DE INUKARENESMEE, PARA TODOS MIS ADORADOS LECTORES:
SÍ! SOY YO! JAJAJA! QUÉ TAL? COMO ESTAIS? POR FÍN HE VUELTO! QUÉ DECIROS SOBRE MI DESAPARICIÓN? PUES LA RESPUESTA ES MUY SENCILLA: FALTA DE INSPIRACIÓN. SUPONGO QUE A LOS QUE ESCRIBEN COMO YO, LES HABRÁ PASADO ALGUNA VEZ...HE INTENTADO PUBLICAR DESDE HACE MUCHO TIEMPO, PERO POR MÁS QUE ME PUSIERA A ELLO, NO CONSEGUÍA QUE ME SALIERA NADA QUE ME GUSTASE. ASÍ QUE OS PIDO DISCULPAS A TODOS AQUELLOS QUE SEGUÍAN MI HISTORIA. ESPERO QUE AÚN ESTEÍS AHI Y BUENO, SUPONGO QUE SI HE PERDIDO LECTORES, ES ALGO COMPLETAMENTE COMPRENSIBLE...
DECIROS QUE CON ESTE CAPI HE TRATADO DE CORREGIR FALLOS Y NO ME REFIERO A LO QUE PODRÍAN SER, POR EJEMPLO, FALTAS DE ORTOGRAFÍA, (QUE LAS HABRÁ, JEJEJE ¬¬ ) SINO A QUE EN EL ULTIMO FORCÉ LAS COSAS. SABÍA QUE NO IBA A PUBLICAR EN UN BUEN TIEMPO Y QUISE DARLE AL PUBLICO LO QUE ESPERABAN SIN PENSAR EN EL VERDADERO RITMO QUE HABÍA PLANEADO PARA LA HISTORIA. CADA COSA TIENE SU TIEMPO Y ME FALLÉ A MI MISMA TAN SÓLO PARA INTENTAR COMPLACER MÁS. ES POR ESO QUE AHORA OS TRAIGO SÓLO 18 PÁG. A WORD EN DONDE LAS COSAS TIENEN SU TIEMPO Y SU ESPACIO.
DESEO DE CORAZÓN QUE OS GUSTE Y QUE SIGAIS AHÍ. PARA VARIAR NO SE TITULA COMO OS DIJE PERO SÍ QUE PASAN LAS COSAS QUE OS ADELANTÉ. RUKIA HA HABLADO, HERMANOS, AMÉN!
AGRADECEROS CON CARIÑO TODOS LOS REVIEWS RECIBIDOS Y MENSAJES PRIVADOS DE ÁNIMO. PARA TODOS AQUELLOS QUE ME PREGUNTARON SI HABÍA DEJADO EL FIC, QUIERO DECIROS QUE YO NUNCA HARÍA ESO SIN AVISAR, VALE? SOY UNA PERSONA A LA QUE LE GUSTAN LAS COSAS BIEN HECHAS ASÍ QUE SI ALGUNA VEZ TENGO QUE ACEPTAR LA DERROTA DE NO PODER TERMINAR UN FIC, TENDRÍA LA DECENCIA DE COMUNICAROS SU CANCELACIÓN.
EN FIN, SIN MÁS, OS DEJO CON LA HISTORIA. OJALÁ QUE OS GUSTE! Y BUENO, DECIROS QUE PARECE QUE LA INSPIRACIÓN SE VA A QUEDAR UN TIEMPO MÁS CONMIGO, ASÍ QUE NO CREO QUE TARDE MUCHO EN VOLVER A ACTUALIZAR. CUÁNDO? PUES NO SÉ DECIRLO, PERO NO TARDARÉ OTROS 6 MESES, LO PROMETO! AH! Y LO MISMO VA PARA MI FIC "DESTINOS CRUZADOS". ICHIGO QUIERE DAR CAÑA EN HUECO MUNDO Y YO VOY A PERMITIRSELO, JEJEJE ^^
POR ULTIMO, SE LO DEDICO A MI ADORADO GRUPO "RED", CUYAS CANCIONES SIEMPRE ME ACOMPAÑAN E INSPIRAN Y A ICHIGO Y A RUKIA. LOS ECHO MUUCHO DE MENOS... A VOSOTROS OS PASA LO MISMO?
EN FIN, ESPERO QUE OS GUSTE, NOS VEMOS ABAJO!
SIMBOLOGÍA:
-"Diálogos"
letra en cursiva: Rukia en primera persona. Sus recuerdos y pensamientos.
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Aire en la cara. Chiribitas de sol en los ojos. Canciones de hojas. Baile de nubes. La respiración, una exhalación compartida. En las retinas, una retahíla de imágenes prendidas en la cola de un cometa. Me elevo alto, más alto, hasta el punto en el que la tierra se convierte en un vértigo a mis pies. El corazón, al ritmo del aleteo frenético de alas de mariposa. Ya robo gotas a la lluvia y le soplo al viento. Una pausa. Uno...dos...y, de nuevo, el regreso. Un torbellino de formas, colores y olores en el que se mezclan todo lo vivido, todo lo atesorado. El piano de la imaginación interpreta una sonata de Beethoven, tu lengua y la mía, la bailan. Me regalas aire y yo lo tomo con necesidad. Te alejas, tan sólo de momento, y el recocijo de tener esa certeza me hace vibrar. Tu mirada bautiza ahora todo con nuevos nombres y nuevos significados y yo, los entiendo a la perfección.
CAP. 11: NOBLEZA DESVENCIJADA.
No recuerdo cuántas veces enredé mis dedos entre ellos aquel día que me llevaban hacia mi nuevo destino. Jugueteaba con uno de los lazos que colgaban de mi Obi nerviosamente, revolviendolo, estrujandolo, estirándolo y encogiendolo, emulando de esa manera, cómo se sentía mi interior.
Y es que una Kuchiki jamás debía mostrar duda o miedo en público. Debe mantener sus emociones a raya, camufladas bajo un rostro impertérrito, como la mejor de las actrices.
Pero yo era simplemente yo, una mujer, que se sentía sóla y asustada y que de nuevo era incapaz de tomar las riendas de su propia vida. Cuanto más trataba de buscar dentro de mi, cuanto más pretendía saber de mi persona, lo único que lograba era levantar capas vanales. Una tras otra, busqué en mi interior hasta encontrar una respuesta: Yo odiaba estar sóla.
Me aferré como un clavo ardiendo a aquel grupo de críos alocados y vagabundos en busca de gente con la que compartir mi valdía eternidad. No me arrepiento, pues gracias a eso conocí a Renji y me hice shinigami. Quería proteger a las almas solitarias como la mía y desmostrar que nuestra existencia tenía algún sentido. Ahora me pregunto si aquella aparente decisión propia no estaba ya preparada por el Destino, que no sólo se conforma con extender sus huesudos tentáculos en el mundo de los vivos, sino también en el de los muertos. Y es que, si no hubiese sido shinigami, me habría encontrado Nii-sama?
Perdí un poco de Renji a cambio de una familia. Nunca quise ni un apellido ni la gloria. Mucho menos riqueza. Pero únicamente me encontré con el pago de una promesa y con el frío corazón de un hombre cuyo amor por los demás pereció el mismo día que su esposa.
Ukitake taicho, Kaien- dono...ellos fueron más mi familia que el resto pero aún así no me fué suficiente. Me sentía como una pieza suelta, que nunca encajaba en ningún puzzle. Era la solitaria niña pobre, convertida en shinigami por favoritismo, la misma que luego tuvo que luchar con uñas y dientes para demostrar que aquel apelativo era justo refiriendose a mi persona. Siempre tuve que lucir shinigami y Kuchiki cuando yo sólo quería ser Rukia.
El día que me enviaron al mundo humano, acepté mi misión de buen grado, con la esperanza de que el vacío en mi interior se llenase con cada alma que salvase. Pero para qué todo aquello? Los pobres humanos tenían una idea muy distinta de lo que era el cielo. Yo sabía que vivirían en miseria, en vagueza, que tendrían que volver a apañarselas en otro mundo que no era otra cosa sino un criadero de almas, esperando por poder reencarnarse alguna vez y recordar lo que era la ilusión.
Entonces apareció él. Jamás llegué a imaginar hasta qué punto aquel niñato protestón me haría comprender gran parte de mí misma. Pero en Ichigo estaba la clave, todas las respuestas y la Rukia que yo siempre estuve buscando. Eso era, mi Destino no era salvar a los muertos sino a los vivos. Le dí todo lo que tenía por el simple hecho de valorar más su vida que la mía y hasta ese mismo día, nunca jamás me había arrepentido de haberle dado mis poderes, ni una sóla vez, ni si quiera cuando estuve conedenada por ello, hasta el día que lo oí llorar y lamentarse. Había sido egoísta al querer encontrar mis respuestas? Me había equivocado?
Con el paso de los días me he dado cuenta de que no fué un error. Yo encontré mi verdadero ser reflejado en aquellos imperiosos ojos miel. Me salvé el día que le salvé a él y ahora, simplemente, Ichigo tendría que encontrar sus propias respuestas sin que yo interviniese.
Es por eso por lo que ahora me encontraba sentada en este ostentoso carruaje, de nuevo cambiando de familia. Otro puzzle en el que seguro, no encajaría...
Con temor a enfadarme con el Sol, que se había aliado con las circunstancias haciendo que luciera expléndido para acompañarme, me asomé tímidamente por una de las ventanas de aquel pomposo carruaje en el que era transportada. Se oían las alegres flautas, violines y demás instrumentos, algunos de los que ni si quiera conocía su nombre, entonando una bella y rítmica canción. El cortejo de guardias y criados que me acompañaban, de bailarines y bufones que llamaban a las gentes de todos los distritos del rukongai, el murmullo y los aplausos de las almas, que clamaban envidiosas por el destino que me aguardaba; un destino lleno de lujos y comodidades para ellos, pero una jaula con barrotes de oro para mí...
Volví a concentrarme en el juguetear nervioso de mis dedos. La promesa que me hizo mi hermano acudió a mi mente como una brisa de aire fresco despeja el aire viciado de una habitación cerrada. Quizá era una estúpida esperanza, un pequeño hilo para sostener el peso de todo aquello que se me entregaba, pero suficiente para empezar: Algún día sería libre y yo elegiría mi propio hogar.
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Respiró hondo varias veces, intentando que la presión del nuevo aire entrante desentaponaran sus oídos y dejaran de torturarla con el sonido rimbombante de su desenfrenado corazón.
Todo su cuerpo había reaccionado de forma violenta ante aquellas palabras que no paraban de repetirse en su interior una y otra vez. Su respiración se aceleró, su temperatura corporal aumentó, su vista se nubló y sintió la imperiosa necesidad de doblarse sobre sí misma, producto de una convulsión en el estómago.
