Disclaimer: ya lo sabenn los personajes no me pertenecen son de Meyer lo demas si es mio, la historia no la saque de mi cabeza, lamentablemente la mayoriaa son hechos de la vida real hahahahah
Capitulo 11
Celos de hija
¡Santa y jodida mierda!, ¿porque mi hija tiene que ser tan perspicaz? — ¿Por… porque preguntas sobre Edward?
— Porque te acaba de llamar, mamá — respondió con total indiferencia.
¡Joder! que respondo— Que… que… ¿Edward qué?—más nerviosa no podía estar.
— Que tu amigo Edward te acaba de llamar al móvil — me completo enseñándome como si estuviera loca mi móvil.
— ¡oh por Dios!, ¿y tu contestaste? — la cuestioné a punto de tener una crisis nerviosa.
— Pues claro que si mamá, ¿quién más iba a hacerlo sino era yo? — claro que era obvio que ella había contestado, pero eso no significaba noticias buena.
— Y… dijo algo — continúe tartamudeé y esta vez comencé a mover mis manos frenéticamente.
— ¡Mamá!, contesta mi pregunta, ¿Edward solo es un amigo tuyo?
Y esta vez, juraría que me dio un ataque, esta niña, ¡era igual de obstinada que yo!— Este… este… claro que si Liz — conteste atropelladamente.
Liz enarco sus cejas antes de soltar una nueva bomba — Si Edward, es solo tu amigo, ¿Por qué te pones tan nerviosa?
— ¿Yo, nerviosa? — inquirí en un vano intento porque no descubriera nada.
—Mamá, dime la verdad, no soy una niña, anda vamos — rogo
Soltando un sonoro suspiro contesté — Liz, de verdad, no miento — cuando escucho mi contestación me lanzo una mirada del mal que me hizo recapacitar — Esta bien, tranquila, Técnicamente no miento.
Moviendo impaciente su pie izquierdo contra el suelo y con sus bracitos en forma de jarras dijo — como es que técnicamente no mientes, ¡explícate mamá!
— Liz, bueno… este, pues si somos amigos — complete con un puchero tipo Alice intentando dar por cerrado el tema.
— Madre, ya dime, ¿Eres novia de ese tal Edward? — Uy que directa
Creo que ahora si medio sobrepase la paciencia de mi pequeña enana, por solo cuando esto pasa, me llama Madre y no mamá, así que para no darle más vueltas al asunto decidí, con dolor de mi corazón esperando que Liz lo tomara de la mejor manera, contarle sobre Edward.
— Esta bien corazón, te diré lo que pasa, — Dije resignada— No soy novia de Edward, pero, creo que empezaremos a salir.
Con mi contestación Liz se tranquilizo un poco pero no quedo del todo tranquila — ¿Eso quiere decir que ya no estarás conmigo tanto tiempo?
— Claro que si niña boba — acaricie tiernamente sus mejillas — el que salga con Edward no impedirá que salga con mi bebé — la tranquilice acunándola en mi regazo.
Liz era demasiado terca cuando algo se le metía en la cabeza era un poco difícil sacarla de ahí — ¡Mamá! No soy tu bebé — protestó — Pero me prometes que si no me opongo a que salgas con ese señor, ¿también saldremos tú y yo?
— Liz corazón — tome su pequeña barbilla entre mis manos para que me mirara — tú eres lo más importante que hay en vida, por supuesto que mis citas con Edward no serán un impedimento para que tú y yo dejemos de salir — terminé intentando transmitirle todo el amor que sentía por ella.
—Pero… pero tu tendrás citas con ese señor y ya no querrás salir conmigo — aseguro mi pequeña mordiéndose inseguramente su pequeño labio.
— Elizabeth, he pasado tantas cosas para tenerte a mi lado, y para que no te falte nada cariño, es irracional que por un par de citas yo deje de pasar tiempo con mi pequeña — la abrace cariñosamente.
No muy convencida añadió — esta… está bien, no me opondré a que salgas con ese tal Edward, pero me niego a conocerlo — zanjo el tema. — por lo menos ahora.
— Está bien Pequeña, no lo conocerás… — satisfice sus exigencias, sabiendo de antemano que por el momento no iba a obtener más de su parte — por el momento — añadí.
