque para los integrantes del grupo pasaron como si fueran minutos, pues se montaron su propia fiesta personal. Una vez terminaron de hablar, Chopper y Law, que también era médico, curaron a todos los integrantes, todo lo que podían vistas las limitaciones de material. Sanji preparó una abundante comida, y todos la devoraron con ansias. Eso dio pie a que Luffy, Usopp y Franky se subieran a la mesa y comenzaran a bailar característicamente, metiéndose los palillos en la nariz, gesto con el que todos rieron fuertemente. Chopper terminó imitándolos también, incluso el general Garp, que cuando se bajó del tanque, aun llevaba los palillos, por lo que sus órdenes perdían un poco de credibilidad.

Avisados por radio, un reducido grupo les dio la bienvenida, y por órdenes los ubicaron en distintas habitaciones. Sanji, Zoro y Brook fueron alojados junto a los chicos, y a Robin y Nami les proporcionaron una habitación en el sector femenino. No tenía grandes lujos, pero al menos el mobiliario era completo.

– Garp-san dice que podéis recorrer la base con libertad, y si gustáis, tenemos unos baños termales que lograrán relajaros después de tanto estrés – dijo de la nada una joven que había aparecido en la puerta de la habitación de las chicas, llevando un carrito que dejó en el interior de la habitación, donde había varios uniformes y toallas para las chicas.

– Gracias, nos será de gran ayuda – agradeció Robin mientras la chica se retiraba y cerraba la puerta.

– Nos merecíamos este descanso, después de todo lo que ha ocurrido – dijo Nami mientras comenzaba a desnudarse.

– Nami, se lo comenté a Zoro antes, y también a vosotros, pero de nuevo, gracias – le contestó Robin mientras buscaba en el carrito qué ponerse y unas toallas.

– Y te vuelvo a contestar lo mismo, ¿No eres nuestra nakama? No tienes nada que agradecer – le contestaba la desnuda pelirroja mientras coqueta le sacaba la lengua.

Decidiendo hacer caso a la invitación de Garp, las chicas salieron de su habitación para dirigirse a los baños termales. Robin aún llevaba la cochambrosa ropa, pero Nami simplemente vestía una de esas cortísimas toallas. No es que fuera muy ancha tampoco, y la llevaba tan apretada que elevaba hasta casi su barbilla sus generosos pechos. Su larga melena pelirroja la había recogido en un moño alto, improvisado. Cuando llegaron a los baños, se sorprendieron de la belleza de ese lugar.

Una gran puerta de madera daba paso a un hermoso vestuario, de clara madera cuidada. En el centro de la gran sala, había una gran especie de armario, con una gran cantidad de taquillas para guardar las ropas y toallas. Unos bancos se encontraban frente a él, y pegadas en las paredes, varias duchas dispuestas en fila india, separadas por mamparas de cristal opaco, para dar intimidad. Los adornos eran típicos japoneses, plantas de bambú, lámparas japonesas y cuadros de motivos naturales que en conjunto transmitían una sensación de paz y tranquilidad.

Las chicas, sorprendidas, entraron hasta las taquillas. Nami se sentó despreocupada cruzando sus piernas, mientras esperaba a que Robin se cambiase. Comenzó a quitarse los zapatos, y acto seguido sus pantalones y camiseta, hasta quedar en ropa interior.

– Ne… Robin, ¿te falta mucho? – preguntó Nami impaciente, mientras se miraba las uñas de sus pies.

– ¡MAAAAAAAAALDITO! EL GRAN USSOP-SAMA TE DARÁ TU MERECIDO WAHAHAHAHA, SUUUUPER ULTRA BAZOOKA DE AGUA –

– Shishishishishi, GOMU GOMU NO… MIZU FUUUSEN –

– No me digas que… – preguntó retóricamente Nami mientras torcía su rostro – no puede ser, no, no pienso compartir baño con esa gente, NO – continuó Nami mientras se levantaba y caminaba hacia las puertas correderas que daban a los baños termales.

Robin rió ante aquello levemente. Con ellos no se podía tener un momento de tranquilidad, pero todo alrededor era felicidad y confianza. Nami se le había adelantado, por lo que la morena volvió a sus quehaceres. Extendió su toalla y la colgó, para justo después comenzar a desabrochar su sujetador, el cual dejó caer al suelo. Sus pechos se encontraban ahora libres y dispuestos a ser envueltos por la toalla, al igual que había hecho Nami, aunque algo se interpuso en su proceso.