Si hubiera sido sólo shinigami, habría sopesado la situación sin que las emociones interfirieran. Habría analizado en cuestión de segundos los pros y los contras de cualquier reacción y, sin duda, habría actuado de la forma más lógica y sensata...Pero no pudo, pues no recordaba un momento en el que se hubiese sentido más humana que ahora. Después de haber sido besada de esa manera, de haber sentido la pasión ardiendo en sus venas y de tener a Ichigo entre sus brazos...No podía. Ahora era humana y le resultaba dolorosamente terrorífico comprobar cómo las emociones suprimían lo que ella había sido durante más de un siglo.
Intentó mirar a la mujer que tenía delante con ojos de enemiga, como a un ser despreciable que intentaba robarle su felicidad con Ichigo, pero cuando clavó sus fríos ojos índigos en los de la pelirroja, sólo pudo ver miedo y soledad en aquellos irises naranjas. No atisbó ni una pizca de maldad en ellos, los cuales, la observaban mas a ella que al propio padre de su hijo. Un hijo...un bebé...de Ichigo.
Mareada, se sentó sobre el escritorio, llevandose una mano al pecho. Una nueva vida. Cómo podría ella condenar aquello? Algo tan simple y complicado a la vez que la hizo recordar quién era: Un espíritu, una muerta que dejó de tener sitio en ese mundo desde hacía mucho. Quizá aquel bebé estaba destinado a ocupar el lugar al que ella aspiraba...La sóla idea la conmovió y la desgarró por igual. Miró a ambos y sintió que se partía en dos.
Unas cálidas y varoniles manos la sacaron de su ensimismamiento, rodeándole el rostro con suavidad. Unos preciosos ojos ámbar la miraban con ansiedad y preocupación y fué entonces cuando pudo oír su aterciopelada voz, llamandola a medio tono.
-"Rukia, estas bien?".
Cierto. Ella sabía muy bien cómo le había sentado la noticia pero...y a Ichigo? Se había perdido en sus pensamientos, dejandose patear por aquellas desagradables sensaciones que la recorrían sin ni si quiera reparar en el otro implicado.
El joven tenía una expresión acongojada y la miraba a ella y a Mai sin saber qué decir. Rukia estaba segura que de ser otro hombre, habría salido corriendo en ese preciso instante. Pero Ichigo no era así. Por mucho miedo que le diera el oír aquello, no huiría.
-"No..." pudo reaccionar por fín. -"No me encuentro muy bien...estoy...algo mareada..." admitió, incorporandose y agarrando las manos que Ichigo le ofrecía.
-"Pues ya somos dos..." susurró Mai, llevandose una mano al estómago y tomando asiento en la silla más cercana.
Se hizo un incómodo silencio en el que cada uno se perdió en sus propios pensamientos. No hubo gritos ni discusiones y Rukia no supo interpretar si eso era malo o bueno. Significaba entonces que Ichigo lo aceptaba?
El flamante pelinaranja se quedó pensativo, con los ojos concentrados en un punto sin importancia; pareciera que estuviera cavilando algo, como si estuviera buscando en su mente algo con lo que confirmar aquella inesperada noticia. De pronto, reaccionó, soltando las manos de Rukia. La miró a los ojos y ella pudo notar cómo su tensión disminuyó un poco. Su mandíbula se aflojó notablemente y fué capaz de mirar a Mai sin temor ni duda. La joven intentó hablarle, pero volvió a encorvarse para aguantar una súbita náusea. Fué entonces cuando Ichigo salió un momento de la habitación sin decirle absolutamente nada a ninguna de las dos. Ambas se miraron la una a la otra, analizando rostros y actitudes.
-"No me mires así. Te aseguro que yo no planeé esto..." rompió el hielo Mai. -"Escucha Rukia, yo..." pero en ese momento Ichigo volvió a entrar en la habitación. Traía un vaso de zumo en su mano. Rukia observó cómo se lo entregaba a la pelirroja sin titubear y cómo la ayudaba a incorporarse un poco.
-"Bébetelo, te vendrá bien para el mareo" le dijo, con un tono serio pero para nada frío. Entonces Rukia observó la extraña actitud de Ichigo Ahora actuaba con calma y seriedad y trataba a Mai con mucha delicadeza. Entonces, un enorme sentimiento de culpa la invadió en ese instante y por unas milésimas de segundo, odió a Ichigo, le odió por convertirla en alguien egoísta y malvada, por desear que ese bebé no se entrometiera en sus caminos, por quererle todo para ella...
-"Os dejaré para que habléis" les dijo, con el tono distante pero tratando de permanecer serena. Su corazón de mujer rebosaba de ansiedad e incertidumbre, pero su mente de shinigami la instaba a la calma. Había ciertos principios morales a los que no estaba dispuesta a volver a fallar. No dejaría que su alma se corrompiera por el agoísmo ni una sóla vez más. Ella amaba la vida, la protegía y la respetaba, y no sería menos con el bebé de Ichigo, aunque eso los separara. Aunque eso la matara...
Ichigo la interceptó antes de que diera con la puerta.
-"Espera Rukia, no te vayas" le pidió, tomándola de la mano.
Una mueca indignada fué lo único que pudo salir de su mandíbula apretada, a pesar de que lo intentó evitar a toda costa.
-"Pretendes que me quede a escuchar los detalles?" ironizó, soltandose de su agarre. Ichigo frunció las cejas al comprender cómo debía estar sintiendose Rukia en esos momentos.
-"Lo que pretendo es que tengas un poco más de confianza en mí. No has necesitado nada más para creer que ese bebé es mío.". Sus ojos la miraban angustiados.
El verle así la hizo reaccionar de otra manera e intentó transmitirle calma.
-"Te esperaré fuera. Tsudeki y el resto de la prensa querrá hablar con nostros después de la cita de los diez minutos. Diré que la ganadora ha sido Mai así que sólo tendréis ese tiempo de intimidad si no quereis levantar sospechas" le respondió, esta vez en un tono más adecuado aunque la palabra "intimidad" refiriendose a ellos dos le había quemado en la garganta. Alargó su mano hasta alcanzar el rostro de Ichigo y le acarició la mejilla. Aún así sus ojos no fueron capaces de mirar a los del joven por mucho tiempo y eso hizo que el pelinaranja se preocupara.
-"No es lo que estás pensando. Confía en mí, enana" le pidió, con su suave voz de terciopelo tocada con un poco de ansiedad.
-"No te preocupes por mí, estaré bien" le mintió para tranquilizarlo. Luego le dió un suave beso en los labios y se marchó.
Ese beso distante hizo que Ichigo se preocupara y le supo amargo, muy amargo...
Con una amalgama de sentimientos bastante desagradables cociéndose en su fuero interno, se giró hacia Mai con severidad en la mirada.
-"Por qué mierda me estas haciendo esto? Sabes perfectamente que ese bebé no es mío" le acusó, con acritud.
Mai dejó el vaso vacío en la mesa y resopló.
-"Estoy de más de tres semanas y te recuerdo que por esas fechas, tú y yo aún jugabamos en este almacén." le bromeó, aunque se le notaba cansada.
Ichigo se acercó más a ella. -"Sabes que siempre fuí muy cuidadoso al respecto. No recuerdo ni una sóla vez que no usaramos protección e incluso comprobaba el depósito después de hacerlo. Ese niño no es mío" insistió.
Mai sonrió de forma derrotada. -"Ya lo sé, cariño. Me hubiera encantado que hubieses sido tú, pero en realidad, no tengo ninguna duda sobre quién es el padre de mi bebé" le confesó, tocandose el vientre.
Ichigo se sorprendió al oírla. -"Entonces...por qué has venido a decirmelo a mi?" quiso saber, contrariado.
La pelirroja, antaño exuberante y ahora demacrada por las ojeras y la palidez, clavó sus ojos en él y se levantó para tomarle de las manos.
-"Necesito tu ayuda con ésto, Ichigo. Estoy...bastante sóla..." admitió, lamentandose de lo único que consideraba que había sido lo más acertado en su vida.
-"Y qué te hace pensar que voy a hacerlo?" le cuestionó, clavando su mirada en ella.
-"Tú eres lo más parecido a un amigo que he tenido y no tengo a nadie a quién acudir. Estoy asustada. No tengo empleo estable, apenas gano un sueldo decente, no sé lo que es un compromiso, no me importa nada excepto mi bienestar y el dinero dura bastante poco en mi bolsillo; pero..." alzó los ojos llenos de ansiedad hacia su interlocutor. -" ...quiero a este bebé, Ichigo. Quiero tenerlo...".
El muchacho se quedó callado, observandola atentamente. Se sentía muy confundido. Estaba enfadado con Mai y al mismo tiempo se sentía contrariado por la ternura que despertaba en él el verla tan vulnerable. Qué quería decir ella con necesitar su ayuda? Acaso quería que él lo adoptara? Que le diera su apellido? Ser su padre?
-"Ichigo, no me mires así. Sé lo que Rukia y tú habeís pensado de mí cuando he entrado por esa puerta diciendo que estoy embarazada. Te juro que no es esa mi intención.". Él entrecerró los párpados, incrédulo.
-"Pues claramente lo ha sido hasta hace una semana, así que ahora me cuesta creerte" discutió, cruzandose de brazos y enderezandose. Su posición, imponente dada su altura y seriedad, podían asustar un poco, sin embargo, Mai vió en sus ojos preocupación por ella.
La pelirroja esbozó una sonrisa triste. - "Se te sigue dando fatal mentir."
Él tan sólo exhaló, relajando los brazos y mirando al techo. Pensando en lo siguiente que le diría. Con las cejas fruncidas, volvió a clavar sus ojos en la hermosa joven y entonces, no dió crédito a lo que vió. Con lentitud, Mai se arrodilló ante él y le hizo una perfecta reverencia. Esa visión le enfadó aún más que el resto de las cosas.
-"Siento mucho todo el daño que te he causado. Perdóname, por favor" se disculpó la joven, pero no obtuvo más respuesta que un tirón de sus brazos que la obligó a ponerse de pié.
-"Qué demonios haces, idiota?" le reprimió, apretando sus brazos y mirandola severamente. -"Nunca jamás vuelvas a hacer eso ni a humillarte ante nadie. Las disculpas y el arrepentimiento se demuestran con acciones y no precisamente con ésta..."
Los ojos de Mai titilaron de emoción, pues sabía que detrás de la bronca que Ichigo le estaba echando, había un interés sincero por su bienestar.
-"Estas maltratando a una mujer embarazada" se quejó en broma, haciendo un gesto señalando sus brazos, apretados todavía por las manos de Ichigo. De inmediato, el joven la soltó. Se rascó la cabeza y resopló. Ayudar a Mai...cómo mierda podía hacer él eso?
-"Y cómo demonios quieres que te ayude cuando no soy capaz ni de enderezar mi propia vida?". Le preguntó, sincerandose. Todo había pasado muy deprisa. Ni si quiera aún había tenido tiempo de hablar con Rukia sobre ellos dos. Los pocos minutos que habían compartido a sólas los habían empleado en darse todos esos besos que habían estado reprimiendo tanto tiempo y, la verdad, no le había parecido una mala decisión...
