CAPITULO 10

UN FRAGMENTO DE TI

"¿Así que finalmente está dormida?" preguntó Hermione, acostada en la cama, tenía un libro apoyado sobre su prominente vientre, le sonrió a Ron, quien la miró entusiasmadamente, la sola idea de volver a ser papá por segunda vez, hacía que su mundo entero se llenara de luz. ¿Y cómo no? Esa mujer había sido parte de su vida durante tanto tiempo, que sola idea de imaginarla sin ella era desquiciante, porque ella misma era su vida, claro…era mejor no decírselo. "Mi amor…¿pues en qué estás pensando?" cuestionó ella, mirándolo.

Esto lo trajo a la realidad.

"Perdón, Hermione ¿qué decías?"

"¿Qué si lograste que Rose se quedara dormida? ¿Pues en que mundo estabas que no escuchas, tonto?" le dijo ella cariñosamente, bajando su libro momentáneamente.

"Si, se quedó completamente dormida, ¿cómo es que no se cansa de que le lea el cuento de los tres hermanos? Quiere analizarlo todo…" le dijo él suspirando, anonadado ante la genialidad de su pequeña hija. Hermione sonrió, sus ojos castaños se iluminaron orgullosamente, él se quito los zapatos y se acostó a lado de su esposa, acariciándolo con suavidad su enorme vientre.

"Yo creo que es genético, cielo." Dijo ella despreocupadamente. Él le sonrió y se inclinó para darle un breve beso en los labios.

"Nuestro hijo, muere por salir rápido….¿no es así?" murmuró él.

"¿Por qué lo dices?" cuestionó ella, mientras seguía leyendo.

"Porque cada día estás más grande…" dijo él rápidamente y sin pensarlo. Hermione bajó el libro y lo miró de mala forma.

"Ronald Billius Weasley, ¿me estás llamando gorda?" dijo ella algo ofendida, mirándolo con incredulidad.

"Por supuesto que no, Hermione." Se apresuró él con rapidez, se había puesto pálido, al darse cuenta de que no debió haber dicho aquello. "¡Como crees! Es que estoy algo emocionado por que nazca…quisiera que fuera pronto…"

"Si, como no…" dijo ella mirándolo de mala manera, dejó su libro en el buró y suspiró. "Ni me digas, yo cada día me aburro más en casa, ya no aguanto las ganas de que nazca…"

"¿Entonces has decidido volver al Ministerio después de que nazca?" cuestionó algo decepcionado, no podía evitarlo. Él había crecido en una familia en la que su madre siempre estaba en casa, cuidando de él y sus hermanos, y tampoco era como Hermione y él necesitaran el dinero…estaban muy bien económicamente, pero ella estaba simplemente empeñada en trabajar. Cuando se volvió a embarazar él el había planteado aquella idea, pero ella nunca había estado muy convencida.

"Sabes que amo mi trabajo." Le dijo ella acariciando su quijada cariñosamente, le sonrió.

"Podrías trabajar en otra cosa, no es como que necesitemos el dinero…" murmuró él bajando la mirada. Ella le sonrió enternecida, sabía que aquel era un tema delicado para los dos.

"Ron, te casaste conmigo sabiendo lo que quería hacer de mi vida, sabías perfectamente que si quería tener una familia, pero no quería dedicarme sólo a ser ama de casa…tu y Harry siempre tuvieron claro que querían ser aurores, ¿pero y yo? Yo también siempre tuve mis ilusiones, mis sueños…" le explicó ella, sus ojos castaños se enfocaron en los azules de él con súplica. Él le se acercó y le dio otro suave y breve beso en los labios.

"No te querría de ninguna otra manera, Hermione. Tu y Rose…y ahora….este pequeño significan todo para mí." Le murmuró él al oído, ella le sonrió. "Pero no le cuentes a Ginny que te he dicho eso…" se defendió él con rapidez.

Ella lo miró divertida. "¿Por qué no, mi amor?" dijo ella risueña, antes de lanzar una carcajada "No quieres que sepa, que ya no tienes la capacidad emocional de un ladrillo….y que has mejorado…" esto lo hizo reir.

Después su risa se detuvo y la miró con seriedad. "Toda tu culpa…" le murmuró él, acariciándole la mejilla. Ella le guiñó el ojo coquetamente.

"Siempre lo has tenido en ti…" le replicó ella. "Hablando de tu hermana…y del retardado de nuestro mejor amigo…"

La atmósfera del ambiente cambió súbitamente, Ron suspiró.

"He querido hablarte de eso también, Hermione." Le dijo seriamente. "Y por favor, no me discutas…lo he hablado con Harry, y voy a poner encantamientos protectores también aquí en casa, y bueno ahora con el embarazo tan avanzado, no quiero que salgas a ningún otro lado sino es con mi hermana, o a la Madriguera, ningún otro lado es seguro para nosotros…"

"Pero Ron…" comenzó ella, débilmente.

"No, Hermione, por favor comprende. Se que eres una bruja maravillosa, y capaz de protegerte, pero no quiero arriesgarte, el embarazo te está quitando energía y yo no soportaría si algo les pasara a ti o a Rose, a nuestro bebé…y tu sabes tan bien como yo, que este…hijo de Riddle o lo que sea, quiere venganza…la familia de Harry será un objetivo esencial pero eso no quiere decir que la nuestra no lo sea también…" le dijo él y a abrazó, ella apoyó su barbilla en el hombro de él y suspiró. Cuando se separaron dudó.

"Por más que me cueste admitirlo…" murmuró ella viendo hacia su regazo "Creo que tienes razón…" suspiró dramáticamente.

"Vaya, el embarazo te está poniendo condescendiente…" le dijo él molestándola, ella enrolló la mirada. "Tienes que hablar con Harry, Ron. Está poniendo a Ginny y a los niños más en peligro…¿qué acaso no le fue suficiente demostración lo que pasó en la Madriguera?" cuestionó ella. Ron bajó la mirada. "Tu hermana la pasa mal…"

"Tampoco es como que Harry esté entero, ¿sabes?" le dijo él con acidez. "Creo que mi hermana no está tan mal…ahí tiene a Dean." Se quejó Ron. Ella le dio un golpe en el brazo.

"Ouch, Hermione…"

"No hables de esa manera de tu hermana. Y ¿qué me dices de Harry y la mujerzuela esa, disfrazada de auror?" se quejó la castaña.

"Uy, no es tu persona favorita, ¿Verdad? Sabes, curiosamente es bastante buena…en su trabajo." Completó él con rapidez, al darse cuenta de la mirada no muy grata de su esposa.