Frente a ella, y sin previo aviso, se encontraba Zoro. ¿Qué hacía él ahí, en el vestuario de las chicas? Y ella, semidesnuda. En un acto reflejo, se giró y cruzó sus brazos alrededor de sus pechos, impidiendo que el espadachín pudiera mirar esa desnuda parte de su anatomía. En realidad, sonaba un poco absurdo, pues no era ni la primera ni la segunda vez que Zoro veía a Robin así, pero el hecho de haber sido tan repentino, la había hecho reaccionar de esa manera tan vergonzosa.

– Oi, yo, oye, ejem, ¿Se puede saber qué haces aquí? – le preguntó el espadachín, que si podía ser, lucía casi más desnudo que Robin. Sobre su cuerpo, bueno, sobre sus partes más nobles, lucía una corta toalla blanca, que le quedaba demasiado bien.

– Zoro, te has vuelto a perder – le contestó Robin que ya al control de la situación, se volvió a girar sobre sí misma para poder mirarle directamente a los ojos.

– ¿ah? – exclamó escuetamente el peliverde mientras se llevaba un dedo a su cabeza, para rascársela.

– Hay dos vestuarios – comenzó a decirle la morena, mientras caminaba hacia él cubriendo aún sus pechos con sus manos y brazos – uno de chicas, y otro de chicos, y tú has entrado en el primero, te has vuelto a equivocar – terminó de decirle mientras se paraba muy cerca de él.

– ¿Cómo? Yo… no me he perdido, yo sé muy bien cómo orientarme – le contestó enfrentándose directamente a ella, retándola.

– Vaya… entonces eso quiere decir que sabías muy bien hacia dónde te dirigías desde el principio, ¿no es así? – le preguntó sensualmente mientras se acercaba más a su rostro, provocándole como sólo ella sabía hacer con sus palabras.

De nuevo lo había acorralado con su picaresca y verborrea. Si admitía que se había perdido, quedaría como un idiota, y si mentía diciendo que sabía muy bien a dónde iba, quedaría como cierto ero-cook.

– Digamos que sabía hacia dónde dirigirme, pero decidí dar un rodeo… un paseo, y claro, no conozco el lugar, y por eso… me perdí, como te puede pasar a ti – le contestó el chico sin tener que admitir abiertamente que se había perdido como era habitual en él, y sin tener que admitir tampoco que aquel había sido un muy buen error, que le permitía una muy buena vista.

– Pero… si te has perdido, eso quiere decir que este no es el lugar donde tendrías que estar, ¿Por qué sigues aquí? – le preguntó de nuevo mientras introducía los dedos en su toalla, aflojándola.

– Parece que tú no estás muy disgustada por ello, ¿o me equivoco? – le preguntó esta vez el peliverde, compitiendo por llevar el control de la conversación.

Robin sonrió levemente ante aquello, el espadachín era un hueso duro de roer, y sobre todo una fiera difícil de dominar, así que decidió no retarlo más, para pasar a las acciones. Sus dedos aflojaron tanto la toalla, que hicieron que cayera al suelo, dejando al desnudo al espadachín. Su cuerpo ya se encontraba completamente curado, Chopper acababa de coser sus heridas minutos antes, y de hacerle una transfusión. Cualquier otro habría tenido que reposar días completos, pero si hablamos de resistencia, para Zoro eso no era nada. La lasciva mirada de la chica caía en cierta zona del espadachín. Se terminó de acercar a él, descruzando sus brazos, pegando sus pechos por completo al pecho del chico. Sus alientos se mezclaban, y sus miradas se fundían. Robin deslizó su mano por el pecho del peliverde, rozándolo tibiamente con sus dedos, deslizándose hacia la parte inferior, donde terminó por agarrar su creciente miembro.