-"Porque de seguro, tu vida no será tan desastrosa como la mía si no tengo este bebé, Ichigo. Yo...no sé por qué siento esto pero...pienso que por una vez en la vida, voy a hacer algo bueno e importante y que se me ofrece la oportunidad de conocer el amor de verdad" le explicó, con los ojos húmedos.
Ichigo exhaló de nuevo y la acercó a él, conmovido. La estrechó contra su pecho y le acarició el pelo como si de una niña pequeña se tratara. Recordaba lo que Mai le había contado de su vida y la conocía lo suficiente como para saber que la chica hablaba en serio. Al sentirse abrazada, la pelirroja por fín se relajó y rompió en llanto. Era la primera vez en semanas que se sentía tan bien. Se permitiría llorar, se permitiría ser débil, al menos por esa vez.
-"Acabas de arruinar mi primera cita con Rukia, lo sabías?" le bromeó Ichigo, sin soltar su abrazo. Aún la notaba sollozar.
-"Por fín la has besado, eh?" le siguió la broma, apartandose y limpiandose las lágrimas.
Ichigo le sonrió . -"Estas horrible" se burló, limpiandole el rimmel corrido con los pulgares.
-"Prueba a estar todo el día vomitando hasta el agua que bebes, a ver cómo te sienta" ironizó.
-"No piensas hablar con el padre del bebé?" quiso saber, comenzando a ayudarla.
-"Olvídalo, como muy poco, me mandará a la mierda. No sé en qué estaba pensando cuando me acosté con él...", se lamentó, llevandose una mano a la frente y desviando la mirada al suelo. Al ver que ella no quería tratar el tema, él dejó de insistir.
-"Supongo que lo primero que hay que hacer es proporcionarte atención médica. El padre de Ishida tiene un hospital. Estoy seguro de que te ayudará. Crees que podrás aguantar bien hasta que termine el concierto? Le pediré a Orihime que..."
-"Gracias" le interrumpió. -"Pero ahora vete a buscar a Rukia. Creo que ella te necesita más que yo en este momento".
Ichigo cambió su expresión y su entrecejo se relajó visiblemente. -"Estarás bien?".
Mai se cruzó de brazos y esbozó su mejor sonrisa ladeada. -"Tranquilo, no vomitaré el zumo que me has dado hasta dentro de quince minutos. Sobreviviré".
Ichigo le correspondió la sonrisa. -"De acuerdo. Luego hablamos". Un nuevo abrazo hizo su aparición, esta vez propiciado por Mai, quien se hundió de nuevo en su pecho, dándole las gracias en silencio. Ichigo la recibió en automático, reflexionando sobre todo lo que la chica le había contado, sobre cómo podría ayudarla con aquello y sobre Rukia y cómo estaría.
-"Está bien, vete ya" le pidió, percatandose de la inquietud de él. Ichigo asintió y se dirigió hacia la puerta. Cuando estuvo a punto de girar la perilla, se volvió hacia la futura madre. -"Y me debes unas cuantas explicaciones, que lo sepas, no creas que por estar embarazada te vas a librar" le amenazó fingiendo severidad cuando se lo estaba diciendo con media sonrisa.
A Mai le enterneció la bondad de Ichigo. Ni si quiera había puesto en duda la veracidad de su embarazo y sabía perfectamente que el pelinaranja ya la había perdonado.
-"Eres un encanto..." le aduló, de forma sincera.
-"Pelota" le oyó mascullar mientras cerraba la puerta.
Una vez que se quedó sóla en la habitación, se sentó de nuevo, llevandose una mano al vientre. Puede que hasta ese momento hubiera tenido una vida de mierda, pero, por lo menos, se había topado con Ichigo. Ahora tendría una oportunidad de hacer las cosas bien y no la desperdiciaría.
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Cuando salió de aquella claustrofóbica prisión de sus sentidos, abrumada y llena de dudas, Chad, Orihime e Ishida la estaban esperando, con rostros espectantes y miradas inquietas.
-"Kuchiki-san, qué ha pasado?" se adelantó Orihime, con preocupación en su aniñado rostro de muñeca, tomandola de las manos.
-"A qué ha venido esa chica? Si algún periodista.." intervino Ishida, pero la shinigami lo interrumpió antes de que terminara la frase.
-"Si algún periodista la ve, diremos que ella ha sido la ganadora del concurso y que únicamente estaba utilizando su tiempo con su miembro del grupo favorito. No hay más."
-"Qué ha pasado ahí dentro?" cuestionó el de gafas.
-"Ichigo y tú...estais bien verdad?" quiso asegurarse Orihime, a quien no se le pasó por alto la mirada vacía de la shinigami.
-"Ah... no te preocupes, Orihime. Ya has hecho bastante por nosotros" la tranquilizó, sonriendole con ternura. La pechugona iba a replicar cuando la chillona voz de Naoko Tsudeki las interrumpió.
-"Kuchiki, qué tal va esa idea tuya de marketing tan estupenda?" al llegar junto a todos, se sorprendió de verla fuera. -"No se supone que tú estarías presente en la reunión para asegurarte de que la fan no se tirara al cuello del elegido?".
El oportuno comentario hizo que Rukia se tensara.
-"Necesitaba ir al baño. De todas formas, puede usted entrar, ya han pasado los diez minutos del premio" apuntó, con cierto tono de irritabilidad en la voz.
-"Está bien!" excalmó Tsudeki, apartandola con la mano y dirigiendose hacia la puerta del almacén, -"será una ocasión estupenda para entrevistar a la premiada antes de que se me escape" y dicho esto, giró la perilla despacio para luego, con sorpresa, cerrarla lo más rápido que pudo. Sus verdes ojos se abrieron por la sorpresa y se giró hacia todos sin saber qué decir. Se llevó una mano al pecho y soltó una leve risilla.
-"Qué? Qué ha visto?" cuestionó de inmediato Rukia, acercandose a ella a una velocidad que hizo que la periodista trastabillara un poco.
-"Yo...yo...bueno, digamos que...Ichigo-kun se ha tomado en serio eso de conocer a sus fans. Kuchiki, creo que no te ha venido bien irte al baño..." le dijo, notandose en su mirada la pena que la joven le profesaba, joven a la que consideraba que su supuesto novio estaba engañandola delante de sus narices.
-"Qué? Ichigo nunca volvería con Mai! Ahora está con Rukia" defendió Orihime.
-"Ohh, entiendo..." susurró, con una sonrisa pícara asomandose por una de sus comisuras, -"Lástima que al ser vuestra representante no pueda publicar la noticia de que al trío sentimental de RED se les ha unido una cuarta participante.." se mofó.
-"Cállese de una maldita vez!" le gritó Rukia, apretando sus puños y mirandole con fiereza, olvidando el trato cordial y el respeto que tenía que mostrarle a la mujer que financiaba casi la totalidad de los gastos del grupo. Ya estaba harta de aguantar sus emociones.
-"Kuchiki, no te lo tomes así, creí que tú misma sabrías que Kurosaki es hombre de muchas mujeres. Quieres mi consejo? Utilízalo, pásatelo bien, disfruta lo que puedas y luego, cada uno por su lado. Creéme, eso es lo mejor. De todas formas, a mí eso me dá igual con tal de que vuestra relación no interfiera con el grupo."
Aquellas crueles palabras provenientes de una mujer que, de seguro, nunca se había enamorado, le hicieron mucho daño. Pronto sintió que se ahogaba y que necesitaba aire. Si lo que Naoko había visto era cierto, fuera lo que fuera, eso significaba que Ichigo sí era el padre del bebé y que él y Mai se habían recoinciliado. Ya estaba, lo había perdido...sin poder soportar el dolor, la pena, los celos y la vergüenza, salió corriendo sin decir nada, apartando a todos de un empujón.
En ese momento, Ichigo abrió la puerta, encontrandose con todos. Él y Mai no habían notado la silenciosa intrusión de Tsudeki hacía unos instantes.
-"Ah, Kurosaki! Debo felicitarte, habeís estado estupendos. Por favor, vamos a retransmitir una entrevista en un par de minutos, vente a la sala de prensa. Te espero y..." miró en dirección hacia la salida y luego hacia a él otra vez -"´... no tardes mucho" le pidió, con más exigencia que cortesía implícita.
Ichigo asintió de mala gana, sin entender todavía qué había sido esa mirada que Tsudeki le había dedicado. Tan sólo fué mirar a sus compañeros cuando unos enormes ojos grises, que estaban a punto de estallar en lágrimas, desbordados como los de un niño pequeño, le acosaron junto con un breve sollozo.
-"Ichigoooo-kuuuuun!" lloriqueó la dulce Orihime, con cara de circunstancia y las manos tomandole de la chaqueta de cuero.
-"Qué te pasa, Orihime-chan?" le cuestionó. Al evidenciar lo que le preocupaba a su amiga, soltó una leve carcajada y le acarició el pelo. -"No pasa nada, todo ha sido un malentendido. Voy a buscarla y lo arreglaremos, ya lo verás" le calmó, sonriendole con sinceridad
-"Yo que tú no estaría tan seguro, Kurosaki. Tsukeki entró hace unos momentos para buscarte, te vió haciendo algo con Mai y se lo ha dicho a Rukia. Otra vez has sido incapaz de tener al pajarito en la jaula?" ironizó, molesto, el Quincy.
-"Qué? Yo y Mai no hemos hecho nada! Tan sólo la he abrazado porque la estaba consolando. Tiene problemas, eso es todo. Ha venido a pedirme ayuda y yo se la he ofrecido" se explicó.
-"Pues Kuchiki-san piensa otra cosa bien distinta..." apuntó Orihime.
-"No os preocupéis, iré a buscarla" les aseguró, sonriendole a Orihime para calmarla.
-"Pues eso espero porque ya empiezo a cansarme de tus rollitos con Kuchiki. A ver si os decidís de una buena vez" se quejó Ishida, acercándosele con los brazos cruzados.
Una venita palpitó en la sien del pelinaranja.
-"Urusai" le siseó. Luego volvió a dirigirse a su amiga pechugona -"Orihime-chan, por favor, podrías quedarte con Mai? No se encuentra bien y no quiero que esté sóla". La petición hizo que la muchacha lo mirara sin entender.
Entonces el joven se rascó la cabeza y les explicó. Total, tarde o temprano acabarían enterandose.
-"Mai está embarazada y se encuentra mal. Ha venido a pedirme ayuda y Rukia se cree que yo soy el padre del bebé" resumió, incómodo.
-"Eso explica la cara de Kuchiki-san al salir de aqui" comentó la joven.
-"Es una idiota, sacando conclusiones ella solita sin esperar a que le explique nada." refunfuñó Ichigo. -"Y encima la métomentodo de Tsudeki ha añadido más leña al fuego".
