Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


El Heredero

CAPITULO 11

Al día siguiente el señor Dukers llevo a Candy a la escuelita de la señorita Pony. Donde fue bien recibida por la simpática mujer que los paso a su oficina.

—¿Así que Candice eres de Escocia? –le pregunto la señorita Pony.

—Si señorita Pony –contesto la rubia.

—¿Y qué te trae por estos lados?

—Bueno vine a darle un nuevo giro a mi vida.

—Entiendo…

—Candy es hija de un amigo mío y se quedara una temporada en el rancho –añadió el señor Dukers –Ella quiere trabajar y como escuche que ustedes necesitaba una persona que le ayudara en la escuela.

—¿Pero tiene experiencia? –pregunto Pony.

—La verdad no señorita Pony –respondió Candy –Es más nunca he trabajado en mi vida. Sin embargo se muchas cosas. Me eduque en un buen colegio en Escocia, y creo que estoy bien preparada para enseñarle a los niños.

—Eres una jovencita segura de sus capacidades y eso me gusta. Sabes te voy a dar una oportunidad para que le ayudes a la hermana María en la clases.

Candy sonrió con alegría.

—Gracias señorita Pony, le aseguro que no se va a repetir.

—Eso si no puedo pagarte mucho.

—No importa…yo solo quiero trabajar y sentirme útil.

—Entonces mañana mismo comienzas a trabajar en la escuelita Pony.

—Gracias señorita Pony por ayudar a la hija de mi amigo –le dijo el señor Dukers.

—De nada señor Dukers.

—¿Y cómo están las cosas en la escuela?

—Bien, aunque con el temporal de otro día el techo quedo en mal estado, vamos a tener que mandarlo a reparar.

—No se preocupes por eso señorita Pony, yo le mando a uno de mis empleados para que lo reparen.

—Gracias señor Dukers. Usted siempre tan generoso con la escuela.

—No faltaba más, si la mayoría de los hijos de mis empleados estudian aquí. También les mandare leche y queso para que desayunen los niños.

Candy miro al señor Dukers dandose cuenta lo generoso que era, tal cual como lo describia su padre.

...

Al llegar al rancho Candy conoció a la hija del señor Dukers Lucia. Una joven muy simpática y algo coqueta.

—Es un gusto conocerte Lucia–la saludo Candy.

—Lo mismo digo, vamos hacer buenas amiga –contesto Lucia.

—Claro que sí.

—Bueno yo las dejos para que conversen tranquilas –le dijo el señor Dukers saliendo de la sala.

Candy y Lucia se sentaron en un sillón.

—Qué bueno tener una amiga en este rancho, que esta tan alejado de la cuidad –comento Lucia.

—Te aburres mucho ¿verdad?

—Si bastante, aunque en el último tiempo me entretenido mucho platicando con los nuevos empleados que contrato papa.

—¿Lo que son de Londres?

—Si son muy guapo, que no sé cuál de los dos me gusta más –dijo Lucia con una risita picara –¿Candy te gustaría conocerlos?

—Si claro.

—Entonces vamos a los establos donde ellos trabajan.

Candy y Lucia se fueron a uno de los establos, donde se encontraron a uno de ellos que estaba arreglando la montura de un caballo.

—Señorita Dukers que necesita –le pregunto el joven.

—Quería presentarte a una amiga, ella pasara una temporada en el rancho se llama Candy.

—Gusto en conocerla señorita –la saludo el joven caballerosamente –Mi nombre es Tom Steven.

—El gusto es mi Tom –contesto Candy sintiendo la sensación que antes había escuchado ese nombre.

—¿Y dónde está tu amigo? –le pregunto Lucia.

—El salió a ver el ganado señorita Dukers.

—Bueno después lo conocerás Candy.

Candy y Lucia se fueron del establo y en eso llego Albert.

—¿Albert y como te fue con el ganado?–le pregunto Tom.

—Bien los lleve a recorrer las tierras, más tarde los voy a buscar.

—Sabes quien vino.

—¿Quién?

—La hija del patrón.

—¿Y qué quería?

—Bueno vino a presentarme a una amiga que se quedara en el rancho, aunque fue una excusa porque estoy segura que vino a verte a ti.

—¿Tom porque esa señorita quería verme a mí?

—Por qué tú le gustas.

—¡Tom no digas tonterías!

—Es la verdad amigo. Acaso no te has dado cuenta cómo te hace ojitos. Tal vez tú podrías…

—Tom entiende que a mí no me interesa conquistar a la hija del patrón –le aclaro Albert.