"Se le metió a Harry por los ojos…mira que amortentia, ¡que loca!" despotricó la castaña. Ron pareció meditar la cuestión. "Y a un hombre casado…¿qué le pasa?" dijo indignada.

Ron le sonrió. "¿No es en estos momentos en que eres feliz siendo la esposa del mejor amigo del elegido, solamente?"

Ella le dio otro golpe en el brazo. "No seas ridículo. Siempre he sido feliz siendo la esposa del hombre más testarudo que tuve el infortunio de conocer." Replicó ella, mordiéndose el labio para no reír. "Y más te vale, que nunca me des uno de esos disgustos, Ronald…ni si quiera por razones tan estúpidas como las que tuvo Harry."

Él se acostó a su lado y la abrazó. Ella se quedó algo inquieta.

"Hermione, ¿en dónde encontraría yo, una mujer que me volviera igual de loco que tú y que tuviera tu cerebro" le dijo al oído antes de apagar la luz. Ella pareció satisfecha con la respuesta porque no dijo nada.

"Prométeme que hablarás con él, hazle entender que sus razonamientos no han llegado a ningún lado…"

"Lo intentaré."


Harry ya no resistía más, cada minuto que pasaba se angustiaba más y más por el bienestar de Ginny y de los niños, una serie de dudas lo estaban ahogando ¿sería que había hecho lo correcto? Habían pasado ya, dos días desde el incidente, y desde que se habían quedado en Grimmauld Place, y Harry estaba por primera vez desde que toda aquella pesadilla comenzó, empezando a barajar la posibilidad de decir la verdad, de hablarle con sinceridad de una vez por todas, de contarle todo acerca de sus hallazgos respecto a Riddle, de decirle que estaban en peligro, de explicarle el por qué de su distanciamiento, de probarle con la confesión de Lya que él había tomado amortentia, que nunca quiso engañarla, y si la memoria no le bastaba, estaba dispuesto a darle veritaserum de ser necesario. En fin, en resumidas cuentas quería pedirle que lo perdonara y que rehicieran su vida juntos, porque la vida sin ella y sus hijos no era vida. Además estaba el incidente de Albus, claro, mucha seguridad ¿pero de qué había servido? Haber gritado a los cuatro vientos que su familia ya no le importaba, pero aún así, Albus había estado a nada de ser secuestrado y James de morir en un incendio. ¿Y alejado de ellos podría haberlo resuelto? Claro que no. Porque alejado de ellos, aparentemente no los quitaba de la mira. ¿Qué hacer? Y si Hermione y Ron estaban en lo correcto, y si había echado todo al traste con Ginny. ¿Entonces, qué podía esperarle?

La embustera de Lya, eligió justo aquel tormentoso momento para Harry para entrar en su despacho, como últimamente acostumbraba. Harry tuvo que resistir el impulso de correrla, no sabía que tan difícil sería que Ginny le creyera, de cualquier manera era mejor mantener a Lya calmada, así el veritaserum sería más fácil de que lo bebiera, de ser necesario.

Tuvo que pintar una falsa sonrisa, cuando la rubia se le acercó, se le sentó encima y comenzó a besarlo apasionadamente. Ella se sorprendió de no recibir ninguno de los malos tratos a los que normalmente estaba acostumbrada. Pero definitivamente no se quejaba, aún cuando Aidan fuera, mucho más apasionado que Harry, y este fuera sólo parte de un "trabajo", nadie podía negar que tenía lo suyo, y lo que más placer le producía era que se lo había quitado a la insulsa de Ginny Weasley.

"¿Qué te tiene tan de buen humor?" le cuestionó ella con astucia, podía ser hermosa, y fingir estupidez de vez en cuando, pero en realidad no lo era en lo absoluto.

Él evitó responderle y volvió a besarla insistentemente.

"Tú me pones de buen humor." Le dijo él, mientras que le quitaba un mechón rubio del rostro. "Lamento lo que pasó en Grimmauld Place aquella noche, no debí gritarte así, es sólo que lo de mis hijos me alteró…tu sabes como me pone lo de su seguridad. ¿No es así?" le dijo mientras que le acariciaba la espalda. Los llamativos ojos de la mujer lo miraban con incredulidad.

"¿De cuando acá te disculpas conmigo?" le murmuró al oído mientras que correspondía a las caricias.

"Desde hoy, he estado terrible….y además quería pedirte un favor." Le murmuró al oído.

"Ah…ahora entiendo. ¿en la cama, mi amor?" le cuestionó ella seductoramente, aunque normalmente él no le pedía ese tipo de cosas, en aquellos meses habían mantenido intimidad en escasas ocasiones, y él siempre estaba exhausto o perdido de borracho.

"No, Lya." Le aclaró. "Necesito que me acompañes a mi casa…en Valle Godric…no sé si hoy o mañana, pero necesito instalar todo tipo de protección."

"Ah…" dijo ella con fingida desilusión. Aquel sería un dato de su interés para Aidan. "Y yo que creí que no me querías en mis funciones de auror." Dijo ella con tono dramático.

"Ya veremos…." Murmuró él. Ella lo miró sin comprender. "Si se da el caso quizá…quizá…puedas estar con mis hijos unos momentos, si Ginny lo permite, claro." Le dijo, a sabiendas de dos circunstancias: Él no permitiría que esa mujer estuviera a solas con sus hijos, ni aunque tuviera que elegir entre ella y un troll para cuidarlos, y dos, sabía perfectamente que Ginny no accedería si quiera a que les diera el saludo. Pero el caso era que necesitaba tener la posibilidad de que le acompañara, no sabía finalmente que clase de confesión necesitaría.

"¿Tus hijos? ¿No me has dicho innumerables ocasiones que me mantenga lejos de tu familia, mi vida?" le cuestionó ella, mirándolo con incredulidad, mientras que le acariciaba el abdomen jugando con los botones de su camisa.

"Sé que he sido injusto contigo, pero te prometo que todo eso puede cambiar…." Le prometió falsamente. La tomó de la barbilla y la volvió a besar.

Se separó de ella cuando escuchó la puerta de su privado abrirse. Un enfadado Ron, contemplaba la escena con las orejas rojas de coraje, y brazos cruzados. Lya se levantó de inmediato.

"Potter, necesito hablar contigo." Le dijo Ron, mirando de mala gana a la rubia.

