Mientras acomodaba los panecillos en las diversas canastas no evitaba pensar en lo que había pasado en esos días.
Si su vida fuera una novela, ella sería la sencilla protagonista que su vida cambia cuando conoce a un príncipe de quien se enamora, pero al recibir su rechazo se aleja de él; cayendo en gracia de un caballero de brillante armadura. Si la historia seguía como creía… todo terminaría mal.
Le daba vueltas y vueltas al tema.
Adrien aparentó que no se interesó en ella y ahora su madre le contaba que fue casi todos los días a dejarle ramos de flores. Las flores que adornaban su habitación, siempre creyó que las ponía su mamá para alegrar el lugar, pero fue Adrien…
—¡Hola, Marinette! —La voz de Claude sonó en la panadería, haciendo que las tenazas con las que Marinette acomodaba el pan cayeran al suelo.
No podía verlo, se sentía como una mentirosa. No le estaba respondiendo como debía ser. Él era la representación más pura de caballerosidad y ella, se convirtió en la mentira que él creía y aceptaba. No, sencillamente ese no era el papel que quería desarrollar. Se quería creer como una protagonista aspiracional y no una que se dejaba caer en la tentación de un chico que la besaba y la hacía acariciar el cielo ante cada roce de él.
—Hola, Claude. —Saludó con desánimo. —¿Qué haces aquí tan tarde? —Eran cerca de las ocho de la noche, la hora en la que el trabajo en la panadería estaba en su punto álgido.
—¿Me estas evitando, Marinette? ¿Hice algo que no te haya gustado y por eso no me quieres ver? —La mirada del castaño se veía nebulosa, de verdad creía que ella le estaba huyendo y no podía estar más en lo cierto.
—Y-yo. —Fue interrumpida por una de las clientes que le preguntaba por alguno de los productos y otras personas esperaban que les cobrara. —Dame un minuto.
Recogió las tenazas y las dejó con los otros utensilios sucios mientras, se dirigía a atender a los clientes. Marinette quería ganar tiempo haciendo sus actividades en el local, conocía a Claude y él se daría cuenta de todo. Era muy observador, su aspecto más molesto porque no podría engañarlo. ¿Engañarlo? ¡Ya estaba pensando en engañarlo! ¡Entonces si estaba haciendo algo malo!
—Si gustas pasar, Claude. —Afirmó al ver que el trabajo se le acumulaba.
No quería verlo ahí, como esperando una explicación ¿Qué le diría? "Me he estado besando con Adrien estas últimas semanas y es él quien me ha mandado los ramos de flores además que está enamorado de mí y no sé cómo responder por que estoy confundida contigo y con él".
—No, yo lo lamento, no debí venir a verte. —Claude salió de la panadería, abriéndose paso entre los clientes. —Buenas noches, Marinette.
—No, espera Claude.
¿Qué esperaba decirle cuando no podía entenderse a sí misma?
Después de terminar su trabajo, subió a su alcoba. Quizá dibujando algo o cosiendo uno de sus diseños o esperando la dulce muerte sería lo mejor. La vida de una adolescente no podría seguir con ese ritmo apenas se estaba acomodando por todo, su problema en el hospital, sus conflictos en la escuela y ahora esto.
Se fue a dar una ducha, el agua caliente de la tina de baño la relajó, sus poderes de LadyBug yacían en su tranquilidad mental, eso es algo que no iba tan bien sobre todo, llegó a su mente las últimas dos semanas.
Después de la declaración de Adrien, terminaron el beso entre rostros ruborizados y jadeos. Para Marinette parecía un sueño curioso que su crush se le estuviera declarando y ¡ese sería el sueño para cualquiera! El modelo, atractivo, caballeroso, dulce, gentil y atento se convertía en un ser pasional que te declaraba su cariño. Era el mejor sueño.
Sin palabras entre ellos, Adrien salió del aula. Tampoco es como si ella pudiera expresarse. Al ver que estaba sola, se dejó caer en su asiento. Aquello era irreal, como si sus pies no pudieran tocar el suelo, estaba flotando en una fantasía increíble. Rebobinó en su mente, palabra por palabra, cada gesto, cada segundo y cada sensación.
Su cuerpo seguía ardiendo, temblaba ante lo hecho. Sólo un beso había desatado una reacción en cadena de emoción en su mente y cuerpo. Inhaló y exhaló para volver a la tranquilidad aunque, no había un camino de retorno.
