Hola, hola, hola a todo el mundo! Lamento muchísimo la tardanza pero la verdad es que tuve MUCHISIMOS problemas para escribir este cap que debería de ser largo y en verdad que lo es pero… Aún hay varias partes sin terminar, pero aun asi quería publicar algo más que dentro de unas horas debo tomar un vuelo Dx me ire de vacas por un mes o mas… uwu lo peor de todo es que no se si tendre buen inter para seguir actualizando :c pero créanme que haré todo lo posible por hacerlo!
Se que este cap es corto pero igual espero que lo disfruten!
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Esclavo de Tu Amor
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Capítulo 11: Memories
Part IV
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Las cosas estaban a flor de piel, ninguno de los dos sabia en sí que más pensar pero al menos se encontraban felices de volverse a encontrar y saber que el otro seguía teniendo ese sentimiento de amor. Aeneas miraba con dulzura a su bello francés, quien aún seguía sobre la cama y apenas cubierto con las suaves sabanas de seda mientras contemplaba la fotografía donde aparecía el pequeño Kardia con sus otros hermanos.
–Mi bebé –Volvió a repetir– En verdad es mi bebé
–Krest –El más joven volteo a verle, aun habían rastros de lágrimas en sus ojos y mejillas. Ahí en ese par de gemas aguamarina, podía notar el enorme sentimiento de emoción, ansiedad y felicidad que el otro sentía. Krest siempre había sido como un libro abierto para él, siempre tan transparente–
–Aeneas… El… -Mordió su labio inferior y nuevamente paso su pulgar por la mejilla del menor que aparecía en la foto– Fotos… ¿Tienes más fotos de mi pequeño?
El rubio solo negó, sintiéndose mal al instante en el que vio la expresión triste de su amado. Pero aun así estaba lo más importante de todo, que ese pequeño, el pequeño Kardia por fortuna de los dioses había ido a parar en los brazos de su padre.
–Krest –Su mano derecha acaricio el rostro níveo del más pequeño, quien no pudo evitar voltear a verle con enorme cariño al otro– Ahora… ahora que tú y yo nos hemos vuelto a encontrar…
–No… –Negó con la cabeza y se alejó, claramente sabía lo que el griego trataba de decirle y por más que la propuesta fuera tentadora, aun así sabía que no podía arriesgarse a que su familia o los Wyvern, llegaran a hacerle algo malo a Aeneas y a su pequeño Kardia.
–¿Por qué no? –Debía admitir que se sentía algo disgustado, en todos esos años que habían pasado el por fin se había logrado superar. Su nombre estaba en boca de todos, no había persona en el mundo que no supiera de él, entonces ¿Por qué?-
–Sabes que es lo que más deseo –Lentamente se fue acercando al otro para rodearlo con sus brazos, Aeneas solo se dejó hacer, pues por más que lo intentase jamás podía estar enojado con el otro– Pero aún hay muchas… cosas, y temo por ti…
–¿Lo dices por el cejon ese? –Krest hizo una mueca de desagrado al recordar a Ryan. –Sabes que si el…
–Lo sé, pero llegara a irme contigo él y mi familia no descansarían hasta verte destruido
–Ahh… Está bien
–¿Uhmm? ¿A qué te… –La pregunta quedo al aire y Aeneas negó y nuevamente volvió a tomar aquellos labios con los suyos, el francés no opuso resistencia, no cuando el rubio le besaba con aquella insistencia y sentía como su cuerpo volvía a ser recorrido por aquellas manos expertas.
Nuevamente ambos amantes se sumergieron en un mar de caricias y besos, besos que acallaban los jadeos y gemidos que atentaban con escaparse de sus bocas. Habían palabras dulces y llenas de amor, promesas con ansias de cumplirse al son de que ambos cuerpos se unían en uno solo. Para Aeneas no había cosa más hermosa que ver la expresión de su amado Krest, cada que arremetía contra él; ver como sus mejillas níveas se tornaban rojizas y que por estas se deslizaban pequeñas hileras cristalinas mientras gemía su nombre. Cerro sus ojos por segundos, sintiendo como aquellas pequeñas manos acariciaban su rostro, y como esos delgados brazos buscaban su cuello para rodearlo y hacer el contacto más íntimo.
La habitación se fue llenando de una sinfonía de sonidos eróticos, pues lo que más importaba era amarse. Amarse como nunca, amarse por todo ese tiempo que habían estado lejos del otro. Demostrarse por medio de besos y miradas cuanto se habían extrañado, cuanta falta les había echo el simple roce de sus pieles y el dulce sabor de ambrosia de sus labios.
