Disclαimer αpplied.
Bαlαs de sαlvα
XI
Fαrewell
—Hughes, soy yo. Si llamas para presumir de tu hija otra vez te prometo que voy a colgar.
Pero del otro lado no se oía ninguna exclamación alborozada ignorando olímpicamente su advertencia. El coronel se alarmó.
—Hughes... ¡Hughes! —Y la respuesta del otro lado de la línea fue el teléfono colgándose.
La teniente Riza Hawkeye lo encontró con la mirada confundida todavía clavada en el tubo del teléfono.
—¿Ocurre algo, señor? —preguntó.
—Hughes llamó, teniente —respondió él—. Pero había algo extraño en su llamado: colgó apenas levanté el tubo.
Riza lo observó por unos minutos sin decir nada. Era cosa bien sabida que ambos militares eran amigos desde los ya lejanos días en la academia. Roy conocía a la perfección al teniente coronel, y ella sabía que en aquel momento estaría muy preocupado por su amigo.
Reanudaron el trabajo en silencio. Los demás miembros del equipo se habían marchado hacía ya varias horas, y su teniente se había ofrecido a quedarse en junto a él para ayudarlo con los numerosos pendientes que aún tenía. Si Hughes estaba en lo cierto, pronto una carta del fürher Bradley arribaría a su oficina anunciándole su próximo traslado a los cuarteles de Central.
Roy recordó en aquel momento el fin de la guerra. Hughes había permanecido a su lado en aquella ocasión, los dos mirando fijamente la atalaya donde el viejo Bradley se alzaba como un ser inexpugnable que observaba con complacencia la destrucción que se extendía a sus pies.
—Eres ingenuo, Roy —le dijo sin quitar la vista del führer—, pero me gusta ese sueño tuyo. Te acompañaré y te veré en la cima del mundo, amigo. Quiero ser testigo de cómo tus ideales lo cambian todo desde la raíz. —Y Hughes le sonrió. Aquella sonrisa franca y pasional que tanto le gustaba regalar a manos llenas, y Roy supo que era una promesa.
El teléfono sonó de nuevo al filo de la medianoche y algo en su tono estridente tenía la cadencia de una premonición.
—Coronel Mustang —dijo al levantar el tubo, esperando muy en el fondo que fuera su amigo al otro lado de la línea, presto a irrumpir en su rutina con su dosis inagotable de vitalidad.
La voz de la operadora se oía lejana, como si estuviera a miles de kilómetros de distancia. Roy sintió que algo se le rompía en su interior al oír las palabras de la mujer, quien parecía estar sollozando. No supo qué responder ante aquella terrible noticia. Cortó de inmediato.
Riza supo que algo andaba mal con su superior al verlo colgar el teléfono con brusquedad para posteriormente hundirse en su sillón de trabajo con expresión compungida.
—Dígame que no es verdad, teniente —soltó Roy, hundiendo su rostro entre las manos—. Dígame que el teléfono no acaba de sonar.
—¿Señor? —dijo ella.
—El teléfono no sonó y yo solo estoy soñando, teniente.
—¡Señor! —lo llamó Riza, alarmada; nunca había visto a su superior de esa manera—. ¿Qué sucede?
Él la miró. Sus ojos estaban llenos de dolor.
—Acaban de llamar de los cuarteles de Central. Encontraron el cuerpo de Hughes. Lo asesinaron en una cabina de teléfonos, teniente Hawkeye. Debemos ir a Central lo antes posible.
Acompañó al coronel hasta su casa. Durante el trayecto en el coche él no pronunció casi ninguna palabra, exceptuando la vez que ella le preguntó cómo se encontraba. Él la miró como si fuese una desconocida, todavía con marcas de dolor en sus ojos, y le dijo que sí. Riza sabía que no era verdad, que él no estaba bien, empero no dijo nada.
Recordó el funeral de su padre, cuando ella apenas tenía dieciséis años. Roy estuvo a su lado durante el tiempo que duró la ceremonia. Ella no había llorado, pero recordaba a la perfección aquel nudo que se le había instalado en la garganta y la sensación de una pérdida irreparable.
El teniente coronel Hughes se había ido. A Riza le parecía incluso irreal que la vida de aquel hombre tan alegre y vivaz se haya esfumado tan de repente, y un sentimiento de pena la invadió al recordar a su esposa y a la hija pequeña que dejaba atrás. Le echó un rápido vistazo al coronel a través del espejo retrovisor: sus ojos se hallaban apagados mirando por la ventanilla a las calles semivacías de la ciudad. Y el dolor.
Supo entonces que no debía sucumbir ante la pena que sentía. Ella debía ser fuerte por él.
La teniente estacionó el coche en frente de su hogar. Roy cogió las llaves de su casa y entró. Riza le había dicho que entraría junto a él, pero Roy le pidió que lo aguardara un momento en la cabina del automóvil, porque no tardaría demasiado.
Encendió las luces, y una fotografía enmarcada colocada en la repisa de la puerta lo recibió. Cogió la fotografía con sumo cuidado, como si esta fuera un tesoro invaluable y delicado que podría romperse en cualquier momento. En ella se veía a dos militares jóvenes, apenas graduados de la academia.
Uno exhibía una sonrisa enorme que parecía traspasar el vidrio que la cubría. Detrás de sus gafas brillaba la misma sonrisa en sus ojos verdes, chispeantes de vida. Su brazo derecho rodeaba los hombros de otro muchacho, un poco más bajo y de mirada seria.
Roy se sacudió las lágrimas que escocían sus ojos, irritado. Recordaba perfectamente el día que se habían tomado aquella foto.