Se levantó y salió del aula, una vez en el tocador, abrió la llave del agua y con sus manos formó un cuenco, para que el líquido enfriara su rostro. Sus mejillas ardían en calor, al igual que su cuerpo. No debía permitirse esas emociones, menos cuando alguien más llenaba sus pensamientos hundidos en culpa.
Durante el perpetuo beso con el modelo, no se perdonaba pues, le hacía creer que estaba cometiendo un error. La imagen de Claude con una sonrisa, se filtraba en sus recuerdos, esa dulce sonrisa que le había dedicado las últimas semanas. Torpemente avanzaba hacia ella pero, no lo suficiente para dar "ese paso".
Los sonoros latidos de su corazón la hacían creer que en cualquier momento se le saldría del pecho y correría hasta el modelo. ¿Cómo llegó a esa situación?
—Así que a ambas nos levantaron temprano, ¿no es cierto? —La somnolienta voz de Alya se escuchó, haciendo que Marinette se pusiera alerta. —Una de mis hermanas tenía que llevar un proyecto y nos dijo ayer en la noche. Apenas si dormimos en terminárselo. —Bostezó la joven para luego entrar a uno de los sanitarios. — ¿Y tú? ¿Qué haces tan temprano?
"Me desvelé patrullando la ciudad, apenas dormité unas horas y como no puse bien mi alarma vine aquí, para que el modelo por quien he babeado estos meses, me acaba de robar el alma con ese beso que aun siento, su lengua dentro de mí".
—Mari, ¿sigues ahí? —Habló Alya desde el interior de uno de los sanitarios. —Mari.
—Ahm, sí. Aquí estoy. Me estaba lavando la cara y no te escuché. —Aunque sus pensamientos taladraban su mente, no podía permitirse que las palabras abandonaran su boca. —¿M-me decías?
De manera torpe trató de ocultar su nerviosismo, llevando de manera absurda la conversación con su amiga.
Se comenzaban a escuchar la llegada de más chicos al colegio. Una vez que terminaron sus asuntos en el tocador, se dirigieron a comprar algo para desayunar en la cafetería y posteriormente lo llevarían al salón. Marinette no quería entrar, no estaba mentalmente preparada para enfrentar a Adrien, ¿qué debía decir? ¿Cómo debía actuar? No, eso no podía ponerse peor.
—¡Buenos días, chicas!
Si, podía empeorar aún más.
Claude y Mercury llegaron al colegio y se toparon con ellas en las escaleras. La pelinegra era un manojo de nervios, no sabía dónde ocultar el rostro que la delataría de todo lo ocurrido.
—Marinette ¿estás bien? —Mercury fue el primero en hacer notar la incomodidad de la chica.
—Si no te sientes bien, puedo llamar a la ambulancia. —Claude se acercó a ella haciendo a un lado a Mercury y Alya quienes no se molestaron en darles espacio a su "prospecto de nueva pareja".
—Estoy bien, sólo tengo un poco de sueño. —Esquivó la vista de su interlocutor.
—¿Segura? Luces como si tuvieras temperatura, tus mejillas estás sumamente ruborizadas. ¿De verdad estas bien?
—¡Si, lo estoy! —Gritó la azabache ante la mirada atónita de sus acompañantes. —L-lo lamento. Es sólo que me han preguntado tantas veces durante este tiempo "si estoy bien". Lo estoy, de verdad. No hace falta que te preocupes, y-yo lo lamento; las clases están por iniciar.
Para la sorpresa de los tres amigos, la actitud de la aspirante a diseñadora no rozaba en el "bien", algo le pasaba, la pregunta era saber qué. Marinette los dejó perplejos en las escaleras mientras se dirigía a toda velocidad al aula. Aun no llegaban sus compañeros, al parecer las únicas eran Alya y ella, cuando recordó a "alguien" que también había llegado. La mochila de Adrien aún estaba en su mesa de trabajo.
Menos de veinte minutos la separaban de ese momento. Ese instante lleno de placer, pasión, deseo y culpa; no debía olvidar la culpa. Por eso trató así a Claude, para que viera que ella no era una buena persona y lo mejor era que se alejara, ella no se merecía a alguien tan dulce y protector como Claude.
Todo el día se la pasó huyendo de ambas miradas, la de Claude y la de Adrien, no era bueno para su salud mental y así había llegado hasta ese momento.
