El dragón y la mariposa

Las diez de la mañana, e intentaba por todos los medios concentrarse en aquel maldito informe que Ginny había redactado y enviado a primera hora a su correo electrónico. Probablemente estaba perfecto, posiblemente no tendría nada que objetar a él; era una verdad suprema que Ginny Weasley hacía su trabajo de forma impecable. Pero ella tenía la obligación de cerciorarse que eso era así. Sin embargo llevaba toda la mañana con el informe delante de sus narices, resplandeciendo en la pantalla de su ordenador, y era incapaz de leer dos renglones seguidos antes de volver a perder la concentración.
Le había ocultado algo importante; ocultar, para ella eso era lo mismo que mentir y mentir era horrible. Cuando él preguntó "¿Quién es ese?", le dijo la verdad: "Es nuestra nueva imagen de GAC". Una verdad como un templo de grande, pero omitió un "pequeño" detalle que debía completar la información, algo así como "Se llama Ron Weasley, es la nueva imagen de GAC y la noche posterior a mi cumpleaños me acosté con él porque estaba ebria y precisaba no pensar en que mi novio me había vuelto a dejar sola, cuando mas lo necesitaba."
Golpeó un par de veces la mesa con la punta del lápiz, y luego emitiendo un fuerte y largo resoplido lo lanzó hacia ningún lugar, logrando que resbalase por la mesa y se estampase contra la suave moqueta del despacho. Hundió la cabeza entre sus manos mientras pensaba que Cormac la creyó lo suficiente como para no preguntar nada mas, como para no indagar sobre aquel tipo pelirrojo que tomaba té en su casa junto a la mujer con la que compartía su vida justo cuando él estaba ausente. Pero era lógico que el joven no desconfiase, si la mesa donde ambos tomaban la excitante bebida estaba repleta de informes, fotos escaneadas, apuntes tomados a mano y utensilios de escritura. Aquel parecía a todas luces un ambiente de trabajo, nada que ver con algo más íntimo. Por esa razón Cormac quedó convencido con la explicación escueta de Hermione, y no tuvo dudas con respecto a Ron, y a lo que hacía allí, en su casa, junto a su novia, cuando él estaba ausente.
La entrada repentina de Parvati consiguió que Hermione diese un brinco en su sillón de cuero.

—Malfoy está aquí —anunció con voz susurrante como si el mencionado pudiese oírla a través de las paredes —¿Qué hago?, ¿lo dejo pasar ya?

—Por supuesto Parv, hazlo pasar.

Pero no fue necesario que Parvati saliese nuevamente del despacho de su jefa porque la rubia cabeza de Draco Malfoy asomaba ya por el umbral de la puerta.

—Yo no tengo que ser anunciado —sentenció con voz fría y susurrante mirando fijamente a la sorprendida secretaria.

Parvati miró desconcertada a Hermione, pero ésta le sonrió para quitar importancia al asunto mientras decía:

—Gracias Parv, dile a Luna que el señor Malfoy está en mi despacho, es preciso que venga y que traiga el book de Ron Weasley.

La secretaria pasó con mucho apuro por delante del rubio arrogante, y salió presurosa de la oficina. Draco la observó por encima de su hombro pasar por su lado como un rayo, luego entró y se sentó en el sofá blanco del despacho de su rival. Pero Malfoy no llegaba solo, lo hacía acompañado de su séquito, Blaise y Pansy.

—¿Un book? ¿Ese tipo tiene experiencia como modelo? Permíteme que lo dude Granger, vi su cara de espanto cuando le confirmé que finalmente él había sido elegido para ser el rostro del perfume de Bagman… —sufrió una especie de sacudida, cerró los ojos y luego los abrió para continuar hablando con la misma frialdad que al principio—. No pienses que me has convencido Granger, sé que estás mintiendo, ¿qué diablos hacia allí el idiota de Diggory entonces?

—Ya te lo dije Malfoy, no pude avisarlo con tiempo…, recibí el book de Ron esa misma mañana, me gustó, intuí que era lo que Bagman buscaba, y una vez mas no me equivoqué.

—¿Weasley?... ¿Le dijiste a tu secretaria que trajese el book de Ron Weasley?

Draco giró la cabeza hacia Pansy que era la que había hablado, y frunció el entrecejo.

—Así es, ¿qué tiene de especial?

—¿La esposa de Potter no se apellida así? —inquirió nuevamente Pansy.

Draco dejó ver en su rostro una enorme y cínica sonrisa, ahora comenzaba a encajar todo.

—Ex esposa, y tienes razón, ese es su apellido. Son hermanos. Ginny me habló de él y yo le pedí que me trajese referencias suyas…

—Mientes y juegas sucio Granger, no te diferencias mucho de mí.

—No digas estupideces Malfoy, tú y yo no nos parecemos en nada.

—No sé qué te motivó a llevar a ese chico a la fiesta, probablemente tu famoso novio volvió a dejarte en la estacada una vez más, pero de lo que estoy completamente convencido es que no esperabas que Bagman se encaprichase de él. Ese chico no es modelo, y estoy seguro que no existe ningún book…

—¡Aquí estoy!

La voz de Luna sobresaltó a todos los que se encontraban en el tenso despacho. La joven caminó con la cabeza alta, y con algo rectangular debajo del brazo, hasta la mesa de Hermione. Depositó el book sobre el escritorio y se situó junto a su jefa. Sus azules ojos se clavaron en Blaise, que dejaba entrever una sonrisa de medio lado que puso el vello en pie de Luna. Apretó con furia los labios, y desvió la mirada del joven hacia Malfoy que habló en ese momento.