De nuevo comenzaban a fundirse, de nuevo comenzaban a formar un solo cuerpo. Se necesitaban, y sin saber cómo, se terminaban encontrando sin importar el lugar. La mano de Robin comenzó a frotar el miembro de Zoro. Primero sus dedos se deslizaron por el glande, para ir bajando juguetonamente y finalmente cerrarse alrededor de toda la inmensidad del peliverde. La excitación recorría cada milímetro de piel del chico, que dejando salir su lado más salvaje, apretó contra sí la cintura de la chica, acercándola. En cuanto sus rostros estuvieron casi pegados, el espadachín lascivamente agarró entre sus dientes el labio inferior de la arqueóloga, lo que hizo que emitiese un dulce gemido a sus oídos. Al no haberse esperado aquello, Robin bajó la guardia, parando sus quehaceres, y ese momento fue aprovechado por el espadachín para comenzar a manejar la situación. Soltó su labio, y bruscamente la giró, pegando su espalda a su musculado pecho. Sus manos fueron directamente a los dúctiles pechos de la chica, los cuales amasó y recorrió, para acabar estimulando los pezones con sus dedos. El placer la hizo arquearse y estremecerse, lo que la terminó por adaptar completamente al cuerpo del chico. Se encontraba completamente dominada y sumisa, entregada de manera obediente a él, que seguía estimulándola. Esta vez, bajó su mano izquierda por su vientre, para terminar introduciéndola en el interior de su ropa interior. Se encontraba humedecida, y cuando sus dedos entraron en contacto con el sexo de la morena, se impregnaron abundantemente de los jugos. Frotó los dedos primero lentamente sobre el clítoris, para poco a poco ir aumentando el ritmo. El placer invadía el cuerpo de Robin cada vez más, y esta vez la hizo inclinarse hacia delante, para apoyarse de rodillas en uno de los bancos. Llevó sus manos al cuello de su amante, y éste en un fiero ataque, se lanzó sobre su cuello, el cual comenzó a morder y succionar. Los movimientos de ambos eran cada vez más lascivos y violentos. La mano de Zoro se movía de manera rápida, frotando toda la superficie del mojado sexo de Robin, introduciendo los dedos en el interior, haciéndola gozar. Se encontraba tan excitada por la situación que sentía que podría tener un orgasmo en cualquier momento. El espadachín logró notarlo, y por ello comenzó a estimularla aún más. Paró de morderla para comenzar a lamer su cuello, dejando un húmedo rastro de saliva a su paso, introdujo aún más sus dedos en el interior de la chica, y apretó su prominente miembro de manera dura contra el trasero de la fémina. Estaba segura que en pocos segundos terminaría por eyacular sobre la mano del peliverde, dejándola gotear de su propio líquido.

− ¡Kyaaa! ¡ROBIN AYÚDAME! −

− Na-¿Naami? – Dijo fogosamente la arqueóloga mientras apreciaba la figura desnuda de Nami tras las puertas correderas, intentando abrir la puerta que aparentemente se encontraba bloqueada.

Ambos se tensaron, estaban a punto de ser descubiertos en esa más que comprometida postura, y Robin, al borde del éxtasis. Zoro, aceleró aun más el movimiento de sus dedos, y terminó por producir que Robin se viniera. Ella sacudió su cuerpo ante aquel espasmo, y se terminó de dejar de caer sobre el banco. El espadachín sostuvo su cuerpo, y lo giró para que ella pudiera quedar frente a él, la miró directamente a los ojos, y se lanzó sobre sus labios, los cuales devoró. Se besaron con una intensidad desmedida, para que finalmente Robin lo separase ante la inquietud de la situación.

− Zoro, Nami está ahí, va a descubrirnos así, en esta postura – le dijo aun fogosa y apresurada.

− ¿Ya no me llamas kenshi-san? ¿Eso significa algo? – le preguntó Zoro mientras le apretaba más fuerte de la cintura.

− Ya no tengo motivos para llamarte kenshi-san, Zoro – le contestó con fuerza Robin, besándole ella esta vez – vamos, tienes que salir de aquí, los chicos tienen que estar echándote de menos −

Asintiendo con la cabeza, Zoro la soltó, le dedicó una última mirada, saliendo a paso apresurado por la puerta. Robin intentó serenarse, estaba sudorosa, sus mejillas encendidas, y su pecho subía y bajaba alterado.

− Robin, ¿Por qué no me has ayudado? – Le preguntó Nami mientras terminaba de desencajar la puerta, cayendo desnuda al suelo – Auch, duele −

− Perdona Nami, me estaba cambiando y no te había escuchado – le contestó la arqueóloga mientras se quitaba apresurada su mojada ropa interior, se peinaba un poco y se colocaba la toalla.

− Ya… claro… pues, tardas mucho en quitarte unas braguitas – le dijo Nami escéptica mientras se levantaba – Vamos, ayúdame, Sanji-kun está intentando saltarse el muro, y quiero que le des un buen merecido con tu habilidad −

− Como desees −

Zoro esta vez sí había entrado por el lado adecuado. La puerta corredera que daba a los baños se encontraba abierta en el vestuario de los chicos, y pudo ver cómo se estaban entreteniendo. Un alarido ensordecedor le alarmó, y pudo ver caer a Sanji, que había escalado el muro, chillando de dolor, un dolor producido por un par de manos que se estaban encargando de apretar sus testículos.

Esta… mujer, ¿cómo de macabra puede llegar a ser? – Se preguntó a sí mismo, aun sorprendido de esa actitud.

Se dispuso a pasar a los baños, cuando se percató de que se encontraba desnudo, y con una imparable erección que le dolía sólo con caminar. Se agarró su miembro, y lo miró con impotencia, pues no sabía qué hacer para bajar aquello, y estaba seguro que la constante imagen de Robin excitada en su cabeza no iba a mejorar la situación.