"Er…." Dijo Harry incómodamente mirando a su mejor amigo, y verificando inconscientemente que su varita estuviera a la mano, sólo por si acaso. "Claro, Lya, nos vemos después yo te avisaré respecto a los planes de hoy…." Le dijo él. Ella le sonrió coquetamente y le mandó un beso en el aire, antes de cerrar la puerta.

Un silencio se formó entre ambos hombres.

"Puedo explicarlo." Aseguró Harry con vehemencia.

"Tienes dos minutos, antes de que decida sacarte el alma a golpes, o peor…contarle a mi mujer lo que acabo de presenciar…." Le dijo el pelirrojo escépticamente, cruzado de brazos. Harry tragó duro.

"Voy a decirle toda la verdad a tu hermana, y lo haré hoy de ser posible, o mañana…" dijo solemnemente.

Ron lució confundido. "¿Le dirás que te tiras a tu amante en tu privado?" le dijo enfadado, cruzado de brazos. "No creo que salgas muy bien de ese encuentro…"

Harry se talló el rostro con cansancio.

"Primero que nada, déjame aclararte. Yo quiero a tu hermana, y le pienso decir toda la verdad. Le pienso contar de Riddle, de mi decisión de alejarme de ellos, de cómo Lya sólo…me esparció amortentia en la bebida, y el por qué de mi estúpida decisión de divorciarme de ella..." y antes de que pudiera concluir.

"¿Y cuál es la parte en la que le dices que tienes arrumacos con tu amante en tu privado?" le dijo poco convencido. "Dices que no sientes nada por esa mujer pero lo que acabo de ver…"

"No comprendes." Se le adelantó el pelinegro. "Conociendo a Ginny, ¿tu crees que le baste mi palabra de lo que pasó? Sobre todo después de toda la mierda que le he hecho…." Dijo apenado, bajando la mirada.

Ron no dijo nada.

"Por supuesto que no, Ron." Dijo Harry caminando impacientemente por su privado. "Necesito pruebas y la única que tengo es el recuerdo de la confesión de Lya…pero yo, necesito de ser necesario, enfrentarlas…necesito que Lya le diga la verdad a Ginny…sino voluntariamente con veritaserum. Lo que viste, fue a mí, convenciéndola de que me acompañe a….supuestamente conocer a mis hijos…."

"Suponiendo que logre acercarse a dos metros de ellos, antes de que Ginny le lance una maldición…" dijo el pelirrojo con voz socarrona. "Aun cuando debo admitir, que finalmente tu cerebro está funcionando otra vez…no alcanzo a comprender, ¿cómo ha sido que tomaste esta decisión tan rápido? ¿tan de pronto? Estabas tan decidido a seguir con tu absurdo plan…"

Harry soltó un suspiro.

"Porque me di cuenta de que me estaba equivocando, de que…no es el camino correcto, de que alejarme de ellos no los protege, ellos siguen y seguirán siendo un objetivo, si Ginny no, mis hijos si…por el sólo hecho de llevar mi sangre." Dijo azotando el puño a la mesa.

"¿Te arrepientes de haber tenido una familia con mi hermana?" cuestionó seriamente Ron.

"Por supuesto que no, tu hermana es, lo más maravilloso que tengo en la vida. La forma que tuvo el destino de regresarme todo lo que me quitó…Yo amo a tu hermana, pero genuinamente creí que hacía lo correcto. Lo único que quisiera es dejar de poner en peligro a la gente que amo….he perdido a tantos, mi familia murió por mi, una y otra y otra vez Ron…en el fondo me da pavor que se repita la historia." Dijo antes de maldecir por lo bajo.

Ron contempló lo que diría.

"No es tu culpa, y no salgas con que tu eres la causa, no es tu culpa que un psicópata resentido, probablemente dañado…por llevar la sangre de ese mal nacido, quiera meterse contigo y tu familia. Tú tenías que derrotar a Voldemort, y mira que no lo hiciste por gusto, era tú o él, independientemente de todo lo que había en juego. No es tu culpa lo que sucede, y te lo he dicho, Hermione y yo te lo hemos repetido hasta el cansancio. Estos actos heroicos, no te van a llevar a nada, ni siquiera a proteger a tu familia….mira lo que pasó con Albus…y James, qué hubiera pasado sino hubieras llegado…" dijo Ron, tratando de infundirle algo de racionalidad a su amigo.

"Ni me lo digas, eso es lo que he estado pensando estos días, Ron. No me ha llevado a nada, es por eso que he decidido pedirle perdón a tu hermana….y regresar con ella, si ella me acepta." Dijo no muy convencido. "Aunque conociéndola como la conozco…dudo mucho que…"

"Te la vaya a dejar tan fácil…" concluyó Ron, con una sonrisa burlona. "Y lo tendrás bien merecido.

"Dame ánimos, anda…veremos quien te recibe en su sofá la próxima vez que Hermione te eche de casa…."

"Por favor, eso fue hace más de seis meses…Ni quien se acuerde." Se defendió Ron, aunque vaya que se acordaba. "No estoy diciendo que Ginny no vaya a aceptarte, eventualmente….es obvio que te ama."

"Espero no haberla perdido definitivamente."

Así que aquel día, después de que Ron se marchó, Harry estaba dispuesto a hablarle con la verdad a Ginny, había tomado su decisión. Tomó pergamino y pluma y escribió.

Querida Ginny: Espero que tú y los niños estén más tranquilos después de lo sucedido. Te escribo porque necesito que hablemos iré, hoy mismo de ser posible a casa a instalar los encantamientos protectores y a…decirte algo muy importante que cambiará las cosas entre tu y yo. Se que no soy tu persona favorita en este momento, y lo comprendo, lo merezco, pero por todo los años que estuvimos juntos, te pido, te suplico, Gin, que me escuches…y me des el beneficio de la duda. Por favor no te separes de los niños y no salgan de la casa hasta que yo ponga los encantamientos protectores. Te amo, Harry.


Ginny miraba consternada su imagen en el espejo, era indudable que ese pequeño bultito en su vientre crecería día con día, no pudo evitar suspirar, otro bebé de Harry y de ella, era una dicha, un regalo y sin embargo…se sentía tan…triste. Acariciaba su vientre con devoción. Los niños estaban jugando, hasta ese momento tranquilamente, pero seguro que no tardarían en darle lata. Todo estaba, dentro de lo posible tranquilo. Habían pasado unos días desde lo que había ocurrido, y aún cuando todavía lucían algo atemorizados y nerviosos, estaban, dentro de lo posible bien.