—¿Qué es esto? —preguntó con el semblante serio contemplando el book que Hermione le ofrecía mostrando una enorme sonrisa.

—La prueba de que tú y yo no nos parecemos en nada.

Malfoy entrecerró los ojos y agarró de malos modos el libro. Lo abrió y le echó un vistazo muy por encima, luego se lo pasó a Zabini que lo observó con más detenimiento. Al cabo de unos interminables segundos, el joven de piel de ébano dijo con voz solemne.

—Se ve a leguas que el tal Ron no tiene mucha experiencia, pero las fotos son muy buenas… —volvió sus negros y profundos ojos hacia Luna— ¿Las has habéis hecho vosotros Luna?

—No —mintió secamente—. El book lo trajo Ron, ya estaban hechas.

Blaise levantó una ceja desconfiado, volvió a mirar hacia el book y añadió tan secamente como antes.

—Juraría que es tu estilo de trabajo, pero no pienso dudar de tu palabra.

Luna no agradeció la confianza que Blaise le demostraba, y en lugar de eso le dedicó una mirada de profunda aversión.

—Supongo que después de esto te quedarás mas convencido…

—En absoluto Granger, nada me quita de la cabeza que lo ocurrido en la fiesta la otra noche fue pura suerte. Si ese chico no llega a acompañarte, habrías presentado a Diggory, a Bagman no le habría gustado y el proyecto sería en este momento únicamente mío —levantó el labio superior a modo de desprecio y luego insistió—. La suerte te favoreció esta vez, así que no me queda otra opción que aceptarlo… ¿Dónde está mi despacho?

Hermione sonrió de oreja a oreja, tomó aire y luego lo expulsó con fuerza, mientras agarraba el book que Blaise le entregaba y lo dejaba sobre la mesa.

—Parvati os ha acomodado un despacho para ti y para Pansy. Blaise tendrá que adaptarse al estudio con Luna y Rolf, en la unidad artística.

Luna fulminó a Hermione con la mirada, pero ésta estaba demasiado ufanada para darse cuenta de nada.

—Odio a Bagman, mis oficinas son tan buenas como éstas, no sé porqué demonios nos obliga a trabajar aquí —masculló Malfoy mientras se ponía en pie—. Viejo idiota..., espero que mi sillón sea de cuero verde, y hayas ordenado poner un minibar en el despacho.

—Por supuesto, conozco tus extravagancias, Parvati ha hecho un buen trabajo —Hermione miró hacia la secretaria y le guiñó un ojo—. Muéstrale a nuestros socios cual será su lugar de trabajo querida. Luna, tú acompaña Blaise al estudio, y busca a Ron para que se presente en mi despacho cuanto antes.

La rubia volvió a lanzar cuchillos con sus azules ojos una vez mas hacia Hermione, que seguía sin percatarse del enojo de su amiga.

—Sígueme —dispuso.

Y Blaise la siguió.

—¡Oh, Ron! Cuando Madam Rosmerta me lo comunicó esta mañana no pude creerlo… ¡estarás emocionado!

—Sí, emocionadísimo Lavender —respondió el pelirrojo moviendo con apatía la cuchara de su café.

—Cualquiera lo diría con semejante ánimo —apuntó Madam Rosmerta mientras secaba con un paño lo vasos que habían salido, algo mojados, del lavavajillas.

Ron resopló y continuó removiendo su café que ya se había enfriado. El teléfono de la cafetería sonó con estridencia. Lavender corrió a descolgarlo, y tras intercambiar unas palabras con su interlocutor, colgó el auricular y dijo dirigiéndose a Ron.

—Te reclama la jefa de la segunda planta. No la hagas esperar.

Ron chasqueó la lengua y luego, con un leve movimiento de la mano, apartó la taza hacía un lado y se levantó del taburete. Resopló con mas fuerza mientras daba un par de golpecitos a la barra de madera de la cafetería, añadiendo.

—Tengo que irme.

—Suerte Ron, aunque no la necesitas —exclamó Lavender guiñándole un ojo—. Confiamos en ti.

—Ánimo querido, cuando todo esto termine nosotras, y tu puesto, te estaremos esperando.

Ron sonrió levemente y con un apático "gracias", abandonó la cafetería.

El ascensor tardó aquella mañana mucho menos en llegar que el resto de los días, parecía que todo estaba confabulado para que él subiese cuanto antes a la segunda planta. Y así fue, era la primera vez que paseaba por aquel pasillo durante las horas matinales sin llevar su añorado carrito de los cafés y tentempiés. Ni siquiera sabía que hacer con las manos libres, así que se las metió en los bolsillos de los tejanos, y caminó con la cabeza gacha y los labios fruncidos.

—Eres un embustero, Ron Weasley.

Ron levantó la cabeza y pudo ver el hermoso rostro de Astoria mirándolo con el ceño fruncido y las manos en las caderas.

—¡Astoria!

—Me dijiste que no te dedicabas a esto, me mentiste.

El pelirrojo chasqueó le lengua y se rascó un poco la cabeza.

—No te mentí, pero las cosas se complicaron aquella noche.

Astoria sonrió ampliamente, luego se acercó a él y tras besarlo en la mejilla, añadió.

—Vaya, ese zorro de Draco tenía razón con respecto a Granger, está jugando sucio, ¿no es verdad?