—Pero porque si es muy bonita, además tienes que superar lo de Dorothy, ella lamentablemente murió y tú tienes que seguir viviendo.

Los ojos de Albert se entristecieron.

—No sé si pueda volver a enamórame de otra mujer –dijo Albert sintiendo un dolor en su corazón al recordar a su novia muerta.

—Ya amigo no te pongas tristes –le dijo Tom tomándole un hombro –Mejor vamos a seguir trabajando.

—Si vamos, que tenemos muchas cosas que hacer.

Escocia.

Anthony estaba muy afectado por la partida de Candy, que desde que ella se había marchado se la pasaba bebiendo, sumido en un profunda depresión. Se sentía vacío, ya nada era lo mismo sin ella, que ni siquiera le interesaba seguir siendo marques.

Elroy se sentía muy preocupada por el estado de su sobrino, pero al mismo tiempo dolida con él, por haber participado en el intento de asesinato de su propio hermano.

—Anthony por favor deja de beber –le pidió Elroy entrando a la biblioteca, donde él se encontraba sentado en su sillón negro bebiendo una botella de licor.

—Déjame solo tía Elroy –le pidió él bebiendo la botella –No quiero ver a nadie.

—No puedes seguir así, te vas salir enfermado.

—Ojala me enferme y me muera. Sin Candy no quiero vivir.

—¡Oh Anthony no digas tonterías! –exclamo Elroy horrorizada –Tienes que sobre ponerte. Recuerda que tienes que cumplir bien tu labor como marques.

—No me interesa ser seguir siendo marques…

—Pero tienes que hacerlo. No era eso lo que tanto querías que hasta fuiste capaz…

—No lo digas tía Elroy –la interrumpió Anthony avergonzado –Nunca me voy a perdonar lo que le hice a mi propio hermano.

—Ya Anthony no sacas nada con culparte. Ahora tienes que ser fuerte y salir adelante.

—No podre tía.

—Si podrás Anthony, por favor hazlo por mí –le pidió Elory sollozando y saliendo de la biblioteca muy afectada por el estado de su sobrino.

Camino hasta el salón donde estaban Archie y Stear con sus novias Annie y Patty, que estaban muy triste por la partida de Candy.

—¿Tía Elroy como sigue Anthony?–le pregunto Stear.

—Muy mal –respondió la anciana –No sé cómo ayudarlo.

—Lo de Candy lo tiene muy afectado –comento Archie.

—Y a quien no Archie, si todos estamos muy triste porque ella se haya marchado tan lejos –dijo Annie sollozando.

—Esta mansión no será lo mismo sin Candy –añadió Stear –Ojala que algún día regrese. Igual que nuestro primo Albert.

Elroy suspiro.

—Ellos se fueron a buscar su destino a otro lugar y tenemos que respetar su dedición –comento –Ahora hay que pensar en cómo ayudar a Anthony, para que recapacite y comience a retomar su lugar como marques.

—¿Tía Elroy que pasaría si él no se recupera quien lo remplazaría si Albert no está? –pregunto Archie.

—Tendría que ser Luis.

—¡El padre de Neil y Elisa! –exclamo Stear.

—Si él también es un Andrew y le tocaría el título de marques.

—O tía Elroy eso no puede pasar…

—¿Por qué dices eso Stear?

—Por qué ese hombre no me gusta. Además después le tocaría el título a Neil y eso sí que sería horrible.

—Yo pienso lo mismo –apoyo Archie.

—Bueno hay cosas que no dependen de mí –le aclaro Elroy - Todo están en las manos del concejo de anciano, que si no evalúan bien a Anthony es lo más probable que lo saques. Entonces Luis seria el nuevo marqués de Andrew.

En la mansión Legan Luis había citado algunos integrantes del concejo de ancianos, para hablar sobre la situación de Anthony en secreto.

—Señores si los cite a mi mansión, es porque estoy muy preocupado por el estado de mi sobrino Anthony –comenzó Luis.

Los ancianos se encontraban sentados en el largo comedor, entre ellos el baron de Carperter que tambien pertenecia al concejo.

—Nosotros también estamos preocupados por el –dijo uno de los ancianos el señor Thomson –La última reunión que tuvimos Anthony no estuvo presente.

—Está cumpliendo muy mal su papel de marques –añadió el baron.

—Lo se…señores y aunque Anthony sea mi querido sobrino, pienso que no tienes las capacidades para seguir siendo el maques de Andrew. Él está pasando por un depresión por culpa del rompimiento con su prometida, así que es mejor que otra persona ocupe su lugar.