Haciendo un lindo puchero dejando cortos a los que Alice le enseño se tiro a mis brazos, para después dedicarse a su comida; cuando terminamos nuestras comidas Liz aun se notaba un poco afectada por la noticia del comienzo de la nueva vida amorosa de su madre, así que decidí consentirla un poco terminando nuestra tarde yendo a tomar helado.
Nos decidimos por un pequeño establecimiento que divisamos en el coche y que realmente se veía acogedor, era pequeño, pero bonito; simulaba ser un pequeño jardín con un kiosco en la parte de en medio, además se veían muchos niños así que tan malo podría ser.
— Mama, yo quiero un súper helado de chispas de chocolate — en cuando nos bajamos Liz fue al ataque por su helado, era una pequeña adicta a ellos
— Tranquila monstro come-helados, los helados no se acabaran — bromeé.
Cual niña pequeña me saco la lengua — que graciosa ma, anda vamos por esos helados — me apremió.
Sonreí feliz de poder borrar un poco su preocupación de hija sobre protectora — Anda pues que esos helados se ven deliciosos — le apunte para que los mirara.
Con su mejor sonrisa volteo asintiendo — Yupi Mami ¡amo los helados!
Intentando contener una sonrisa le conteste — ya lo sé corazón eres una adicta a ellos. —Tengo el miedo q si no come su dotación semanal le dé síndrome de abstinencia.
— Gracias mami, — me abrazó — por el helado y por… por… quererme tanto mamita.
Cual madre osa enternecida y contiendo unas cuantas lagrimas que pugnaban por escapar la abrace y le conteste — Mi pequeña yo también te adoro eres mi todo corazón.
— Bueno mamá, ese helado se ve demasiado tentador — me regalo un sonrisa
Moviendo a ambos lados mi cabeza asentí — Eres única Elizabeth, anda pues por tu helado, — le señale hacia el mostrador — elige y compra el que quieras, mamá solo pedirá uno pequeño de…
— Fresa — completo Liz antes que yo pudiera decirlo — lo sé mamá, nunca te cansas de pedir ese sabor.
— si pequeña, ese mismo, ¡amo el helado de fresa! — le mencione toda emocionada.
Mientras Liz iba por los helados yo busque con la mirada una pequeña banca donde nos pudiéramos sentar sin quitarle la vista del todo a la pequeña y verificar que no tuviera problemas para ordenar los helados.
Al terminar Liz salió encantada, le fascinaba realizar tareas de ese tipo, se sentía grandeal hacerlas y yo amaba complacerla en todo, claro, sin llegar al extremo de malcriarla, establecíamos límites entre ambas y llevábamos una excelente relación; digo para consentirla y darle todo lo que quería ya tenía suficiente con mis padres.
— Listo mami, aquí tienes tu cono de fresa — dijo mientras me entregaba mi pequeño cono y comenzaba a comer el suyo.
Viéndola con una expresión interrogante dije — Elizabeth, ¿Piensas comerte todo eso tú sola?
Dándole una nueva probada a su barquillo contestó — Claro que si mamá, este es mi helado
— Pequeña ese helado es enorme, ¿de verdad que te lo terminaras? — interrogue
Asintiendo totalmente convencida respondió — claro que si mamá un helado no me vencerá.
Rodando mis ojos le sonreí — Elizabeth eres un caso perdido, corazón — acaricie sus cabellos.
— Déjame mamá, ya verás que yo solita me comeré este helado — añadió mientras tomaba otro enorme bocado de su cono.
La tarde se nos paso volando entre juegos y bromas, hacia un poquitín que no la pasamos tan tranquilas y solas las dos así que contentas y exhaustas nos dirigimos hacia la casa; tenía que llamar a Ángela, aun no se enteraban de mi cita con Edward.
Cuando llegamos Liz se bajo de coche y corrió hacia la casa, con el pretexto de que tenía que hacer los deberes del colegio, pero en verdad ya había empezado sus caricaturas favoritas, ni tiempo dio de sacar las llaves del contacto cuando Lizzie ya estaba brincando en la entrada y gritando que me apurara; con carcajada abierta me reuní con ella y para hacerla rabiar un poquitín fingí no encontrar las llaves, pero cuando vi que comenzaba hacer muecas en su pequeño rostro opte por no continuar la broma, Elizabeth Kuznetsova era peligrosa cuando estaba molesta, y apenas le vi el polvo cuando abrí la puerta, de verdad que le urgía ver sus caricaturas.