—No puedo responderte a eso.

—No hace falta que lo hagas. Así que te han metido en un lío. Pobre Ron, me caes bien ya lo sabes. No entregaste ningún book en esta agencia ¿verdad?

Ron negó débilmente con la cabeza.

—Granger debe ser muy convincente para que haya logrado que aceptes. No te preocupes, lo harás bien, yo voy a ayudarte. Es divertido ver como, por primera vez, Draco tiene que pasar por el aro aun sabiendo que le mienten —rió, y su risa tranquilizó a Ron—. Tú guardas mi secreto, y yo guardo el tuyo.

La puerta del despacho de Hermione se abrió y la cabeza alborotada de la joven asomó por ella.

—¡Estas ahí!, vamos entra —exclamó dirigiéndose al joven.

—Buenos días, Hermione. Te esperare en el estudio Ron, haremos pruebas de cámara hoy.

Y sin decir nada mas Astoria se dio media vuelta y caminó con gracia alejándose de ellos. Ron la contempló unos instantes para inmediatamente después pasar por delante de Hermione, entrando en el despacho. La joven entornó los ojos mientras observaba como Greengrass se marchaba y gruñó un poco, cerrando la puerta de un golpe.
Ron se encontraba de espaldas a ella, mirando por el enorme ventanal hacia el río. Hermione se atusó un poco el cabello revuelto, pero no consiguió gran diferencia, abrió la boca para decir algo pero el joven se le adelantó con una pregunta.

—¿Le contaste a tu novio lo que pasó entre nosotros?

Hermione notó como la sangre se le congelaba en las venas. Ella no deseaba hablar de eso, Ron sabría que no fue capaz de contarle nada a Cormac, sabría que aun lo mantenía en secreto, y que por primera vez le habría mentido. El pelirrojo se giró y perforó con sus ojos el rostro lívido de Hermione.

—No lo hiciste.

—No pude, no sé como hacerlo.

—Ya te dije, no le cuentes nada si realmente te importa ese hombre. Lo que ocurrió aquella noche no significó nada, fue solo sexo.

—¿Eso fue para ti, solo sexo? —las mejillas de Hermione se sonrojaron al instante, cuando comprobó el desconcierto en el semblante de Ron.

No debió hacer esa pregunta. Se enfureció consigo misma, ¿cómo podía hacer una algo tan estúpido? Por el amor de Dios, fue sexo, solo eso. Lo fue para él y debía serlo también para ella. Ron no contestaba a su duda, y el ambiente comenzaba a tornarse demasiado denso, tanto que se hacía muy difícil respirar. Tenía que encauzar el tema antes de que las cosas se le fuesen aun más de las manos. El proyecto de Bagman, eso era lo único que debía importarle. La relación con Ron debía ceñirse únicamente a lo profesional, nada de complicaciones, nada de pensamientos fuera de lugar, trabajo, trabajo, trabajo…

—¿Qué has querido Insinuar con esa pregunta?

La voz de Ron la sobresaltó, y notó como sus mejillas se coloreaban aun más. Calor, tenía mucho calor, a pesar de estar en pleno otoño. Se le hizo más difícil la respiración, se quedaba sin aire, se asfixiaba…

—Nada, olvídalo —respondió a duras penas.

Pero ya era demasiado tarde, el pelirrojo se había acercado paulatinamente y se encontraba frente a ella atravesándola con la mirada.

—¿Estás confundida?

—No.

—¿Segura, Hermione?

—Claro, completamente segura.

Ron arrugó el entrecejo, como si no creyese ni una sola de las palabras que decía Hermione. El aire se hacía cada vez más irrespirable, y aquel maldito calor se acrecentaba. Si Ron se acercaba un poco mas echaría a correr. Pero no lo hizo, no movió ni uno solo de sus músculos cuando percibió como los dedos del pelirrojo se habían posado sobre la piel de su cuello y bajaban lentamente hasta la clavícula.

—Si hago esto, ¿qué sientes?

—Na…, nada.

¿Nada? Acababa de alcanzar un nuevo record de decir mentiras en un solo día. Luchaba contra sí misma, y contra todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Los dedos de Ron sobre su cuello la hicieron retroceder nuevamente unas horas atrás, un par de días atrás, unos momentos que pretendía olvidar; y lo único que hacía era recordar todo aquello una y otra vez, cada vez con mas nitidez, con mas detalles. Y los poros de su cuerpo se abrieron y todos lo vellos se pusieron en pie al contacto calido de aquel roce, sin importancia, sin ninguna importancia…

—¿Y ahora, sigues sin sentir nada?

Se agitó de pies a cabeza. La voz susurrante de Ron había golpeado contra su oído, y su aliento tibio contra el lóbulo de su oreja. Se escapaba, aquella situación se le iba de las manos, igual que si fuese humo. Tenía que recobrar la cordura antes de que la perdiese por completo.

—¿Qué sientes, Hermione?

Otra vez su voz, armoniosa, dulce, masculina, otra vez su aliento golpeando su templanza. Sus labios rozando la piel del borde de su oreja. Ya no soportaba mas aquel calor infernal, y sus pulmones se habían empequeñecido, no cabía en ellos mas oxígeno. Cortar por lo sano, cortar aquello de raíz…

—No siento nada.

Notó como el aliento de Ron se alejaba de su piel y volvía a encontrarse con aquellos ojos azules que la miraban fijamente.