Si hubiera sido un beso quizá podría dejar de pensar en ello y pensar que no pasó, el problema era que se había repetido esas semanas. Un beso furtivo antes de que las clases iniciaran, ni siquiera es como si concertaran una cita para verse, sólo se encontraban; se besaban y actuaban como si nada de eso hubiese pasado, mañana tras mañana se repetía la escena. Sin palabras entre ellos, se devoraban entre si y después se ignoraban todo el día.
Así sucedió antes de su trabajo en la panadería y ahora, en la tina del baño, los reproches en su mente se repetían sin cesar en un vaivén de culpa.
—Si sabes que todo esto está mal ¿verdad? —La vocecita de Tikki apenas se escuchaba entre la canción que sonaba en el celular de Marinette, pues quizá un poco de música no le dejaría en ese silencio aturdidor.
Estaba mal pero, se sentía bien; haciendo que se confirmara su idea que estaba mal. Lo más lógico sería quedarse con Adrien, le gustaba a él y ella… ella estaba pensando en Claude el 20% del tiempo, otro 20% en Adrien y lo demás en su arrepentimiento por sus acciones.
Salió de la ducha y aun con el agua escurriendo por su cuerpo se puso la ropa y salió al balcón. Tras el correr de las gotas que caían de su cabellera a su cuello y la brisa nocturna enfriándola no eran suficientes para salir de su estupor. Decisiones, decisiones y más decisiones. Si o no, correcto o incorrecto, qué era verdad ¿razón o pasión?
—Una bella dama no debería de estar… así, en la noche.
¿De quién era la voz? Momento… ¡¿por qué habría una voz en el balcón de su casa?! ¡En un tercer piso! Se colocó en pose de defensa de manera instintiva.
—Chat Noir, ¡¿qu-qué estás haciendo aquí?!
Claro, en ese 60% de sus acciones también entraba su labor de Ladybug, en el cual sus pensamientos de índole amorosos no le estaban permitiendo patrullar como la ciudad de París lo requería y entre los afectados estaba Chat Noir.
Estaba fallando en todo: en la escuela, con su familia, con sus amigos, como heroína y todo por no poner tranquilidad en la mente y a su corazón.
Si se definía por el chico que era mejor, en este caso Claude, pues era quien había dado tranquilidad unas semanas, su corazón gritaba por Adrien porque él estuvo desde las sombras, cuidándola y sentía algo más pasional comparado con la timidez de Claude que sólo hacía que pareciera más lindo.
—Princesa…—comentó Chat un poco perplejo y evitando ver a Marinette. —N-no sé qué tienes pero, es enserio, deberías cubrirte.
—¿Qué? — Si, a través de la ropa mojada que se adhería a su piel. —¡¿Qué demonios estás viendo?! ¡Eres un pervertido!
La joven soltó un golpe en la mejilla del héroe, haciendo que este resbalara. Chat de manera torpe pudo detener su caída, antes de tocar el suelo, Marinette se cubrió con la manta que yacía en su silla en el balcón. Esa distracción que sufría los últimos días la terminaría involucrando en algún problema irreversible si continuaba así.
—Ya entendí, vi cosas que no debí ver. —El héroe trepó de nuevo y esta vez volteó hacia otra parte. —¿Puedo saber qué te tiene tan pensativa como para que salgas "así"?
—Pensar en todo y no poder resolver alguno de mis problemas. —Marinette, se dejó caer en la silla y recordó que debía fingir cierto fangirlismo delante del héroe. —¡Oh! Lo siento, perdón por atacar a un héroe tan valiente y a quien tanto admiro. —Suavizó y agudizó su voz como cuando hablaba con Adrien. Ni así podía borrar de su mente al estúpido modelo.
Eso era suficiente.
A la mañana siguiente mandaría al diablo a ambos chicos y se enfocaría en lo importante: las nominaciones de la beca Agreste se darían a conocer en esos días y lo último que debía estar en su cabeza eran hormonas que no le ayudaban.
—Oh, princesa sé que eres mi fan pero, no deberías actuar tan violentamente cuando te sorprenden. —Se tocó la mejilla donde le había dado el golpe, la verdad es que le ardía pero, debía lucirse. —¿Problemas de amor? Al menos eso puede leerse en tu bello rostro.
—Confusión, culpa y deseo de cerrar los ojos y ya no sentir. Aunque no creo que eso sea posible, porque las dos personas que me tienen así, están presentes en mi vida día a día e incluso en las noches ¡No me dejan dormir! —Exasperó harta.