Después de dejar mi bolsa sobre el sofá y aventar las llaves por ahí fui a mi habitación a desvestirme y ponerme cómoda antes de llamar a Ángela, esta sería una charla intensa, necesitaba primero aclarar mi mente de todo este embrollo y decidirme cual sería el siguiente paso hacia con Edward antes de verlo, además con ese extravagante regalo que había mandado a la oficina, se paso, cosa por la cual necesitaba desesperadamente a Ángela, y así serenar a mi pobre cerebro.
Me cambie mi traje de la oficina por mi pijama que era un poco infantil, pero bueno Lizzie me la había regalado para mi anterior cumpleaños y era muy cómoda, además ya era tarde y no iba a salir, por lo que no vi ningún inconveniente en usarla.
— ¡mamá! — grito Mi pequeña desde la sala.
Asomando mi cabeza por la puerta de la habitación para prestarle mayor atención conteste — ¿Qué paso Elizabeth?
— Tengo hambre, ¿puedo cenar? — me devolvió
— Liz, cariño, comiste un helado hace rato, de verdad todavía te cabe la cena — le pregunte arqueando la cejas
Enseñándome con sus manitas uno de sus dedos me dijo — solo quiero un cereal —batiendo sus pestañas como la mejor chantajista añadió — ¿Anda di que si?
Viendo su pequeña carita me fue imposible negarme, era buena chantajeando — esta, bien — la pequeña iba a celebrar su triunfo pero la corte — solo que no tomaras mucho, ¿De acuerdo?, solo un pequeño plato.
— Esta bien mami, lo que tu digas — beso mi mejilla — puedo seguir viendo las caritituras.
— Caricaturas, cariño, — le corregí — y si puedes continuar con lo que haces, déjame voy a prepararte el cereal — le devolví el gesto y bese su mejilla antes de ir a la cocina.
No tarde ni cinco minutos en preparar el cereal de Liz y en dejarla comiéndolo cuando ya me encontraba en mi habitación con el teléfono en mano listo para marcar el número de Ángela; pero antes de que sucediera mi móvil comenzó a sonar, imposibilitando mi cometido.
Pero una sonrisa boba se instalo en mis labios cuando vi de quien se trataba la llamada, así que con la mayor indiferencia e intentando esconder mis nervios conteste — Bueno
— ¿Bella? — Pregunto cautelosamente — ¿Eres tú?
— Edward, claro que soy yo, es mi móvil — resalté lo obvio — ¿porque lo preguntas?
— Este… si te lo digo, ¿me prometes que no te molestaras? — sonaba nervioso.
Y ahí fue cuando caí en cuentas, Elizabeth — crees que me molesto que llamaras y que te haya contestado mi pequeña.
— Pues siendo sinceros — suspiró — la verdad me dio miedo que no fueras a responder mi llamada.
— Y porque habría de no hacerlo — pregunté.
— Nose tal vez, no le agrado a tu pequeña, creo que esa impresión me dio.
Elizabeth era demasiado directa cuando se lo proponía — Umm… admito que me interrogo, y que su reacción no fue lo que yo esperaba, pero creo que no le desagradas — Mentí un poquitín.
Digo Elizabeth jamás menciono que Edward le desagradara, solo dijo que no quería conocerlo, era diferente, ¿cierto?
— De verdad que jamás pensé encontrar a alguien más obstinado que tu, pero sin ofender, tu hija me sorprendió.
Soltando una pequeña carcajada en total acuerdo a lo que él dijo conteste — Lo sé, cuando se lo propone puede llegar a ser incluso más temible que yo.
— Ahora se a quien se parece sin siquiera conocerla — dijo totalmente despreocupado.
— Gracias, por lo que me toca — intente sonar molesta.
— Eso no es malo, adoro lo obstinada que llegabas a ser Swan, de hecho creo que tengo más ganas de conocer a tu hija — me respondió sinceramente.
Gracias a Dios por teléfono no podía ver lo roja que me había puesto con su comentario, aun me resultaba raro escucharlo hablar así de mi — Tal vez la llegues a conocer Cullen, pero dime, ¿llamabas por algo en particular?
— pues ayer por la noche quedamos pendientes en algo y además quería saber si te había llegado mi pequeño detalle.
Y ahí recordé que tenía pendiente una seria conversación con este hombre— claro que lo recibí, ¡pero que acaso te volviste loco! — le solté en cuanto tuve oportunidad.
— Tranquila Bella, porque dices que me volví loco — quiso hacerse el que no entendía palabra de lo que decía.