—Entonces no te preocupes, ambos sentimos lo mismo.

Hermione tomó aire y se abanicó con la mano aprovechando que el pelirrojo había vuelto a mirar al río por la ventana. Trataba de serenarse, de que su rostro volviese a adquirir su tono natural de siempre. Caminó hacia su sillón y se desplomó en él. Parecía que todo lo que ambos tenían que decirse lo habían hecho en aquel instante, y ya no había razón para volver a mencionar el dichoso encuentro de su cumpleaños. Así que por fin podría centrarse en lo realmente importante, su trabajo.

—Te hice llamar porque, como bien dijo Astoria hace unos minutos, hoy tenéis una prueba de cámara.

—¿Qué es eso? —se giró hacia ella con una mueca de espanto en el rostro.

—Es muy sencillo Ron, no te preocupes. Astoria y tú os haréis algunas fotos para ver como os desenvolvéis delante de la cámara juntos, y a partir de eso Luna y Blaise darán forma a la campaña —le costaba mucho concentrarse, Ron aun conseguía perturbarla demasiado.

—No sabré hacerlo, ¿ese tipo estará allí?

—¿Malfoy? —Ron asintió—. Sí, estará allí, no perderá oportunidad para ver como fallas.

—¿Irás tú?

—No, nunca voy a las pruebas de cámara, en realidad nunca voy al estudio.

—¿Vas a dejarme solo? —inquirió él frunciendo el ceño.

—No vas a estar solo Ron, habrá mucha gente allí —contestó ella sonriendo.

—Me sentiré mas seguro si vas.

Hermione dejó de sonreír. Tragó saliva, él se sentiría mas seguro si ella accedía a acompañarlo ¿Cómo podía oponerse a eso? Le estaba haciendo un enorme favor al aceptar aquel trabajo, no era justo negarle su apoyo, a pesar de que deseaba estar lo más lejos de él posible.

—De acuerdo iré, pero tengo que terminar un asunto que me llevará unos minutos —volvió a disfrazar la verdad, se estaba convirtiendo en una auténtica maestra del engaño—. Ve tu primero, no tardaré.

Ron esbozó una enorme sonrisa y un poco mas animado abandonó el despacho. Hermione esperó unos segundos para asegurarse que el joven ya no estaría por el pasillo y luego se puso en pie de golpe. Salió de su despacho y se dirigió presurosa hacia el baño. Una vez allí, abrió el grifo de agua fría, y se echó un poco por la cara y por la nuca. El calor comenzaba a disiparse con el agua fresca del grifo. Se miró al espejo, las gotas surcaban y humedecían su rostro, estaba completamente aturdida, aun podía sentir los labios de Ron rozando el borde de su oreja y un escalofrío inesperado recorrió su espina dorsal. Era tan extraña esa sensación, tan confusa, tan inapropiada, y sin embargo tan excitante que Hermione tuvo que volver a refrescarse la nuca con un poco mas de agua. Un ruido la hizo comprender que no estaba sola en el baño. De uno de los retretes salió repentinamente Ginny Weasley con cara de pocos amigos.

—Buenos días —prácticamente no habló, mas bien parecía que escupía el saludo. Hermione ahogó una sonrisa, en ese momento Ginny era tremendamente parecida a Ron. La pelirroja al ver el rostro humedecido de su amiga, añadió con voz más suave—. ¿Te ocurre algo? ¿Estás mareada?

—Un poco, tengo calor… Ya sabes, Malfoy…—que mas daba una mentira mas.

—Ah, sí, él es el único capaz de lograr que sudemos cuando fuera hace una temperatura de diez grados —observó Ginny mientras metía las manos bajo el agua del grifo y se las frotaba.

—¿Y a ti, que te pasa? Estás rara.

Ginny dejó de frotarse las manos, agarro una toallita de papel del dispensador y comenzó a secárselas con mucho frenesí, confirmándole de ese modo a Hermione, que algo no marchaba bien.

—Cho pasó la noche con Harry —lanzó con rabia la toallita hecha una bola hacia la papelera, esta rebotó y cayó finalmente al suelo. Ginny resopló con furia.

—¿Quién te dijo semejante estupidez?

—James.

—¿James?.. ¿Tu James? Pero es un niño Ginny, ¿Por qué ibas a creer lo que dice un niño? —a Hermione comenzó a dolerle un poco la cabeza.

—Los niños no tienen porqué mentir…

—Los niños inventan cosas, es su naturaleza —Ginny entrecerró los ojos mirando a su amiga con resentimiento, Hermione chasqueó la lengua y luego dijo mientras se secaba la cara con una de las toallas de papel—. De todos modos, ¿por qué te importa tanto con quien pase la noche tu ex marido?

—Claro que me importa —Hermione torció el gesto, Ginny se apresuró a aclarar mejor su frase—. James no tiene porqué ver ciertas cosas, y no me parece apropiado que Harry lleve sus conquistas a casa cuando el niño pasa unos días con él.

—Viéndolo de esa forma, tal vez tengas razón.

—Creo que lo más conveniente es que aclare con Harry ciertos puntos que parecen que no han quedado claros, como eso de revolcarse en el sofá con Cho ¡cuando James está durmiendo en la habitación contigua!

A medida que hablaba Ginny fue subiendo el tono de voz y en consecuencia también subió un poco la tonalidad de su rostro. De repente Hermione había vuelto a verse sola, la pelirroja abandonaba el baño como una exhalación.