Aunque claro luego de tantas horas de muestras de afecto, Aeneas tuvo que volver a ducharse pero esta vez en compañía de su amante. Regalándose nuevamente varios besos mientras sus cuerpos eran bañados por el agua tibia. Luego de haber limpiado sus cuerpos y de haberse cambiado por algo más cómodo, he de aclarar que Aeneas tuvo que prestarle algo de su ropa al francés, pero más que todo aquellas prendas holgadas terminaron pareciendo pijamas en el pequeño cuerpo del francés, que solo se miraba muchísimo más provocativo para el griego.
–Ni siquiera lo pienses –Murmuro avergonzado luego de ver la mirada lujuriosa del rubio, quien solo se relamía los labios al ver como aquella camisa negra le quedaba demasiado grande, llegándole a cubrir la mitad de aquellos blancos y tersos muslos– Aun me duelen las caderas
–No es de sorprenderse –Rio para sí mismo y cogió el teléfono que se encontraba en la mesita de noche– Después de las cuatro rondas seguidas –El rostro del más joven se tino en un fuerte escarlata al escuchar la desfachatez del otro, al decir aquello como si del clima estuviera hablando. Hubiera querido responderle de alguna forma mordaz, pero al ver que el otro estaba pidiendo servicio a la habitación, decidió quedarse callado y aprovechar ese tiempo para observar nuevamente la fotografía de su pequeño Kardia–
Luego de haber pedido algo para comer Aeneas volvió a acostarse junto al más pequeño, quien uso el pecho de su amado como si de una almohada se tratase. Se sintió un poco mal por no encontrarse dispuesto a salir a comer, como le había dicho el otro, pero el dolor de caderas le estaba matando. Ambos amantes se entretuvieron un buen rato mientras hablaban sobre lo que habían hecho en todo ese tiempo y una que otra cosa sin importancia, todo mientras esperaban a que les llevaran la comida.
Luego de que esta hubo llegado ambos comieron tranquilamente mientras hablaban de una que otra cosa, o simplemente Krest le daba uno que otro bocado al rubio, quien luego terminaba robándole un beso al más joven o simplemente salía con algún comentario que terminaba haciéndolo sonrojar.
Era realmente increíble como ambos podían estar como si nada hubiera cambiado, es decir, sus sentimientos por el otro seguían ahí presentes, a diferencia que esa ausencia solo había provocado que crecieran y se hicieran muchísimo más fuertes. Mientras el francés comida, Aeneas podía observar cada gesto del otro. Se deleitaba de aquella forma tan fina que tenía hasta para comer, parpadear, hablar y caminar. Sus manos se movieron solas hasta llegar a palpar aquel rostro de porcelana, dejando perplejo al dueño de esta quien le llamaba pero él no escuchaba, o quizá sí pero prefería hacer de cuentas que no.
–Te amo –Repitió solemne, provocando que Krest se sonrojara y se quedara con las palabras en la boca al sentir como sus labios volvían a ser atacados por los del griego—
No había necesidad para decirles que fue lo que paso siguiente o quizá sí, pues a pesar de que sus cuerpos adoraban la unión entre ambos, aun así el estar ambos abrazados y robándose uno que otro beso les hacía más que felices. Siendo solo ellos dos en esa habitación, añorando porque las horas pasasen lentas y tuvieran muchísimo más tiempo para amarse sin tapujo a ser descubiertos por terceros.
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Después de aquel encuentro entre los jóvenes amantes, el tiempo pareció ir de forma lenta para para aquellos jóvenes amantes, que en sus momentos libres buscaban la manera de fugarse o de ser posible, terminar lo más pronto posible con ellos para así irse de paseo o a algún lugar privado donde pudieran entregarse. Algunas veces no eran necesarias estar en la entrega carnal, a veces solo les bastaba estar en abrazados en la cama o en el sofá, mientras disfrutaban de alguna película. Era divertido ver como ellos se seguían comportando como dos jóvenes enamorados.
Para el rubio no había otra persona que no fuera su amado Krest, quien en cada día de su estadía en Francia los paso en compañía del más joven. Ya fuera luego de una conferencia o alguna importante reunión, lo único que hacía era encontrarse con el de hebras castañas rojizas y pasar un buen rato, olvidándose completamente de que era un hombre "casado" bah, en ningún momento sintió que en verdad lo fuera, si había contraído matrimonio fue para darles una madre a sus hijos y que no quedaran como simples "bastardos" de alguna relación que terminaba por el caño.
–Deja de hacer eso –Murmuro con una sonrisa al sentir las constantes caricias en su cintura.