— Edward, no te hagas el desentendido que conmigo no funciona, sabes perfectamente que odio — dije remarcando las palabras — que me regalen cosas caras.
—esoquiere decir ¿que no te gusto mi regalo? — dijo haciéndose el ofendido.
— Claro que si me gusto, de hecho es lindo, pero no debiste, es demasiado caro
— Pues yo te lo regale y a mí no me importa, así que ya lo dijiste te gusto y punto, fin de la discusión, — estableció demasiado confiado de sí mismo y con total naturalidad, como si su extravagante y caro regalo no fuera más que una baratija de menos de cinco dólares.
— ¡Ash!, odio que hagas eso, Edward, odio lo regalos caros — refunfuñe cual niña pequeña.
Con su hermosa risa inundando mi móvil, respondió — Ya Bella, solo es una pequeño regalo, no hagas berrinche ya acéptalo, mejor dime cuando vamos a salir.
Y juro que casi me hago pipi, aun no quería pensar en la cita con Edward — yo… este… este… — ¡que le digo!
— Anda no seas cruel conmigo, dime cariño, ¿cuándo?, o es que ya te arrepentiste de salir conmigo — añadió.
Y ahora si me acorralo bien y bonito este hombre — claro que no Edward, pero no es tan sencillo,
Me corto — te repito si es por Elizabeth, estoy más que encantado de conocerla
— Si lo sé — le concedí — pero Elizabeth es muy pequeña y además, ella nunca ha conocido a otra persona a excepción de su padre, me explico.
— Esta, bien cariño, tu pon el día — me señalo — pero pronto, ¿Sí?, de verdad Bella, quiero verte.
Sin más remedio conteste — está bien, Edward esta semana saldremos.
— Esta, bien, me dejaras ¿qué te lleve a cenar? — me cuestiono-
— Edward, te dije que salidas en la noche no, Liz aun es pequeña para quedarse sola — me mantuve firme en mi punto.
— Anda Bella, no séRenne te puede ayudar ¿no? — contraatacó.
— Renne, la cuida toda semana, además no quiero que se dé cuenta aun de que salgo contigo.
— ¿Que te da tanto miedo? — inquirió, ¿molesto?
— Edward, desde que termine con Demetri, Liz no ha tenido contacto con otras personas del sexo masculino, y después de tener una charla con ella, así es lo mejor.
— Esta bien, tu eres su madre, debes saber lo que es mejor para ella, pero me gustaría mucho que aceptaras mi invitación a cenar — terminó.
— Déjame pensarlo y arreglar las cosas, esto no es un no, pero no me presiones — lo tranquilicé.
— Está bien cariño, pero promete que llamaras cuando ya lo hayas decidido.
Suspire — de acuerdo, te lo prometo.
— Te dejo descansar preciosa, y no lo olvides, llama para confirmas, no importa el día, y si acaso te arrepientes de salir conmigo, también házmelo saber — dijo con un poco de nostalgia.
— No me voy arrepentir Edward, solo… solo déjame arreglar unas cuantas cosas — lo tranquilice.
— Está bien, cariño nos vemos pronto, un beso— terminó.
— Hasta pronto Edward, tu también descansa — correspondí.
— Yque a mí no me toca un beso, preciosa — pregunto haciéndose el inocente.
Sonrojada hasta más no poder e intentando contener el bochorno conteste — Un beso para ti también Edward, hasta mañana
— Besos, chao — y colgó.
Al terminar la llamada avente a quien sabe donde el teléfono móvil y me tire en la cama a hiperventilar por la llamada de Edward, lo se me comportaba peor que una adolescente de secundaria pero, digo a todas nos levantan el ánimo cuando nos dicen cosas bonitas, así que yo estaba por las nubes, pero poco me duro el gusto, mi pequeña hija llego a reventar mi burbuja.
— ¿Mamá?, — pregunto Liz en cuanto entro a mi habitación — porque tienes esa boba sonrisa en tu rosto, y porque tu celular está tirado al lado de tu cama.
— Yo… este… este… ¿Se me cayo? — contesté atropelladamente.
Enarcando sus cejas cual persona adulta y para nada tragándose mis mentiras inquirió — Estas muy nerviosa, ¿pasa algo?
— Este nope, solo hablaba por teléfono, pero dime necesitas algo cariño — dije levantándome inmediatamente de la cama.
— No te creo — entrecerró sus ojitos intentando ver más allá — pero está bien si tu lo dices — se encogió de hombros.