—¿Dos personas? —Preguntó asustado el chico. —¿Puedo saber quiénes son?
—No importa. La única culpable soy yo. Esos dos parecen que se divierten confundiéndome y no les estoy respondiendo como se merecen. Son mucho mejores personas que yo y… olvídalo. No te desveles patrullando.
Dejó al héroe preguntándole algo que no logró escuchar pues bajó de inmediato a su alcoba. Adiós a esos pensamientos sobre chicos; era una heroína, una aspirante a diseñadora y una chica decidida. Los hombres no se interpondrían en su meta, si no le ayudaban, entonces le estorbaban.
Si en verdad querían ganarse algún favor con ella, lejos de su pelea de egos y no porque la usaran como un trofeo, sabrían esperar. Sabrían que ella tenía prioridades y ellos no formaban parte de esa lista.
Esperó unos minutos para que Chat se fuera, se transformó y salió por la ventana lista para patrullar. No buscó a su compañero, él estaría bien y en dado caso si hubiera algún problema, se comunicaría con ella. Calma, tranquilidad, era suficiente para que su mente se enfocara.
Con su nueva determinación, descansó como no lo había hecho en mucho tiempo. Las secuelas físicas de su accidente ya casi desaparecían, sus chequeos médicos disminuyeron y sus crisis hacía días que no aparecían. Esa calma, le ayudaría en su trabajo de Ladybug.
A la mañana siguiente su respectivo ramo estaba esperándola en su asiento. Ni siquiera se molestó en revisar qué tipo de flores contenía, simplemente, lo tomó y lo dejó en el cesto de basura. "Concéntrate Marinette, dispersa no sirves, tu falta de concentración hizo que te perdieras y sufriste un accidente".
—¿Estas segura Marinette? —preguntó Tikki. —Si Adrien las ve, pensara que lo estas rechazando.
—Si en verdad se interesa en mí, sabrá que tengo cosas más importantes en mente, antes que él. —comentó de forma fría. La hiel que se percibía en sus palabras sorprendió a la kwami. Eso tampoco era bueno. Si un lado de la balanza se inclinaba de más, podría llamar un akuma. Ser extremista no funcionaría.
—Buenos días, Mari. —Saludó Alya. —Te ves… terrible.
—No es. —Pensó en quejarse de su situación más, no era el momento. Suspiró y acomodó sus palabras. —No dormí muy bien que digamos. La respuesta a la convocatoria Agreste, la sabré en unos días y estoy, nerviosa.
—Mientras no te alteres, todo estará bien. —sonrió la morena, al ver que los intereses de su amiga volvían a su cauce y regresaba a la normalidad. —Oye, ¿por qué tiraste tu ramo? Estos detalles, aunque el enemigo es el tiempo, son valiosos. —Se agachó a recogerlo.
—Porque el haber comenzado a aceptarlos, desató todo el drama que estoy viviendo. —Marinette dejó su mochila y buscó su Tablet para terminar la tarea que dejó pendiente.
—Pero, él se sentirá mal si lo ve en la basura. —Alya lo colocó de nuevo en la mesa de trabajo.
—Lo que Adrien piense es lo último que me importa.
—¿Quién está hablando de Adrien? ¿Por qué importa lo que él piense? —Cuestionó la morena con gesto de desagrado. —¡¿No me digas que estas sintiendo algo por él otra vez?!
—No es eso, bueno es que… Alya. No sabes lo que Adrien ha hecho por mí, y lo que —interrumpió su frase para salir del campo de visión acusatoria de su amiga. —No lo sé. Claude y yo pero, Adrien y yo…
—Marinette, Adrien nunca se ha interesado por ti y Claude está enamorado, daría todo por ti. Estoy empezando a creer que no estás pensando las cosas de manera correcta.
—¡Estoy confundida, si! —Expresó con ira la pelinegra. —¡Adrien es quien me dejaba las flores y esos mensajes!
No le había dicho a nadie quién era el autor de esos regalos. Su madre, se había dado una idea de quién era el autor; permaneció callada para mantener "la sorpresa". Alya estaba sorprendida, sus ojos tenían una duda inminente que no podía ocultar.
—Eso es mentira. —exclamó con disgusto la castaña. —Adrien no dejaba los mensajes.
—¡Claro que sí! —defendió la azabache. —Él me lo confesó. Sabía lo que significaba cada flor y sus mensajes van de acuerdo a los ramos que me envió.