Se dio la vuelta y se topó con la razón de sus desvelos desde hacía dos noches…esa maldita carta, que el pedazo de idiota de Harry le había enviado. Y sin embargo, al verla, sentía como si un poquito de esperanza creciera en su pecho. Pero no quería hacerse ilusiones, estaba tan cansada de esperar, de hacerse ilusiones, de entusiasmarse. Agotada.

Quería hacerla añicos y a la vez, a veces se encontraba a momentos, aferrada a ella, como si le brindara un consuelo. La duda la consumía, aparentemente le urgía, decirle algo, pero ¿qué sería? Y el descarado había tenido la desvergüenza de poner "te amo" en la carta. Y ella no podía evitar suspirar al releerlo, por Merlín, ¿qué tan normal era que estuviera tan enamorada de ese imbécil después de todo lo que le había hecho? No había explicación y sin embargo lo estaba.

Pues de todas maneras, según la dichosa carta, el tendría que haber ido ayer…pero nada. La había dejado esperando como de costumbre, y en lo que iba de aquel día, tampoco había aparecido y ya casi era de la cena, eran casi las seis.

Bajó las escaleras con avidez cuando escuchó que alguien había llamado a la puerta, su corazón palpitó con fuerza, ¿y si era él? ¿y s finalmente había llegado? Inconscientemente se arregló el cabello, antes de dirigirse a la puerta. De repente escuchó unas risitas. Los niños.

Ella se volvió hacia ellos y les lanzó una adorable sonrisa, como los amaba, llenaban su vida.

"¿Pero qué hacen traviesos?" preguntó ella. Pero James soltó una risita encantadora que a ella la derritió, y fue cuando lo vió…estaban comiendo galletas. Frunció el ceño y quiso parecer estricta.

"¿Galletas antes de la cena?" cuestionó ella.

"Hace hambre mami…" dijo James, con la boquita llena. Ella enrolló la mirada y suspiró.

"James, tu siempre tienes hambre…" dijo ella con pesar "Supongo que eso viene por parte mía." Se volvió para abrir la puerta.

Sus esperanzas e ilusiones se vinieron debajo de inmediato.

"¡Dean!" exclamó ella, tratando de fingir una sonrisa. "Que sorpresa…"

"Ginny, me da tanto gusto que estés bien. Me enteré de lo que pasó y estaba tan preocupado." Le dijo Dean a la pelirroja, que en cuanto la vio la abrazó con fuerza. Ginny no pudo evitar corresponder al abrazo, a pesar de todo necesitaba tanto el apoyo y el cariño de alguien. Y Dean a pesar de todo, había sido el primer novio por el que había sentido algo de verdad, y en aquel tiempo se había portado de forma tan ejemplar. Con ella y con dos niños que no eran ni suyos, y no le había pedido nada a cambio.

"Estoy bien, Dean, los niños y yo." Le dijo ella separándose un poco de él. Los niños comenzaron a jalarle la capa. Y Dean sonrió, mirando hacia ellos. A pesar de que no eran suyos, en aquellas semanas había aprendido a conocerlos y a simpatizar con ellos, sobre todo con el más pequeño, con Albus, porque James era demasiado celoso del lugar de su padre, el hecho de que llegara otro hombre que no fuera Harry Potter, a su vida y a la de su mamá, era imperdonable.

"Hola niños, James, ya me contó tu madre que has hecho magia, felicitaciones y que has sido muy valiente…" le murmuró Dean tratando de congraciarse con el niño. Pero James Sirius Potter no era ningún tonto, podía ser un niño muy pequeño, pero no tonto. Miró recelosamente al hombre.

"¿Cómo se dice, cielo?" preguntó Ginny insistentemente.

"Gracias" dijo con demasiada propiedad para un niño de tan corta edad.

"Serás tan buen mago como tu padre y como tu mamá, ¿no es así?" le repitió, pero el niño le dio la espalda y se fue a jugar con su mini set de quidditch. Ginny enrolló la mirada.

"Discúlpalo…se entusiasmaron con la idea de que entre Harry y yo, otra vez…"dijo ella sin siquiera atreverse a completar la idea. Dean bajó la mirada y asintió. La verdad era que los niños no eran los únicos que se habían entusiasmado con la idea de que hubiera podido haber una reconciliacón, incluso había estado apunto de confesarle a Harry la verdad, quizá la idea de un nuevo bebé, lo haría reaccionar. Porque ella, a pesar de todo lo que él le decía, a pesar de haberlo visto con esa mujer, presentía que Harry aún sentía algo por ella. ¿Cómo podría alguien que había estado contigo casi toda una vida dejar de quererte así como así? La sola idea de que él ya no sintiera nada por ella, la hacía pedazos, y si, el haberlo vuelto a ver que esa mujer, le había reabierto el agujero en el pecho una vez.

"Ginny…lamento tanto por todo lo que has pasado." Le murmuró Dean, acariciándole la mejilla, ella no se alejó, se dejó abrazar, la realidad era que necesitaba tanto el cariño de alguien, después de todo lo que había sucedido.

"Supongo que pasará, espero que pase…" murmuró ella, poco convencida al respecto, bajando la mirada. El morocho la tomó de la barbilla con lentitud, ella subió sus ojos castaños, ligeramente, antes de cerrarlos y sentir los labios del hombre sobre los suyos, era una experiencia tan distinta, tan radicalmente distinta, el estar besando de nuevo a Dean Thomas, cuando los únicos labios que estaba acostumbrada a probar durante todos aquellos años habían sido los de su marido.

Alguien se aclaró la garganta en su sala, y él corazón de Ginny palpitó con fuerza, seguía en los brazos de Dean, volvió la mirada hacia la persona que había importunado el momento.

"Lamento interrumpir…." Dijo Harry hostilmente, mirando a Ginny recelosamente, de una forma que la pelirroja jamás pensó que el ojiverde podría mirarla. Con tanto resentimiento, coraje, celos.

"Harry…" murmuró ella con voz quebrada, sus ojos vagaron momentáneamente en la compañía de su ex marido, Lya estaba tomada del brazo de Harry y la mirada arrogantemente.

"Y su novia…" murmuró la rubia sonriendo despectivamente. "Hola, Ginny…"

Harry estaba tan concentrado tirando miradas asesinas al morocho, que ni siquiera reparó en mirar a Lya de mala manera, como normalmente solía, al menos defender a Ginny de las agresiones de la mujer.

Ginny ni siquiera le dirigió la mirada a la rubia, y sintió a Dean tomarla con más fuerza de la mano, justo lo que necesitaba, por supuesto, más drama en su vida, pensó cansadamente.