–¿Por qué debería? –Murmuro el rubio mientras empezaba a depositar tiernos besos en la mandíbula del más joven, Krest apoyo las manos sobre el pecho del griego para apartarlo pero los constantes besos de este le hacían flaquear.
Lentamente fue acostando el cuerpo ajeno contra la cama y con el encima. Los labios del moreno se pasearon por toda la extensión de la mandíbula y mentón, hasta bajar por el cuello y hombros, donde sus dientes se encajaban cada tanto hasta dejar marcas rojizas, marcas que demostraban que aquel hermoso ser de apariencia angelical ya tenía un dueño, y ese dueño era él; además de ocasionar un bonus extra, donde los gemidos de Krest aumentaban el libido en él y le hacían delirar. Aunque esos momentos de delirios estaban ocasionando que se olvidaran de un pequeñísimo detalle.
–Aeneas… Qui-quitate… -Más que petición, el menor termino empujando al otro para luego salir corriendo a encerrarse al baño, dejando a un perplejo griego quien le siguió más detrás–
—Krest, ¿estás bien? –Toco tres veces la puerta pero no hubo respuesta más que el sonido de arcadas acompañado del sonido que producía el inodoro cuando jalaban la llave— ¿Krest?
—Ug… E-estoy bien… —Murmuro el más joven mientras salía del baño y con una mano sobre su estómago—
—No, no lo estas —El semblante pálido y enfermo del galo había cambiado por uno lleno de temor y desolación, llegando a preocupar al otro que acorto la distancia y envolvió al de hebras castañas rojizas con sus brazos— Ya llevas dos semanas así, ¿Qué tienes?
—Aeneas… ¿Qué…? ¿Qué harías si yo…? —No pudo terminar la frase, no cuando sintió como los fuertes brazos del griego le rodeaban la cintura, así como aquellos labios depositaban pequeños besos sobre sus mejillas y frente; aquellas atenciones solo le descontrolaron más todo porque tenía ciertas sospechas de a que se debía su mal—
—¿Qué sucede? —Se estaba asustando, sobre todo porque el silencio y semblante pálido y demacrado del menor no hacía más que empeorar las cosas. Desde hace unos días atrás había estado notando un cambio en el galo, quien había empezado a tener ciertas molestias en cuanto a a mareos o disgusto por algunas comidas; al principio había creído que solo se trataba de una simple infección en el estómago pues el oji aguamarina no le prestaba muchísima atención, pero ahora que los síntomas habían empeorado y se hacían muchísimo más repetitivos le estaba preocupando—
—Es solo que… —La tensión aumento entre ellos, Krest no encontraba la manera de hacerse saber al otro acerca de su "mal" más ahora que el rubio tenía una vida hecha, no quería ser el, el causante de algún escandalo—
—¡Por Dios, Krest, ya dilo! —Grito eufórico mientras le tomaba por los hombros—
—¡Estoy embarazado! ¿¡Qué acaso no lo notas?! —Silencio, la habitación se sumergió en un completo silencio donde un consternado, aturdido, confundido y pálido Aeneas miraba con los ojos bien abiertos al de nacionalidad francesa— Yo… estoy embarazado…
—Estas… ¿Krest, tu estas…? —Su semblante estaba pálido, aquello no podía ser verdad ¿o sí? Debía admitir que lo habían estado haciendo seguido y sin protección, fue ahí donde cayó en cuenta de su error—
—¿Seguro? —El temblor en la voz de Aeneas solo provoco que algo se quebrara en el menor, quien solo se alejó del rubio y le sonrió con tristeza mientras las lágrimas amenazaban con escapársele, fue ahí donde Aeneas se dio cuenta de su error al haberlo dicho de una manera que no debia—
—Al principio creí que había enfermado, pero no… —Hizo una leve pausa y nuevamente se alejó del rubio, quien se dio cuenta de que sus gestos y tono habían hecho sentir mal al menor—
—Krest… —Este solo hizo un ademan con la mano y siguió hablando.