Sus pasos podían oírse a varios kilómetros de distancia, porque Ginny Weasley pisaba el suelo con tanta intensidad que el tacón de sus zapatos parecía perforarlo. Estaba demasiado enfurecida como para pensar con claridad, como para contenerse y comportarse como una mujer cuerda y equilibrada. Imaginar a Cho retozando salvajemente con su ex marido en el sofá no era una imagen muy agradable y el dragón que hacía arder su estómago lograba que saliese humo por sus orejas y los ojos se le inyectaran en sangre. Cuando llegó al despacho de Harry solo golpeó una vez, y luego abrió la puerta sin aguardar a que le dieran paso.

—¿Puedo hablar contigo?

Harry torció el gesto confuso, Ginny parecía muy alterada. Aun así guardó la calma, se aclaró la garganta, colocó bien las gafas sobre su nariz, y expuso de forma correcta y amable.

—Ahora no puedo Ginny, tengo mucho trabajo atrasad…

—Me importa un bledo tu trabajo atrasado, necesito hablar contigo, y necesito hacerlo ahora.

Neville. que estaba sentado en una mesa muy cerca de Harry. comprendió sin necesidad de que nadie le explicase nada, que había llegado el momento de desaparecer antes de que Ginny se encargase de deshacerse de él con sus propias manos. Conocía de sobra el fuerte carácter de la joven Weasley y no deseaba enfrentarse a ella nuevamente; ya lo hizo una vez y no salió muy bien parado. Cho, que también se encontraba en el despacho supo que el repentino mal humor de la pelirroja tenía algo que ver con que ella amaneciese en casa de Harry. Miró al joven al que le volvían a resbalar las redondas gafas por la nariz y resopló. Había metido sin proponérselo a Harry en un gran lío. Se mordió el labio mientras divisaba a Neville, que le hacia extraños gestos con la cabeza para que lo acompañase.

—¿Todo bien Harry? —preguntó antes de marcharse.

Ginny la fulminó con la mirada dejándole muy claro cual era la razón de su descomunal enfado.

—Todo bien Cho, déjanos solos.

Y así fue como salieron del despacho dejando a Harry y a Ginny el uno frente al otro.

—¿Qué es tan urgente como para hacerte perder los modales? Ni siquiera diste los buenos días.

—Vaya, que perspicaz eres Harry. No di los buenos días porque no tienen nada de buenos.

Se produjo un silencio, Ginny deseaba escupirle a la cara las miles de cosas que se le pasaban por la mente, sobre todo cuando veía como Harry la miraba fijamente con gesto confuso, como si no supiese que era lo que la tenía tan agitada.

—James me dijo que no dormiste solo la noche del sábado —no le gustaba dar rodeos, ir al grano era mucho mas práctico.

—Vaya, ¿así que es eso?, debí imaginarlo.

—Entonces es cierto ¿No vas a desmentirme que pasaste la noche con Cho? —la rabia de Ginny aumentaba a pasos agigantados sobre todo ante la pasividad y la desfachatez de Harry.

—No, ella durmió en mi casa el sábado.

Desde lo mas profundo de su estómago, Ginny notó como se retorcía el dragón que se alojaba en él provocándole terribles nauseas.

—¡James estaba allí! —exclamó perdiendo completamente los estribos.

—Yo no me acosté con Cho si es eso lo que insinúas.

—¿Ah no? ¿Entonces a qué vino que durmiese en tu casa? ¿Acaso se incendió la suya?

—No seas ridícula, necesitaba a alguien con quien hablar y la llamé para que me hiciese compañía.

—Y al parecer se lo tomó al pie de la letra, eso de hacerte compañía.

Harry no pudo soportarlo mas y se levantó bruscamente de su sillón rodeando la mesa hasta situarse frente a su ex mujer.

—¿Nunca vas a confiar en mi palabra, verdad Ginny? —ella apretó los labios y entrecerró los ojos con rabia—. Ya te he dicho que no me acosté con Cho, si quieres creerme estupendo, si prefieres no hacerlo, es tu problema.

El joven respiraba con dificultad, porque si había algo que aborrecía era tener que discutir con Ginny, y tratar de defenderse una y otra vez. Así que ahora no lo haría, no trataría de explicar los motivos por los cuales Cho terminó pasando accidentalmente la noche en su casa. No lo haría si Ginny continuaba con aquella actitud prepotente y amenazante.

—Si lo que necesitabas era compañía, ¿por qué no recurriste a otra persona que no fuese ella?

—¿A quién, Ginny? ¿A Hermione? Si no recuerdo mal estaba contigo en aquella maldita fiesta… ¿O acaso te refieres a Neville, o a Seamus? Ellos tienen familia, esposas, personas a las que dedicar un sábado por la noche, y no perder el tiempo con un amigo estúpido que no puede sacarse de la cabeza la horrible idea de que la mujer a la que aun ama está rozándose con otro hombre mientras baila, y que además resulta que el tipo es su ex novio.

Ginny dio un paso hacia atrás y su enfado mermó considerablemente, ahora el desconcierto inundaba cada recoveco de su cuerpo, y el dragón se había convertido en una mariposa que no dejaba de agitar las alas haciéndole sentir un agradable cosquilleo en las paredes de su estómago.

—¿Pensabas en mí? —susurró con el corazón golpeándole salvajemente la garganta.