—No fue él. —repitió con desagradó Alya, buscando algo en su teléfono.
—¿Entonces quién fue? —la hostilidad de Marinette era evidente. ¿Qué esperaba Alya con su vehemencia en negar la culpa de Adrien en las flores que tanto habían ocupado su mente por todo ese tiempo?
—Claude. Él te dejó los ramos y las notas, no entiendes que Adrien se ha convertido en un mentiroso y lo ha llevado a tomarse el crédito en cosas que otras personas hacen y tú le creíste.
—Eso no es cierto. —No, Adrien no le mentiría, no le engañaría de tal forma repugnante. Tomando el crédito de las acciones de Claude. —Lo estás diciendo porque no te agrada, ¿por qué me mentiría de ese modo? No se tomaría atribuciones que no le corresponden.
—Entonces, mira esto.
Alya colocó la pantalla del teléfono frente a ella, con un video. Se notaba que habían dejado la cámara oculta en la parte donde dejaban los libros. Al parecer la reportera había tomado la decisión de descubrir de ese modo al culpable, ¿por qué no se le ocurrió a ella?
Por la luz que se veía a través de la ventana no distinguía si era tarde o de mañana. Después de un rato se notaba como alguien aparecía y acomodaba algo sobre la mesa, se escuchaba el crujir del papel celofán y unos segundos después colocaba una mochila sobre la banca.
Era un bolso particular, con estilo de cartero hecha de mezclilla negra con letras rojas, algunos pins de grupos musicales y un llavero con forma de la Torre Eiffel, lo reconoció porque ella se lo regaló en su primera salida juntos, una manera de darle la bienvenida a la ciudad Luz; era la mochila de Claude.
Sacó un listón de seda rosa de la mochila y ató el ramo con él. Luego buscó entre sus libros algo, tenía la forma de un cuadro de papel, esa debía ser la nota. Después, vació un poco de agua de su botella, en su mano para después salpicar las flores con ella.
Marinette reconocía algunas de las flores que se podían ver en el video, se estaba comenzando a hacer experta en el tema, eran azucenas con su mensaje de corazón inocente y áster púrpuras y blancas: su significado mencionaba el corazón que confía, era Claude quien confiaba en ella, era él quien hacía llamar el corazón de la azabache inocente y en lo que él quería darle a entender.
Quizá lo supo desde el principio, la razón y las pistas le gritaban que era verdad. El libro estaba en su casa, su padre sabía del tema porque lo utilizó para conquistar a su difunta madre, obvio que cuando Marinette le preguntó se iba a negar.
¿Acaso un padre tiraría al suelo las esperanzas de conquista de su hijo? Obvio no, por eso es que Albert Bourgeois había callado, estaba orgulloso que su hijo utilizara el mismo método que él había usado años antes. ¿Cómo había sido tan ciega? No, la verdad era que lo supo, siempre lo supo. Los ojos de Claude le gritaban que él era quien ponía sus dudas en su mente y le agradaba, por eso las frases "me voy a poner celoso" ¿Cómo ponerse celoso de sí mismo?
Soltó una risa irónica. El video terminó y Alya retiró el teléfono de la vista de su amiga. Marinette seguía enfrascada en lo absurda y reducida visión que había obtenido ante esa situación.
—El maldito modelo me volvió a engañar. —seguía con su risa que más bien parecía un quejido desolador. —Y yo estúpidamente acepté y me dejé envolver por él. —enfrascada en la ironía que todo eso significaba, continuaba con su ataque de histeria. —¡Me dejé caer ante él como una maldita idiota! En mis estupidez le creí, de verdad que le creí, me engañé, ¡¿por qué no puedo dejar de humillarme sola?!
—Nunca te ha dejado de gustar, ¿no es cierto? —interrumpió la castaña al mismo tiempo que guardaba su celular.
—Tengo lo que me merezco, sólo llamé la atención de Adrien porque llamé la atención de Claude, sin él a mi lado, sería nada para ese estúpido modelo. —Se llevó las manos al rostro como una forma de contención a las lágrimas de ira que querían salir. —Alya, soy una idiota.
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}
No tengo perdón de ustedes lo sé.
Pero, cada vez se me hace más complicado terminar estos fics, principalmente por el tiempo y el cansancio.
MES DE FESTEJO POR MI NACIMIENTO COMO FICKER,
Quería sacar mi historia original pero, el tiempo no me esta ayudando.
Besos, bye bye