"¿Qué estás haciendo aquí?" dijo ella un tanto agresiva. "Y ¿qué está haciendo esta mujer aquí, en mi casa? No la quiero aquí, Harry." Dijo la pelirroja, sintiendo a Dean detrás de ella, apoyándola.

"Ayer te dije que vendría a poner los encantamientos protectores de nuevo, pero no pude venir…surgió algo." Dijo con acidez, mirando a su ex mujer de mala manera, con recelo.

Ginny entrecerró los ojos castaños, e hizo una mueca de sarcasmo, incluso alzando la ceja. "Algo…" murmuró Ginny, sarcásticamente, mirando de mala forma a Lya. "Quiero a esta mujer fuera de mi casa en este instante, Potter."

Pudo distinguir algo en la mirada de Harry, era algo así como entre satisfacción y coraje, ¿o quizá triunfo?

Lya, miraba la escena expectante, quizá Aidan tendría razón, normalmente, como ya había pasado incontables veces, Harry terminaba favoreciendo a Ginny y echándole a ella, nunca dándole su lugar, pero la forma en la que Harry la mantenía cerca y miraba con enojo a su ex esposa, le dieron algo de esperanza a la rubia.

"Lo lamento, Ginny, no puedo hacerlo." Dijo Harry con sencillez. Los hermosos ojos de Lya destellaron con triunfo.

"No te lo estoy pidiendo, Harry, te lo exijo." Insistió la pelirroja. Podían llevarse tan bien, pero cuando peleaban…cuando se ponían de esa forma, tan tercos los dos, sería la tercera guerra con facilidad.

"Te he dicho que no puedo hacerlo, Lya es mi novia, y es hora de que comiences a respetarla como tal." Le dijo con dureza, esto lo hizo los ojos castaños de Ginny resplandecieron con rabia. ¡El muy cínico! ¡El muy descarado! ¿Con qué cara se atrevía? Pero a su vez, las palabras de él le habían dolido tanto, a tal grado que ni siquiera pudo encontrar una defensa rápida.

"No le hables así, Potter…" intervino por primera vez el morocho. Dean, no había querido meterse, lo último que quería era problemas con Harry, no los necesitaba, podía ganarse a Ginny a la buena, sobre todo con la estúpida actitud que estaba teniendo Harry.

"Y tú no te metas, no es tu asunto y si hay alguien que está de más aquí…" dijo sacando discretamente la varita, mientras que Dean hacía lo mismo.

"¡Basta, Harry…!" intervino la pelirroja con furia. "Los niños están arriba, por favor, no quiero escenas…" le suplicó ella, sus ojos castaños algo acuosos. Esto lo ablandó. "Si vas a poner los malditos encantamientos ponlos de una buena vez y vete." Dijo ella orgullosa, miró la mirada de rabia de Harry descender hacia su, no por mucho tiempo, esbelta cintura, en donde Dean la tenía abrazada de cerca.

"Esta es mi casa, Ginny…"

"Ya no más. Por lo menos no mientras yo viva aquí, pero si quieres me marcho hoy mismo con los niños…"

su comentario hizo que Harry se serenara, un poco, y no dijo nada.

"Eso supuse, ¡James, Al…! Ha venido su papá…" exclamó la pelirroja hacia las escaleras, los pasitos, no muy apresurados, no tardaron en hacerse escuchar. Los ojos de Ginny se encontraron con los de él y se sorprendió al notar que en la mirada de Harry ya no había tanta rabia, más bien como una tristeza infinita.

El comentario acerca de dejar la casa, lo había calado hasta el alma, esa casa había sido de sus padres, de James y Lily, y cuando se habían casado la habían reconstruido con tanta ilusión…el jamás, ni en sus peores pesadillas se imaginó viviendo ahí, cuando era adolescente. Pero una vez derrotado Voldemort, y cuando le había propuesto matrimonio a Ginny, ella había insistido tanto, y el reconstruirla con tanto anhelo, la había vuelto a convertir en el feliz hogar que alguna vez fue. Así que la idea de Ginny le había quitado la respiración. Ese había sido un golpe bajo.

Los jalones a su capa por parte de sus hijos lo volvieron a la realidad. Se deshizo del abrazo de Lya y tomó en sus brazos a Albus, mientras que despeinaba cariñosamente a James.

"¡Papá! ¿Vienes a jugar con Al y conmigo? Él no quiere ser el guardián…, " murmuró James, refiriéndose al mini juego de quidditch, mirándolo esperanzadamente. Harry dudó. Ginny se cruzaba de brazos y Dean miraba la situación incómodo.

"Ya sabes que a tu hermano no le encanta ese deporte…" le dijo Harry, distrayendo por completo su atención de Ginny. James miró con desagrado a su hermano menor, quien le sacó la lengua desde los brazos de su padre. "Antes, quiero presentarles oficialmente a alguien…"

La sangre de Ginny se le subió al rostro, eso si que no, él le había prometido que esa tarántula no iba a acercarse ni a medio metro de sus hijos. Se sintió apunto de reaccionar, pero Dean la sostuvo gentil pero firmemente del brazo.

"No le des el gusto, mi amor." Le murmuró al oído. Los ojos de ella estaban repletos de lágrimas de coraje, pero se serenó gracias a las palabras del morocho.

"Ella es Lya…mi novia…" murmuró Harry mirando de su hijos hacia la rubia, y discretamente lanzó una mirada a Ginny, que lucía totalmente furiosa, apunto de lanzar un cruciatus, como menos.

"¿Novia?" cuestionó James con mueca de asco.

"Mami es más bonita." Aseveró Albus, mirando a la extraña con curiosidad y algo de desagrado. Harry no pudo evitar sonreír para sus adentros al mirar la mueca de incredulidad y ego herido de la rubia.

"Es mi novia, niños, así que…sean más educados, por favor." Les murmuró pero sin regaño alguno. "Albus y James…." Le dijo a la rubia señalando hacia uno y hacia otro, orgullosamente.

"Pero que lindo eres, cielo." Dijo la rubia falsamente, jalando al pequeño Albus de las mejillas, que la miró con desconfianza. "Hola James…." Dijo ella murando al suelo, el niño sacó la lengua e hizo una trompetilla, corriendo con rapidez del lado de su madre. Ginny sonrió y lo tomó en brazos de inmediato. La rubia lució verdaderamente ofendida, cuando Albus le jaló con fuerza un largo mechón de cabello rubio. Harry tuvo que morderse la lengua para no soltar la carcajada, y Ginny no se esforzó en ocultar su satisfacción. Harry dejó en el suelo a Albus, tratando de fingir algo de severidad, cosa que no le salió nada bien.