—¿Y esa persona seria usted verdad señor Leagan? –le pregunto el señor Anderson.

—Bueno si…yo también soy un Andrew y el otro hijo de mi primo William renuncio a ser marques, asi que me tocaría a mí serlo –contesto Luis –¿Que me dicen me dan la autorización para ser el nuevo marqués de Andrew?

—Es algo que tenemos que evaluar señor Leagan –le respondió el señor Thomson -No es una desición facil de tomar.

—Entinedo -dijo Luis sintiendo una profunda rabia, de no poder conseguir lo que quería en ese momento. Pero no se quedaría tranquilo y insistiria para que le quitaran el titulo a Anthony.

América.

Pasaron algunos días y Candy estaba trabajando felizmente en la escuelita Pony, ganándose con su encanto y dulzura el cariño de los niños y de la señorita Pony y la hermana María.

—Ya niño la clase ha terminado –les dijo la hermana María.

Los niños se pararon de sus puestos y se despidieron de ella y de Candy.

—¿Candy mañana juegas con nosotros? –le pregunto uno de los niños.

—Claro que sí, pero tienen que traer sus tareas –le dijo Candy con una sonrisa.

Los niños se fueron de la humilde escuelita y Candy se puso ayudarle a la hermana María a dejar ordenada la sala.

—Los niños te quieren mucho Candy –le dijo la monja borrando la pizarra.

Candy se puso a ordenar los puestos.

—Sí, yo también le he tomado mucho cariño ¿Pero dígame hermana María estoy haciendo bien mi trabajo?

—Si Candy, eres una joven muy capaz.

—Gracias por darme la oportunidad de trabajar aquí.

—Lo hacemos con gusto Candy –dijo la monja dejando de borrar la pizarra –¿Y cómo te trata el señor Dukers?

—Muy bien. Es un hombre muy agradable y su hija también.

—Me alegro, aunque me imagino que debes extrañar Escocia ¿verdad?

Candy se quedó pensativa.

—Si extraño mucho a Escocia a tía Elroy, Archie, Stear a mis amigas y también a Anthony.

—¿El joven con el que te ibas a casar?

—Si…espero que este bien.

—Lo amas todavía.

—No ya no…

—Quien no dice que aquí en Michigan te vuelvas a enamorar.

—Oh hermana María que cosas dices –dijo Candy sonriendo.

—Candy eres una joven muy bella, estoy segura que un día de esto conocerás a un hombre de cual te enamores.

—No lo creo –dijo Candy pensando que su corazón solo le pertenecía a Albert.

Por la tarde Candy llego al rancho, donde se dio un rico baño y se colocó un camison para meterse a la cama, ya que se sentía un poco cansada. Se puso a revisar algunas tareas de los niños, cuando Lucia llego a interrumpirla.

—Candy que haces tan temprano acostada –le dijo Lucia acercándose a la cama donde se sentó.

—Estoy un poco cansada –contesto Candy.

—Lo siento, pero te vas a tener que levantar. Tienes que acompañarme al pueblo.

—¿A esta hora?

—Es que hay una fiesta costumbrista. Es muy entretenida. Hay muchos juegos, comida y música.

—¿Y le pediste permiso a tu padre?

—Sí, pero me dijo que fuera contigo.

—No se…mañana tengo que levantarme temprano para ir a la escuela.

—Pero Candy será solo un rato. Por favor vamos.

—Está bien vamos –dijo Candy levantándose de la cama.

—¡Genial! La pasaremos muy bien…

Candy se colocó un hermoso vestido en color verde y se fue con al pueblo con Lucia, donde había una entretenida fiesta. Por otro lado Albert y Tom también había asistido para distraerse un rato.

Candy y Lucia se pusieron a mirar una artesanía cuando Lucia vio a Albert y Tom a lo lejos.

—¿Candy adivina quien vino a la fiesta? –le pregunto.

—¿Quién?

—Los empleados nuevo de papa ¿Por qué no vamos a saludarlo?

—¿Ahora…?

—Si ahora. Vamos y veras lo guapísimos que son –le dijo Lucia tomándole la mano y llevándola hasta donde estaba Tom y Albert que al ver a Candy casi se cae de espalda.

—¿Candy que haces aquí? –le pregunto.

—Es lo mismo que te pregunto yo a ti –le contesto ella mirándolo con sus ojos parpadeando rápidamente y sintiendo un salto en su corazón.

No podía creer que fue él y que estuviera tan guapo, con ese cuerpo atlético y esos ojos color cielos y profundos, que le provocaba un escalofrió por todo su cuerpo. En ese momento no pudo evitar recordar el beso que le dio cuando Albert estuvo a punto de morir. Ese beso con que todas las noches soñaba con volver a sentir.