− Oiiiiiiii, Zoro, ven a jugar con nosotros – le dijo Luffy al peliverde cuando se percató de su presencia.

Mierda, ya se han dado cuenta, ¿Qué hago? No puedo entrar ahí con semejante bulto, se van a pensar cosas que no son verdad

− Venga Zoro, Usopp va a preparar un trampolín para poder tirarnos de él – le dijo Chopper mientras caminaba hacia él − ¿te sucede algo? –

Zoro se había sentado alterado, con las manos entre sus piernas, no podía dejar que vieran aquello.

− Oi, marimo, ¿Qué haces? ¿Y esa postura? – le preguntó un recompuesto Sanji, intrigado por la situación.

− Eh… nada, eeejjm – carraspeó fuertemente − ¿Por qué tendría que pasarme algo? –

− No… no puede ser, ERES ASQUEROSO – le gritó Sanji cuando se percató de qué sucedía, pues aunque Zoro se empeñase en tapar aquello, sus manos no eran suficientes para poder esconder tamaña erección.

− Shishishi, oi Zoro, a mi me pasa a veces, sobre todo ahora cuando veo a Nami− dijo Luffy que se había sentado en una piedra y había comenzado a chapotear con sus pies en el agua.

− TÚ LO ESTÁS ARREGLANDO SABES – le gritó el cocinero a Luffy, tirándole una zapatilla a la cabeza.

− No me duele, soy de goma – le dijo bobaliconamente Luffy mientras comenzaba a tirarse de las mejillas.

− YA LO SÉ IDIOTA – volvió a gritarle Sanji, mientras se giraba hacia Zoro para gritarle a él a continuación – Y TÚ HAZ ALGO CON ESO, QUE ME ESTOY PONIENDO ENFERMO –

Aquello era lo que necesitaba Zoro para bajar su hinchazón, un loco, pesado y sobre todo hombretón Sanji, que le hiciera sentir todo lo contrario que le hacía sentir Robin.

− Oi ero-cook, ¿Ya estás contento? – Le preguntó el peliverde mientras se alzaba y le mostraba su miembro en un estado de mínimo esplendor – esto es lo que tú me produces – continuó mientras tomaba una toalla, se la amarraba a la cintura, y caminaba hasta meterse en las calientes aguas.

− kuso marimo – murmuró Sanji entre dientes, en realidad enfadado no porque uno de ellos le hubiera producido a Zoro una erección, sino una de sus señoritas.

− ¿Queréis ver cómo llueve? Shishishi – comentó Luffy tras la llegada de Zoro – Gomu gomu no… gatling gun! – Comenzó a atacar con sus infinitos puños al agua, dando con tanta fuerza que el líquido comenzó a elevarse y a caer como si fuera lluvia – Superad eso, shishishi –

Claro que el agua no sólo le cayó a ellos, sino también a las chicas, que se encontraban charlando plácidamente en aquel momento.

− SERÉIS IDIOTAS, YA ME HABÍA LAVADO EL PELO Y SE ESTABA SECANDO, OS VOY A MATAR – chilló como una fiera Nami, sacándose su Clima tact de la nada – Thunder bolt tempo!

Gracias a la humedad de la zona, los rayos calaron hondo sobre todos los chicos, excepto Luffy, que por su propia naturaleza era inmune a ellos.

− Con eso aprenderán a respetar nuestra tranquilidad – le dijo Nami a Robin mientras se relajaba de nuevo en el agua.

− Oi Nami, ¿Por qué has hecho eso? Ahora no puedo jugar, y además me ha entrado hambre al oler a carne cocinada – dijo de repente Luffy, que se había asomado por el muro, y tenía toda la intención de instalarse con las chicas.

− ¿PERO QUÉ HACES TÚ AQUÍ IDIOTA? ¿Y CÓMO TE VA A ENTRAR HAMBRE OLIENDO LA CHAMUSQUINA DE TUS COMPAÑEROS? – volvió a gritar Nami, que parece que sin ser muy consciente de su desnudez, comenzó a estrangular, aunque sin éxito, el cuello del chico de goma.

− Suuuke Nami, parecen dos flanes moviéndose, ¿Puedo chupar? – le dijo Luffy sin reparar en su enfado, mirando directamente el contoneo hipnótico de sus pechos.