"Al…" murmuró Harry sin dejó de furia. "Pide perdón." Solicitó con tranquilidad, pero sin poder evitar sonreírle.

"Ella me jaló feo mis cachetitos…" se defendió Albus, mirando enojado a su papá. Harry iba a decir algo, pero Lya lo interrumpió.

"Mi amor, creo que es mejor que me vaya…tu tienes que hacer los encantamientos así que…" y antes de que Harry tuviera la oportunidad de responderle, le plantó un pasional beso en los labios, que él, recordando la escena que había encontrado al llegar, respondió entusiastamente, apretándola por la cintura hacia él. Ella sonrió. "Te veo en casa…" le murmuró lo suficientemente alto, como para que todos escucharan.

"Me apresuraré…" le replicó él. Ella desapareció.

La tensión podía cortarse con cuchillo. Pero James, salió con una de sus ocurrencias.

"Wacala, Papi, te babeó…" dijo James con cara de asco, realmente ofendido, como si en verdad fuera a necesitar terapia o un obliviate como mínimo.

Harry enrolló la mirada tratando de disimular la pequeña sonrisa que se le había formado en los labios.

"James…" regañó Ginny, sin mucho empeño, y la voz quebrada, la mirada baja.

"Siento eso…" murmuró el ojiverde viendo hacia el suelo, y sintió un golpe en el estómago al ver que los ojos de Ginny estaban brillosos, como reteniendo lágrimas. Quizá se le había pasado un poco la mano.

"Has lo que tengas que hacer, de una buena vez, y márchate…" dijo Ginny de mala gana, abrazándose a James con fuerza.

"Mami, ¿podemos ir por un helado?" cuestionó Albus desde el suelo, evitando la discusión entre sus padres.

"No veo por qué no…vayan con Dean rápidamente, mientras que yo preparo todo para la cena, ¿te quedarás no, mi amor?" le preguntó ella. Él enmascaró con agilidad su sorpresa, ante el sorpresivo cariño de ella.

"Claro que si…querida…"

"No." Dijo Harry con claridad. Todos lo miraron. "Ginny, sabes muy bien que los niños no pueden ir, a ningún lado a donde no vayas tu…es así como los mantienen vigilados." Dijo cruzándose de brazos autoritariamente.

Ella lo miró con superioridad. "Pero tu estás aquí ¿no? Así que no pasará nada si el auror, sigue a Dean y a los niños…a la heladería cerca del parque aquí en Godric's Hollow…la cena no demorará tanto…" dijo ella. Bajó a James al suelo, quien poco voluntariamente le dio la manita al morocho. "No tendrás lío identificando al sujeto, cariño, se la vive en frente de la casa y siempre está malencarado…y con facha de misterio." Dijo ella sin darle importancia sacando algo de dinero de su bolso. El morocho negó.

"Déjalo, Ginny, yo se los invito…no tardaremos entonces." Dijo Dean, no sintiéndose muy a gusto con la situación, no le gustaba para nada la idea de dejar ahí a Ginny con Harry. "¿Estás segura que no vienes….?" Cuestionó él poco convencido, mirando a Harry de reojo. Pero antes de que Ginny pudiera contestar, Harry se le adelantó.

"Descuida, Thomas, haré rápidamente lo que tengo que hacer, luego me marcho." Fue Harry quien contestó de mala gana.

Así que Dean y los niños salieron finalmente, y en la casa de dejó sentir una tensión incómoda, finalmente solos.

"¿Era necesario que hicieras, esto Harry?" cuestionó ella furiosa, con varita en mano. Lanzó un moco murciélago, pero antes de que pudiera terminarlo, Harry lo había bloqueado hábilmente con un no verbal. Luego ella intentó lanzarle otro, y otro, y otro, pero Harry siguió bloqueándolos sin mucho esfuerzo.

"Sigue intentándolo, espero que no te canses pronto." Le dijo él arrogantemente. Ella se acercó e intentó darle una bofetada pero él le sostuvo la muñeca con fuerza. "No te atrevas, Ginevra." Le dijo enfadado.

Los ojos castaños de ella lo miraron con rabia.

"Eres un imbécil, Potter. ¿Cómo has podido? Te dije claramente que quería a tu amante lejos de mis hijos." Dijo ella tratando de golpearlo, él la sostuvo por las dos muñecas y esto la sosegó calmando su ataque de furia, él apretó la quijada.

"Calmate, ya Ginny." Le dijo él furioso, con ella. Ella se deshizo de su agarre. "No tienes nada que reclamarme Ginny, acabas de mandar a ese imbécil de Thomas con mis hijos…"

"Nuestros hijos, Harry…"

"Creí que estabas olvidando que eran míos y no de otro…" le dijo él con agresividad. La tomó de la cintura, momentáneamente ella se quedó quieta, él acercó su boca a la de ella, como si tuviera intenciones de besarla, la miró a los ojos. Ella se tensó en sus brazos.

"No me beses, Harry…" repuso ella, con el último aliento que le quedaba. Él la apretó más hacia sí. En cualquier otra circunstancia lo habría hecho, la habría derretido con pasión, le habría recordado lo que era estar en sus brazos y sólo los suyos. Pero no cuando la imagen de ella con otro hombre lo atormentaba a tal grado.

"No, Ginny, estoy seguro que prefieres los besos de él en lugar de los míos." Le dijo soltándola con brusquedad. Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Ella lo miró, decepcionada, triste, como si en cualquier momento se fuera a deshacer en pedacitos. "Van a estar protegidos, aproximadamente diez metros después del comienzo del jardín…." Le aclaró él, disponiéndose a salir. "Vendré lo más seguido que pueda a verificar que los encantamientos sigan en su lugar.

"Harry…" interrumpió ella, mientras que él estaba apunto de salir al jardín. Él se paró en seco, ni siquiera volteó a verla. "En la carta que enviaste ayer dijiste que tenías algo importante que decirme, que cambiaría nuestra situación…que necesitabas que yo escuchara con calma y te creyera…" sus ojos castaños estaban nublados.

Harry dudó, se volvió hacia ella con lentitud, el verla así, triste, indefensa, lo hacía querer correr hacia ella y decirle todo, tal y como lo había planeado.

"¿Qué hay entre Thomas y tú, Ginny? Y no me digas que son sólo amigos, porque vi tu boca adherida a la de él…" le dijo con acidez.