—¿Como ustedes se conocer? –les pregunto Lucia mirándolo a los dos.

—Si nos conocemos –respondió Candy con una radiante sonrisa.

En cambio él se sintió muy extraño con la presencia de la rubia, que lo hiso recordar todo lo que había viviendo en la mansión Andrew.

—¿Y ustedes de donde se conocen? –volvio a preguntar Lucia.

—De Londres…-respondió Albert –Bueno nosotros ya nos íbamos.

—Pero como se van ahí, hay que seguir disfrutamos de la fiesta –dijo Lucia con entusiasmo –¿Tom me acompañas a comprar una manzanas confitadas?

—Bueno señorita Dukers.

Candy y Albert quedaron solos.

—¿Parece que te incomodo verme aquí? –le pregunto Candy viendo el rostro de Albert.

—Bueno…la verdad si –respondió él frunciendo el ceño- Después de tanto tiempo no esperaba encontrarme con alguien de Escocia.

—Yo tampoco esperaba encontrarme aquí. Pensé que estabas en Londres.

—Estuve un tiempo, pero después con mi amigo Tom decidimos viajar a América en busca de trabajo.

—Entiendo…

—¿Candy puedo pedirte un favor?

—Claro que si Albert…

—No quiero que nadie sepa que soy hijo del marqués de Andrew. Aquí para todos soy Albert Morrison y quiero que siga siendo así.

—No te preocupes no diré nada…-le dijo Candy sintiendo una gran emoción en su interior y pensando que la vida le estaba dando otra oportunidad de estar cerca del hombre que amaba, y esta vez no la iba desaprovechar.

Escocia.

Elisa se encontraba sentada en el tocador de su habitación cepillándose en el cabello. Cuando el barón entro al cuarto.

—Querida ya me voy a Paris –le anuncio.

—Que te vaya bien –contesto Elisa fríamente.

—Deberías de acompañarme.

—Me encantaría, pero ando con un dolor de cabeza que no me deja hacer nada.

—Bueno...tratare de llegar lo antes posible.

—No te preocupes, voy a estar bien.

—Adiós mi amor –se despidió el barón dándole un beso en los labios.

—Adiós, que disfrutes el viaje.

—Gracias querida –dijo el barón marchándose de la habitación.

Elisa se paró del tocador y se sacó el beso bruscamente con una de sus manos.

—Por fin te fuiste –dijo con una sonrisa.

Se acercó a la ventana de la habitación y vio que su esposo se marchaba en el carruaje. De inmediato llamo a una de las sirvientas.

—¿Que necesita baronesa? –le pregunto la joven.

—Quiero que me prepares un baño y le digas al otro cochero que prepare el carruaje, voy a salir.

—Si baronesa –dijo la sirvienta saliendo de la habitación.

Dos horas después Elisa luciendo una capa color gris para que nadie la reconociera. Llego a uno de los bares de la cuidad, donde Anthony se encontraba bebiendo.

—Sabía que aquí te iba a encontrar –le dijo Elisa sentando en la mesa donde estaba Anthony.

—¿Quién es usted? –le pregunto él tomando una botella de licor.

—Soy Elisa mi amor…

—¿Qué haces aquí Elisa?

—Vine a buscarte.

—Yo no iré contigo a ningún lado.

—Si iras –le dijo Elisa obligándolo a colocarse de pies –Ya deja de beber y ven conmigo a un lugar donde podemos estar solos.

Anthony que aparte de estar ebrio se sentía vulnerable se fue con Elisa, que lo llevo a la mansión de ella. Lo subió a su habitación dejándolo encima de la cama.

—Elisa yo no puedo estar aquí puede llegar mi esposo–le dijo Anthony tratando de levantarse de la cama.

—Tranquilo mi amor, mi esposo se fue de viaje.

—De todos modos tengo que irme.

Ella se le tiro encima para detenerlo.

—No mi amor, no te dejare ir porque esta noche seré nuestra –le dijo Elisa besándolo con mucha pasión sin que Anthony se pudiera resistir.

Continuara...


Hola mis lindas chicas.

Ando un poco apuradita asi que les dejo este nuevo capitulo, espero que les guste.

Cariñoso saludos para las chicas que comentaron el capitulo anterior :

Brigge, Paulayjoaqui, Tutypineapple, Guest, Mercedes, Pecas, JENNY, Stormaw, ELI DIAZ, Luz, Guest, Denis.