Hello aki sta lo nuevoo
Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capítulo 11
—Oh, Dios mío —él sintió que su sangre iniciaba un lento viaje desde su cabeza a su entrepierna, y cubrió cautelosamente las manos de Bella, que ella había apoyado sobre su pecho. —Será mejor que pasemos al café.
— ¿Te apetece besarme otra vez?
—Tanto como seguir respirando —Bella tenía la boca madura, dispuesta y pegada a la suya, y los ojos soñadores y turbios .Y había perdido el control—. Dejemos eso —empezó a apartarla suavemente, pero ella se afianzó sobre su regazo. Con un movimiento ágil, le rodeó la cintura con las piernas—. Mira, no creo que... —para ser una damisela en apuros, tenía las manos muy rápidas. Edward consiguió agarrárselas antes de que le arrancara la camisa. —Estáte quieta, Bella. Lo digo en serio.
Y, en efecto, lo decía en serio. Así pues, tenía que aceptar el hecho novedoso de que estaba loco.
—¿Crees que seré buena en la cama? —aquella pregunta dejó a Edward patidifuso. Ella, entre tanto, se limitó a suspirar, apoyó la mano en su hombro y murmuró: — Espero no ser frígida.
—No creo que haya muchas probabilidades de que lo seas —la presión sanguínea de Edward se disparó cuando Bella le mordisqueó delicadamente el lóbulo de la oreja.
Ella metió las manos bajo su camisa y las deslizó por su espalda, arañándole suavemente con las uñas.
—Qué bien sabes —dijo con delectación, deslizando los labios por el cuello de Edward—. Estoy terriblemente excitada. ¿Tú no?
Él giró la cabeza lanzando un juramento, se apoderó de la boca de Bella y la devoró. Ella sabía deliciosamente, como un fruto maduro, y palpitaba de deseo. Edward se hundió en su boca caliente y suculenta mientras ella ronroneaba.
Bella se había rendido y parecía flexible y líquida, casi maleable. Cuando echó la cabeza hacia atrás, ofreciéndole el cuello, ni un santo del cielo podría habérsele resistido. Edward le clavó suavemente los dientes en el cuello, escuchó su gemido y la sintió frotarse contra él.
Podría haberla tomado allí mismo, haberla tumbado de espaldas sobre los libros y los papeles y haberse hundido en ella. Y, a pesar de que sabía que sería perfecto, era consciente de que no podía ser así. Aquel no era el momento, ni el lugar.
—Nunca he deseado a nadie tanto como te deseo a ti —metió la mano entre el pelo de Bella y le hizo girar la cabeza para que lo mirara—. Maldita sea, concéntrate un momento. Mírame.
Ella no veía otra cosa. No deseaba otra cosa. Sentía el cuerpo ligero como el aire y la imagen de Edward parecía llenar su cabeza.
—Bésame otra vez, Edward. Es maravilloso cuando me besas.
Él apoyó la frente contra la de ella y procuró recuperar el ritmo normal de la respiración.
—Quiero que la próxima vez que te bese sepas lo que está pasando —se puso en pie y la levantó en brazos.
—Me da vueltas la cabeza —Bella soltó una risita y apoyó la cabeza en el brazo de Edward.
— ¿Y crees que a mí no? —Edward la depositó en el sofá, demostrando lo que en su opinión era un auténtico alarde de autocontrol. Échate una siesta, anda.
—Está bien —ella cerró los ojos obedientemente. —Pero quédate aquí. Contigo me siento segura.
—Sí, me quedaré aquí —él se pasó las manos por el pelo y la vio dormirse.
Algún día se reinan de aquello, pensó. Tal vez cuando tuvieran nietos.
La dejó durmiendo y se puso de nuevo manos a la obra.
Bella escarbaba en la arena. El sol era una antorcha en el cielo azul zafiro. A su alrededor, el paisaje era pedregoso y parecía recocido en mitigados tonos de ocre, rojo y malva. El olor de los pálidos matorrales de Artemisa que se abrían paso entre las grietas y las hendiduras de la tierra era fuerte y penetrante. Ella trabajaba animosamente con la pala y el pico.
Bajo la sombra de un peñasco, dos mujeres la observaban. Bella experimentaba una intensa felicidad, que parecía acrecentarse cuando levantaba la mirada y sonreía a aquellas mujeres. Una tenía el pelo corto y desordenado con puntas apuntando a todos los lados, y un rostro zorruno y afilado. Y, pese a que llevaba grandes gafas de sol, Bella sabía que sus ojos eran de un verde profundo. La otra tenía el pelo rubio como los rayos del sol, pero lo llevaba escondido bajo un sombrero de paja de ala ancha, adornado con absurdas flores rojas alrededor de la cinta. Cuando lo llevaba suelto, le llegaba hasta al cintura, denso y ondulado, y realzaba la belleza de su rostro, su tez blanca y sus ojos de un azul imposible.
Bella sentía por ellas una oleada de amor con sólo mirarlas, un vínculo creado por la confianza y la experiencia compartida. Sus voces eran como música: una canción distante de la que Bella sólo captaba retazos.
—Podríamos ir por una cerveza, o por lo que sea, con tal de que esté frío. ¿Cuánto crees que tardará en cansarse?
—El resto de nuestras vidas. Habrá que dejar París para el año que viene. Sí, no hay duda.
—A ver si conseguimos apartarla de los pedruscos una temporada.
—Sí.
A Bella le hacía sonreír que estuvieran hablando de ella, que les importara lo suficiente como para hablar de ella. Iría a París con ellas. De momento, sin embargo, estaba excavando una formación muy interesante, y confiaba en encontrar algo que mereciera la pena, algo que pudiera llevarse; estudiar y convertir en una hermosa pieza para sus amigas. Para ello se requería paciencia y cuidado.
Luego, de pronto, las piedras azules caían de pronto en su mano. Tres diamantes azules perfectos, de tamaño y brillo maravillosos. Ella los examinaba con placer más que con asombro, los giraba en sus palmas y sentía que un arrebato de energía atravesaba su cuerpo.
Pero la tormenta se precipitaba de pronto sobre ellas, tapaba el sol llameante y cubría de profundas sombras el paisaje. De repente sentía pánico. Necesitaba huir. Aprisa. Aprisa. Una piedra para cada una de ellas, antes de que fuera demasiado tarde. Antes de que restallara el trueno. Pero ya era demasiado tarde. El rayo rajaba la piel, afilado como un cuchillo, y ella corría, corría a ciegas. Sola y aterrorizada, las paredes se cerraban sobre ella y el rayo laceraba sus talones...
Nuestra Bella ya sta recordando jejeje super noo?
Espero sus reviews
byee