—Hace unos días me hice unos exámenes… —Nuevamente hubo una pausa, sus pequeñas manos acariciaban con ternura aquel lugar donde el pequeño ser empezaba a formarse, debía admitir que le había tomado por sorpresa mas no temía, al contrario, se encontraba sumamente feliz— Los cuales dieron…
—Positivo —Aun seguía en aquella misma posición con el cuerpo tenso y la mirada perdida en algún punto inexistente, mientras que Krest solo le miraba de reojo desde su lugar sobre el filo de la cama, con las manos acunando su vientre aun plano—
—No tienes de que preocuparte —Murmuro luego de cinco minutos de silencio, donde por fin el rubio logro salir de su ensoñación y enfocar los zafiros sobre el perfil del más joven que ni le miraba— No dejare que esto perjudique tu futuro
—Pero, ¿de que estas…? —Krest solo negó con la cabeza y soltó una risa apagada—
—Esto… —Dijo refiriéndose al pequeño ser que se formaba en el— Esto solo causara un gran escándalo en tu vida…
—¡Es mi hijo! —Rugió acortando la distancia y tomando al más joven por los brazos— Antes que mí triunfo o cualquiera otra cosa, están tú y mis hijos…
—Aeneas… —Bajo la mirada, lo que menos quería es que aquello se saliera de control y los medios terminaran enterándose y por ende se crearan escándalos sobre un supuesto romance a escondidas, creando rumores en cierto modo verdaderos, sobre una "infidelidad" rumores que no solo perjudicarían al rubio sino que también a su familia y que quizá su bebé terminaría pagando las consecuencias—
—Krest, se lo que estás pensando —Con mucha delicadeza tomo al otro por el mentón y le obligo a que levantara la mirada— Ya te dije que lo principal para mi eres tú y mis hijos… —Las manos morenas acunaron el rostro de porcelana y con sus pulgares fue limpiando aquellas lagrimas que se deslizaban traviesas por esas mejillas tan tersas como la seda— Sin ti o mis pequeños, mi vida no tendría sentido alguno
—Pero…
—Olvídate de los medios, pero si tanto te preocupa mantendremos todo esto en secreto pero… —Le obligo a que le viera, a que ambas miradas, zafiro y aguamarina se perdieran en la otra, se fundieran y que ambos corazones latieran al unísono al notar en inmenso amor que se notaba en la mirada del contrario— Ahora que te he encontrado no permitiré que nos vuelvan a separar, ni dejare que algo te falte a ti o a mi hijo…
—¿Lo prometes? —Sus mejillas se tiñeron de un suave carmín, creyendo fielmente en las palabras que su amado le profesaba mientras sentía como este le tomaba las manos y se las besaba—
—Lo juro por mi vida… —Aeneas parecía loco por la felicidad, pues ni bien había terminado de articular aquellas palabras, cuando ya se encontraba atacando aquellos dulces y suaves labios con sabor a melocotón y con la suave risa del más joven, que más bien se escuchaba como el bello trinar de los aves—
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Era increíble saber cómo un pequeño viaje a la tierra de su amado por una simple reunión, pudo haberle dado tremenda oportunidad para encontrarle y avivar las llamas de aquel amor de adolescentes, además de saber que ese pequeño revoltoso de ocho años, Kardia, había resultado ser el mismo bebé que había conocido a pocos meses de nacer, cuando aún se resguardaba en el vientre de su amado francés. Se rio al ver que la suerte y el amor estaban de su lado, pues si bien nunca había resultado fácil al lado de aquel joven, aun así sabía que cada enfrentamiento contra el destino valía la pena, más ahora que un nuevo ser venia en camino.
Algunos días más fueron pasando y con ello formaron exactamente un mes. Un mes llevaba en ese bello país conocido como, "El país del Amor" si bien las entrevistas y negocios que tenía ahí, habían concluido, aun así había tomado la decisión de quedarse por más tiempo al menos dos o tres meses, que según para darse unas vacaciones, aunque por él se tomaría todo el tiempo posible pero sabía que en casa aun esperaban sus hijos, así es, sus hijos nada más.