—¡¿Pensar? No hice otra cosa en toda la noche, no había ni un solo instante en que no me asaltara la espantosa imagen de Dean poniendo sobre ti una de sus manos… ¿Lo hizo, verdad? Dejaste que te tocara —Harry había avanzado algunos pasos hacia Ginny que seguía sumida en el desconcierto, la conversación estaba dando un giro inesperado.

—Solo fue un baile…—musitó una vez mas.

—¡Maldita sea! Cho me escuchó, me dio consejos y trajp una película que no terminamos de ver porque nos quedamos dormidos..., mientras tú dejabas que ese idiota de Thomas te sobase…

—¡Harry!

—¿Y vienes a pedirme explicaciones? Mas bien deberías dármelas tú a mí.

Para cuando Ginny quiso darse cuenta, Harry había avanzado demasiados pasos hacia ella y prácticamente lo tenía encima, aquello consiguió que la mariposa que jugueteaba en su interior, batiese con mas intensidad las alas y la sensación placentera aumentase consiguiendo que ya no recordase muy bien qué era lo que hacía allí.

—Me preocupa lo que ocurra con James, creo que no es apropiado que nuestro hijo vea que te despiertas junto a una mujer, te hayas o no acostado con ella. Solo vine a recordarte eso.

—Lo tengo muy presente, jamás expondría a James a presenciar nada que pudiese perjudicarlo emocionalmente.

Habían conseguido controlarse, ella habló con suavidad y él respondió en el mismo tono. Pero aun estaban demasiado cerca el uno del otro. Ginny podía ver el fulgor esmeralda en los ojos de Harry y él podía embriagarse con el perfume que manaba de los cabellos rojos y ondulados de la mujer. No era fácil reprimir los deseos coartados durante tantos meses, y se apoderaba de ellos las ganas de hacer lo que realmente anhelaban, aun sabiendo que después tal vez, cuando aquello sucediese, se arrepentirían de no haber sido mas fuertes. La mariposa agitadora comenzó a subir por el esófago de Ginny y salió libre por su boca justo cuando percibió como los labios de Harry aprisionaban los suyos en un beso pausado, tierno, lleno de sentimientos latentes. Pudo haberlo interrumpido, pudo haber seguido enterrada en su terquedad y haber cruzado la cara de aquel hombre de un buen bofetón, pero debía rendirse a la evidencia; la verdadera razón es que a pesar de sus dudas, de sus desconfianzas y de sus lágrimas, Ginny seguía locamente enamorada de Harry, y sabia que tarde o temprano terminaría sucumbiendo a él. Enterró sus dedos en el cabello azabache del joven desordenándolo aun mas de lo habitual, mientras notaba como las manos de Harry rodeaban sus caderas y la atraía con decisión hacia las suyas. Ya no había solo ternura en aquel beso, había algo mas, porque el amor, el verdadero amor lleva consigo la pasión y entre ellos siempre hubo mucha. Ginny había quedado aprisionada entre la fría pared y el cálido cuerpo de Harry que había abandonado su boca para recorrer ahora con sus labios el borde de la mandíbula de la joven. Miles de cosas pasaban por la mente de Ginny; ceder ¿estaba bien o no lo estaba?, dejarse llevar por lo que deseaba ¿iba en contra de su dignidad, o tal vez no?… si en realidad Harry nunca demostró ser culpable de lo que ella vio aquella fatídica mañana ¿Por qué no volver a intentar confiar en él? ¿Por qué seguir sufriendo? Esta vez no fue Cho, pero Ginny era consciente de que tal vez algún día Harry conocería a alguien que le hiciese sentir bien y ese alguien lo arrancaría definitivamente de su vida ¿Por qué dejar que eso sucediese? Si lo único que deseaba era estar a su lado por el resto de su existencia ¿Era eso algo tan indigno? Sufrió una fuerte sacudida cuando notó como Harry trataba de abrirse paso desabrochando los botones de su camisa, dejando al descubierto un trozo de la fina lencería que cubría parte de su cuerpo.

—¡Oh, Dios mío! Harry… para… no sigas, por favor. Esto no está bien.

El joven se separó un poco de ella mirándola con frustración.

—¿No está bien? Pensé que lo deseabas tanto como yo.

—Así es, pero no puedo ir tan deprisa —respondió Ginny mientras sujetaba los bordes de su camisa para dejar de estar tan expuesta a él.

Sin embargo, lejos de parecer molesto, el rostro de Harry se adornaba con una significativa sonrisa, mientras su respiración continuaba siendo jadeante.

—¿Quieres decir con eso que estás dándome otra oportunidad?

—Creo que me he vuelto completamente loca, estamos divorciados…

—¿Y eso que mas da? Volvería a casarme contigo mil veces mas si hiciese falta —la sonrisa que Harry mostraba en su semblante robaba el protagonismo a la verde luz de sus ojos—. Estas dándome otra oportunidad, ¿verdad?

—Necesito ir muy despacio, tengo que aprender a confiar en ti otra vez Harry, quiero hacerlo.

—Te daré todo el tiempo que necesites para que entiendas que yo jamás podría llegar a traicionarte.

Respiraba ya con menos agitación aunque aun lo hacía con rapidez. Ginny terminó de abrocharse el último botón de su camisa, se atusó el cabello y dijo en voz baja.

—Deberíamos dejar esta conversación aquí —observaba como Harry la miraba embobado—. Tal vez podríamos continuarla en otro momento, en otro lugar…

—¿Cuándo?

—No lo sé, pronto.