− ¿Tú eres idiota? ¿También eres un hentai como el resto? – Le preguntó Nami, aunque ya sabía que eso no era así, y era precisamente la inocencia de Luffy lo que la ponía tan nerviosa – Claro que no puedes chupar –

− ¿No se pueden comer? ¿Tampoco lamer? – Preguntó incrédulo Luffy, que seguía mirando cómo iban de arriba abajo – Tienen buena pinta, parecen blanditos también –

− Sí se pueden comer, y sobre todo lamer, ¿es que no sabes eso? – siguió Nami cayendo en la inocencia de Luffy – P-p-p-p-ero qué he dicho… ¡mira lo que me haces decir! –

− Shishishi, venga Nami un poquito sólo, un pequeño lametón shishishi –

Robin miraba la escena entre leves pícaras sonrisas, mientras se enjabonaba el cabello y el cuerpo. Le hacía gracia ver a Nami tan apurada ante tal situación, una chica con semejante carácter como el suyo, reducida a la inocencia del capitán. Estaba claro que se debía a algo que sentía por él, y la hacía comportarse de manera torpe e infantil. Se levantó para dejar algo de intimidad a la pareja, y se dirigió hacia un chorro de agua cercano a la puerta corredera, para quitarse el jabón.

El sonido de la puerta al ser golpeada llamó la atención de todos los que se encontraban en los dos baños. A continuación, entraron por la puerta una serie de agentes que se situaron uno junto al otro y les comentaron a los mugiwara.

− Por órdenes del general Garp, están obligados a asistir a una reunión de máxima importancia que se celebrará en la sala de juntas a las 20 horas – dijo uno de ellos en cada sitio, para alertar a ambos vestuarios – Con permiso –

Casi igual que entraron salieron, simplemente se limitaron a transmitir la orden.

− Vaya, qué simpáticos… y escuetos – dijo Nami parando de estrangularle el cuello a Luffy – un momento, han entrado porque sí, ¿Y me han visto así? SERÁN DESGRACIADOS – vociferó mientras sus ojos se volvían fuego – Vamos, todo el mundo a arreglarse – les gritó a los chicos al otro lado del muro – Yo también tengo unas cuantas de cosas que decirle a ese viejo –

Viendo su acción y diversión interrumpida, todos los sombrero de paja salieron del agua y acudieron hasta los vestuarios. Luffy desistió de su idea de comer y lamer los flanes de Nami, y saltó de nuevo el muro para reunirse con sus compañeros. Se cambiaron sus toallas mojadas por otras secas, y salieron del vestuario en dirección a los dormitorios, donde se encontraban sus mudas. Como era de esperar, chicos y chicas coincidieron a la salida del lugar y de nuevo se levantó el revuelo.

− NAMI-SWAAAAN, ROBIN-CHWAAAAN, vuestros cuerpos son demasiado maravillosos para que una tosca tela como esa los rocen, permitidme una pequeña ayuda – dijo lascivamente el cocinero mientras corría hacia ellas con intenciones de quitarles las toallas.

− Estoy cansado de escuchar estas cosas de ti – dijo Zoro mientras se interponía entre ellos, y ponía el pie para que Sanji se tropezara.

El rubio cayó de bruces al suelo, estampando su rostro en toda su superficie. Durante unos segundos, mantuvo esa postura, asimilando y sopesando lo ocurrido, y cómo debería cocinar a Zoro, si frito, en barbacoa o lentamente al horno.

− MARIMO DESGRACIADO, te voy a matar, y después te voy a cortar con tus propias espadas y hacer tu carne lentamente para que se la coman los perros, o mejor los zombis – le gritó mientras se abalanzaba hacia él con su pierna levantada y en llamas.

− Aquí el único que va a alimentar a esos seres eres tú, cocinero pervertido hemorragia nasal ceja rizada – le contestó alterado el espadachín mientras apretaba sus puños.

− BASTA BASTA BASTA , NO LO SOPORTO MÁS – chilló Nami que se interpuso entre los dos golpeando a cada uno en la mejilla, mandándolos a volar, a Sanji hacia los chicos y a Zoro hacia Robin – dejad de comportaros como críos, la situación es seria –

La nariz de Zoro sangraba debido al golpe. Brillantes gotas escarlatas escurrían de los orificios para salpicar el pecho húmedo del espadachín, deslizándose hacia abajo a su paso. Robin las miraba caer y serpentear, de manera hipnótica. Se agachó hacia Zoro, y deslizó sus dedos por ellas, impregnándolos de aquel rojo, para justo después llevárselos a sus labios, degustando el fuerte sabor a hierro y sal del espadachín. A Zoro se le erizó la espalda ante aquello, deseando empotrarla contra la pared allí mismo para poder dar salida a esa lívido que tenía acumulada.