—Cuando seamos dos vejestorios ni siquiera recordaremos quiénes son esos muchachos de ahí, pero siempre podremos tomarnos una igual —dijo Hughes y rio con ganas. Él y Heatcliff lo secundaron con sendas carcajadas divertidas.
Pasó sus dedos por los bordes del cuadro con suavidad. Heatcliff había sido el encargado de tomar la foto aquella vez, y había muerto muchos años atrás, cuando la guerra y el azaroso destino los habían colocado en bandos enemigos.
Y Hughes también había muerto. De aquella fotografía ya solo quedaba él.
—Idiota —murmuró, y su voz salió quebrada.
Oyó unos golpecitos en la puerta. Del otro lado, Riza lo miraba con preocupación.
—No puedo quedarme a esperarlo, señor —se disculpó la joven.
Él la recibió y le indicó que pasara al pequeño salón. Todavía con la fotografía aferrada contra su pecho, se sentó.
—Era mi mejor amigo, teniente —dijo, y le enseñó la fotografía—. Nos conocimos en la academia, ¿sabes? Al principio me caía bastante mal. —Una sonrisa triste curvó sus labios—. Lo veía como una competencia… y tenía la manía de quedarse siempre con el último quiché de espinacas.
Y habló. Habló durante largo tiempo sobre Hughes, sobre los días en la academia y cómo había nacido su amistad. Habló de su inagotable energía, de los sueños que compartían. Habló de la guerra y de su promesa posterior. Habló de la vida que llevaban después de regresar y de las veces que le daba lata con su ellas, sus luces: Gracia y Elicia. Y, por sobre todas las cosas, habló sobre las cosas que hubiera querido decirle pero que calló.
—No sabe cuánto lo siento, señor —confesó ella, tomándole de la mano. Era un gesto de consuelo y complicidad de cuando eran pequeños y compartían el pan y la sal bajo el mismo techo. Nunca más lo habían vuelto a hacer, pero Riza supo que aquel era el momento, porque él lo necesitaba—. El teniente coronel Hughes era una persona que sabía hacerse querer.
Roy cogió la mano que ella le ofrecía y la miró.
—Me pregunto, teniente, si él sabía cuán importante era para mí, si hice lo suficiente por él. Tal vez no habría muerto si yo hubiera contestado el teléfono a tiempo. —Su mirada volvía a cubrirse de una sombra de dolor.
Riza negó suavemente con la cabeza y afianzó el agarre de su mano.
—Él lo sabía señor. Sabía cuánto usted lo apreciaba. Tal vez por eso le divertía tanto con sus llamadas en medio de la nada. Esté seguro de eso, coronel.
Permanecieron así durante un largo rato. El tren no partiría sino hasta dos horas después y la estación se hallaba próxima a la casa del coronel. Riza no soltó su mano, y lo siguió escuchando paciente en sus historias con el teniente coronel, paciente. Roy le mostró a detalle la fotografía que sostenía entre sus manos y le contó su historia, y a Riza le pareció que la sonrisa de Hughes se asemejaba a un saludo avistado a través de un velo, pero que estaba ahí, presente. Roy de vez en cuando se sacudía las lágrimas incipientes de un manotazo y seguía hablando.
Finalmente llegó el momento de partir. Roy cogió su atuendo de gala y dejó la fotografía sobre la repisa. Era tiempo.
—*—
Ver a Gracia y a Elicia en aquel lugar era más de lo que creía capaz de soportar. Los gritos de la niña, suplicando a voz en cuello que no enterraran a su padre produjo en él la sensación de que mil espadas atravesaban su corazón, inmisericordes.
Creyó que sus piernas no lo sostendrían por mucho tiempo. Quiso llorar a gritos, pero logró mantener el rostro impertérrito mientras las personas estaban ahí.
Y entendió finalmente a los hermanos Elric, porque en aquel momento también deseó con todas sus fuerzas traerlo de vuelta, con su esposa y su hija. Junto a él. Quería que le diera lata con sus llamados, con su risa estridente y su tono parlanchín. Lo quería a su lado, como aquella vez al final de la guerra, frente a la atalaya de Bradley, así solo fuera por última vez.
Dejó que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas, mientras que el cielo se pintaba con los colores del atardecer. Cuando estas se secaron, un nuevo pensamiento se había formado en su cabeza y tenía la fuerza de una decisión:
Él, Roy Mustang, buscaría a los asesinos de su mejor amigo. Les daría caza hasta el final de los tiempos, y cuando los encontrara, les haría probar las llamas del mismísimo infierno.
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¿Se merece un review?
Bitácorα de Jαz: Necesitaba de esto. Necesitaba usar al pobre Roy para hacer catarsis una vez más.
La partida de un amigo irremplazable duele mucho, así que espero haber reflejado bien el dolor de Roy en esta viñeta. Pienso que algo se quebró en su interior cuando le contaron sobre la partida de su amigo, y de esa tristeza nació la ira que lo acompañaría el resto del manga. Estoy segura que Riza estuvo a su lado en todo momento, también.
Les pido disculpas por no responder esta vez los comentarios, pero prometo que cuando me libre de las parciales me pongo al día con ustedes. Y por tardar, también. Es que la facu arrancó con todo.
Como publicidad descarada: Responsabilidades es mi otro fic RoyAi. Lo actualicé hace poquito, y los invito a pasarse por allá.
» tangie08.
» LawAlchemist10.
» DolcePiano.
» Meiosis2 (me hacés acordar a mis parciales de embriología con tu Nick XD).
» Ma'am Morgan.
¡Gracias totales por sus reviews!
¡Jajohecha pevê!
10 de septiembre de 2016, sábado.