-"Estas...seguro de que tú no eres el padre, Kurosaki?" le preguntó Ishida. La cara de pocos amigos que recibió como respuesta le fué suficiente.
-"A dónde ha ido?" le preguntó a Chad, quien, a parte de escuchar la conversación, mantenía a raya a las fans detrás del cordón de seguridad instalado frente al "despacho" de Rukia.
-"Fuera" contestó escuetamente.
-"Kurosaki, teneis que cantar nuevamente en veinte minutos" le recordó Ishida.
-"Tú ayúdame a escabullirme de Tsudeki y de la prensa y yo haré el resto".
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La marea humana de cuerpos agitados y febriles, de rostros sonrientes y extasiados, de aire mezclado con humo, perfumes y sudor, la rodeó como si se acabase de introducir en un vagón de tren en el que no cupiera nadie más. Aquellos que la reconocieron, la saludaron y felicitaron, otros, al ver su figura, la miraron con ojos libidinosos. Algunos se apartaban si clavaba sus fríos ojos índigos en ellos, otras la admiraban en su decidido caminar...Fuera como fuese, Rukia sentía que aquel embudo de cuerpos se estrechaba cada vez más, compinchados para que no pudiese escapar. Pronto, como aquel que ve la luz al final del túnel, encontró la puerta de salida, abriendola de golpe y sintiendo cómo el frescor de la noche le acariciaba con anhelada bienvenida, permitiendole respirar, permitiendole pensar.
-"Vaya, vaya, pero si es la pequeña de Kurosaki! Ya te vas a casa?" El gigantón de Imoyama no tardó mucho en burlarse de ella socarronamente, como de costumbre.
"Irme a casa..." .
Sin responderle, bajó las escaleras que daban a la entrada de local y se dirigió, perdida en su mundo, hacia el parque. Cuando tomó asiento en uno de los bancos de madera, se quedó absorta mirando cómo un grupo de jovencitas canturreaban y bailaban mientras cantaban a coro canciones del grupo. Estaban borrachas y eran vulnerables, pero Rukia envidió su sencilla existencia. Con su corta edad, a esas jovencitas no les preocupaba nada ni sabían de nada, creerían en el cielo, en que tendrían toda una vida para ganarselo, en que eran jóvenes y por lo tanto, capaces de todo...Ella en cambio nunca tuvo nada de eso, nunca fué adolescente, nunca gozó del placer de la ignorancia y la inocencia, nunca pudo disfrutar...
Y ahora las observaba, percatandose de que vivía en una ilusión, de que se había creído que podría formar parte de aquel mundo, de ser como esas chicas siendo a la vez, ella. Y entonces recordó que se había pasado toda la vida despertandose de ilusiones, descubriendo una y otra vez que nunca formaba parte de nada.
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Hubo una vez en la que la casa noble Shininshi fué reconocida como integrante de la élite de grandes casas nobles del mundo espiritual. Como todo ser con conciencia, como toda forma de vida con sentido e inteligencia, nuestra especie, los shinigamis, también teníamos nuestra historia, nuestros escribas que la fueron recogiendo a lo largo de los siglos, nuestros períodos de oro y de oscuridad.
No se sabe bien cómo ocurrió, pero hubo un momento en el que los Kuchiki lograron desbancar a los Shininshi en la jerarquía nobiliar. Mi clan destacó por engendrar herederos de increíble poder espiritual, grandes líderes, capitanes, héroes. Su honor y su fama fueron suficientes catalizadores para suplantar a los Shininshi, cuyo estatus dependía en gran medida de la enorme riqueza de la que siempre habían gozado.
A lo largo de su eterna historia, la Sociedad de Almas tuvo que enfrentarse más de una vez a guerras civiles. No siempre la política y el orden había sido igual, ni el sentido de justicia tampoco. Antes de la constitución de la Cámara de los 46, el poder judicial del Sereitei estaba dividido. Cada lider de cada casa noble se encargaba de los territorios del Rukongai a su cargo. El Gotei 13 no tenía la importancia que tiene hoy y sus escuadrones y capitanes se encargaban más de velar por la seguridad externa que de la interna, sin poder hacer nada por proteger al propio pueblo, al mar de almas desorientas y asustadizas que llegaban cada día esperando encontrarse un lugar próspero y felíz en vez de aquella sociedad feudal retrasada y egoísta.
Hubo un momento en el que varios líderes se dieron cuenta de que si las casas nobles seguían por el camino que iban, el flujo se invertiría y la línea entre el bien y el mal, entre hueco mundo y cielo, se difuminarían. Los que se alzaron contra los terratenientes y contra aquella sociedad putrefacta, provocaron el período histórico conocido como "Las guerras Azules", haciendo referencia a la original pureza de la sangre de los primeros nobles, quienes debieron ser siempre los protectores de la sociedad de almas.
Para evitar que fueran destruidos y condenados al olvído, el clan Shininshi quiso participar en aquellas guerras para recuperar su prestigio. Traicionando su honor y su orgullo, su líder hizo un pacto con el 25º líder de los Kuchiki en aquel momento, quien fué el tatarabuelo de Nii-sama, Tetsuya Kuchiki. Así, mi clan lucharía junto a ellos, liderando sus filas, empleando sus estandartes, uniendo fuerzas con sus mediocres guerreros, a cambio de gran parte de las riquezas de los Shininshi y dejandolos sobrevivir como un clan noble secundario pero no extinto.
Pero Tetsuya Kuchiki era un hombre de honor y el despojar a una familia noble de sus tierras y títulos no entraban en su concepto de victoria. Así, les ofreció un pacto que calmase su conciencia: La siguiente princesa que naciera en los Kuchiki sería casada con un Shinishi. Ambas familias quedarían emparentadas y nuevos líderes, más poderosos por ser mitad kuchikis, serían engendrados, permitiendo que los Shininshi recuperasen su antigua gloria y que ambos clanes pudieran coexistir.
De aquellas guerras surgió el orden en la sociedad de almas como ahora es conocido. El Rukongai por fín fué libre, el sereitei quedó dividido en cuatro grandes casas nobles, padrinas de otras tantas menos honorables; el poder ejecutivo estaba a cargo del Gotei 13 y el legislativo, de la Cámara de los 46, constituida por aquellos nobles que habían tenido el valor de alzarse contra el sistema.
Pero, por desgracia, los Shininshi tuvieron que esperar varios siglos para que hubiera una princesa casadera en el clan Kuchiki, quien, por causas del Destino, siempre engendraban varones.
Y hasta ahí me conducía la historia. Yo era la primera princesa de los kuchiki desde aquel pacto. A pesar de ser adoptada, los informes favorables de mí por haber luchado con éxito contra Azien me habían otorgado de la valía necesaria para ser considerada un buen partido y apta para cumplir con aquella promesa y honrar la palabra de Tetsuya.
El palacio de los Shininshi, de oro y jade, revelaban con explendor el opulento pasado de la casa noble. Embriagada e intimidada por aquella, en mi opinión, ostentosa muestra de riqueza, me dejé guiar por los enormes y largos pasillos, por las anchas y espaciosas habitaciones, por los extensos y bien cuidados jardines. Cuanto más grande era todo aquello, más se encojía mi corazón, cuyas capas de hielo que había dejado formarse la noche en que decidí dejar de ver a Ichigo, eran cada vez más gruesas.
Tratando de calmarme, pensé en lo que diría mi gruñón amigo de pelo naranja si viera todo aquello. Los llamaría "pijos" como mínimo, metiendose con ellos y sin duda con Nii-sama, por llevarme allí. No sé por qué mi mente se acordó de Ichigo en aquel instante pero pensar en él y en lo que diría, me hizo sentirme acompañada. Él siempre estuvo conmigo en los momentos defíciles y podía jurar que aquel sería otro.
Por fín, el séquito de sirvientes se detuvo en lo que deduje como la sala de actos principal de la mansión. En seguida las criadas retocaron mis ropas, mi peinado y mi maquillaje. Dios, estaba tan incómoda escondida bajo todo aquello. Iba vestida con un Uchikake* de color azul marino, ricamente adornado con bordados de colores muy brillantes y con motivos de grullas, pinos, agua que fluye y flores. Todos símbolos de que yo era una novia sana, joven y fuerte. Había notado que me lo habían rellenado un poco por la zona del pecho y las caderas, todo para parecer más femenina y con mejores atributos de los que tenía...
Deseaba soltarme el pelo como siempre lo había llevado y arrojar aquellos adornos brillantes que lo decoraban bien lejos. La comodidad del uniforme de shinigami era mil veces mejor que la estrechez y el peso de todos aquellos kimonos y los zori* me impedían caminar con mi habitual soltura. Mi atuendo era el adecuado para ser presentada al que sería mi esposo, un hombre del que tan sólo conocía su nombre: Sato Shinishi .
Fué ahí, al verme reflejada por un momento en uno de los espejos de la sala, cuando el peso de la realidad deshilachó aquellos pequeños hilos de esperanza que había tejido dentro de mi. Iba a casarme y jamás escaparía de allí.
Aunque en ese momento no supe apreciarlos como se merecían, unos ojos grandes, de brillo casi infantil y bondad manifiesta me recibieron con una clara felicidad asomando por sus írises chocolate. Acostumbrada a ver a otro tipo de hombres, el suyo era un cuerpo normal, no era muy alto ni tampoco fornido y no desprendía un reiatsu destacable. El conjunto de su rostro, de labios gruesos, nazíz chata y cejas pobladas, resultaba agradable aunque no de belleza notoria como el de Ichigo o Níi-sama; pero tenía una barbilla graciosa, un mentón muy masculino y unos oyuelos que asomaban por sus mejillas redondas cuando sonreía. Tenía el pelo azul y le llegaba por los hombros,con un extraño mechón blanco que le nacía en el lado derecho de la cabeza y que llevaba recogido con un modesto kenseikan. Si fuera un humano, aparentaría unos 35 años, pero supe que en realidad, me sacaba más de 100 como entidad espiritual y de nuevo, Ichigo me vino a la cabeza, imaginandomelo burlándose de mi por casarme con un viejo. Aunque para nada lo fuera, para un crío como él, hasta yo era una vieja. Aquel cabeza hueca nunca pudo comprender que la edad de los shinigami no tenía nada que ver con la de los humanos y que el tiempo era distinto para nosotros.
Con emoción contenida y forzada galantería, se acercó lo que el protocolo exigía y me hizo la primera y única reverencia que se le permitiría hacerme en toda su vida. Después de la boda, sería mi marido y mi señor, y sería yo la que siempre estuviera obligada a rendirle pleitesía.
-" Rukia-sama, bienvenida a mi palacio. Soy Shininshi Sato. Encantado". El sonido de su voz, menos grave de lo que aquel rostro masculino exigía, me tranquilizó. Sonaba como el cariño de un hermano y la ilusión de un amigo. El cantarín tono de aquel que sabe que te conocerá mucho más, el color de una voz cuyas esperanzas habían sido puestas en mí.