− Tengo ganas de llevarme algo húmedo a la boca, pero espero que la próxima vez no sea sangre – le susurró Robin mientras cogía un pico de la toalla, y lo acercaba a la nariz de Zoro.

Para dejar a la vista ese pico, la chica tuvo que quitarse parcialmente la toalla, por lo que dejó a la vista exclusiva de Zoro, parte de su cuerpo mientras le quitaba la sangre. Uno de sus pechos se liberó, dejando a la vista la visible excitación de Robin. Los restos de agua y el sudor debido a las altas temperaturas del baño, perlaban su cuerpo, haciéndolo brillar de las incontables gotas. Robin, percatada de que Zoro se había exaltado ante aquel gesto, arriesgado y subido de tono, decidió torturarlo más, a la vez que excitarse ella, y por ello, abrió levemente sus piernas, haciendo visible su sexo. Se encontraba húmedo, pequeñas gotas de líquido caían, deslizándose entre las curvas y recovecos de sus genitales, produciendo la misma sensación en aquel que la observaba.

− Vamos Robin, dejemos a estos idiotas, si seguimos así llegaremos tarde – le dijo Nami a la morena mientras apoyaba la mano en su hombro, afortunadamente mirando para otro sitio.

Zoro y Robin se tensaron y rápidamente volvieron a sus posiciones normales. Robin se tapó y se alzó, asintiendo a lo anterior, y ambas partieron hacia sus dormitorios, al igual que hicieron los chicos, hacia los suyos.

Garp esperaba en la amplia sala, sentado en el sillón principal al frente de una gran mesa redonda. A su lado izquierdo, se encontraba Buggy y el resto de su escuadrón, a la derecha Bon-chan y más alejado, Law, todos esperando a que Luffy y el resto llegaran. Como era de esperar, los chicos llegaron primero, e irrumpieron sonoramente en la sala. Luffy por poco cae la puerta, Franky por poco destroza el marco debido a su tamaño y Chopper y Usopp comenzaron a saltar en la mesa.

− TODOS QUIETOS, SENTAOS – gritó el general dando un golpe con el puño en la mesa.

Todos aterrados, con sus caras blancas de pánico, muy obedientemente realizaron la labor, y se sentaron callados y pacientes a que llegaran las chicas. No tardaron mucho, y cuando irrumpieron se sorprendieron del orden y tranquilidad en la sala.

− Sois las últimas, tomad asiento, vamos a comenzar – les dijo el general mientras les lanzaba unos informes, donde se detallaba lo sabido por él hasta el momento – El informe es breve, espero poder añadir información a él después de esta reunión – comenzó a relatar el viejo – primero me gustaría escuchar vuestra historia detallada, señorita – le preguntó directamente a Nami.

− Sí, claro. Pues verá, nosotros cuatro nos conocemos desde siempre, y nos encontramos de nuevo debido a que volvimos a nuestras casas de origen. Robin vino con Zoro, así que esa historia es mejor que la cuenten ellos – comenzó a relatar brevemente Nami – después de eso, nos preparamos y aprovisionamos en la casa de los padres de Zoro, y decidimos pasar allí la noche. Al día siguiente, viendo las noticias, decidimos acudir a la plaza Marineford para buscar información sobre el refugio antizombis donde se encuentran nuestros familiares, que por cierto, nos dejaron esto – continuó la chica mientras le entregaba el pase que encontraron en sus casas – cuando llegamos, entramos en el interior, no había nadie, y comenzamos a buscar la información, cuando irrumpió ese grupo que se llevó a Robin y destruyó la información que buscábamos. Después llegó Luffy y el resto, y lo demás ya lo sabemos todos – terminó Nami.

− Así que esa es vuestra historia… − sopesó Garp mientras cruzaba sus brazos – y bien, ¿vosotros de qué os conocéis? – preguntó hacia Zoro y Robin.

− Pues… de nada en realidad – dijo primeramente Zoro, mientras lanzaba una leve mirada a su compañera – fue una casualidad –

− Así es – continuó la morena mientras apoyaba los brazos en la mesa, con el rostro sereno – ese día yo tenía una charla en la facultad, y él fue uno de los asistentes. Un camión empotró contra la pared y los escombros cayeron sobre mí, y finalmente fui salvada por Zoro. No tenía a dónde ir, así que decidí ir con él – concluyó la chica.

− Más casualidades, por lo que veo – comentó el general mientras apuntaba los detalles – pero se van a acabar a partir de ahora, pues todo empieza a cuadrar a raíz del escuadrón de Crocodile.

− Viejo… esto es aburrido, y no entiendo nada – bufó un alicaído Luffy, que se aburría con todo aquello.