— Annie sugar, porque habría de mentirte — mordí insegura mi labio inferior.
— no sé, tal vez, ese "no novio" tuyo ¿te llamo? — sugirió como quien no quiere la cosa.
— Umm… ¿mi qué? — pregunté.
— Pues el sujeto que llamo cuando estábamos en la hamburguesería — señaló como si fuera lo más obvio del planeta.
— Edward, Elizabeth, se llama Edward — la corregí cariñosamente.
— bueno ese tipo, pero dime, ¿te llamo o no? — inquirió.
Mientras me dirigía hacia la sala conteste — sí, me llamo — conteste intentando sonar desinteresada.
— Y ¿porque te llama a estas horas? — cuestiono mi pequeña.
— como que nos estamos volviendo muy preguntonas, ¿no? — le devolví mientras me sentaba en los sillones y prendía el televisor.
Encogiéndose de hombros me refuto — nop — remarco la p — solo preguntaba — la pequeña me siguió y se despatarro al igual que yo en el sillón.
— está bien, oye que hacías tu en mi cuarto — justo ahí caí en cuenta que a causa de todo su interrogatorio no le pregunté.
— solo te escuche gritar y algo que se caía y fui a investigar — contesto como si nada.
— ok, pero solo por esa razón, ¿verdad?, digo no hay nada oculto.
— No mami — bostezó — pero creo que ya es hora de que me vaya a dormir.
— Está bien mi corazón — en el instante que Liz se levanto hice lo mismo y la seguí hacia su habitación para arroparla — anda vamos a darte tu beso de buenas noches.
Era nuestra pequeña rutina, no importaba cuantas veces llegaba tarde o que tancansada llegaba del trabajo, siempre estaba para cuando Liz se dormía, no me sentía tranquila sin que mi pequeña recibiera las buenas noches y arropada por su madre.
Más tarde cuando Liz ya se había acostado y terminaba de limpiar o medio limpiar la casa, recordé que tenia organizar como iba a lograr salir a cenar con Edward, ni para que negarlo moría de ganas de volver a verlo y una cena, se me antojaba grandiosa; así que decidí llamar a Ángela, tal vez después de descomponer la maraña de ideas y dudas de mi cabeza, me podría sugerir algo.
Me sorprendió que al segundo timbrazo contestara — bueno, — respondió.
— Ángela, que tal estas, soy Bella — respondí al instante
— hola Bellita, ¿Cómo estás? —Preguntó
— Estoy bien, se podría decir —suspire frustrada— la verdad no sé como estoy.
— que pasa Bells. — dijo preocupada
— tengo una serie de problemas, o ¿debería decir acontecimientos?
— haber Bells, dejemos de hacernos bolas, ¿qué te parece si me cuentas desde el principio? — Ángela con su serenidad y enorme paciencia hacían que me tranquilizara al instante
Expulsando todo el aire que retenían mis pulmones comencé a relatarle todo lo que había sucedido a lo largos de estos días con Edward, detalle, por detalle y Ángela como la excelente amiga que es me escucho pacientemente sin objetar ni comentar nada, pero sabía que solo me estaba dando tiempo a que terminara, Ángela era paciente, pero en cuanto a mis dramas, era de mucha ayuda.
— Y pues en general creo que eso ha sido todo, — mordí insegura mi labio a través del teléfono — ¿Qué opinas?
Espere a que Ángela procesara toda la información— Bella, solo a ti te pueden pasar este tipo de cosas — aseguró.
— lo sé Ángela, creo que en mi antigua vida, fui alguien realmente malo, pero hay algo más que te quiero contar — añadí nerviosamente.
Del otro lado de la línea un suspiro de resignación — Porque no me sorprende.
— Edward me invito a cenar — solté sin ningún miramiento.
Y del otro lado pareció que la línea se había cortado a no ser porque escuchaba la respiración de mi amiga — ¡¿Qué!
— Que Edward me invito a cenar, y además hablo con Liz por la tarde — añadí ese pequeño detalle, esperando la reacción de mi queridísima amiga.
— ¡Oh por dios!, pero dime por todos los cielos que aceptaste — increpó Ángela.
— Pensé que hablaba con Ángela y no con Alice — su euforia no era normal — pero la verdad, es que no le respondí.
— Bella, cariño, sabes que somos amigas verdad — afirmó — y que te apoyo en todas tus decisiones, y estoy ahí cuando me necesitas, ¿Cierto?