-" Gracias, Shinishi-sama" fué la escueta respuesta que pude darle.
Consciente de lo injusto que había sido que yo pagase por otra promesa que no había sido mía, Níisama se negó a recibir la dote a cambio de que me concedieran un mes antes de la boda. Durante ese tiempo, Sato y yo nos conoceríamos mejor a fín de hacerme mucho más fácil todo aquello y fué un gesto que agradecí enormemente.
Mis comienzos en la mansión no fueron fáciles. Delante de Sato o los miembros de la familia, todos los sirvientes me trataban con respeto y veneración, pero cuando nadie los veía, me despreciaban e ignoraban, por considerar que yo no era una noble de cuna ni de sangre pura y por lo tanto, era igual a ellos. Por supuesto nunca intentaron avasallarme, pues mi reiatsu superaba al de ellos con creces, pero sentir aquel rechazo no me ayudaba mucho a concebir aquel palacio como mi hogar.
Durante las tardes de aquel frío diciembre, Sato y yo paseabamos todos los días por los nevados jardínes de la mansión. A mí el frío y la nieve eran algo que no me afectaba, por ser la base de mi poder, pero para Sato aquellos paseos eran todo un desafío.
-"Por qué lo haces? Por qué insistes en que paseemos todos los días cuando te mueres de frío?" le pregunté una vez, sentados en el porche de una de las habitaciones. Daba a un bello jardín y a un estanque de carpas ahora vacío y congelado.
Sus amables ojos chocolate me miraron con cariño. -"Porque a pesar del espacio que tienes aqui, sé que sólo estos jardines te hacen sentir libre" me confesó, calentandose las manos con su aliento.
Aquella primera muestra de que Sato estaba empezando a conocerme me asustó y me hizo retraerme. Bajé mi mirada, concentrandola en los copos de nieve, sin decir nada.
-"Rukia-chan" me llamó, tocandome el mentón con sus congelados dedos. -"No quiero que te sientas prisionera. Todo cuanto hay aqui es tuyo, es para ti y yo no soy más que una persona que está loco por conocerte mejor, por poner lo mejor de mi parte para que nuestras vidas sean felices". La sinceridad de su mirada me hizo sentir que yo también debía serlo.
-"Sato-sama, yo no soy una princesa. No soy una mujer recatada, ni sumisa, ni tengo buenas maneras. Mis mejores amigos siempre han sido chicos y me he pasado la mayor parte de mi vida con una zanpakutó en mi mano. No conozco el amor ni la cercanía con un hombre y la única felicidad que he experimentado ha sido la de proteger almas inocentes del salvajismo de los hollows junto con compañeros de ideales iguales a los míos. Yo soy una guerrera y no estoy hecha para ser la esposa de un noble. Nunca encajaré aquí, soy una shinigami". Le confesé, con la esperanza de que mi discurso le hiciera abrir los ojos y retractarse de nuestro matrimonio.
-"Pero también eres una mujer, y una mujer sincera. Tengo fé en poder cambiar tu forma de pensar con el tiempo. Tan sólo, déjame intentarlo. Dime, tienes algo que perder?" me cuestionó, soltando mi mentón y apoyando sus manos en su regazo. Su relajada posición, me invitó a hacer lo mismo.
Tenía algo que perder? Para mi sorpresa, el rostro de Ichigo volvió a aparecer en mi mente. Ultimamente no dejaba de pensar en él, en cómo estaría, en qué estaría haciendo, en lo mucho que echaba de menos pelear con él, en lo que diría si me viera vestida con kimonos de seda y entonces descubrí que ya lo había perdido. Él no podía verme...
Tuve que esbozar una sonrisa demasiado triste, pues los ojos de Sato me miraron con compasión cuando le respondí un escueto -"Ya lo he perdido".
-"Entonces, Rukia-chan, no hay motivos para negarme una oportunidad. Conmigo sólo tienes que ser Rukia" concluyó, volviendo a girar su vista hacia el jardín.
Aquella frase me hizo abrir los ojos con sorpresa pues pareciera que Sato había abierto mi mente y sacado esa frase de sus recónditos rincones. Tan sólo ser Rukia...
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Después de aquél día, Sato insistió en que practicara con mi zanpakutó en los dojos del palacio. Me prestaba a la guardia para que entrenase y me permitía darles instrucciones de combate para un mejor adiestramiento. Para un shinigami de poder medio como yo, el estar allí era como sentirse un capitán, rodeada de aquellos débiles guerreros.
Mi futuro marido había resultado muy hábil a la hora de leer mi mente, de conocerme, a pesar de que siempre he sido una mujer un poco inaccesible en ese aspecto. Su forma de mirarme y de tratarme, su entusiasta interes por verme pelear, por dejarme ser yo misma, por escuchar mis historias de cuando combatía contra los hollows, me hizo abrirme poco a poco y confiar en él. Era curioso cómo el único culpable de que yo estuviera allí se fué transformando en mi único amigo.
A pesar de ser algo que iba en contra de las machistas maneras de la familia Shinishi, Sato me permitía estar con él en las reuniones que el clan mantenía con otros. Me pedía consejo a la hora de tomar decisiones, delegaba en mi tareas impropias para una mujer noble e incluso dejaba que yo me ocupase de los asuntos más peleagudos si veía que él no podría.
Poco a poco me fuí dando cuénta de por qué Sato estaba tan ilusionado por tenerme como esposa. Él era un hombre muy bueno y dulce, tanto, que se veía débil ante los demas. No era un cabeza de familia duro y respetado y en muchas ocasiones, era víctima de trampas y estratagemas que lo dejaban al clan en desventaja. Yo era su antagonista, todo lo contrario a él, excepto en una cosa, la bondad , y por eso, nos ayudábamos el uno al otro.
El día de la boda me sentía la mujer más desgraciada del mundo. Había soportado charlas con mis nanas, criadas y amas de llaves sobre cómo debía comportarme en mi noche de bodas. Expresiones como "ser sumisa y complaciente" se repetían a todas horas. Me explicaban con lujo de detalles cómo sería la consumación del matrimonio, los efectos en mi cuerpo, cómo debía acariciar...todo. Imaginarme en tal cercanía con Sato me provocaba tal nudo en el estómago que casi me doblaba sobre mí misma para reprimir las náuseas. Y no, no era porque él fuera desagradable para mi, era símplemente, porque yo nunca había ni si quiera besado a un hombre. Sato tan sólo me había tomado de la mano una vez y esa noche me haría el amor en contra de mi voluntad.
La ceremonia fué larga y tediosa. Tras ser presentada oficialmente ante la nobleza de todo el sereitei como una Shininshi, tuve que ceñirme al protocolo más estricto y ejercer de esposa perfecta tanto en la ceremonia como en la recepción. El avance de las horas me estrujaban el pecho y me atormentaban, haciendo que todo mi cuerpo se sintiese rígido como una roca. Intenté llevar mi mente lejos de allí, intenté recordar los momentos más felices de mi vida o en los que me hubiese sentido más viva. Curiosamente, en todos mis recuerdos aparecía Ichigo...
Dentro de mí comenzó a nacer un sentimiento que no me era desconocido. Hacía tiempo que lo había sentido brotar por primera vez, como una pequeña raíz que se abre paso a través de la tierra hacia el exterior. Lo había cortado en muchas ocasiones y la última vez había sido el día que decidí dejar de ir al mundo humano. Aquello que sentí en mi pecho el día que me despedí de Ichigo había arraigado fuerte esta vez, pero aún así pude cortarlo, repitiendome a mí misma que tan sólo era mi mejor amigo, mi nakama y que para él yo no sería menos ni más que eso.
Tanto fué lo que me perdí en mi mundo que cuando recuperé la conciencia de nuevo, me encontraba en los que serían mis aposentos a partir de ese día.
-"Por fín volviste en sí" me susurró mi marido, observandome con cariño. Parpadeé varias veces y apreté la mandíbula al ver en dónde me encontraba. La expresión de mi rostro turbó la sonriente de Sato, quien, sin duda, adivinó lo que estaba pasando por mi cabeza en aquellos momentos.
Mi corazón comenzó a latir apesadumbradamente cuando lo ví deshacerse de su kimono poco a poco, quedando sólo con el yukata debajo. Mi vista se nubló cuando lo vió acercarse y colocarse detrás de mí, llevando sus varoniles manos a mi obi y comenzando a desatarlo. Los brazos se me entumecieron cuando sintieron caer la última prenda que cubría mi espalda, deslizandose por mis hombros despacio y quedandose atrapada en mis caderas, como si obedeciesen mi voluntad.
-"Eres preciosa" me susurró cuando me giró para que le mirase a la cara. Sus ojos idolatraron mi figura y mi descubierto busto. Observé con pánico como un brillo de deseo había convertido aquellos irises chocolate en un marrón mucho más oscuro.
El aliento me falló cuando sentí sus gruesos labios posarse sobre los míos por primera vez. Al notar mi resistencia, no intentó porfundizar el beso y tan sólo se separó de mi para rodearme con los brazos.
-" Rukia. Estoy muy felíz de que seas mi esposa. Sé que no puedo llegar a tu corazón todavía, pero déjame intentarlo, déjame intentar enamorarte...". Sus palabras, llenas de ansiedad y esperanza al mismo tiempo, me taladraron el oído, creando rechazo y culpabilidad por igual. Rechazo porque no quería el amor de aquel hombre y culpabilidad porque, a pesar de vislumbrar que él era bueno y honrado, yo sabía que jamás lo amaría, aunque lo intentase.
Mis pulsaciones disminuyeron gradualmente cuando me tumbó en el futón. Con tranquilidad y dulzura, volvió a besarme, esta vez invadiendo mi boca, como un cruel adelanto de lo que más adelante haría. Y entonces, como último recurso para escapar de aquella realidad que me consumía, mi mente le recreó de nuevo: Los ojos chocolate que me observaban en ese momento fueron sustituidos por otros almendrados y de un vivo color entre el ámbar y la miel. La piel morena y belluda fué sustuida por otra clara, con una dulce caricia de sol tatuada, sin ningún bello, con la suavidad de la pureza y el tacto del terciopelo. La sonrisa boba y enmarcada de oyuelos evocó otra ladeada y sensual y de pronto el rostro que me besaba ya no era el de Sato, sino el de Ichigo. El cuerpo blandito y un poco metido en carnes se transformó en otro cuyos músculos se delineaban potentes bajo la piel, tonificados y atrayantes, doblando en altura y en atractivo. Fué entonces cuando la raíz de aquel sentimiento brotó de nuevo por mi pecho, con urgencia y fuerza, rodeandome el corazón y aprisionandome, impidiendo que la volviese a cortar.
-"Ichigo..." de forma inevitable, susurré su nombre entre lágrimas.