"¿Y si hubiera algo entre él y yo, qué? ¿A ti que más te da?" cuestionó ella, dolida por sus comentarios. Harry asintió con solemnidad.

"Vine a decirte que quería que Lya conociera a mis hijos, necesitaba que estuvieras en la mejor disposición. Ahora si me disculpas, no quiero toparme con tu novio en turno cuando vuelva." Dijo saliendo hacia el jardín con premura.

"Por favor ya no hagas esto…" le murmuró ella con súplica, la verdad era que Harry no lo esperaba, no esperaba que al voltearse a verla, encontrarla con los ojos castaños llenos de lágrimas, era tan raro verla llorar.

"¿No haga qué?" dijo él tragando el nudo en la garganta que se le había formado. Fue entonces cuando contempló el verdadero desastre que había hecho con sus mentiras, había destruido a su familia entera, y demostración de eso era, que incluso Ginny estaba hecha pedazos.

"Deja de jugar, Harry…¿no te parece que ya has hecho suficiente?" le cuestionó ella, con dignidad herida.

"Ginny yo…"

"No hay nada entre Dean y yo, él está enamorado de mí, si…así es. Pero tu sabes bien que no siento nada por él, pero tú sigues echándome de tu lado… él me beso, yo estaba triste, no pude…"

"¿No pudiste qué?" cuestionó él, ahora su voz era más serena pero no por completo tranquila.

"Lo que me faltaba, que sacaras a relucir tus ridículos celos, Harry, tu me engañaste estando casado conmigo, tu duermes con esa mujer todas las noches y yo…me he dado unos cuantos besos con ese hombre que si sabe apreciarme, que me quiere y que se desvive por mi, ¿quién es el que no perdona aquí? Déjame rehacer mi vida…"

"¿Sabes lo que venía a decirte, no es así?" dijo el manteniéndole la mirada, era ahora o nunca, porque estaba apunto de perderla y eso no se lo iba a permitir.

Ella se acercó a él, tratando de recuperar la respiración, le acarició la barbilla, quería besarlo, pedirle que no la abandonara, que no la dejara otra vez.

"Esperaba…"

"Quería decirte la verdad, Ginny. Decirte que te amo, y que nunca he dejado de hacerlo…" le murmuró él mirándola a los ojos, sus propios ojos verdes la miraban con devoción como si ella fuera lo único en el mundo.

"Repite eso…"

"Te amo, te amo y nunca quise lastimarte…" le insistió él, sus labores como auror olvidadas todo lo que importaba era aquel momento, en él que estaban siendo sinceros el uno con el otro. Sin peleas, sin dramas, sin mentiras. Sólo ellos.

"¿Entonces por qué?" cuestionó ella, una solitaria lágrima cayendo por su mejilla. "¿Por qué me engañaste? ¿Por qué estás con ella? ¿Por qué la trajiste a mi casa? ¿Por qué elegiste separarte de mí?" le preguntó con impotencia, no era un llanto de tristeza, sino de coraje de rabia. Él le limpió las lágrimas con los pulgares y ella se apartó de él. "Por favor ya basta…no me hagas esto…"

"Gin…por favor…" murmuró él con voz baja. "Vamos a hablar, pero quiero que estés tranquila…"

"¿Y de qué tenemos que hablar según tú, pedazo de idiota? ¿De qué? ¿Vas a salir con otro cuento? Dime, dime de una vez." Dijo ella, tenía las manos en la cintura, toda ella era un manojo de emociones que no podía controlar, por un lado quería saltar a sus brazos y besarlo y pedirle que no la dejara, y por otro quería correrlo de casa y pedirle que nunca más se volviera a aparecer.

"Todos te dijeron la verdad, Hermione te dijo la verdad." Le aclaró con voz gruesa. "Mentí para protegerte, mi amor. Me divorcié de ti, y me alejé de los niños porque quería protegerlos…"

Ella lo miró con escepticismo. "No me digas, mira, tu y tus estúpidas nobles razones, siempre yo termino creyéndolas…"

"No me creas esta vez sino quieres hacerlo, Ginny, pero esa es la verdad." Le dijo sosegando su voz, uno de los dos tenía que guardar la cordura y era obvio que no sería Ginny.

"¿Sabes qué? Vete de mi casa, porque ya no quiero escuchar tus excusas…" dijo ella dándose la vuelta, rumbo a la cocina. Él la siguió y la atajó por la cintura.

"Tienes que escucharme, por favor…" le murmuró él con súplica. "Por favor, mi vida."

"Suéltame…" se quejó ella alterada, deshaciéndose del contacto. "Acaba con tu historia…acaba de contarla de una buena vez." Sus lágrimas seguían escurriéndose por sus pálidas mejillas.

"A finales del año pasado, comencé a recibir amenazas…advertencias contra ti y contra los niños." Dijo él con angustia. "Y a encontrar marcas tenebrosas por doquier, el asesinato de Minerva, de Hagrid…me asusté, Ginny lo admito…y Hermione me ayudó a hacer investigaciones y es probable que Riddle tenga un descendiente, que ha estado oculto todos estos años…"

Ella lo miró con enfado, tenía los brazos cruzados, no quería escuchar razones.

"No me digas…" dijo con sarcasmo. "¿Y qué quiere hacer tu supuesto enemigo imaginario, Harry? Ah ya sé…ya sé, purificar la raza mágica! ¡Claro! Como no se me ocurrió…y ¿quién tiene que vencerlo? Claro, el gran Harry Potter, el elegido, ¿quién más? ¿Y esa es una razón suficiente para dejar a su mujer y a sus hijos e irse a revolcar con otra?" su voz era dolida, su cabello estaba desecho, Harry conociéndola como la conocía sabía perfectamente que las cosas no le iban a resultar en lo absoluto sencillas.

"MALDICIÓN GINNY, LO HICE PARA PROTEGERLOS…" bien, era un hecho, ni él ni Ginny iban a guardar la cordura. Ella intentó irse de la cocina para no escuchar, pero él la tomó de la muñeca otra vez. "Sabes muy bien que hice todo este teatro para protegerlos…porque pensé que…"

Ella lo miró con desafío. "¿Pensaste qué? Déjame adivinar, que si le hacías creer a todo el mundo, incluído este supuesto enemigo nuestro que ya no formábamos parte de tu vida, dejaríamos de ser un objetivo ¿es eso?" le dijo con burla.

Él bajó la mirada, nunca antes había estado tan convencido de su estupidez, todo el mundo se lo había dicho, pero no fue hasta ese momento, hasta que lo escuchó de los labios de Ginny cuando se dio cuenta de lo imbécil que estaba siendo.