— Este… si — respondí insegura.
— ¡entonces Isabella Swan, porque demonios le dijiste que no a Edward! — solo se escucharon sus gritos a través del teléfono
— Ángela aun no le respondo, tengo una par de inconvenientes.
— Bella, ¿qué inconvenientes puedes tener? — cuestiono incrédula
— Pues a decir verdad uno muy grande llamado Elizabeth — dije haciendo énfasis en la palabra muy.
— Pero que inconveniente tienes con la pequeña.
— Por la tarde en un descuido que tuve Elizabeth hablo con él — le comenté.
— ¿Y cuál es el problema? — preguntó.
— Que Elizabeth, no ha tenido contacto con otras personas del sexo masculino, más que Charlie y Jasper, se siente ¡amenazada!
— ¡Por dios! Bella, solo es una cita con Edward, Elizabeth puede no se pasar la noche en mi casa o con alguna de las chicas — objeto.
— Tuve una pequeña charla con ella, y por el momento preferiría que no se enterara de mis citas con Edward — le asegure
Bufó — solo es una pequeña niña, ¿qué tan terrible puede ser? Además que puedes rehacer tu vida Bella no eres una anciana ella debe entender eso, que su padre sea un…—pensó que decir—estúpido no significa que los demás hombres los sean Bella, pero tú eres su madre y sabes o que es mejor, pero dime ¿qué vas hacer?
— No lo sé Ang — confesé — la verdad si te lo confieso tengo muchas ganas de salir, pero me da un poquito de temor que a Liz le afecte esto.
— tonterías, Liz solo tiene un poco de celos porque piensa que le robaran a mama, pero es normal — aseguró.
Mordí insegura mi labio — pues eso quisiera creer, pero no se qué hacer — insistí.
— Mira haremos una cosa, tu intentaras relajarte y no darle más vueltas al asunto, saldrás con Edward — asevero — esto déjamelo a mí.
— Ang, ¿qué harás? — la cuestioné.
— No te preocupes todo déjamelo a mi — seguro — o ¿debo decir a Alice? — añadió en una sutil amenaza.
— ¡No por favor! — le pedí, o debería decir rogué — Sabes que Alice es un drama para esto, y no quiero verme insistentemente acosada por ella.
— Mira Bells, es la única opción que tienes si de verdad quieres tener tu cita con Edward, Alice nos ayudara en esto y lo sabes — me reprendió cual niña pequeña.
Dándome por rendida acepte — Esta bien. Pero sin mucho drama…. Por favor.
— Bueno, ahora es tarde, mañana por la mañana la llamare y luego te diremos que hacer, ¿Está bien? —
— Me parece bien Angie, Bueno espero que descanses y gracias por escucharme amiga — anuncié.
— No hay de que Bells, para eso estamos las amigas y tú también descansa — contestó.
— Hasta pronto Ángela — la despedí.
— Hasta pronto Bells, espera mi llamado — me pidió antes de terminar la llamada.
Me fui a la cama pensando todo lo que Ángela me había dicho y era verdad, no tenia porque esconderme de Lizzie y aunque estaba consciente que algún día esto pasaría, no creí que la pequeña demostrara tanto celo hacia mamá, y me preocupaba que conforme esto avanzara ella se pusiera peor, por eso había accedido de momento a que no viera a Edward, aprovecharía un momento de debilidad de la pequeña para hablar con ella y dejarnos de berrinches por su parte.
—O—
Por la mañana después de dejar a Lizzie en la escuela pase a comprar un Starbucks necesitaba cafeína en mi sistema para poder rendir en el día, así que me baje del auto en dirección a la cafetería cuando mi móvil sonó.
— Hola, habla Isabella, ¿Quién es? — respondí
— ¡Bella! — Se escucho un gran estruendo cuando respondieron del otro lado de la línea — ¡Soy tu gran salvadora!
Esto no era nada bueno, Alice estaba sobre emocionada — Hola Alice, dime para que soy buena — decidí ser directa, tenía un mal presentimiento sobre esto
— Un pajarito me dijo que tendrías una ¡cita! — Sin duda ese gran pájaro era Ángela — ¡¿Por qué no me lo dijiste?
— Este… aun no es algo concreto Alice — dije en mi defensa.
— Esta bien Bella, por eso es que llamo, Ángela me dijo que estabas en problemas y yo dije: a pesar de que mi querida amiga no lo menciono, ¡la ayudare! — sentenció.