Sato se separó de mí para mirarme a los ojos, rompiendo así el hechizo y mi ilusión, deshaciendo el rostro de Ichigo y devolviendome a aquella horrible realidad en la que otro cuerpo estaba encima del mío. Noté en su rostro cómo se debatía entre en dolor y el enfado, para luego, tras sopesarlo, relajar su expresión y volver a mirarme a los ojos. Entonces esbozó una sonrisa de resignación, como si yo acabase de confirmarle algo que él ya sabía, incluso antes que yo.
Impulsada por la vergüenza, me reincorporé haciendole una reverencia de inmediato y pidiendole perdón reiteradas veces. En ese momento no me importó mi semidesnudez, pues nada era tan desvelador como lo que acababa de pronunciar.
Una mano cálida y amable me cubrió los hombros con el yukata.
-"Así que es eso...es ese Ichigo el que hará que nunca te enamores de mí, verdad?" me cuestionó, con la voz resignada.
-"Yo...ha sido un error. Lo siento mucho, Ichigo es sólo mi mejor amigo, ni si quiera sé por qué..." pero Sato me interrumpió.
-"Rukia, todo el mundo me toma por un idiota así que por favor, no lo hagas tú también. Se te iluminan los ojos cada vez que hablas de él y luego se te queda una expresión triste y melancólica durante horas".
No pude evitar romper a llorar ante sus palabras. Yo no quería, no, no quería admitirlo, no quería ni pensarlo si quiera. Quería cortar aquello de raíz. No podía admitirme a mí misma que me había enamorado de Ichigo, de mi amigo, de un humano que ni tan si quiera podía verme.
-"No" repetí hasta la saciedad, "no es eso, no...no"...
Tras un largo silencio, Sato me estrechó contra sus brazos nuevamente.
-"Shhh. Tranquila. Tenías una vida y un corazón libre antes de venir aquí. No puedo borrar tu pasado" y dicho esto, Sato me recolocó la ropa, tapando mi desnudez por completo a la vez que él también se recolocaba su yukata. El claro mensaje que aquello enviaba me hizo querer cerciorarme de que realmente estaba ocurriendo.
-"Sato-sama?" le apelé, con gesto asombrado.
-"Quiero poseer tu amor antes que tu cuerpo. No hay prisa. Sabré esperar" me respondió dulcemente. -"Me harás el honor de, al menos, compartir mi lecho todos los días?" su gentil petición y la inocencia de su mirar, que poco tenía que ver ya con la que me había dedicado minutos antes, me hizo comprender que estaría segura y a salvo, que no intentaría nada y me dejó poca oportunidad de rechazar tal generosa oferta. Mi marido no iba a tocarme y yo no podía sentirme más agradecida...
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El vozarrón de Imoyama la hizo mirar hacia abajo y su corazón pegó un salto cuando vió una brillante cabellera naranja debajo de ella. Se había subido a lo más alto del edificio para pensar y calmarse.
-"No lo sé, la ví dirigirse al parque, pero luego la perdí de vista" le explicaba el de seguridad a Ichigo, mientras mantenía a raya a un par de fans alocadas que habían acudido para ver al líder de RED.
-"Iré a echar un vistazo. " le dijo, mirando a todas partes, mientras saludaba a las chicas que lo reconocieron en automático, más que acostumbrado y menos que interesado.
Rukia tragó duro y cerró los ojos mordiendose el labio inferior. Ichigo había ido a buscarla más pronto de lo que esperaba. Su cuerpo entero reaccionó cuando lo oyó llamarla por primera vez. Qué haría ahora?
Mordiendose el labio inferior en un gesto confuso, intentó poner un poco de orden en su cabeza y dominar las emociones. Sabría que tarde o temprano llegaría el momento en el que tendría que hablarle de su pasado a Ichigo, pero había esperado tener un poco más de tiempo y autocontrol para hacerlo. Sin embargo la noticia del bebé había provocado una reacción en cadena en su cerebro cuyos efectos estaban desmoronándola en una maraña de sentimientos dolorosos y confusos. Toda aquella ráfaga de imágenes y sensaciones, todo lo que había constituido su existencia desde el día en que Ichigo dejó de poder verla, desfiló ante sus ojos como si se tratara de una película.
Un nuevo llamado de parte de Ichigo la volvió a la realidad y la hizo agazaparse y esconderse cuando el jóven escrutó la copa del árbol en la que se encontraba oculta. Ciertamente ahora se alegraba de que el pelinaranja no tuviera poderes.
Al continuar con su autoanálisis, supo de inmediato que aquello que la estaba torturando no era símplemente la idea de que Ichigo fuera a ser padre o que Tsudeki hubiera insinuado que él y la pelirroja se hubieran recoinciliado. Era la idea de haber soportado penurias para nada, la idea de haberse sustentado en una burda esperanza la que le atormentaba. Sabía que estaba condenada por lo que había hecho, pero el tener a Ichigo a su lado lo habría merecido con creces. Ahora bien, si él no estaba, si lo perdía para siempre, entonces, tendría que enfrentarse a sus remordimientos con todas las consecuencias...
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Desde aquella noche de bodas y desde aquél gesto que Sato tuvo conmigo, logré abrirme un poco más a él y aprendí a relajarme en su presencia. Estaba muy avergonzada por lo que había pasado así que pasé las siguientes semanas centrándome en tantas actividades como pudiera. Mi objetivo era dejar de pensar en Ichigo, disipar cualquier duda, erradicar cualquier sentimiento, arrancar cualquier raíz, convencerme de que él sólo era mi amigo, nada más.
Ya fuera porque venía a verme entrenar en el dojo, por las reuniones para tratar asuntos con el Clan o símplemente para pasear, Sato y yo nos pasábamos casi todo el día juntos. Si lo lograba ver como un amigo, si le despojaba del apelativo de "marido", podía apreciar en él a un hombre culto y sereno, cuyos ojos hablaban más de sí que cualquiera de sus palabras y, lo que era más palpable en él, un hombre lleno de bondad y paciencia. No me resultó difícil quererle, aunque nunca lo hice en el sentido romántico ni de la forma en la que él hubiese deseado. Nuestra relación se podría resumir de forma sencilla: Él sí era mi marido pero yo no era su mujer.
Con el tiempo comprendí que el recuerdo de Ichigo no sólo me hacía daño a mí, sino también a Sato. Me percaté de que sus sentimientos hacía mí se volvían cada vez más fuertes y, por respeto a él, nunca más le nombré a mi adorado Nakama.
Hubo un tiempo en el que incluso dejé de pensar en Ichigo. Había conseguido acorralar su memoria en un rinconcito de mi cabeza al que casi nunca acudía y me convencí de que él estaría bien en el mundo humano teniendo por fín la vida pacífica con la que había soñado.
Pero como lo que había sido una habitual pauta en mi vida, la tranquilidad y la armonía no duró mucho. Llevando año y medio de casados, Sato cayó muy enfermo. A veces gastaba los días metido en la cama, con tan sólo la única energía que necesitaba un parpadeo. Yo siempre me mantuve a su lado y cuidé de él pero siempre tenía la sensación de que los médicos de la familia no hacían nada por sanarle. Todos me miraban de forma extraña, incluso con culpabilidad, como si supieran algo que yo no, como si me guardasen un secreto...
Sato tenía una hermana, se llamaba Lacuna. Era una chica muy reservada y no se parecía a él en nada excepto por tener el mismo mechón blanco decorando el lado derecho de su cabeza. Era una joven que hubiera tenido mucho que decir si no hubiese nacido en un clan tan machista como lo era el Shinishi. Lacuna tenía más reiatsu que ningún miembro de la familia y era valiente, inteligente y decidida. Quizá demasiado temeraria y temperamental, aunque posiblemente su juventud tuviera mucho que ver con aquello.
A pesar de que todos vislumbraron su potencial, la joven noble siempre estaba muy protegida y custodiada por guardaespaldas y nunca podía salir sóla de la mansión. Se especializó en artes oscuras y era de sobras conocido la increíble habilidad que había demostrado en invocar y perfeccionar todo tipo de Kidõ. Lacuna decía que había que recurrir al saber antíguo para potenciar el moderno y que reinventaría los hechizos y traería una nueva Era al Kidõ.
La joven noble tenía grandes aspiraciones, quería convertirse en dirigente del Departamento de Desarrollo Tecnológico del Sereitei, ser una gran capitana y que el apellido Shininshi volviera a recuperar su antígua gloria por sus propios méritos y no porque su hermano hubiese contraído matrimonio con una Kuchiki.
A pesar de saber que yo no era de su agrado, en cierto modo me sentía identificada con ella. Ambas estábamos encerradas y ninguna de las dos estaba hecha para vivir bajo el yugo de la prohibición, la discriminación sexual y la ignorancia.
En contra de lo que todos sus consejeros y familiares le dijeron, Sato le pidió a su hermana que lo ayudara a sanarse. Recuerdo que tuvieron una conversación a puerta cerrada durante horas que mantuvo nerviosos e inquietos a todos los habitantes de aquella mansión. Cuando Lacuna salió, comunicó que su hermano le había encomendado su sanación. Todos sabían que su método sería pagano e incorrecto, pero todo valía por garantizar la supervivencia del único heredero varón de los Shininshi.
Ahora me pregunto si fué otra estratagema del Destino que Sato me asignara a mí la tarea de la vigilancia y custodia de la joven Lacuna, pero gracias a aquella decisión, pude dar con el lugar que más tarde me salvaría de las cadenas que me atarían a aquel clan para siempre y que sellarían el destino de mi propio marido.
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-"Oiiii! Rukia! Eso no es justo, sabes que no puedo sentirte ni saltar tan alto como tú! Sé que andas subida en algún sitio, baja!" la voz de Ichigo la sacó de sus recuerdos de nuevo. Sin poder evitarlo, en su rostro se divisó una leve sonrisa. Ichigo la conocía muy bien. Con agilidad, pasó de la rama de un árbol a otra para verle más de cerca. Ciertamente el nuevo gigai de Urahara era magnífico.
Al oír el crujido, Ichigo giró la cabeza hacia la copa del árbol en la que había estado hacía unos momentos.
-"Vamos, deja de esconderte, tengo que volver a cantar y necesito saber si estas bien, joder" le pidió Ichigo y Rukia resopló. Le habría quedado una frase monísima sin ese joder al final. Pero así era él, así era el hombre por el que lo había dado todo.
Rindiendose, decidió aparecer. Ya era hora de darle alguna explicación. Tenía el pecho encogido y no recordaba que nada le hubiese dado más miedo en el muindo que el temer la reacción de Ichigo cuando le contara toda la verdad. La odiaría? La despreciaría?
-"Tú siempre tan delicado" le protestó, saltando con elegancia al suelo desde su escondite. A penas el joven la vió, corrió hacia ella y busco sus manos, deseoso de volver a tener algún contacto físico con ella. Su expresión se constriñó un poco más al comprobar que Rukia guardaba las distancias con él y lucía apesadumbrada.
-"A qué mierda ha venido eso, enana? Os dejaré para que habléis? Qué clase de novia eres tú?" le cuestionó, colocando los brazos en jarras y sonriendole de forma traviesa.