—¿Qué comes? —Pregunto curioso al ver al francés con un enorme bowl y una cuchara en mano—
—Dulce~ —Fue lo único que le respondió para luego acomodarse sobre la cama y prender el televisor, Aeneas solo le vio curioso y dejo los papeles que estaba revisando, sobre la mesa, para luego ir a acostarse junto al oji aguamarina, quien parecía muy entretenido en su programa de televisión mientras comida una extraña combinación de brownie de chocolate, helado de vainilla con jarabe de chocolate y algunas fresas con crema batida. Definitivamente aquello podía ocasionarle un coma diabético con solo verlo—
—¿En serio te comerás todo eso? —Krest solo hizo un leve asentimiento de cabeza para luego llevarse una cucharada de aquella dulce combinación a la boca, dejando que algo del jarabe de chocolate y crema batida quedaran en sus labios— Pareces un niño —Comento divertido y tomando al otro de la barbilla para halarlo hacia él, y lamer los restos de dulce que habían quedado en las comisuras del más joven—
—¡Oye, que eso era mío! —Chillo con tono aniñado y dejaba el bowl sobre la mesita de noche, para luego volverse hacia el mayor y tomarlo por el cuello de la camisa; Aeneas se vio sorprendido al sentir los labios de Krest contra los suyos, buscando alguna respuesta que no tardó en llegar. El programa acerca de los primeros meses y el postre del medio día habían quedado a segundo plano cuando ambos jóvenes se habían unido en aquel beso. El rubio sentía como sus alientos se mesclaban y como el dulce del chocolate impreso en la lengua traviesa del menor, llenaba ahora sus papilas gustativas cada que ambas lenguas se encontraban en una lucha erótica donde solo podía haber un solo campeón y en este caso Krest resulto serlo— Uh… Espero que eso te enseñe a no robarme lo mío
—De ser ese mi castigo, créeme que volveré a hacerlo —Rio con ganas para luego acostarse de lado, Krest solo le vio de reojo y volvió a tomar el bowl y disfrutar de su postre— Sabes, he estado pensando en el bebé —Lentamente su mano izquierda fue bajando por el abdomen hasta llegar al vientre del otro y acariciarlo por debajo de la ropa—
—¿Qué hay con el bebé? —El de orbes aguamarina seguía enfocado en su postre más aun así seguía atento ante cada palabra o caricia del otro, Aeneas solo sonrió quedo y continuo paseando las yemas de su dedo por la nívea y suave piel; dibujando cada tanto círculos imaginarios o cualquier garabato que se le ocurriese.
—En el nombre, sé que es muy pronto pero la verdad es que me encuentro ansioso —Aunque aquella era una palabra corta para la enorme emoción que sentía. El rubio en si había estado preparando varias cosas a espaldas de Krest, cosas que era muy seguro le servirían una vez que el regresara a Abbad Sindria, para seguir con los asuntos de su empresa. Pero por el momento deseaba involucrarse cuanto pudiera en el embarazo del otro—
—Uhmmm~ —Con un rostro más que pensativo y con postre a medio terminar, el de cabellos cobrizos dejo lo restante sobre la mesita de noche y luego busco cobijo en los brazos del rubio, quien lo recibió a gusto además de meterse bajo las sabanas, como si de chiquillos se tratasen— La verdad…
—¿Si? —El mayor enmarco una ceja y con sus brazos envolvió el cuerpo del más joven, quien sin pensárselo dos veces acomodo la cabeza en el hombro del otro—
—La verdad es que también estuve pensando en ello y… —Hizo una leve pausa, donde Aeneas aprovecho en robarle cuanto beso además de dejarle una que otra marca en el cuello— ¡Oye, no dejes marcas!
—Yo solo marco lo que es mío —Declaro triunfante, Krest solo rodo los ojos y le halo las mejillas— Auuch!
—Bien merecido que te lo tienes
—Está bien, está bien ya no volveré a hacerlo —Se quejó como si de un niño pequeño se tratase, Krest solo rio y volvió a retomar la plática—
—La cuestión es que también estuve pensando en un nombre… —Últimamente así había estado, además de haberle pedido ayuda a su querida nana quien aun seguía en la mansión y quien había pegado el grito en el cielo cuando le conto las buenas nuevas. La mujer de edad avanzada se sentía sumamente feliz de ver nuevamente al joven Krest con aquella radiante sonrisa, aunque temía porque los padres de este volvieran a arrebatarle al pequeño pero, aun así haría todo lo posible por ayudarle, con tal de verlo feliz—
—¿Y cuál es ese nombre? —Pregunto curioso y ya sabiendo por donde venía la cuestión—
—Dégel —Respondió con una sonrisa—
—Deshielo —Susurro para sí mismo— Seeh, me gusta…
—Sabía que dirías eso~ —Aeneas solo negó con la cabeza y se lanzó a ataque de poseer aquellos labios que le invitaban al pecado—
Para la feliz pareja todo parecía ser total perfección con la concepción de un nuevo miembro parte de la pequeña familia Skorpió-Versea; una donde Aeneas daría todo lo que estuviera en su alcance para que nada les faltase, además de que día a día buscaría superarse y así poder llegar más allá de los opresores de su hermoso ángel.
Pero por el momento las cosas estarían en calma, una calma que más adelante daría inicio a lo que sería el más grande martirio para el único hijo de la familia Verseau, martirio cuyo nombre es Ryan Wyvern, aquel hombre al que por desgracia era el único heredero de la familia Wyvern y con quien su familia tenía una gran amistad, que por desgracia le obligarían a formalizar algo más serio.