— Umm… supongo que ¿está bien? — pregunté confusa.
— Mira este será el plan Bella, yo me llevare el viernes a Elizabeth.
Antes de que continuara con su maravilloso plan ataqué — Alice, tú sabes que Liz es muy perspicaz.
— ¡Por dios Bella!, que poca confianza tienes en mí, yo se que Elizabeth es muy inteligente, pero déjamelo a mi yo lo resolveré — explicó muy convencida.
— Bueno y Alice… ¿puedo pedirte otro pequeño favor? — cuestione un poco apenada.
— Claro Bella, por supuesto que te ayudare con tu vestimenta de ese día — canturreo feliz — no permitiría que fueras con cualquier trapo a tu cita.
— Gracias Alice, eres un encanto de amiga — La alabe.
— Lo sé, bueno amiga te dejo tengo mucho que planear — parloteo por el teléfono — mañana te llamare para ir de compras hoy hablare con Liz.
— Cuídate Alice, y de verdad gracias.
— ¡Espera! Tú tienes que confirmar esa cita Isabella Swan, ¡Hoy mismo! — Me ordeno — llamare por la tarde a Liz y espero que para esa hora ya lo hayas hecho, ¿Entendido?
Alice era de temerse cuando se enojaba así que sin chistar asentí — Sí Alice te lo prometo.
Después de cortar con Alice la llamada hice mi baile de la victoria ¡Saldría con Edward! Y todo gracias a mis grandiosas amigas; así que con más entusiasmo partí rumbo a mi trabajo, y durante el trayecto un sonido anunció la llegada de un nuevo mensaje.
«Buenos días PRECIOSA, ¿amaneciste bien?, yo lo hice pensando en ti
EC»
Amaba los mensajes de Edward me instalaban un boba sonrisa durante todo el día; recordé que tenía que llamarlo y confirmar la cita, en cuanto baje del auto marque su número.
— Días sunshine, ¿amaneciste bien? — respondió una voz Aterciopelada.
— Hola Edward, amanecí muy bien, ¿tú? — Conteste cual colegiala.
— No podía tener una mejor mañana, me desperté pensando en ti — añadió.
— Eres demasiado encantador cuando te lo propones, ¿cierto?
— Es parte de mi encanto— dijo pagado de sí mismo.
Sonreí — Eres único Cullen — admití — pero admito que es lindo tu encanto — obvio me sonroje hasta la medula cuando lo confesé.
— Lo sé — se carcajeo — Dime, hablas por alguna razón en particular o solo querías escuchar mi voz — cuestionó.
— Este… yo quería… este… — balbuce como si fuera una adolescente hormonal en su primera cita — sobre la cita — suspiré.
— esa es música para mis oídos, dime cariño, ¿ya decidiste para cuando?
— Si, ¿el viernes te parece bien? — pregunté rogando porque no se hubiera ocupado yo.
— Claro que puedo, para ti siempre estoy disponible — dijo.
— Umm… bueno supongo que este… iré a trabajar — termine avergonzada.
— Entonces te veré el viernes, paso a recogerte ¿a las siete está bien? — me preguntó cortésmente.
— Si, a la siete está bien, — acepté — pero aun no te he dado la dirección de mi casa.
— No te preocupes, se dónde vives — aseguró.
— Como es que… — suspiré — no importa, ya me lo dirás más delante, solo espero que no seas alguien peligroso — bromeé.
— Peligroso, creo que no — dijo — bueno cariño que tengas un buen día, nos vemos el viernes — cortó.
Y yo con mi estúpida sonrisa subsistí lo que resto de la mañana, me sentía en una nube de algodón.
Aizen se encuentra super apenada por no subir capitulo, y tiene miedo q sus pocas lectoras ia no la keiran :C...
Sorry chicas esta vez me pase lo se pero la escuela me ha vuelto loca! y asshh millones de cosas, espero les guste el capitulo y lo lean, lo se tarde años :C, agradezcan a mi beta hermosa Ludwika Cullen q aunque anda igual o peor q yo me dio carrila para terminar xD y bueno ia no prometo nada, solo me les puedo decir q me falta menos d un mes para terminar semetre asi que no se desesperen ya actualizare.
Reviews x fa?
xoxo
εїз ·´´¯`··._.· ✿ αϊzεn ✿ `·.¸¸.·´´¯`·· εїз