Aquel ansiado apelativo la hizo sentirse aún más desgraciada.
-"No crees que esa forma de llamarme es un poco precipitada?" cuestionó, cavizbaja.
Ichigo se saltó un latido y se acercó a ella. -" Qué quieres decir con eso?".
-"Nada, yo..." Notó como el joven la tomó del brazo suavemente. "...es sólo que dadas las circunstancias, es obvio que..." pero Ichigo no la dejó seguir. Él siempre había sido más de actos que de palabras y sin pensarselo dos veces, se avalanzó sobre sus labios, apresandolos con premura, uniendolos a los suyos como si la vida le fuera en ello. Rukia sollozó sobre su boca al sentir la suavidad y la calidez de aquellos labios que siempre había deseado y pronto, aquel beso le fué insuficiente y ambos se deboraron la boca por completo, demostrando su necesidad por el otro, regociandose en aquella deliciosa humedad compartida, en aquel anhelo que ambos sentían.
Al separarse, jadeantes, Ichigo clavo sus ardientes ojos miel en los de ella.
-"Escúchame enana, no sé qué te habrá dicho esa estúpida de Tsudeki, pero no ha pasado nada entre Mai y yo, el bebé no es mío y desde luego no hay ni habrá nada que me aleje de tí, de acuerdo? Así que deja de montarte películas con esa cabecita tuya..". La seguridad que desprendieron sus palabras provocaron que volviera a sollozar mientras que, de forma involuntaria, sus labios dibujaron una sonrisa. Aún le sorprendía el infinito abanico de emociones que un humano podía sentir y demostrar al mismo tiempo. Tanto se parecía a ellos ya? Sintiendo cómo sus pulmones dejaban de contraerse, permitiendole respirar de nuevo, escondió su rostro en el pecho de Ichigo, abrazandolo con fuerza, aferrandose a él como si alguien fuera a arrancarlo de sus brazos.
-"Te has vuelto una sensiblona..." le bromeó el pelinaranja, sonriendo como un tonto mientras la apretaba contra él.
-"Idiota.." la oyó replicar, mientras enterraba su naríz en su ropa.
Tras unos intantes, Ichigo la tomó del mentón y elevó su rostro. Pero cuando sus ojos miel intentaron perderse en los de ella, los encontró apagados y esquivos.
-"Rukia...qué te pasa?". El tono de voz de Ichigo se oscureció y ahora colocó ambas manos en los hombros de la joven. Al no obtener respuesta, Kurosaki arqueó las cejas y buscó de nuevo su mirada, decepcionandose al instante. Esperaba haber visto más alivio en aquellos irises violetas luego de haberle dicho que él no era el padre del bebé de Mai, sin embargo, la sombra de la intranquilidad nublaba aquellos ojos que tanto amaba. Significaba entonces que su posible paternidad no era el problema? Quizá no le creía?
-"Si no me crees, podemos hablar con Mai y ella misma te lo corroborará. Me haré una prueba de paternidad si es preciso" le aseveró, dispuesto a disipar cualquier duda. "Ha venido a verme y a pedirme ayuda porque está asustada, se encuentra mal y no tiene a nadie. Puede que se aliara con Zero para separarnos, pero no puedo negarsela si la veo en ese estado.." volvió a explicarle, con sinceridad, acariciando con sus pulgares sus mejillas para tranquilizarla. Ella sonrió para sus adentros pues no le sorprendía nada. Ichigo era así de bueno, de noble...
-"No es eso. Te creo..." respondió con media sonrisa. Su nerviosismo era palpable y se le notaba cada vez más tensa. No podía negar que había sentido un enorme alivio al oír la noticia, pero la sombra de un sentimiento aún más oscuro que el miedo nublaba su corazón.
-"Enana, vas a decirme qué demonios te ocurre?" se impacientó Ichigo. Puede que su interlocutora fuera la mujer más importante de su vida, pero la delicadeza seguía sin ser uno de sus puntos fuertes.
Rukia respiró hondo y se separó de él, deshaciendo el abrazo y mirandolo a los ojos directamente. Ichigo vió que había decisión y humildad en ellos, pero también estaban empañados de un brillo opaco que nunca había visto en ella. Ahora eran de un índigo oscuro, casi impenetrable y eso le hizo contener el aire en un acto involuntario. Por qué le preocupaba tanto aquella mirada?
-"Te he mentido, Ichigo. Te he mentido desde el principio y desde que volví te he ido dando excusas para no contarte la verdad. Crees que soy la misma Rukia de antes, pero no lo soy, si supieras...si tú supieras..." El agobio le cerró la garganta, provocandole dolor por la tensión de los músculos de la laringe.
-"Shhh, pues cuéntamelo. Ahora estoy preparado, quiero escucharte, por mucho que me hayas mentido, por mucho que no me vaya a gustar lo que vaya a oír, Rukia. Confío en tí, sé que has tenido que tener una buena razón para no haber vuelto y he sido un cabrón al no comprender eso y enfadarme contigo".
Las palabras de Ichigo, cargadas de dulzura y anhelo por calmarla, por protegerla, de respeto y de disculpa, terminaron por desarmarla. Sintió que la culpabilidad la deshacía en pedazos, la desmembraba en trozos, cada cual más sucio y rastrero.
Un par de lágrimas calientes y cristalinas rebalaron por sus mejillas cuando volvió a perderse en los ojos de él, acercandose se nuevo y aferrandose a sus ropas como si fuera a caer.
Una buena razón...
-"I- Ichigo..." su voz tembló y su garganta se cerró, como si no quisiera dejarla pronunciar palabra, como si evitase que le contara nada más .-"Te cuente lo que te cuente, por favor, recuérdalo, Tú lo eres todo para mi" le confesó, con la magnitud de sus palabras ardiendo en sus orbes.
Ichigo apretó la mandíbula mientras le acarició el rostro. Notaba tanta ansiedad en ella, tanto miedo. Había soñado con que la joven shinigami le dijera todas esas cosas, pero si tal declaración iba acompañada de esa mirada, era imposible que pudiera sentirse dichoso en ese momento.
-"Rukia, habla conmigo. No puede ser que eso que tengas que contarme sea tan malo" le pidió, rodeando su espalda con sus brazos, protegiendola incluso de ella misma, sin lograr entender el miedo de su enana.
-"Yo...no sé por dónde empezar y encima tú tienes que volver dentro y..."
-"Tú eres más importante que el grupo. Me gustaría ser un orgulloso y decirte que no es así, pero te mentiría y...ya he sido un orgulloso demasiado tiempo" le respondió, con una cálida sonrisa que hizo que Rukia se quedase sin respiración. El tiempo había logrado que Ichigo se expresase de una forma madura y con más claridad.
Anonadada, notó cómo él la tomaba de la mano y la dirigía hacia un banco de madera del parque, dispuesto a sentarse y a hablar con ella. Al ver que la joven no conseguía ordenar su cabeza, la ayudó un poco.
-"Qué te parece si empiezo yo con las preguntas?" le sugirió. Ella asintió entrelazando sus dedos con los de él.
-"Cuando volviste, me dijiste que te quedarías sólo dos meses y que estabas en una misión. Por qué me mentiste nada más llegar?". Su forma de mirarla la tranquilizó y la invitó a hablar sin tapujos.
-"Porque aún no sabía si tú querrías que me quedara. No sabía si tendrías hueco para mi en tu vida y ni si quiera me había aclarado del todo con mis propios sentimientos. Estuve...reteniendolos y negándomelos durante tanto tiempo que casi yo misma creí que lo único que sentía por tí era amistad", le respondió, con la voz queda.
Ichigo, al ver que Rukia estaba siendo accesible a sus preguntas, se relajó un poco y decidió que bromear podría ser una buena forma de relajarla.
-"Deberías haber probado a componer canciones y a formar un grupo, a mi me sirvieron de mucho".
Rukia lo miró con media sonrisa asomando por una de sus comisuras.
-"Y tú por qué no me contaste que eras el autor de RED? Por qué no me dijiste que tus canciones hablaban de mí?" le amonestó, frunciendo sus delicadas y poco pobladas cejas.
-"Oi, todas no hablan de tí, enana engreída" volvió a bromearle, dándole un golpecito con el índice en la frente.
-"Respondeme, idiota, estamos hablando en serio, no?" le riñó, fingiendo fastidio. Ichigo rió entre dientes y contestó a su pregunta.
-"Pensé que cuando te fueras de nuevo a la Sociedad de Almas, volverías a desaparecer. Para qué iba a decirte nada entonces? Prefería seguir sufriendo yo sólo..." su amielada mirada se entretuvo con una oja que revoloteaba grácil por el suelo de lozas color rosáceas.
-"Lo siento, Ichigo" se disculpó. Él la miró frunciendo las cejas y haciendo una mueca de desaprobación.
-"De qué tienes que disculparte? Yo nunca te dije nada, nunca me atreví. Supongo que estuve negandomelo demasiado tiempo y para cuando quise darme cuenta, ya era tarde...".
-"Porque no podías verme?" dedujo ella.
-"Aunque no pudiera verte, al menos esperaba que volvieras a visitarme, que siguieras metiendote en un gigai y dandome el coñazo en mi casa de vez en cuando, durmiendo en mi armario y buscandome problemas en clase. Te esperé mucho tiempo." Ahora sus ojos volvieron a enfrentar los violeta de ella.
-"El día que nos despedimos...ahí..." comenzó ella.
-"Ahí nos dimos cuenta los dos, verdad?" terminó él.
Ella asintió, ruborizandose un poco y bajando la mirada. Un acto involuntario que fué suficiente para demostrarle a Ichigo que eso la martirizaba.
-"Debí habertelo dicho cuando volviste. Esa misma noche me preguntaste si estuve enamorado de tí, me dijiste que sentías algo hacía mí distinto a lo que sentías por los demás, y yo sin embargo, por orgullo y por rencor, te dije que no lo sabía. Pfff..." Él mismo negó con la cabeza, resoplando, enfadado consigo mismo. -"Incluso la pérdida de mis poderes me afectó tanto porque no podía verte. Era así de sencillo. Nada de heroicidad ni de orgullo masculino, nada que tuviera que ver con que fuera un guerrero que había salvado el mundo y que estaba frustrado porque era incapaz de sentir ni el más mínimo reiatsu; todo era únicamente porque no podía verte y eso me enfurecía porque hiciera lo que hiciera, no podría cambiarlo".
-"Ichigo...sabes que hiciste lo correcto..." le animó.
-"Lo sé pero aún así estaba furioso y lo estaba contigo porque tú sí podías verme y sin embargo, no quisiste...". Su tono no era acusador, pero Ichigo sintió que tenía que decirle todo lo que pensaba hasta quedarse vacío. Habían sido demasiados días de preguntas sin respuestas y de suspiros a la nada.