Lo miró una vez mas a los ojos y se giró dispuesta a salir del despacho cuando la voz de Harry la detuvo nuevamente.

—James tiene razón.

—¿A qué te refieres?

—A que eres capaz de perdonar si te dan un beso.

Ginny sonrió, y mirando fijamente a su ex marido, añadió.

—Yo aun no te he perdonado, así que tal vez no baste un solo beso.

Sonrió aun mas ampliamente mientras abandonaba definitivamente la oficina de Harry. El joven sintió como las nubes grises que se instalaron en su vida hace casi un año, comenzaban a apartarse de su corazón, y dejaban paso a otras blancas y esponjosas, como esas que de vez en cuando adornaban el cielo de Londres después de una tormenta.

Hermione sabía de lo que hablaba cuando dijo que no estaría solo. Debía haber al menos nueve o diez personas en el estudio cuando Ron llegó. Desde un rincón y soportando pacientemente que una maquilladora ensalzara aun mas su belleza, Astoria lo saludó con una mano. Muy cerca de ella, se encontraba Draco Malfoy y su siempre fiel ayudante Pansy. Ambos miraban a todos lados con arrogancia y murmurando de vez en cuando algo referente al lugar y a su falta de distinción. Preparando lo necesario para la prueba de cámara estaban los tres ayudantes de Luna y Rolf. Ella daba órdenes mientras él paseaba por el set de fotografía pensativo, con una mano sobre la barbilla, moviendo alguna que otra lámpara y situando correctamente las pantallas. Y por último, un poco más rezagado pero sin quitar el ojo a lo que Rolf y Luna hacían, se hallaba un joven de piel oscura que Ron no tenía el gusto de conocer pero que parecía bastante importante. El pelirrojo pudo ver como la maquilladora terminaba de poner a punto a Astoria y se acercaba a él acompañada de la modelo.

—¿Eres Ron?

—Por supuesto que es él —respondió Astoria—. Vamos Ron, Katie va a maquillarte, tiene las mejores manos que podrás conocer, hace maravillas con ellas y con sus pinceles, aunque no creo que tú necesites demasiados retoques —rodó los ojos—. Órdenes de Bagman, te quiere lo mas natural posible.

Agarró al pelirrojo de la mano y tiró de él siguiendo muy de cerca a Katie. Ron viró sus ojos hacia la puerta de entrada, Hermione no llegaba y todo aquel barullo de gente comenzaba a ponerlo muy nervioso. Los tres pasaron por delante de Rolf, Luna y Blaise mientras caminaban hacia el rincón que habían acondicionado como sala de maquillaje. Luna parecía haber acabado ya de impartir órdenes a los operarios y se sentó delante de la pantalla de su ordenador para ultimar algunos detalles. Rolf también estaba preparado para comenzar con la prueba, miró su reloj unos instantes y se acercó a Blaise diciéndole.

—Diga lo que diga Luna, para mi será un placer trabajar con el mejor fotógrafo de Londres.

—Gracias. Ella no me tiene mucha simpatía.

—¡Bah! No la tomes muy en cuenta, tiene un carácter un tanto peculiar —comentó Rolf mirándola de soslayo.

Luna dejó de escribir en su ordenador y tras imprimir algunos folios abandonó su puesto en la mesa de trabajo para acercarse a los dos hombres que, solo unos instantes antes, habían estado hablando de ella.

—Toma —dijo con malos modales entregándole a Zabini los papeles que acababa de imprimir—. Este es el esquema de trabajo que tenemos Rolf y yo en GAC. En este proyecto, me encantaría que te ciñeses a él.

—Sabes que no lo haré, yo tengo mi propio método de trabajo y nunca concordó con el tuyo. Además no estás siendo muy amable Luna.

—No seas cínico, jamás sería amable contigo, Blaise. Eres un cerdo.

Rolf abrió de par en par los ojos ¿Qué ocurría allí? Algo se escapaba a su entendimiento, Luna y Zabini parecían conocerse demasiado bien.

—No puedo creer que seas tan rencorosa, pensé que con el paso del tiempo me habrías perdonado —la voz de Blaise era calmada y firme.

—Ni lo sueñes.

—Entonces, si no eres capaz de perdonar, tampoco lo serás de olvidar… ¿aun piensas en mí?

El corazón de Rolf se detuvo unos segundos embargado por la sorpresa, ahora no le cabía duda de que Luna y Zabini si se conocían muy, pero que muy bien.

—Por supuesto que sí, cada vez que vomito.

Zabini soltó una carcajada. Rolf frunció el ceño, la frase de Luna no tenía nada de graciosa y su semblante enojado mucho menos.

—Esta experiencia será muy interesante.

Luna ignoró el comentario de Blaise y se alejó de él seguida muy de cerca de su ayudante. Rolf estaba completamente desconcertado y su curiosidad sobre que tipo de relación habían llevado Luna y Zabini en el pasado, golpeaba incesantemente en sus sienes.

—Pareces conocer bien a Zabini… —decidió que comenzaría su investigación con una leve insinuación antes de ir al grano.

—Para mi desgracia sí —atajó Luna sin ninguna cortesía.

—Es el mejor fotógrafo de Londres.

—Es un cerdo.

—¿Qué ha pasado entre vosotros para que hables así de él?

Luna se detuvo en seco y perforó a Rolf con la mirada.

—No me hagas preguntas, yo nunca hablo de Blaise Zabini.