"Yo…" ni siquiera pudo encontrar una defensa adecuada.

Ella elevó la barbilla. "¿Tu qué? Se te olvidó que tu ya no tienes dieciséis, que ya no soy tu novia, que ahora soy…era tu esposa…que esto ya no es sólo acerca de ti y de mi, sino que tenías a tus hijos en quienes pensar…pero claro, no pensaste en nada de eso cierto, querías huir de tus responsabilidades, a jugar otra vez al héroe, ¿y qué mejor forma de hacerlo, que haciéndote el sacrificado?"

"Estás siendo injusta…" refutó él.

"Claro…" dijo ella con sarcasmo, sus palabras hirientes, pero es que estaba tan cansada, ella había ido tantas y tantas veces a pedirle, a suplicarle que le dijera la verdad pero no… ¿Entonces por qué ahora tendría que ser la obediente y fiel? "¿Y en qué parte exactamente entra la mujerzuela esa que tienes de amante? ¿En qué parte de mi protección entra ella?"

"¿Me hubieras creído sino hubiera habido otra mujer? ¿Me hubieras creído de no ser por que viste…lo que viste que pasó entre ella y yo?" le cuestionó esta vez con altivez.

Ella se limpió las lágrimas, e iba a contestar pero en eso se escuchó al puerta principal de la entrada. Dean y los niños habían llegado. Ella se iba a abrir paso, pero él la detuvo por el brazo.

"Dile que se vaya, díselo Ginny…tenemos que seguir hablando por favor…" le suplicó, por primera vez Ginny pudo ver pura súplica y angustia en sus ojos verdes, ni siquiera furia, ni enojo, ni celos…sólo suplica.

Ella dudó. Él notó su vacilación. "Por favor mi amor, dame una oportunidad."

Ella se zafó de él y siguió su camino hacia la cocina, mientras que se limpiaba las lágrimas con esmero.

Pintó una sonrisa, en su rostro, y no pudo evitar sonreír al ver que Albus tenía toda la cara llena de helado de chocolate, y James le extendió a ella su helado favorito, el de vainilla.

"¿Para mí, corazón?" preguntó ella enternecida, tomando el cono de helado. Y luego volvió a ver a Dean y le sonrió con dulzura. "Muchas gracias por lo que has hecho…"

"Sabes que no tienes nada que agradecer."

"Yo te quería traer de chocolate… Pero James no me dejó." Dijo Albus, antes de seguir comiendo su helado de chocolate, o mejor dicho, embarrándose la cara con él.

"Al, mira nada más como te dejaste…" dijo ella mirando a su hijo menor, algo apesumbrada. Ella dudó. "¿Dean, podrías llevar a Al a que se lave la cara, por favor? Ya vamos a cenar…"

Antes de que Dean pudiera responder. La voz de Harry intervino.

"Yo lo haré…" dijo Harry, con serenidad. Parecía que todos se habían olvidado que él seguía ahí, y Ginny se sorprendió al notar que tenía los ojos verdes rojos, llorosos y lucía muy desencajado. "¿Quieres venir conmigo, Al?" le preguntó a su hijo menor, quien le sonrió con adoración y asintió, Harry lo miró con ternura hincándose en cuclillas para estar a su nivel. "Pero mira nada más como te dejaste…" le quitó la servilleta de la manita, y trató de medio limpiarlo. Se puso de pie y le ofreció la mano. "Ven, vamos a lavarte, antes de que tu madre comience a gritarnos…"

Para Ginny esa fue una señal muy clara de que Harry, quería darle ese momento a ella para que despidiera a Dean. ¿Pero cómo iba a hacerlo? Lo mínimo que podía hacer era invitarlo a cenar, pero también era un hecho que ella y Harry necesitaban hablar.

"¿Estás bien?" cuestionó Dean, acercándose a ella y tomándola de la mano. "¿Te hizo algo?"

Los ojos de ella se volvieron a llenar de lágrimas contenidas pero negó con la cabeza, él le acarició la mejilla.

"No…" negó ella rotundamente. "Tenemos mucho que hablar él y yo, Dean, de verdad…tú has sido un dulce conmigo, pero yo…"

"¿Quieres que me marche para que hables con él?" preguntó él completando su oración. Ella asintió, tragando el nudo que se la había formado en la garganta. Dean suspiró no muy convencido. "¿Estás segura? No se ve como el tipo más pacífico del mundo en estos momentos, ya sabemos como se pone cuando se enoja…tú, sin ofender, estás hecha un desastre, un hermoso desastre…." Ese comentario sin querer la hizo reír, él le sonrió. "Y él luce desencajado...escucha, Ginny, no me siento bien dejándote en este estado…"

"Por Merlín Dean, ¿qué me va a hacer?" cuestionó ella enrollando la mirada, las lágrimas secas en su rostro. Dean suspiró pensativo.

"Ginny, yo te quiero, te quiero con todo y lo difícil que resulta tu situación en este momento…tú sabes lo que siento por ti, y quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti…me voy a ir, porque me lo pides…pero si llegas a necesitar algo…"

"Por favor, detente." Le murmuró ella. Lo miró con cariño. "Te prometo que estaré bien ¿de acuerdo? Tu no tienes porque preocuparte."

"¿Me envías una lechuza en cuanto sea posible, si?"

Ella sonrió con dulzura y asintió.


NOTA.- SI YA VEN! LO KE HACEN SUS HERMOSOS REVIEWS CONMIGO...HACEN KE ACTUALICE COMO LOCA OBSESIONADA Y ESO DE KE DEBERIA DE ESTAR ESTUDIANDO, LA VERDAD ES KE NO ME PODIA CONCENTRAR, SENTIA KE NECESITABA ESCRIBIR...Y BUEO AHORA QUE YA LO SAQUE DE MI CABEZA, ESPER O QUE SE ME FACILITE EL ESTUDIO Y LA CONCENTRADA JAJAJAJA, SIII! *BAILO FELIZMENTE* COMO YA SE DIERON CUENTA POR LO MENOS EL TARADO ESTE YA ENTRO EN RAZON, AHORA VAMOS A VER KE TAN FACIL SE LA DEJA GINNY, USTEDES KE CREEN? Y SUPONIENDO QUE SE LA DEJE MEDIO FACIL Y EL CONSIGA ALGO, ¿CREEN KE LES DURE UN RATO LA FELICIDAD?

DEJEN REVIEWS POR FA YA VIERON LO MUCHO KE ME ANIMA A ACTUALIZAR

ANABELLA