− Es tu deber atender, así que mantente firme, o te tendré que dar uno de mis puños de amor – le dijo serena, pero duramente Garp a su nieto.

− E-e-e-e-entendido –

− Nico robin – susurró repentinamente el general – Era consciente de tu existencia… lo siento –

Todos se extrañaron ante aquello, Robin la que más, pues no entendían nada de aquella frase.

− Disculpe general Garp, pero no entiendo a dónde quiere llegar – le dijo amable y educadamente Robin, sin mover un músculo de su sitio.

− Verás, como general, estaba al tanto de todo lo que hacía el gobierno, y más de Crocodile, que además de ser ministro de defensa, presentaba un cargo importante en el ejército. Era consciente de que uno de los planes especiales que ejecutaban era el de acoger a niños huérfanos y entrenarlos de manera magnífica desde pequeños para ser armas y gente de fiar para el gobierno, y nunca hice nada para evitar ese sufrimiento, nunca me revelé para cambiar eso – continuó el general disculpándose con la chica – conocía a tu madre, Olvia, y me sorprendió su accidente, pero más me sorprendí de saber que tenía una hija y de que formaba parte de ese plan. Por respeto a ella debí haberte sacado de ese infierno, perdóname, de verdad –

− Garp-san… usted, ¿sabía algo más de la muerte de mi madre? – le preguntó Robin, recordando que en realidad no había sido un accidente, sino un asesinato.

− ¿Qué quieres decir? Accedí al informe oficial y detalla la muerte por derrumbamiento, eso es lo que pasó – le dijo el abuelo de Luffy, empezando a molestarse, ya que se estaba dando cuenta de que posiblemente habían sido engañados en el ejército.

− Cuando estuve secuestrada con Crocodile, me contó que eso no fue así – le dijo Robin alicaída, pero intentando mantener la compostura – mi madre en realidad fue asesinada porque se negaba a leer los phoneglyphs que hablaban de la historia sobre los eklere y la sustancia que era capaz de resucitas a los muertos, mache anko – continuó Robin, mientras apretaba sus dientes y sus ojos se volvían vidriosos – la mató porque quería jugar con mi inocencia, porque sabía que yo también podía leerlos, pero al ser una niña podría manejarme fácilmente, y en parte tuvo razón, es por mi culpa que esos seres deambulen por todo el mundo, yo le leí cómo hacerlo, yo le conté lo que ponía en el phoneglyph que encontramos hace unos años en Haití, lo siento, no… no debería estar aquí, y tener compañeros como vosotros, soy… poco menos que un demonio que ha condenado a la humanidad a este sufrimiento – decía mientras las lágrimas finalmente brotaban de sus ojos – Garp-san, no se disculpe de algo que usted no sabía, que yo ni siquiera sabía, hasta hoy mismo –

− ¿POR QUÉ TE ECHAS LA CULPA DE ALGO QUE NO SABÍAS? – gritó Luffy mientras golpeaba la mesa y se levantaba – Robin, ¡tú eres fuerte! Tú sabes que eso no es verdad, ¿Por qué te empeñas en cargar eso tú sola? ¡TIENES NAKAMAS QUE TE APOYAN Y CON LOS QUE NO TIENES QUE EXCUSARTE! ¡TIENES NAKAMAS QUE TE ENTIENDEN, Y ESTÁN JUNTO A TI! DEJA DE SER TAN EGOÍSTA, TÚ SOLA NO TIENES POR QUÉ CARGAR CON NINGÚN PESO – terminó de gritarle, casi sin respiración, con su pecho subiendo y bajando fuertemente.

− Lu…Luffy – sollozó la chica fuertemente.

− Ha sido rudo, pero es cierto, Robin – añadió Nami – ese desgraciado de Crocodile te engañó siendo una niña, no te culpes más por eso, además nos tienes con nosotros para ayudarte a cargar con lo que haga falta – continuó la pelirroja mientras sujetaba su mano.

− Cuenta con nosotros Robin-chwan – dijo Sanji mientras el resto lo respaldaba.

Zoro no añadió nada, simplemente se levantó de su sitio, firme, y con el rostro duro y el ceño fruncido. Atravesó en silencio la sala, ante la mirada expectante de todos, en especial de Robin, y se paró justo en frente de ella. Llevó su mano hacia Wado Ichimonji, y la deslizó al completo, ofreciéndosela a Robin.

− Mi espada siempre te protegerá, está preparada para cortar cualquier miedo – dijo de manera suave para ser alguien tan duro.

− Zoro… − dijo levemente Robin, con la voz temblorosa, mientras rozaba con sus dedos la vaina – chicos… gracias… gracias por demostrarme esto de nuevo, gracias por tratarme así – sollozó la chica mientras Nami comenzaba a abrazarla con fuerza.