-"La noche que vine a verte iba a contarte lo que me habían pedido que hiciera. Quería preguntarte si tú sentiste lo mismo que yo cuando nos despedimos y estaba dispuesta a abrirte mi corazón y regalarte todo el amor que había en él. Imagínate cómo me sentí cuando el dueño de mis esperanzas pedía a gritos y entre lágrimas no haberme conocido jamás." Rukia también necesitaba ser sincera.
-"Yo...no quise decir eso...y si hubiera sabido que estabas ahí, oyéndome, no..."
-"No pasa nada, tranquilo" le calmó, acariciandole la mejilla. Sus ojos volvieron a mostrar una mirada triste y melancólica, ésa que hacía que Ichigo se tensara, la misma que esbozaba cuando un hombre en concreto acudía a sus recuerdos. -"Es curioso cómo tus sentimientos me dieron el valor suficiente para aceptar aquella petición..."
-"Eso que te pidieron que hiceras... tiene que ver con Sato?". Ichigo no pudo disimular la inquietud que le provocaba ese nombre y el rostro de pena que Rukia ponía cada vez que lo oía. No era cuestión de celos, pues él mismo había estado con otras, era el temor de que ella se hubiera enamorado de ese hombre, de que no hubiese vuelto porque lo quiso más que a él...
La muchacha respiró profundamente y apretó sus manos, temiendo que él se le escapara al oír lo que estaba a punto de contarle.
-"Sato era mi marido, Ichigo. Me obligaron a casarme. Me convertí en la cabeza de famillia de un clan noble, imposibilitada para volver al mundo real por ser relegada de mi condición de shinigami para convertirme en princesa de los Shininshi. De repente me ví envuelta en cadenas de oro, acariciada todas las noches por unas manos que no eran las tuyas y con un corazón que se retorcía de dolor pensando en tí cada día." Sus ojos buscaron temerosos los de él y se mordió el labio inferior para mitigar los nervios. Ya estaba, ya había comenzado el principio del fin...
Las manos de Ichigo se volvieron frías, pues sintió que la sangre se le iba a los pies. Intentó reaccionar, hacer algo, decir algo, pero tan sólo se quedó quieto, mirandola con los párpados abiertos. Rukia...casada. Ahora le encajaban tantas cosas como, por ejemplo que le dijera que había dejado de cazar hollows o que demostrase una gran perícia para dirigir al grupo.
No supo qué decir ni cómo hacer a continuación, pero pronto tendría que salir de su estado de shock, pues veía cómo el pánico comenzaba a desfigurar el precioso rostro de Rukia y cómo sus enormes ojos violetas comenzaban a anegarse en lágrimas.
Y él odiaba ver a Rukia así.
-"Si te sirve de consuelo, yo me odio a mí misma por haber permitido que me casaran. Me alejé de tí por mis propias decisiones pensando que estarías bien con una vida humana..." confesó, dejando que las lágrimas recorrieran sus mejillas en silencio. Ninguna escena, ningún drama, sólo ella. "...Así que, si te sientes culpable por haber estado con todas esas chicas, no lo hagas, porque yo tampoco estoy libre de culpa en ese aspecto..."
Al verla llorar, Ichigo reaccionó, soltando el agarre de sus manos y obligandola a que lo mirase a la cara. Rukia lo vio serio, pero no enfadado, sus ojos desprendían una mirada reprobatoria, aunque no de la forma en la que ella había esperado y por unos momentos, vislumbró compasión en aquellas orbes entre el miel y la avellana..
-"Sí que me siento culpable, porque estuve con ellas por mi propia voluntad y a tí...a tí te obligaron" ahora su tono se endureció y apretó los puños. Al imaginarse todo lo que aquello trajo implícito, comenzó a sentir temor y rabia. -"Rukia...dime que ese Sato no te ha hecho daño, enana, dime que ese hijo de puta ha sido..." pero ella le cortó al instante, dejando que aún más lágrimas brotaran por sus ojos.
-"No hables así de él, si estoy aqui es gracias a Sato, no...no hables así de él...".
Ahora sí que Ichigo no pudo controlar su reacción. No entendía por qué ella lo defendía cuando claramente era el que le estaba causando mal estar y el que le había impedido regresar. Ofuscado, se levantó del banco de madera.
-"Por qué mierda le defiendes? Creía que tú y yo no estábamos juntos por mi propia estupidez pero restulta que fue por culpa de él por lo que no pudiste volver! Él nos ha impedido estar juntos, Rukia!".
-"No! No volví porque yo no quise! Sato no me obligó a nada. Fué nii-sama quien..." pero de nuevo fué interrumpida.
-"Byakuya? Ese maldito cabrón! Es que no tuvo suficiente con dejar que casi te maten una vez? Es que tenía que seguir jodiendote la vida? Se había dado cuenta de que nos queríamos y se metió en medio, no?" la ira de Ichigo iba en aumento.
-"Él me permitió venir a verte para que decidiera, Ichigo. Cuando por fín lo supe, volví y cumplí con un pacto que se selló entre ambos clanes hacía varias generaciones" le aclaró, intentando defender a su idolatrado hermano.
-"Una boda acordada en el pasado? Otra promesa por la que has tenido que pagar el precio" medio escupió, iracundo.
Se hizo el silencio entre ambos. Ella sentada en el banco con las manos apretadas en su regazo, llorando de dolor y de rabia al mismo tiempo, bloqueda y siendo consciente de que Ichigo aún tenía que saber algo más, la peor parte...
Ichigo la miraba llorar con la mandíbula apretada. Tenía que calmarse. Quería decirle que no estaba enfadado con ella sino con el mierda de su hermano y que él también tenía miedo, miedo de que ella hubiera sentido algo por ese Sato y que viniera a reclamarla, angustiado por saber por qué ella desprendía esa calidez hacia aquél hombre que la había tocado antes que él, que se la había robado sin merecersela, sin haberla visto reír, preocuparse, sangrar, enfadarse, correr, patalear, reñir, luchar, superarse, bromear, querer...Nadie la conocía mejor que él!
Fué el momento en el que Rukia se atrevió a volver a mirarle a los ojos cuando Ichigo se desarmó. Su corazón lo empujaba hacia ella, su cuerpo entero tan sólo reaccionaba ante su voz, ante aquellos ojos que lo llamaban a gritos. Ninguna barrera contra ella tendría de nuevo ocasión de levantarse dentro de su corazón. Él pertencía a Rukia, estuviera casada o no, fuera Kuchiki o Shininshi.
Sin dudarlo, se arrodilló ante ella y la abrazó con fuerza, estrechandola fírmemente, dejando que la shinigami enterrara su naríz en su cuello y se aferrase a él con desespero.
-"Lo siento, siento haberme puesto así. Cálmate enana, vamos, estoy aquí, no estoy enfadado contigo" le dijo, besandole la mejilla, consolandola. Tan sólo obtuvo como respuesta un llanto lastimero.
-"Por qué estas así? Temes que Sato venga a buscarte? Porque me dá igual que sea tu marido, tú te quedas conmigo" le aseveró, tomando su rostro con ambas manos. -"Para mí tú no estás casada, me oyes?".
-"Ichigo...si estoy así es...yo..." entre sollozos logró calmarse. Tomó aire, sintió naúseas y sus rodillas temblaron, pero Ichigo merecía saberlo, tenía que saber por qué se sentía tan culpable, tan desgraciada y tan indigna de él.
-"Sato está muerto, Ichigo. Yo...yo lo maté...".
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NOTAS DE LA AUTORA:
Síii, lo seeee, seguro que ahora mismo estaréis pensando: "Qué cojones? Rukia una asesina?" jajajaj! pero tranquilos, que todo no queda aquí. Recordad que las cosas son diferentes dependen de cómo se miren...
Pobrecita Rukia, ha pasado por mucho, verdad? sé que quizá no os la imaginais llorando a raudales y mostrándose tan asustada, pero quiero que penséis en cómo actuaría alguien con el corazón bueno como el de ella, sometida bajo toda aquella culpabilidad que sentía y diciendole al único hombre que había amado lo que había hecho. Si en "Fade to black" lloró por los hermanos, digamos que aquí llora por ella misma, por lo "Desvencijada" que se siente, de ahí el título del capi.
Bien, fomentemos el debate!:
- Qué os ha parecido la reacción de Ichigo? esto es lo que más problemas me ha causado a la hora de escribir el capítulo. Lo hice reaccionar mal, celoso, furioso, discutía con ella, la mandaba a la mierda y se daba a la bebida en una esquina pero luego pensé que el verdadero Ichigo no reaccionaría así. Por mucho que la noticia le afecte o le asuste, si vé que la otra persona lo pasa mal, automáticamente desarrolla el instinto de protección que le caracteriza. A parte que, las que conocemos bien al personaje, sabemos que es muy dulce debajo de toda esa fachada de niñato duro y protestón y yo trato de no salirme de su personalidad inicial, en todo caso, la "evoluciono" adaptando su persona a las experiencias que le hago vivir en mi historia.
- Ahora sabéis qué escondía Rukia, que como bien os dije, no era el hecho de que estuviera casada, cosa que ya la mayoría sabíais por todas las pistas que he ido dando a lo largo de la historia, sino el hecho de que ella ha matado a Sato.
Cómo os ha sentado la noticia? por cierto, un apunte: En este capi hemos visto mediante los recuerdos de Rukia que Sato no llegó a hacerle el amor. Entonces...por qué le dice a Ichigo que había sido acariciada todas las noches por unas manos que no eran las suyas? hmmm...tendrá eso algo que ver con que él ahora esté muerto?
- Creeis que los misteriosos reiatsus aparecidos en capitulos anteriores tienen que ver algo con el hecho de que Rukia haya matado a Sato? En teoría, ella ha contado que nadie lo sabe...será realmente un secreto?
- Ahora ya sabeis que Mai no venía con malas intenciones, aunque todavía este personaje os dará que hablar, ya lo veréis, jejeje.
- Tal y como os dije, Sato no es el malo de la película en este fic. Quién será?
En éste capi he dejado a todos los personajes prácticamente a un lado para centrarme en Ichigo y Rukia. Ellos se lo merecían, no? No os preocupéis que aún os quedarán muchas cosas por leer: Saber más sobre Rukia y Sato, conocer el secreto de Takumi, reiros con Natsu y sus tonterías, saber si Orihime siente algo por Natsu, devolverle a Zero su podio de personaje favorito por mi parte, jejeje, que Byakuya y Renji vuelvan tal y como os dije y más secretillos que tengo en el tintero, jojojojo! y por no decir que...bueno...Ichigo y Rukia aún tienen mucho que decirse...y que hacerse...jojojojojojo! huelo lemmons? jejeje ^^
Sin más, me despido por hoy. Volveré con más letras de RED, mas emociones, más conciertos y líos y más de todo! espero que me sigaís apoyando, vale? UN ABRAZO, SED FELICES, CUIDAOS MUCHOS Y QUE VIVA EL ICHIRUKI!