Definitivamente no le gustaba ni un pelo eso del maquillaje. Perdió la cuenta de cuantas capas de potingues había puesto esa tal Katie sobre su cara. Se miró al espejo, apenas podía ver las pecas que tenía sobre la nariz ¿Y eso era ser natural? Resopló con fuerza, si borraban las motas de su rostro ya no sería él.

—¿Qué tienen de malo mis pecas? —inquirió para sí mismo mirando con enojo al Ron del espejo.

—Nada.

El joven se giró bruscamente, Hermione estaba de pie junto a él. Tenía las puntas de su cabello húmedas, y unas leves ojeras se habían instalado bajo sus ojos. Parecía cansada, pero aun así, ella estaba allí.

—¿Qué le ocurre a tus pecas?

—No tengo, me las han borrado —contestó Ron elevando el labio superior en un gesto de desaprobación.

—¿A ver? Agáchate un poco.

Ron obedeció. Hermione se acercó a él y escrutó con detenimiento el rostro del joven. Luego entrecerró los ojos y exclamó.

—¡Idiotas! ¿Es que tengo que estar en todo? ¡Katie!

El grito fue tan potente que la joven maquilladora dio un pequeño brinco y luego caminó presurosa hacia ellos.

—Dígame, señorita Granger.

—¿Por qué has borrado las pecas de Ron?

La muchacha tragó saliva con dificultad y luego trató sin mucho éxito de que la voz no le temblase mientras daba su explicación.

—Pensé que así estaría mejor para la sesión de fotos… Esas marcas en un hombre no son atractivas, sin duda en una chica sí, pero en un chico…

—Las de Ron son muy atractivas, le dan personalidad y de eso se trata. Vamos hazlas aparecer de nuevo o tendremos al señor Bagman muy disgustado.

—Lo lamento señorita Granger, enseguida lo arreglo.

Ni corta ni perezosa, y bajo la atenta mirada de Hermione, Katie, desmaquilló a Ron liberándolo de todas aquellas capas de cosmético y volvió a retocarlo, esta vez con mucha más sutileza.

—¿Qué le parece ahora? —preguntó una vez que hubo terminado su trabajo por segunda vez.

Hermione se acercó a Ron, lo miró detenidamente un instante y delante de sus ojos aparecieron todas y cada una de las pecas que se distribuían por las mejillas, y la nariz del hombre… ¿Por qué pensaba Katie que aquellas marcas redondeadas sobre la piel de Ron no eran atractivas? A ella sí se lo parecían, le resultaban divertidas y conferían al joven un aire aniñado que despertaba en ella cierta ternura.

—Mucho mejor, es esto lo que queremos.

La muchacha asintió mostrando la satisfacción en su rostro del deber bien hecho, y se marchó junto a Rolf y a Zabini para dar los retoques a los dos protagonistas si estos eran necesarios durante la sesión de fotos.

—¿Estás preparado? —interrogó Hermione a Ron mientras éste se ponía en pie.

—Sinceramente, no.

—Solo déjate llevar, Luna sabe lo que hace, ella no te pondrá en ningún aprieto. Saldrás airoso de toda esta situación.

—Gracias por venir —dijo mostrando una sincera sonrisa.

—Te lo debía, no imaginas lo que estás haciendo por mí.

—¿Te quedarás toda la sesión?

—¿Quieres que me quede? —preguntó y vio como Ron asentía con un gesto de la cabeza—. Entonces no me moveré de aquí.

Ron volvió a sonreírle. Hermione sintió revolverse algo en su interior. No era solo las pecas lo que hacía atractivo el rostro de aquel hombre, también su sonrisa sincera y agradecida lograban hacerlo atrayente. Se quedaría allí, durante toda la sesión que duraría varias horas, cuando en su despacho tenía tonelada de trabajo acumulado ¿Lo haría porque él se lo había pedido, porque se lo debía? Definitivamente no, simplemente lo hacía porque en el fondo, se sentía bien cuando estaba junto a él, y muy a su pesar, comenzaba a darse cuenta de ello.


Hasta aquí capi 11.

Espero que os haya gustado, gracias a todos los que me enviasteis rr en el capitulo anterior. Ya los contesté por mp y a los demás aquí tenéis vuestras respuestas:

Alejandra: Hola! antes de nada gracias por tu comentario. Soy un poco malvada con Harry y con Ginny, creo que es la primera vez que los trato así tan mal... jeje! ayyyy no imaginas cuanto busco los huecos en mi tiempo para poder escribir la historia y contestar a vuestros rr. Gracias por seguir ahí, y besotes.

paunieto: jajajajaja! holaaa! me alegro que te haya gustado el capitulo anterior, espero que este te estrese un poco menos porque Harry y Ginny se hablan bastante en este capitulo xD Gracias por seguir ahí, besos!

Pulytas: Hola! A mí no me gustaría estar en el pellejo de Harry cuando Ginny se enfada, es una Weasley y tiene sangre Molly! Hermione no es buena mentirosa, ya veremos cuanto aguanta si oculta la verdad de Ron. Besos, mil gracias...

silvers draco: Hola... Las cosas solo son difíciles si nos empeñamos en creer que son así, pero ya ves que las cosas pueden cambiar algo de la noche a la mañana, lo malo a veces no es tan malo... Espero que te guste lo que sucede con Harry y Ginny en el capi 11. Besos... gracias.

Trataré de volver lo mas pronto posible.

Besos y hasta la proxima...

María.