− Sé que es un momento emotivo, pero necesitamos proseguir, luego podréis disfrutar todo lo que queráis – interrumpió Garp el momento – esta información que nos acabas de hacer llegar es muy importante, así que resumiendo lo que sabemos, por ahora Crocodile es quien dirigía al escuadrón de Mr. One, y su misión era la de culparme de todo esto y a su vez la de borrar toda la información –

− No sólo eso – le interrumpió Robin, más segura de sí misma – el verdadero artífice de todo esto es… DONQUIJOTE DOFLAMINGO –

− Parece ser que… nuestras sospechas eran ciertas – dijo con resignación Garp, dirigiéndose a Bon-chan.

− Yo lo sabía… pero mi situación de espía era delicada, y si daba un paso en falso Crocodile-chan me hubiera convertido en arena reseca – comentó alicaído e impotente Bon-chan.

− Lo es, lo descubrí en los papeles de Crocodile, él maneja a todos, a Crocodile incluido a través de Spandam y el CP9, por eso nadie se ha enterado hasta ahora – prosiguió Robin nerviosa de toda esa delicada información.

− Ma-maldita sea… todo cuadra, ahora entiendo todo lo acontecido con Caesar – dijo Garp, casi derrumbado.

− Ese nombre… también aparecía entre los documentos – dijo Robin más serena.

− Está bien, os contaré la parte de la historia que no sabéis –


− Quítate del medio idiota – pateó el jefe a un subordinado.

El grupo caminaba con altanería por los atestados pasillos del lugar.

"Qué hacen ellos aquí"

"De nuevo esta gente, ¿qué vínculos tienen con el ministro?"

"Seguro que es algo para solucionar esta situación, el ministro es alguien bueno que vela por nosotros"

− Siempre igual, siempre cuchicheando, ¿No tenéis nada mejor que hacer? – gritó Spandam alterado, mientras volvía a patear a otro de los empleados.

− Será mejor que no llamemos tanto la atención – le advirtió Kaku mientras se adelantaba y tocaba la puerta del despacho.

− Kaku, más respeto, soy tu jefe – le contestó Spandam algo cortado, asustando en realidad de la fuerza de su subordinado.

− Pasad… pasad – dijo una voz del interior de un despacho.

El lugar era escueto pero denotaba elegancia y poderío. Una gran cristalera daba a las vistas de la ahora destruida ciudad. Junto a ella, un completo escritorio y muebles anexos, y en la otra punta de la sala una mesa larga de reuniones. Los agentes entraron al interior de la sala, y lanzaron burdamente al suelo el cuerpo semidesmayado de Crocodile, debilitado por la paliza y el kairouseki.

− ¿Y esto? – dijo la figura que se volteó tras el escritorio.

− Se-s-s-señor – tartamudeó Spandam – Las… las cosas han cambiado mucho, di-digamos que han surgido unos problemas –

− Eres demasiado incompetente, pero de Crocodile no me lo esperaba uffuffuffuffu – río despreocupadamente la figura, que se levantó de la silla − ¿Quién ha sido? –

− Garp… o mejor dicho, su nieto – dijo levemente Spandam, repleto de ira y de impotencia, ante el poder de su superior.

− UFFUFFUFFUFFUFFU, esto se pone de lo más interesante, ¿tienen a la mujer que sabe leer las piedras? – preguntó mientras miraba a través de sus gafas de sol.

− S-sí… tienen a Nico Robin, no pudimos obtener nada de ella – continuó Spandam.

− Yo no estaría tan segura de eso – intervino califa, mientras se sacaba un papel del escote – aquí se encuentra parte de su investigación, que perdió durante la huída – continuó mientras se ajustaba la montura de sus gafas.

− Oh, Califa, ejjm – carraspeó Spandam – como ve, mis subordinados están cualificados y son competentes para todo –

− Jefe, basta, es acoso sexual – exclamó la mujer mientras se giraba y le ignoraba.

− Vaya, parece ser que tienes razón – dijo su jefe mientras miraba por encima el papel, de manera despreocupada – tengo algo pensado para ellos, y esto nos va a venir bien para ese plan uffuffuffuffu, será mejor que contactemos con Caesar –

− De qué se trata… Donquixote Doflamingo −


Siento la tardanza, pero como se suele decir, mejor tarde que nunca. Ya "queda poco", la historia tendrá un total de 16 capítulos, por tanto quedan 5. En parte he tardado porque ya está todo estructurado, y me ha costado algo de trabajo, la verdad no quería ir a ciegas escribiendo. Espero que os guste y que la tardanza no haya sido en vano :)